¡Hola de nuevo!

Si si, yo sé que la última vez dije que actualizaría pronto y después me tardé 84 años, pero tengo una buena excusa; las cosas se pusieron hardcore y tuve que dejar el capítulo a la mitad unos meses, pero no quiero aburrirlos. Ahora sí espero actualizar mínimo una vez a la semana.

Cuéntenme si les está gustando el fic, la verdad es que tengo muchas cosas malvadas planeadas :v

Sin más por el momento, disfruten.

Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen, todo es obra de Hajime Isayama.


La siguiente semana, el moreno saludaba a Levi como si nada hubiera pasado, pasaba junto a él con esa sonrisa, solo que ya no se sonrojaba ni se ponía nervioso, de hecho pasaba lo más rápido que podía junto a él, como si lo estuviera evitando. Cuando salía del gimnasio, Eren miraba hacia otro lado mientras hacia su rutina, pero eso no le quitaba la mirada de deseo del azabache, aunque solo fueran unos segundos.

Por las mañanas, Levi siempre salía antes que Eren y volvía después de él, pero ese día, el azabache escuchó la puerta del menor cerrándose poco antes de salir.

Tal vez no le gustó… tonterías, estoy seguro que todo el edificio lo escucho gritar. Tal vez es chico de una sola vez, él mismo me lo pidió; quizá solo es una pequeña puta con cara de virgen. Si, seguro es eso, esas cosas no se aprenden a la segunda vez. Quizá sea mejor olvidar al mocoso. Para fin de mes ya estará revolcándose con otro. Será mejor que haga lo mismo, desde que lo hice con el mocoso no me he divertido lo suficiente.

Levi llegó al lobby y bajó del ascensor pensando a dónde iría para buscar con quien pasar el rato cuando vio por primera vez en meses a los vecinos que vivían en el piso de abajo. Siempre olvidaba sus nombres

–Buenos días Levi –saludó hipócritamente la chica rubia de pechos grandes. El aludido solo asintió.

–Parece que te la has pasado bien últimamente –habló el hombre, menor que Levi pero más alto y corpulento. El azabache reprimió una sonrisa –. Incluso nosotros escuchamos, si que hiciste gritar al chico extranjero.

–Digamos que soy bueno en lo que hago. Cuando quieras puedo hacer lo mismo con tu novia, en vista de que tú no podrías aunque quisieras.

Dicho esto, salió del edificio para dirigirse al estacionamiento dejando al hombre de grandes músculos a punto de ir a romperle el rostro y siendo detenido por la chica.

Levi se divertía al hacer enfurecer a esos dos. Antes de Eren, ellos eran quienes vivían en el sexto piso con Levi, pero cometieron el grave error de hacer las dos cosas que el azabache más odiaba. Uno, tener su jodido apartamento tan sucio que el olor a dinosaurio muerto llegaba hasta su impecable hogar. Y dos, hacer escándalo, Levi odiaba cualquier cosa que hiciera sonidos altos y con esos idiotas siempre había televisión o ruidosos orgasmos fingidos, así que el bedel decidió arreglar todo con un cambio de piso.

El azabache conducía en su maserati plateado…Demonios, todo le recordaba al chico. Estuvo tentado a estrellar el auto y provocar un genocidio para dejar de pensar en él, pero no quería llegar tarde al trabajo. Tal vez si le costara menos tiempo, probablemente lo hubiera hecho.


Después de terminar su turno en el restaurante, Eren y Armin quisieron ver los resultados juntos, en caso de que alguno no pasara, el otro podía ser un consuelo, aunque Eren sabía de antemano que ambos lo iban a lograr. Ya era noche, así que fueron a un parque que se encontraba solitario tan solo alumbrado por la luz pública y se sentaron en una banca, cada uno en su celular viendo la lista de aceptados.

Después de un rato de buscar entre la lista de aceptados, ambos confirmaron haber acreditado el examen. Armin incluso hasta dio un grito agudo de emoción.

–Te dije que lo lograríamos –sonrió Eren.

–Ahora siento como si me hubieran quitado un gran peso de encima.

–Deberíamos celebrar –sugirió el castaño – ¿Qué te parece si vamos a beber?

–Eh… yo… no creo que esté bien, soy menor de edad –respondió el rubio avergonzado.

Armin se sentía afortunado por hacer un amigo tan rápido, cuando generalmente le costaba mucho trabajo, y más si era un chico de 19 años que salía a beber para celebrar.

Eren debía ser muy popular en el bachillerato.

El castaño recordó que era mayor que su amigo –solo por unos cuantos cientos de años–, debía tratarlo como un chico de 17 años.

–Ah cierto, lo lamento, lo olvidé. Bueno, ya será después, cuando seas mayor.

–Lo prometo –. Alzó la mano derecha –. Ahora debo irme, le dije a mi novio que lo llamaría en cuanto tuviera los resultados.

–S-si, está bien –respondió Eren tratando de actuar normal. El novio de Armin no le daba buena espina –. Te veo luego.

El rubio solo asintió para darse la vuelta y caminar a casa para darle la noticia a su abuelo, en el camino llamaría a su pareja. Eren se quedó ahí parado unos minutos recordando el día que Hanji le dijo lo que él y Erwin habían hecho para ayudarlo. La herida de la culpa aún dolía.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar rápidamente, no quería llegar al mismo tiempo que Levi así que pretendía llegar primero. Escuchó los sonidos de algo moviéndose entre los arbustos y casi pega un brinco.

Estúpido perro, gato, ardilla, lo que seas.

Llegó a su departamento y no había señales de Levi, por lo que pudo suspirar tranquilo. Últimamente sentía sus miradas encima como cuchillos, todo el tiempo y eso hacía que le dieran más ganas de huir del mayor.

