¡Hola, mis queridos lectores! ¡Feliz Halloween!

Tuve una semana complicada. Me echaron del trabajo y me volvieron a contratar.

Steph: El capítulo más triste… hasta ahora

Kagamine: se tenía que enterar algún día. Y Nina no se lo va a tomar muy bien.

Belle star: si que se van a enfrentar. No va a quedar así nomas.

Me faltan pocos capítulos para terminar. Estoy sintiendo un poco de vacío.

Capitulo veintiocho

Los problemas del N Team

Una hora después de que Neo abandonara su casa, Tropy estaba sentado en una mecedora en el porche de su casa, con un álbum de fotos en sus manos que no veía desde hacía años. Al haber revisado varios de ellos buscando una foto de Charlotte, se había dado cuenta que hacía bastante tiempo que no los miraba.

El álbum que tenía en sus manos era uno familiar. Pero no tenia fotos de bebe. Tropy había sido un chico de la calle y solo el destino había hecho que su vida cambiara para siempre.

Tropy había sido criado en un orfanato en Inglaterra y su verdadero nombre era Horace. A los ocho años, cansado de los abusos al que lo sometían, se había escapado de allí y comenzó a vivir como vagabundo en las calles de Londres, donde no le iba mucho mejor.

Un año después, se había colado en una convención científica para robarse algo de comida de las cocinas. Un guardia de seguridad lo había descubierto con las manos en la masa y lo hubiera matado a golpes de no ser porque uno de los científicos lo rescato de la brutal golpiza. Después de la convención, lo llevo a su casa donde curo sus heridas. El científico era un anciano profesor de física de nacionalidad china llamado Tai Yang Lee. No tardaron mucho tiempo en ser inseparables y que el físico lo adoptara como su hijo.

Tai Yang Lee tenía un gran proyecto secreto: los viajes en el tiempo. Le había explicado todo lo que sabía sobre ello y pocos años después ambos lograron que esos viajes se convirtieran en realidad. Por desgracia, el hombre había enfermado gravemente y falleció poco tiempo después, no sin antes advertirle sobre todos los todos los peligros de interferir con las líneas temporales y que si viajaba, lo haría con mucho cuidado.

Horace tenía quince años cuando Tai Yang Lee falleció, dejando como legado todo lo que tenia y la promesa de que nunca le revelaría su secreto a nadie. Y, sobre todo, que no hiciera absolutamente nada por evitar su muerte, que él ya estaba muy viejo y era su hora de partir.

Horace solo tenía miedo de una cosa: los servicios sociales. Estaba seguro que se lo llevarían a un orfanato. Pero, el día del entierro de su padre adoptivo, uno de los presentes le apoyó la mano en el hombro. Era un científico, amigo de Lee.

—Tai Yang me ha hablado mucho de ti y me ha dicho que eres muy listo. Si no quieres irte a un orfanato lleno de cucarachas, puedo enviarte a un colegio internado donde aprenderás mucho. Conozco a la directora y te recibirá.

Fueron a una cafetería después del entierro y hablaron del colegio con más calma. Le explico que era para niños y adolescentes muy inteligentes y con carácter. El científico, que se llamaba Brock, le prometió llevarlo al colegio para que lo conociera.

El colegio Amberley le pareció muy bueno y la directora se que quedo impresionada con sus aptitudes. A Horace le daba todo igual. Pero solo hizo un pedido.

—¿Puedo cambiar mi nombre? Es que Horace no me gusta.

—Puedes ponerte el que quieras. Pero deprisa.

Horace miro el formulario. El colegio de Amberley era para gente malvada y debería tener un nombre que diera miedo. Su padre lo había educado lo suficientemente bien como para tener un amplio vocabulario. Tomó la lapicera y escribió en donde se le pedía su nombre:

Nefarious

Ahora necesitaba un apellido. Estuvo a punto de escribir Lee, pero desecho la idea enseguida. Necesitaba otro distinto

Horace, has hecho un buen trabajo practico, pero te has equivocado

¿Dónde, papá?

Mira, el inglés no es mi lengua nativa, pero sé perfectamente que la palabra "Tropy" lleva una H, justo después de la P.

¿Fue mi único error?

El único.

Horace tomo de vuelta la lapicera y escribió en la casilla de apellido:

Tropy

Y así había nacido Nefarious Tropy, de una manera más sencilla que otros villanos. Muchos años habían pasado y el recuerdo de Lee había sido enterrado hasta la fecha.

