I don't own Harry Potter or any of the characters.


8. La caida de Voldemort (I): la muerte de Bellatrix Lestrange.

La Primera Guerra Mágica que sucedió cuándo Voldemort consiguió los horrocrux acabó en 1.981 con la muerte de Voldemort a causa de Lily y Harry Evans. Como Voldemort no consiguió los horrocruxes, no existió la profecía de que Harry le derrotaría puesto que, para comenzar, sería falso. De modo que Lily no murió ese día —ni James, que murió un año antes— pero tampoco lo hizo Voldemort. La Primera Guerra Mágica se extendió muchos años más hasta 1.995 dónde finalmente Tom Riddle muere y los pocos mortífagos que quedan son condenados a cadena perpetua en Azkaban.

En 1.994 se establece en todo Gran Bretaña la "ley de transpariencia" que trae consigo el conocimiento de todos los muggles del país de la magia y de Voldemort y su grupo. Junto a eso, el Primer Ministro Mágico se convirtió en el Primer Ministro. Éste, como primer paquete de medidas, extablece una serie de vigilantes en todos los pueblos y ciudades. Son miembros de alto rango en la sociedad mágica. Miembros cuyo nombre harían temblar al propio Voldemort más de una vez.

En consecuencia de eso, Voldemort había tenido que subir la recompensa por cabeza de Muggle y, a pesar de esto, tan solo 10 muggles morían, tirando muy alto, al mes; de los cuales, unos 6 son todos conseguidos por Bellatrix, actualemente el mortífago de más alto rango que poseé y su mano derecha.

Bellatrix Lestrange era una mujer dura, calculadora pero, ante todo, sádica. De esas personas que son capaces de aprovechar el cambio de guardia en una ciudad para matar a ambos guardias y colarse en la ciudad. Ésta estaba tan protegida que apenas tenía dos minutos para vagabundear sin ser descubierta y que literalmente cientos de magos saliesen en su busqueda. Lo peor es que, con la reorganización, habían magos viviendo tranquilamente en las casas cercanas, de modo que no venían otros guardías de otras ciudades, impidiendo así que aprovechen ese momento para atacar la ciudad menos protegida.

Voldemort y sus hombres pasaban días enteros ideando un plan medianamente perfecto que consiguiese hacer peligrar la protección de esas ciudades y conseguir atacarlas pero nada. Por supuesto había pensado en infiltrarse con ella, pero parecía del todo imposible que más de tres personas que llamaban tanto la atención pudiesen caminar por las calles, varita en mano, por más de diez segundos. Además del hecho de que habían carteles de Tom Riddle y de Bellatrix Lestrange colgados a un metro de distancia el uno del otro por toda la ciudad y, por si fuese poco, no se podía llevar varita en la mano porque podían meterte en la cárcel sin preguntar.

Un día en concreto, Bellatrix se cansó de esperar. Pese a que su amo era la persona más poderosa e inteligente que concía, no había aún ideado la manera de irrumpir en la ciudad de Londres, donde se encontraban los más poderoso miembros de la corte mágica y acabar con ellos. Una vez muertos ellos, el resto sería pan comido. Además, en el mismo Londres se encontraba alojado Dumbledore, actual líder de los aurores. Aurores que, claramente, la inmensa mayoría pertenecían a la ahora extinta por ser innecesaria, Orden del Fénix.

Bellatrix decidió colarse en Londres. Primero esperó a las 00:00 hasta que el cambio de guardia ocurrió. Era un momento clave pues el segurata que se encontraba en un cristal a prueba de magia y armas muggle sealía durante apenas diez segundos para dejar entrar a su sustituto. Ese guardia controlaba las puertas de la ciudad, y decía quién podía entrar y quién no por medio de una convinación entre el metodo muggle y el mágico.

¡Avada Kedavra! —susurró Bellatrix en el momento en que ambos guardias se encontraban lo suficientemente cerca como para que el rayo impactase a ambos. Y así fue, a uno en la espalda y al otro en el pecho, el rayo verde chocó contra ambos y cayeron muertos en el suelo.

Bajó del árbol en el que se había subido y mordisqueó la varita juguetonamente mientras caminaba hacia la sala de cristal. Era un medio interesante: era una pequeña sala de cristal aprueba de casi todo —puede que si todos los magos del Wizard lanzan un Bombarda Máxima a la vez se rompa— de forma que un mago poderoso no pueda traicionar a la ciudad y matar al guardia para dejar entrar al guardia. Por otro lado, si el mago moría dentro o se iba y cerraba la puerta, no había ningún método para abrirlo.

Entró a la sala y tomó un papel y una lechuza, a la que dio una dirección. En la nota escribió un método que podía intentar el Señor Oscuro en caso de que no pudiese entrar en las ciudades para acabar con ellos y después se despidió, sabía que no iba a regresar. Abrió la puerta de la ciudad el tiempo necesario para entrar y salió de la sala, cerrando de un portazo. Entró a la ciudad y caminó con paso decidido, varita en mano, hacia el gran edificio que era el Ministerio de Magia, a unos 2km de distancia.

Mientras caminaba no podía evitar pensar lo estúpido que era el sistema y todas las fallas que, bien mirado, tenía el mismo. Aunque supone que es sólo un primer modelo, si fuese miembro del Ministerio mataría ella misma al arquitecto que lo ideo.

