Hola

Ayer recibí amenazas de muerte. Resultaron ser una broma del hermano menor de mi compañera de trabajo. Resultado: llame a la madre y lo castigaron sin celular y sin salir, además de una paliza, porque yo no lo conocía siquiera.

Kagamine: Hay que derrotar a la rusa, si, pero él le mato toda la familia y la dejo huérfana, así que se lo merece Neo.

Wolfy: si, no fue buena semana, pero mi suerte cambio cuando mi novia me trajo la nueva expansión de los Sims y mi tío me regalo casi toda la saga del Silent Hill… En cuanto lo de si Crash había anunciado lo suyo con Neo ante sus hermanos, lo debí aclarar antes, así que lo aclaro en este capítulo. Lo siento, no soy Anne Rice. Pero en lo de hablar de sexo delante de Coco, debí aclarar de que Neo y Crash estuvieron alejados de Coco, así que ella no escucho la conversación.

Este capítulo no me termino de convencer, pero ustedes me juzgaran...

Capitulo veintitrés

Los sentimientos de Nina

Nina miraba una película en la sala junto con Crash, llamada Titanic, que se basaba en una historia real, sobre un barco lujoso que se chocaba contra un iceberg.

—Esta película me hace recordar a una cosa que me dijo mi tío —comentó Nina. Crash, quien parecía quedarse dormido por momentos, giro su cabeza hacia ella.

—¿Qué dijo?

—Cuando vine a vivir aquí, apenas había cumplido los siete años. Mi abuela había venido de visita por primera vez y para que no los molestara, el me puso esta película en la tele. Me quede extasiada por toda la historia. Cuando termino, le conté la película y él me respondió que él tomó ese iceberg para hacer su laboratorio y que ahora vivíamos en el famoso iceberg que hundió el Titanic.

—¿De verdad?

—Claro que no. Solo quiso tomarme el pelo, pero en ese momento le creí. Hasta decía que nadie podría hundir este iceberg. Nadie.

Crash se encogió de hombros y siguió mirando la película. De tanto en tanto, le echaba rápidas miradas hacia la ventana. Nina se dio cuenta de que deseaba volver a su preciada isla. Sonrió malvadamente al comenzar a trazar un plan para poder salir de allí y poder ver a Crunch.

—Crashie…

Crash giro la cabeza rápidamente hacia ella.

—¿Sí?

—¿Te gustaría ir a Twinsanity?

Crash sonrió instantáneamente, pero luego puso su rostro más serio, lo que solo logró que se viera más tierno.

—Neo dijo que no —le dijo, algo inseguro.

—Pero iríamos juntos. El dijo que no te separaras de mi.

Nina intento no estallar en carcajadas en frente del chico. Podía ver la lucha interna que se desataba dentro de él.

—Emmm… solo un ratito —dijo al fin, levantándose.

—¡Genial! Mi tío todavía no me hizo un teletransportador, así que iremos en la lancha ¿Sabes manejarla?

—Si, Crash sabe manejar.

—Apúrate entonces, que ya quiero… disfrutar de sol.

Una vez que se abrigaron bien, salieron del laboratorio y tomaron una lancha. Mientras se acercaban a Twinsanity, el calor los obligo a sacarse los abrigos. Nina no cabía en sí de felicidad. Y las cosas se pusieron mejor al llegar al puerto: Crunch estaba allí junto con algunos indígenas, tomando jugo de coco. Crash se bajo de un salto y se unió al grupo. Crunch se levanto del suelo y se dirigió a Nina.

—¿Viniste a dar una vuelta? —le preguntó.

—Quería verte —le respondió Nina, totalmente sonrojada. Como toda respuesta, Crunch la beso suavemente en los labios.

—Yo también, así que caminemos un rato ¿Te parece bien?

—Perfecto.

Con mucha calma comenzaron a alejarse del puerto, siguiendo la orilla. Nina se sorprendió de lo rápido que Crash se había unido a los indígenas y olvidado de lo que tenía que hacer, pero supuso que estaba muy emocionado por no estar todo el día en el iceberg. Al girarse para verlo, estaban alrededor de lo que parecía una pelota.

—Van a armar un partido de futbol —le explico Crunch, al notar que estaba mirando a su hermano—. De tanto en tanto descansan y nos unimos en sus juegos.

—A pesar del aislamiento, ustedes tienen muchos amigos —comento Nina, con un dejo de tristeza.

—Sí, pero a Coco no le bastaba y nos hizo humanos. Ella quería ver el mundo sin esconderse, Crash quería aprender a hablar… —su voz se perdió en medio de los ruidos de las olas chocando en las rocas.

—¿Y tú por qué?

Crunch no respondió de inmediato. Se puso las manos en los bolsillos de sus bermudas camufladas.

—Quería conseguir una novia —dijo al fin, desviándose un poco de la orilla. Nina no supo que contestarle ¿Eso quería decir que la consideraba como su novia? ¿O que aun buscaba a la chica perfecta para él?

—O sea que te sentías solo… —murmuro Nina, ya algo incomoda.

