Hola y perdón por la tardanza. Falta de inspiración temporal.

Steph: gracias por tus amables palabras

Tiburi: Hay muuuuuuuuuuuuucha razón, mi niña. Y me parece que Nina tendría problemas con las manos, en un fanfic en inglés decía algo así. Y ella tiene todo el apoyo que necesita

Belle star: te doy la bienvenida a mi fanfic. Y en cuanto a tu opinión… el no quería admitir que estaba enamorado de Crash, así que no le hubiese disparado y más adelante escribiré por qué no lo uso contra él. Y, como bien lo sabes, tiene un enorme cohete en la cabeza, que le produjo problemas en el cerebro

Chrystalchan2D: Te entiendo perfectamente… Y avise que era yaoi ¿eh?

Espero que mi tardanza valga la pena

Capitulo veinticinco

La invitación de Crash

Neo cruzo la puerta de su casa como un enloquecido, solo para ver a Nina sentada en la alfombra intentando enseñarle a Crash a jugar al ajedrez.

—Hola, tío —dijo Nina, con una sonrisa vacilante al ver el rostro de Neo.

—¡Nina! —Neo se agachó, pisoteando el tablero—. Nina, mi vida, me alegro de que estés bien —le dijo, abrazándola con fuerza.

—Tío, no me asustes —le respondió su sobrina, dándole una suave palmada en la espalda.

—Crash cuido bien a Nina —se metió el muchacho, juntando las piezas del ajedrez una por una.

—Muy bien, Crash, gracias por cuidármela —el chico gateo hacia Neo y lo beso en la mejilla muy suavemente y refregó su nariz en el cuello. Por unos segundos, Neo se quedo reflexionando. Su sobrina a salvo entre sus brazos, un novio muy cariñoso, una madre comprensiva, unos buenos amigos…

¿No sería todo eso una señal de algo?

Una señal de que tenía que decidir.

Se estaba volviendo bueno, no tenia duda alguna.

Y tenía que elegir entre cambiar o estancarse en su maldad

Neo acaricio los cabellos castaños de Crash, admirando cada centímetro de su rostro, perdido en sus pensamientos.

—Es hora de que te lleve a casa. Ya es muy de noche.

Crash asintió levemente con la cabeza y se levanto del suelo

—Sí, pero si se quedan a cenar en casa.

Neo puso los ojos en blanco.

—No creo que estén muy contentos de recibirme, Crash.

—¡Por favor! Solo por esta vez.

Neo ya había perdido la cuenta de las veces que había escuchado esas cuatro palabras, pero si a Crash le hacía feliz…

—No se…

—Vamos, tío, no voy a permitir que me molesten. Además, ya es momento es que vivamos todos en paz —Nina lo miraba con una dulce sonrisa, la que usaba para manipularlo.

—Bueno, de acuerdo. Una vez no matara a nadie… supongo.

Crash lo abrazo con fuerza y lo beso con mucha dulzura.

—Van a estar muy felices de recibirlos.

—Ya lo creo. Ahora agárrense de mí, porque no tengo ganas de caminar… Pero tengo que hacer algo primero.

Neo bajó por el ascensor y guardó en su bóveda de seguridad, los cristales de energía que había logrado encontrar, detrás del cuadro de Nina, en la sala de comandos. Luego volvió a subir y se acerco a los chicos.

—Bien, ahora sí, vámonos.

Una vez llegados a la isla por medio de la teletransportacion, lo primero que vieron fue la humilde casa de los Bandicoot y a Crunch, que se acercaba a ellos con pasos largos, señal inequívoca de enojo.

—Ya estaba por ir a buscarte —gruño, dirigiéndose a su hermano menor. Tenía puesto un delantal amarillo con toscos dibujos de autos hechos con fibra negra. Neo se habría reído de no ser porque él tenía un delantal blanco lleno de flores y mariposas que le había dibujado Nina cuando tenía seis años, colgado de una percha en la cocina. Y que usaba a veces.

—Ya vine, Crunch. Ellos comen con nosotros.

Crunch miro al científico con desconfianza. Nina se adelanto un paso

—¿Te molesta? —le dijo, con tono dubitativo.

El chico giro la cabeza hacia donde se encontraba su casa. Claro que no tenía ningún problema. Pero Coco no los recibiría con los brazos abiertos precisamente.

Pues que se lo aguantara

—Recién me puse a preparar la cena, así que no hay problema —dijo al fin, sonriéndole a Nina.

Los cuatro echaron a andar hacia la casa, bajo un cielo despejado y cubierto de estrellas. Eso solo se conseguía si uno estaba lo suficientemente lejos de la contaminación lumínica de las grandes ciudades. Esa era una de las ventajas de vivir en medio de la nada

—Aquí esta Crash —dijo Crunch apenas entraron en la pequeña sala de estar.

