I don't own Harry Potter or any of the characters.


2. La caída de James Potter

Snape estaba merodeando alrededor de la casa de los Longbotton, comprobando si existía algún tipo de trampa o hechizo protector rodeándola. A primera vista no era más que una casa normal donde hombres vestidos con ropa normal —o al menos lo que para un mago podría ser ropa normal— entrando a una casa para celebrar una fiesta normal de un nacimiento normal. Nada que llamase la antención a un muggle más que para llamar a la puerta y quejarse del ruido.

La casa estaba situado en un barrio antiguo a las afueras de Liverpool; de esos barrios tan pequeños y monótonos que ni siquiera los pueblos vecinos lo conocían. Era la típica casa estilo americano, con un jardín trasero vayado y un pequeño jardín delantero, casa de ladrillos con techo de madera y una chimenea. En la casa no se encontraban todos los miembros ni por asomo. Dentro, como Snape pudo comprobar por la ventana, únicamente se encontraba Alastor Moody, James Potter, Frank Longbottom, Sirius Black y Remus Lupin. Snape supuso que el resto se encontraría en el Ministerio mientras que Evans y Alice Longbottom aún estaban en S.M.

Escuchó un par de apariciones detrás de él y se giró para ver cómo Bellatrix y Barty Crouch Jr aparecían tras él, junto con un par más de mortífagos sin nombre; de esos mortífagos que Voldemort mandaba a hacer vulto y a distraer a los objetivos mientras que los importantes luchaban y vencían, de esos que el 99% de las veces acababan muertos.

—¿Y bien, Severus? —interrogó Barty mientras giraba la varita en la mano—. ¿Informe de situación?

—Hay un par de hechizos protectores de bajo nivel; ni fidelio, ni protección contra muggle. Dentro hay cinco miembros de la Orden —se puso de rodillas para inspeccionar el suelo de la entrada, comprobando si existía algún tipo de trampas en el suelo o alguna planta mágica.

—¿Y cómo sabes que si intentamos cruzar no quedaremos desintegrados? —cuestionó Bellatrix mientras se acercaba a él, mordiendo la punta de la varita con ansias de poder lanzar un par de maldiciones a esos bastardos.

¡Levicorpus! —exclamó Snape apuntando a uno de los mortífagos de relleno para acto seguido, lanzarlo contra una de las paredes de la casa con un movimiento de varita. El hombre voló hasta chocar con un escudo cercano a la puerta y cayó al suelo— ¿Ves? Nada que un Gryffindor de segundo curso borracho no pueda romper a cabezazos.

Bellatrix rodó los ojos ante la acción realizada por Severus y se adelantó un par de pasos hasta quedar a apenas un metro de la barrera invisible. Lanzó un par de ¡Bombarda Máxima! hasta que la barrera acabó derrumbándose de forma escandalosa. Un par de muggle que pasaban por allí comenzaron a correr sin rumbo fijo y sin la suficiente moral como para preguntarse cómo podía ser eso posible.

—¡Potter! ¡Black! —rugió con furia Snape mientras lanzaba hechizos de fuego contra la casa. Dentro se escuchó movimiento y gruñidos a causa de que les habían interrumpido la fiesta. El primero en salir fue Sirius, gritando algo así como por qué no se iban a aguar fiestas a su puta madre. Se refugió tras la puerta mientras un haz verde pasó zumbando cerca de su cabeza.

Desde esa posición, lanzó un par de Reductos y Flipendos contra ellos aunque, viendo que era inutil, lanzó un Crucio que impactó directamente sobre el mortífago que había sido lanzado con anterioridad y que le hizo volver a caer hacia atrás, golpeándose en la cabeza con fuerza e impidiéndole luchar lo que quedaba de combate.

—Quejicus —gruñó el Black mientras intentaba acertarle a él con el mismo hechizo, aunque a causa de sus hechizos de repeler y sus contra hechizos no fue capaz más que de darle con Jix en la pierna, lo que hizo tambalearse un poco y caer de rodillas—. ¿Qué pasa, Quejicus, ya no eres tan duro?

