¡Hola, mis bichitos de luz!
Este es el anteúltimo capitulo. Ya se me están saliendo las lágrimas. Cuando termine este fanfic, voy a cambiar mi nombre de usuario. Me llamaré Siletek.
Belle Star: No va a mandar a nadie, porque le criticaste su té, jajajajajajajaja.
Steph: voy a pasar este fanfic al idioma inglés. Así no sufres con el traductor de Google.
Nastra: Apenas termine esta historia, voy a traducirla, con ayuda de mi novia, el traductor y mis pobres conocimientos del idioma.
Crystalchan: Las escenas lemmon pueden no ser del gusto de todos, por eso lo advierto siempre. Pero mi cerebro divaga y mis historias son una mezcolanza de todo. Muchas gracias por tus halagos. No soy la mejor escritora, pero hago lo mejor posible para que sea decente.
Capitulo 37
La perdición de Marishka
Tropy se aseguró de que todos los integrantes de su equipo estuvieran muy cerca del él. Apretó rápidamente un botón de su cinturón y una burbuja protectora entre rosa y anaranjada los envolvió en el momento justo, ya que una ráfaga de balas llovió sobre ellos.
—Esto no va a durar mucho —dijo el viajero—. Neo, ayúdame con esto.
—Todo un placer.
Neo sacó su arma y comenzó a disparar con una puntería y velocidad endemoniada. Cada vez que golpeaba a uno de ellos, simplemente caían como moscas. Solo dos pudieron huir. El resto yacía muerto entre la maleza.
—Pensé que vendrían mas —dijo Crash, sorprendido
—Pero podrían haber más —respondió Coco.
—Y mejor preparados que estos —agregó Nitrus Brio.
Tropy apago el escudo protector, con un suspiro.
—Sigamos adelante, muchachos, estamos muy cerca del templo —dijo.
Crunch estaba malherido a causa de la herida con la trampa de osos y caminaba con dificultad. Crash lo ayudaba como podía, pero era muy pequeño como para serle de mucho apoyo.
—¿No puedes caminar más rápido? —lo retó Nitrus Brio.
—No —gruñó Crunch, clavándole una mirada asesina. Neo se detuvo y miró a Crunch.
—Puedes apoyarte en mi, si quieres —murmuró el científico como sin darle importancia al asunto. Antes de que Crunch pudiera decir algo, Tropy intervino en la conversación.
—Olvídalo. Eres demasiado bajo. Deja que yo lo haga —dijo, adelantándose donde estaba el chico y ayudándolo a caminar más deprisa.
Tardaron un poco más de lo que habían imaginado. Después de más de dos horas de caminata lograron estar cerca de la entrada del tenebroso templo, donde los aguardaba una mujer: Makani
—De aquí no pasan —dijo ella, enfundada en un traje azul enterizo, bastante ajustado. Tropy apretó los dientes.
—Voy a cobrarme la revancha y esta vez la victoria será mía —respondió el viajero del tiempo.
—Ya veremos eso, cuando aplaste al resto de tu equipo.
Un tornado se formó alrededor de ella y se acercaba lentamente en dirección al equipo. Los demás se alejaron para agarrarse de un árbol, pero Crunch estaba herido y no podría huir muy lejos.
—El centro del tornado es hueco —dijo Coco, temblando e intentando ayudar a Crunch—. Es la parte más vulnerable.
—Hasta que al fin sirves para algo más que chillar —le gritó Neo, abrazando un árbol con las piernas y los brazos—. ¿Pero cómo demonios llegamos hasta allá arriba?
—Tal vez yo pueda hacer algo —dijo Nitrus Brio, metiendo la mano dentro de su bata y sacando un pequeño frasco con un líquido marrón. Lo destapó con la uña y se tomó el contenido de un solo trago. Su cara hizo una mueca y comenzó a retorcerse, mientras se sacaba la bata, arrojándosela al viajero del tiempo, y luego se aferraba a una columna de piedra. Unas enormes alas de murciélago nacieron de su espalda, rasgando su ropa. En cuestión de segundos, había pasado de ser un ser humano a un monstruo parecido a una gárgola, quien tomó a Neo con unas garras filosas y lo levantó en el aire.
