Hola!
Dentro de tres días es mi cumpleaños, ¡wiiii!
Belle Star: Gracias, pero para mí extrañabas mas a N. Gin, jeje.
Tiburi: Una vez más, mil disculpas por el capitulo tan corto. Supongo que Coco se repondrá, es una chica fuerte.
Bien, lean, lean.
Capitulo 33
La desesperación de Neo
Neo sintió que su alma era arrancada de su alma en el mismo momento que la espada de Marishka penetraba en el cuerpo de su hija, atravesándola. La científica rusa parpadeo ligeramente sorprendida. Luego, con una mueca, retiró la espada de un tirón, salpicando su ropa de sangre.
—Nina, el no valía la pena —murmuró tristemente, mientras la chica caía al suelo, boca abajo. Su mirada celeste se dirigió a Neo, quien solo podía mirar a su hija—. Su hija está muerta. Y en estos momentos su madre, su novio y sus amigos también. Hice lo mismo que usted me hizo a mí hace quince años: asesinar a mi familia y todo lo que conocía —se dio media vuelta y salió por una puerta lateral que daba al exterior.
Tropy salió corriendo hacia Nina y la levantó en brazos. Neo siguió el cuerpo con la vista, en estado de shock.
—Neo, ella aun vive —dijo Tropy, con la voz más profesional que logró forzar su garganta y tomándole el pulso a Nina—. Hay que llevarla a un hospital antes de que sea tarde.
Neo se levantó tambaleándose del suelo.
—Ella dijo que mi madre… y Crash…
—Eso lo veremos después de que nos aseguremos de que Nina este a salvo.
—¿Tropy? —el aludido giró la cabeza para ver a Nitrus Brio, que se levantaba, cerca del ascensor. Se había olvidado por completo de él. Tenía la cabeza ensangrentada, pero no parecía tan mal—. Esa mujer…
—Nitrus, no tenemos tiempo. Quiero que te cures la cabeza y vayas al Moulin a fijarte como está Emily —dijo Tropy, algo cortante—. N. Gin debe estar en camino hacia aquí, a menos que lo hayan atacado —Tropy salió del laboratorio hacia el exterior, con Neo siguiéndolo detrás. El espectáculo era devastador.
Las maquinas que mantenían la isla en pie estaban ardiendo en llamas. Los ventiladores gigantes yacían con sus paletas estáticas. Los motores estaban apagados y envueltos en una capsula de fuego. Seria cuestión de unas pocas horas para que Iceberg Lab se deshiciera como un cubito de hielo a pleno sol y perder años de esfuerzo.
Tropy se dirigió a uno de los botes a motor en la orilla. Depositó suavemente a Nina y partieron directo al hospital más cercano de Australia.
Neo le sacó la playera a Nina y le observó la herida. Parecía profunda. Neo se sacó la bata de laboratorio y la presionó contra la abertura. Tropy se sacó la camisa y levanto ligeramente el cuerpo de la chica, para cubrirle también el orificio de salida en su espalda. Neo era medico y sabia que los pulmones de Nina podrían colapsar en cualquier momento. No podían perder más tiempo.
—Iceberg… —murmuró Nina, casi sin voz.
—Shhh, no hables... —le dijo Neo.
—Se está… hundiendo el iceberg —insistió Nina, con la mirada fija en las llamas que estaban comenzando a envolver al laboratorio. Una fuerte explosión de uno de los motores sobresaltó a ambos hombres. Una llamarada de fuego y humo negro se alzaron hacia el cielo azul.
—Alguien se acerca —murmuró Tropy, materializando su diapson en su mano derecha. Neo sacó su arma también. Una figura se acercaba en un bote parecido al de ellos a toda velocidad. Pero no era una amenaza. Era Crunch. Se pasó unos cuantos metros, antes de girar y ponerse a la par de ellos.
—¡Cortex! —gritó el ex marsupial, por encima de los ruidos de ambos motores— ¿Qué está pasando?
—¡Nina está herida! ¡La estoy llevando a un hospital! —le gritó Neo—. ¿Crash está bien?
—¡Una mujer intento matarlo, pero ahora está bien!
—Gracias a Dios —murmuró Neo—. ¡Vuelve a la isla y cuídalo!
—¡Quiero estar con Nina! —gritó el muchacho.
—¡Nosotros cuidaremos bien de ella! —gritó Tropy—. ¡Podrían regresar!
Crunch apretó el puño con fuerza, pero asintió.
—¡Bien, pero luego avísenme en donde están! —dicho esto, se desvió hacia la isla N Sanity.
El lugar donde Marishka había sentado su base era en las entrañas de una de las islas del doctor Cortex, la única que no tenia indígenas. Un año y medio le había costado construirla. Marishka había regresado, satisfecha de su trabajo. Si bien no había matado al doctor Cortex, haber asesinado a su hija delante de sus ojos había sido mucho mejor. Ahora el viviría sufriendo lo que ella había padecido durante tantos años.
Pero el informe que había recibido de sus chicas le había sacado su buen humor. Hikari y Kendra habían sido asesinadas. Sabrina y Makani ya habían vuelto de sus misiones, con resultados más satisfactorios: la madre de Cortex había sido asesinada y la máscara de Uka Uka le había sido robada a Nefarious Tropy. Bueno, no todo había salido mal. Marishka mandó a llamar a Makani a su despacho.
—¿Dónde está la máscara? —le preguntó Marishka, apenas la hawaiana se sentó enfrente del pequeño escritorio de madera de pino.