Se quitó la ropa y fue a la lavandería para ponerla en el cesto de ropa sucia, pero al mirar el cesto, notó que algo faltaba

Qué raro, recuerdo haber dejado mi ropa interior de ayer aquí.

Pasó su vista por el cuarto de lavado tratando de averiguar qué había pasado cuando divisó una caja grande de cartón en un rincón. Posiblemente había olvidado desempacarla la semana que se mudó. La caja se llevó toda la atención del moreno y dejó de lado el asunto de su ropa. Ya se encargaría después.

Abrió la caja con curiosidad sin poder recordar qué había en ella y en cuanto la vio, no pudo ocultar una sonrisa. Se encontraban dos estuches con forma de botella, uno más grande que el otro. Sacó el pequeño y lo puso sobre el sofá.

Lo abrió y pasó sus delgados dedos por el violín que en él se encontraba. Había pasado tiempo desde la última vez que tocó. Sonrió y tomó su arco.

Los años de aburrimiento que había vivido en soledad le habían dejado marcas. Para este punto de su vida sabia hacer diversas actividades que decidía ocultar o reflejar a su conveniencia. Bailar era una de ellas, al igual que ese agudo violín. Lo afinó y se dispuso a tocar una canción que él mismo había compuesto hace ya bastante tiempo.

Era una pieza complicada, sus dedos revoloteaban por las cuerdas tan rápido que parecía que vibraban. Los ojos esmeraldas se cerraron para mayor concentración mientras pensaba en lo que debería hacer de ahora en adelante.

Quizá de verdad fue una mala idea entrar en su nueva vida. Tal vez debería quedarse donde lo dejamos la ultima vez, después de todo las cosas pasan por una razón. Él encontrara a alguien que vio en él lo mismo que yo y lo querrá tanto o más que yo. Tal vez forme una familia. Lo mejor para Levi seria tener una vida como se suponía que fuese, sin malos recuerdos. Es obvio que su mente intenta recordar pero no quiero que me vea de nuevo a punto de morir.

Detuvo el sonar del violín.

Si… definitivamente esa es la respuesta. No voy a permitir que vuelva a ver a las personas que tanto quiere irse una vez más, solo le provocaría un daño más grande.

Guardó el instrumento en su estuche y tomó también la viola para encaminarse a uno de las habitaciones que no usaba y los dejó junto con el estuche de su teclado. Le gustaba aprender música, pero como viajaba constantemente, no podía tener gran cantidad de instrumentos consigo siempre.

Regresó a la sala de estar y encendió su estéreo, deseaba practicar un poco su rutina de baile antes de la próxima clase, así que corrió la mesa que tenía al centro de la sala y se puso ropa cómoda. La música comenzó.

El grupo de baile de Eren tendría una competencia con otros grupos en un auditorio y las ganancias irían a la beneficencia. Había varias categorías, en grupo, en pareja, solista, etc. Cada grupo podía entrar tres veces en cualquier categoría, pero los instructores aún no habían anunciado nada sobre la competencia, pero el chico quería estar lo más preparado posible.

Del otro lado del pasillo, Levi dormía plácidamente, ya que la noche anterior no había podido dormir nada por exceso de trabajo, así que decidió mover su estricto horario y descansar un poco, pero cierta música comenzó a retumbar hasta su recamara.

Si creían que Levi Corporal era terrorífico, no lo querían ver cuando no dormía. Los círculos oscuros bajo sus afilados ojos y la mirada de asesino en serie que daba desde un ángulo bajo acompañado de un ceño fruncido le helarían la sangre a cualquiera.

Se levantó de la cama lentamente –lo cual lo hacía más peligroso e impredecible– y se dirigió sigilosamente a la fuente de ese escándalo. Salió de su departamento y miró con rabia la puerta del italiano.

El timbre sonó y Eren tuvo que detener su rutina, apenas se veían algunas gotas de sudor en su frente. Bajó el volumen de su reproductor dejando la música de fondo y fue a abrir la puerta.

Dio un salto hacia atrás cuando vio a un gremlin furioso parado frente a él. Tuvo un mini infarto.

–Quiero que te calles –habló. Entonces Eren se dio cuenta de que solo era Levi… prefería al gremlin.

–Pero yo no he dicho nada –se excusó el menor.

–No te hagas idiota. Tu estúpida música.

–Oh… eso. Lo lamento Levi-san, no quise incomodarlo. Bajaré el volumen.

–No, quiero que lo apagues.

Eren vio una oportunidad única en los ojos de Levi. Si él lo odiaba, haría lo posible para sacarlo de su vida y continuar con ella. Lo único que tendría que hacer era llevarle la contra en todo y hacerlo molestarse –si claro, qué difícil–.

–Lo lamento, pero tengo una competencia próximamente y quisiera ensayar ahora.

–Me da igual si vas a las olimpiadas, yo quiero dormir ahora así que apaga esa mierda.

– ¿Y qué si digo que no?

–Te estarías metiendo con alguien con quien de verdad no quieres tener problemas.

En el fondo, al chico le intimidaba un poco la mirada psicópata de su vecino, sobre todo porque lo había visto molestarse de verdad, y los titanes de ese entonces no habían salido muy bien que digamos; pero debía mantenerse firme. Alzó un poco el mentón y lo miró directo a los ojos. Se sentía como caer en un hoyo negro.

–Entonces creo que tendremos un problemita –respondió sonriendo lo más amable posible para después cerrar la puerta en la cara de Levi.

Eren caminó tranquilamente hasta su habitación y cerró también su puerta. Se puso a hiperventilar.