—Espero que lleguen rápido antes de que el tornado nos haga pedazos —murmuro Crunch, quien hacia lo posible por no salir volando. Las ramas se agitaban violentamente, dando latigazos al aire. El polvo tapaba la vista del templo, solo se podía ver el tornado que los mataría si Nitrus Brio y Neo no detenían a Makani a tiempo.
—No nos libraremos de esta —murmuraba Coco, llorando—. No esta vez.
Luego, todo se calmó de golpe. Tropy dejó de sujetarse al árbol y se acercó a ver lo ocurrido.
Makani estaba tirada en el suelo, con los ojos abiertos en par en par. Parecía no tener un rasguño, aunque el viajero ya sabía lo que había sucedido.
La enorme sombra de un monstruo cubrió el cadáver de Makani. En unos pocos segundos, Nitrus Brio había aterrizado con Neo entre sus brazos.
—Fue complicado —dijo Neo, trastabillando un poco al pisar tierra firme—. Pero le di. La maté.
Tropy sonrió y le palmeo la espalda a Neo. Luego, se dirigió al resto:
—Ya es hora de entrar al templo. Coco, Crunch, ustedes vayan con el cinturón de Neo hacia el barco de N. Gin y busquen refuerzos. Nitrus, mientras tu aspecto dure, ve alrededor del templo y busca salidos, desactiva trampas y cámaras, y elimina cualquier soldado que merodee por ahí. El resto entra conmigo.
A los dos hermanos Bandicoots no les gusto la idea de quedarse fuera de la acción, pero no protestaron y recibieron el cinturón de Neo. Tropy le pasó la bata a Nitrus Brio, quien extendió sus enormes alas de murciélago y desapareció detrás del techo del templo.
Así que solo entrarían Tropy, Crash y Neo.
—Es hora —dijo Neo, comenzando a subir las desgastadas escalinatas de piedra. Los otros dos lo imitaron, caminando casi sin ruido. Crash lamentó no haberle pedido la linterna a su hermana, pero ya era demasiado tarde para protestar por ello.
Se encontraron frente a una pesada puerta de madera tallada con símbolos extraños que probablemente solo los indígenas podrían entender.
—Ten cuidado —le dijo Tropy a Neo
Neo asintió secamente con la cabeza y entre los tres empujaron la puerta
El templo hacia muchos siglos que estaba abandonado. La maleza se había autoproclamado dueña y señora del lugar. Las enredaderas abrazaban las semiderruidas y gastadas paredes de piedra. Crecían plantas en las partes del suelo donde no había piso. Los bancos estaban en su mayoría ajados y con gruesas capas de musgo. En el fondo, había una estatua enorme de un hombre, quien se suponía que era Uka Uka. A sus pies había una especie de altar de sacrificios. E iluminada por la luz de las antorchas, mirándolos fijamente desde allí, estaba Marishka Sokolova.
—Así que lograron llegar hasta mi, después de todo —dijo la rusa, con la pequeña mascara de Uka Uka entre sus manos.
—Sokolova, no tienes ni idea de lo que esto puede llegar a provocar —le dijo Tropy—. Esa mascara es un peligro.
—¿Acaso crees que no sé lo que hago? —rió Marishka—. Una vez que lo despierte, no habrá paz para ninguno de ustedes.
—¡Ni para ti tampoco! ¿Acaso crees que Uka Uka es una marioneta o un genio de la lámpara que se rinde a todos tus caprichos? ¡Te matará o te convertirás en su sirvienta! —Tropy comenzó a acercarse hacia ella.
—No se acerque ni un centímetro más —advirtió Marishka. El viajero se detuvo, por el momento.