¡Sectumsempra! —Sirius se llevó unos cuantos duros cortes en el brazo en el que tenía su varita, ocasionando que tuviese que dejarla caer al suelo a causa del dolor.

La sangre emanaba de su brazo mientras Bella caminaba hacia él a paso lento, con una sonrisa entre traviesa y sádica en la boca mientras mordisqueaba la punta.

—Primiiiito —lo llamó—. ¡Levicorpus! —en ese momento, el hechizo fue realizado por Bellatrix, consiguiendo que su primo se elevase por los talones. Con un sutil movimiento de varita hacia ella, el cuerpo levitante de Sirius se acercó a ella hasta quedar a unos poco metros— ¡Crucio! —realizó en esta ocuasión, consiguiendo que Sirius comenzase a retorcerse en el aire.

Barty junto a Mortífago 2, por su parte, comenzaron a lanzar hechizos contra las ventanas de la casa hasta que consiguienron romperlas todas. Después de eso, lanzaron un par de hechizos de fuego hacia dentro de la casa, quemando un par de muebles y obligando a los otros 4 miembros a salir a la calle si no querían morir asfixiados.

Primero salió Alastor, lanzando hechizos y maldiciones sin compasión a cuantos mortífagos o árboles se le pusieran por en medio. Barty respondió al ataque con un Expelliarmous con la intención de desarmar a Moody para después lanzar una maldición; sin embargo, el hechizo fue correctamente repelido por Alastor por lo que el que acabó desarmado fue el propio Crouch. Alastor aprovechó el momento para lanzar un Flipendo con el que lo derrumbó. Crouch se levantó gruñendo y con un Venite acercó la varita para continuar el duelo, aunque con gran ventaja sobre Moody.

Después de éste salió Remus. Remus, que ya había predicho algo como esto, había casi implorado a los presentes realizar más hechizos protectores, que querían simplemente beber cervezas sin realizar ninguna protección, alegando que era imposible ser encontrados en un pueblo tan perdido de la mano de Dios como era ese. Remus observó las batallas que se estaban realizando en ese momento, entre Bella contra Sirius y Barty contra Moody. Observó a Severus impaciente varita en mano y sabía que no pensaba atacarlo a él a menos que Remus hiciese el primer hechizo, que si estaba allí era por Potter. Con eso en la cabeza, dirigió la mirada hacia Mortífago 2, que apretó los dientes al darse cuenta de que Remus le miraba. Mortífago 2 lanzó una maldición que Remus rechazó con un movimiento de varita y se acercó a él para comenzar el duelo.

Por último salieron James y Frank, mirando el panorama. James esquivó una maldición que Severus le lanzó, aunque realmente no estaba seguro ni de cómo lo había hecho. Frank dio un paso hacia delante y lanzó un hechizo a Severus, aunque éste lo esquivó sin problemas y se cruzó de brazos. Frank intentó abanzar para vatirse en duelo con él pero James le agarró del brazo para impedirlo y negó con la cabeza.

—Acabas de ser padre, Frank. Entra y ponte a cubierto, yo me encargaré de esto.

—Pero tú también vas a… —comenzó Longbottom aunque se cayó al ver cómo Potter corría hacia él para, momentos antes de llegar, convertirse en ciervo y lanzarse sobre Snape. Se apartó de él tras dejarlo en el suelo y se volvió a convertir en humano.

Snape se levantó de un salto con cara de pocos amigos y gruñó mientras veía por el rabillo del ojo al Longbottom entrando cogiendo una escoba y salir volando, posiblemente hacia el Ministerio o a avisar a Dumbledore. Si esto fuese una misión cualquiera habría esperado a que estuviese lo suficientemente alto y le habría lanzado un hechizo para romperle la escoba o para tirarlo de ella. Pero esto no era una misión oficial, no para él al menos. Ahí para lo único para lo que estaba era para acabar con James de una vez por todas y hacerle pagar por todo lo que le había hecho, empezando por quedarse con Lily.