Mierda. Mierda. Mierda. Le acabo de cerrar la puerta en la cara a Levi… ¡A Levi! Oficialmente soy un cadáver. No sé en qué estaba pensando. Él va a acabar conmigo.

Cuando Eren terminó su ataque de pánico, volvió a la sala y subió el volumen del estéreo, aunque ya no estaba bailando; ahora no se podría concentrar, pero debía permanecer firme.

Entre tanto, Levi perdía cada vez más esa palidez en su rostro para tornarse de un tono rojo intenso mientras caminaba de nuevo a su apartamento para azotar la puerta lo más fuerte que pudo.

Ese mocoso… como se atreve a confrontarme un simple muerde almohadas. Pero está bien, si lo que quiere es ser destrozado, me encantaría tener el honor.

Así se declaró la guerra oficialmente. El resto del edificio no tardó en enterarse de la osadía del italiano y quisieron darle su apoyo –aunque desde lejos por miedo al azabache– otros simplemente no quisieron meterse en problemas y un tercer grupo decidió apoyar a Levi, un grupo de chicos que solo querían ver como Eren se orinaba en los pantalones al final y unas cuantas chicas que aun siendo estudiantes, querían estar con Levi, aunque éste las rechazara rotundamente una y otra vez.

Levi sabía que el chico le ganaba en número tratándose de su edificio, pero no le preocupaba ya que tenía ingenio, astucia y sobre todo un despacho de abogados con acceso a los registros legales de cualquier persona en el país. Solo tendría que teclear el nombre de Eren y su vida entera aparecería en una pantalla. Así lo hizo.

Investigando, no encontró arrestos por conducir ebrio ni ninguna otra estupidez que hacen los adolescentes, de hecho no encontró nada. Todo registro de Eren Jeager hasta antes de llegar a Japón estaba en blanco, el azabache creyó que eso era muy extraño, ni siquiera encontró un certificado de defunción de sus padres, tampoco había nada sobre alguna herencia.

A pesar de ser muy extraño, Levi comprendió todo rápidamente. Se recargó en su cómoda silla tras su escritorio y sonrió de lado. Había visto esa situación algunas veces en narcotraficantes, falsificadores y estafadores. Seguramente el mocoso había hecho algo lo suficientemente grave como para necesitar una nueva identidad. También era probable que "Eren Jeager" no fuera su verdadero nombre.

Su sonrisa cada vez se hacía más maliciosa. Si Eren había falsificado algún documento, o hecho algo que debía ocultar, sería fácil deshacerse de él. Ahora tenía un arma muy poderosa, pero debía tener cuidado.

Por ahora tendría que ir despacio, jugar como un mocoso. Reunió toda la información que pudo e hizo algunas llamadas. Registró al chico en cuantas revistas porno se cruzaron en su camino. Como el final de mes estaba cerca, las revistas llegarían pronto.

Se divertía tanto que pasó todo el tiempo que tenía para almorzar en aquello, pero ni siquiera recordaba que había que comer.

En ese mismo momento, cierto castaño iba audazmente de la cocina a las mesas del restaurante donde trabajaba. El gerente lo veía como un saco de dinero con pies, ya que no solo tenía destreza, sino que también los clientes lo adoraban y el chico era muy atento con cada uno de ellos.

Pero los pensamientos de Eren no tenían nada que ver con su increíble desempeño. No dejaba de imaginarse el infierno por el que Levi seguramente lo haría pasar y conforme el reloj avanzaba, también lo hacia su ansiedad.

Regresó a su departamento atento de cualquier broma pesada y con mucha cautela, sobre todo al pasar por la puerta del de ojos afilados, incluso llego a verse paranoico cuando cruzó casi gateando por el pasillo que separaba el ascensor de su puerta. La buena noticia era que no había cámaras de seguridad ahí, no había nadie que se pudiera burlar.


Dos días después no había pasado nada, hasta llegó a olvidarse de su pequeño inconveniente. Su nombre ya aparecía entre los aceptados en la universidad y ya tenía su horario. Empezaría las clases la siguiente semana. Solo había visto a Levi de lejos una vez y parecía que ni se inmutaba de lo que pasaba a su alrededor como de costumbre.

Eren estaba saliendo del ascensor para comenzar su turno a medio día cuando algunos vecinos estaban reunidos en el lobby. No quiso detenerse, a algunas vecinas les gustaba solo pararse ahí de vez en cuando a hablar de cualquier cosa así que no le prestó mucha importancia.

Tal vez lo dejó pasar, él es un adulto después de todo y está actuando como tal. Qué envidia, a pesar de mi edad sigo siendo bastante inmaduro a comparación suya. La próxima vez que lo vea le pediré una disculpa.

–Eren espera –escuchó que lo llamaban.

Detuvo su paso y vio a Reiner, su bedel favorito. Desde que se había quedado fuera de su apartamento, él había sido muy amable, y a Eren no le molestaba su compañía. De vez en cuando, si Eren no tenía nada que hacer, iba con una taza de café al lobby para hacerle compañía a Reiner.

– ¿Qué sucede? –pregunto Eren, por alguna razón las mujeres detrás de él guardaron silencio y solo miraban a Eren fijamente.

–Eh… Yo he estado intentando contactarte los últimos días, pero parece que nuestros horarios no han coincidido –respondió el empleado algo apenado –. Tengo tu correspondencia.

El rubio le entregó a Eren un fajo de papeles.

–Graci-

El chico se detuvo en seco. Lo que tenía en las manos no era nada menos que seis revistas, todas con mujeres sin nada de ropa puesta, cubiertas por sabanas casi transparentes, cohetes grandes con formas fálicas y esas cosas. Eren se quedó boquiabierto por un segundo.

