Capítulo XVI

Jiraiya miró al sapo calabaza y le pidió:

–Tenemos que estar en Konoha en dos días.

El anfibio abrió la boca y tragó al sannin. Era toda una proeza hacer ese recorrido en tan poco tiempo, pero debía hacerse y el sapo color ladrillo se lanzó al lago y nadó con todas sus fuerzas.

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Sasuke, Orochimaru y Kabuto llegaron a la base y ahí, Kokoa –de la mano de Yūkimaru y Kōsuke– salió a recibirlos. Unas lágrimas de alivio bajaron por las mejillas de la niña, como siguiendo las marcas de nacimiento de esta. La niña se limpió y caminó hasta Orochimaru este acarició las coletas claras y la pequeña perdió la compostura y se lanzó a abrazarse a las piernas del sannin, los acompañantes de este avanzaron y llevaron con ellos a Yūkimaru, ese momento era muy íntimo y familiar, como para ser presenciado por ajenos.

–¿Por qué lloras?

–Es que te quedaste atrás y…

–Ya hemos hablado de esto Kokoa, si yo no regreso… tu padre se hará cargo de ti.

La niña asintió, más no paraba de llorar. Orochimaru cedió y la alzó en brazos.

–Pero te juro que siempre regresare.

El llanto de la niña de cabello blanco se fue convirtiendo en hipidos. Orochimaru sabía que era una promesa difícil de cumplir, sin embargo si su hija necesitaba eso para estar tranquila, podía permitirse mentir.

–Vamos dentro.

La niña se recargó en el hombro de su padre y cuando sintió Orochimaru, ella ya dormía. El hombre se fijó en el sapo de goggles –que no se había separado de la nena un minuto– y lo miró cuestionándolo:

–No ha querido dormir.

–… –El sannin abrazó a su hija y cambiando de tema cuestionó– ¿has sabido algo de Jiraiya?

–Sí, mandó un mensaje, Jiraiya-chan viene para acá.

–Debe ser urgente.

–El mensaje lo tiene el chico de clan Kaguya.

El sannin de cabello negro asintió y siguió su camino a la casa donde los otros esperaban. Las tres figuras cruzaron el dintel de la puerta y vieron como las personas de la casa estaban muy activas corriendo de un lado a otro y… ¿empacando? Orochimaru giró a su hija hasta tenerla recostada y la fue a colocar a su habitación.

Sasuke llamó a Yūkimaru y el niño corrió a él:

–¿Guardaste toda las armas?

–Si Sasuke-kun. –Al ver el ceño fruncido del Uchiha, el niño respondió velozmente– Suigetsu me ayudó.

–Bien.

–Cálmate Sasuke, no dejé que tocara nada peligroso, solo me ayudó a cubrirlas con un paño y cerrar el pergamino –respondió el chico de cabello claro– Aunque no veo por qué tantas precauciones, apuesto a que a la edad que tiene Yūkimaru, tú ya tenías tu propio juego de armería.

Sasuke se paró serio, más no respondió. Orochimaru salía de la habitación y alcanzó a escuchar la conversación:

–Sasuke es un Uchiha, del llamdo Sensō no Ichizoku* es lógico que ya usara armas a esa edad…

–Pero Yūkimaru será ninja médico, no veo por qué deba usarlas, cuando sea el momento, yo mismo lo entrenare.

Respondió Sasuke y todo quedó claro. El sannin observó el movimiento de todos y preguntó:

–¿Qué sucede?

Sasuke le extendió el pergamino, que Kimimaro le había proporcionado.

Serpiente.

Voy para allá, tengan todo preparado para la mudanza entraremos a nuestro villa mañana por la noche. Las nubes se acercan, avisa al Cuervo mayor para que ponga sobre aviso a la anciana y le pida una audiencia para mí… y mi familia.

Al llegar a esa última parte Orochimaru se sonrojó y carraspeó para que nadie lo notara. Enrolló el pergamino y dijo:

–Bien, pues ya están listos. Kabuto solo restamos nosotros.

–Ya empaque todo Orochimaru-sama –agregó Karin.

–Saldremos esta noche. Sasuke envía el mensaje a tu hermano.

