Hola de nuevo
Antes que nada, quiero pedir una disculpa, este capitulo lo tenía pensado subir ayer Domingo, incluso lo tenía listo desde temprano pero tuve unos cuantos problemas técnicos y no pude actualizar en todo el día y la mitad de hoy, pero al fin lo arreglé \(^-^)/
Aquí les traigo un nuevo capítulo de su fic favorito.
Disfruten.
Shingeki no Kyojin y sus personajes no me pertenecen, todo es obra de Hajime Isayama.
Faltaba poco para el almuerzo en el despacho de abogados de Corporal y Asociados. Levi estaba revisando los documentos de su siguiente caso cuando una alarma en su teléfono fijo llamó su atención.
– ¿Sí? –respondió oprimiendo un botón.
–Lamento molestarlo señor, pero el licenciado Smith está aquí –habló la secretaria de éste a través de la máquina.
–Dile que tuve que salir.
Ni siquiera fue necesario que la mujer en el escritorio afuera de la oficina de Levi diera el mensaje, había sido captado, interceptado e ignorado por el hombre rubio que escuchaba todo a través del altavoz.
–Vamos, no mientas pequeño, yo sé que te encanta vernos –la puerta de la oficina de Levi se abrió estrepitosamente dejando ver a una castaña con anteojos que moriría pronto si no se iba.
Detrás de Hanji, Erwin la seguía con las manos metidas en los bolsillos y una sonrisa de lado. Sabía que Levi intentaría algo así, por eso había llevado a Hanji con él. Si había alguien en el mundo que había visto la peor fase de Levi sin salir herido de muerte, esa era Hanji.
–Mi pequeño amigo, hace bastante que no nos vemos –canturreó Hanji sentándose en una de las sillas frente al escritorio del azabache recibiendo una mirada de odio –. Te extrañamos; no hay nadie en las reuniones que intimide a los meseros como tú lo haces.
–Lo siento mucho señor, intenté detenerlos –se apresuró a decir la secretaria del más bajo, neurótica.
–Vete –habló el azabache.
Técnicamente se lo decía a los tres, pero solo la inútil que tenía por ayudante captó el mensaje y salió cerrando la puerta tras de sí.
–Cuanto tiempo viejo amigo –Erwin se sentó en la silla junto a Hanji con familiaridad.
–Lárguense. Arruinan mi día de descanso de ustedes.
–No seas así Levicito, ya tuviste muchos de esos descansos –se quejó Hanji.
–Sí, y sigo sumamente cansado. Adiós.
–De hecho vinimos a aligerar esa penumbra que llamas vida –el rubio se sirvió un vaso del Whisky que su compañero tenía en su escritorio ignorando los cuchillos que éste le mandaba con la mirada –. Hace tiempo que no vamos al club, y decidimos ir hoy por la noche. Tú vienes con nosotros.
– ¿Y qué les hace pensar que quiero ir a embriagarme con ustedes?
–Que ya va un mes que no tienes acción –dijo la castaña muy segura de sí.
Los dos hombres se quedaron sorprendidos. Erwin pensó que tal vez Levi y Hanji compartían ese tipo de información entre ellos, pero no era así. Levi estaba haciendo cuentas de la última vez que lo había hecho con el italiano, trataba de encontrar algún error para corregir sus cuentas, pero fueron exactas, justamente ayer se había cumplido ese mes. Eso molestaba a Levi. Ambos se le quedaron mirando.
– ¿Qué? Es más que obvio, tu piel se opaca, tu cabello deja de brillar, además de que te cortas más seguido las uñas de las manos porque te sientes ansioso.
No estaban seguros de si ella sabía todo eso por ser doctora o por el hecho de que se la pasó toda su segunda carrera unida a Levi, por lo tanto, lo conocía a la perfección.
–De cualquier forma no iré, pronto tendré un juicio y tengo que prepararme –el azabache quiso cambiar de tema.
–Erwin, ¿recuerdas el primer juicio de Levi? La noche anterior fuimos a celebrar y ni siquiera dormimos –la castaña comenzó a recordar en voz alta.
–Sí, lo recuerdo. Levi se puso tan borracho que no podía caminar.
–Ya era tarde para el juicio y no había tiempo de dormir, así que solo fuimos a su apartamento, se duchó y llegó al juzgado como si nada hubiera pasado.
–Esa fue la primera vez que arrasó con alguien en el estrado sin piedad, y seguía ebrio en ese momento –el rubio parecía orgulloso de su amigo.
–Recuerdo que ustedes dos, par de simios, me arrastraron a ese bar y me olvidé de mi trabajo por su culpa, así que esta es la respuesta: no.
Levi se veía muy convencido de no querer ir, y eso desanimó a la de mirada café, pero Erwin no estaba listo para darse por vencido.
–Como quieras Levi, pero te estaremos esperando en la mesa de siempre, a las ocho por si te quieres aparecer –el rubio se levantó de su lugar y dejó su copa ahora vacía para retirarse –. Pero la cacería no será lo mismo sin ti.
Eso último lo dijo casi como si estuviera retando al más bajo a una competencia. Erwin salió de la oficina de Levi y Hanji lo siguió confundida.
