¡Mil disculpas! (otra vez)
En Buenos Aires hubo muchos cortes de luz. Estuve casi una semana sin electricidad. Tengo la rodilla destrozada del dolor…
Kagamine: Es cierto, no deben separarse… pero a ver si hacen caso de tus advertencias.
Steph: Tsss, gracias por comprender
Belle star: en la franja azul, arriba de todo, a tu derecha, dice "Sign up". Clickea ahí. Y ahí te va a pedir tu Nick, tu email y tu contraseña. Así podés crear tu cuenta. ¡Espero que te sirva!
Bueno, lean y deseen que se me cure la rodilla. Es un infierno subir las escaleras de caracol…
Capitulo 31
Las lagrimas de Nina
Emily Cortex estaba en su despacho, firmando los cheques para los empleados del Moulin Cortex. Los ingresos eran cada vez mejores. En contra de lo que pudiera pensar uno, el hecho de que estuviera ubicado en medio de un iceberg, lo convertía en un lugar exótico, lo que atraía a muchos magnates millonarios.
Dio un sorbo de té de su taza de porcelana china (regalo de Tropy), se sacó los anteojos y se frotó los ojos con una mano, bastante cansada. Mantener todo el club en orden no era fácil, pero llevaba casi treinta años de su vida haciéndolo y su negocio iba sobre ruedas.
Un súbito golpeteo en la puerta interrumpió sus pensamientos.
—Adelante —apremio, volviendo a ponerse sus anteojos.
Una de las empleadas asomo la cabeza por la hoja de la puerta.
—Disculpe. Señora Cortex, pero una mujer la busca. Dice que es urgente.
—¿Su nombre?
—No quiso decírmelo.
Emily se mordió el labio un instante, pensativa.
—Que pase —dijo, volviendo a dirigir su mirada a los cheques.
Unos pocos segundos después, escucho la puerta abrirse de vuelta. Emily levanto la vista y se encontró a una mujer joven parada muy seria delante de su escritorio de caoba. Morena, de cabello largo y enrulado sujeto por una coleta y de unos preciosos ojos verdes. Llevaba una blusa blanca y una falda negra hasta las rodillas.
—¿En qué puedo ayudarla, señorita…?
—Solo llámeme Sabrina —dijo la mujer con acento estadounidense, más precisamente de Nueva York. Se la notaba ligeramente nerviosa y sus ojos se paseaban por todo el despacho.
—¿Y que se le ofrece? —preguntó Emily, irritada. La mujer respiro profundamente antes de hablar.
—Seré breve: He recibido órdenes de asesinarla, señora Cortex.
Emily palideció y su cuerpo se volvió rígido. Sabrina siguió hablando.
—Pero no lo voy a hacer —continuo
Emily se levanto muy despacio de su silla.
—Pero ¿Por qué?
—Una mujer llamada Marishka Sokolova quiere vengarse de su hijo por haber asesinado a su familia hace dieciséis años.
La dueña del Moulin se llevo una mano al corazón. Sabrina se acerco y la tomo por los hombros.
—Si no cumplo con mi misión, me mataran. Así que lo ofrezco una solución: debo destruir este negocio, señora Cortex, para que Sokolova crea que ha muerto.
—¡No! —gritó la mujer— ¡De este negocio vivo yo y también mis chicas! ¡No puedo!
—Tiene que elegir, señora: su negocio o su vida. Realmente lo siento mucho —Sabrina giro sobre sus talones. Antes de desaparecer, agregó—. Le doy quince minutos para dejar este lugar, de lo contrario, me temo que morirá aquí, usted y cualquiera que se me cruce en el camino. Avisada queda usted —y cerró la puerta suavemente a sus espaldas.
Emily se quedo de piedra, con una mano en el pecho. No podía perder algo que le había costado tanto tiempo y dinero construir. Temblando, pero intentando ser imponente, salió de su despacho y torció la cabeza hacia su secretaria.
—Quiero que en este mismo instante, desalojen a todo el establecimiento. Que salgan de la isla ¡Sin discutir! —bramó, apurando a la muchacha para que se levantara e hiciera caso.
—Neo, hijo, cuídate —pensó, antes de volver a su despacho a buscar unas pocas pertenencias.
Nina corría. No iba por ningún camino trazado por los indígenas, sino que atravesaba la selva. A veces sentía que alguien la seguía, pero no le importaba. Lo único que quería era correr. Correr y alejarse de quien hacia unas horas atrás era su querido tío Neo, alejarse de Iceberg Lab, alejarse del N- Team…
Tropezó con la gruesa raíz de un árbol y de desplomó cuan larga era. Giró sobre sí misma y se sentó, con los ojos llenos de lágrimas. No voy a volver, pensó. Nunca. Esta historia se acabo. No regresare jamás.