–Ya lo hice. –respondió Kimimaro

Los ex renegados estaban listos para regresar a Konoha, más el líder tenía sus reservas de ¿cómo y si serían recibidos? El sannin pelinegro se giró y fue hasta la habitación de Kokoa, la miró dormir y se cruzó de brazos, ella sería de gran ayuda, pero…

–Juugo prepara a Yûki, él ira conmigo a la entrevista, Yūkimaru tú también irás.

Suigetsu comentó:

–¿Yo también puedo ir?

–No por Kami, se trata de que nos reciban, no que nos cierren las puertas –bromeó Sasuke.

Baka.

Dijo indignando el joven de dientes afilados y el grupo se dispuso a descansar un rato en lo que llegaba la hora de partir.

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Exultante sería la palabra que Naruto usaría para describir como se sentía al haber visto de nuevo a Sasuke, no cabía en sí de felicidad, aunque algo le estuviese empañando ese sentimiento y eso era que ese maldito Tora había visto a su Sasuke sin ropa –bueno sin algo de ropa–, pero eso no hacía diferencia, se dijo el rubio.

Sai por su lado se consideró sosegado al no tener que ocultar más a Naruto las visitas que le hacía a Sasuke. Kakashi y Yamato veían con algo de recelo a eso dos y se pusieron de acuerdo:

–Algo de ese encuentro no me satisface.

–Lo sé, en cuanto lleguemos a la aldea, le pediré a la Hokage que nos permita interrogar exhaustivamente a esos dos. –afirmó Kakashi.

–Y yo diría que también al Uchiha mayor.

–Oh, con él no tengo la intención de entrometerme, la Hokage lo tiene en alta estima y…

–¿Te asusta interrogar a un allegado de Tsunade-hime?

–Me asusta llegar con estas acusaciones con meras suposiciones, primero los de abajo y luego los de arriba ¿entiendes Yamato?

–Sí, me quedó claro Kakashi-sempai.

Ajenos a lo que pensaban sus maestros, los tres chicos caminaban tranquilamente. Llegaron a Konoha y los mayores les pidieron que esperaran en lo que ellos daban el reporte a Tsunade. Sai se sentó en las escaleras, Sakura fue en busca de Shizune para preguntarle algunas cosas y Naruto se quedó en al puerta del despacho de la Hokage.

Itachi salió de su oficina y fue hasta la de la rubia y vio a Naruto que se lanzó a abrazarlo:

–¡Felicítame!

–¡¿Y eso?!

–… –El rubio giró a ver a todos lados– Vi a Sasuke y… dijo que regresara pronto –susurró.

–Oh…

–¡No es grandioso!

–Si lo es.

–¿Tú le crees verdad?

–Por supuesto, si él te lo dijo es cierto.

El de ojos azules suspiró aliviado.

–¡Tengo tantas cosas que contarte!

–Será más tarde, debo ver a Tsunade.

–Te esperó, Kakashi-sensei dijo que aguardáramos.

–¿Y Sai?

Naruto señaló los escalones donde el pintor estaba sentado dibujando algo.

–No tardare, para que vayamos juntos a casa.

–Está bien –sonrió el rubio zorrunamente.

Itachi entró a la oficina sin anunciarse, pues estaba acostumbrado a hacerlo y no era mal visto por la Hokage. Dentro notó el ambiente tenso y vio a Hatake mirando por el ventanal con los brazos cruzados y a Tenzo que lo vio con algo de sospecha.

–Itachi que bueno que viniste, tenemos un problema y creo que solo tú puedes ayudarnos.

–Si puedo ser de ayuda, con gusto.

–Kakashi y Yamato consideran que hubo mucho de sospechoso en el encuentro del equipo siete con Sasuke. Sobre todo con Naruto y Sai.

–Considerando que viven contigo, tal vez tú hay influenciado en algo sus pensamientos y les hayas contado otra verdad acerca de la huida de tu hermano, por eso ellos no lo atacaron.

–Grandes acusaciones Yamato, ¿tienes alguna prueba de la actitud sospechosa de los chicos o algo que sostenga esa acusación?

Kakashi se giró y comentó:

–Solo es una sospecha, no lo tomes personal.

–¿Personal? Hablan de traición, de mi hermano y de mí.

