Hola otra vez.
Aquí la segunda parte de la introducción, ya la siguiente comenzará la historia y tendrán más participación los personajes principales.
Disfruten.
Al día siguiente, aún se sentía la felicidad en las calles. Al fin sabrían lo que hay más allá de las murallas. Todos tenían teorías de lo extraño que sería "el mundo exterior", incluso los niños contaban historias sobre criaturas extraordinarias.
Pero en la Sala de Tribunales era un poco diferente. La discusión se hacía cada vez mas acalorada. ¿Quiénes serian los primeros en salir de las murallas? ¿Y si se perdían? ¿Y si encontraban titanes ocultos? ¿Y si había criaturas aún más peligrosas que los titanes?
Por supuesto había muchas inseguridades y temores, pero todo se fue resolviendo entre más lo discutían. Así pasaron tres días entre argumentos e inseguridades, cada debate era más complicado que el anterior, pero siempre se resolvía.
De este modo llegó el tema que Levi más temía. ¿Qué harían con Eren Jaeger? Naturalmente habían muchas opiniones e interrogantes, ¿Qué pasaría si Eren ya no podía controlar sus habilidades? ¿Les sería útil para otras cosas de ahora en adelante? ¿Y si Eren perdía el juicio y decidía crear más titanes como lo había hecho su padre? ¿Se arriesgarían a decir que ya no había más titanes a pesar de tener uno entre ellos?
Eren fue uno de los temas que más tardó en tomar una decisión y Levi se ponía cada vez más nervioso, por otro lado, Erwin sabía que era un tema difícil de decidir, pero se había encariñado con el chico y quería mantenerlo con vida, al menos alejado del resto de las personas.
–Bien, entonces –Darius Zackly, quien había dirigido también el primer juicio de Eren fue quien dio la conclusión –. Está decidido. Eren Jeager será ejecutado la próxima semana para evitar que sea un peligro para todos; pero pasara a la historia como un héroe.
A kilómetros podía verse la ira de Levi. Los que estaban más cercanos a él en ese momento quisieron alejarse un poco por miedo. En cuanto a Erwin, le daba lástima el pobre Eren, pero ya se lo había imaginado. Lo que le sorprendió fue que Levi se tomara la noticia tan mal.
Cuando por fin dejaron ir a los comandantes, estos se dirigieron inmediatamente hacia el castillo para notificar a sus subordinados de todas las decisiones tomadas anteriormente. Levi ya no estaba molesto, su expresión había cambiado a la inquebrantable expresión de mármol que siempre tenía.
Por cada metro que su caballo avanzaba, él ya tenía un nuevo plan para rescatar a Eren, pero todos tenían fallas. Definitivamente no iba a dejar que le hicieran daño a su niño, no le importaba provocar una masacre.
–Levi –Erwin interrumpió sus cavilaciones a mitad del camino. El aludido solo lo miro – ¿Todo está bien? –Levi de nuevo guardo silencio y solo asintió para volver a concentrarse en el camino –. Sé que te acostumbraste a Eren, pero debes entender que esto es por nuestro bien.
–Tsk –fue la única respuesta de Levi.
¿Bien? ¡¿Nuestro bien?! ¿Qué bien se puede dar al matar a un chico de 19 años? Eren había estado luchando incansablemente desde que se unió a la Legión de Reconocimiento a los 15 años, ¿para qué? Para que cuatro años después esos idiotas burócratas lo tiraran como basura.
Debía pensar en algo rápido. Se adelantó con su caballo frente a Erwin y se dio prisa para llegar al Cuartel General. Erwin temía que Levi desobedeciera las órdenes pero no podía hacer mucho.
Cuando Levi llegó al Cuartel ni siquiera buscó a Eren, solo fue a su habitación y limpió todo cuanto pudo. Desquitó toda su ira con la suciedad, cosa que probablemente haría con la Policía Militar si se atrevían a tocar a Eren.
Erwin les informó a todos lo que había pasado. Hanji y Armin replicaron hasta que se cansaron al oír que Eren moriría, pero las manos de Erwin estaban atadas. En cambio Eren…
Eren ni siquiera escuchó nada después de la noticia de su muerte. Simplemente se sentó mirando por la ventana el cielo de un hermoso color rojizo. Casi anochecía y por primera vez en mucho tiempo, sintió que podía respirar de nuevo. Tal vez la muerte no era tan mala idea.
