I don't own Harry Potter or any of the characters.


5. La muerte de Severus.

Tras la muerte de James, Severus sintió que se quedó sin verdaderos incentivos para superarse a sí mismo, sin verdadera motivación para seguir torturando y matando. Remus y Sirius estaban desaparecidos y Pete, después de traicionar a sus amigos y aliarse a los Mortífagos, murió. De forma que no le quedaba a nadie. Por supuesto no iba a atacar a Lily. No porque se lo hubiese prometido a James, ni mucho menos, sino porque se lo había prometido a sí mismo hacía muchos años.

Y, entonces, cuándo pensaba que ya nada tenía sentido para él y que lo mejor sería formar parte del "equipo creativo" de Voldemort, los mortífago que no eran tan buenos matando y luchando pero que eran grandes estrategas; entonces lo encontró. En una misión en la que intentaban matar al Primer Ministro muggle y a toda su familia apareció. Era una misión tan importante y en la que nada podía salir mal, que Voldemort en persona fue. El ir no fue un desperdicio, ya que la casa estaba rodeada de hechizos de protección, de repelimiento, se paparazzi y con un Fidelio. Gracias al periodista que había donde debería haber una casa, se dieron cuenta de dónde era la casa.

Voldemort, al darse cuenta de que no iba a poder entrar, decidió atacar al periodista. Si los miembros de la Orden tenían tanto corazón como decían tener y no era un señuelo falso —cosa que por el bien de Malfoy no sería—saldrían y podría ayar al que controlaba el Fidelio.

¡Rictumsempra! —la voz de Voldemort sonó tan fría como siempre mientras lanzaba el hechizo. Una vez hubo derribado al periodista, asegurándose así de que era humano, se acercó él en persona, o en serpiente, varita en mano. El periodista seguía riendo, aunque miraba a Voldemort con terror. Voldemort dirigió sus serpentinos ojos al hombre y, al ver que nadie salía en su ayuda, lanzó otro maleficio—. ¡Crucio!

El hombre comenzó a gritar de puro dolor mientras sentía que podría morir o, al menos, volverse loco a causa del mismo. Estaba dispuesto a darle dinero o lo que pidiese el hombre pálido, falto de nariz y calvo que tenía enfrente y que sabía estaba provocándolo aunque no supiese cómo.

De repente, un hombre salió de la nada. Un hombre de complexión delgada y pelo castaño, con un montón de cicatrices por el rostro y manos. El hombre, Remus, miró a Voldemort con rabia y alzó la varita, aunque no le dio tiempo a decir nada pues un rayo llegó desde la distancia y chocó contra su pecho, lanzándolo hacia atrás y haciendo que choque contra la pared.

—¿En serio? —miró al hueco en medio de la manzada donde debería estar la casa— ¡¿EN SERIO?! ¡¿Tan poco queréis a este hombre que sólo mandáis a ese sucio mago?! Pues muy bien, ¡Avada Kedavra! —el hechizo, aunque luchaba por salir de la varita, finalmente no lo consiguió y Voldemort quedó desarmado. Cuando se giró a ver quién había osado interferir en el hechizo, vio a un hombre anciano, con pelo y barba larga y grande y una túnica morada con medias lunas dibujadas.

El periodista, dando gracias a seguir con vida, comenzó a correr en dirección contraria para salvarse pero, como suele ocurrir, no lo consiguió. Un rayo verde cruzó la calzada e impactó en la espalda del hombre, haciendo que se derrumbase sin vida.

De entre los arbustos surgió Bellatrix, varita en mano y sonriendo con satisfacción a su señor, en busca de agradecimientos. Tras ella, surgieron Lucius Malfoy, Severus Snape y Rabastan Lestrange y unos diez mortífagos sin nombre. Voldemort hizo un ademán con la mano, indicando que quedasen atrás, indicando que Dumbledore era suyo, que se encargasen de los miembros de la Orden en caso de que alguno se atreviese a salir. Y sí, ya lo creo que salieron los Lombotton seguidos de Moody, los hermanos Prewett, McGonagall y Sirius. El último se acercó a socorrer a Remus y le ayudó a ponerse en pie.

Severus vio cómo, en un segundo, todos comenzaron a atacarse y a soltar maleficios y hechizos de alto nivel. Voldemort y Dumbledore intercambiaban hechizos que iban de un simpleExpelliarmous a hechizos de más alto nivel como un par de Crucio, Bombarda Máxima o incluso Desmaius. Por otro lado, Bellatrix y su esposo Rabastan se encontraban enfrentándose a los hermanos Prewett, aunque todos en algunos momentos lanzaban hechizos hacia rivales en otros duelos. Alastor, por su parte, estaba barriendo con 5 de los Mortífagos sin nombre mientras que los Longbotton y McGonnagal atacaban al resto, incluido a Malfoy.