Kakashi se rascó la mejilla, Yamato había despertado a la bestia dormida, al acusar de ese modo a Itachi Uchiha sin mayor prueba que sus suposiciones fue una mala jugada.

–Nunca dijimos eso –aclaró Hatake.

Tsunade se estiró tratando de quitarle importancia al asunto y expuso:

–Estamos sacando de proporción el asunto. Kakashi, Yamato retírense con su equipo y si tu informe no se equivoca, Naruto necesitara que le enseñen a usar su elemento.

–Podemos hacerlo entre los dos si no hay oposición –aseguró Hatake mirando a Itachi.

–¿Por qué la habría? No soy tan cerrado como para oponerme a eso, yo no puedo hacerme cargo de él por el momento y tampoco manejo el elemento viento.

–No se hable más, ustedes ayudaran a Naruto.

Tsunade despidió a los dos maestros y se quedó a solas con Itachi. La rubia se levantó y estuvo a punto de destrozar una silla.

–¡Esto se está saliendo de control!

Itachi caminó hasta el escritorio y dejó la pila de documentos, ordenando el desastre que Tsunade tenía en la oficina.

–Todo debe llegar a su fin y ya no habrá más cosas que ocultar.

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Kakashi y Yamato salieron de la oficina y al ver a Naruto esperando le ordenaron:

–Empezamos tu entrenamiento pasado mañana.

–¡¿Los dos me entrenaran?!

–Si. Ya puede irte –dijo Yamato.

–Gracias, pero Sai y yo esperaremos a Itachi –informó el blondo.

–Si ves a Sakura, dile que ya puede irse.

–Si Kakashi-sensei.

Naruto se despidió de los dos mayores y se sentó a esperar al Uchiha. Estaba quedándose dormido cuando sintió que alguien lo observaba y se espabiló de inmediato, buscando al vigilante… Una ardilla estaba en medio del pasillo. Naruto vio a la ardilla y le pareció… rara. No es que nunca hubiese vista una, pero que estuviera en plena torre de la Hokage y en la puerta de la oficina de esta… ¿observándolo?

–¿Genjutsu? ¿Quién eres?

No, la ardilla siguió siendo ardilla.

–¿Mensajera?

El animal peludo se acercó al Uzumaki que se alejó.

–Disculpa, pero dicen que todas ustedes tiene rabia.

El animal se indignó y se quedó parado esperando por una persona más hábil que la que tenía enfrente para que le abriera la puerta. El rubio se levantó lentamente temiendo que el animal lo atacara.

–Te advierto que soy un excelente shinobi.

–¿A quién amenazas?

El rubio dio un brinco.

–¡Sai no me des esos sustos!

El pintor miró a su amigo y caminó hasta él, ignorando al animal.

–¡Cuidado!

Señaló Naruto. Sai se fijó a donde apuntaba el dedo de su amigo.

–Es solo una ardilla.

–¡¿Y no se te hace sospechoso que este aquí?!

–No. Seguro es la mascota de alguien o se perdió o está dando un paseo.

–¡¿Y si es un ninja disfrazado o una ardilla ninja?!

–También caben esas posibilidades.

La puerta se abrió intempestivamente y la Hokage salió:

–¡Que escandalo tienes Naruto! ¡No ves que estoy en una reunión!

El rubio se alejó del golpe seguro de la rubia. Itachi salió después y preguntó:

–¿Qué sucede?

El animal corrió hasta él y un chillido se escuchó desde la boca de Naruto:

–¡Les dije que no era de fiar!

Itachi interceptó al animal y lo acercó.

–Trae un mensaje en su boca.

–¡¿Y por qué no me lo entregó?! –Todos vieron al rubio con pena ajena– No era para mí –comentó avergonzado.

Itachi leyó el mensaje y miró a los dos chicos y a la Hokage.

–Tsunade-sama, Jiraiya quiere una reunión con usted.

–¡¿Ya regresó?! –cuestionó contento Naruto.

Itachi miró al rubio y le pidió silencio, después de todo él había dicho lo anterior en voz baja. Los mayores regresaron a la oficina. Naruto se cruzó de brazos

–Yo también quería enterarme.

–Para ser un shinobi eres muy curioso.

–… Supongo, pero espero que Itachi nos cuente de qué va esto.