—Nina —dijo una voz. Una voz que conocía muy bien y la chica sintió un profundo acceso de cólera por la injusticia cometida, por las mentiras que parecían estar en cada vuelta de la esquina. La ira estaba acumulada dentro de ella, a punto de explotar. Levanto la cabeza para ver el rostro del viajero del tiempo y se levanto, poniéndose en posición de ataque.
—No lo hagas —la voz de Tropy sonaba serena a pesar de la silenciosa amenaza.
—Aléjate de mi, antes de que te mate —el cuerpo de Nina temblaba ligeramente.
—Sé que puedes hacerlo —respondió, con la misma voz calmada—. Pero necesito hablar contigo.
Una bandada de pájaros cruzó el cielo entre graznidos, pasando cerca de las copas de los arboles. Nina no cambió su postura.
—¿Qué quieren de mi? —preguntó, en un susurro—. ¿Por qué no me dejan en paz?
—Porque no puedes irte sin que sepas toda la historia —respondió Tropy—. Tu tío…tu padre no quería decírtelo. Te ama demasiado y lo sabes. Si dejo que te vayas, no me lo voy a perdonar jamás.
—¡Mató a mi madre! —gritó Nina.
—Es cierto —respondió Tropy, en modo reflexivo—. Tu madre se suicido por su culpa. Pero el cambio. Esta arrepentido y quiso arreglar las cosas contigo.
—¡Cállate! —chilló Nina, con tono estridente—. Me mintieron, él y todos ustedes…
Se interrumpió al ver que el viajero del tiempo se sentaba frente a ella, con las piernas cruzadas. Su rostro euroasiático permanecía serio.
—Te mentí, lo lamento. Lo hice para que todos fuéramos felices.
—Mentiroso —susurró Nina. Pero, en el fondo, deseaba que las palabras de Tropy fueran reales. Los ojos le ardían por las lágrimas que brotaban sin ningún control.
—No podía dejarte sola después del suicidio de Charlotte. Neo se sentía terriblemente culpable, tanto que quiso matarse el también ¿Qué querías que hiciéramos? ¿Dejarte en un orfanato? Nos conoces bien. Te hemos criado todos nosotros. Hemos estados juntos toda tu vida…
—¡Cállate! —volvió a decir Nina, con el corazón desgarrado por el dolor.
—No me voy a callar. Lo que le pasó a Charlotte fue horrible, pero ella jamás te quiso ¿Por qué Neo se quedo contigo? Porque te amaba. No pasa día en que Neo no se arrepiente de lo que le hizo a tu madre.
Nina miraba a Tropy como si estuviera hipnotizada por sus palabras.
—Pasaron muchos años, Nina —prosiguió—. Y ya no se puede arreglar lo que hizo. Todo el N- Team, todos nosotros hicimos cosas de las que luego nos arrepentimos. Neo era joven y estaba ciego de amor por tu madre.
Nina se mordió el labio. Quería creerle, perdonarlos, fingir que nada había pasado.
—Quiero ver a Crunch —musito Nina.
—Te llevaré —Tropy se levanto y le tendió la mano. Nina dudo al principio, pero lo hizo. Tomo la mano del viajero.
—Yo voy a usar mi cinturón —dijo, con voz fría. Tropy no dijo nada y dejó que Nina lo teletransportara a la casa de los Bandicoots.
Apenas se materializaron frente a la pequeña casa, vieron a Crash, sentado en la arena, al lado de una mujer tendida en un charco de sangre
—¡Crash! —gritó, corriendo hacia él. Se arrodilló delante del chico y lo tomo por los hombros—. ¿Qué pasó?
—Esa mujer quiso matarme, pero Crunch la mató —respondió el menor, lentamente—. Ahora Crunch fue a buscar a Neo.
Tropy se apretó el puente de la nariz.
—Bien —solo pudo decir. No confiaba en Crash para dejar a Nina., así que tomo una decisión drástica. Sujeto por los hombros a la niña y se teletrasportaron a Iceberg Lab, antes de que ella pudiera procesar la información.
Al igual que cuando fueron a la casa de los Bandicoot, Tropy noto algo anormal. La puerta del laboratorio estaba hecha trizas. Agarrando a Nina de brazo, se escabulleron hacia allí y Se asomaron por el marco.
Neo estaba sentado en el suelo, con la cabeza gacha. Marishka estaba de pie enfrente de él, sujetando una enorme, afilada y bella espada, que parecía ser hecha de hielo, con una sola mano. La punta estaba en dirección al pecho del científico.
—Que Dios te perdone, porque yo no lo voy a hacer —pronuncio la mujer, tomando impulso para ensartarlo con fuerza.
En ese momento, Tropy no supo lo que sucedió. Lo único que pudo advertir fue que su mano dejo de sujetar la de Nina. Fue tan rápido, que apenas pudo creer que su querida sobrina estaba frente a Neo, con la espada de hielo atravesándole el pecho.
