¡Hola! Lamento no haberles saludado por Navidad y Año Nuevo.
Tarde mucho en escribir esta escena, fue complicada y perdón si es corto el capitulo.
Steph: Es Nina la que fue apuñalada, no Neo.
Belle star1: ¡Wiii, que bien que te inscribiste por estos lares! Aunque al parecer alguien más llevaba tu nombre de usuario, ¿no? Leí tu fanfic, ¡seguí así!
Yuna: ¡Me encanta tu foto de Taiga! No te preocupes, no todos tienen el tiempo para leer y eso.
Tiburi: ¡regresaste! ¡Wiii! Claro que me importa. Espero que la pachanga haya valido la pena. Espero poder actualizar pronto.
Y lo siento por lo del capítulo corto, de nuevo.
Capitulo 32
La desesperación en el mini submarino
Ya habían pasado más de media hora desde que N. Gin y Coco se habían subido a bordo del mini submarino. Y las cosas no estaban saliendo muy bien. Solo habían visto a esa mujer dos veces. Pudieron vislumbrar su cabello negro y rizado, su top azul y su falda del mismo color. Nadaba con la gracia de un pez y con una velocidad anormal
Antes de bajar, se habían puesto trajes especiales para andar por debajo del agua, por si la nave sufría algún desperfecto y tenían que salir. N. Gin manejaba la nave, con los ojos entrecerrados. Coco estaba sentada a su lado, mirando el tablero de control. Todos los botones estaban etiquetados. La rubia supuso que Collins lo había hecho para que el almirante no se olvidara para qué servía cada uno de ellos.
—Recuerda, Coco: solo hay que usar las armas de menor calibre. La artillería pesada es solo para emergencias —le advirtió, tomándole la mano. Coco apretó la mano del almirante, un poco nerviosa.
—Yo me encargo de las armas, y tu intenta localizarla por las cámaras —dijo la rubia, con una mano apoyada suavemente en el tablero. N. Gin giró la cabeza con brusquedad, con gesto torcido.
—El mini submarino fue construido bajo mis especificaciones, Coco. Si alguien sabe manejarlo a la perfección soy yo —le dijo, con el ceño fruncido.
—Nicholas, he parado tus planes más veces de las que puedo contar. Puedo hacer esto —Coco le soltó la mano, imitando el gesto de N Gin.
—¿Acaso me estás llamando un fracasado, Coco.?
—Los números no mienten, Nicholas. Te hemos vencido muchas veces
—¡Maldita sea, Coco! ¡No es buen momento para recordarme esas cosas! ¡Cállate y ayúdame con esto!
Una embestida sacudió con fuerza el mini submarino, silenciando por completo la discusión. Al recobrarse, pudieron verla al frente de ellos, a unos seis metros de distancia, flotando suavemente en el agua, casi como si se burlara de ellos. Hasta podían imaginarse la torcida sonrisa burlona de la mujer
—Ahora veras quien es el fracasado —N. Gin puso sus manos sobre el tablero y una lluvia de balas salieron por los cañones del mini submarino. Pero, para cuando lo hizo, ella había vuelto a desaparecer en la inmensidad del océano. Los únicos cadáveres que encontraron fueron de los desprevenidos peces.
—¡Me lleva el diablo esa mujer! —N. Gin le pegó un golpe al reposabrazos de su silla, con rabia—. Y no digas ni una palabra —agregó, señalando a Coco con rabia.
—No iba a decir nada, Nicholas —dijo Coco, cruzándose de brazos y encogiéndose de hombros—. Excepto que fallaste —murmuró por lo bajo.
El almirante iba a responderle, pero una voz proveniente de la radio lo calló.
—Dejen de pelearse de una buena vez —dijo Collins, con una pisca de rabia —Van a frustrar todo el operativo y vamos a terminar todos bajo el agua
—¿Desde hace cuanto que nos escuchas, Collins? —preguntó Coco, más indignada que sorprendida.
—Desde que se sumergieron ¿O creían que se iban a ir de aquí sin ser supervisados por alguien desde el barco? ¿Están bien?
—Sí, pero aun no la hemos capturado. Esa mujer muy veloz.
—¡Ahí esta! —gritó Coco y comenzó a disparar hacia la mujer, ignorando que ese trabajo le correspondía al almirante. Ella esquivo con gracia toda la lluvia de balas. Se volvió a escabullir, para luego deslizarse por debajo de la nave y arrancarle uno de los cañones de la metralleta de cuajo. Coco lanzo un grito de exclamación. No solo era rápida, sino que tenía bastante fuerza.
—Está jugando con nosotros, esa maldita —murmuró N. Gin, con tono neutro—. No lo voy a tolerar. Me las va a pagar.
Su mente comenzó a trabajar a toda velocidad. Si no pensaba en algo pronto, estarían en graves problemas… ¿Cómo eliminar a algo tan pequeño? Era tan ágil como un jodido pez… un pez… Pero hasta los peces mas agiles pueden terminar en una sartén, si se los atrapa primero… eso es. Debía buscar la manera de inmovilizarla, para luego liquidarla de una buena vez.