Sin hablar con nadie y sin pensar en nada, Eren salió en dirección al bosque sin importarle el tono de horror que tenía su amigo rubio. Se sentó en la base de un tronco y cerró los ojos. Los demás podían verlo desde la ventana y se preguntaban porque Eren no había dicho nada al respecto.
Eren pensó en su madre, en su sonrisa y en Mikasa, en que al final no podría cumplir con la promesa que le hizo a Armin, se sentía culpable por eso pero estaría bien. Había madurado mucho en los últimos cuatro años y ahora era muy fuerte. Lo lograría.
Después pensó en Levi. Según Erwin, debía haber llegado antes pero no lo había visto en todo el día, tal vez se había rendido y lo había dejado de lado para no verlo morir. Eso era lo que Eren quería, prefería eso a ver a su capitán con esa mirada de dolor contenido una vez más.
Las estrellas comenzaban a dibujarse sobre el firmamento y Eren sonrió. Extrañaría eso. Ahora que lo pensaba mejor, no sería tan malo. De todas formas lo recordarían por ser un héroe, por proteger a todos cuanto pudo y morir con la frente en alto cuando sus superiores se lo pedían.
No sería lo más valiente, pero era un buen soldado. No solo llenaba de orgullo a su capitán, sino que también había matado a todos los titanes como se lo había propuesto en un principio. Era suficiente. Ya había hecho todo lo que quería hacer en la vida. Ahora solo le quedaba morir de la misma manera leal.
Estaba casi seguro que Hanji y Armin harían un plan para escapar, y temía por ellos, eso les causaría problemas. Estaba decidido. Eren moriría sin la intromisión de nadie. En cierto punto estaba cansado de fingir que todo está bien.
Al día siguiente, Eren habló con Armin y Hanji por separado, les hizo saber de su decisión. Ambos se opusieron al principio, pero Eren logró convencerlos y, aunque tristes, al final aceptaron no hacer nada que evitara su ejecución.
Cuando Eren quiso decírselo a Levi, éste no quiso escuchar. El mayor ya sabía lo que Eren quería pero no lo aceptaba. Ya había dejado ir a suficientes personas en su vida, y ahora el mocoso se iba por voluntad propia. No le dijo nada, ni siquiera lo dejó hablar. Simplemente escupió un "haz lo que quieras imbécil" y le dio la espalda a Eren.
Eren creyó que sería mejor si su capitán lo odiaba, así no iba a sufrir tanto. Tal vez, algún día Levi recordaría a Eren con rencor, como el idiota que lo traicionó, murió por voluntad y lo dejó solo. Eso era mejor a que Levi muriera de dolor.
Un día antes de la ejecución, por la mañana todos partieron del Cuartel. Eren veía todo tan melancólicamente y los recuerdos lo invadieron. La primera vez que había visto a sus amigos con su uniforme, cuando el capitán lo entrenó, cuando tuvo sexo con Levi la primera vez. Todos fueron buenos recuerdos, le ponía feliz que lo último que recordaba fuera tan bueno.
Por supuesto que Eren no esperaba una fiesta de bienvenida, pero lo que vio fue bastante parecido. Todos consideraban a los soldados que habían sobrevivido de la Legión de Reconocimiento como los héroes de la humanidad, incluso hubo una discusión civil sobre la ejecución de Eren, pero ya se había dicho la última palabra.
Esa noche durmió en una celda, en la misma en la que tiempo atrás había dormido cuando Armin los convenció a todos de que Eren no era un peligro. Por supuesto durmió encadenado y amordazado para evitar que se mordiera la lengua, y pese a todo, pudo dormir bien.
Lo que Eren no supo fue que esa noche no la pasó solo. Levi lo miraba dormir desde fuera de la celda con su expresión inmaculada, pero por dentro estaba muriendo lentamente. ¿Realmente había hecho algo tan horrible en su vida anterior como para pasar por todo esto?