– ¿Crees que funcione?
–Definitivamente.
– ¿Cómo estás tan seguro?
–Levi Corporal, un mes sin sexo, un reto directo, es como una receta para el desastre… tengo que llamar a Petra –dijo el rubio sacando su celular.
– ¿Por qué?
–Las cosas se pondrán intensas hoy, y estoy seguro que tú no harás nada para evitarlo –sonrió de lado.
–Es tan lindo que nos conozcas tan bien –Hanji iba casi carcajeando camino al estacionamiento. Definitivamente no iba a detener a nadie siempre y cuando las cosas se pusieran divertidas.
Por su parte, Eren se alegraba de saber que no iba a regresar a casa temprano. Le había dejado una grata sorpresa a Levi y quería que la disfrutara él solo toda la tarde. A mitad de su turno en el restaurante, recibió un mensaje de Armin diciéndole que iban a dar de alta ese mismo día en unas horas y le pedía ayuda.
Eren estaba algo nervioso de ver al abuelo de Armin con sus sueños extraños, pero no tuvo otra opción, había prometido no abandonarlo.
Al terminar su turno, fue directo al hospital para encontrarse a Armin esperándolo, listos para ir a casa del rubio. Tomaron un taxi y en el transcurso, los chicos no dejaban de hablar de lo emocionados que estaban al comenzar una nueva etapa de sus vidas.
Habían quedado en el mismo grupo, así que estaban convencidos de que su vida en la universidad sería muy divertida. Acordaron ir a comprar lo que necesitaban para el nuevo semestre juntos y al abuelo de Armin le llenaba de gusto saber que Eren se quedaría con su nieto.
Cuando llegaron a la casa del rubio, Eren se sorprendió de lo increíblemente limpia que estaba –claro, no como la de Levi –pero se podía ver brillar el piso de la casa, a pesar de ser tan pequeña y no tener grandes lujos.
Eren ayudó a Armin a acomodar a su abuelo en su habitación que olía a anciano y medicamentos cuando escucharon una voz proveniente del otro lado de la casa.
–Armin, ¿regresaste?
– ¡Esa es la voz de Mikasa! –Armin se veía muy emocionado, y al escuchar ese nombre, Eren también dibujó una sonrisa en su rostro –. Ahora vuelvo Eren.
Eren asintió y comenzó a acomodar las almohadas del abuelo de Armin cuando sus miradas se cruzaron. El anciano sonreía desde el fondo de su ser y Eren se sintió incómodo.
Había pasado por mucho los últimos años, y ahora sabia reconocer la mirada de alguien que estaba a punto de morir. La había visto miles de veces en personas que él consideraba sus amigos y eso solo le causaba tristeza. Ver a la muerte tan de cerca tantas veces y saber que nunca la iba a sentir en carne propia lo tomaba como un castigo, un castigo del cual no estaba seguro qué había hecho para merecerlo…
O no quería reconocerlo.
Eren no quería pasar mucho tiempo cerca de esa sensación y sobre todo con ese hombre. Desde que habían salido del hospital, tenía aire de que le quería preguntar algo a Eren, quien tenía miedo de recordar, así que definitivamente no iba a estar un segundo más con el anciano. Prefirió darse la vuelta e ir a la sala, donde se escuchaban voces y pequeñas risas.
Lo que separaba las habitaciones del resto de la casa, tan solo era un estrecho pasillo. Al pie del pasillo, se encontraba la sala de estar que contaba con una gran ventana que dejaba entrar la luz casi a toda la casa.
En el momento en que Eren salió de dicho pasillo, tuvo que retener las lágrimas por lo que vio. Todo pasó en cámara lenta, podía ver a Mikasa y a Armin, sus mejores amigos de la infancia que se reían juntos con un rayo de luz que se filtraba entre ellos. Volvió a escuchar sus risas, lo que le produjo a Eren una eterna calidez.
Fue como si los últimos dos siglos hubieran pasado en un parpadeo, ahora estaba en una situación que podía hacerlo recordar lo que era un hogar y una familia, porque eso era en lo que se habían convertido esos dos.
–Ah Eren, ella es mi vecina Mikasa –dijo Armin al notar la presencia del castaño –. También va a estudiar con nosotros.
–Creo que ya nos conocíamos –Eren se acercó sonriendo conteniendo su emoción.
– ¿Enserio? ¿Dónde? –se cuestionó el rubio.
–En la universidad –respondió Mikasa bajando la cabeza algo sonrojada.
Eren casi muere de ternura.
–Genial –Armin era el más emocionado, o al menos el único que lo demostraba – ¿Por qué no te quedas a comer con nosotros Mikasa?
–Eh… yo... no sé.
–Sí, claro que lo harás –afirmó Eren con una enorme sonrisa –. Ven Mikasa, Armin y yo cocinamos.
El moreno le paso un brazo por los hombros a la chica y ésta no tuvo más opción que aceptar, pero era el nerviosismo hablando ante aquel hermoso extranjero. Eren tan solo quería tenerla cerca, quería volver a respirar su aroma, olor a Mikasa. Era como estar de nuevo en su hogar, cuando ambos vivían juntos.