–Si es una misión, no nos dirá nada.

–…

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Dentro en la oficina Tsunade miró al moreno y esperó la explicación:

–¿Qué no mencionaste allá fuera?

–Jiraiya quiere hablar con usted…

–Eso lo sé.

–Pero no viene solo, viene con… su familia.

–¡¿Qué?!

–Él me pidió que le informara.

–Y no me dirás nada más.

–…

–Vete ya Uchiha y espero que por tu bien esto no sea una tontería.

Itachi se retiró y al salir vio a los dos chicos discutiendo si la ardilla se les había escapado.

–Ya dejen eso, era un mensajero y nada más.

Los tres salieron y bajaron por las escaleras y se encaminaron al barrio Uchiha.

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El hombre de mascara se quedó parado en una de las ramas, su acompañante se unió a él.

–¿Descansaremos?

–No es por eso, iremos a ver que hacen Hidan y Kakuzo.

–Sacando dinero.

–No lo dudo, pero quiero saber con qué.

El de perforaciones no respondió y siguió a Tobi.

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El sapo calabaza salió del rio y saltó hacia una saliente y de ahí abrió la boca. El hombre de extenso cabello blanco se acomodó la ropa miró al horizonte, luego se giró y despidió a su trasporte.

–Gracias.

Jiraiya se agachó y brincó varios metros, de ese modo terminaría de llegar a la guarida de Orochimaru. El sol se estaba poniendo y el sannin se apresuró. Llegó a un acantilado e invocó a otro sapo mensajero, la bola de humo dejó ver un sapo de color verde azulado con un cinturón hecho de cuerdas:

–Muy apropiado. Busca al sannin de las serpientes.

El anfibio desapareció y el hombre se colocó en cuclillas para esperar a su mensajero. Orochimaru había retirado su jutsu de ocultamiento –solo para él o sus mensajeros– si no, no los hubiese encontrado ni en años. Una hora y el sapo regresó:

–Una casa de seguridad detrás de la cascada.

–Gracias.

El sannin de los sapos se levantó y emprendió su caminata. Arribó a las cascadas y ahí buscó el chakra de alguno de sus conocidos.

El agua hizo un sonido de chapoteo y unas coletas blancas aparecieron.

–¡Padre!

–¡Kokoa mi niña!

Orochimaru, siguió a la niña, acompañado de Sasuke.

–Adiós al lugar secreto. –dijo el de cabello largo.

–Que se le va a hacer es tu culpa. –opinó Sasuke.

–…

Jiraiya llevando en brazo a su hija llegó hasta ellos.

–Debemos irnos.

–Ya estamos listos.

–¿Es cierto que Akatsuki vine? –preguntó Sasuke.

El sannin de cabello blanco miró de arriba abajo al moreno:

–Así es que tú eres el Uchiha menor.

–…

–Naruto… me habló de ti y tu hermano es muy sobreprotector contigo.

–Y es mi alumno, pero no estamos para conocer la historia de Sasuke debemos irnos –afirmó Orochimaru.

Jiraiya vio salir al grupo variopinto de acompañantes de Orochimaru y como estos llevaban varios pergaminos en las espaldas.

–¿No olvidan nada? –bromeó Jiraiya.

Orochimaru lo miró airado.

–No es ni la cuarta parte, sin embargo primero quiero asegurarme de que tendré a donde quedarme.

–Cuenta con eso. Si yo no convenzo a Tsunade cierto rubio lo hará, casi conseguirá que la Hokage quiera arrancarle la cabeza tratando de que acepten de nuevo en la aldea cierto Uchiha.

Comentó el sannin de marcas en los ojos mirando a Sasuke. El Uchiha se giró para que no se le notara lo avergonzado que estaba « ¡¿Qué ese dobe le había dicho a todos mundo lo que sentía por él?!», se dijo Sasuke.

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Itachi acomodó las cosas en la alacena. Naruto entró a la cocina y tomó una manzana para comérsela:

–¿Qué haces?

–Preparando todo para nuestra vista.

–Oh de eso ¿Ya me dirás quién nos visitara?

–¿Aun no lo descubres?

–… No.

–Sasuke regresará y no viene solo.

