Disclaimer: Dragon Ball es del grandioso Akira Toriyama.

Destino

CAPÍTULO SEIS

"Pistas"

—No —dijo la madre de Bulma antes de salir de la habitación.

La ojiazul se quedó de pie en medio de la misma, limitándose a mirar la puerta cerrada, para después sólo soltar la respiración pesadamente y, después de dar media vuelta, sentarse sobre la cama.

La antigua científica miró a través de la ventana. Era ya más de las diez de la noche y el cielo estaba nublado y las ramas secas de los árboles se movían por el aire que hacía. Y ya habían transcurrido dos semanas desde el accidente de Vegeta y que este desapareciera sin dejar rastro alguno. Desde entonces, la chica se había dado a la tarea de buscarle por todas partes, cuestionando en más de una ocasión a la policía quien no tenía ninguna clase de información respecto al muchacho.

—Yo no sé nada ¿qué quieres que te diga? —le respondió Mai cuando le quiso sacar alguna clase de información.

—Es que tú me contaste que le conocías del cuarto nivel y…

— ¿Él te dijo lo que era? Ese chico no te conviene. Es un asesino —le dijo con toda la intención de hacerla cambiar de opinión.

—No es ningún asesino —respondió con firmeza.

— ¿Qué sabes de él? —Mai le dijo al momento en que le daba la espalda.

—Lo suficiente para saber que no mató a su madre —los ojos de la chica morena se dilataron.

"¡Ese hijo de…!", pensó Mai.

Se volvió para enfrentar a su amiga y lo que notó en los ojos de Bulma no le agradó mucho. Reflejaban coraje y determinación y eso sólo lo hacía cuando algo se le metía a la cabeza y nada podía impedir que lo realizara.

Las cosas se estaban poniendo feas. Frunció los labios y torció los labios. Había sido una buena idea contarle a la madre de Bulma sobre los pormenores de Vegeta y la peligrosa amistad que estableció con la chica.

—Lo siento, no hay nada que pueda hacer por ti —dijo finalmente Mai y salió del salón de clases.

Bulma bufó molesta, pues aparte de la frustración que sentía, no entendía la reacción de su amiga. Se cruzó de brazos y dijo para sí—: Pues no importa, yo misma le buscaré.

Tomó sus cosas del asiento y después de llamar a su madre para decirle que se sentía con resfriado y que está diera su consentimiento por teléfono, salió de la escuela.

Una vez afuera, se abrochó bien su abrigo y sacó el poco dinero que llevaba encima. Se dirigía hacia el cuarto nivel. En un principio pensó en ir a la Zona Negra, pero de recordar lo que sucedió la última vez que estuvo ahí le hizo cambiar de opinión de inmediato.

Además, por alguna extraña razón, tenía el presentimiento de que él no se encontraría más en ese lugar.

El que asesinó a mi madre… Creo saber quién fue. Y lo único que deseo es matarlo con mis propias manos.

¿Y si todo eso sólo había sido una forma de aparentar su desaparición para hacerla a un lado? Negó con un movimiento de la cabeza. Él simplemente se hubiera ido sin necesidad de hacer un acto suntuoso de escapismo. Pero esa idea era mejor que pensar en que el mimo asesino de la madre de Vegeta le había matado por igual. De sólo pensar en la posibilidad un escalofrío le llenó el cuerpo.

"Vegeta ¿en dónde podrás estar?", pensaba cuando la voz del chofer del taxi que tomó la sacó de su trance.

Bulma bajó del vehículo y una onda gélida le detuvo el corazón. Ella jamás había estado en el cuarto nivel y ver las chozas a penas en pie le estrujó el alma. No podía imaginar cómo es que tanto Mai como Vegeta habían podido vivir en ese lugar.

Una lágrima resbaló por su mejilla cuando sintió que alguien le halaba de la orilla de su abrigo. Bajó la mirada y notó a una pequeña de apenas unos cuantos años, quizá tres, que una vez obtenida su atención le estiró la mano en busca de que le diera por lo menos alguna golosina.

Bulma sonrió al momento en que le acariciaba el cabello sucio y enredado, al momento en que se inclinaba un poco hacia la criatura. Entonces sintió un fuerte golpe en la pierna derecha.

— ¡No se atreva a llevársela! ¡Antes tendrá que pasar por mi cadáver! —la voz de un chico le hizo volverse.

Bulma notó que se trataba de un chico de aspecto rudo, pero había algo en él que le indicaba que en el interior tenía tanto miedo como ella de encontrarse en ese lugar.