—Aquí está —la chica tiró del cordón alrededor de su cuello y le mostró la pequeña mascara oscura que pendía de él—. Pero no sabemos cómo despertarlo.
—Tal vez los cristales puedan revivirlo. Necesitamos buscar más, no tenemos muchos —murmuró la rusa.
—Movilizaremos un grupo para que recolecte más cristales entonces —sugirió Makani.
—Si… es lo mejor.
—El doctor Cortex sigue vivo. Y sus secuaces también. Su madre y su hija están muertas y va a buscar venganza.
—Pues aquí lo espero —respondió la rusa, con un brillo extraño en sus ojos. Makani tan solo asintió y se levantó de la silla
—Si no me necesita para nada más…
—Dame la máscara, Makani —la interrumpió Marishka. La morena parpadeó un par de veces y le pasó la máscara, dubitativa.
—Lo siento. Creí que se la había dado —se disculpó y se retiró del despacho de su jefa.
—Coco —le dijo Collins veinte minutos después de que emergieran hacia el barco—. No podía arriesgarme a que se soltara y nos matara a todos.
Estaban reunidos en la cabina. N. Gin estaba tan cansado y estresado que solo pidió que la Morsa le llevara un té a su camarote y se encerró, probablemente para no ver la cara de reproche y odio de Coco.
—Pero… matar a un ser humano… —empezó Coco, pero Collins la interrumpió con un gesto de la mano.
—Era su vida o la de decenas que trabajan aquí, incluida la mía y la del almirante —le respondió Collins, secamente.
—¡Podrían solamente haberla capturado e interrogado! —le reprochó Coco, furiosa—. Ustedes no son más que unos asesinos.
Collins se pellizco el puente de la nariz, hastiado.
—¿Crees que no me plantee esa posibilidad, maldita sea? ¿Crees que no lo hice? ¡Esa desgraciada podía haberlos matado a ambos allí abajo! ¿Si tu estuvieras en mi lugar y tus hermanos dentro del submarino que hubieses hecho? ¿Dialogar? Yo creo que no. Como ya te dije, hay decenas de vidas aquí. Es mi responsabilidad mantenerlas a salvo sea como sea —Coco abrió la boca, pero no dijo nada—. Y anterior a eso, disparaste esa metralleta para matar a esa infeliz. No te hagas la santa.
Coco bajó la vista. Collins alzó la vista hacia adelante y frunció el ceño.
—¿Pero qué demonios…? —dijo, con un tono preocupado y asustado a la vez. Coco también alzó la vista.
El laboratorio de Neo se estaba incendiando. Estaban aún lejos pero la columna de humo era visible, al igual que el fuego que se devoraba todo. Trozos grandes de hielo se estaban separando de la isla y vagaban libres por el mar.
—Tengo que hacer algo —dijo Collins, desesperado. Pero luego escucharon un ruido ensordecedor. El laboratorio se hundía. Como si fuera salido de una película, el edificio se hundió lentamente hasta ser tragado por el océano.
Collins se pasó la mano por la cabeza, desconsolado.
—Espero que no le haya pasado nada a Neo —murmuró Collins
—¿Usted cree que tiene que ver con… la chica que nos ataco?
—Probablemente —Collins se dio vuelta—. ¿Y querías que la dejáramos vivir? En esa isla viven Neo, Nina, la madre de Neo y sus empleadas. No sé si están con vida —tomó la radio de la cintura—. Aarón habla Collins.
Unos segundos después llego la respuesta
—Aquí estoy, Collins.
—Manda una patrulla de rescate hacia Iceberg Lab y que busquen sobrevivientes.
—De acuerdo.
La comunicación se cortó. Collins se dirigió a Coco.
—Debería decírselo al almirante —dijo, apesadumbrado
—Sería lo mejor —asintió Coco.
—Pero aun no sabemos si están vivos. Debería esperar los resultados de la patrulla de rescate.
La radio se encendió
—Collins, Nitrus Brio subió a bordo. No se encuentra muy bien —dijo la voz del mutante llamado Aarón.
—Llévenlo a la enfermería. Voy para allá —apretó un par de botones y el barco se detuvo lentamente.
—Te acompaño —dijo Coco. Collins la miró y luego asintió sin decir una palabra.
Fue un recorrido largo. Recorrieron pasillos por casi cinco minutos, antes de poder entrar en una puerta con su cartelito correspondiente.
Nitrus Brio estaba sentado en una cama, envuelto en una toalla, empapado. Uno de los mutantes- enfermeros le estaba curando la cabeza.
—Nitrus, por favor, dígame lo que pasó
—Una mujer… quiere vengarse de nosotros —explico el científico, algo agitado—. Destruyo toda la isla.
—¿Cómo están ellos? —preguntó Collins, impaciente.
—Neo y Tropy está bien. Nina está herida y no sé nada de la señora Cortex ni de sus empleadas.
Collins se tomó la cabeza con una mano. Todo estaba mal ¿Nina, herida? Pobre criatura.
—Coco, ve a buscar a N. Gin. Tiene que saber lo que pasa aquí —le dijo Collins. Coco se marchó sin discutir a buscarlo.
—Nitrus, lo mejor es que usted se quede aquí hasta que se sienta mejor —le dijo el segundo al mando al científico—. Me quedaré alrededor de lo que queda de Iceberg Lab hasta tener los resultados de la patrulla de rescate.
