I don't own Harry Potter or any of the characters.
3. La traición de Pettigrew.
A veces es curioso cómo un suceso se repite sistemática y categóricamente pese a los actos pasados y futuros. Hay simplemente sucesos que, por mucho que cambies, jamás cambiarán en su totalidad, como mucho la razón por la que ocurren, el momento en el que sucede o cómo acaban. Este es un caso claro de cómo, pese a que todo cuánto podría haber cambiado cambia, hay sucesos que simplemente tienen que ocurrir.
Lo único que influyó en Voldemort el no conocer los Horrocruxes fue que no pudo ser inmortal por mucho que buscase una manera. Tenía el mismo poder y la misma influencia. Únicamente que sus viajes fueron sólo para conocer magia negra de otros lugares y no para esconder sus Horrocruxes. De modo que es inevitable que, entre los miembros de la Orden, alguno se plantée de vez en cuando si realmente podrían acabar con Voldemort, si podrían acabar con todo su poder y con todo su ejército. De entre todos ellos, el que más veces se lo preguntaba era Peter Pettigrew.
Peter vivía con terror cada día pero sobre todo cada misión a la que tenía que ir. Cada vez que se enfrentaba a un mortífago, cada vez que iba por una calle, fuese más o menos peligrosa, muggle o mágica. Por eso, el día que llegó Dumbledore y anunció que James Potter había muerto, que su mejor amigo de la infancia había perecido en lo que ni siquiera era una batalla, tan solo una fiesta, fue la gota que colmó el vaso; fue el día que tomó la decisión más importante de su vida: iba a alistarse en los Mortífagos.
Un día, poco después de saber de su muerte, faltó al Ministerio con la excusa de encontrarse gravemente enfermo e incapaz de cubrir su puesto de trabajo. Como hacía tan poco que James había muerto, no dudaron en permitirle tomarse un día de asuntos propios. Aunque ninguno sabía que sería la última noticia que tendrían de él, a parte por supuesto de su foto en los carteles de Más Buscados; no tanto por su poder, no era el más débil de la orden pero tampoco el más poderoso, sino por todos los parederos de la Orden y sus miembros que estaba mostrando a Voldemort.
Ese día fue derecho a lo que, según había descubierto la Orden días antes, parecía ser un refugio de mortífagos. Llamó a la puerta y exigió ver a Voldemort en persona. Los mórtífagos sonrieron como debe sonreír un león cuando una cebra se acerca a él, se muerde a sí misma en el cuello y se deja caer a sus pies para ser devorada.
En menos de una hora, Bellatrix se personó en la estancia. Lo llevó aparte apuntándolo con la varita por si se trataba de una trampa y comenzó a interrogarle. Esas preguntas que sueles hacer cuando uno de tus enemigos se acerca a ti para pedirte unirse a tu grupo. Al parecer, Bellatrix se dio cuenta rápidamente de que no era ninguna trampa, Peter llegaba con el rabo de gusano entre las piernas para que, el día que Voldemort venza, no le caigan represarias.
Bellatrix sonrió con satisfacción, dándose cuenta de la mina de oro que tenía delante. Así que alzó la voz, pidiendo silencio e informó del último auror que iba a formar parte de los seguidores de Voldemort, pidiendo una cerveza muggle para él. Sí, al parecer la cerveza muggle está lo suficientemente buena como para estar incluida en "los 10 objetos muggle que a Voldemort no le da repulsión usar".
Apenas media hora después, Bellatrix lo llevó ante su lider, el Señor Oscuro. Voldemort sonrió al ver a Peter Pettigrew ante él, con miedo pero seguro. Esperaba que le Señor Oscuro no le lanzase simplemente un legeremancia, le vaciase el coco y lo matase. ¡Oh, Dios mío! ¿Cómo no se le había ocurrido eso antes? Iba a matarlo por su inutilidad. Buscó con la mirada la puerta pero vio que estaba custodiada por un par de mortífagos.
El-que-no-debe-ser-nombrado le informó de que se alegraba de que se hubiese dado cuenta de lo inteligente que era por haberse cambiado de bando. Al ministerio y a la Orden del Fénix, según dijo Voldemort, le quedaba muy poco de existencia y cuando caiga todos los miembros serán torturados y aplastados.