Los chicos rieron y Mikasa los acompañó a la cocina para poner manos a la obra. La chica no era muy buena cocinando, así que solo miraba a Armin y a Eren –más a éste último – preparar todo.
Armin le dio buenos concejos a Eren sobre la comida japonesa y él, pudo hablarle a Mikasa de la vida que se había inventado, pero bastaba con hablar con ella y saber que lo podía escuchar. Eren era feliz; hasta entonces.
Levi regresó temprano a su departamento ese día. Desde que el ascensor se abrió, pudo escuchar una alarma saliendo del departamento de Eren; pensó que se había quedado dormido, así que entró a su hogar sin prestarle atención. En cuanto abrió la puerta, recordó que aún no había limpiado esa cosa en su perilla.
Entró a su departamento y fue directo a su habitación para ponerse ropa para hacer ejercicio y volvió a salir con un limpiador súper potente.
Al poco tiempo, su perilla relucía como nunca antes, sin embargo, seguía escuchando esa molesta alarma del otro lado del pasillo. Ni siquiera pudo disfrutar de su gloriosa limpieza por ese molesto ruido.
Dejó sus utensilios de limpieza y se plantó frente a la puerta del moreno. Golpeó la puerta varias veces pero nadie respondió. Su paciencia ya era historia. Siguió tocando pero no había rastro del chico.
Lo que faltaba. El mocoso se fue y dejó su estúpida alarma para molestarme.
Se escuchó la campana del ascensor dejando ver a un rubio alto.
–Levi –san, ¿sabe qué pasa con Eren? Los otros inquilinos ya comenzaron a molestarse por el escándalo –le preguntó el desquiciante de Reiner.
–Si lo supiera, ¿crees que estaría aquí parado como idiota a punto de tener migraña? –respondió furioso y el rubio no supo que decir –. Da igual, solo entra y apaga esa estupidez.
–Yo… no puedo entrar a los departamentos de los inquilinos a menos que ellos me lo pidan –respondió sintiendo la muerte cada vez más cerca.
–No podía esperar menos de un inútil como tú –se cruzó de brazos –. Solo abre la puerta, yo me encargo de lo demás.
Reiner dudó por un momento, Levi parecía un psicópata desde donde lo miraras, no estaba convencido de dejarlo entrar a ningún lugar.
– ¡Muévete! –dijo el azabache perdiendo la paciencia.
El chico dio un brinco ante el no tan repentino cambio de humor del abogado. Se apresuró en sacar las llaves de los departamentos de su bolsillo e intentó hacer el proceso mucho más rápido, pero el pobre chico estaba muy nervioso por la mirada del mayor, tanto que cuando se le cayeron las llaves, casi se infarta. Para cuando pudo abrir la puerta, su ritmo cardiaco ya estaba alterado y sus manos comenzaban a sudar. Era el efecto Levi.
Reiner se quedó al pie de la puerta asustado por las posibles consecuencias negativas que se pudieran desencadenar. Mientas, Levi iba por el departamento del chico como león enjaulado. No recordaba muy bien el camino a la habitación de Eren, pero solo tuvo que seguir el molesto sonido.
Encontró la cama donde lo había hecho suyo hacía ya a un mes y junto a ella, había un mueble que sostenía el despertador del infierno. No tenía la paciencia para buscar botones, así que solo tomó el aparato y lo arrancó del mueble, llevándose con éste, el cable que lo conectaba a la corriente eléctrica. El aparato dejó de sonar y Levi pudo apreciar el hermoso silencio.
Solo entonces pudo apreciar mejor lo que estaba a su alrededor. La recamara del chico parecía más bien la de un adulto, las paredes eran de un tono olivo y la ropa de cama era de un tono chocolate. No había posters de cantantes o fotografías de alguna familia como sería natural en alguien de su edad. Una razón más para desconfiar del chico.
Se dio la vuelta para salir del apartamento cuando algo se cruzó por su campo de visión. Una caja negra con un moño rosado, como un regalo en una de las esquinas de la cama. Por un momento pensó que era algo peligroso, pero se dijo a si mismo que de ser así, no solo encontraría las respuestas que buscaba del chico, sino que debía alertar a alguien.
Al final se decidió a abrir la caja. La tapa estaba sobre puesta, así que solo era cuestión de abrir la caja, si era algo peligroso, tendría evidencias contra el mocoso; si era una tontería, como un regalo de cumpleaños, solo tendría que volver a poner la tapa y sería como si nada hubiera pasado.
Levi suspiró para calmarse un poco y quiso dejar de retrasar lo inevitable. Abrió la tapa con cuidado y vio un baby doll para hombre color vino.
Le negó a su propio cerebro a dar alguna opinión. Solo puso la tapa de nuevo y salió de ahí pasando de largo a Reiner. El rubio intentó hacer preguntas, pero Levi solo había tomado sus artefactos de limpieza que yacían olvidados en el pasillo y se encerró en su departamento.
El mocoso es una verdadera puta, o alguien quiere que lo sea.