–¡¿De qué hablas quien viene con él?! ¡¿Por qué viene con él?! ¡¿No es Tora verdad?! ¡¿O algún otro?!

Itachi se acercó al rubio y lo zarandeó:

–Sasuke viene con un chico…

–¡Lo ves! ¡Fue ese maldito Tora que lo vio sin ropa y…!

El rubio tragó saliva, pues notó las aspas negras girando en los ojos carmín.

–¿Quién es ese Tora?

–Bueno…

–Naruto.

–¡Ah, bueno te digo!

El rubio terminó por relatar todo el asunto del lugar de entretenimiento y el desaguisado protagonizado por Sasuke.

–Y dices que ese hombre vino a Konoha.

–Si.

–¿Cuando fue eso?

–Hace cuatro días.

Itachi suspiró y se calmó.

–Para que no andes pensando cosas que no son, déjame decirte algo, el que viene con Sasuke es su amigo un niño de siete años, se llama Yūkimaru.

–Lo ves, no era tan difícil decirme todo.

–Ve a orear los futones.

Naruto salió muy feliz a realizar lo que Itachi le pedía. Sasuke regresaba y eso era la felicidad completa para el rubio.

Sai vio trabajar a Naruto que tarareaba una canción y se acercó:

–¿Ya lograste saber algo?

–Sí, Sasuke regresa.

–Esa es muy buena noticia o muy mala.

–¡¿Por qué?!

Sai sopesó los pros y los contra, para confesarle parte de todo al rubio.

–Mira Naruto, Sasuke fue considerado traidor y…

Al escuchar todo el relató Naruto ya tenía todo los futones colgados, miró al horizonte y sonrió:

–No me importa, si no lo aceptan aquí nos iremos.

–Pero tu sueño de ser Hokage y…

–Oh vamos Sai ¿Por qué habría de importarme más ese título que él? Además ¿Nos dejarían ir solos?

–Y me iré con ustedes.

Naruto se rio.

–Si, Itachi, tú y los otros, incluso Jiraiya.

–Tienes razón.

–Oh, pero no nos pongamos dramáticos eso no sucederá porque convenceré a Oba-chan para que los deje quedarse.

Llegada la noche Itachi los llamó a cenar y los dos estaban listos para salir.

–Yo saldré a la torre y ustedes ¿por qué están vestidos para salir?

–Vamos contigo.

–¿Hay manera de convencerlos de que no vayan?

–No.

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Jiraiya cargó a la niña y se giró para ver a los otros.

–Voy por la puerta principal, ustedes síganme discretamente, Tsunade bajara las defensas por la entrada norte.

–Estaremos ahí, espéranos cinco minutos antes de entrar.

Pidió Orochimaru. Jiraiya caminó separándose del grupo. Orochimaru ordenó:

–Creo que tendrán que venir todos, para que la vieja no se ponga a despotricar por no decirle cuantos de nosotros venimos.

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Shisui se alejó para evitar algunos rayos de Killer Bee. Kisame se acercó y desenfundó a Samehada.

–Me acercare por el agua.

–Bien, crea una distracción porque creo que este tipo no le afecta el Sharingan.

–No jodas Uchiha.

–No contigo, pero hablo en serio.

–Bien déjamelo a mí lo hare cachitos.

–No exageres, que si te pasas no llevaremos nada al líder. Mira hagamos un trato, yo lo distraigo y tú lo atacas por debajo del agua.

–Hecho.

Los dos Akatsuki se dispusieron a combatir. Shisui utilizó el jutsu del cuerpo parpadeante y esquivó todos los golpes de Killer, que a pesar de que contaba con la ayuda del Hachibi no pudo seguir los movimientos del Uchiha. Samehada probó el chakra del pulpo a lo que pareció aficionarse. El Mangekiō Sharingan fue utilizado cuando la herida de Killer fue una distracción para el Bijū que estaba usando sus poderes para curar a su jinchūriki.

Shisui se detuvo un instante en el intento de dominar la mente de ambos combatientes para considerar las consecuencias de atrapar al jinchūriki de Kirigakure, hermano del propio Raikage estando a un paso de regresar a Konoha. Debía manejar a Kisame para que no notara si el Hachibi escapaba, no por nada fue elogiado por su gran manejo del Mangekiō Sharingan, pues su compañero no notaría que lo tenía bajo su control.

