CAPITULO 3
Por lo que me habéis dicho algunas,
el fic, os está pareciendo un poco lento.
Tranquilas, esto es para meteros en situación.
Para que capteis la soledad, la nostalgia y la rabia que va creciendo en Bella.
Leer con calma, ok? En seguida empezará a ir más rápido.
Aún quedaban varios días para comenzar el nuevo año académico y por la facultad, pululábamos los que nos habíamos quedado a hacer los cursos más largos, o los que simplemente no tenían recursos para regresar a casa.
Una tarde cualquiera, volví a encontrarme con Laurie, la cual estaba apoyada en un arbol, mirando a la nada, aburrida.
Así que me acerqué a ella.
- ¿Puedo? - Le hice un ademán con la mano para sentarme a su lado.
- ¡Claro, por supuesto! - Se incorpó un poco y sonrió, mirando como me sentaba.
- Tu tampoco te has ido a casa, ¿eh? - Aunque era obvio, con algo debía romper el hielo.
- No. He echo el curso, como ya sabes – inclinó la cabeza – y para el poco tiempo que quedaba... pues no era plan de hacerles a mis padres gastar un dineral en mi viaje. - Explicó. - Bueno... tu tampoco te has ido... Supongo que por mis mismos motivos, ¿no?
- Si. Aunque la verdad que no me apetecía mucho volver... - Me quedé pensativa, con la mirada un tanto perdida.
- Bueno... - Se mordió el labio – Yo no quería ser tan directa – Rió – Pero a parte de el motivo de antes... A mí tampoco me apetecía mucho regresar. Necesito marcar un poco de distancia con mis padres. - Suspiró – Soy la pequeña de dos hermanos, y me tienen un tanto sobre protegida, y aquí me las he valido sola por primera vez, y me ha encantado – alzó las manos, muy expresiva – Necesito que ellos se habituen a que ya empiezo a ser adulta e independiente.
Seguimos charlando durante un rato más; su conversación me era muy agradable; hablaba, pero no caía en la pesadez. Además su tono de voz, dulce y musical, me era cómodo y placentero.
Por supuesto que me era agradable hablar con esa chica, era tan parecida a... "ella"
Desde ese momento, y con el transcurso de las semanas, nos volvimos muy amigas. Ella le daba animación y actividad a mi vida, y yo a cambio, le otorgaba un poco de calma y reflexión a la suya.
Aunque habíamos intimado, no teníamos la típica amistad absorbente, que acaba siendo agobiante y hasta tediosa. Si no que cada una seguía con sus cosas, con su vida, su rutina, simplemente que nos hacíamos hueco para tomarnos un café aunque fuera de 15 minutos todos los días para relajarnos y charlar de nuestra rutina.
Laurie también vivía en la facultad, así que lo hablamos, y después de cotejar manías y normas, decidimos compartir piso.
Ella me daba la mitad del alquiler a mí, y yo con eso, podía dejar el trabajo de la biblioteca, ya que compensaba, y así tenía más tiempo para estudiar.
Y juntas decidimos nuestra primera actividad extracurricular: Lengua extranjera, Español.
El siguiente curso, mi herida ya no dolía igual.
Había comenzado a coexistir con el recuerdo de Edward, ya que realmente no tenía otra opción. Por mucho que intentara evitar pensar en "él" los recuerdos venían a mi mente sin poder controlarlo. Era algo inconsciente.
Lo hechaba tantísimo de menos, que todo, me recordaba a él. Incluso estando a 3000 km de distancia, en otro estado, y sin recuerdos reales y actuales... Cualquier nimiedad, hacía que mi mente hiciese conexión.
Aunque de mano me alegré de disfrutar de la soledad en el apartamento estudiantil, ahora, un año después, he de reconocer que no fue buena idea. La soledad, no hacía más que consumirme. Ya que me hacía la tarea de bloquear mis pensamientos, mucho más ardua.
Yo, que siempre había disfrutado de la soledad, ahora, me resultaba pesada. Algun día, como cualquier persona, agradecía el silencio y la paz; pero ahora ya no podía considerarlo mi forma de vida.
"Él" se había llevado incluso eso. Edward me había convertido en una persona más... normal.
Por eso, estaba más encantada de lo que demostraba, de que Laurie se mudara conmigo.
Parece que al haber estrechado lazos entre nosotras, nos había hecho ser, o mostrar, más sociables con el resto de compañeros, por lo que en poco tiempo, comenzamos a relacionarnos con más gente.