Encontró una foto del primer cumpleaños que había pasado con él. Ese científico, lleno de arrugas, agarrando con sus nudosas manos a un niño que estaba por cumplir diez años, a juzgar por las velas. Era tan feliz con Lee…

Un ligero viento comenzó a soplar. Nefarious acaricio la foto con ternura y sintió una punzada de remordimiento. De estar vivo, Lee hubiese reprobado el camino que había elegido. El no lo había criado para ser el líder de un grupo de científicos malvados, claro que no. Su padre lo había criado para ser un hombre de bien. Se había olvidado de todas sus enseñanzas. Más que remordimientos, sentía vergüenza.

Tropy se levantó y se metió dentro de su casa- museo. Fue hacia su habitación y guardó el álbum dentro de una caja de madera de roble que estaba encima de su cama de dos plazas. Cerró la tapa y la coloco en una esquina de su habitación.

Afuera, el viento sopló con más fuerza. Su llamador de ángeles se sacudía alegremente en el porche, con un bonito tintineo. Tal vez iba a llover. Se dirigió a su sala de estar, para ver un poco de televisión y allí la vio.

Era una chica de unos veintiséis años, de piel quemada por el sol. Sus ojos eran marrones, algo rasgados y su largo cabello recogido en un rodete. Llevaba un vestido blanco un poco más arriba de de las rodillas, de mangas largas semi transparentes. Una cadena de oro con un dije de un escarabajo rodeaba su cintura, dándole un toque de color a un vestido tan simple.

—Una casa digna de un museo —murmuro, casi ronroneando.

—¿Quién eres?

—Mi nombre es Makani. No hace falta que se presente, doctor Nefarious Tropy… O quizás debería llamarlo Horace Lee.

—Señorita, por favor, váyase de mi casa —la voz del viajero era completamente calma.

—No lo hare. Supongo que sabes por qué estoy aquí.

—Sokolova te envió.

—Sabía que tenía más cerebro que sus compañeros, doctor —Makani comenzó a retroceder despacio hacia la puerta, de manera sonriente—. Salga, si es que tiene agallas.

Tropy la siguió hacia afuera. El clima estaba ventoso. Makani estaba a unos tres metros de la casa y lo esperaba con las manos cruzadas detrás de la espalda. El viajero del tiempo se llevo una mano al cinturón y presionó un botón. Su cuerpo se cubrió con una armadura dorada con relojes y un diapasón gigante se materializó en su mano. Ella ni siquiera pestañeo, como si no le sorprendiera de nada. No parecía tener ningún arma a la vista.

Makani extendió una mano y algo comenzó a formarse. Parecía un remolino en miniatura que bailaba en la palma de su mano. Tropy aferró con fuerza el diapasón, en posición de batalla.

De golpe, ella tiró el tornado en dirección a él. Enseguida, el remolino creció vertiginosamente hasta ser un poco más alto que el viajero, mientras avanzaba. Tropy se desvaneció en el aire y apareció detrás de Makani.

Otro tornado lo tomó de improviso, salido de la espalda de la morena. El remolino le hacía dar vueltas, mareándolo. Unas manos se aferraron a su cuello, intentando estrangularlo. El viajero apretó con mucha fuerza su diapasón y dio un tremendo golpe en las costillas de Makani.

El tornado paró de improviso y Tropy cayó al suelo de rodillas, jadeando. A dos metros de él, la hawaiana se incorporaba, temblando a causa del golpe.

Makani corrió en dirección a él. Tropy lanzo un rayo hacia ella, pero lo esquivo fácilmente y comenzó una batalla cuerpo a cuerpo. Los golpes iban principalmente al rostro del viajero y al estomago. Tropy intentaba cubrirse, pero si bien ella no era muy fuerte, era muy ágil. El diapasón no le era útil, estando ella tan cerca y moviéndose como un pez fuera del agua, se convertía en una desventaja.

Una patada fue derecho hacia su cinturón. La armadura y el diapasón se esfumaron, dejándolo completamente indefenso. Con una sonrisa maléfica, Makani intentó una vez más agarrarlo del cuello y el viajero se dio cuenta de algo. No quería estrangularlo. Quería arrancarle la pequeña mascara de Uka Uka.

—¡No! —gritó, pero ya era tarde. Ella había roto la cadena y ahora estaba entre sus manos. Un último tornado se formó alrededor de ella y se fue alejando hasta desaparecer de su vista.