Buscó con la mirada frenéticamente algo que sirviera para eso... para… para… ¿Qué era en lo que estaba pensando? Otra vez no, por favor, pensó N. Gin. Estaba seguro que estaba pensando en algo importante. Se mordió el labio ligeramente y un sudor frio comenzó a chorrearle por la espalda. No podía olvidarse. No en un momento tan crucial como eso. Sus vidas dependían de eso.
—No…no, no, no… —comenzó a murmurar por lo bajo, desesperado, tomándose la cabeza con una mano. Coco lo miró de reojo.
—¿Qué sucede, Nicholas? ¿Qué tienes?
—Tenía un plan, un buen plan, estoy seguro de eso… y se fue de mi mente… ¡MALDITA SEA! —se golpeó en la cabeza repetidamente con una mano. Coco lo tomó del brazo antes de que se hiciera daño.
—Almirante, cálmese por favor, eso no es bueno para su salud —le dijo Collins a través de la radio.
—No te preocupes, amor —Coco lo besó ligeramente en los labios y tomándole la mano—. Vamos a atraparla, sea como sea.
—Atrapar… atrapar… ¡La red! ¡Coco, suelta la red, rápido!
—¿Qué dices, Nicholas?
—¡La jodida red! No…Espera, mejor tú sigue disparando y yo me encargo de la red. Esta vez no fallaremos.
Coco no protesto. Collins tampoco dijo nada, tan solo se escuchaba débilmente su respiración a través del radio, mezclado con la estática.
—Coco, dime la posición en la que está mi barco y la de este submarino —dijo el almirante, con impaciencia.
Coco miro la pantalla y se lo dijo. N. Gin se apretó la sien con una mano, pensativo. Esperaba que el plan funcionara, porque si fallaban…
—Bien… Collins, quédese atento a lo que yo le diga. No me falle, por favor.
—Sí, almirante. No fallaré
Diez minutos después, ella apareció frente a ellos, a quince metros de distancia. Y ya no parecía dispuesta a jugar con ellos. N. Gin tampoco.
—¡Collins, dispara todo la artillería desde el barco hacia diez o quince metros del submarino! ¡Coco, dispárale, ahora!
Las balas parecían volar en todas las direcciones. La mujer se escabullo hacia abajo, esquivando las mortíferas balas. Justo lo que el almirante quería. Su dedo presionó el botón que liberaba la red, justo en la dirección donde calculo que iría la chica.
La red se abrió bajo el agua y atrapó a la mujer entre las cuerdas. N. Gin no podía asegurarse de que ella iba a quedarse allí mucho tiempo antes de que pudiera escapar y volver a atacar, así que tomo una decisión rápida.
—Mátala, Coco. Antes de que escape y acabe con nosotros.
—¿Qué dices, Nicholas? —Coco lo miró, parpadeando.
—Ya oíste. Liquídala y volvamos al barco antes de que sea tarde.
—No puedo hacerlo, Nicholas. No puedo matarla.
N. Gin lanzo un gran suspiro de impaciencia. Debía haberse imaginado que Coco jamás se atrevería a matarla realmente. Lo de la metralleta había sido solo el calor del momento. Ahora se había acobardado.
Dios, Coco iba a odiarlo por lo que iba a hacer. Pero era necesario.
Se abalanzo rápidamente sobre el tablero para dispararle. Coco lo sujetó por la cintura, tirándolo hacia atrás con toda la fuerza que tenía.
—¡No te voy a dejar que lo hagas, Nicholas! —le dijo Coco, forcejeando para alejarlo del tablero.
—¡Si se suelta, quizás no pueda… atraparla una segunda vez! —gruñó N. Gin, intentando empujarla. Sus dedos rozaban los botones que necesitaba para aniquilarla.
—¡Coco! ¡Deja al almirante que haga su trabajo! —gritó Collins. Ella no lo escucho y siguió forcejeando.
—¡No te dejare, Nicholas! ¡No hay por qué matarla! ¡Dios, no lo hagas!
—¡Nos va a matar si no lo hacemos! —chilló N. Gin, desesperado.
El cañón de la metralleta se disparó solo. Unas cuantas decenas de balas atravesaron el agua e impactaron en el desesperado cuerpo de la mujer. La sangre que salió de ella formo una nube roja a su alrededor. Los dos se quedaron paralizados, observando cómo el cuerpo se hundía. Un tiburón que pasaba por allí salió en su búsqueda, para capturar lo que sería su almuerzo.
—Collins —murmuro N. Gin—. El puede manejar el mini submarino desde el barco. Lo había olvidado.
—Listo, muchachos. Todo ha terminado aquí —la calma voz del segundo al mando invadió el interior de la nave—. Regresen al barco. Tenemos que ir a encontrarnos con el N- Team