Los pensamientos comenzaban a invadirlo. Se imaginaba el perfecto y delineado cuerpo de Eren debajo de esa ligerísima capa de ropa y de pronto se encontró a sí mismo sentado en su sala fantaseando en las distintas formas en que podría hacer gritar al pequeño italiano.
Sacudió la cabeza y salió de su apartamento. Necesitaba algo para distraerse, así que salió a correr.
Soy un idiota. Además, si eso está ahí es porque él planeaba usarlo con alguien, pero estaba envuelto en un regalo, lo que quiere decir que hay otra persona a la cual el mocoso le dio la llave de su apartamento y esa persona quiere que él lo use.
Pensaba mientras corría para alejarse, precisamente de esos mismos pensamientos. Se imaginó a Eren con el baby doll puesto, sentado en la alfombra con las rodillas separadas y sonrojado. Rió para sus adentros.
Quien sea que quiera ver al chico así, pierde el tiempo, él es como una colegiala asustada.
Aún faltaba tiempo para que pudiera ir a hacer el doloroso ejercicio que alejaría su mente del chico, así que quiso seguir corriendo hasta ese momento.
Avanzada la tarde, Eren volvió al edificio. Había pasado unas increíbles horas con sus más grandes amigos. Nada podía arruinar su día.
Pero para eso estaba Levi.
Al salir del ascensor notó que la alarma ya no sonaba. Había sospechado que el azabache tiraría la puerta para apagar el ruido, pero su entrada no se veía forzada. Extraño. No había señales del pequeño gruñón, ni un solo ruido salía de su apartamento.
Entró a su hogar sin poder comprender mucho. Eran casi las 6, debía alistarse. Ese día seria su último en el gimnasio. Estaba por entrar a la universidad, y una persona normal no podría con un trabajo, la escuela y un exhaustivo ejercicio. Quería mantenerse bajo perfil, no hacer nada que desviara la atención hacia él, sobre todo con Armin, su abuelo podía decirle todo en cualquier momento y eso lo ponía paranoico.
Tal vez algún día pueda volver al ejercicio, pero por ahora debo parecer un chico normal. Demostrar mis habilidades físicas –no demasiado –y después a nadie le sorprenderá que alguien como yo pueda con todo.
Fue directo a su habitación y se deshizo de su ropa, fue a buscar un cambio de ropa para hacer deporte y en el suelo vio la escena del crimen. Su pobre alarma.
Le habían arrancado el cable que conducía la corriente con fuerza y con él, algunos de los cables de cobre. Necesitaría una nueva, pero no se arrepentía de nada, tan solo hubiera deseado ver la reacción de Levi a punto de explotar por el escándalo.
Terminó de vestirse y tomó su reproductor de música, notando de reojo una caja en su cama. Eso sí era extraño. Estaba envuelta como un regalo con un moño rosa.
Seguro es de Levi, debe tener una serpiente o algo así.
Eren no sabía lo que contenía, así que la tocó desde lejos por si explotaba. Cuando vio que era pseudo segura, la cargó para sacarla del departamento sin abrirla y la llevó frente a la puerta de Levi, así si tenía algo como una bomba de pintura, Levi seria el afectado.
La dejó con cuidado frente a la puerta y se alejó unos pasos, aunque no lo suficiente para no poder tocarla. Con el brazo lo más extendido que pudo, abrió la tapa e instintivamente se alejó sin ver lo que contenía. Después de un minuto sin que pasara nada, lo invadió la curiosidad, así que miró por encima de ésta aún guardando su distancia.
Pudo ver una especie de camisa de tela blanca con un moño negro atravesado. Se atrevió a sacarlo de la caja dándose cuenta de que no era una camisa, sino un baby doll de maid.
Sus bellas mejillas se sonrojaron a más no poder y la ira se acumuló dentro de él.
Levi, eres un pequeño hijo de puta.
Conociendo a Levi, él sabría sobre tiendas de lencería y esas cosas; si pudo conseguir los teléfonos de todas las revistas eróticas de medio Japón, el resto sería fácil para él.
Quiso volver a guardarlo en la caja furioso, pero notó algo cuadrado negro sobre lo que parecían ser medias de red. Lo tomó y vio que era una carta sin sellar. Sacó la hoja purpura y comenzó a leer el texto impreso en color naranja.
Hace tiempo que deje de pedirle explicaciones al corazón, cuando me hiciste perder la cordura y detuviste las manecillas que marca la razón.
Eres esa tentación que nunca pude evitar, ese torbellino que me hipnotiza, me atrae y me enloquece.
Pude haberte encontrado diez años antes o diez años después, pero llegaste a mi vida justo a tiempo.
Pronto estaremos juntos, solo sé paciente mi conejito, lo nuestro ahora es arriesgado.
Este será nuestro secreto.
Al terminar de leer, Eren no sabía qué pensar. Era un manojo de nervios.
¿Este es Levi-san? No recuerdo que alguna vez haya sido tan romántico, aunque definitivamente el traje de maid es de su parte… o tal vez este es el Lev-san de esta época.
Eren se quedó ahí parado unos momentos, contemplando su vida con la persona que más amaba e imaginando cientos de posibles escenarios junto a él, incluso lo imaginó escribiendo la carta.
