¡Perdón por el retraso!

Entre falta de inspiración, que mi novia se fue de vacaciones por tres semanas y hacer un fanfic por encargo para una amiga…. Uffff. Perdonen si el capitulo esta horrendo

Steph: paciencia, paciencia… creo que N. Gin se robó un poco el protagonismo de la historia. Te juro que no sé como sucedió.

Belle star: ¿vas a hacer un fanfic? Genial! ¿Va a ser de Crash o de otro fandom? Me gustaría mucho leerlo.

PD: dentro de poco voy a escribir un oneshot de una serie llamada Metalocalypse. Es muy buena (si les gusta el death metal y el gore les va a encantar)

Capitulo treinta

El ataque a los Bandicoots

En la isla Twinsanity, Crash alimentaba a las gallinas que picoteaban libres la comida dispersa cerca del gallinero. Le encantaba ver como se arremolinaban a su alrededor cada vez que arrojaba el maíz al suelo y se peleaban por conseguir hasta el último grano.

Su vida había cambiado ahora. Era un ser humano y se había hecho novio de su enemigo, Neo Cortex. Las vueltas de la vida eran imprevistas y daban giros extraños hacia lugares que jamás había pensado que existían. Había experimentado cosas nuevas que habían cambiado por completo su manera de ver las cosas y su manera de pensar sobre ellas.

Sintió unos pasos detrás de él y se giró para ver a Crunch, con la caña de pescar en la mano, una caja de herramientas y una gorra cubriéndole la cabeza.

—Voy hacia las cascadas a pescar algo para el almuerzo ¿Ok? —le dijo, acariciándole la cabeza, despeinándolo.

—Está bien, Crunch. Trae muchos peces.

—Lo haré. Y no hagas ninguna travesura mientras no esté.

—Ya soy grande —protesto Crash, pateando a una gallina por accidente. Crunch sonrió

—Lo sé —suspiró el mayor, mientras se alejaba de su vista hacia donde estaba su bote. Crash termino de tirar los últimos granos al suelo y se metió en la casa a buscar una toalla para tenderse en la arena y descansar un poco.

Al salir de la casa, distinguió a una mujer, caminando en dirección hacia su hogar. A simple vista, notó que no era una indígena ni nadie que conociera. Era una mujer de origen asiático, con el cabello negro y las puntas rojas. Llevaba una musculosa roja que le quedaba arriba del ombligo y un pantalón negro semi transparente. No llevaba ningún tipo de calzado. Sus pies descalzos se hundían en las blancar arenas

—¿Crash Bandicoot? —preguntó ella inocentemente con voz suave, inclinando la cabeza hacia un lado.

—Si, soy yo ¿Quién es usted?

—Mi nombre es Hikari —miró al ex marsupial de arriba abajo—. No digo que Neo Cortex tenga mal gusto, pero apenas eres una criatura.

—¿Qué? —Crash no entendía lo que la asiática decía. Tampoco sabía que esa mujer era la misma que había atacado a Neo en la joyería en China, solo que se había hecho leves cambios en su cabello.

—Lástima que tenga que matarte —una bola de fuego salió de entre las manos de la mujer y voló en dirección a él, como si fuera un cometa. Crash la esquivo y termino pegando en la arena. Se puso en posición de pelea—. Supuse que no ibas a dejarme las cosas muy fáciles, Crash.

Comenzó a tirar bolas de fuego, una tras otra, a toda velocidad. Crash se alejo de la casa, con temor a que la incendiara y la redujera a un montón de cenizas. Con una mano, tocó su mascarita colgada en el cuello.

—Aku Aku por favor, ayúdame —pensó, desesperado. Fue cuestión de segundos para que la pequeña mascara de madera creciera y cobrara vida, invocando un escudo protector alrededor del muchacho.

Crash se lanzó hacia Hikari y comenzó a darle una lluvia de golpes. Con la máscara cubriendo su rostro, no podía hacerle daño, a menos que lograra arrancarle a Aku Aku de la cara.

Hikari lanzó un gruñido de impotencia y comenzó a dirigir poderosos ataques de fuego, cada vez con más potencia. La máscara le dijo a Crash que la mujer tal vez podría llegar a romper el escudo protector si seguía golpeándolo con esa fuerza y comenzó a esquivarla, alejándola cada vez mas de la casa.

Una bola de fuego se estrelló contra una palmera cercana al gallinero, haciendo que se incendiara la copa. Las gallinas comenzaron a huir cuando las chispas comenzaron a caer de las hojas y a quemarles las plumas, cocinándolas en vida.