La verdad, a Levi no le importaba ver la sangre de las personas que quería una y otra vez, pero no sabía si podría soportarlo con Eren. Ese mocoso de ojos esmeraldas se había convertido en su todo.
La ejecución de Eren estaba prevista para las 7:00 am, pero aunque Levi lo hubiera intentado, estaba seguro que no podría dormir. Después de mucho meditar, tomo su decisión sin importarle lo demás. Poco después de las cinco de la mañana, Levi salió en busca de Arlet y la escandalosa de Hanji.
A eso de las seis y media de la mañana, tres guardias liderados por Erwin fueron a buscar a Eren. El comandante había pedido formar parte activa de la ejecución siendo él quien llevara a Eren a la plaza.
Erwin entró en su celda, lo desencadenó y quito la mordaza sin que se despertara. El chico era hermoso, sus pestañas eran largas y sus mejillas estaban sonrosadas. Estaba seguro que de haberlo conocido en otra situación, definitivamente hubiera intentado algo con él.
–Smith- san –dijo el joven semi inconsciente abriendo sus bellos ojos esmeralda de una forma malditamente adorable. Erwin tuvo que reprimir sus impulsos como nunca antes.
–Eren, es hora –dijo el rubio al ver las intenciones del más joven de volver a dormir.
En cuanto Eren escuchó a su superior decir esto, se levantó pesadamente de la cama sin replicar con el cabello desarreglado y las marcas de la almohada en su mejilla después de dormir toda la noche en la misma posición. Aún no abría completamente sus bellos ojos y mucho menos comprendía bien lo que pasaba, simplemente se levantó de la cama porque era una orden de su superior, o al menos así lo sentía.
Ya de pie, se talló un ojo tratando de espantar el sueño y bostezó. Se había quitado los pantalones para dormir más cómodo, por lo que sus desnudas, morenas y torneadas piernas estaban para el deleite de la vista de Erwin. Su camisa larga le quedaba a la altura de los muslos, viéndose de alguna forma lindo y erótico al mismo tiempo hasta para los guardias.
–V-vístete rápido, te espero afuera –fue lo único que el mayor dijo antes de salir de la celda antes de que de verdad perdiera el control.
Eren, aún adormilado, se preguntaba qué tipo de entrenamiento le pediría Smith- san para ese día, pero después le preguntaría. Se puso los pantalones y los zapatos y se pasó una mano por la cabeza tratando de arreglar el asco de cabello que tenia. Quería ducharse, al capitán Levi no le gustaría si se presentaba andrajoso frente a él.
–Smith- san, antes quiero ir al baño –pidió el chico al salir de la celda.
Su cerebro empezaba a reaccionar, aunque no lo suficiente.
–Claro Eren, te llevaremos –respondió Smith.
Una vez que acabó de hacer sus necesidades, estaba a punto de meterse a la ducha pero se percató de que no había una, lo cual se le hizo raro, el capitán Levi le había mandado a limpiar todas las duchas del Cuartel General antes de irse a la última batalla…
Oh.
La última batalla. No estaba en el Cuartel General, y no iba a hacer entrenamiento con el comandante Smith. En ese momento recordó el porqué estaba ahí y tocó su pecho. Caminaba hacia su muerte.
Eren quiso correr, buscar a Levi y pedirle que los convenciera de que no le hicieran nada, pero no podía. Él mismo lo había decidido, y aunque no hubiera sido así, ya nada se podía hacer. Además Levi lo odiaba.
Dejó escapar una lágrima traicionera que fue la que más le había pesado en toda su vida. Se sentía mal por romper la promesa que le hizo a Armin, a su madre, a Mikasa, por dejar nuevamente en soledad a Levi, por dejar morir a sus amigos. Se sentía mal por todo lo malo que había hecho en sus cortos 19 años de vida.
Aunque no podía arrepentirse de las decisiones que lo llevaron a la muerte, habían sido las mismas decisiones que lo llevaron a Levi, que llevaron a la humanidad a la salvación, estaba triste pero a la vez feliz. Y eso era todo lo que cargaba esa única lágrima.
Eren salió del baño y se encontró la mirada piadosa de Erwin, no hacía falta ser un genio para saber que le tenía lastima. Trató de ignorar esa mirada, así que solo sonrió y caminó por donde Erwin de indicó.