–Debe haber un error –fue lo único que pudo salir de su boca aún estupefacto.

En ese momento, Reiner pudo volver a respirar. Desde que la primera revista había llegado, se había partido la cabeza día y noche pensando en que tal vez Eren no era tan inocente como todos pensaban, pero al ver esos hermosos ojos esmeraldas confundidos supo que no era así.

–Bueno, tenían tu nombre; debe haber alguna carta.

Eren salió de su estupefacción y buscó un sobre blanco. Lo rompió con nerviosismo y comenzó a leer para sí mismo. Era de la revista Play boy.

Querido Eren Jeager, estamos muy contentos de que decidiera suscribirse a nuestra revista, le aseguramos que estaremos a la altura de los más grandes estándares de belleza y seducción que…

No pudo leer más. Definitivamente era para él, pero ¿cuándo y cómo?, no recordaba haberse suscrito a algo así. Dio una vista rápida al lobby y se encontró con la mirada acusadora de todos los inquilinos presentes, como si fuera el más grande pervertido de todos. Bajó la cabeza y se sonrojó a más no poder.

Los murmullos comenzaron, estaba seguro de que pronto se sabría en todo el edificio y todos lo mirarían mal de ahora en adelante.

–Es claro que alguien quiso jugarte una broma –dijo Reiner haciendo parecer obvia la respuesta.

– ¿Eh?

– ¿Tu no pediste eso, cierto? Debió ser alguien más.

Eren se atrevió a dar otra mirada rápida al lobby encontrándose de nuevo con las miradas acusatorias de la sociedad, pero en ese mar de rostros encontró uno que le llamó la atención. Levi estaba frente a la puerta que llevaba al estacionamiento del edificio y lo miraba por encima del hombro con una sonrisa de lado.

La sangre por las venas del chico se movía tan rápido que iba a estallar en cualquier momento. Aparentemente el Levi adulto y maduro de verdad quería pelear. Había sido un perfecto idiota por el simple hecho de considerar disculparse con ese bastardo.

Esta me la pagas Levi.

Salió del edificio ignorando a Reiner y a las amas de casa que parecía que no tenían nada mejor que hacer. Se fue hecho una fiera mientras pensaba en cómo hacer sufrir de mil maneras a la versión sexy de Yoda.

Al llegar al restaurante seguía molesto, pero quiso dejar de demostrarlo, después de todo, los clientes no tenían la culpa de nada. Había tirado las revistas en un bote de basura en la calle, después haría una llamada para cancelar la tonta suscripción.

–Ah Eren, que bueno que llegas –dijo el gerente al verlo –. Dime que sabes preparar cocteles.

Eren se puso algo nervioso. La verdad era que él prácticamente había sido la inspiración para muchas de las bebidas alcohólicas que se tenían en la actualidad, pero esa era una historia que no quería recordar.

–Sí, sé un poco de eso –respondió lo más calmado que pudo.

–Con eso basta, estas encargado del bar por hoy.

– ¿Qué? –preguntó el chico sorprendido.

–Me hace falta gente y te necesito ahí solo por esta vez.

El hombre mayor ni siquiera esperó una respuesta, dicho esto, se adentró en la cocina y dejó a Eren ahí parado. No tenía de otra. Se puso su mandil negro y camino hasta quedar detrás de la barra.

No había mucho trabajo, después de todo, era poco después de mediodía y no mucha gente iba a beber a esa hora, a excepción de ciertas personas que se veía en sus rostros que estaban teniendo un mal día y que definitivamente necesitaban un trago.

Eren no dejaba de pensar en que debía hacerle algo malo a Levi, pero a lo más que llegaba su imaginación era tocar el timbre de su puerta y correr. Necesitaba algo más. Se enfrascó en su propio mundo tratando de encontrar algo.

–Hola –dijo alguien del otro lado de la barra sacándolo de sus pensamientos –. Quiero un Cosmopolitan.

–Si señor –dijo Eren poniendo las manos en acción sin prestarle atención al apuesto hombre frente a él.

– ¿Pasa algo? –preguntó el hombre.

– ¿Perdón?

–Te ves algo… distraído.

–Lo lamento mucho, estoy bien –respondió Eren con una linda sonrisa tratando de convencer al hombre mientras le ofrecía su bebida.

–No te creo –dijo sonriendo igual –. Soy psicólogo, sé cuando alguien miente.

Eren se preguntaba si sería buena idea compartir sus preocupaciones con los clientes y se debatía en sí debía confiar en él, podría ser un espía de Levi para emboscarlo… bien, ya estaba pensando estupideces.

–Vamos, tengo algo de tiempo, ¿Por qué no me cuentas lo que te molesta? –el chico decidió sacar lo que tenía dentro, después de todo, desahogarse no le haría daño a nadie.

Así Eren comenzó a contarle la historia al extraño mientras él pedía una bebida tras otra solo para conversar, pero algo que el moreno debía admitir es que su acompañante sabía cómo manejar el alcohol. Tan solo hizo un par de pequeñas pausas para servir a otras personas, y trató de omitir algunos detalles que el desconocido no necesitaba saber.

–Ya veo. Tu vecino suena como alguien interesante.

–Él me hizo ver como un pervertido frente a todos en el edificio y yo no puedo pensar en algo bueno, es frustrante.

–Bien Eren, si me permites, puedo hacerte unas cuantas sugerencias.

El chico escuchó atentamente con unos bellos orbes esmeraldas bañados en curiosidad, que, combinados con la luz del restaurante le daban un aura angelical.

