Hola, mis ternuritas!
Este capítulo es especial para mí. Hace mucho que quería llegar a esta parte. Fui a trabajar con la remera de un meme, el "No me digas" y la gente creía que la imagen era del difunto marido de la presidenta. Y ahora que me doy cuenta, si, tienen un aire.
Belle star: Ya estoy mejor, gracias. A Coco se le está yendo la superficialidad de a poco.
El erizo tarkatan: Hasta que esa niña se dejo de tonterías, ¿no? Un saludo que cruce el océano.
Steph: Muchas gracias, como siempre… creo que la gente se enganchó mas con la historia de N. Gin que con la de Neo, jaja
Bien, disfruten el capitulo!
Capitulo veintisiete
La verdad de Neo
Nina sabía que no debería estar allí, en medio de Sídney, pero no podía evitarlo. Y todo gracias a su inteligencia.
Se estaba aburriendo junto con Collins en la cabina. Habían conversado sobre Coco y lo mal que les caía a ambos durante un rato, pero la charla había ido decayendo hasta llegar al silencio. Acarició distraídamente el cinturón teletransportador que su tío le había regalado, para cualquier emergencia. Ya lo sabía usar y tenía botones de acceso directo: su casa, la de Tropy, la de Nitrus Brio y, extrañamente, el barco de N. Gin.
—El barco manda información al cinturón —le había dicho, mientras ella se miraba en el espejo de su cuarto—. No importa donde este, cuando te teletransportes, estarás dentro del acorazado.
—¿Y no hay riesgos de que me teletransporte justo en una pared?
—No. Si de casualidad sucede, el cinturón buscara el espacio vacío más cercano.
—¿Hacia dónde vamos? —dijo Coco, simulando indiferencia.
—Hacia Sídney —respondió Collins, reprimiendo un bostezo
Nina señalo con su mano enguantada una pantalla del tablero
—¿Estas son las coordenadas?
—Sí. ¿Por qué?
—Solo preguntaba —Nina se levantó y estiró sus músculos—. Voy a tomar una siesta, Collins.
El aludido solo soltó un gruñido. Nina sonrió y se metió en el camarote para visitas. Anotó las coordenadas que había visto en la pantalla en su cinturón y se teletransportó a Sídney, específicamente a Darling Harbour, un puerto.
Se alejó rápidamente del lugar y se dirigió a un lugar donde hubiese más negocios. Estando acostumbrada a lugares más cerrados, se sintió muy pequeña en medio de la gente. Camino un poco insegura por las calles, algo temerosa, mirando vidrieras de ropa y joyerías. Tenía algo de dinero en los bolsillos, pero no estaba segura sobre si comprar algo o no. Estaba pensando en que si sería mejor volver al acorazado antes de que alguien se diese cuenta de su ausencia, cuando se tropezó con una mujer que llevaba una bolsa. Su contenido se desparramo por la acera.
—Lo siento —murmuró Nina, con un gruñido. Estaba a punto de pasar de largo, cuando algo le llamo la atención. Había varias fotos tiradas por el suelo, pero una de ellas era de una mujer con un uniforme viejo del Moulin Cortex. Se agacho y la tomo—. ¿Trabajas en el Moulin Cortex?
La mujer levanto la cabeza. Aparentaba unos treinta años, era alta, de cabello rubio ondulado hasta los hombros y sus ojos tapados por unos anteojos oscuros. Llevaba una camisa amarilla de mangas cortas, un saco verde semi transparente y pantalones largos color blanco. Le sonrió a Nina.
—No. Una amiga mía trabajaba allí ¿Cómo es que una jovencita como tu conoce ese lugar? —su voz tenía un acento ruso o tal vez alemán.
—Soy la nieta de la dueña —respondió, encogiéndose de hombros.
La mujer abrió los ojos desmesuradamente al escuchar esas palabras…
—Eres la hija de Charlotte —murmuró, visiblemente emocionada. Nina tardo unos segundos en acordarse de que ese era el nombre de su madre.