Aún no habían salido de la prisión subterránea cuando se encontraron a Levi, al final de un pasillo con el Equipo de Maniobras Tridimensionales, su uniforme de la Legión de Reconocimiento y sus espadas, como cualquier otro día fuera de las murallas.
Erwin no tenía un buen presentimiento, sobre todo porque Levi tenía esa expresión severa en su rostro, la misma que tenía cuando sabía que tenía que erradicar a todos los titanes.
–Levi, espero que no pretendas interferir –dijo Erwin con una voz un tanto amenazadora.
No fue necesario que Levi respondiera, solo se lanzó sobre su superior y lo atacó con una de sus espadas. Como era de esperarse, Erwin ya estaba preparado para un golpe, así que sus espadas chocaron y los guardias detrás del rubio se pusieron en guardia.
De la nada salieron Hanji y Armin enfrentándose a los guardias mientras Levi distraía a Erwin.
–Corre –dijo Levi mirando a Eren por encima del hombro de Erwin.
Eren se quedó parado por unos momentos y entró en pánico. No quería que les pasara algo malo a sus amigos, pero en ese momento tenía que confiar en ellos.
No supo a donde correr, solo corrió a un pasillo a su derecha aunque no sabía con exactitud a donde iba. Estaba a punto de girar a la izquierda en el mismo pasillo cuando se encontró con otros guardias que se tiraron sobre él.
Eren dio la vuelta y se apresuró a correr, pero lo tomaron de la mano y después de un costado. Se resistió y uso toda su energía para no ser capturado. Se revolvió lo más que pudo intentando dar golpes y patadas al azar, pero todo lo que consiguió fue terminar recargado con los pies en la pared y la parte superior de su cuerpo siendo suspendida por los guardias.
– ¡Eren! –grito Armin a unos metros de distancia aún distraído con el guardia.
– ¡Déjenme! –exigió Eren cuando ya lo habían sometido completamente.
–Dejen al mocoso –intervino Levi dándole una patada a Erwin, lo que lo tiro al suelo y Levi se dirigió hacia el castaño.
Ya estando a centímetros de llegar a Eren, Erwin golpeo con el codo la cabeza de Levi provocando que le saliera sangre de ésta. Erwin no quería una pelea con sus viejos amigos, pero ellos intentaban romper la ley y eso era algo que de ninguna forma iba a permitir.
Uno de los guardias que sostenían a Eren puso su cabeza contra el suelo mientras que le ataban manos y pies. Los hermosos ojos de Eren comenzaron a derramar lagrimas de impotencia.
Erwin se posicionó sobre Levi quien miraba horrorizado como levantaban la cabeza de Eren para enrollarle la boca en una tela blanca.
–Levi –dijo el chico entre lágrimas antes de que lo amordazaran.
La escena le rompió el corazón a Levi e hizo todos los movimientos posibles para zafarse de su agarre, pero Erwin no cedía.
Por consenso general, decidieron cancelar la ejecución pública de Eren y la retrasaron para pensarlo un poco mejor, pero incluso con otra discusión se volvió a decidir que Eren moriría, pero esta vez de una forma más pacifica. Una digna de un héroe.
En lo que respecta a Hanji, Levi y Armin, se decidió no hacerles nada solo por ser quien eran, pero no podrían salir de la ciudad a menos que fuera bajo la supervisión de Erwin o alguien de mayor rango.
Todos entendían que Erwin tan solo hacia su trabajo, claro, todos menos Levi.
Mantuvieron a Eren inconsciente mientras todo esto ocurría, nadie quería correr el riesgo.
Cuando fue el momento, llevaron a un Eren semiinconsciente a una habitación y lo recostaron en una cama y lo ataron de pies y manos. El doctor se acercó a Eren con la aguja que pondría fin a su vida.
Erwin estaba viendo apenado detrás de una ventana y se preguntaba si había hecho lo correcto. Tal vez no. Si se había equivocado, entonces viviría por siempre con el recuerdo de sus hermosos ojos verdes llenos de tristeza, y eso seria una penitencia eterna bien merecida.