La misión fue un éxito y ellos iniciaron el regreso a la base llevando a Killer Bee… o una parte de él.

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Jiraiya agradeció que no había gente en la aldea a esas horas, de todos modos ya había colocado una manta cubriendo a Kokoa.

–Ya llegamos cariño.

–Debo ser amable con la señora ¿verdad?

–Sí, entendiste bien.

–Lo hare bien, te lo prometo padre.

Jiraiya cubrió la cabeza blanca de su hija y subió los escalones de la torre.

–Tardaron.

Itachi salió de las sombras y a él se le unió Naruto y Sai.

–Tarde en regresar de Amegakure.

–¡¿Cómo lo hiciste en tan poco tiempo ero-sennin?!

El sannin cubrió los oídos de la niña y regañó a Naruto:

–¡Deja de llamarme así mocoso!

–Deja de comportarte así ttebayo. ¿A quién traes ahí?

–Te lo diré después.

–¡¿Por qué?!

Itachi jaló al rubio y lo colocó a su lado:

–Naruto o te tranquilizas o regresas a casa.

–…

El grupo subió y en el descanso que daba a la puerta de las oficinas, el mayor se detuvo y mencionó:

–Esperemos, ellos vendrán.

–¿Ellos? –preguntó curioso Sai.

Jiraiya asintió.

–Si, Orochimaru y sus alumnos.

Varias sombras cayeron y las capas que los cubrían no dejaban ver su identidad. Naruto tuvo que refrenarse para no buscar a Sasuke entre los recién llegados…, pero cuando sintió algo en su mano y bajó la mirada, vio la mano de una de los visitantes rozarle, supo que el Uchiha menor estaba ahí y caminó feliz con todo el grupo.

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Tsunade miraba por el ventanal y no se giró cuando el grupo entró, puesto que sus figuras se reflejaban en el vidrio. Jiraiya se adelantó.

–Tsunade regresé, y no vengo solo.

–Eso es lo que decía el mensaje ridículo que mandaste.

–¡¿Por qué ridículo?!

–Porque una mentira como esa no es ni de lejos creída ¿Tú una familia?

–Aunque no lo creas. –Jiraiya descubrió a Kokoa y esta lo vio– Ella es mi amiga de quien te hable.

Tsunade por fin se giró y vio a la pequeña. El cabello blanco, las marcas en los ojos, podían pasar como características de Jiraiya, pero eso ojos un poco rasgados y sus finas facciones.

–Una hija ¿y que mujer tuvo la desgracia de creer en tus halagos?

Se escuchó un bufido por parte de uno de los encapuchados.

–De hecho no creyó en mí, pero…

La rubia miró con los ojos entrecerrados a su amigo.

–¡¿Qué hiciste Jiraiya?!

–Ya te lo diré, entonces ¿me crees que es mía?

–Pues… –La rubia cerró la distancia que la separaba de la niña y esta sonrió.

–Kokoa deja fluir tu chakra.

Se escuchó una voz casi sedante. La infanta asintió y lo hizo, no era mucho ni nada que hubiese usado muchas veces, pero Tsunade pudo comprobarlo.

–Tiene parte de ti, pero también de…

–No puedes saber si un examen exhaustivo, que te permitiré realizar si le das refugio a ella y su gestante.

La misma voz se escuchó:

–¡¿Por qué?!

–Si queremos que ella nos ayude debemos permitírselo. –explicó Jiraiya.

La Hokage caminó hasta quien se oponía y lo enfrentó:

–¡¿Quién eres?!

–El gestante de Kokoa –afirmó el sannin de los sapos.

–¡¿El?!

–Si…

El aludido bajó la capucha y el rostro de Orochimaru apareció.

–Creo que estés con Jiraiya, pues se veía venir –El sannin de las serpientes frunció el ceño– Pero que seas gestante de la niña…

–¡Él es mi papá! –exclamó Kokoa.

–Si cariño –le dio el lado la rubia.

–¡Lo es!

Tsunade se alejó del grupo de nuevo y dando vuelta al escritorio se sentó en su silla.

–Uchiha ¿Qué sabes de esto?

–¿Yo? Creo que ese asunto es entre los sannin.

