¡Hola, mis lectores!
Hoy es el cumpleaños de mi novia. Feliz cumple, mi loquita querida!
Kagamine: Me imaginaba de que Nina tendría problemas con sus manos. En un fanfic lo había visto, no me acuerdo cual, era en inglés.
Tiburi: ¡Neo malo, muy malo! Se lo merece, pero… ahora está arrepentido (creo)
Steph: tierno, como siempre.
Disfruten el capítulo:
Capitulo veinticuatro
Los tesoros de China
Tropy conocía absolutamente todo sobre China. Su padre adoptivo era de esa nacionalidad, muerto hacia veinte años y él mismo era medio chino, aunque había nacido en Inglaterra. Había viajado muchas veces hacia ese país y lo encontraba fascinante
—¿Sera verdad eso de que los chinos comen perros y gatos? —pregunto Nitrus Brio, mientras echaba una mirada por el desolado paisaje.
—Si —respondió Tropy, en un suspiro, usando su mano a modo de visera para ver mejor lo que se encontraba al horizonte. Los cuatro miembros del N- Team caminaban por una calle de tierra que conducía hacia una mina. Las casitas humildes salpicadas entre los montes le daban un aspecto pintoresco —. Y lo veo bastante lógico, si uno no tiene que comer.
—¿Falta mucho? —preguntó N. Gin, que no estaba acostumbrado a caminar mucho y lejos de su barco. Toda su cabeza estaba con un grueso pañuelo negro y le molestaba terriblemente.
—Espero que no, así te callas —respondió Neo, que también estaba harto de caminar y llevaba un pañuelo para ocultar su "N" en la frente—. Ya saben el plan: interrogar a los mineros y sacarles los cristales por las buenas o por las malas. No aceptamos negociaciones de ningún tipo.
Todos asintieron con la cabeza. Quince minutos después, pudieron vislumbrar la mina. Tal vez fuera una irresponsabilidad dejar el avión tan lejos, pero Neo tenía su teletransportador para eso. Se acercaron hasta la entrada, pero no veía a nadie, solo unos picos abandonados en el suelo y nada más. No le daban buena espina.
—¿Estará cerrada? —preguntó N. Gin.
—No lo creo —respondió Neo. Palpó su cinturón, donde tenía guardada su querida arma de plasma, puesta en modo paralizar—. Sera mejor que entremos.
—N. Gin, tu quédate afuera y llama por la radio si ves algo raro —le dijo Tropy al almirante, quien se puso a un costado de la entrada, refunfuñando—. Los demás entraremos a sacar los cristales.
Apretando con fuerza la culata de su arma, Neo y Nitrus se colocaron detrás de Tropy y entraron en la cueva, por el costado de las vías, para no ser atropellados por los carros, si es que venía uno.
A cada paso que daban, la situación les gustaba cada vez menos. No parecía que allí hubiera nadie. Y habría parecido abandonada de no ser porque parecía que hasta hacia muy poco la actividad corría por el lugar
¿Dónde demonios estaban todos?
Un poco más adelante encontraron un carro de trasporte justo en una parte del túnel donde ya había excavaciones y maquinas.
—Vamos a explorar —murmuro Tropy. Neo ya estaba muerto de miedo y parecía querer volver al avión, pero los cristales eran más importantes que su miedo y, además, tenía su arma de plasma cargada, así que aún se sentía a salvo.
Un gemido cortó el silencio, haciendo que Neo agarrara el brazo de Tropy. Pero Tropy no se dejo llevar por el pánico.
—Aquí hay un herido —murmuro el viajero del tiempo y comenzó a caminar más de prisa e intentando aguzar el oído para saber de dónde provenía.
—Y tal vez varios muertos —agrego Nitrus Brio, agachándose para notar una mancha de sangre en una roca.
A medida que se acercaban al sonido, había mas manchas de sangre. Neo tenía ya el arma desenfundada, esperando a que el o los atacantes estuvieran merodeando por allí. Finalmente, lo encontraron semisepultado en un montón de rocas. Era un hombre de unos cuarenta años, con el rostro oscurecido por la mugre y sangre. Sus ropas en algún momento habían sido celestes, pero ahora era una mezcla de sangre y tierra. Aun vivía, pero agonizaba. Al ser Tropy el único que hablaba chino, fue el que se le acerco primero. Como las piedras eran chicas, entre los tres sacaron una a una las rocas que cubrían al hombre, mientras el viajero lo tranquilizaba, hasta que pudieron desenterrarlo.
—Fíjate que tan mal está —le ordenó Tropy a Neo. El científico obedeció y se agacho para revisarlo. Le informó a su amigo que estaba muy golpeado y con cortes de arma blanca en los brazos y el pecho. El viajero del tiempo se arrodillo para hablar con el hombre.