Snape buscó con la mirada a James 2 y James 3 y los vio pasando entre la multitud, varita en mano, acercándose a él. Tenían el rostro rojo de ira y apretaban la varita con fuerza. Severus alzó una ceja mientras sacaba la suya. El primero en atacar fue Sirius, lanzando un Crucio contra él. Al principio se sorprendió, aunque no el suficiente tiempo como para no esquivar la maldición. Por primera vez, vio los genes Black recorriendo sus venas, los ojos Black mirándolo con odio y repulsión y con ganas de torturarlo hasta la muerte.

Remus, por su lado, aprovechó para lanzar un Flipendo cuando Severus esquivaba el cruciatus, que impactó en su pecho y le hizo retroceder un par de centímetros hacia atrás. Por suerte para él no cayó, ya que Sirius seguía con sus Maldiciones Imperdonables y otras, que si bien no eran ilegales, podían matar a un hombre sin apenas esfuerzo. Severus aprovechó un hueco en la pared para refugiarse de la holeada de hechizos y, una vez hubieron acabado, sacó únicamente el brazo para lanzar un Expelliarmous.

Se puso en pie con cierta dificultad y vio cómo Sirius se lanzaba a por la varita. Apuntó dónde se encontraba la varita y consiguió lanzar un Depulso que lanza la varita por los aires, lejos de la escena. Remus alza la varita, apuntando al pecho de Snape mientras Sirius realiza un Venite para recuperar su varita. Eleva también la varita para apuntarle.

Severus alza una ceja para después sonreír. Sirius y Remus no lo comprenden hasta que sienten ambos un hechizo en la espalda que hace que caigan al suelo inconscientes. Severus alza la vista tras comprobar que están inconscientes y ve a Rabastan y Bellatrix con la varita apuntando hacia donde se encontraban.

—Sabíamos que los querías con vida, así que sólo están inconscientes. Así que, si quieres, puedes matarlos.

Severus observó atentamente cómo volvían a girarse para encarar Fabian y Gideon Prewett, tirados en el suelo con manchas de sangre y, Fabian, con la punta de la capa en llamas. Rabastan y Bellatrix, con una sincronización casi hipnótica, realizaron un Avada Kadavra que impactó contra los Prewett. El rayo verde chocó con fuerza contra ellos y cayeron de espaldas, también al unísono. Por su parte, como era de esperar, el resto de los Mortífagos estaba en el suelo, seguramente muertos. El único que se mantenía en pie era Malfoy, que repelía y lanzaba hechizos a McGonagall y Moody de una forma que ni él mismo se creía hasta que, poniéndose de acuerdo de forma silenciosa ambos, lanzaron al unísono un Petrificus Totalus.

El de Voldemort y Dumbledore era el único duelo que seguía activo. Mientras Voldemort no hacía más que lanzar, de manera inutil, maldiciones, Dumbledore tan sólo respondía conExpelliarmous y algún que otro Flipendo ya que, al parecer, era lo único que necesitaba para mantenerlo a raya el tiempo que fuese necesario. Voldemort, exasperado con el tedioso combate, miró a sus mortífagos y asintió con la cabeza.

De modo que, mientras Bellatrix y Rabastan se enfrentaban a Dumbledore con todo lo que tenían, Voldemort se giró para encarar a Moody y McGonagall. Severus se quedó en el centro de la acción, mirando a ambos combates, preguntándose si era necesario que entrase en alguno.

El primero en caer fue Rabastan, seguido de Moody, Bellatrix y, finalmente, McGonagall. Después del intercambio, volvían a quedar en pie, dispuestos a luchar hasta la muerte los mismo dos de antes, además de Severus. Severus se asombró de la facilidad con la que Dumbledore los había tumbado, mucho más rápido que el Señor Tenebroso.

—Tom —comenzó Dumbledore mientras negaba con la cabeza, mirando a Bella, Lucius, Rabastan y, por último Severus.