—No voy a llevarme a nadie. Yo…

— ¡Mientes! Como todos los de tu clase —dijo corriendo hacia ella y, con un movimiento rápido, alejó a la niña.

Bulma le miró otra vez, imaginando que la niña era muy probablemente la hermana menor del chico. Sonrió melancólica, al momento en que una palabra se formaba fugaz en su mente.

Tights.

La imagen poco nítida de una chica rubia que desapareció en un haz de luz.

—Ustedes sólo vienen por los niños para comérselos —dijo el chico y aquel comentario la hizo salir de sus pensamientos.

Sonrió un poco divertida, aunque de todas formas era triste saber la realidad. Generalmente los miembros del primer y segundo nivel que no podían tener hijos iban al cuarto para comprar infantes y, los padres cargados de tantos gastos, no tenían más remedio que darlos. Naturalmente también los había quienes sólo traían al mundo hijos para después venderlos y saciar su ambición. O quienes buscaban mujeres para servir como vientres de alquiler.

¿Acaso eso fue lo que pasó con la madre de Vegeta?

—No, te equivocas. Yo sólo he venido a buscar a un amigo —dijo Bulma buscando un tono de voz amigable.

—Ustedes no tienen amigos en estos sitios —volvió a responder de mala forma el chico.

—Vegeta ¿le conoces? Estoy buscándolo desde hace varios días y pensé que…

— ¿Qué clase de negocio tiene una mujercita como tú con un chico como Vegeta? —esta vez la que habló fue una mujer de edad.

Bulma se volvió con dirección de dónde provenía la voz. Con su espalda encorvada y bastón en mano la anciana permaneció de pie al lado de su pequeña choza.

—Entonces le conocen —dijo alegre la ex científica.

— ¡Abuela! —recriminó el chico, corriendo hacia ella con la niña en brazos.

—Estoy buscándolo. Necesito encontrarlo —sus ojos azules se opacaron por el sentimiento y la abuela lo notó.

—El bribón habrá hecho de las suyas contigo —el comentario sonrojó a Bulma.

— ¡N-no es lo que se imagina! —gritó apenada y molesta por el atrevimiento.

—Conozco al chico desde que nació, pero nunca fue lo que se llama sociable con los demás. Siempre estaba metido en problemas y peleas, por eso su madre siempre lo animaba a utilizar toda esa energía en el deporte. Pero la pobre terminó asesinada…

—Él no la mató —interrumpió bruscamente la ojiazul, lo que le ganó una media sonrisa por parte de la anciana.

— ¿Abuela? ¿Ese tal Vegeta es el mismo del que se sigue contando hasta ahora? —preguntó el chico al momento en que la niña se bajaba de sus brazos y buscaba el refugio en los de la mujer.

—Su madre era una mujer muy hermosa, como pocas veces se puede ver a alguien así por estos lugares —empezó a contar en medio de un suspiro—. Pero eso mismo es una desgracia, una mujer tan bonita siempre termina mal ¿sabes? Aunque creo que eres muy joven para saberlo.

Bulma bajó la mirada. A pesar de ello, conocía las razones de esa declaración. Los hombres poderosos las buscaban y se aprovechaban para iniciarlas en la explotación sexual y, las que quizás contaban con un poco más de suerte eran vendidas y, con mayor rareza, eran trasladadas a otro nivel para ser de amantes. En esa vida había de todo.

—Su padre…sé que él es un tipo rico —dijo Bulma.

—Oh, así que lo sabes —sonrió la anciana— Pues sí, el padre de Vegeta es un tipo rico. Es algo complicado lo que pasó y no conozco muy bien todos los detalles. Lo cierto es que Umi, cuando se enamoró, lo hizo de un chico muy diferente.

— ¿Umi? —volvió a interrumpir la ojiazul.

—La madre de Vegeta. Umi y ese chico al que amaba se casaron y al poco tiempo tuvieron un hijo. Todo parecía ser tan feliz para ellos, hasta que un día una mujer de las que se dedican a hacer caridad, llegó aquí. Todavía lo recuerdo perfectamente, entonces era yo mucho más joven y bella.

—Abuela, tú siempre has sido una anciana.

— ¡Más respeto para mí, niñato o te romperé todos los huesos! —blandió su bastón y después continuó con su relato—. Era una mujer rubia, no era muy vieja, pero parecía enferma pues tosía constantemente, llevando un pañuelo a los labios. Dio caridad por todas partes, pero a mí más bien me parecía que buscaba algo.

"Un niño sin duda", pensó Bulma.