—Pero ahora no tengo que buscar más chicas —sonrió Crunch y le pasó el brazo por los hombros. Nina casi sintió como las piernas se le volvieran de gelatina.

—¿Tu hermana sabe que Crash y Neo…?

—Sí, lo sabe. Casi sale en su moto de agua, armada hasta los dientes cuando Crash se lo conto y yo compartía su opinión, pero terminamos cediendo. Eso sí: si le hace daño, lo descuartizaremos vivo —al ver la cara que Nina había puesto, decidió cambiar de tema rápidamente—. Escucha, Nina, me tengo que ir a esa cueva —señaló una que no estaba lejos de allí—. Allí crecen una especie de hongos que brillan en la oscuridad ¿Quieres acompañarme?

—Claro, quiero verlas —dijo Nina, apenas termino de decir la frase, muerta de curiosidad.

No tardaron ni cinco minutos en llegar. Crunch pasó primero y Nina lo siguió. La cueva no estaba oscura, sino que estaba iluminada con un tenue color verde radioactivo que venía del suelo, mejor dicho de los hongos.

—Son hermosos —murmuro Nina, agachándose para verlos mejor.

—Los indígenas toman estos hongos y lo usan como linternas" le explico Crunch, agachándose detrás de ella y apoyando su cabeza en su hombro. A Nina le corrió un escalofrío por toda la columna. Se levanto y Crunch hizo lo mismo, quedando cara a cara. El chico se agachó un poco y la besó profundamente en los labios. Su brazo robótico rodeó la estrecha cintura de Nina y la levantó del suelo para que quedaran a la misma altura. Crunch acaricio con su lengua los delgados labios de Nina y fue bajándola lentamente sin soltarla hasta acostarla en el suelo de la caverna. Nina se asusto un poco en ese momento. Crunch se separo un poco de ella y noto su nerviosismo.

—Nina, no fue mi intención… —comenzó a decir Crunch, pero unos pasos lo interrumpieron. No tardaron mucho en ver a Crash con una cara de enfado que jamás le habían conocido antes.

—Nina se va al iceberg —fue todo lo que dijo.

—Crash… —empezó a decir Crunch, pero el chico hizo una señal con la mano para que se callara. Nina se deslizo suavemente de los brazos de Crunch y se dirigió hacia el otro chico, con el rostro rojo.

—Vámonos —le dijo Crash y se dirigieron hacia el puerto. El chico caminaba a paso tan apretado que Nina casi tenía que correr para alcanzarlo—. Para eso querías venir aquí, ¿no?

—Crash, de verdad lo siento.

—Al final, Neo tenía razón: querías tener sexo con mi hermano.

—Escúchame —Nina lo tomó del hombro y lo obligó a girarse con tanta mala suerte que Crash lanzó un grito de dolor y cayó de rodillas al suelo.

Nina, asustada, se agachó y lo que vio la dejó completamente paralizada: al tomarlo del brazo, no había medido bien su fuerza y le había dislocado el hombro

—Perdóname, Crashie, no quise lastimarte —le dijo, estirando su brazo hacia él, pero sin animarse a tocarlo.

—¿Qué pasa? —Crunch había aparecido detrás de ella y se estaba agachando a su lado.

—Fue un accidente, no quise dislocarle el brazo —dijo Nina, ya con los ojos bañados en lágrimas. Ahora Crunch creería que lo había lastimado a propósito, que no era una persona confiable, tan solo una persona maligna…

—Seguro que eso fue —le respondió Crunch, mientras se acercaba cada vez más al chico. Su hermano menor temblaba por el dolor. Lo tranquilizó, acariciando con suavidad su cabeza con su brazo mecánico. Luego, tomo el brazo dislocado y lo coloco en su lugar, haciendo que Crash gritara de dolor otra vez.

—Ya, ya. Estas perfectamente bien, no te preocupes —lo tranquilizo, besándole la frente, un gesto tierno que solo reservaba para su hermano. Giró su cabeza hacia Nina, quien continuaba llorando en la misma posición donde había quedado—. Cálmate —le dijo Crunch con suavidad, levantándola del suelo y secándole las lagrimas con el dorso de la mano ". Deja de llorar, solo fue…

—¡SOY UN MONSTRUO! —gritó Nina, con el cuerpo tembloroso por el llanto. Crunch apenas sonrió, de manera comprensiva y la abrazó con mucha ternura

—Nina, yo tengo un brazo mecánico y se lo difícil que puede llegar a ser manejar la fuerza.

Nina alzo la cabeza, hipando.

—¿No crees que yo sea un monstruo?

Crash, ya recuperado, la abrazo por la espalda.

—Nadie cree que lo seas —le dijo, en voz baja.

—Crash, lamento haberte lastimado.

—No te preocupes. Volvamos al iceberg.

Nina estuvo un momento más refugiada entre los brazos de Crunch, sintiéndose protegida y amada, antes de soltarse y seguir a Crash hacia el puerto, donde regresaría a su helado hogar a esperar a que su tío volviera de la expedición.

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