Hola!

Hubiese publicado ayer, pero el viernes hubo paro de colectivos y tuve que pasar la noche en mi trabajo.

Belle Star: No va a ser fácil… ¿así que La Morsa tiene nombre? ¿Podes creer que no lo sabía? Bueno, creo que ya es tarde para cambiarlo.

Tiburi: ¿de que queres los caramelos? Belle ya me dijo en privado que queria de dulce de leche. No quería que Tropy vaya a la cárcel, tenía que estar para este capítulo. Nadie se acuerda de Nitrus Brio, es como Canadá (?) Y una pregunta: ¿Fuiste vos la que me contaste de que un amigo/a se traumó con mi fanfic?

Capitulo 36

La expedición del equipo

Coco, Crash, Crunch, Neo, Nitrus y Tropy viajaron en dos embarcaciones distintas hacia la isla Wumpa, armados hasta los dientes. N. Gin quería participar, pero Collins se negó rotundamente a poner en peligro al almirante, así que ambos se quedaron en el acorazado. Crash transportaba entre sus brazos una bazooka, como si fuera un niño pequeño y mirando con un poco de tristeza a Neo porque no estaba con él en el mismo bote.

—¿No hay un puerto por aquí? —le preguntó Crunch a Coco.

—No, que yo sepa esa isla esta desocupada hace siglos —respondió la rubia, titubeando. Crash era el que saltaba de una punta a la otra y casi nunca estaba en la casa. Ella era de estar encerrada en el hogar con su laptop rosada que llevaba sobre sus rodillas.

—¿Por qué Coco lleva su computadora? —preguntó Crash con curiosidad.

—Por si necesito hackear algo.

En el otro bote, Tropy apretaba los hombros de Neo para relajarlo.

—No hagas nada estúpido —le advirtió severamente el viajero del tiempo—. No pienso arrastrar tu cadáver todo el camino de vuelta.

—No te comportes como… —iba a decir "mi madre", pero se contuvo. Emily aun no había aparecido y, si había muerto, se aseguraría de que Marishka sufriera. Era la única razón por la que "no haría nada estúpido" hasta que la rusa muriera y dejara de ser un peligro. Tropy solo murmuro un espero que si

La embarcación de los marsupiales fue la primera en tocar tierra. Crash cargó la bazooka en su hombro y esperó a que los demás llegaran.

—Bien —Nitrus bajó a tierra, provocando un suave tintineo que salía debajo de su bata—. Aquí estamos ¿Ahora por donde empezamos?

—El templo donde encontré a Uka Uka está en esta isla. Es probable que estén cerca de la montaña —razono Neo, revisando su arma concienzudamente.

—De acuerdo —aprobó Tropy—. Entonces vamos hacia allí. Pero con cautela.

Al no conocer la ubicación exacta del templo y al no saber qué clase de trampas habría, no podían teletransportarse, así que no tuvieron otra opción que marchar a pie.

La isla Wumpa era mucho más salvaje que N. Sanity. Sin caminos visibles y una espesa vegetación, la búsqueda sería muy complicada. Crash sabía moverse perfectamente en esa clase de terreno y marchaba al frente, no sin antes pasarle la bazooka a Crunch, quien no dudaría en atacar ante la menor amenaza. Al lado de Crash, Tropy apartaba las ramas con su diapson para abrirse camino. El resto solo se limitaba a permanecer detrás de ellos, atentos por si había alguna trampa.

Tenían como referencia el volcán, el árbol que había plantado Uka Uka y una cascada. Decidieron buscar el rio y bordearlo, para empezar. Después de un buen rato, Neo y Nitrus Brio comenzaron a quejarse del cansancio y el calor. Los Bandicoots seguían caminando alegremente, pero, al ver que los otros dos no podían caminar mas, se detuvieron a descansar media hora a las orillas del rio. Coco estaba tan cansada como ellos, pero no lo iba a admitir, así que intentó fingir que se sentaba de mala gana.