Después de escuchar las ideas de su cliente, se imaginaba a sí mismo haciendo todo eso. Un sonrojo se dejó ver por su bronceada piel y el extraño solo sonrió levantándose de la silla para dirigirse a la salida.

Ya habían pasado unas cuantas horas y casi era la hora de la salida de Eren. Cuando éste reaccionó, fue al extremo del bar, el que quedaba junto a la puerta y llamó la atención del cliente.

–Espere –el aludido se giró para encararlo –. Gracias por las ideas.

Eren aún estaba sonrojado, pero había una especie de determinación en sus bellos ojos. Desde hacía unas horas, el moreno se había estado preguntando una cosa, y empezaba a ponerse paranoico.

–No fue nada –de nuevo, el extraño sonrió de lado y abrió la puerta.

– ¿Cómo supo mi nombre? ¿Fue algún patrón psicológico? ¿Mis microexpresiones le dijeron quién soy? Fue una especie de truco psicológico, ¿cierto? –solo recibió una risa que parecía sacada de un ángel.

–Sí, algo así –los ojos de Eren se iluminaron aún más, pero esta vez en señal de sorpresa –. Fue tu gafete.

Dicho esto, salió del establecimiento con una sonrisa de victoria mientras que Eren se sentía el mayor idiota de todos.

Después del trabajo pasó por la farmacia y luego fue caminando en silencio hacia su edificio. Ese día el abuelo de Armin se había puesto mal de salud y tuvo que ser hospitalizado, aunque no parecía nada serio, el rubio quiso quedarse con él y llamó al trabajo.

Eren se sentía culpable por estar todo el día pensando en niñerías cuando el abuelo de Armin estaba mal. Iría a verlos mañana. Por el momento solo quería sentarse y pensar en las cosas.

Ya casi era la hora en la que generalmente llegaba Levi, así que el castaño puso su plan en acción. Lo que el psicólogo le había dicho era bueno, pero conociendo a Levi se necesitaría algo más… divertido.

Puso una hoya con agua a calentar y abrió un sobre de té para dejarlo en una taza en la mesa de su cocina.

Se puso un mini short que dejaba al aire sus delgadas piernas y poco a la imaginación y una camiseta sin mangas que le quedaba holgada. Salió de su departamento con el pequeño frasco en sus manos y se encaminó hacia la puerta de Levi. Tocó el timbre varias veces. Nada.

Perfecto. Revisó su reloj una vez más, debería llegar en cualquier momento así que quiso darse prisa. Con delicadeza y casi cantarinamente abrió el frasco de vaselina y embarró un poco en la manija de la puerta. Pensó que no era suficiente y siguió aplicando capa tras capa generosamente cuidando de que la vaselina no se pudiera ver a simple vista.

Al terminar sonrió con ternura y regresó a su departamento a lavar sus manos y a esperar. El agua ya estaba suficientemente caliente así que la sirvió sobre su taza y mezcló el té con una cuchara.

Se escuchó el timbre del ascensor y después, unos pasos ligeros. Debía ser él. Eren se sentó en la mesa con su té en manos y lo acercó a sus labios, sopló para enfriarlo un poco.

– ¿Qué? ¿Qué mierda? –escuchó la voz de su vecino. Una sonrisa de satisfacción maliciosa se asomó por el rostro de Eren – ¡Mocoso!

Después de este grito furioso, Levi comenzó a golpear la puerta de Eren, casi como imaginando que era su cabeza. La puerta casi se cae por los golpes, pero el chico se tomó su tiempo para levantarse de la mesa y beber un poco de su té para después ir a abrir.

–Ah Levi-san, que gusto verlo de nuevo, ¿Qué lo trae a mi humilde hogar? –dijo con auténtica amabilidad, quería que su actuación fuera casi creíble. Casi.

–No te hagas el idiota –respondió Levi mostrando una de sus manos con una sustancia blanquecina –. Sé que fuiste tú.

–Debió encargarse de ese asunto en la privacidad de su habitación –respondió bebiendo más té –. Aunque… si le hago tanta falta como para hacer este tipo de cosas indecentes en el pasillo…

Eren comenzó un camino con su mano libre desde el cuello de Levi mientras se mordía sus carnosos labios seductoramente.

Es una lástima. En otras circunstancias me hubiera tirado a este mocoso aquí mismo, si tan solo no se estuviera burlando de mí.

Levi se lamentaba internamente, pero por fuera tan solo había endurecido sus facciones. Con su mano limpia tomó la mano de Eren con brusquedad y la usó para atraerlo a él. Sus rostros estaban muy cerca.

–Vas a limpiar eso pequeño hijo de puta –remató el azabache.

– ¿Y si me niego a hacerlo? –el menor levantó el mentón en aspecto desafiante.

Así se quedaron unos minutos, pero para ellos fue una eternidad; una batalla de miradas, en la que el primero en bajar la vista sería el perdedor, justo como habían hecho sus lenguas días atrás.

El celular de Levi sonó. Al principio quiso ignorarlo, pero no se callaba y Eren seguía sin hacer ningún movimiento, solo miraba al mayor de forma retadora, y un poco provocativa.

–Corporal –no tuvo más opción que soltar al mocoso y responder su teléfono –. No lo sé Erwin, pregúntale quien le importe.

Colgó la llamada y le dio una mirada de advertencia a Eren que no se había movido ni un centímetro.

–Más te vale no jugar conmigo mierdecilla.

–No debió hacer lo de esta mañana –Eren hacía el mayor esfuerzo para mantenerse inmutable, pero les estaba costando trabajo. No sabía que ser Levi fuera tan difícil.