Coco asomo la cabeza de una de las puertas del pasillo.

—Que bien… —comenzó a decir, sonriente, pero su sonrisa decayó al notar la presencia de los Cortex—. ¿Qué hacen aquí?

—Van a quedarse a cenar con nosotros —respondió Crunch, en tono de advertencia. Coco los miro con odio.

—No tengo hambre —gruñó ella y cerró la puerta de un fuerte golpe. Crunch hizo ademan de ir a la habitación a retarla pero Crash le tomo del brazo.

—Déjala —le dijo simplemente—. Ya se le pasara.

Crunch dudo un momento, pero luego asintió con la cabeza y acaricio los cabellos de su hermano menor

—Luego hablare con ella —le dijo—. Tengo que hacer la comida.

—¿Qué es?

—Guisado de pescado.

—Yo te ayudo —se metió Nina—. Mi tío dice que soy una excelente cocinera.

—Está bien. Para variar alguien me da una mano en la cocina —rió Crunch, tomándola del hombro y conduciéndola al fondo de la casa. Neo comenzó a protestar, pero el índice de Crash silenció sus labios.

—Mientras tanto, podríamos ir a mi cuarto —dijo, con la mirada baja y una leve sonrisa traviesa. Neo enrojeció.

—¿Qué pretendes?

—Nada —la mano de Crash estaba puesto en el pomo de la puerta de su habitación.

Neo dio una última mirada a la cocina y suspiró resignado ante el destino y a los encantos de su novio y le siguió el juego.

—Confiare en ti —le dijo, agarrándolo de la cintura e incitándolo a entrar en su cuarto.

Mientras, en la cocina, Nina y Crunch preparaban la comida. El chico estaba cortando las cebollas muy finitas, mientras que ella cortaba el ají en tiritas a su lado.

—Debe ser horrendo recorrer tanto para comprar comida —comento Nina, calculando su fuerza con mucho cuidado, para no partir la mesada.

—De hecho, en el fondo la casa tenemos un huerto enorme, lleno de frutas y verduras —respondió Crunch, colocando manteca en una cacerola—. Y un criadero de gallinas y de jabalíes. Y a veces pescamos en el mar. O intercambiamos alimentos con algún que otro indígena.

—Genial —le pasó los ajíes cortados a Crunch para que pudiera rehogarlos en la cacerola—. Es una vida hermosa la que llevan aquí.

—Sí, pero a veces me gustaría ir a Sídney. No conozco por ahí.

—Yo sí, aunque hace mucho que no voy.

Crunch agregó la harina en la sartén, el vino y demás condimentos. Al final, agrego grandes cantidades de pescado y cerro la tapa.

—Cinco minutos mas y está listo —le dijo Crunch, tomándola de la cintura con el brazo normal. Nina, sin vacilar, se puso en puntas de pie y lo beso suavemente en los labios, rodeándole con mucho cuidado el cuello con los brazos.

—Crunch, me gustas mucho —le dijo Nina, completamente sonrojada y casi en susurros.

—Y tu también, Nina. Y quiero algo serio contigo.

Nina bajo la vista

—Pero, mi tío…

—Sale con mi hermano. Y tiene suerte de seguir con vida porque pude haberlo matado —completo Crunch.

—No quiero que se peleen, eso es todo.

—Hablaremos después de la cena ¡La comida esta lista!" grito, para que todos en la casa oyeran.

Crash y Neo salieron de la habitación. El primero tenía el cabello revuelto y el otro con la bata mal abrochada.

—Yo te ayudo —dijo el chico, con una sonrisa nerviosa, yendo a buscar los platos. Acomodaron entre todos la mesa y sirvieron la comida. Pero aun había un plato vacio y era el de Coco, cosa que deprimió bastante a ambos hermanos, pero intentaron disimular delante de sus invitados.

—Está muy rico todo, Crunch, cocinas mejor que yo —lo halagó Nina.

—Soy solo un principiante. Aprendí todo por la computadora. Comían todo crudo antes de que yo llegara.

—No es cierto —se defendió Crash—. Solo comía wumpas.

Crunch comenzó a mirar intensamente a Neo. Nina trago saliva, esperando lo peor.

—Me imagino que estas cuidando a mi hermano como se merece —dijo Crunch en un tono mortalmente serio.

—¿Acaso Crash se ha quejado de mi? —Neo no se quedaba atrás.

—No lo ha hecho. Pero no he tenido mucho tiempo para hablar del tema.

Neo tomo un sorbo de jugo, sosteniéndole la mirada en todo momento.

