Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece, ese es del grandioso Akira Toriyama.

Destino

CAPÍTULO CUATRO

"Mai".

— ¡Papá! —llamó la joven al ver que el muy cobarde se dirigía a la salida— ¡Papá! No puedes irte.

Mai había visto muchas peleas entre sus padres y casi siempre por el mismo motivo: las constantes borracheras de su padre. Pero esta ocasión había sido muy diferente. Su progenitor se había ido contra su madre con puño duro, lanzándola hasta el otro lado de la habitación. Por el aturdimiento, la mujer pareció perder el conocimiento por algunos instantes y aquello asustó a la chica y al hombre, quien salió corriendo de casa.

Pero nada de lo que dijo, hizo que el hombre se detuviera. Los ojos de Mai se llenaron de una expresión de odio hacia él. Lo odiaba por todas esas cosas que hacía y decía siempre que estaba ebrio, que era la mayoría de las veces. Pero también odiaba a su madre por ser tan débil y cobarde, por aguantar esa clase de vida con el pretexto de darle un padre a su hija y no ser una divorciada más ¡Detestaba a ambos y deseaba que murieran, dejándola en paz!

De pronto, un fuerte ruido, como de algo golpeando contra otra cosa, se escuchó; para luego dar paso al sonido inconfundible de las sirenas de patrullas y ambulancias. Un sobresalto se le vino de repente y salió de casa, sin importarle demasiado el estado de su madre.

A unas cuantas calles de su vivienda se veía una columna de humo y fuego. El corazón le dio un vuelco y tuvo un mal presentimiento, pero fue incapaz de moverse de su lugar.

— ¡Mai, cielo santo! Es tu padre —dijo un vecino con apremio— Tu padre, pequeña… tu padre ha tenido un accidente, avisa a tu madre.

Un fuerte alarido se escuchó a su espalda, se trataba de la aludida, la cual con todo y herida sangrante en la cabeza echó a correr al lugar del incidente, trastabillando un par de veces en el camino. Mai sintió un profundo sentimiento de repulsión.

Al poco tiempo algunos vecinos trajeron de regreso a su madre, la cual venía dando de gritos y sollozando.

—Mai, Mai. Tu padre ha muerto, está muerto. Por Kami ¿ahora qué vamos a hacer?

"¿Qué era lo que iban a hacer?", se preguntó.

—Pues vivir, madre, vivir —le respondió en tono amargo y entrando a casa sin querer saber nada más.

Se dirigió a su habitación y se encerró después de un portazo. Se quedó de pie en medio del cuarto con los ojos y manos cerrados con fuerza. Sintió la misma repulsión de antes, pero ahora en contra de sí misma. Ella había deseado la muerte de sus padres y en respuesta uno de ellos ahora lo estaba.

"Se lo merecía", se dijo en medio de aquel torrente de emociones. Se sintió culpable, aunque eso era ridículo pues nadie puede matar a otro con el puro deseo o pensamiento. Pero fuera como fuera, ahora el dolor le invadía.

Se dejó caer en el suelo, de rodillas y golpeó la superficie con un puño. No le importó el dolor físico, el emocional era más fuerte. Por un buen rato se quedó en esa misma posición, aletargada y ajena a todo, pero poco a poco el exterior volvió o más bien ella salió a él.

—Mai, pobrecita. No deberías de sufrir de esa manera —escuchó una voz extraña a su espalda.

Cuando ella volteó pudo ver a un ser extraño y bizarro, parecía un niño. Pero el color de su piel era azul y el resto de su apariencia le indicaba que no era humano.

—Sí, Mai, querida. Soy yo —el enanito le extendió una mano y la chica por alguna razón sintió una gran nostalgia. De inmediato extendió la mano en correspondencia, pero justo en ese momento la puerta se abrió de golpe y Mai echó un grito de sorpresa.

— ¡Mai! —se trataba de Bulma, su mejor amiga, la cual corrió a abrazarla para consolarla. La ojinegra se dejó envolver, olvidándose de lo que acababa de suceder —Vamos a comer algo, afuera está mamá y Lola también ha venido.