Los demás tuvieron la oportunidad de no asistir, pero si lo hacían, tenían que permanecer detrás de esa ventana y esposados. Solo Levi quiso estar presente en ese momento.
Cuando el doctor se acercó a Eren, palpó su brazo para poder ver su vena. Eren miró hacia la ventana sin mover un musculo.
–Ustedes me obligaron –dijo con un hilo de voz y ni siquiera le importó si había sido escuchado.
Acto seguido, Eren mordió su lengua tan fuerte que comenzó a emanar sangre de ésta y se convirtió en titán. Desde lo más profundo de su garganta salió un gruñido. El lugar donde estaba se partió a la mitad.
Eren comenzó a correr sin mirar atrás, sin preocuparse por nada. Solo corrió.
Se mantuvo años escondido en las montañas, en una casa pequeña que había encontrado. Aprendió a cazar y a cocinar, vivía de su propio esfuerzo tan alejado de las murallas que pensó que nunca iba a ser encontrado.
Cada día, antes de irse a dormir, recordaba todo lo que había vivido con sus amigos. Algunas veces se reía solo al recordar tonterías, otras lloraba al sentirse solo y recordar el porqué estaba ahí. Incluso llegó a escribir sus memorias para no olvidar nada.
Sus diarios eran su vida, lo único que lo mantenía alejado de la realidad y la ficción en ese lugar tan solitario.
Después de años viviendo alejado de todo, y con la promesa que le hizo a Armin poco después de que derrotaran a todos los titanes en mente, al fin decidió regresar a su lugar de origen. No sabía que diría a los demás ni que haría, solo quería volver a verlos a todos.
No se había convertido en titán desde que llegó a ese lugar, no había tenido la necesidad. Pero en ese momento pensó que tal vez abarcaría mayor distancia de regreso si se convertía, así que mordió su dedo y esperó, pero no pasó nada.
Lo intentó varias veces y por varios días pero no tuvo efecto. Ya no podía convertirse en titán. Esto le era bastante extraño, ya que conservaba la habilidad de curarse a sí mismo, pero no quiso darle más vueltas al asunto. Ya le preguntaría a Armin cuando lo viera.
Tomó a uno de los caballos que había llegado hasta su hogar en busca de comida y que Eren había ayudado para emprender su viaje. Al estar aislado en las montañas no estaba seguro de cuánto tiempo había pasado desde que sucedió aquel accidente, pero no debía ser mucho, dos, tal vez tres años.
Tampoco estaba seguro de la distancia que debía recorrer o si recordaba por donde había venido, pero sabía en qué dirección debía ir. Había improvisado una brújula y no necesitó nada más.
De una forma en la que ni él mismo se explicaba, llegó a las murallas, pero ahora estaban llenas de musgo y rodeadas de casas y edificaciones. Se sorprendió de lo mucho que podían hacer las personas con un poco de libertad.
Caminando por las calles de la ciudad con una capucha para evitar ser reconocido, se encontró con que habían muchas más personas y niños corriendo por las calles.
No quiso perder tiempo así que fue directamente a una biblioteca y preguntó por algún libro que tuviera la historia de los titanes y los grandes héroes. El bibliotecario, que era un anciano con lentes caídos se sorprendió de que un joven se interesara por ese tipo de temas pero le dio la información que quería saber.
En el libro se hablaba de todo lo que había pasado años atrás, sobre el titán colosal y el titán aliado de la humanidad, también se decía que los pocos sobrevivientes aún vivían por algún lado. Esa no era la respuesta que Eren quería, así que fue donde el bibliotecario de nuevo.
–Disculpe –llamo con voz infantil. El bibliotecario levantó la vista –Ehh... Estoy haciendo una investigación, ¿tendrá alguna idea de dónde puedo encontrar a alguno de los viejos héroes?
El viejo miró a Eren un momento sin responder.
–Hoy en día casi no hay alguno vivo –dijo con voz cansada –. Creo que de los pocos que quedan vivos se hablan de nombres muy extraños.
Hizo ademan de divagar sin tener claras las ideas. Eren decidió ayudar a su cansada mente.
–Levi Ackerman… Erwin Smith… Hanji Zoe…
–Eso. Hanji Zoe. La última vez que vi que le hicieron una entrevista la semana pasada dijeron que ella vivía al sur de Trost.