—La verdad, no me gusta mucho su relación —continuó Crunch, mirando de reojo a Crash—, pero es lo que eligió y lo veo feliz. Pero si lo dañas, te buscare donde sea para matarte.

Neo continuo impasible

—Yo podría decirte lo mismo con respecto a mi sobrina. La estas mirando de un modo que no me gusta para nada.

Crunch se tomo su tiempo para responder. Nina tenía una expresión en su rostro que decía claramente que quería que la tierra se la tragara y Crash tan solo comía, aparentando ignorar la conversación, pero los miraba de tanto en tanto, sin atreverse a hablar.

—Me gusta y quiero que sea mi novia —dijo simplemente Crunch.

Solo hubo un motivo para que la cocina no se convirtiera en una batalla campal y era porque en ese mismo instante, Crash lo tomo de la mano, pero no con fuerza, sino de manera cariñosa.

—Ella tiene tan solo quince años —murmuro Neo.

—Apenas un año menos que mi hermano —ataco Crunch.

—No quiero que mi sobrina sufra, eres muy grande para ella.

—Yo tampoco. Y no sea hipócrita.

—¿Hi- hipócrita yo?

—¿Cuántos años tiene, Dr. Cortex?

La cara de Neo enrojeció de la vergüenza y de enojo. Y fue aun peor cuando Crash hablo por él.

—Neo me dijo que tenía cuarenta —soltó, sin dejar de comer. Crunch no pudo menos que sonreír.

—Cuarenta años —murmuro Crunch—. Y mi hermano tiene dieciséis. Según los cálculos de Coco, tengo veintidós años ¿Qué tan mayor soy para Nina?

Neo lanzo un fuerte suspiro.

—¿Quieres la verdad? No quiero que mi sobrina se quede embarazada a los quince años.

—¡Tío! —saltó Nina, ya abochornada—. ¿Acaso crees que soy una idiota?

—No, cariño, pero los accidentes pasan.

—No sería capaz de hacerle algo semejante —gruñó Crunch.

—¿Cómo lo sabría?

—Crunch jamás haría algo así —se metió Crash, ofendido por la actitud de su novio. Neo solo pudo mirarlo de reojo.

—Cuidare a Nina como si fuera alguien más de mi familia —prometió Crunch

Lo único que Neo quería para su sobrina era que fuera feliz. No quería que se alejara de su lado. Si salía con Crunch, dentro de un tiempo, querría irse a vivir con él, alejándose cada vez más y más hasta no volver a verse nunca. No quería eso. En ese momento, Crash le dio un rápido beso en la mejilla.

—Neo, déjalos que salgan… No eres el único que quiere a Nina. Yo la quiero y Crunch también.

Neo le pasó una mano por el cabello de su novio. Novio. Que palabra más rara para el…

—No lo sé… Nina ya ha sufrido demasiado.

Nina hizo un gesto de hastío.

—No estarás hablando de mis manos otra vez ¿verdad?

En la casa hubo un silencio muy incomodo. Crunch miraba furioso a Neo. Hasta Crash había dejado de comer y los miraba bastante confundido.

—Malnacido, mira que cortarle las manos a tu propia sobrina… —comenzó a decir Crunch

—¿De dónde has sacado semejante mentira? ¡No lo hice por gusto! —Neo se levantó bruscamente de la silla. Crash lo obligo a sentarse.

—Es verdad —dijo Nina, con un leve tono de tristeza—. Cuando tenía cuatro años, metí mis manos en acido. El me diseño estas manos para que pudiera llevar una vida normal.

—Y antes de que digas algo más: Te puse un brazo bionico porque el E-volvo no funcionó muy bien y un brazo te había quedado deforme. Por eso te puse un implante, para que seas útil para algo.

Crash alzo una mano para que todos pudieran escucharlo

—Neo, yo mismo golpearía a Crunch si le hiciera daño a Nina, cosa que dudo. Quiero que sea parte de mi familia.

Crash podía ser tranquilamente la persona más manipuladora del mundo, compitiendo con Nina. Miro fijamente a Crunch, tan verdes como los de Crash. Lanzó un suspiro de resignación

—Bien, pero si llega a… —apenas había dado su aprobación y Nina ya lo estaba abrazando.

—¡Gracias, gracias, gracias! —decía, apoyando la cabeza en su hombro. Neo enrojeció, pero no hizo ademan de apartarla.

—Bien… muy rica la cena, pero tenemos que irnos —se levanto lentamente y tomo del brazo a su sobrina—. Nos vemos.

—Nos vemos —dijeron los dos hermanos Bandicoot.

Gracias al cinturón, llegaron en cuestión de segundos a su casa. Al materializarse, Nina palideció de golpe.

—Tío… —murmuro, mirando toda la casa en completo desorden.

Como si alguien hubiese entrado a robarles