—¿La conociste? —preguntó la chica, terminando de guardar hasta la última foto en la bolsa.
—¿Conocerla? ¡Era mi mejor amiga! Siempre me pregunté que había sido de ti ¿Vives con tu abuela?
—No, vivo con mi tío, Neo.
La sonrisa de la mujer decayó. Casi pareció enojarse.
—Sabía que iba a mentirte —murmuró entre dientes.
—¿Qué?
—Si me acompañas a tomar un café, te lo explicare todo.
—Discúlpeme, pero yo no la conozco.
—¿Nunca te hablaron de Charlie?
—Sí. Era una zorra. Engañó a mi tío con mi padre.
La mujer la tomo de los hombros con suavidad.
—El doctor Cortex solo tenía un hermano menor. Murió cuando era pequeño, en un incendio, junto con su padre.
Nina retrocedió un par de pasos.
—No, es mentira. Mi tío Neo jamás me mentiría.
La mujer sacudió la cabeza.
—Mira: tengo una netbook en mi auto. Déjame ir a buscarla, vamos a una cafetería y te mostraré la noticia ¿Te parece?
Nina tenía miedo. No de la mujer, sino de que hubiera algo de verdad en sus palabras. Asintió con la cabeza de mala gana.
—De acuerdo.
La mujer tomo la bolsa y se preparo para cruzar la calle.
—Todavía no me dijo su nombre, señora.
Ella se dio vuelta
—Marishka Sokolova —dijo, antes de cruzar la calle.
Tropy saco la pava del fuego de su pequeña cocina y se dirigió a su sala de estar, donde Neo estaba despatarrado en su viejo sillón verde.
—Nada mejor para calmar los nervios que una buena taza de té —anunció, vertiendo el agua en ambas tazas de porcelana. Los saquitos de te quedaron sumergidos bajo el liquido caliente.
—Para ti tal vez, pero para mí no —respondió Neo, con un suspiro—. No me robaron cualquier cosa, Nefarious. Me robaron las fotos de Charlotte.
Tropy se quedo mirando su reflejo en la taza.
—Puede ser más grave de lo que parece.
—Si. Y ya creo saber quién es.
—¿Si?
—La hija del doctor Sokolov.
—¿Cómo lo…?
—La vi entre los escombros, justo antes de que el Ejército Rojo llegara. Debí haberla matado en cuanto tuve la oportunidad.
Tropy levanto la taza y tomo un sorbo, pensativo. Era raro que el viajero se exaltara y siempre analizaba las situaciones con mucho cuidado la mayoría de las veces. Esta no fue la excepción.
—Esto es algo personal, Neo. Si mataste a su familia, ella querrá hacer lo mismo con la tuya. Y seguramente nosotros caeremos contigo.
Neo se mordió el labio hasta sentir sabor a sangre.
—Ira detrás de Nina. Y de mi madre.
—Nina esta dentro del acorazado de . Nadie en su sano juicio lo atacaría. Y el Moulin tiene bastante seguridad.
—No puedo parar de preocuparme.
Tropy se levanto del sillón
—Creo tener una foto de Charlotte por algún lado. Espera un momento, iré a buscarla.
Neo se quedo solo, mirando la taza de té que no había probado. Su mente comenzó a recordar la peor noche de su vida.
El Evolvo- Ray estaba cada vez más cerca de ser realidad.
Los animales en sus jaulas estaban durmiendo, inducidos por una droga. Normalmente, Charlotte habría hecho un escándalo por maltratar animales, pero desde que le había disparado ese rayo, hacía cinco años, no le importaba. De hecho, no le importaba nada que no fuera Neo.
El científico estaba solo en el subsuelo, con un montón de planos y apuntes desparramados por el escritorio. Apenas había espacio para una taza de café que tomaba de a sorbitos. Estaba cada vez más cerca de conseguir que los animales tuvieran un intelecto superior y poder controlarlos para sus fines. Reprimió un bostezo y se cubrió los ojos con una mano por unos segundos. Era mejor irse a la cama de una buena vez. Se levantó, estiro sus músculos y le dio una mirada a su reloj de pulsera. Eran las cinco y media de la mañana.
