Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, ese es de Akira Toriyama.
Destino
CAPÍTULO TRES
"El rescate de Bulma."
— ¿Alguien quiere recordarle a su compañero algo de historia? —la profesora lanzó la pregunta con un dejo de fastidio, no podía creer que fuera posible que a pesar del nivel escolar en el que estaban pudiera existir quienes no conocían ni lo esencial. Lo peor de todo era que el alumno en cuestión pertenecía a los del Primer nivel.
Bulma recargó la mejilla en la palma de la mano y suspiró en una clara muestra de aburrimiento. Afuera llovía desde temprano en la mañana y todo apuntaba a que así sería el resto del día.
—Lola ¿podrías ayudarnos? —una chica se levantó de su pupitre y comenzó una larga letanía.
Bulma se hundió más en su asiento. El resumen era sencillo. Toda la Tierra seguía siendo gobernada por un rey y ésta dividida en diferentes capitales, de acuerdo con los diferentes puntos cardinales. En la época de los androides el planeta se vio sometido a una grave recesión, llevándose la peor parte la Capital del Oeste. Ahí fue en donde por primera vez aparecieron los cuatro niveles. Los más pobres eran el último, los de clase media eran el tercero, los hijos ilegítimos de los más ricos conformaban el segundo nivel y también aquellos que por alguna razón perdían la mayor parte de su fortuna pero que aún eran capaces de sostener parte de su status. Los comerciantes formaban parte de él también, aunque algunos opinaban que era mejor ponerlos en otro nivel. Y finalmente, estaban los del primer nivel, los más ricos y poderosos. Era difícil acceder a esas esferas pero no tan imposible si se tenía un poco de suerte, de ingenio y un buen contacto.
La madre de Bulma solía decirle que ella contaba con las tres cosas, pero muchas veces la ojiazul se preguntaba si realmente era eso lo que deseaba para sí. De alguna forma era como si se encontrara cansada de esa clase de vida y no deseara saber ya nada de eso. Cosa demasiada extraña teniendo en cuenta que jamás había pisado los barrios del primer nivel más que en contadas ocasiones.
La primera vez que fue allá, le impresionó ver que todavía era posible ver los estragos que los androides dejaron. Edificios destruidos y casas sin techo, la gente incluso caminaba todavía atenta a cualquier clase de ruido en los cielos, sólo para recuperar la calma al darse cuenta de que no era nada más que un avión. Obviamente, los más jóvenes vivían ajenos a todo eso, pues la amenaza de los androides desapareció hacia cosa de unos dieciséis años.
Después de eso, en cada capital se erigió una estela que conmemoraba ese hecho histórico e incluso en la del Oeste se podía visitar la casa donde el joven salvador había vivido junto con su madre. El chico había sido heredero de la mayor parte de las acciones de la Capsule Corp; hoy simplemente conocida como la Capsule, y fue gracias a ello que los Briefs pudieron seguir con las investigaciones que los llevaron a encontrar el punto débil de A-17 y A-18 y ponerle fin a la era de terror y bla, bla, bla.
Cada vez que Bulma escuchaba esas explicaciones no podía evitar preguntarse si realmente las cosas habían sido así de simples como las contaban. Ella jamás había ido a la Capital del Oeste, pero se imaginaba que de ir visitaría sin duda aquella casa. Algunas noches soñaba en cómo podría ser; se veía entrando por la puerta trasera como si el lugar le fuera tan familiar, pero sólo hacerlo el corazón se le oprimía y parecía detenerse. Las paredes y los muebles iban y venían como si de un momento a otro fueran a tragársela, al mismo tiempo en que reclamaban su ausencia y le relataban viejas historias. Entonces, Bulma despertaba sudorosa y, a veces, llorando u otras gritando.
Después de eso siempre le era imposible volver a dormir y se detenía a pensar en cómo era la vida que madre e hijo llevaban. Escondiéndose casi todo el tiempo, tratando de sobrevivir hurgando en busca de comida, incluso peleando con otros igual de hambrientos que ellos. En las noches en duerme vela, aluzados apenas si con una vela a punto de terminarse, porque por mucha tecnología que aún tuvieran, no podían darse el lujo de ser tan imprudentes.