El camino fue largo y costoso. 2 km no se recorren en un par de minutos, almenos se necesita una hora, eso si es un camino recto. Por el camino se encontró a una serie de magos y muggles, que salían a su encuentro para intentar detenerla, pero sin apenas esfuerzo se fue librando de todos. Como por la mitad del trayecto, la alarma de emergencia sonó con furia, alertando de un intruso. Todas las luces de las casas se encendieron en ese momento, algunas sólo de los dormitorios otras, que se suponen de magos, también encendieron la de la entrada, como en un ademán de salir a la calle.

No faltó mucho tiempo antes de que se viese rodeada de magos de aspecto peligroso, varita en mano y con ganas de no sólo acabar con ella, sino de hacerlo haciéndola sufrir. Bellatrix aprietó con fuerza su varita mientras esperaba y, en el momento en el que las maldiciones salieron disparadas de las respectivas varitas, susurró y un Aurorioum antes de salir volando un par de metros hacia el cielo, envuelta en una nube negra que la cubría por completo. El momento de sorpresa fue muy efímero dado que las maldiciones que salieron, prontro impactaron contra la persona que tenían frente a ella, de modo que en apenas un momento, todo estaban muertos en el suelo. Por eso no era conveniente usar la formación en círculo.

Bellatrix aprovechó que estaba en el aire para continuar volando hacia el ministerio de magia, aunque en varias ocasiones tuvo que esquivar maldiciones que le lanzaban desde abajo. Una vez hubo aterrizado a la entrada del Ministerio, apuntó con la varita a la puerta del mismo y lanzó un Bombarda Máxima que apenas tuvo efecto. Gruñó, viendo que iba a ser casi imposible romperla. Apuntó hacia una ancha calle en la que comenzaba a aglomerarse gente para observarla y pronunció un FiendFyre antes de una serpiente gigante de fuego se abalanzase sobre la gente, quemando todo edificio o persona que se encontrase a su paso.

Una enorme bola de agua recubrió la serpiente antes de que llegase al final de la calle, apagando el fuego sin apenas esfuerzo. Entonces lo vio. Un hombre alto, anciano y con el pelo y la barba blanca a la altura de las rodillas, con unas gafas de medialuna. A pesar de haberlo enfrentado hacía apenas un año, su aspecto estaba muy cambiado. Tenía unas ojeras muy profundas y en su cara se mostraba un instinto asesino que la última vez no tenía. Hacía 23 años que había empezado la guerra. Una guerra que se había cobrado la vida de demasiadas personas, millones de muggles y magos habian perecido en ambos bandos, aunque sobre todo en la Orden. Había tenido que enterrar a demasiados buenos amigos y alumnos, demasiados para que su mente estubiese estable.

Caminaba a paso decidido, apretando la varita con fuerza. Tenía una mirada que ni siquiera Voldemort en sus momentos más susceptibles tenía, una mirada de odio e irritación. Esa mirada que pone el lider de una manada de cebras cuando a atrapado a un joven león de la manada que lleva años matando a su manada. Bellatrix traga saliba y lanza un Reducto que Dumbledore bloquea con un movimiento de muñeca.

—Veintres años viendo cómo esa cara se contrae en una sonrisa —comienza Dumbledore con un tono de voz tranquila aunque severa—. Veintitrés años viendo cómo matabas uno a uno a todos esos magos, a todos esos muggles y, por qué no decirlo, a todos esos mortífagos que simplemente te caían mal.

¡Flipendo! —intentó Bellatrix de forma desesperada, aunque el resultado fue el mismo que le conseguido anteriormente. Dumbledore esquivó el hechizo mientras se acercaba. Tenía un paso lento, casi torturante. Sabía que su intención era matarla y que iba a conseguirlo si no hacía algo.

—Imperio, Cruciatus, Avada Kedavra, Bombardas… cualquier hechizo es bueno siempre que haga daño a tu oponente y/o lo mate, ¿verdad? Si encontrases un ángulo en el que, con un Expelliarmous, la varita se clavase en el ojo del adversario, también lo harías, ¿verdad?

A cada paso que Dumbledore daba, Bellatrix se sentía más pequeña y se iba acercando más a la pared del ministerio que había a sus espaldas. Dumbledore sólo se detuvo cuando se encontraba a apenas dos metros de ella.

—Seguro que un par de veces has intentando matar con un Flipendo o Despulso contra la cabeza para romper el cuello —la miró por un momento por encima de sus gafas de media luna. Los vecinos comenzaron a aglomerarse alrededor de ellos, mirando con fascinación cómo Dumbledore había acorralado a Bellatrix y ahora le apuntaba al rostro con la varita—. Dime, ¿qué se siente saber que nada de eso sirve para hacer que Tom se enamore de ti? ¡Avada Kedavra!

Un rápido haz de luz verde recorre la distancia entre ambos y la golpea directamente en la frente. Echa la cabeza hacia atrás con fuerza, dándose un golpe en la nuca contra la pared y cae muerta contra el suelo.

Dumbledore chasquea la lengua mientras guarda la varita en la manga de su túnica. Se girño para mirar a un hombre que acababa de llegar corriendo en dirección a dónde había venido Bellatrix.

—¿Sí? —preguntó Albus una vez se hubo calmado un poco a dicho hombre.

—La puerta sur, el lugar por el que la intrusa ha entrado, está bloqueado. Al parecer mató a los guardias y cerró la puerta desde fuera, no se puede usar.

Dumbledore apretó los puños con fuerza mirando el cadaver de Bella en el suelo. Después, se giró hacie el ministerio de magia e hizo un ademán con la mano al mensajero para que le acompañase dentro. Iba a tener que escribir una carta urgente y comunicarlo al resto de los recintos o Voldemort iba a vencer la guerra.


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