La pelinegra asintió en silencio y se dejó guiar por la chica. Mai no pudo ver cuando la puerta se entrecerró dejando caer a un pequeño de orejas puntiagudas y de piel azul al suelo.

((…))

Una semana había pasado desde los funerales del padre de Mai y ella prefería evitar a su madre en todo momento. Lo único que deseaba era estar el mayor tiempo posible fuera de casa y que dejara de molestarla. Todo lo que hacia esa mujer era llorar sin hacer nada, como si no quisiera darse cuenta de que pronto iban a caer en la más extrema pobreza. Ella no quería regresar a la zona del Cuarto nivel, pero la verdad es que el salario que ganaba en la tienda donde trabajaba a medio tiempo no alcanzaría para evitarlo.

Mai se mordió los labios en señal de frustración, mientras permanecía sentada a las afueras de la ciudad. Se trataba de un pequeño bosque al cual solía ir para pensar. El bosque era una especie de división natural entre el Tercer y el Cuarto nivel, así que quizás era por eso que se sentía tan a gusto en ese lugar.

—Uh, yo también me he sentido triste en muchas ocasiones —Mai volteó un poco asombrada de que alguien llegara de pronto.

—Tú…—dijo sorprendida. Delante de ella se encontraba un perro vestido como ninja.

— ¿Sabes quién soy? —le dijo visiblemente emocionado.

—Ah, no… no, lo siento ¿debería?

Las orejas del perro-ninja se doblaron en señal de desilusión.

—Bueno, es lógico —por unos minutos el perro guardó silencio.

— ¿Quién eres? Disculpa, pero por alguna extraña razón te me haces muy familiar —habló la ojinegra.

—Mi nombre es Shu y estoy bajo las órdenes de Gran Emperador Pilaf —dijo sin más el ninja.

— ¡El Gran Pilaf! —Mai se levantó de su lugar. De pronto había sentido que su cuerpo temblaba de emoción— Llévame con él ¿quieres?

— ¡Claro! —el perro-ninja la tomó de una de las manos y la llevó corriendo a lo largo de todo el bosque. En lo más profundo de éste, se encontraba una pequeña construcción y se detuvieron justo a la entrada— ¡Emperador, emperador! Mai está aquí.

La puerta de la edificación, que no era otra cosa que una cabaña, se abrió y una figura salió de entre las sombras. Su andar decidido y regio dejó boquiabierta a la pelinegra.

— ¡Mai, mi querida Mai! —el emperador se echó a correr y ella posicionó una rodilla en el suelo de inmediato, como un mero acto reflejo, recibiéndolo entre sus brazos— Mai, habíamos estado esperando tanto por ti.

El emperador lloraba y cuando sus lágrimas mojaron el cuello de la chica, algo pareció desencadenarse en su interior, como una gota que cae y genera ondas. Sus pupilas se dilataron y luego sintió una descarga eléctrica muy fuerte en su cerebro. Miles de imágenes sueltas y sentimientos se conjuntaron en un segundo.

—Gran Pilaf —sollozó estrechando al marciano con ternura—. Tú también, Shu, ven aquí— Mai abrió los brazos para que su antiguo compañero se les uniera.

Ahora los tres estaban envueltos en abrazos y en un mar de lágrimas. Quienes los vieran jamás creerían que se trataban de unos súper villanos que en algún momento estuvieron en busca de la conquista mundial.

Un poco más tranquilos y limpiándose los rostros, Mai preguntó—: Gran Pilaf, por favor, explíqueme qué fue lo que pasó. Lo último que recuerdo es que habíamos reunido las esferas del dragón para pedir la juventud eterna.

—Sí y lo logramos, Mai —dijo el marciano—. Por eso es que ahora ni Shu ni yo nos vemos como ancianos decrépitos. Pero tú… tú… —Pilaf apretó los ojos y las manos, sin poder reprimir un par de lágrimas de frustración.

— ¿Yo? ¿Yo qué? —preguntó con ansiedad.

—Fuiste asesinada por esos horribles y temibles androides.