–Ciertamente, pero resulta que uno de esos sannin es con quien tu hermanos se fue a… entrenar o por quien traicionó a la aldea.

–¡Sasuke no traicionó a la aldea! –gritó Naruto.

Tsunade suspiró fastidiada.

–¡¿Quién trajo a ese mocoso despistado?!

–Nadie me trajo, vine solo.

Itachi se colocó en medio de los rubios y comentó:

–Ni Sai ni Naruto se iban a quedar fuera de esto y lo sabe.

–Como sea. Orochimaru ¿qué quieres realmente? no creo mucho en tu arrepentimiento y que desees regresar a Konoha como si nunca hubieses hecho nada en contra de la villa.

–No estoy arrepentido –Algunos rodaron los ojos por el desparpajo del sannin–, Pero corro peligro y mi hija también.

–Esta alianza es porque te conviene.

–¿Y por qué si no?

Tsunade inclinó la cabeza:

–Ya sabía que mi hermano regresaría y con quien estaba. –intervino Itachi.

–¡Lo sabía! Sin embargo saberlo y verlo son cosas muy diferentes.

–No creíste –afirmó Jiraiya.

–No… y saben que los de consejo y Danzō…

–¿Por qué no puedes ser un Hokage diferente que tome decisiones sola y sin que esos ancianos le pongan el pie en el cuello? –expuso Orochimaru.

–Para ti es fácil decirlo, eres un criminal que ha roto todas las normas.

–Y vivo como he querido.

–Pero regresaste a buscar refugio.

–Mira Tsunade no te creas tanto, que si no nos das asilo no es el fin del mundo, simplemente desapareceremos de la faz de la tierra y nadie, ni ustedes nos encontraran.

–Eso sería lo mej…

–Esa es unas solución drástica, sin embargo me uno a ella –afirmó Itachi– No le debo nada a esta aldea. ¿Voluntad de fuego? Significa que para que unos vivan, otros morirán. Mi clan ya pagó bastante tributo ¿no cree?

–Uchiha eso suena a traición. –sentenció la Hokage.

–Si todo lo que no sea por el beneficio de la mayoría, suena a traición –afirmó Orochimaru.

Naruto se acercó al escritorio y encaró a la de coletas:

–Yo me iré con ellos, pero si me respondes una pregunta no lo hare.

–¡Óyeme tu mocoso!

–¿Por qué no viniste a curar a Sasuke?

El silencio recorrió el lugar y la mujer que siempre trató con férrea mano a sus shinobis boqueó no sabiendo que responder a eso.

–Lo ves.

–Yo también me voy –aseguró Sai, aunque él ya estaba pensando en pedir asilo en Suna para todos ellos.

Un gimoteó se escuchó y Kokoa pidió a Jiraiya que la bajara.

Cuando estuvo abajo corrió hasta donde Juugo cargaba a Yûki que estaba por llorar.

–¡¿Otro?! –preguntó Tsunade.

De pronto Sasuke también dejó ver al niño que llevaba cargando. Yūkimaru sonrió y saludó cortés.

–Buenas noches Hokage-sama.

–¡¿Pues se ve que no perdieron el tiempo?! –Dijo la de ojos color miel– ¿Qué puedo hacer? Traen niños y no dejaría desamparados a unos inocentes y no conforme varios de mis mejores shinobis amenazan con abandonarme, porque también tú te irías ¿verdad Jiraiya?

El sannin se rascó el cabello blanco y se encogió de hombros.

–Como ves, ellos son muy importantes para mí.

Tsunade se levantó y se cruzó de brazos.

–Por lo menos déjenme ver sus rostros.

Uno a uno los encapuchados se fueron descubriendo. Naruto sonrió y se colocó a un lado de Sasuke. Orochimaru le entregó una lista a la sannin.

–Ahí tienes sus nombres y grados.

–Sé lo que significa, me entregas su vulnerabilidad.

–Cuídala. –Sentenció el sannin de las serpientes.

Tsunade leyó los nombres y grados y sonrió:

–Tengo dos… casi tres ninjas médicos.

Karin y Kabuto asintieron, y Yūkimaru se sonrojó.