—¡No puedes huir para siempre, Crash! —le gritó, persiguiéndolo, mientras el cuerpo de la mujer se envolvía en llamas. Era una visión de una criatura engendrada por el mismísimo demonio. No sabía cuánto más iba a poder aguantar.

Mientras tengas el escudo protector, puedes agarrar las bolas de fuego —dijo la voz de Aku- Aku dentro de la cabeza de Crash. El chico decidió hacerle caso. Cuando la milésima bola de fuego fue lanzada hacia él, Crash la atrapo como si fuera una pelota. Se sentía extraño, como atrapar una burbuja caliente, pero sin quemarlo. Con toda la rapidez que pudo, se la arrojo a Hikari.

Era evidente que no se esperaba algo como eso. No tuvo tiempo de esquivarla y la golpeo en el estomago. Cayó hacia atrás en la arena y Crash aprovechó para tirarse encima y reducirla. Fue un error. El golpe apenas le había hecho daño, porque no tardó en arrancarle la máscara y arrojarla al agua. Agarro a Crash por la garganta y lo llevo en dirección al mar. Apenas el agua llego a las rodillas de la mujer, hundió el cuerpo del chico en el agua.

Pocas veces había experimentado un terror semejante en su vida. Intentaba sacar la cabeza, pero los brazos de la mujer estaban alrededor de su garganta y lo hundía cada vez más al fondo. Pataleaba y sacudía sus brazos como loco, pero en vano. Iba a morir, estaba seguro de ello.

Sin previo aviso, las manos de la mujer lo soltaron. Crash se incorporo, tosiendo agua salada y agradeciendo que estaba en la parte baja de la playa. Cuando pudo levantar la cabeza, después de un minuto, vio a su hermano corriendo hacia él.

—¿Estas bien, Crashie? —le preguntó, palmeándole la espalda. Crash asintió con la cabeza, sin parar de toser—. Dios, eso estuvo cerca.

—¿Qué paso con ella? —pregunto el chico, buscándola freneticamente con la mirada.

—Cuando la vi, intentando ahogarte yo… perdí el control y… —señaló vagamente con el brazo detrás de él, con un aspecto terrible en su cara. Crash miró por encima del hombro de su hermano.

La mujer estaba tendida en la arena, detrás de Crunch, a unos tres metros de distancia. Su cabeza estaba recostada encima de un charco de sangre. No se movía.

—Entonces, ella esta…

—Si, Crash. La mate a golpes —interrumpió Crunch, acercándose al agua y limpiando las manchas de sangre de su brazo bionico—. No quería matarla, pero…

—Cálmate, Crunch, sé que no lo has hecho a propósito —palmeó la espalda de su hermano mayor, haciéndole entender que no estaba enojado. Él se mordió el labio y asintió levemente con la cabeza, como si intentara hacer las paces consigo mismo por lo que había hecho.

—Lo que me pregunto es quien era esa mujer —murmuro Crunch, sacando el brazo del agua. Entre sus dedos estaba la máscara hecha cadenita otra vez. Aku Aku no podía estar transformado mucho tiempo—. Voy a echarle un vistazo.

Los hermanos se acercaron al cadáver de Hikari. La miraron un rato largo, sin animarse a tocarla. Al fin, Crunch se agacho y la reviso con cuidado. Tal vez hubiese alguna pista sobre quien era.

—¿Qué es esto? —preguntó el mayor, levantando el brazo izquierdo de la japonesa. Engarzada en la cara interna de la muñeca, lucía un pequeño cristal violeta que les resultaba muy familiar.

—Parece un cristal de energía —comento Crash, sorprendido, sin poder creerlo.

—Creo que debemos ir a ver al doctor Cortex y preguntarle si sabe algo sobre esto o sobre esta chica.

—Neo no tiene la culpa —salto Crash, a la defensiva. Ese cristal no significaba nada

—Nunca dije que Neo mandó a esta mujer a que te intentara matar. Quiero preguntarle si tiene alguna idea sobre este ataque ¿Ok? Solo lo sugerí porque es al único que conozco que es experto en cristales de energía.

Crash asintió con la cabeza y se dio vuelta hacia la palmera que seguía en llamas. Necesitaría la manguera para poder apagarla. Miró con tristeza las gallinas carbonizadas por el ataque

—Quédate aquí, por si Coco regresa y alguien tiene que explicarle lo sucedido y apaga el fuego, antes de que se propague más. Yo iré al pueblo indígena, para que estén alertas sobre cualquier movimiento extraño e iré a ver al doctor —continuo Crunch, apoyando su mano en el hombro de su hermano.

—Bien, pero no lo golpees, por favor.

—Mientras no me dé motivos para hacerlo… —murmuró el mayor, mientras caminaba hacia el puerto.