El corazón de Mai pareció detenerse de golpe.

—Asesinada… y, entonces ¿qué es lo que hago aquí? ¿Cómo?

—Eres una reencarnación, Mai. Volviste a nacer, como castigo por Enma no sé qué.

— ¿Eh?

—Esto fue lo que pasó…

«Medio año antes de que los androides aparecieran, nosotros recolectamos las esferas del dragón. Al parecer estaban tan tranquilos los amigos de ese 'chiquillo' que ya no las buscaban, así que era nuestra oportunidad. Y el dios dragón nos concedió la juventud. Estábamos tan felices que los primeros días nos tomamos unas merecidas vacaciones. Con todo el dinero que aún nos quedaba podíamos darnos esa clase de lujos.

«Entonces fue cuando esos horribles monstruos aparecieron. Empezaron a matar gente y a destruir lugar tras lugar. Nosotros nos preguntamos por qué ese 'chiquillo' no hacía nada si era tan fuerte. Y entonces nos enteramos. Había muerto de una enfermedad del corazón.

«Uno a uno, sus amigos empezaron a caer, tratando de proteger a los demás y en especial al hijo del Piccolo Daimaku ¿recuerdas a ese emperador del mal al que una vez liberamos de su encierro, cierto?… Bueno, si él moría las esferas dejarían de funcionar. Pero las esferas de todas formas no pudieron ser utilizadas para revivir a los guerreros caídos… nosotros las habíamos usado ya.

«Todos los que pudieron haber luchado en contra de los androides perecieron y ya no hubo manera de traerlos de vuelta. Nosotros, al igual que la población entera, nos escondíamos en donde podíamos. Hasta que en una ocasión, esos asesinos nos encontraron. Éramos tan sólo unos niños, pero a ellos no les importó. Nos intimidaron y finalmente nos dejaron ir. El chico intentó dispararme por la espalda y… y tú, Mai… (snif)…diste tu vida para salvarme.

«El impacto fue grande para nuestros cuerpos y Shu y yo salimos disparados, quedando inconscientes. Los androides se marcharon pensando que habíamos muerto. Entonces, un guardián del otro mundo nos informó lo sucedido cuando despertamos.

«Nunca se dice esa clase de cosas a los mortales, pero a nosotros se nos dijo como castigo por lo sucedido.

"Desperdiciaron el poder del dios dragón en un deseo vano y egoísta y ahora la paz de la Tierra se ha visto rota. Los que viven haciendo cosas muy malas se les quita el alma y se les envía de nuevo a un ciclo de vida. Ese será el destino de esta mujer. Espero que les enseñe algo".

«Después de eso, decidimos buscarte y con un poco de la ayuda de Uranai Baba logramos hacerlo. Esta vez no fue a cambio de dinero y mucho menos de pelear en contra de alguien, sino de algo más especial. Fue por eso que tú y esa otra niña llamada Bulma se conocieron.

Mai miró a Pilaf al escuchar esa última parte de la historia.

— ¿Quiere decir que Bulma y yo no nos conocimos por pura casualidad?

— ¿Recuerdas cómo sucedió? —le preguntó el emperador.

La ojinegra enfocó la mirada hacia la izquierda, tratando de recordar aquel día.

—Mi familia y yo acabábamos de llegar al Tercer nivel. Recuerdo que las calles estaban cerradas por culpa de una obra de construcción que apareció de la noche a la mañana, así que me vi obligada a ir por la avenida principal. No había ni un alma y el suéter que llevaba atravesado sobre la mochila se calló sin darme cuenta. Ella lo recogió y me lo dio y como nos dimos cuenta de que íbamos hacía el mismo rumbo entablamos conversación. Lo demás es historia.

—Las calles fueron cerradas por nosotros —explicó Shu—, y fui yo que, con la ayuda de una kunai, tiré tu suéter.

—Pero ¿qué tenemos que ver con Bulma? Es decir ¿para qué conocerla?

—Porque ella es la reencarnación de Bulma Brief, la creadora del radar del dragón.

— ¿¡Bulma Brief?! ¿La madre del salvador de la Tierra? —Pilaf y Shu asintieron.