—Ustedes son unas mariquitas —sentencio Crunch, pateando una piedrita en dirección a ellos.

—No están acostumbrados a caminar tanto —Tropy aun no estaba cansado. El viajero solía caminar mucho y hacia algo de ejercicio.

—Bueno, disculpen por tener algo mejor que hacer que perder el tiempo caminando —soltó Neo, mientras se refrescaba la cara y los brazos en el rio. Los demás lo imitaron y luego se quedaron sentados, atentos a cualquier sonido extraño.

—Será mejor que sigamos —dijo Tropy, poniéndose de pie., con la aprobación del resto de sus compañeros.

El rio iba subiendo. Vieron grandes plantas carnívoras acuáticas que podrían arrancarle la cabeza a un hombre. Los monos se columpiaban en los arboles, tomando las wumpas que colgaban en las ramas. Crash tomó una del suelo y le dio un buen mordisco.

—Ya estuve aquí antes —dijo el chico, succionando el jugo de la fruta. Neo se puso a mirar el cielo, ligeramente sonrojado—. Ese templo… estaba en esa parte —señalo con un dedo hacia un sector de la montaña.

—Ahora que lo dices… —Tropy se llevó una mano a la cabeza—. Podríamos llegar a la cascada y rodear la montaña como hasta ahora.

—Perderíamos mucho tiempo y, para ese entonces, Marishka ya habrá resucitado a Uka Uka.

—Si es que sabe cómo hacerlo —dijo Nitrus Brio.

—No sé cuánto podría tardar en averiguarlo.


El mono que estaba trepado a un árbol siguió al grupo con la mirada. Sus ojos robóticos captaron la imagen y fue transmitida hacia el centro de seguridad. En pocos minutos, Marishka Sokolova tenía conocimiento sobre la identidad de sus intrusos.


Tardaron varias horas en llegar a la cascada. Ya había pasado toda la mañana y ya el sol estaba bastante alto.

—Será mejor que nos apuremos antes de que anochezca —dijo Crunch, mirando el cielo—. Los animales nocturnos de por aquí suelen ser bastante peligrosos.

—Como si no lo supiera —masculló Neo, quien se había pasado años capturando animales cuando comenzó a experimentar con ellos.

Crash lo abrazó sorpresivamente por la cintura y lo besó en el cuello, cosa que sonrojo completamente al científico. Hacía tiempo que no tenían sexo y de no estar buscando a Marishka y rescatar la máscara de Uka Uka, estaría haciéndole el amor desenfrenadamente en cualquier lado. El chico era realmente ardiente y bueno en la cama, pero aun inexperto.

—¿Podrían esperar hasta que volvamos? —dijo Tropy secamente, pero con un asomo de sonrisa en sus labios.

—Cállate —le dijo Neo, aun más rojo y apartándose del chico, pero deseando al mismo tiempo estar cerca de él—. No hagan más ridiculeces y sigan caminando —dijo, alejándose de ellos y caminando pegado a la montaña.

—¡CUIDADO! —chilló Coco, mirando hacia arriba. Los demás hicieron lo mismo.

Una enorme roca caía velozmente desde la cima. Crunch corrió hacia el científico y lo empujo hacia adelante, como si fuera un jugador de futbol americano tacleando a su contrincante. Los demás se echaron hacia atrás, aterrorizados, mientras la enorme piedra se estrellaba contra el suelo, levantando una polvareda.

Tropy fue el primero en reaccionar.

—¿Están bien? —preguntó, acercándose a grandes pasos.

—Es- estamos bien —se escucho la voz de Crunch, entre toses—. Casi nos aplasta.

Tropy ayudó a Crunch a levantarse y también a Neo. El científico desvió la mirada.

—Emm… Gracias —dijo, en voz muy baja. Crunch asintió apenas con la cabeza

—De nada —le respondió.