—Vegeta tenía unos seis o siete años. La mujer casi se desmaya al verle, estaba muy impresionada y pronunciaba palabras incoherentes. Umi y ese idiota de su esposo hablaron con ella y la pobre Umi me lo contó todo después.

—Voy entendiendo. Su padre vendió a Vegeta porque seguramente esa mujer deseaba tener un heredero ¿no es así? Quizá le recordaba a un hijo perdido o algo por el estilo ¿me equivoco?

—No, niña. No fue así.

—La rubia tenía interés en Vegeta, es verdad, pero no deseaba comprarlo. Más bien…

— ¿Más bien? ¡Oh, vamos abuela, no te vaya a dar uno de esos ataques de amnesia!

— ¡Chiquillo malcriado! —la anciana volvió a alzar el bastón, pero no pasó de ser sólo una amenaza.

—Quería restaurarle toda su fortuna y que ocupara el lugar que le correspondía por ser… ja ¡es un disparate!

— ¡Abuela!

—Está bien, está bien. La mujer estaba algo chiflada —hizo un ademán con el dedo cerca de la sien—. Decía que el niño era el esposo fallecido de su difunta hermana.

— ¿Qué? —dijeron el niño y Bulma al mismo tiempo.

—Esa rubia loca dijo que una adivina le había llamado desde otro mundo, diciéndole que debía buscar a alguien muy importante en el cuarto nivel, que al verlo lo reconocería.

—El esposo fallecido… —repitió el niño sintiendo un escalofrío.

— ¿Y-y se lo llevó? —preguntó Bulma.

—El marido de Umi dijo que no irían a ninguna parte. Después de todo ¿quién le creería a una mujer moribunda con todos esos disparates? Así que al final él mismo fue, para verificar las cosas ¡Jum, vivillo el hombre!

— ¿A qué se refiere con eso? —los ojos de Bulma miraron directamente a los de la abuela.

—Jamás regresó, más que en esporádicas ocasiones. Supimos que la mujer loca murió al poco tiempo y lo que se suponía sería la herencia de Vegeta se la quedó.

El que asesinó a mi madre… Creo saber quién fue. Y lo único que deseo es matarlo con mis propias manos.

Las pupilas de Bulma se dilataron.

— ¡Entonces, quien mató a Umi fue el propio padre de Vegeta!

— ¡Oh, acabas de echar a perder el final dramático de mi historia! —la anciana dio un manotazo al aire y, con aire de ofendida, entró a su casa.

— ¡O-oye, abuela, no me dejes aquí! —el niño entró corriendo, dejando a Bulma en medio de la calle y con las sombras del anochecer rodeándola.

La respiración de la antigua científica se aceleró. Ahora tenía una pista de donde podría encontrarse su amigo y más que nunca debía llegar hasta él antes de que en verdad se convirtiera en un asesino.

Cubrió el espacio que le separaba de la puerta de un solo salto y aporreó la puerta con fuerza.

— ¿Y ahora qué quieres? —preguntó malhumorado el niño, asomando las narices.

—Quiero saber el nombre de la mujer rubia —gritó desde afuera.

— ¿Por qué? —le respondió de mala gana el niño— Ella ya está muerta y no podrá decirte nada.

—Porque es la única pista que tengo para encontrar a Vegeta ¿no lo entienden? Él va a matarlo.

—Pues bien merecido se lo tiene el hijo de perra por haber hecho lo que hizo ¿no?

Bulma iba a hacer a un lado al chico para sacarle la información a la anciana a como diera lugar, pero no fue necesario pues ella misma salió hasta la puerta. La abuela le sonrió afable.

—Tights, Tights Briefs.

Un gran trueno cayó a tierra, anunciando de esa forma la tempestad, después de eso el chiquillo cerró la puerta y nadie más salió de nuevo. Bulma se quedó todavía unos cuantos segundos más de pie e inmóvil, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda y los brazos ¿No era que unos cuantos minutos atrás ese mismo nombre se le había formado en la mente?

Volteó y notó cómo la lluvia había hecho ya ríos en las calles y con ello bastante lodo. La lluvia arreciaba cada vez más y no había tiempo para detenerse a pensar en todo eso, pues lo importante era llegar a casa antes de que se enfermera de verdad.

Subió un poco el cuello de su abrigo y echó a correr, a mitad de su camino se dio cuenta de que la cartera con los cuadernos y libros había desaparecido a saber dónde. El vaho de su aliento se veía constantemente pues comenzaba a cansarse, el frío calaba sus pulmones y el agua era absorbida por sus ropas, pesándole cada vez más y dificultándole su camino.