—Todavía hay muchas cosas que hacer aquí para terminar de restaurar nuestra preciosa Tierra y estamos expuestos a que alguien más nos ataque o nos invada. Por eso es necesario que nuevos guerreros aparezcan y que las esferas del dragón vuelvan a funcionar.

—Pero si Kami sama está muerto.

—Uranai Baba nos dijo el secreto. En un planeta llamado Namekusei podremos encontrar un remplazo de Kami sama, lo único que tenemos que hacer es que Bulma recupere sus recuerdos para que ella se haga cargo de todo.

—Es absurdo, es decir, Gran Pilaf, para ir a ese planeta no necesitamos de ella. Cualquier otro podría construir una nave e ir.

— ¿Y qué les diremos a los demás? ¿Les contaremos toda esta historia? ¿Nos creerían? Claro que no. Sólo ella podría hacerlo, mejor dicho, entre las dos. Tú también sabes mucho de estas cosas, después de todo, tú eras mi ingeniera.

Mai soltó todo el aire contenido, al momento en que miraba al cielo ¿Era verdad todo eso que le estaban contando? ¿Hacer eso sería la redención que los dioses les estaban marcando?

Tenía que ser su destino.

—Está bien, Gran Pilaf. Pero yo la conozco mejor que nadie y decirle esta clase de cosas no funcionara en ella. Como usted lo acaba de decir, tenemos que hacer que recobre sus recuerdos.

—Y ese será nuestro próximo objetivo.

—De acuerdo.

La pregunta era ¿cómo se suponía que harían eso?

((…))

Varios meses habían pasado desde que Mai se reencontrara con sus antiguos compañeros y de que se auto-encomendaran aquella misión y sin embargo no habían logrado tener alguna clase de avance significativo. De hecho, ni siquiera era evidente de que Bulma tuviera alguna clase de recuerdos.

La única cosa que podía ocurrírsele era decirle toda la verdad, pero hacer eso no les solucionaría nada, muy aparte de que necesitaban sus recuerdos para poder construir esa nave. Muy a su pesar, ella no contaba con los conocimientos necesarios para realizar toda esa empresa sola. El dinero no era el problema, el Gran Pilaf todavía contaba con los suficientes recursos para cooperar y, hasta donde sabía, la misma Uranai se encontraba en la mejor disposición de unir fuerzas.

La pregunta era ¿por qué? ¿Por qué precisamente ellos? ¿Por qué tanta insistencia y apremio por alcanzar ese objetivo? ¿Es que la bruja preveía algo?

Todas esas preguntas le llenaban de angustia y ansiedad, a tal grado que a veces actuaba de una manera sobreprotectora con su amiga. Por eso, ver a ese tonto adolescente estar tan cerca de Bulma le hacía ponerse mal.

Mai se lo había advertido: "Más vale que te alejes de ella o lo lamentarás".

Pero al parecer, Vegeta no había hecho caso del consejo.

Los ojos de la chica se endurecieron al notar que éste se alejaba de la casa después de dejar a Bulma.

—Shu —llamó por el radio comunicador— va hacia donde estás.

—Entendido —respondió el perro-ninja.

Al poco tiempo el chirrido de las llantas se dejaron escuchar y una columna de humo y fuego se alzó. Aquella visión le hizo recordar el día del accidente de su padre. Pero esta vez no había tiempo para sentir remordimientos. Tampoco sabía si hacer eso era lo correcto. Lo único que sabía era que su misión tenía que ser cumplida a como diera lugar.

Bulma tenía que recordar.

FIN DEL CAPÍTULO CUATRO.

Vegeta ha… Vegeta ha… ¡Mai, no te das cuenta de lo que acabas de hacer!

Bueno, como explicación de ese pequeño detalle, se supone que ellos no saben mucho de la existencia del príncipe. De ahí la razón de la actitud de la chica, para ella solamente es un estorbo. Habrá que esperar para ver lo que sucede.

Gracias a todos por sus comentarios y apoyo.

¡Nos seguimos leyendo!