Eren apenas dio las gracias y volvió a salir disparado para encaminarse a Trost. Aún recordaba cómo llegar. Seguro Hanji le ayudaría a encontrar a Levi, y se pondría muy feliz al verlo.
Al atardecer, y después de buscar a Hanji hasta debajo de las piedras, al fin encontró la que se suponía que era su casa. Era bastante modesta pero muy amplia. Tocó la puerta.
Quien abrió la puerta fue una rubia con ropa muy conservadora y pechos grandes.
– ¿Si? –preguntó ella con una voz muy femenina.
–Ehh… vengo a buscar a la señorita Zoe –habló el castaño sonrojado.
– ¿Señorita? –la chica parecía confundida –. Creo que está equivocado. Aquí solo vive una mujer mayor, mi jefa, la señora Hanji Zoe.
– ¿Mayor? –se cuestionó Eren, ¿podía ser una coincidencia? No importa, tenía que intentarlo –Ah, sí, claro, Yo conozco a la señora Zoe.
Eren dio la mejor sonrisa que tenia, pero aún le era muy difícil, hacia mucho tiempo que no hablaba con otra persona. La rubia miró a Eren de pies a cabeza, precia un pueblerino que tal vez admiraba a la señora Zoe por sus hazañas en la famosa Legión de Reconocimiento, pero no importaba, a la señora Zoe le encantaba recibir visitas y estaba segura que apenas la conociera, el chico iba a asustarse. Dejó entrar a Eren.
–Señora Zoe –dijo la joven acercándose a alguien sentado en un sillón de espaldas a la entrada de la sala –. Hay un chico muy apuesto que desea verla.
–Excelente, amo a los chicos, dile que pase –se escuchó una voz de mujer ronca y cansada. Esa no era la voz que Eren recordaba.
La rubia asintió con la cabeza a Eren quien, con un mal presentimiento, avanzó en dirección a el sillón. Cuando estuvo frente a la persona sentada, sus ojos no podían creer lo que veían.
Había una mujer sentada con las manos cruzadas y gafas como las de Hanji, el cabello como el de Hanji y el rostro como el de Hanji, pero esta mujer no era ella. Esta mujer tendría al menos 80 años.
Ambos se quedaron boquiabiertos sin saber que decir.
–Eren Jeager –la anciana fue la primera en romper el silencio aún impactada.
–Tú… ¿Eres Hanji- san? –preguntó Eren incrédulo.
La anciana se puso de pie con dificultad y con la asistencia de la rubia. Sonrió antes de asentir con la cabeza.
–Chico… estas exactamente igual a como te recuerdo, literalmente –al momento que sonrió, las marcas de sus arrugas se marcaron aún más –. Ven acá, bastardo suicida.
Al escuchar eso, supo que definitivamente era ella. Se lanzó a sus brazos como si fuera una madre que intenta reconfortar a su hijo.
–Hanji- san, ¿Qué te pasó? –preguntó Eren preocupado.
–La edad, pequeño –respondió Hanji soltando al castaño para volverse a sentar con dificultad –. Cuando te fuiste, el tiempo siguió su transcurso.
–Pero… yo no me fui mucho tiempo, fueron tal vez dos años –habló Eren preocupado. Hanji lo miro por un momento con lastima.
–Eren… la última vez que te vi, fue hace más de cincuenta años. Supongo que conservas tu juventud por lo que eres.
Eren escuchaba las palabras de Hanji, pero su mente no lo procesaba. Cincuenta años. Cincuenta.
–Yo… viví aislado de todo –Eren se había sentado en uno de los sillones viejos de la impresión y miraba al suelo fijamente –, creo que perdí la noción del tiempo.
–Está bien. Esconderte fue lo mejor que pudiste hacer. Después de eso, buscaron hombres especializados en encontrarte y matarte. Ya no estarías vivo si te hubieran encontrado.
–Pero… ¿Qué pasó con Armin, con Erwin- san…? –Eren se veía bastante preocupado, pero luego se le heló la sangre cuando lo recordó… a él – ¿Qué pasó con el capitán Levi?