Las cinco y media de la mañana
El corazón de Neo comenzó a latir con violencia. Debería haberle disparado ese rayo media hora antes. Dominado por el pánico, se abalanzo sobre el ascensor y pulso el botón que daba hacia las habitaciones. Por fuera, el castillo parecía antiguo, pero por dentro le había hecho varias modificaciones para que sea más moderno, pero sin perder el toque antiguo. Ese ambiente y la oscuridad de la noche le daban la impresión de que era el protagonista de una clásica película de terror. Era una terrible sensación de soledad.
El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron. En lugar de abalanzarse hacia la habitación matrimonial, Neo saco su arma y camino muy despacio por el pasillo tenuemente iluminado por los rayos de la luna. La ventana mostraba un cielo hermoso y despejado, lleno de estrellas y lejos de la contaminación lumínica. Un paisaje que no valía nada sin Charlotte.
La puerta de la habitación estaba entreabierta. Neo ya tenía miedo de entrar y encontrarse con algo que no quería ver, pero tenía que hacerlo. Asomo la cabeza al oscuro cuarto y encendió la luz. La cama estaba desecha y Charlotte no estaba en ella. La mesa de luz estaba ligeramente corrida y la lámpara estaba tirada encima de la alfombra.
—¿Charlie?
La pregunta era inútil: ella no estaba en el cuarto y no le iba a responder. Quizás su reloj estaba mal y Charlotte solo había ido a tomar un vaso de agua. Pero sabía perfectamente que no era verdad. De todos modos salió del cuarto y bajó a la cocina, situada en la planta baja.
Alii tampoco había nadie. Estaba la antigua mesa de madera con dos sillas haciendo juego y una sillita alta para bebe. Hacía ocho meses que su hija había nacido y se sentía el hombre más feliz del mundo. Todo estaba en su lugar.
Sus labios estaban resecos. Abrió la heladera y se sirvió un trago de agua helada con dedos temblorosos. Los únicos sonidos que escuchaba eran los de su propio corazón, retumbando como un tambor. Miró la sillita para bebé una vez y súbitamente comenzó a correr las escaleras como loco. Se había olvidado de su hija.
Entro en el cuarto, sin encender la luz, porque una luz de noche estaba prendida en la pared. Era un cuarto hermoso. Había trabajado muchos meses en el, construyéndolo y meditando sobre el hecho de que se había convertido en algo que jamás había creído que pasaría. El cuarto estaba decorado con mucho cuidado y mucho amor para ella. Charlotte no había participado en nada de eso. A menudo, actuaba como si no tuviera una hija y casi no se ocupaba de ella. Tropy le había dicho que Charlotte odiaba a su hija y por eso la ignoraba. Era ridículo.
Se asomo a la pequeña cuna. Su hija dormía plácidamente entre las mantas, ignorando todo lo que sucedía a su alrededor. Un poco más tranquilo sabiendo que no le había sucedido nada, salió de la habitación con un suspiro.
Siguió subiendo los pisos por la escalera, revisando cada habitación, esperando encontrar a Charlotte. Cada rincón vacio lo desesperaba cada vez más. Hasta que escucho unos pasos descalzos cerca suyo. Neo camino a zancadas, intentado localizar el ruido. Alcanzo a ver una sombra que desaparecía por las escaleras de una de las torres.
Neo comenzó a subir las escaleras con cuidado. Ya no se podía escapar. Esa torre no daba a ningún lado, ya que antiguamente solo servía de vigilancia. Camino con mucha calma y una media sonrisa en sus labios. Había sido muy descuidado, pero ya no volvería a suceder.
Piso el último escalón y miro a Charlotte, con el arma lista para disparar. Pero se quedo petrificado al verla.
Estaba vestida con su sencillo camisón blanco con tirantes, largo hasta los tobillos. Su cabello caía en cascada hasta la cintura y sus hermosos ojos estaban brillantes por las lágrimas. Estaba parada en el marco del enorme ventanal.