La respiración se le agotaba y pronto los oídos parecieron tapársele, el corazón le latía, al parecer, en las sienes y tuvo que cerrar los ojos por un instante y sacudir la cabeza porque luces aparecieron de pronto.

Sus pies trastabillaron al cruzar la división entre el Cuarto y el Tercer nivel y su cuerpo cayó pesadamente sobre un charco de agua. Para ese punto sentía que por más que jalara aire ya no era suficiente. Sonrió de forma irónica y pensó que morir de esa manera sería muy estúpido.

Los ojos le pesaban y se le cerraban. Un nuevo rayó cayó, iluminando todo a su alrededor, pues en esas orillas no había mucha luz artificial y finalmente sus ojos azules se cerraron.

((…))

Bulma abrió los ojos y poco a poco se dio cuenta de que estaba en su habitación, la cual era iluminada por la lámpara de mesa. Se levantó, todavía un poco aturdida y se dio cuenta de que llevaba puesto un pijama. Se dirigió hacia la puerta y al abrirla pudo notar las luces de la estancia encendidas.

Escuchó que alguien caminó por la misma y pronto apareció su madre. De inmediato supo que se encontraba enfadada.

—Ma-mamá —balbuceó, pero de respuesta recibió una bofetada que le hizo perder un poco el equilibrio.

Aturdida, se llevó la mano derecha a la zona adolorida y con los ojos llorosos miró a la mujer frente de ella.

—Las cosas que me he enterado esta tarde me han decepcionado mucho, Bulma —le dijo con voz quebrada.

Bulma se quedó en silencio, sin saber a qué exactamente se refería su madre.

—Cuando Mai me contó lo de ese chico no quise creerle, pero lo que has hecho hoy…

—Mai no sabe nada sobre Vegeta, él…

—Es un asesino, traficante, un delincuente que te ha orillado a comportarte de esta manera —bramó alterada.

— ¿Qué quieres decir con eso?

—Me mentiste para poder salir de clases para no sé qué. Estaba tan preocupada y tú me mentiste.

—Mamá, perdóname por eso, pero necesitaba saber algo sobre Vegeta.

— ¿Y para qué? No me digas que ese… no, tú y él no pueden estar juntos. Te mereces algo más de lo que te puede ofrecer.

—No sé qué te estás imaginando, pero…

—A tu edad es tan fácil impresionarse. Una mirada, una palabra. Pero te mereces algo mejor que esto. No cometas el mismo error que yo.

Los ojos de Bulma demostraron la impresión de esas palabras.

— ¿Te arrepientes de haberte casado con papá? —preguntó desilusionada.

La mujer soltó un suspiro.

—Eres tan joven y todas a esa edad somos tan soñadoras. Pero el tiempo te hace darte cuenta de que se necesita más que solamente amor para vivir.

—No puedo creerlo —murmuró Bulma antes de regresar a su habitación. Su madre le siguió.

—Todo te lo digo por tu bien. Prométeme que no vas a volver a buscar a ese jovencito.

—Se llama Vegeta y entiéndeme que tengo que encontrarlo.

La mirada dura por parte de su madre volvió a aparecer.

—No —dijo antes de salir de la habitación.

La ojiazul se quedó de pie en medio de la misma, limitándose a mirar la puerta cerrada, para después sólo soltar la respiración pesadamente y, después de dar media vuelta, sentarse sobre la cama.

La antigua científica miró a través de la ventana. Era ya más de las diez de la noche y el cielo estaba nublado y las ramas secas de los árboles se movían por el aire que hacía. Había dejado de llover y después de un rato escuchó ruido en el cuarto de su madre. Seguramente se preparaba para dormir.

Se paró de la cama y buscó en su ropero. Debajo de unas cobijas sacó una caja que contenía todos sus ahorros y los sacó, para después meter en una mochila un par de pertenencias. Tomó una hoja y garabateó algo antes de abrir la ventana y, tras lanzar primero su bolso, bajó a través de ella.

Antes de emprender camino miró por última vez su hogar.

Perdóname por ser tan soñadora.

FIN DEL CAPÍTULO SEIS.

Perdón por la tardanza, pero es que el trabajo ha estado muy ajetreado últimamente. Pero no se preocupen que me estaré dando tiempo para actualizar mis historias

Gracias a: eriss, Vidian, CLS Fanfiction, johaaceve, Smithback; por sus comentarios y a todos los demás por su apoyo.

¡Nos seguimos leyendo!