La ultima pregunta, Eren la hizo con un hilo de voz. Le asustaba mucho lo que pudo haberle pasado a su capitán. Hanji suspiró.
–Cuando te fuiste, Levi quedó mal herido, pero sobrevivió; a veces venia a visitarme y decir estupideces, él estaba en el hospital cuando formaron un escuadrón para atraparte. Armin y Erwin trataron de impedirlo a toda costa, presionaron tanto que… –la anciana miró con pesadez al suelo –. Los ejecutaron juntos.
Eren perdió el control cuando escuchó esto. Su mejor amigo y su comandante habían muerto por su egoísmo. No pudo más, se echó a llorar.
–Si te sirve de consuelo, hable con ellos antes de eso. Erwin me dijo que había pagado su deuda contigo. Había dejado que te mataran, y ahora él te iba a proteger de algún modo. El chico Arlet me dijo algo parecido. Dijo algo sobre una promesa que te había hecho.
Eren sollozó. Armin había cumplido su promesa hasta el final mientras que él tan solo había huido. Se sintió asqueado por sí mismo.
–Y… ¿el capitán Levi? –preguntó el ojiverde aún con lagrimas rodándole por las mejillas.
Quería sentirse completamente asqueroso, hacer oficial el hecho de que él había sido el culpable de la muerte de sus amigos.
–El enano –Hanji sonrió con dulzura –. Cuando salió del hospital y se enteró de lo de Erwin, se quedó en un lugar alejado de todos, solo venia de vez en cuando. Dos años después de eso, me dijo que se iba. Salió de las murallas a buscarte por el mundo. Estaba obsesionado con encontrarte.
Eren imaginó lo mal que la estaba pasando su Levi en soledad, peor que él.
–De vez en cuando escuchaba noticias sobre que lo atrapaban por hacer disturbios o golpear gente, parece que vivió una vida muy divertida allá afuera, todos lo conocían por causar problemas –rió. Después su sonrisa se transformó en una llena de pesadez –. Un día, simplemente dejaron de haber noticias sobre él. Nadie volvió a mencionar a quien nos liberó de los titanes.
Eren se rompió ahí mismo. Ya no había nada más que quisiera en ese mundo, tan solo le quedaba Hanji, una anciana que tenía todas las marcas en el rostro de la experiencia. Vio mejor su casa y había muchos libros, en algunos estaba el nombre de Hanji.
La bella y loca mujer que había sido algún día, ahora se había convertido en un grupo recuerdos, como una canción no cantada.
Y así era, Hanji escribió todas sus experiencias en la Legión de Reconocimiento. Eren no se dio cuenta en ese momento, pero el libro que había leído en un principio también lo había escrito Hanji. Ella vivía de sus emociones pasadas, y por lo tanto, su corazón también se había convertido en una de ellas.
Al castaño le asustaba averiguar que le había pasado a Levi, si había muerto o si se había podrido en su propio odio hacia el mundo. Fuera cual fuera la respuesta, no quería saberla.
Así que se quedó en Trost junto a Hanji, se apegó a la única persona que le quedaba y a veces recordaban juntos. Se divertían como nunca. Incluso la chica rubia que cuidaba de Hanji se le insinuó varias veces a Eren, pero él sabia que solo tendría un amor en toda su existencia.
El escuadrón que comenzó persiguiendo a Eren ferozmente, para ese punto, pensaban que en realidad nunca había existido, que solo había sido un mito, así que realmente no se esforzaban en buscar al chico, ni dentro ni fuera de la ciudad.
Mientras la civilización avanzaba velozmente, Hanji y Eren se quejaban de las nuevas generaciones tan cobardes e inútiles a comparación con las de sus tiempos como dos viejos, hasta que un día, Eren tuvo que seguir por sí mismo.
Hanji había muerto una noche mientras dormía, y tal vez era la imaginación de quienes la veían, pero podrían jurar que ella estaba sonriendo.
Eren se quedó completamente solo y no sabía si iba a morir, si alguna vez iba a envejecer, lo único que sabía es que su madre y su hermana le habían dejado una última cosa por hacer:
Vivir.
Ya la siguiente parte comienza lo bueno, espero estén listos.
Nos estamos leyendo.