Negaba con decepción, no porque estuviese haciendo esto, después de tantos años luchando ya había aceptado que ese buen alumno que sacaba en todo matrícula, ese alumno que conoció en el Horfanato, ya no existe, puede que nunca existiese. No, no era por eso, era por lo mal profesor que era. Se dio cuenta tras luchar con él y después con Bellatrix, la mortífaga más poderosa de todas, quizá la única persona por la que sienta un mínimo aprecio. Si Bella hubiese aprendido tan sólo un cuarto de todo lo que sabía Voldemort, de todos los hechizos que había descubierto, hechizos que quería que él probase, ahora mismo sería tan temida y poderosa que podría destrozar un continente de un Bombarda. Pero eso nunca pasaría, porque Voldemort sólo tenía un miedo y era el de perder poder, el de poder perder y no ser nada ni nadie. Por eso, aunque salta a la legua que Bellatrix está enamorada de él, jamás querría enseñar nada que pudiese derrotarle.

Voldemort caminó hacia él y apartó a Severus de un empujón para volver a enfrentarlo. Ambos alzaron sus varitas y volvieron a enfrentarse en duelo. Snape miraba fascinado a Albus, esos movimientos casi perfectos, esos hechizos tan simples pero que en sus manos, podrían hacer explotar un edificio. Ese poder pero sobre todo y a diferencia de Voldemort, ese control sobre sí mismo, calculando todos las posibilidades y cumbriéndolas todas ellas para poder atacar y defender sin temor. Snape se dio cuenta de que debía enfrentarse a él, de que debía ser su rival. Dumbledore sería el único que merecía matarlo y, en caso de poder matar a Dumbledore, Voldemort le compensaría con toda la riqueza que pudiese desear.

Snape encontró la oportunidad de atacar en un momento muy concreto. Dumbledore subió un poco el nivel de los hechizos al darse cuenta de que Voldemort no iba a parar hasta que lo matase. Con un movimiento de varita, lanza un rayo azul que choca contra el pecho de Voldemort, haciéndolo tambalearse hasta finalmente caer al suelo. Voldemort hace el ademán de levantarse para continuar, pero Snape se pone delante y alza la varita.

Dumbledore y Voldemort alzan una ceja al ver a Snape pero, tras pensarlo por un momento, el segundo decide permitir que Snape continúe con el duelo hasta que muera o hasta que, tras realizar la legeremancia sobre ellos, descubra quién es el portador del Fidelio. Lo que sucediese antes.

Snape se coloca frente a Dumbledore, a unos cinco pasos de distancia y coloca la varita en posición de duelo para, después, apuntarle. Dumbledore, por su parte, realiza una reverencia y espera paciente a que haga el primer movimiento.

¡Expelliarmous! —Snape decide comerzar con algo sencillo para marcar el terreno, para comprobar hasta qué punto Dumbledore es peligroso. Albus, por su parte lo repele con un simpleImpedimenta y alza de nuevo la ceja, esperando algo que le haga despeinarse—. ¡Flipendo! ¡Jix! —lanza un par de hechizos seguidos pero Albus vuelve a repetir los mismo, sin inmutarse.

Expelliarmous —dice en esta ocasión Dumbledore. Snape recibe un fuerte impacto en el pecho que lo lanza varios metros hacia atrás a la vez de verse despojado de su varita.

Cae al suelo y entonces, se da cuenta de lo que realmente supone Dumbledore y esa necesidad que tiene Voldemort de acabar con él lo antes posible. Albus, con un hechizo simple de bajo nivel, le había hecho más daño que la mayoría de sus convatientes en duelos anteriores, incluyendo a unos cuantos Cruciatus. Ahora que le veía después de haber abierto los ojos, se daba cuenta de que el profesor emanaba un aura de poder impresionante. Era un aura que superaba con mucho el poder que poseía Voldemort o cualquier mortífago o auror y, además, era un aura blanca. No buscaba el poder para sentirse superior ni para gobernar, él tenía el poder que necesitaba de sobra y, además, lo usaba para defender a muggles y gente menos poderosa.

Se pone en pie sacudiendo la cabeza, echando de esta todos esos pensamientos. Dumbledore había demostrado en muchas ocasiones ser más frío y calculador que el propio Voldemort. Además, él era el único que lo había acogido. No iba a traicionarlo por miedo. Alza de nuevo la varita y lanza un Avada Kedavra contra el anciano director, aunque de nuevo se ve bloqueado por unExpelliarmous aunque, en esta ocasión, consigue no caer al suelo, sólo retrocede un par de centímetros.

Snape mira un momento hacia atrás y ve a Voldemort apuntando a Remus con la varita. Sabe que es algo que tiene que hacer, algo que tiene que hacer por él mismo y por Voldemort, pero sobre todo por él. Si consigue superar a Dumbledore ya nadie pensará que es inferior por ser Mestizo. Se colocó de nuevo en su sitio y lanzó un par de Avadas más, con el mismo éxito que la primera. Su cara comenzó a ponerse roja de rabia ante esto. Por más que lo intentaba no conseguía absolutamente nada mientras que Albus no necesitaba ni lanzar hechizos para hacer que retroceda.