Tropy se la quedó mirando. Se sentía idiota. Nunca se le hubiese cruzado por la cabeza de que quería la máscara. Estaban en peligro. Necesitaba reunir al N- Team inmediatamente, en cuanto pudiera arreglar su cinturón.


Neo se sentó encima de su cama y barajó las fotos en sus manos. Eran una docena y las acomodo encima del colchón. Charlotte se veía hermosa en cada una de ellas. Pero había algo… distinto. No era el mismo sentimiento de amor, no ahora que estaba con Crash.

El teléfono comenzó a sonar. Neo se levantó de la cama y fue a la sala a atenderlo

—¿Si?

—Soy N. Gin.

—Dime.

—Nina… estuvo haciéndome preguntas sobre… sobre… tu mujer…

—¿Qué? —la frente de Neo se cubrió de sudor.

—Me amenazó. Ella ya sabía la verdad sobre todo. Solo quiso confirmarlo conmigo. Yo le dije sin querer que todo era cierto. Lo siento.

La comunicación se cortó. Neo ni siquiera tuvo tiempo de colgar el auricular cuando las puertas del ascensor se abrieron y Nina entro en la sala. Sus ojos destilaban una rabia intensa.

—Nina… —murmuró el científico.

—Así que mi madre no era una maldita zorra —la voz de Nina temblaba—. Prácticamente la mataste. Me das asco.

—Nina…

El brazo mecánico se estiró hacia Neo y le aprisionó el cuello, levantándolo en el aire.

—La sometiste, la violaste y la empujaste a que se suicidara. Y me engañaron, tu y todo el N Team —las lagrimas brotaron de sus ojos negros—. Debería matarte, Neo.

Neo. No lo había llamado "tío", sino por su nombre. El dolor que sintió al notarlo fue aun más fuerte que la mano biónica de Nina apretando su cuello, asfixiándolo. Iba a morir a manos de su propia hija. Se lo merecía, eso y mucho más.

La mano lo soltó y Neo cayó al suelo, tosiendo. Se levanto entre estertores y enfoco el furioso rostro de su hija.

—Perdóname… —solo atinó a decir.

—Te perdono la vida, pero no lo que le hiciste a mi madre —Nina le dio la espalda—. No quiero volver a verte nunca más, ni a ti ni al N Team. Los odio, en especial a ti —se llevó la mano a la cintura y desapareció en el aire.

Neo se quedó de pie donde lo había dejado. Nina lo odiaba con toda la fuerza de su corazón. Había perdido todo lo que le interesaba en la vida. Se llevo la mano a la cintura y saco su fiel pistola. La acomodo en el modo "matar" y se lo llevó a la cabeza. Cerró los ojos, recordando todos los momentos felices que había pasado con ella.

Un golpe en la mano hizo que soltara el arma. Atontado, vio a Tropy, quien lo miraba asombrado.

—¿Pero qué mierda estás haciendo? —le preguntó el viajero, furioso.

—Es la segunda vez que frustras mi suicidio ¿Otra vez viajaste al futuro?

—¿Qué? No, no lo hice. Vine hacia aquí porque necesito a todo el N Team. Tenemos problemas.

—Yo tengo los míos, amigo. Nina sabe la verdad sobre Charlotte.

Tropy retrocedió un paso, asombrado. Sacudió la cabeza.

—¿Dónde se fue?

—No lo sé.

El ascensor volvió a abrirse. Era Nitrus Brio.

—Qué bueno que llegaste, Nitrus —Tropy lo tomó del brazo y lo apartó de Neo—. Escúchame: Nina se entero de la verdad y se escapó. Voy a buscarla. Tú quédate aquí y cuida a Neo. Podría querer suicidarse otra vez.

Nitrus asintió, con los ojos muy abiertos.

—¿Cómo vas a encontrarla? ¿Retrocederás en el tiempo?

—No. Haré algo muchísimo más sencillo y menos peligroso —se dirigió hacia Neo—. ¿El cinturón de Nina tiene un rastreador?

—Mi computadora está en mi habitación —suspiró Neo sin ningún rastro de emoción.

Tropy fue a buscarlo y se la dio a Neo, quien se puso a rastrearla.

—Está en N Sanity —dijo al fin.

Tropy observo las coordenadas en la pantalla.

—Cuida a Neo —le dijo a Nitrus Brio—. Nina puede estar en peligro.

Y desapareció ante sus ojos.