– ¿Eso es todo? –Preguntó el azabache con una pequeña risa –al mocoso no le gustó un simple regalito y ahora está haciendo rabietas.

Levi se burló. Esto sí hizo enojar a Eren, ¡había quedado como un pervertido prepotente por su culpa!

–No debiste hacer eso –el mayor cambio su semblante a uno tétrico en un segundo –. Cuando termine contigo no vas a saber ni qué te pasó por encima.

Le dio la espalda a Eren y caminó hacia su puerta. Buscó un pañuelo en su saco y comenzó a limpiar la vaselina de la perilla.

–Me alegra que pensemos igual Levi-san, porque yo me estoy divirtiendo mucho.

El moreno se recargó en el marco de la puerta doblando una rodilla y mordiéndose nuevamente el labio inferior levantando la barbilla con un aire de superioridad.

Levi tuvo que morder su mejilla inferior tan fuerte que al poco tiempo comenzó a tragar el sabor de la sangre. Jamás en toda su existencia había tenido tantas ganas de golpear a alguien como en ese momento, y jamás, en toda su existencia, había tenido que contenerse tanto solo para poder tener la oportunidad de verlo llorando más adelante.

Le lanzó una mirada de odio puro al mocoso, quien bebió del líquido que tenía en la taza de su mano con toda la calma del mundo.

Le estaban dando nauseas de imaginarse lo que era esa sustancia de dudosa procedencia en su preciada puerta. Ni siquiera podía abrirla, tan solo de intentarlo, sus manos resbalaban y volvíamos a un punto de asquerosidad. Tan solo quería quitar las capas superficiales de lo que sea que sea esa cosa para poder abrir la puerta y darse una buena ducha. Mañana limpiaría esa manija con limpiador industrial.

– ¿Qué estás viendo? –preguntó el mayor fuera de sus cabales.

–Nada –respondió Eren con su característica sonrisa tierna –. Solo estoy reflexionando sobre mi vida en la puerta de mi departamento, ¿acaso eso es un crimen?

–Avísame cuando reflexiones sobre suicidarte, te puedo dar buenos concejos –eso solo le provocó una risita al menor –. Más te vale que esto no sea nada repulsivo, o juro que te asesinaré con mis propias manos, pequeña puta.

Eso ultimo sí lastimó a Eren un poco. No había pasado siglos recordando a Levi solo para que le hablara así. ¿Tal vez se había pasado de la raya? Vio como las pálidas manos de Levi se resbalaban con todo y pañuelo por la perilla, provocando gruñidos de lo más profundo de su garganta.

No. Se estaba divirtiendo como hace siglos no lo hacía. Levi se lo merecía, e iba a disfrutar del espectáculo hasta el último momento. Después… tenía que alejarse de Levi.

Esa cosa viscosa no salía y Levi se estaba desesperando. Volteó a ver a Eren y de pronto la idea de golpearlo ya no sonaba tan loca. El chico alzó su taza, como haciendo un brindis a la salud de su vecino con una sonrisa burlona y entró a su departamento dejando al azabache solo con un pegajoso problema… de nuevo.

Casi una hora después, el abogado al fin pudo entrar a su departamento. Estaba exhausto y muy apenas podía mantenerse en pie. Ni siquiera tenía energía para pensar en qué sería lo siguiente que le haría al mocoso. Solo se quitó la ropa y se metió a su cama. Se quedó dormido en cuanto su cabeza tocó la almohada.


Por la mañana, Levi no dejaba de pensar en Eren, ¿qué era lo que el mocoso había hecho como para verse en la necesidad de cambiar de identidad? Obviamente nada que se pudiera dejar a la ligera. No dejaba de repetirse que tal vez el chico era peligroso, pero al momento de terminar esa oración, recordaba a ese mismo chico gimiendo debajo de él. No podía ser peligroso.

Eran casi las siete de la mañana y estaba casi seguro que su vecino seguía durmiendo, tal vez un "accidente" muy ruidoso le enseñaría a ese pequeño bastardo a no meterse con su perfectamente ordenado hogar.

El teléfono de la casa comenzó a sonar.

–Corporal –respondió sin ánimos.

–Muy buenos días caballero, le habla Jane del Centro de Estudios Ambientalistas. Si tiene algo de tiempo, puedo proporcionarle información sobre los efectos negativos que está causando la globalización a nuestro medio ambiente.

Basura…

Espera.

–De hecho voy saliendo de casa, pero a mi vecino Eren le encanta la causa que apoyas, siempre está hablando de todo el dinero que le gustaría invertir en eso. Puedo darte su número de teléfono. Solo espera un poco

–Eso sería muy amable, gracias.

El azabache fue a su oficina y buscó el papel donde había anotado todos los datos básicos del chico y los llevó de nuevo a la sala con un paso tan ligero que parecía danzar sobre la miseria de otros. Su actividad favorita.

–Bien, otra cosa. Él es un poco tímido y al principio probablemente actúe como si no le interesara mucho, pero siempre hace eso, solo vas a tener que ser muy insistente. Y él solo está disponible temprano, como a esta hora.

Luego de que Levi jugó un poco con la chica, tomó su maletín y salió de su departamento. La cosa blanquecina ya se había secado pero seguía siendo desagradable. Limpiar sería lo primero que haría al volver a casa. Llamó al ascensor y esperó unos minutos.

Detrás de él, escuchó un teléfono sonar varias veces, procedente del apartamento de la pequeña mierda. Agudizó el oído y casi pudo escuchar los quejidos de un adolescente que no quería despertar. El ascensor llegó y Levi se adentró en él con una sonrisa triunfante.