No tardaron mucho en comenzar a intercambiarse hechizos y maldiciones sin ningún tipo de restricción en ninguno de los dos. James continuaba viendo en Snape a alguien que aún podría interponerse en su relación con Lily. Aún hoy escuchaba como su esposa lloraba cada vez que hablaban de que Snape había matado a tal bruja, a tal muggle o a tal familia mágica. Ella sabía, o al menos pensaba, que dentro de Sev aún había ese pequeño e introvertido niño que conoció en Hogwarts que, pese a su amor nada sano por las artes oscuras, seguía teniendo un gran corazón.

¡Serpensortia! —soltó de pronto Severus, para sorpresa de su contrincante, tras un par de hechizos por parte de ambos; una serpiente de unos dos metros, una king cobra para ser exactos, salió de la varita de Snape. Se dirigió reptando lentamente a James, sacando la lengua de vez en cuando y siseando.

—¿En serio? —alzó una ceja ante un hechizo tan banal—. Vipera Evanesca —dijo, haciéndola desaparecer sin apenas esfuerzo. Claro que, esa era la intención de Severus. Lanzar un hechizo estúpido para distraerlo y que, mientras lo repele, lanzar el verdadero hechizo.

¡Crucio! —la palabra salió de su boca con un odio que no conseguirían alcanzarlo ni con todos los mortífagos, incluido Voldemort, lanzándolo juntos. El hechizo, la maldición, impacta en el pecho del castaño con fuerza, lanzándolo hacia atrás y haciendo que comience a retorcerse en el suelo. Sonrió con una satisfacción que nunca antes había conseguido al ver cómo ponía cara de terror y dolor—. ¡Sectunsempra! —el hechizo impacta directamente en la pierna del Potter, haciendo un corte tan profundo que casi llega al hueso. Repite el proceso con la otra pierna para, finalmente, hacerlo en el pecho. Retira el cruciatus y pone la varita en posición de duelo.

James comienza a perder sangre a un ritmo casi alarmante, semi-inconsciente a causa del dolor probeniente de tantos lugarse a la vez. Pero Snape no va a dejarlo ir tan fácilmente; es una serpiente que, después de esperar a que el león acabe de comer, inyecta su veneno en él. El león puede ser más grande, incluso algo más fuerte, pero el veneno de la serpiente es tal que ni siquiera el león puede evitar sucunvir en él. Y, claro, una serpiente no va a dejar simplemente que el león muera tranquilo.

¡Legeremens! —el hechizo es realizado con total perfección, por lo que Snape no puede sólo ver lo que piensa sino también meterse en su cabeza, ver todos sus recuerdos, todos sus miedos y alegrías y poner falsos pensamientos e imágenes en su mente.

"Vaya, vaya, Potter" comenzó Snape "sabía que a Sirius le gustaba lamerte el culo con cada frase de esas tuyas que sueltas pero no sabía que en el colegio eso había sido tan literal… seguro que a Bellatrix le gusta saberlo". Suelta una risotada malévola antes de seguir indagando en sus recuerdos, pensando en una forma de mandarle esa imagen a Lily. ¿Qué mujer no quiere ver a su marido con quince años acostándose con su mejor amigo? "Oh, mira, si aquí estás en tu primer beso con Lily, qué bonito" dijo, proyectando en ambas mentes la imagen de James y Lily besándose para, acto seguido, proyectar la imagen de James completamente desnudo, con una Lily frente a él avergonzada de estar juntos mientras todo el colegio los mira y se ríe.

Snape siguió en ese punto un par de veces más, creando recuerdos e imágenes mentales, como Lily con otro, Lily siendo torturada, el hijo de Potter con 13 años, con una cicatriz en forma de rayo en la frente y a punto de ser asesinado por un par de dementores en el Expreso a Hogwarts o incluso su hijo como un mortífago. Después, pasó a tomar recuerdos reales y a retocarlos como si de una pesadilla se tratase. Comenzó, por último, a alterar sus recuerdos y mezclarlos, haciendo que piense que Sirius y él se conocieron en 5º año o que tras un examen que había hecho perfecto, saliese el recuerdo de otro en el que había sacado un cero.