Cuando salió de su ensoñación, miró el reloj de su reproductor y vio que era tarde. Debía correr si quería llegar a tiempo. Puso la carta y el traje de nuevo en la caja y los metió a su departamento.
Corrió lo más rápido que pudo y apenas y llegó a la clase.
Levi ya estaba en la sala del fondo, en donde estaban todas las máquinas y las pesas. Estaba trabajando los bíceps cuando noto a dos chicas mirándolo como si fuera un simple pedazo de carne.
El azabache las miró lleno de cólera y éstas entendieron el menaje; las había ahuyentado al otro lado del gimnasio pero no le importaba, no estaba de humor.
Ese mocoso… siempre supe que sería una reverenda puta, ni siquiera sé porque me importa. Seguro justo ahora está en cuatro. Es asqueroso, no sé cómo pude dejarme seducir por él.
… ¿Por qué estoy pensando tanto en se mocoso? Ya basta, tengo que sacarlo de mi mente.
Levi siguió con sus ejercicios haciendo sufrir a su cuerpo lo más duro que pudo.
Para cuando terminó la última rutina, Eren ya había halado con su instructor quien después de darle un fuerte abrazo a su mejor estudiante –y de regañarlo por abandonarlos antes de la competencia – le deseó buena suerte y le hizo prometerle que algún día volvería.
Lo que me faltaba, más promesas que no puedo cumplir.
Estaba a punto de salir cuando vio a Levi pasar frente al salón de baile. Se debatió un momento entre si debía hablar de eso o no, a pesar de lo que había dicho en la carta, pero al final fue corriendo tras él.
–Eh… Levi-san –habló cuando estuvo lo suficientemente cerca sin tener muy en claro lo que iba a decir.
El azabache lo miró levantando una ceja, como si estuviera sorprendido. Se veía muy sudado y la camisa blanca que llevaba, se pegaba a su perfecto cuerpo. Eren se puso aún más nervioso.
–Bueno… sobre hoy…
–Técnicamente quien me abrió tu departamento fue Reiner, así que en realidad no cometí ningún delito –lo interrumpió sin mirarlo, esperando un intento de demanda por allanamiento.
–Entonces si fue usted –Eren se veía algo aliviado, pero estaba feliz de que sus sospechas fueran ciertas.
– ¿Quién lo haría de no ser yo? Te recuerdo que estoy rodeado de cobardes.
El moreno trataba de esconder su sonrisa. Eso no contaba como una declaración de amor, pero lo tomaría como una.
Levi no entendía porque el chico se veía tan feliz de haber descubierto lo obvio. Después de todo, Eren sabía que entre el despertador y él, uno de los dos no sobreviviría. Mientras tanto, Eren se preguntaba por qué Levi no le podía hablar directamente.
En lugar de enviar regalos con cartas románticas podría cruzar el pasillo solamente, es decir, no es que me queje, pero no entiendo nada.
Tal vez esta es su forma de cobrarme lo de alarma, tal vez es parte de su juego.
–Levi –san, quisiera preguntarle sobre el regalo…
Eren estaba muy nervioso. Se sonrojo aún más y bajó la cabeza mientras caminaban por el estacionamiento. Levi se sintió asqueado.
¿Cómo se atreve a hablarme de eso? ¿De verdad no tiene decencia? ¿Y cómo supo que yo lo vi?... seguro el subnormal de Reiner le dijo que me había tardado demasiado en su departamento. Como sea, haré como si no supiera nada.
El más bajo metió las manos a sus bolsillos y se detuvo en seco en la puerta del estacionamiento con la mirada fija en Eren, quien siguió caminando unos cuantos pasos hasta que vio que el azabache ya no estaba junto a él, entonces se giró y lo vio más serio de lo que debería dadas las circunstancias. El chico parecía confundido.
Levi endureció su mirada y caminó lentamente hacia el moreno como un león que va lento hacia su presa. Caminó hasta estar peligrosamente cerca Eren y se acercó a su oído.
–No sé de qué estás hablando.
Lo dijo en un susurro y con un toque de burla. Se alejó y miró al moreno estático. Lazó una pequeña risa porque parecía que Eren mojaría los pantalones en cualquier momento por temor. Se lo había ganado.
Se dio la vuelta y comenzó a correr de nuevo hacia su edificio dejando a Eren ahí parado. Era obvio que Levi sabía, pero por alguna razón no quería hacer ningún movimiento.
No comprendo bien lo que está sucediendo, pero por ahora confiaré en él. Solo debo hacer lo que me pida y no decir nada.
Comenzó a caminar en la misma dirección que Levi, pero mucho más lento para reducir el riesgo de encontrarse. Moría por una explicación, pero tendría que ser paciente.
Levi llegó bañado en sudor a su edificio, encontrándose con Reiner de camino al ascensor. El azabache le dedico una gélida sonrisa que hizo al rubio arrepentirse de haber cruzado las miradas.
Levi entró directamente a su ducha para quitarse todo el sudor pegajoso de encima y aclarar la mente.
