I don't own Harry Potter or any of the characters.
9. La caída de Voldemort (II): La muerte de Voldemort.
Como Voldemort nunca encontró nada acerca de cómo se realizan los Horrocruxes, él nunca buscó y escondió a estos. Esto significa que Voldemort nunca convirtió a Nagini en un horrocrux y, por tanto, no la llavaba con él a todas partes. Esto provocó que el único ser al que le podría haber tenido aprecio en su vida jamás existió.
Pero Bellatrix nunca desapareció y puede que por muchos universos que mires siempre sea una fiel servidora del Señor Tenebroso. Para Voldemort, Bellatrix era una simple Mortífaga pero, por otro lado, sobresalía de sobremanera con respecto al resto y sentía que de ella sí que provenía una verdadera devoción y no un simple interés por miedo.
Por eso mismo, el momento en el que recibió su carta sintió un impulso homicida tan fuerte que ni siquiera matando a la lechuza y al mensajero se le había pasado. La carta básicamente decía que iba a internarse en la ciudad de Londres y que no iba a salir con vida pero que por suerte había descubierto un método para ganar: las ciudades estaban amuralladas y poseían cuatro puertas, N-E-S-O cada una con un centinela y con un cambio de guardia a las 00:00. La puerta sólo se puede abrir desde dentro de la cabina y, al parecer, ni siquiera dentro de la ciudad se puede abrir. Si consiguiesen cerrar las cuatro puertas bien sin nadie bien con mortífagos dentro, la ciudad estaría completamente aislata y, en caso de ser una ciudad y no un pueblo, no contaría con autosuficiencia alimentaria y pronto todos comenzarían a morir de hambre, empezando por los más ancianos (como Dumbledore).
Voldemort arrugó la carta con furia. Acababa de perder a su mejor teniente por comprobar una cosa que posiblemente ni diese resultado. De todas formas, no iba a permitir que Bellatrix muriese en vano.
Organizó a sus hombres y decidió que el día siguiente, a las 23:30, saldrían en direcciones cada uno a la puerta indicada de la ciudad o pueblo que les hubiese tocado. Él personalmente supervisaría una de las puertas, la puerta Norte de Londres. A la puerta Este iría su nuevo lugarteniente, la Sur ya está bloqueada y a la Oeste iría el segundo de abordo.
El día señalado, a la hora señalada, partieron cada uno en su dirección con una intención clara: bloquear esas puertas en los pueblos y ciudades posibles y hacer lo propio, pero con un mortífago dentro, en las tres puertas restantes a la ciudad de Londres. Voldemort se dirigió al Norte, Yaxley al Este y Alecto Carrow al Oeste. Se dirigió, junto con un mortífago, hacia la puerta y se escondió tras un árbol, si el guardia le veía no iba a salir y no funcionaría el plan.
Llegadas las doce en punto, el guardia comenzó a caminar a ritmo lento y pausado hacia la puerta mientras el otro guardia se puso en pie y abrió la puerta. En un momento en concreto, ambos hombres se alinearon uno al lado del otro de forma casi mágica y Voldemort aprovechó para lanzar un Avada que alcanzó a ambos y cayeron muertos en el acto. Ordenó al mortífago que abriese la puerta de la ciudad y que después se colocase dentro de la cabina y no la abriese.
La puerta se abrió lentamente y Voldemort se puso ante ella. El plan era liberar desde cada puerta un fuego maldito y luego cerrar todas las puertas, impidiendo que saliese nadie. En el tiempo en que se apagasen los tres, de seguro muchas personas morirían por el fuego y gran parte de la ciudad quedaría en ruinas.
Nada más lejos de la realidad. Cuando la puerta se abrió, había tres hombres frente a la puerta, varita en mano y esperándolo. Tras ellos, había una gran multitud que cargaba escopetas, varitas y antorchas en llamas.
Voldemort dio un paso atrás mirando a Dumbledore, en el centro, y a otros dos hombres de edad también avanzada junto a él, a ambos lados suyos. Voldemort se dio cuenta tarde de que había caído en una trampa bastante estúpida y que seguro, en estos momentos los pocos mortífagos que quedaban estaría muertos.
Voldemort avanzaba de espalda hasta que chocó contra un árbol, mientras que la multitud continuó avanzando hacia él. El mortífago, Amycus Carrow, hizo lo más estúpido que podía haber hecho, abrió la puerta para intentar ayudar a Voldemort pero en su lugar, se llevó un balazo de una pistola en la frente, lo que le hizo derrumbarse en el suelo, con los ojos abiertos y con la herida mortal sangrando.
—Tú época del terror ha acabado al fin —informó Dumbledore al tiempo que los dos miembros que se encontraban a su lado alzaron la varita al unísono con él—. Expía todos tus crímenes.
¡Avada Kedavra! Fue lo último que escuchó Voldemort antes de quedarse cegado antes tres rayos verdes que se acercaban rápidamente hace él justo antes de caer al suelo sin vida. Dumbledore se secó el sudor de la frente y soltó un fuerte suspiro. Todo por fin había acabado, la Guerra Mágica había acabado después de 25 largos años. 25 años exactos hacía esa noche desde que comenzó y por fin había terminado.
Como Voldemort no tenía horrocruxes, no hubo una segunda guerra mágica. Los pocos mortífagos que quedaron con vida fueron mandados a Azkavan de por vida, Voldemort murió asesinado y fue incinerado y sus cenizas exparcidas por el océano. Pese a esto, nunca nada volvió a ser lo mismo.
Durante la guerra, más de 4 millones de personas habían muerto, entre ellos magos, muggles y mortífagos. Ciudades enteras arrasadas, pueblos quemados, políticos torturados y manipulados para beneficio propio. Ahora, todo el pueblo inglés sabía de la existencia de los magos y nada, nunca, sería como antes.
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