¡Y las noches en que la todavía joven madre, trataba de acallar a su hijo cuando era un bebé, porque lloraba de hambre o de frío! O cuando ella trataba de guardarse el llanto al recordar a su esposo y a sus amigos fallecidos, porque simplemente no había tiempo de duelos. Y de… y de…
Bulma se limpió las lágrimas que resbalaron por sus mejillas. Le sorprendía todas las cosas que se imaginaba de esos dos y que lo hiciera tan real que podía sentir todas sus emociones. Sin duda, eran unos héroes y por eso mismo su madre le había puesto el nombre de aquella otra mujer.
El timbrazo que indicaba la hora del almuerzo se dejó escuchar y llegó tan repentino que le provocó un sobresalto. Salió de inmediato a los pasillos sólo con las esperanza de poder ver a Vegeta, pero desde ese día en que lo había seguido hasta la zona negra no asistía a la escuela, y hoy no era la excepción.
"¿Qué habrá pasado contigo, Vegeta?"
— ¡Bulma! —llamó su amiga, sobresaltándola.
—Mai ¿qué pasa?
—Uhm, eso mismo debo preguntarte yo. Desde hace días que te veo extraña.
—No pasa nada ¿almorzamos? —la ojinegra asintió y ambas se fueron al comedor.
Bulma se quedó pensando sobre la explicación que le dio a su amiga el día de su cumpleaños. Resultó que su mamá había regresado a casa y tuvo que irse rápido, encontrándose con ella en el centro de la ciudad para juntas festejar en grande. Tanta fue su alegría que olvidó por completo la cita con su amiga.
Eso fue todo y al parecer Mai le creyó, no sin hacerle prometer que le regalaría algo como compensación.
Bulma nunca dijo nada sobre Vegeta, tal y como él se lo advirtió y ni siquiera lo había mencionado ahora que no asistía a clases. Así era mejor.
La hora del almuerzo y lo que faltaba del día pasaron sin nada relevante. Pero al finalizar, Bulma salió corriendo, dejando atrás a Mai con el pretexto de que probablemente su madre llegaría temprano y tendría que estar en casa. La verdad era que se dirigía a la zona negra en busca de noticias de Vegeta.
Al llegar todo el lugar parecía estar en ebullición. La gente iba y venía y, quien no conociera la ciudad pensaría que el lugar sólo formaba parte de la zona comercial. No tenía nada de particular y todo parecía ser normal. La historia debajo del agua era conocida por todos.
Se dirigió hacia el edificio de la otra noche, encontrando la puerta cerrada. Dio la vuelta entera al edificio sin poder hallar ninguna otra forma de entrar. Miró a lo alto, soltando un suspiro.
¿Tenía que esperar a que anocheciera? Miró hacia todos lados. No era nada seguro ir preguntando por ahí ¿Entonces qué haría? Estaba tratando de pensar que podría hacer cuando la luz del sol proyectó una silueta detrás de ella.
Un grito se escuchó en la calle, pero nadie hizo caso. Todos ahí sabían que esa clase de cosas sucedían y nadie se metía en los negocios de los demás.
((…))
Vegeta se golpeó el dedo pulgar con la tapa de la caja de herramientas al cerrarse de pronto. Masculló algunas palabras y salió de debajo del vehículo que arreglaba. Era solamente el cascaron de una aeronave.
— ¿Problemas con tu vehículo? —Vegeta volteó hacia la puerta. Se trataba de Akira.
Sin prestarle mayor atención se limpió las manos con un trapo y se fue a un rincón a beber un poco de agua.
—Vas bastante adelantado para haberlo construido tú sólo. Tiene buena pinta.
— ¿A qué has venido? —le preguntó malhumorado. El dedo aún le seguía punzando.
—Pensé que quizá te interesaría escuchar algo sobre tu amiga —le sonrió Akira.
Vegeta entrecerró los ojos ¿Por amiga se refería a Bulma? ¿Y ahora en qué lío se había metido esa chiquilla?
—Fue secuestrada esta tarde, por una banda que no sirve para nada llamada Los Hombres Conejo.
—Jum, pues que pidan un rescate y ya, asunto arreglado.