No le basta con ser una puta, también tiene que restregármelo en la cara. Ese maldito mocoso…
Salió de la ducha vistiendo solo una toalla en la cintura y más enojado de lo que entró. Necesitaba una distracción. Recordó esa misma mañana a Erwin y a Hanji molestándolo en su oficina con salir a beber. No le apetecía la idea de salir a convivir, pero si el cejotas tenía razón en algo era que necesitaba divertirse con alguien.
Suspiró y se dispuso a vestirse. Se puso una camisa negra de un solo botón que se abrochaba hasta el cuello y encima un saco color vino con unos pantalones de piel negros que remarcaban todo lo que deberían. Le dedico el resto de su tiempo a su cabello, que ya le había crecido un poco más de lo habitual. Intentó varios peinados, pero se sentía estúpido con todos, así que decidió mandar todo a la mierda y llevarlo desordenado. Definitivamente, ese era el que más le quedaba.
Casi era la hora en la que debía reunirse con los demás. Se miró una última vez al espejo con aires de superioridad y sonrió.
El mocoso no sabía de lo que se está perdiendo.
Salió de su departamento sin siquiera preguntarse por Eren, no le importaba quién se lo estuviera tirando en ese momento; él solo saldría a divertirse.
Había pasado los cinco años que duró su carrera con ese grupo de atolondrados, y desde el final del primer semestre, todos prometieron verse en cierto club, en cierta mesa, a cierta hora al finalizar el semestre sin importar qué tan bien o mal les hubiera ido con las materias. Esa solo sería una noche para olvidarse de todo, y era justo lo que Levi necesitaba.
Después de graduarse, quiso perder contacto con Hanji y los demás, incluso cambió de celular, pero esas bolsas de basura podían encontrarlo donde fuera. A pesar de que escapaba de ellos lo más que podía, para Levi no era suficiente, sin importar que ellos –sobre todo Hanji –hubieran estado ahí cuando él los necesitaba.
Condujo su auto por la ciudad de noche sintiendo un vacío dentro de él. Tal vez era sed, o hambre, o eso quería pensar.
Llegó faltando cinco minutos. Tan puntual como siempre. Erwin y Petra eran los únicos que habían llegado aún.
–Pero mira quien decidió aparecer –dijo el rubio aparentando sorpresa.
Levi lo ignoró y se sentó junto a Petra quien ya había empezado con un Martini.
–Hace tiempo que no te nos unes Levi –dijo la castaña sonriendo.
El azabache le dedicó una mirada. Si había sido bastante tiempo, tanto que no se había dado cuenta cuando se había puesto Petra tan guapa. Llevaba un short negro que dejaba ver sus delgadas piernas y una blusa rosa pálido que dejaba ver su blusa interior, también negra.
Asintió con la cabeza para dejar de prestarle atención. En sus años de universidad, ellos habían estado saliendo, pero no había funcionado. Petra nunca lo dijo, pero Levi no dejaba de pensar que la razón era la misma de siempre "eres muy distante". Al comienzo de esa relación, ambos habían acordado que cuando se volviera monótono, no lo dudarían más y se terminaría sin hacer escandalo para volver a ser amigos, y así fue. Por su parte, nunca se aburrió con ella y en parte le agradó que Petra se alejara en silencio, pero algunas veces la extrañaba. Hoy no era uno de esos días, hacía mucho que la había olvidado y pensaba que eso era lo mejor para ella.
–Miren lo que el conserje trajo a nuestra mesa –era la loca de Hanji que recién hacia su aparición. Se sentó muy cerca del azabache.
–Hazle a un lado anteojos, apestas a imbécil.
–No pensé que de verdad fueras a venir pequeño, ya te extrañaba –dijo riendo –. ¡Oye chico! Tráeme dos Manhattan.
Sus gritos se escuchaban por todo el lugar, aun por encima de la música. Estar con ella era como tener una bocina dentro de la cabeza.
Al poco tiempo llegó un chico con el pedido de la castaña, quien no tardó nada en beber por completo su copa.
–Cuéntanos Levicito, ¿Qué te hizo bajar al mundo de los mortales?
–Ver tu horrible cara no, te lo aseguro –le respondió a la castaña quien solo carcajeó a todo volumen.
–Yo lo sé –intervino Erwin con una sonrisa –. Estás aquí por nuestra pequeño juego, ¿cierto?
–No necesito una competencia para demostrar lo que ya sabemos cejotas –respondió confiado.
–Si es así, entonces no tienes nada que perder –Erwin seguía provocándolo con una sonrisa de lado –. Pe-que-ño.
Ambos se miraron a los ojos y sonrieron.
–Ay no, ahí van de bueno –dijo Petra llevándose una mano a la frente.
Los dos se levantaron de sus asientos en el mismo segundo sin perder más tiempo y fueron de cacería. Algo que era típico en las noches que Levi decidía unírseles era la competencia entre esos dos por saber quién conseguía más números telefónicos en una hora.
Ya no importaba si era de un hombre o una mujer, ambos habían dejado de fijarse en esas cosas; al final lo importante era ganarle al otro y pasar un buen rato, pero sin importar los años que pasaran, siempre terminaban empatados y aun así, Levi se creía superior por "calidad".