—¿Qué sucedió aquí? —preguntó Tropy, en chino.
—Unas personas entraron… por la fuerza…—respondió el trabajador, entre toses. Tropy soltó un suspiro de impaciencia.
—¿Y ?
El obrero tardo un poco en responder
—Ellos buscaban una especie… de cristales. Les dijimos que no los teníamos… y… ellos nos atacaron —dijo. Tropy se giro hacia sus compañeros
—Dice que unas personas buscaban unos cristales y, al no encontrarlos, se pusieron furiosos —tradujo el viajero, con rostro preocupado.
—Nuestros cristales, de seguro —gruño Neo, con la sangre hirviendo en sus venas.
Tropy lo ignoro por completo, ya que el hombre siguió hablando
—Los cristales que ellos buscaban… los habíamos vendido hacía pocos días —había dicho, entre gemidos de sufrimiento. Una chispa de esperanza brillo en los ojos del viajero.
—Supongo que los vendieron en uno de esos lugares donde hacen joyería —le dijo Tropy, con tono muy suave. El hombre solo atino a asentir, aterrado.
—¿Qué pasa? —preguntó Nitrus Brio
—No todo está perdido —respondió, con una sonrisa.
Ya era bastante tarde cuando el N. Team estaba caminando por las calles de Shanghái. No era de noche, pero el sol se estaba empezando a ocultar
—O sea, lo que te dijo ese hombre era que hacía días que se habían llevado los cristales para hacer joyería con ellas —murmuro N. Gin, mientras se acomodaba el pañuelo. Neo caminaba detrás de él, murmurando la palabra "joyería" bastante indignado con el destino de sus cristales.
Después de salir de la mina (y llamar a un hospital), fueron hacia el lugar donde el minero les había indicado el destino de los cristales. Habían conseguido algunos, pero no los suficientes. Neo quería todos los que pudiera, incluso los que ya habían sido convertidas en joyería. Así que habían conseguido las direcciones de los negocios a los que fueron vendidos. Y allí estaban, correteando de un lado a otro, llenándose los bolsillos de anillos, collares y demás chucherías de cristales de energía.
Se detuvieron en uno de los negocios que tenían que robar. Sabiendo lo que tenían que hacer, Neo entro solo. Los demás se quedaron afuera, ocultos.
Era una tienda pequeña y poco iluminada. Neo recorrió lentamente con la vista los escaparates y logro ver algunos de sus hermosos cristales.
—¿Lo puedo ayudar en algo? —le dijo una voz femenina en un inglés no muy bueno.
Neo se dio vuelta. Detrás de mostrador había una oriental muy bonita, de unos veinticinco o veintiocho años. De cabello castaño pasando un poco de los hombros y ojos del mismo color. Más que china, parecía japonesa.
—Estaba buscando un bonito collar para mi esposa —respondió Neo, pensando por un instante en Charlotte.
—¿Y el señor tiene algo en mente?
La mirada de Neo estaba fija en un collar con uno de sus preciosos cristales como dije. Tanteo el arma y le apunto en la cabeza a la vendedora.
—Muchas cosas —le dijo, con una sonrisa… que se le congelo al ver que la vendedora le estaba apuntando al pecho con una pistola a la altura de la cadera.
—Se reconocer a un ladrón cuando lo veo, doctor Cortex —le dijo, mientras cerraba con rapidez la persiana del negocio con un botón —. No te daré los cristales de energía.
Neo se recupero rápidamente de la sorpresa
—¿Fuiste una de las personas que fue a la mina?
—Si —respondió, estirando la mano para sacarle el arma. Al ver la resistencia de parte del científico, agregó—. No querrá que Nina se quede sola en esta vida ¿verdad?
A Neo se le revolvió el estomago súbitamente. La chica le quito el arma de las manos. No lo había notado antes, pero la oriental lucia un anillo con un cristal de energía engarzada en el.
—Ahora escúcheme: no lo voy a matar. Pero todos a los que ama van a sufrir muchísimo, doctor. No es negociable. Esto es todo —se dirigió detrás del mostrador, sacando uno por uno los cristales y se marcho por la puerta trasera del negocio, dejando caer el arma de Neo antes de cerrarla.
Neo corrió hacia donde estaba su arma e intento abrir la puerta. Estaba fuertemente atrancada. No quiso perder más tiempo y abrió la persiana para poder salir. Corrió hacia el auto alquilado donde estaban sus amigos.
—Vámonos —le dijo a Tropy, con tono hosco—. No me pregunten nada, se los explicaré más tarde.
Nina. Tenía que ver como estaba Nina.