Intentaba seguir haciéndolo pero una fuerte opresión en el pecho le obligó a salir de la mente de Potter; cayó al suelo y, al levantar la vista, vio cómo Remus le apuntaba directamente con la varita mientras Mortífago 2 se encontraba por el suelo, con media máscara rota y saliéndole sangre de la boca y la nariz. Al parecer, tras acabar con Dos, había visto a James tan malerido y a Snape tan quieto que había supuesto lo que sucedía y, como James estaba demasiado malherido como para defenderse, había decidido salir en su ayuda.

¡Petrificus Totalus! —Snape lanzó el hechizo desde el suelo e impactó en Remus, dejándolo totalmente petrificado e incapaz de decir o hacer nada. Se puso de pie y se sacudió la túnica de polvo. Alzó de nuevo la varita, lanzando el mismo hechizo dos veces más, una a Sirius, que estaba igualando fuerzas con Bella, y a Moody, que estaba en el suelo aunque no tan malherido como su contrincante.

Un par de protestas salieron de las bocas de Bellatrix y de Barty, aunque Snape hizo caso omiso y dirigió su mirada hacia James.

—No les matéis —ordenó Snape. Él, a diferencia del resto de los mortífagos, no era tan rastrero como para atacar y matar a gente aprovechando que está petrificada. Menos cuando pronto iban a volver a encontrarse y podría matarlos con sus propias manos—. Recuerda, Black —miró por un momento a Sirius con una sonrisa torcida—: sal a la ventana y auya "quejiiicus" y me acercaré a jugar un poco con tus entrañas —apretó los nudillos con fuerza, hasta que se quedaron casi totalmente blancos, mientras apuntaba directamente al pecho de Potter.

—¿vas… —con sus últimas fuerzas, James escupe un poco de sangre y dirige sus ojos a Severus, hablando de forma lenta y entrecortada— vas a hacer daño a Lily?

—No —admitió Severus casi susurrando. No por dos razones: la primera era obvia, era Lily y no iba a hacerle daño por mucho rencor que tuviese hacia ellos; la segunda, un poco menos ética, es que la muerte de un ser querido es peor tortura que un crucio y una muerte hacia ella—. Sabes que no lo haré —volvió a apuntar con la varita, esta vez a su rostro, ya que la había bajado momentáneamente mientras hablabam—. ¡Avada Kedavra!

Un haz de luz verde en forma de rayo salió con fuerza de la varita e impactó directamente contra esa cara que normalmente llevaría puesta una sonrisa narcisista. Sus ojos fueron perdiendo el brillo según iba desapareciendo el color verde del ambiente hasta que quedaron apagados del todo. Su sonrisa, en cambio, se agrandó de sobremanera mientras recordaba y se marchaba, los últimos momentos de su vida con su esposa.

¡Morsmordre! —apuntó hacia el cielo tras recitar el hechizo y, momentos después, una gran calabera con una serpiente dentro, como la que tenía en el brazo izquierdo, de un intenso color verde, apareció sobre la casa, iluminando casi todo el barrio con un verde claro, dando un tono terrorífico—. Nos vamos.

—¿Y los otros? ¿Y los mortífagos? —cuestionó Barty, acercándose a él—. ¿Vamos a dejarlos con vida?

—Por supuesto que sí. Ya tendremos ocasión de enfrentarnos a ellos en otro momento. Otro en el que cientos de aurores no vengan a por nosotros. Y en cuanto a ellos —señaló a Mortífago 1 y 2—, dos personas que no duran ni un minuto no merecen servir al Señor Oscuro —chasqueó la lengua mientras cogía su escoba, vigilando con le rabillo del ojo el cielo nocturno por si aparecían ya los aurores—. Si tanta pena os dan, podéis ir a verlos a Azkaban, si es que siguen vivos —y, dicho lo último, se subió a su escoba y salió volando, siendo seguido por Bella y Barty.


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