Levi nunca hacía mucho esfuerzo en esas competencias; solo se quedaba parado en cierto punto y parecía que estaba posando para alguna revista. Muchas personas se acercaban a él pensando que era alguien famoso, así que era bastante fácil.
Al terminar esa hora, Erwin fue el primero en regresar a la mesa. Auruo ya había llegado y parecía molesto, como siempre.
– ¿El enano no ha regresado? –pregunto el rubio sentándose para darse un respiro.
–Ahí viene –dijo Petra viendo de lejos al susodicho caminando en dirección a la mesa.
El azabache se sentó ahora junto a Erwin y sacó un montón de papeles de su bolsillo como si fueran basura. Los dejó en la mesa y Petra los recolecto todos para comenzar a contarlos. Erwin solo sonrió y le ofreció los suyos a Hanji. Siempre eran ellas las que contaban los números de sus respectivos amigos.
–27…28…29…
–31… 32… 33...
– ¿Y bien? ¿Quién es el más imbécil de la noche? –preguntó Auruo tomando un sorbo de su bebida mientras miraba a las chicas contar.
–Son 35 de Levi –dijo Petra.
–35 de Erwin –habló Hanji.
Los cinco se miraron entre ellos y comenzaron a reír. Cualquiera que pensara que uno de los dos iba a ganar, no había presenciado esas reuniones; hasta Levi y Erwin sabían de antemano el resultado, pero se habían divertido y ahora estaban a nada de estar ebrios.
–Tienes que venir más seguido pequeñín –dijo Hanji aun riendo. Primer error.
Se ganó un buen golpe en la cabeza de parte de Levi aunque Erwin estaba sentado entre ellos dos. Levi siempre había sido bueno moviéndose en posiciones extrañas si de hacerle daño a Hanji se trataba. La castaña se quejó por el dolor.
– ¿Estas bien Levi? –Petra notó que estaba más serio de lo normal, y eso le asustaba.
–Fue divertido –ni siquiera los miró al responder –. Ayuda para alejar mi mente de otras cosas.
– ¡Ah! ¡Con que es eso! –gritó Auruo–. El gran y poderoso Levi tiene problemas en su perfecta y estirada vida.
Esto último lo dijo burlándose, pero era al único que le hacía gracia. Si Levi tenía problemas, sus amigos serían los primeros en apoyarlo aunque él no lo quisiera.
– ¿Es cierto Lev? –Preguntó preocupado el rubio – ¿Tienes problemas?
–No. Solo es un mocoso que me está volviendo loco, pero no es importante.
Por un momento, todos se quedaron en silencio. Se preguntaban si sería alguien que estuviera molestando a Levi, una persona que podía hacerle daño o un enamoramiento. Muchas cosas les pasaron por la mente, pero cada teoría era más ridícula que la anterior conociendo a Levi.
–Bien –Hanji fue la que rompió el silencio –. Si Levi dice que no es importante, entonces no debe ser nada.
Bebió más de su copa que se estaba quedando vacía. Las miradas de todos se relajaron y volvieron a concentrarse en el alcohol. El azabache agradecía esto. La verdad, entre todos, Hanji era la que mejor lo conocía y ella sabía que si hubiera algún problema, se lo guardaría para sí mismo, pero para este punto de su amistad, Hanji podía interpretar todas las señales de Levi, su lenguaje corporal y su tono de voz.
Todos sabían que esos dos compartían un lazo como de hermanos, aún más fuerte del que jamás llegó a tener con Petra cuando salían, así que si Levi decía que todo estaba bien y Hanji lo confirmaba, no había nada de qué preocuparse.
–Entonces Erwin, ¿Cómo te va con tu nueva adquisición? –preguntó Auruo en tono provocativo, como insinuando algo. Todos prestaron atención al de cejas tupidas.
–No lo llames así, es un chico tierno.
–Cuéntanos todo, ¿Cómo lo conociste? Se ve bastante joven en la foto que nos enviaste –dijo Hanji bebiendo otro trago.
–Pronto cumplirá los 18 –respondió el rubio.
–Oooohhh.
En ese momento, todos sus amigos –incluyendo a Levi, pero en un tono más bajo –hicieron la reacción de sorpresa más grande hasta ese momento.
–Te divertirás mucho en prisión, shotaconero. Escuché que nunca se aburren –Auruo se estaba burlando, solo que esta vez, los demás tenían pensamientos similares. Erwin volteó los ojos.
–"Casi es mayor de edad" es lo que usan los pedófilos Erwin –dijo Petra tratando de mantener calmada la situación.
–Lo sé, y sé que suena muy trillado, pero lo que hay entre nosotros es real.
Levi hizo un sonido de asco. Le revolvía el estómago cuando las cosas se comenzaban a poner cursis.
–Vaya, jamás te había escuchado tan encantado con nadie –comentó Hanji sorprendida, comenzaba a pensar que tal vez el rubio tenía razón y era algo serio.
– ¿Dónde lo conociste? –preguntó Petra.