Peter suspiró aliviado. Ya tenía más que claro que eso iba a pasar. Es decir, en la Orden está Dumbledore y, tirando muy muy alto, Moody, mientras que la mayor parte de los Mortífagos de mayor nivel podrían acabar con el último, puede que de forma costosa pero lo harían. Además estaba Voldemort. Si bien es cierto que la única persona a la que realmente teme Voldemort es a Dumbledore, Albus también tiene cierto terror mal disimulado hacia su crueldad y sadismo hacia todas las personas que le rodean, sean "amigos" o enemigos.
Peter asentía ante todo lo que estaba diciendo Voldemort, aceptando contar cuánto supiese de la Orden, que esperaba mucho, y ese mismo día recibiría la marca en el brazo y entraría a formar parte de sus seguidores, estando a su completa disponibilidad siempre que lo necesitase.
Al principio, ningún mortífago tenía la más mínima confianza en él. No era alguien que habia abandonado ni cambiado sus principios ni sus ideales, alguien que odiase a los Muggles ni alguien que hubiese engañado durante años a la Orden para sacar información. Era un Gryffindor sangre pura que había pasado toda su vida sirviendo a Gryffindor, al ministerio, a Dumbledore y a la Orden. Que había cambiado de bando por miedo, no por respeto ni idolatría.
En cambio, tanto Voldemort como Bellatrix, les informaron que era alguien de fiar que estaba pasando información al Señor Tenebroso de vital imporciancia de la Orden, del Ministerio, de Dumbledore e incluso el hogar personal de alguno de los Aurores más poderosos.
Conforme fue pasando el tiempo, se dieron cuenta de que tenían razón. Sólo estaba allí por el interes y por miedo a la muerte pero, por otro lado, fue mejorando con la varita tanto que pronto llegó junto con el resto a las misiones más complicadas hasta formar parte del círculo de confianza de Voldemort. Salía de vez en cuando en misiones con Bellatrix o Barty y siempre volvía victorioso y sano.
Pronto, todas las calles y todo el Ministerio estaban adoranas y casi empapadas de fotos suyas. En parte porque realmente era un gran peligro para el ministerio; había dejado de atacar únicamente a los mago y ahora también comenzaba a destruir ciudades y pueblos enteros sin ningún tipo de compasión. En parte también porque poseía información que pasaba a Voldemort que —pensaban— nadie más conocía ni pasaba.
Pero eso no duró mucho. Había demasiada gente deseando su cabeza y no sólo por ser mortífago. La recompensa y la gente que le buscaba era incluso mayor a la de Bellatrix o Barty y se acercaba peligrosamente a la de Voldemort.
El reino de terror de Peter Pettigrew duró exactamente dos meses y cinco días. Tiempo que parece poco pero en el que acabó con la vida de más de treinta magos y más de doscientos sesenta muggles. El día que hacía sesenta y seis días, se encontró con el que quizá más ganas le tenía: Sirius Black.
Black se pasó al menos una semana vigilando los movimientos de los Mortífagos, esperando pacientemente la mejor oportunidad para atacar. La oportunidad ocurrió ese mismo día. Peter estaba en lo que era un pequeño barrio muggle de Londres, con menos de doscientos habitantes. Él estaba dirigiendo la misión y, en menos de una hora, ya habían arrasado el barrio entero y habían acabado con la vida de cuanto hombre, animal, planta o edificio se les ponía en frente.
Peter estaba orgulloso con el grupo de mortífagos que le había tocado. Ahora como miembro de élite dirigía un grupo de mortífagos de veinte personas. Mortífagos algunos nuevos y otros viejos que estaban bajo sus órdenes.
Comenzó a darle una charla sobre lo buen grupo que eran y el terror que iban a sembrar ayudando a conseguir que el Señor Tenebroso se convirtiese en el máximo gobernante de Inglaterra entera. Pero ese discurso jamás pudo ser acabado por una razón: todos ellos murieron mientras lo decía.
Un millar de haces color verde surcaron el desierto horizonte cuando iba por la mitad y acabaron con la vida de los veinte hombres sin ningún tipo de miramiento hasta que únicamente Peter quedó en pie.
Se giró hacia donde habían venido los haces de luz y vio cómo un grupo de cuarenta aurores estaban con la varita alzada. Sirius abanzó por entre los miembros hasta ponerse el primero y se acercó un par de pasos más. Esperó hasta que Peter se hubo convertido en rata para lanzarle un Levicorpus y elevarlo por los aires. Apuntó a la rata con odio y, tras un "das asco" soltó un Avada Kedavra, acabando con él.
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