Fue hasta una hora después que Eren pudo deshacerse de la llamada molesta de aquella chica horriblemente terca. Tuvo que donar 5000 yenes [1] y fingir que estaba escuchando para que lo dejara tranquilo.

Lo interesante era que la chica había mencionado que un vecino le había dado su número para poder hablar del tema. Adivinaría qué vecino.

Ya no pudo dormir y aún era temprano, así que quiso hacer algo de utilidad y salió de la cama. Se alistó para salir mientras pensaba en los pros y los contras de matar a Levi con un cuchillo para carne.

Llamó a Armin y le avisó que iba camino al hospital a ver a su abuelo. El rubio casi explota de felicidad. Se había estado aburriendo ahí y la compañía de Eren le haría bien. Armin le dio la dirección del hospital y le dijo que lo estaría esperando en el estacionamiento.

Salió del edificio y de camino compró arándanos para el abuelo de Armin. Fue lo único que se le ocurrió.

Cuando al fin llegó al dichoso hospital, le envió un mensaje a su amigo rubio quien no tardó ni dos minutos en bajar y abrazar con efusividad al castaño.

–Me alegra tanto que estés aquí, casi me salen raíces de solo estar viendo a mi abuelo dormir –se quejó mientras caminaban al edificio.

–Bueno, desperté temprano y quise venir a saber cómo estaba tu abuelo, aunque me hubiera gustado conocerlo en otras circunstancias.

–Lo sé, pero no te preocupes, cuando salga del hospital cocinaré algo delicioso para él y puedes acompañarnos –la sonrisa de Armin le revolvía los sentimientos a Eren, sentía que en cualquier momento se echaría a llorar.

–Y… ¿tiene algo grave? –quiso hablar para no dejar escapar las lágrimas.

–Creen que es algo relacionado con los riñones, pero los doctores están muy optimistas –dijo Armin entrando al ascensor.

–Ah, cierto. Toma –le extendió la bolsa de arándanos a su amigo.

–Wow… gracias –el semblante de Armin cambió a uno más serio.

– ¿Sucede algo?

–Es que nunca había tenido un amigo que se preocupara tanto por mí, incluso estás aquí aunque es temprano –lagrimas amenazaban caer por sus bellos ojos azules.

Eso era malo. Si Armin lloraba, él lo haría y los recuerdos lo iban a invadir, entonces no dejaría de llorar en horas.

–Oye, tranquilo –Eren intentó calmar la situación –. No querrás que tu abuelo vea que lloraste, se preocupará por ti.

–Tienes razón –dijo el rubio sorbiendo la nariz –. Lo lamento.

–Está bien, solo no me hagas un altar cuando te dé un regalo por tu cumpleaños.

Los chicos comenzaron a reír. Al llegar a la habitación del abuelo de Armin, el anciano miraba por la ventana como perdido en las blancas nubes.

–Abuelo –lo llamó Armin tocando su hombro. Eren prefirió quedarse detrás –. Él es Eren, ya te había hablado de él. Vino a ver cómo estabas.

El anciano giró la cabeza para ver al chico y abrió los ojos como platos. En ese momento, todo en su longeva vida había cobrado sentido. Ahora entendía todo. Por su parte, Eren había visto algo, le dolía admitirlo, pero el abuelo moriría pronto pero decidió quedarse callado.

–Eren Jeager –balbuceó.

–Si abuelo, te dije que ese era su nombre –el rubio sonrió –. Y mira lo que te trajo.

Mostró la bolsa de arándanos con un brillo especial en los ojos mientras que el anciano tenía tantas imágenes, tantos sonidos y recuerdos relacionados con Eren Jeager.

–Se ven bien. ¿Puedes ir a lavarlos Armin?, ya quiero comerlos.

–Claro –respondió el chico mirando a Eren –. Ahora vuelvo.

Armin salió de la habitación y Eren jaló un banco para sentarse cerca del abuelo de Armin.

–Así que… riñones –dijo Eren un tanto incómodo.

–Eren Jeager –repitió el hombre, esta vez con una sonrisa.

–Ese es mi nombre –Eren sonrió aún más incómodo.

–No. Tú eres el Eren Jeager.

– ¿A qué se refiere? –el ojiesmeralda comenzaba a verse confundido. El abuelo de Armin no respondió, solo volvió a ver por la ventana.

–Toda mi vida he visto cómo me miran los demás. Como si estuviera loco, pero ahora estás justo frente a mí –el viejo se rió.

–De verdad no sé de qué está hablando –Eren miró sobre su hombro como tratando de acelerar el paso de Armin con su mente.

–No, yo creo que tú sabes muy bien –el abuelo miró a Eren y le indicó que acercase su oído. Eren no estaba muy convencido pero al final lo hizo y solo escuchó una palabra en susurro –. Titanes.

Eren se apartó en ese segundo y todo su cuerpo se tensó, casi como si estuviera listo para una batalla. Miró al hombre frente a él como si hubiera cometido el peor error de su vida. El viejo nunca debió hablar de eso.

Quiso actuar natural, pero era prácticamente imposible, todo su cuerpo estaba tenso y sentía unas incontrolables ganas de hacer callar al anciano, que lo que sea que supiera ese viejo se lo llevara a la tumba.

–Los jóvenes ya no creen en estas historias. A menudo olvidamos que las leyendas tienen un comienzo y que las historias a veces son más que eso.

– ¿De qué habla? ¿Qué es lo que sabe? –Eren comenzaba a perder los estribos. La sangre palpitaba en sus venas, estaba a punto de hacer una locura.

–Cuando era niño me hablaron sobre el cuento de los titanes, sobre las murallas, sobre el soldado más fuerte de la humanidad y sobre la esperanza de la humanidad… Eren Jeager.