Por un segundo, Erwin se rehusó a responder; sabía lo que todos iban a responder, pero tampoco podía librarse de eso, todos tenían miradas de curiosidad feroz. Al final suspiro y se resignó.
–En la preparatoria, yo era su profesor.
Todos se mantuvieron en silencio. No importaba desde qué ángulo lo vieras, parecía una película porno por todos lados. Era un asunto delicado, si su amigo cometía por lo menos un pequeño error, la familia del chico podía enviarlo a prisión sin mucha discusión.
–Erwin… –comenzó Hanji totalmente seria.
–No Hanji, no hice nada estúpido. Conozco bien las leyes y no he roto ninguna aun –interrumpió a la castaña.
– ¿Eso significa que no te lo has tirado en todo un mes? Eso debe ser un nuevo record, tu madre debe estar orgullosa –Levi se había relajado, sin sexo no había delito y todos en la mesa lo sabían bien, así como sabían que tanto él como Erwin eran maquinas sexuales.
Saber que no había pasado nada entre ellos, tranquilizó a todos, comenzando por Levi. Todos sabían cómo cuidarse de las leyes y cómo escaparse de ellas, así que mientras no hubiera sexo, su amigo podría salir con quien quisiera.
–Sí, debe ser un castigo tener a semejante ejemplar y no poder tomarlo –bromeó Auruo. El ambiente se hizo más ameno. Erwin suspiró.
–Auruo –lo regañó Petra. Erwin había dicho que era algo serio, y eso lo tomaba no solo como una relación carnal como la mayoría de las relaciones que el rubio había tenido antes.
–No tienes idea de lo difícil que es.
Petra fulminó al cejotas con la mirada y el grupo comenzó a reír de nuevo.
–Entonces, cuando sea mayor de edad te vas a divertir mucho con él, ¿no? –preguntó Hanji mordiéndose el labio inferior divertida. Erwin se sonrojó.
–No lo creo, él aun es virgen y es demasiado tímido, no podría quitarle eso.
–Como si nunca lo hubieras hecho –dijo Levi sarcástico recordando las hazañas del más alto en la universidad ganándose una mirada de odio de éste.
–Quiero ir lento con él –respondió mirando su copa.
–Y, ¿Cuándo conoceremos al afortunado? –Petra sonrió y el aludido lanzó una carcajada.
–Lo que quiero es hacer las cosas bien con él, no avergonzarme por decir que los conozco.
–Por esa razón debemos conocerlo, debemos advertirle sobre ti –bromeó Hanji.
–De hecho, nos veremos más seguido ahora.
– ¿Por qué? –pregunto Auruo sin interés comenzando a sentir los efectos del alcohol.
–Pasó a la universidad en la que yo daré clases.
Hubo un pequeño silencio. Todos estaban ya algo ebrios y no captaban las cosas como se suponía que deberían o callar lo que suponía.
–Erwin –habló Petra mirando su copa vacía.
– ¿Si? –dijo el rubio bebiendo el último trago de su copa.
–La única universidad en la que das clases, es en la que yo soy la directora.
–Si…
Nadie dijo nada por un momento, solo pensaban en sus bebidas, pero después Erwin cayó en cuenta de lo que había dicho. Giró la cabeza lentamente a la castaña que tenía a un lado y ésta también se dio cuenta, abrió la boca lo más que pudo sorprendida.
– ¿Sales con uno de mis alumnos? –preguntó ofendida.
–Petra…
–Erwin, eso va en contra de las reglas, con sexo o no tendría que despedirte.
– ¡Petra! –se quejó el rubio.
– ¡Erwin! –ambos estaban gritando y eso molestaba a Levi.
Ambos se quedaron mirando un rato
–Disculpe señor –dijo un mesero frente a Levi con una copa de un líquido verde brillante –. El caballero de allá le envía esto.
El mesero dejó el trago frente a Levi y se fue. Levi vio hacia donde le habían señalado y vio a un pelirrojo que aparentemente era mayor que él y alzó la copa, como haciendo un brindis. Levi sonrió de lado.
–Parece que yo gano –dijo tomando la copa intentando romper la tensión.
–Aun no tigre, no tienes su número –intervino Hanji entretenida apoyando la moción del pequeño. Levi bufó.
–Lo conseguiré en dos minutos –respondió dándole un sorbo con arrogancia a su trago.
–Oh está bien –Petra cedió –. Puedes salir con tu shota.
–Gracias directora –se burló el rubio.
–Pero te advierto que si alguien los descubre, yo no voy a intervenir por ti.
–Es más de lo que necesito.
–Iré por el número 36 –Levi se cansó de hablar de pedofilia y fue hacia donde estaba el pelirrojo –. Ya vuelvo.
Todos sonrieron divertidos, sabían que no iba a volver, pero eso era bueno. Levi parecía muy abstraído y todos –silenciosamente –creían que le vendría bien una distracción.
Aquí la dejamos, night lights, quiero dejar un poco de suspenso sobre lo que pasó con Levi después de esto.
No tengo mucho que agregar, espero que les haya gustado.
Nos leemos la próxima semana, no olviden dejar sus comentarios sobre el capitulo.