—Esto no fue un accidente —dijo Coco, mirando desde donde había caído la roca.

—Creo que alguien no quiere que estemos aquí —murmuró Nitrus Brio.

—¿Eso es bueno o malo? —preguntó Crash.

—En parte bueno, porque vamos en el camino correcto y en parte malo porque ahora saben que estamos aquí —le respondió Tropy—. Hay que estar con los ojos muy abiertos.

—Deberíamos teletransportarnos —gruñó Crunch, sacudiéndose la ropa de polvo.

—Ni Neo ni yo conocemos bien este terreno y no sabemos en qué clase de trampa podríamos llegar a caer —Tropy activó su armadura dorada.

Nitrus Brio soltó un bufido y comenzó a caminar

—Mejor ya vámonos —dijo.

Siguieron caminando, esta vez con mucha más cautela que antes, ahora que estaban convencidos de que Marishka estaba allí. En tres ocasiones, casi se cayeron en unos pozos disimulados con ramas y pasto y Tropy casi fue ensartado por las espinas de un falso árbol al apoyar su espalda en el tronco. Por suerte para él, tenía la armadura puesta y no sufrió daños.
Pero lo que más temían, eran una legión de soldados de Marishka, dispuestos a cortarlos en pedacitos. Y cuando la noche comenzó a caer sobre ellos, el temor era cada vez más grande. Solo eran seis contra vaya a saber cuántas personas.

Coco sostenía una linterna grande para iluminar el camino. Sabía que estaban cerca del templo, según un antiguo camino de piedra disimulado entre la maleza.

—Mejor apaga esa linterna —le dijo Tropy a la ex marsupial—. Podrían vernos.

—Pero con esta oscuridad no podemos ver nada —se quejo

—No está tan oscuro —se metió Crash

—Es mejor que no nos vean —dijo Tropy, ligeramente irritado. Coco apretó los dientes y apagó la linterna—. Es probable que quieran meternos en una emboscada, así que escuchen: caminen lo más cerca posible de mí. Neo, Crunch, caminen delante de mí. Los demás van detrás. Nitrus, creo que ya sabes lo que tienes que hacer en el momento oportuno.

—Si —respondió Nitrus Brio secamente y haciendo tintinear los frascos muy débilmente.

A pesar de las indicaciones de Tropy, Coco insistía en usar la linterna, aunque sea para iluminar el camino de tanto en tanto. Tropy admitió que tenía razón, a regañadientes, y solo le permitió usarla para ver el camino cada quince minutos, para ahorrar baterías.

Neo estaba muy decidido a acabar con cualquiera que se le cruzara y tenia puesta su arma en modo "matar". Nada de ser condescendiente, como cuando había paralizado a Coco, en lugar de matarla. Esto iba muy en serio.

Caminaron casi durante dos horas más, antes de que lograran vislumbrar, bajo la luz de la luna, el templo de Uka Uka.

—Mantengan los ojos abiertos —les advirtió Neo, con el arma desenfundada. Caminaron más despacio, con la tensión en el ambiente cada vez más espeso. Cuando estaban ya a medio camino del templo, Crunch lanzó un grito de dolor y se detuvo, cayendo de rodillas

—¡Crunch! —gritó Coco, encendiendo la linterna y apuntando a su hermano mayor.

Una trampa para osos había atrapado su pierna derecha y estaba comenzando a sangrar. Crunch logro sacársela el solo y arrojarla a un costado.

—¡TE DIJE QUE LA LINTERNA ERA NECESARIA! —le gritó Coco al viajero del tiempo—. ¡TE LO DIJE!

—¡Cállate, que los vas a atraer hacia…! —susurró Tropy, pero unos ruidos entre la maleza cortaron sus palabras. Desvió la vista justo a tiempo para ver a unas quince personas armadas hasta los dientes.

—Vaya, vaya —dijo uno de ellos, sujetando una ametralladora—. No se molesten en seguir caminando. Su camino termina aquí.