—¡Pelea conmigo, maldita sea! —gritó Neo, sacando su arma—. ¡Casi mataste a mi hija!
—¿Así que no la maté? Bueno, aun hay tiempo.
Neo era una persona impulsiva ante la menor provocación. Por ese motivo, el científico disparó hacia ella con su arma letal. Pero la científica lo eludió con facilidad.
—No vas a eliminarme como has hecho con mi familia —dijo la rusa, sacándose el chaquetón marrón que cubría gran parte de su cuerpo. Lo que vio, hizo que Neo casi se cayera de espaldas.
El Cristal Maestro estaba engarzado en su pecho. De color violeta oscuro y un poco más chico que los cristales comunes yacía allí, alojado en el cuerpo de la rusa.
—Lo encontré en las ruinas de mi casa —dijo ella, con una leve sonrisa de superioridad—. Estudie mucho tiempo este cristal, hasta que le encontré un uso útil.
La temperatura empezó a bajar bruscamente. Crash se abrazó a sí mismo, frotándose los brazos.
—Sokolova, si eso es lo que quieres, pelearemos hasta el final —dijo Tropy, aferrando con fuerza su diapson.
Marishka tomo su espada de hielo y lo empuñó con ambas manos, con la punta tocando el piso. Neo, ya recuperado de la sorpresa, volvió a apuntarla con su arma.
—Cuando acabe contigo, te arrancaré el cristal maestro —le dijo Neo, con furia, antes de disparar.
En frente de Marishka apareció un grueso muro de hielo de manera bastante rápida, lo suficiente para servirle de escudo y que los disparos no le hicieran daño.
—¡Maldita! —gritó y comenzó a dispararle una y otra vez. Tropy apunto hacia allí con su diapson y unas bolas de fuego se estrellaron contra ella, intentando derretirla.
—¡Neo, para, por favor o vas a agotar la batería! —le gritó el viajero del tiempo, pero Neo parecía enloquecido y no lo escuchaba. Para cuando el muro dio muestras de derrumbarse, ya al científico se le habían agotado la carga de la pistola.
—¡Mierda! —aulló Neo, pero en su mirada se notaba el pánico. El conocido pánico a estar desarmado.
La pared de hielo se derrumbo y Marishka apareció tras ella.
—Controle ese mal genio, doctor, que puede ser perjudicial para su salud —rio ella. Tropy comenzó a dispararle rayos eléctricos con su diapson. Eso la distrajo, por lo que Crash aprovechó para tomar a Neo del brazo y arrastrarlo hasta detrás de una columna.
—Neo, no quiero que te hagan daño —le susurró el chico.
—No voy a esconderme más.
—Espera a que tu arma se cargue al menos. No quiero que mueras.
Neo lanzó un suspiro.
—De acuerdo —luego, con la voz temblorosa—. Ten cuidado, Crash.
El chico lo besó ligeramente en la boca.
—Voy a volver. Siempre vuelvo —le dijo antes de separarse de él.
Entre Tropy y Marishka, las cosas no iban bien. Al parecer, la piedra le confería poderes extraordinarios, además de generar hielo. Era endemoniadamente ágil y ni siquiera Neo, con su excelente puntería, podría atinarle con un disparo.
Marishka pareció aburrirse de pelear a distancia y comenzó a pelear cuerpo a cuerpo. Al ser el diapson más grande que el viajero del tiempo, le era imposible dispararle con ella. No le quedaba otra opción que usarlo como espada.
Crash miraba la pelea, sin saber qué hacer. Meterse en medio podía ser muy peligroso para él. Así que buscó por el suelo una roca. Al encontrarla, la arrojo con todas sus fuerzas hacia Marishka, golpeándola en el hombro izquierdo. Ella miró por un momento hacia donde había venido el golpe. Fue suficiente para Tropy. La golpeo con fuerza en la cabeza con su diapson, haciéndola caer. Cuando ya estaba tendida en el suelo, el viajero del tiempo le aprisionó la garganta entre las horquetas de su diapson.