—Pero qué frío eres con ella. Y yo que pensé que te interesaría e irías a su rescate. Bueno, lo más probable es que no pidan dinero. La interrogarán de lo que hay aquí o la venderán para otra clase de trabajos. O quizás ambas cosas. Como sea, creo que por las dudas debería de dar la orden de que la eliminen antes de que nos ponga en peligro —Akira salió del pequeño cuarto cuando al poco escuchó el rugir de un motor. Ella sólo sonrió.
Para Vegeta no fue difícil encontrar el lugar donde la tenían escondida, pues como lo dijo Akira, eran una banda de inútiles. Realizaban sus operaciones de una forma nada discreta que era como si pusieran letreros de identificación por todas partes. En menos de una hora se encontraba afuera de su guarida.
Gruñó antes de bajar de la motocicleta y caminar hacia la entrada.
— ¡Quieto ahí! Ni un paso más —advirtió un hombre vestido de gabardina oscura y unas tontas y ridículas orejas de conejo en la cabeza.
El pelinegro ni siquiera volteo a verlo y mucho menos se detuvo. Simplemente siguió su camino y dejó noqueado al otro con un rápido golpe en la nuca. Adentro varios hombres se le fueron encima, pero los dejó fuera de combate de tan sólo un golpe.
— ¡Vegeta, has venido a rescatarme! —chilló Bulma. Al chico poco le faltó para rodar los ojos. Adiós a toda posibilidad de que los otros no se enteraran de quién se trataba.
Bulma, por su parte, se encontraba maniatada en una silla en el fondo de la habitación. Al parecer a los Hombres Conejo nunca se les ocurrió amordazarla. Genial.
—Vámonos —ordenó Vegeta después de soltarle los amarres.
— ¡Eres un héroe! —vitoreó la chica al momento en que se le colgaba del cuello.
— ¡Ugh! Hazte para allá. Yo no he venido a rescatarte.
— ¿Ah, no? Entonces ¿qué se supone que haces aquí? —la ojiazul se hizo la digna y se cruzó de brazos, ladeando el rostro.
—Ellos te hubieran hecho hablar y eso no nos conviene a nadie. Pudieron chantajearnos, lo que provocaría que Akira los eliminara a todos y eso llamaría la atención de la policía. Ahora sube de una buena vez y vámonos.
El rugir del motor se dejó escuchar y Bulma obedeció a regañadientes, teniendo que abrazar con más fuerza el cuerpo de Vegeta, pues éste iba a gran velocidad.
A pesar del viento y del frío que la lluvia había dejado tras su paso, Vegeta fue capaz de tener una sensación cálida. Pero esta vez, sentir eso le hizo sentirse enojado, aumentando la velocidad y sin hacer caso de las protestas de la ojiazul.
Al detenerse, lo primero que hizo Bulma al bajar fue ir a volver el estómago en un rincón.
—Estás loco al manejar de esa manera. Por poco y nos matamos.
—No es para tanto —le respondió al momento en que alzaba los hombros y recargaba el cuerpo en el asiento de la moto.
Bulma se tranquilizó un poco y entonces se dio cuenta de que estaban en una especie de planicie en donde el aire se sentía puro y transmitía tranquilidad.
— ¿En dónde estamos? —le preguntó mirando a todas partes.
—En algún lugar ¿Importa?
Bulma le miró, algo desconcertada, pero luego empezó a admirar el paisaje.
—Por aquí no hay muchos lugares como este, es lindo —Vegeta no le respondió nada, parecía más bien pensar en algo.
Después de un rato en completo silencio, ella volvió a hablar.
— ¿Dónde aprendiste a pelear de esa manera?
—Simplemente mi cuerpo se mueve solo.
—Eres grandioso. Tienes potencial para eso —el de cabellos en punta rio divertido, burlándose de la chica—. Hablo en serio, podrías incluso participar en torneos, legales, por supuesto.
—Déjate de tanta cháchara ¿sí?
—No, no, es la verdad ¿Has oídos hablar del famoso Budokai? Durante los terribles años de la era de los androides se suspendió, pero desde hace diez años que se empezaron ¿no te gustaría participar?
El gesto de Vegeta se endureció.