—¡Vamos! —gruñó con fastidio— ¡Crucio! ¡Avada Kedavra! —ninguno de los dos hechizos consigue acercarse a Dumbledore a menos de un metro de distancia. Por cada hechizo, Snape pierde un poco más la paciencia mientras que Albus queda impasible ante todos ellos, como si simplemente estuviese auyentando a las moscas con una mano mientras con la otra lee un libro—. ¡He dicho que vamos! ¡Petrificus Totalus! ¡Avada Kedavra! ¡Crucio! ¡Crucio! ¡Crucio! —Snape sintió toda su rabia salir con el último hechizo.

—¿Es eso lo que quieres, Severus? —cuestionó cuando terminó con el último hechizo—. ¿Eso es lo que deseas? ¿Matar o morir? —suspiró con resignación y volvió a negar con la cabeza—. No es necesario que nadie, salvo Tom, muera en esta guerra. Sólo ríndete —Snape abrió la boca para lanzar otro hechizo pero Albus lanzó un Expelliarmous para desarmarlo antes de que lo hiciese—.¡Petrificus Totalus!

Snape quedó completamente paralizado por un momento mientras Albus agarraba la varita de Snape y, haciendo un poco de fuerza, la partía por la mitad. Después, con un Finite Incantatendevolvía a Snape su movilidad y le lanzaba la varita partida.

—Un mago que usa su varita para atacar y no para protegerse, no merece una varita. Y, corrígeme si me equivoco pero, un mago que prefiere morir a matar, no creo que sea de su agrado —se encogió de hombros y dio un par de pasos, como un ademán para impedir que Voldemort consiguiese la contraseña para el Fidelio y pudiese matar al Primer Ministro. Snape se puso en medio impidiéndole pasar—. Severus, aparta.

Snape negó un par de veces con la cabeza y extendió los brazos para impedir que pudiese pasar. No iba a dejar que Albus se saliese con la suya de ninguna manera. Era un mago sin varita y había sido tildado de mal mortífago, de mal mago; si Albus quería ser el ganador del duelo, tendía que matarlo. Y, finalmente y tras mucho estorbar, justo cuando se acercaba a McGonagall, Albus hizo que Snape al parecer tanto deseaba.

¡Avada Kedavra! —un haz verde impacto contra la frente de Snape, golpeándolo con tal fuerza que se vio lanzado hacia atrás y cayó un par de metros más allá. Sus ojos estaban en blanco y tenía un moratón en la frente a causa del hechizo.

Albus alzó la varita apuntando a Voldemort, pero ya era demasiado tarde. Voldemort había descubierto que McGonagall había realizado el Fidelio y, tras leer su mente, ahora veía con completa claridad la casa, una casa en la que un par de Muggle y un auror —los diferenciaba por la ropa, el auror era el único que llevaba túnica— se asomaban por la ventana para observar la pelea.

Albus intentó impedir que lo hiciese, pero no pudo. Con un par de Bombarda Máxima las barreras de la casa fueron cayendo. Voldemort miró por encima del hombro de Dumbledore y asintió. El último se giró para ver cómo tres tarros de cristal, lleno de serpientes rojas, brillantes y en llamas volaban primero hacia y Bellatrix, ahora ya en pie para después lanzarlas contra la casa, dos por la ventana y otra contra la puerta para que no pudiesen salir.

—Ashwinder… —susurró Albus mientras la casa comenzó a arder desde sus cimientos. Los de dentro de la casa comenzaron a gritar de terror; sus voces fueron apagándose lentamente según iba pasando el tiempo hasta que la casa se derrumbó con el Primer Ministro muggle, su familia y el auror dentro.

Albus se giró para encararlos pero tanto Bellatrix como Voldemort habían desaparecido. En cambio, Malfoy y Rabastian seguían en el suelo, junto con el resto de los aurores. Albus se acercó a los gemelos Prewett, muertos en el suelo y se arrodilló para cerrarles los ojos y curar sus heridas. Mientras lo hacía, vio de refilón cómo la Marca Tenebrosa se extendía en el cielo, iluminando sobre todo la casa, ahora ya no tan casa, en la que todo había ocurrido. Una vez hubo limpiado todo rastro de heridas y golpes, fue a mandar una lechuza al Ministerio para que viniesen de inmediato.


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