Hubo un momento de silencio. Eren se debatía sobre lo que debía hacer, pero debía hacerlo rápido. El anciano sabía demasiado.

– ¿Sabes? Siempre supe que no eran solo cuentos, que había una realidad aterradora sobre todo esto pero nunca pude demostrarlo. Solo lo sentía dentro de mí. Todo eso pasó, ¿cierto? Los titanes de verdad existieron, ¿no?

Eren guardó silencio. No le iba a dar más información de la que ya tenía. El abuelo vio esa negativa en los ojos del joven y por un momento se sintió aterrado.

–Por favor. Voy a morir pronto, lo sé, no quiero irme con esta interrogante –no hubo respuesta. El viejo se vio desanimado –. Yo te vi. Muchas veces en mis sueños, estabas ahí, tan real, tan jovial y tan valiente. Tú eras uno de ellos, un titán, pero estabas con nosotros, con la humanidad.

Esto sí despertó la curiosidad de Eren. No lo entendía, el abuelo de Armin había muerto antes de que comenzaran sus trasformaciones. Y además, el anciano sabía que iba a morir

–Nunca entendí porque soñaba con todo esto, siempre era un joven de cabello castaño y ojos esmeraldas que se podía transformar en uno de ellos para salvar a los nuestros, era impresionante pero nunca supe qué significaban esos sueños.

Todo era muy confuso. La única opción en la que podía pensar Eren era que el abuelo estaba recordando cosas de su vida pasada, pero aquella vez no había vivido lo suficiente para ver a Eren convertido en titán. No tenía sentido.

–Sí. Todo fue real.

Fue lo único que respondió Eren sin siquiera mirar al hombre que estaba frente a él y que ahora experimentaba muchas emociones.

– ¿Todo? –preguntó en una mezcla de emoción y sorpresa.

–Todo. Los titanes, las murallas… yo –el chico se veía perturbado. Hacía años que no pensaba en nada de esto.

–Y yo estuve ahí, ¿verdad? –el anciano tenía una grata sonrisa en el rostro.

–Sí. Usted también era el abuelo de Armin en esa época, pero murió cuando nosotras aún éramos pequeños.

–Cuéntamelo todo Eren. Cómo fue mi muerte, cómo fue la vida de Armin.

Esa era una fibra sensible.

–No. No hay nada que contar, eso fue hace mucho tiempo.

Eren se levantó del banco y fue hacia la ventana. El crepúsculo se podía reflejar en sus ojos impávidos. La sonrisa del abuelo se borró poco a poco.

–Pero tú sigues aquí, eso tal vez quiere decir-

–Nada –Eren interrumpió con brusquedad –. No quiere decir nada. Armin murió por mi culpa, y yo no pude hacer nada, ni siquiera puedo morir y no sé por qué.

El moreno estaba muy molesto, apretaba los puños y estaba temblando. El hombre recostado en la cama no entendía muchas cosas, pero entendía que Eren era un pobre niño asustado.

–Hijo, yo no sé por lo que has pasado, pero sí sé una cosa. Tú nos salvaste a todos. No estaríamos aquí de no ser por ti y por los que arriesgaron sus vidas, si hay algo que debes sentir es satisfacción, te debemos mucho.

Nunca lo había visto de esa forma.

–Escucha, yo moriré pronto y necesito que cuides a mi nieto una vez más –dijo con humor –. Si te arrepientes de no haber hecho nada la última vez, aquí lo tienes, la vida te dio otra oportunidad, debes aprovecharla con las personas que te rodean.

–Yo cuidaré de Armin con mi propia vida. Él se sacrificó por mí y yo no lo voy a dejar así –dijo con determinación.

–Me alegro. Eren, solo recuerda que la aventura no está en la meta, sino cómo llegas a ella.

–Veo que se están llevando bien –dijo Armin desde la puerta con un tazón en las manos – ¿De qué hablaban?

El rubio se sentó en el banco donde antes estaba Eren y le ofreció los arándanos a su abuelo, quien le dio una mirada fugaz a Eren.

–Le estaba contando a tu amigo sobre lo que dijeron los doctores de mis riñones –el anciano sonreía, como si nada hubiera pasado. Eren se quedó pasmado. El rubio lo miró con una sonrisa y cierta interrogante.

–Ah sí, hablábamos sobre eso –Eren se apresuró a decir.

–Que bien, los doctores creen que puedan darlo de alta mañana –habló el de ojos azules.

–Eso es genial –Eren tenía muchas cosas en la cabeza, y se escuchaba distante –. Ya casi es hora de que mi turno empiece, será mejor que me vaya.

–Ah… si, lamento retrasarte –Armin se puso de pie y se disculpó.

–Está bien –el castaño se encaminó a la puerta y Armin lo siguió con la mirada dándole la espalda a su abuelo –. Le diré al generante que aún necesitas otro día.

–Gracias Eren, y gracias también por venir.

El abuelo de Armin le dedicó una mirada a Eren y después asintió con la cabeza. El chico solo salió de ahí lo más rápido que pudo. Tenía los nervios de punta y necesitaba aire, todo en su cabeza se movía muy rápido, como abejas revoloteando.


[1] apróximadamente 50 dolarés.

¿Qué tal? ¿Bien?, ¿Mal?, ¿Amenazas de muerte? La mitad de esto fue escrito en una sola noche.

De verdad lamento haberme tardado tanto, así que como recompensa les daré un pequeño adelanto. Eren y Levi ya empezaron a pelear y esto se va a poner más fuerte para la próxima, esto dejará de ser un juego, la vida de alguien correrá peligro y van a haber muchos feels, así que preparen los pañuelos.

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