Eres tan fuerte que llegarás hasta el Budokai.
Las palabras de su madre resonaron en su mente.
—Y podrías ser todavía más fuerte y tener mucho dinero y…
—Deja de decir tonterías. Digas lo que digas no lo haré.
—Pero Vegeta, quizás eso signifique tu pase de salida del cuarto nivel.
— ¿Y a ti quién te dijo que yo pertenecía al cuarto? —Bulma se quedó callada, con mirada confundida— ¿Así que crees que todo esto lo hago porque soy pobre? —Vegeta enderezó su posición y miró directamente a los ojos a la chica.
—N-no quise ofenderte, es sólo que…
—Voy a decirte algo, chiquilla. Yo vivo en el segundo nivel de esta capital ¿y sabes por qué? —las palabras del chico estaban llenas de odio, y debido a la fuerza con las que eran dichas, Bulma sólo atinó a negar con la cabeza— Porque mi padre me llevó allá después de que asesiné a mi madre. Ahora ¿quieres callarte de una buena vez y no decir tonterías? Porque si no lo haces te romperé el cuello.
Vegeta se volteó para revisar algunas cosas del vehículo. Sintió que le tocaban el hombro con la punta de los dedos, por inercia él volteó encontrándose con la palma de la mano de Bulma. Los oídos le zumbaron por el impacto y tardó en darse cuenta de lo que estaba sucediendo, pues había quedado aturdido.
— ¡Eres un maldito embustero, malnacido! —le gritó, con lágrimas en los ojos.
— ¿Pero qué te pasa, estás loca?
— ¿Es que esperas que te crea esa historia? ¡Tú no mataste a nadie!
— ¿Qué? ¿Y cómo puedes estar tan segura? —le miró con odio.
—No me hubieras ayudado estas dos veces. Un matricida no lo hubiera hecho. Odias a tu padre, lo sé, porque ni en tus palabras puedes ocultarlo. Pero tu madre es otra historia.
Ambos quedaron en silencio, hasta que nuevamente Bulma lo rompió.
—Llévame a casa, es tarde y empieza a hacer frío —le dijo subiendo a la moto. Vegeta soltó un suspiro pesado, no sabía qué tenía esa mujer que le desquiciaba tanto, pero al final terminaba cediendo ante ella.
En poco tiempo se encontraban afuera de la casa de Bulma.
—El que asesinó a mi madre… —dijo de pronto, antes de que la chica entrara— Creo saber quién fue. Y lo único que deseo es matarlo con mis propias manos.
Bulma miró la rigidez del cuerpo del ojinegro, esta vez no era por el frío, sino por los pensamientos que le cruzaban por la cabeza. Ella se acercó, sin atreverse a ponerle una mano encima, aunque deseó tocarlo.
—Quizá yo haría lo mismo en tu lugar —Vegeta le miró a los ojos, encontrando comprensión en ellos.
—Por eso acepté lo de las carreras.
—A mí me encanta todo ese mundo, ya sabes, la mecánica. Pero creo que será mejor que tomes otro camino. Podríamos hacer otra cosa.
— ¿Podríamos? —repitió la palabra con énfasis.
—Me has contado tu secreto, así que ahora estamos metidos en esto. Juntos. Nos veremos después y ya veremos qué se nos ocurre. Buenas noches —Bulma entró a su casa, dejando a un Vegeta sin comprender exactamente qué acababa de suceder.
—Odio a esa mujer —gruñó antes de partir.
A pocos metros, una sombra salió de su escondite. Una bota tipo militar y una larga gabardina era lo que vestía. Sus párpados eran cubiertos por una sombra de color rojo, al igual que sus labios.
Mai arrugó el entrecejo. La presencia de Vegeta era inoportuna.
FIN DEL CAPÍTULO TRES
Uju, nuevo capítulo y ya sabemos un poco de la situación económica y política del mundo. Bueno, poco a poco estos irán haciendo mancuerna.
Por otra parte, aquí menciono otro detalle de la primera saga de Dragon Ball: los Hombres Conejo.
¿En qué estará pensando Mai? Quizás en el siguiente capítulo lo sabrán.
Gracias por sus comentarios y apoyo ¡Nos seguimos leyendo!