—No voy a permitirte que liberes a Uka Uka —le dijo Tropy.
—Que hayan sido esclavizados por él, no quiere decir que va a pasar lo mismo conmigo —respondió ella, visiblemente incomoda por el diapson.
—Se nota que no tienes ni idea lo que estás haciendo.
—¿No? Tengo todo perfectamente planeado, no necesito de tus advertencias. Ustedes lo van a pagar.
Tropy iba a responderle, pero sintió un profundo corte en su muslo derecho, causándole un grito de dolor. Marishka lo había distraído para poder alcanzar su espada, que estaba a centímetros de su brazo y golpearlo. Ahora estaba de pie y volvía a empuñarla con ambas manos.
—Dije que tengo todo perfectamente planeado —Marishka balanceo la espada hacia la garganta de Tropy, pero Crash se lanzó hacia ella, golpeándola en el estomago con la cabeza y arrojándola al suelo.
—¡Crash, vete! —se escuchó la voz de Neo. Crash obedeció y salió corriendo, no sin antes ayudar a Tropy a alejarse de la científica, al ver que Neo tenia la pistola de plasma cargada y apuntando hacia Marishka.
Neo disparó hacia Marishka, pero, en lugar del mortífero rayo violeta, salió un fino chorro de fuego. Una vez más, Marishka lo esquivó, aunque por muy poco. Sin soltar el gatillo, Neo siguió apuntándole, incendiando a las enredaderas. El fuego comenzó a propagarse por la pared, gracias al musgo pegado en las piedras.
Marishka no se quedó atrás. De sus manos, comenzaron a salir unas pequeñas y filosas estalactitas de hielo, en dirección a Neo. El científico no era tan ágil como ella y hubiese terminado con un alfiletero, de no ser porque Tropy las derritió con las bolas de fuego de su diapson. Acto seguido, comenzó a incendiar el templo.
—¡Tropy! —gritó Crash, sin poder creer lo que el viajero del tiempo estaba haciendo. Marishka lo miró con furia y alzó la mano pero nada pasó.
—¡El fuego! —gritó la científica, con los ojos muy abiertos. Tropy solo miró a Neo de reojo un segundo y luego se dirigió a la rusa.
—Estás perdida, Marishka —le dijo. En ese instante, Neo disparó un último fogonazo hacia ella, prendiéndola fuego.
Un chillido salió de su garganta. El calor excesivo de las llamas impedía que generara hielo para apagarlas. Una leve sonrisa psicópata afloró en los labios de Neo. No sacaba su dedo del gatillo.
—¡Neo, basta! —gritó Crash y el científico lo miró, como si saliera de un trance. Soltó el gatillo. Marishka ya no era ella, era solo una bola de fuego., que luego se desplomó al suelo. Tropy se acercó rengueando al cuerpo de la científica. Con la punta de su diapson, tocó su cuello y sacó algo con rapidez de su cuerpo.
—La máscara está intacta —dijo Tropy—. Es hora de irnos. Vámonos.
—¿Irnos? —Neo miró a su amigo, como si no lo pudiera creer—. ¡Ella tiene el Cristal Maestro! ¡Es mío! —quiso correr hacia el cadáver, pero Crash lo agarró de los brazos.
—El templo está en llamas —explicó Tropy, acercándose hacia donde estaban—. No tenemos como apagar las llamas y esto puede derrumbarse.
—¡No! —chilló Neo, pataleando como enloquecido, pero Crash lo sostenía con fuerza y lo arrastraba hacia la puerta abierta. Tropy los seguía, usando su arma como bastón. Una vez afuera, vislumbraron a los mutantes del barco de N. Gin.
—Los refuerzos siempre llegan cuando todo termina —murmuró Tropy y se colocó la máscara de Uka Uka en el cuello.