—Arruinaste mi vida, Neo —le dijo con la voz cargada de odio. Una lagrima rodo por su mejilla derecha—. Estuve cinco años encerrada. Creí que eras mi amigo. Confié en ti. Pero hoy voy a ser libre —alzo los ojos al cielo por una fracción de segundo y bruscamente se tiro de espaldas al vacio.
—¡CHARLIE! —gritó Neo, corriendo hacia el ventanal y mirando hacia abajo. Solo vio una mancha blanca caer entre las rocas y desaparecer entre las olas del mar.
En su mente la escena se repitió, en cámara lenta. Su hermosa silueta recortada en la ventana, sus últimas palabras que cruzaban por el aire e impactaban en su corazón, su caída hacia las afiladas rocas… todo eso se repetía una y otra vez en su cabeza, robándole la poca cordura que le quedaba.
—¡CHARLIE! —volvió a gritar, con un alarido que recordaba a un perro herido. No podía vivir sin ella, no podía… Apoyó una pierna sobre el alfeizar de piedra y salto por la ventana.
Neo sintió que una mano lo agarraba por el cuello y lo tironeaba hacia adentro de la torre. Apenas sus pies tocaron el suelo, un par de brazos le rodearon los hombros y lo giraron. La cabeza de Neo chocó contra el pecho de alguien.
—Cálmate —le dijo Nefarious Tropy, acariciándole la cabeza con ternura. Neo rompió a llorar en ese instante y abrazó con fuerza a su amigo.
—Quiero morir —le susurró, entre sollozos.
—Tienes una hija a la que criar.
—¿Por qué viniste aquí?
Tropy no respondió. Una luz comenzó a brillar en la mente del científico.
—¿Acaso tú…lo sabías?
El viajero del tiempo esquivo su mirada.
—Neo…
—¡LO SABIAS! —gritó, intentando zafarse de sus brazos. Tropy lo abrazó con más fuerza, impidiendo que se soltara—. ¡LA DEJASTE MORIR! ¿POR QUE ME SALVASTE SOLO A MI? ¿POR QUE?
—Porque eres mi mejor amigo. Y ambos se estaban arruinando la vida —le contesto Tropy con sequedad—. Ella no tenia voluntad propia y tú estabas encerrado en este castillo, temeroso de abandonarla. Ahora tienes una hija. Hazte cargo de ella.
—¡LA DEJASTE MORIR, HIJO DE PUTA! ¡ERA EL AMOR DE MI VIDA Y NI SIQUIERA DEJAS QUE ME MATE EN PAZ…!
Tropy se apartó de él y le dio una bofetada tan fuerte que le doblo la cabeza hacia atrás.
—¿Y vas a dejar a tu hija a la deriva? Neo, de nada sirve que te mates. Solo traerías más dolor a la gente que te rodea. No puedo interferir más de lo que ya hice. Era mejor dejarla ir. Ella se libero, a su manera. Y ahora eres libre también.
El científico se recobró de la conmoción como si saliera de un trance.
—Voy a verla —dijo simplemente.
Ambos se dirigieron a la habitación del bebé. Aun dormía, acurrucada entre las mantas. Neo le acarició la cabecita con ternura.
—Es lo único bueno que salió de todo esto —murmuró el científico—. Pero no merezco ser el padre de algo tan hermoso.
—¿Qué quieres decir?
—Que a partir de hoy… ella será mi sobrina, no mi hija —Neo se inclino y beso la frente de la pequeña—. Nunca te vas a enterar de la verdad mientras vivas, Nina. Mi pequeña y dulce Nina.
Nina miraba a Marishka con los ojos abiertos como platos. Pasaban de la rusa a la pantalla de la netbook. La mujer le había contado la historia de sus padres, pero no le había creído… hasta que vio esa noticia en la pantalla
—Según esta noticia de internet, tu abuelo murió en un voraz incendio junto con tu padre, que tenía diez años —dijo Marishka, cerrando la tapa de su computadora—. Eso confirma lo que te dije: Neo es tu padre y provocó el suicidio de tu madre.