–Aun no tengo un lugar preparado para ustedes, pero…

–El barrio Uchiha ha sido acondicionado para que ellos puede quedarse ahí –afirmó Itachi.

–Ya lo tenías planeado Uchiha. –Itachi ni respondió. La rubia quitó la vista de Itachi y notó al otro pelinegro– Sasuke Uchiha…

–¡Si él es Sasuke, ttebayo! –testificó feliz Naruto.

–Hasta que regresó tu obsesión no Naruto.

El rubio se avergonzó, pero movió la cabeza asintiendo. Sasuke solo rodó los ojos «ciertamente ese dobe le había dicho a medio mundo lo que sentía por él».

–Hablare con el conejo, pero por le momento no salgan mucho de día o fuera del barrio Uchiha.

El grupo se retiró. Itachi consideró que esa situación no duraría, pues una amenaza más grande que unos simples viejos enojados, asolaría Konoha.

La rubia lo vio salir y se recargó en la silla, no podía negar que la anexión del grupo de Orochimaru los hacia más fuertes, más también eran una amenaza a la tranquilidad de la aldea, además de lo extremadamente difícil que sería explicar si esa niña había sido procreada realmente por sus ex compañeros.

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El grupo bajó por los escalones de la torre y caminaron por las calles silenciosas de Konoha, con dirección al barrio Uchiha. Naruto se rezagó y esperó que Sasuke lo imitara, este dejó que Yūkimaru fuera cuestionado por Sai, y vigilado por Itachi y buscó al rubio, al no encontrarlo volteó y lo vio avanzando más lento que todos. Esperó por él.

–¿Qué pasa dobe?

–Bueno yo… quería platicar contigo.

–Si.

–Cuando nos vimos allá, te dije que te extrañaba y que tenía la respuesta.

–Oh si… y que…

–No mentí. Me gustas mucho.

–Itachi era tu amor, según tú.

–Era un niño que podía saber de la diferencia entre admiración y amor.

–¿Y ahora lo sabes?

–Creo…

–¿Crees?

–No sé, si lo que siento es gusto o amor… cuando supe lo de Tora…

–Eso… te explicare…

–Déjame terminar. Cuando lo supe, fue como si todo se nublara y solo deseara arrancarle la cabeza a ese tipo. Sai me dijo que y caminabas no sabe la felicidad que sentí, me dije Naruto no importa si él se fue o ya no regresara contigo, lo importante es que cumplió su sueño.

–¿No te importaba si no regresaba?

–Eso me dije para no ponerme a llorar cada vez que alguien me aseguraba que no volverías.

–¿Lloraste?

–No te burles, pero si muchas veces y luego… pobre Sai estuve enojado con él mucho tiempo.

–¿Por qué?

–Porque lo escogiste a él y no a mí para decirle que te ibas.

–…

–Sasuke… ¿quieres ser mi novio?

Dobe… yo…

–Si no quieres no te voy a presionar y… ¡No es cierto si te voy a presionar, seguirte y molestarte hasta que…!

El rubio ya no siguió, pues el moreno lo tomó del rostro y le plantó un beso.

–Si quiero dobe.

Sasuke reaccionó y abrazó al moreno por la cintura y lo apegó a él besándolo de nuevo, Cuando se separaron Naruto rosó la nariz del Uchiha con la suya.

–Es muy pronto para poder tocarte.

–… Dobe eres un pervertido.

–Entonces si es muy pronto.

–Cállate y te advierto que debes convencerme que no soy un sustituto de Itachi ¡Por qué no lo soy ni lo seré nunca!

Sasuke terminó esa frase y avanzó a grandes pasos hasta alcanzar el grupo. Naruto se encogió de hombros. Por supesuto que Sasuke no era un sustituto de Itachi… «Él era Sasuke, el chico que lo enamoró aun cuando él no se había dado cuenta», pensó el rubio y corrió tras… su novio.

*Clan de la guerra.

Muchísimas gracias por la espera:

Guest -Es cuestión de convencerlo a ver si se decide jejeje-, Gelygirl, Alba marina, Zanzamaru, Zussi, VerdeMentirosa, Moon-9215, Chizuru Uchiha Phantomphive, Linne-'Malfoy, jennitanime y desde ahora fan -pues si es trabajo duro, pero créeme que menos que en Padre jejeje.