No al nivel entre Laurie y yo, pero era agradable que más personas te saludaran, o al entrar a la cafetería siempre hubiese alguien que te invitara a sentarte a su mesa, hacer quedadas para ir a la biblioteca, o tomar algo después de interminables horas de estudio.
Esto era el espíritu universitario.
- Quiero que vivas experiencias humanas, Bella. Que las aproveches y las disfrutes. –
Varias veces, su frase vino a mi mente. "Él" tenía razón. Debía vivir estas experiencias y no perdérmelas por el "capricho" de convertirme en una vampira ávida de sangre.
Pero… en incontables ocasiones, demasiadas, y aun muchos años después, seguí preguntándome cómo sería mi vida si al final Edward hubiese cedido a transformarme.
Y con una pena que me partía el corazón, siempre tuve la certeza que ese era realmente mi destino; que todo, tanto nuestra vida de pareja, familiar y como vampira, hubiesen resultado tan fáciles como el respirar.
En pocos meses, ya nos invitaban a ambas a salidas nocturnas. Allí no había fraternidades, así que no había ese estilo de fiestas, pero la universidad estaba en pleno corazón de Manhattan, así que lo que menos nos faltaban eran sitios para salir un viernes o sábado por la noche.
- Bella... ese chico, con el compartimos clase de español – Lau alzó la cabeza señalándomelo al fondo del bar donde estábamos tomando algo un viernes noche – Steve, creo que se llama. No deja de mirarte. - Sonrió pícara.
- Bueno... pues que siga mirándome. La vista es libre – Contesté desdeñosa.
- ¡Oh, vamos! No puede ser que no te guste ningún chico... A mi me gustan mil distintos al día, ¡jaja! - Rió de su propia broma. Yo la miré meneando la cabeza simpática.
- No es que no me gusten... es... complicado – Me mordí el labio. Sabía que antes o después, el tema "chicos" saldría.
- Has dejado a alguien en Forks, ¿verdad? - Me preguntó ya sin atisvo de broma.
- He dejado el recuerdo de alguien allí – Le contesté.
- Pues creo que su recuerdo, te ha seguido hasta Nueva York – Inclinó la cabeza y me miró con ternura.
Laurie tenía una delicadeza digna de mención. Sabía que algo me había pasado con un chico en mi pueblo, y entendió que no quería comentar nada al respecto, así que no insistió más. Acto que agradecí sobre manera.
Laurie quería ser profesora de literatura, por eso teníamos muchas asignaturas en común, ya que mi profesión elegida, era intentar entrar en una editorial, y poder estar rodeada de libros y que mi opinión llegase a contar, tanto, como para que de ella se decida si un libro se publica o no.
Ambas fuimos apuntándonos a cursos y charlas a lo largo de los dos semestres, y así el tiempo pasó rápido. Rapidísimo.
Los meses fueron pasando... Uno tras otro sin pausa, a un ritmo veloz, ajetreado.
Mis recuerdos seguían ahí, pero tenía mi tiempo tan ocupado y entretenido, que los Cullen y mi época en Forks, con ellos, ya no ocupaban toda mi capacidad de memoria.
- A esto se refería Edward cuando me decía que los humanos "filtrábamos" los recuerdos. Él nunca dijo nada de olvidar… Ahora lo entendía. Pero él no llego nunca a comprender lo que es el amor sincero y verdadero… El amor que yo sentía y sentiré por él, hasta el fin de mis días.
Mi vida en la universidad era genial. Incluso Lau y yo nos teníamos lamentado calculando el poco tiempo que nos quedaba allí.
Estábamos totalmente integradas tanto en la universidad, con compañeros y profesores, como en la ciudad… Bueno, en los alrededores, ya que realmente no nos alejábamos excesivamente de la facultad.
Mi cambio de carácter en cuestión de un año, había sido espectacular. Ahora hablaba mucho más, ya no iba con la cabeza agachada a todos lados, tenía tema de conversación con la gente… Era sociable.
Incluso mi cambio físico, también era considerable: Seguía vistiendo cómoda, pero ya no llevaba jerséis sosos, e iba de cualquier manera. Miraba un poco más mi estilismo para estar más "mona".
Hasta me corté la melena, dejándomela por los hombros. Un estilo "Bob", pero más largo.
Estaba genial... Genial y distinta.
Y he de reconocer que me sentía más a gusto conmigo misma. Sobre todo, porque cuando me miraba en el espejo, cada día, el reflejo de la antigua Bella, iba cambiando.
Hacía de todo por mantener mis recuerdos y anhelos bloqueados. Algunas cosas con más ánimo, otras más obligada. Tenía claro, que debía cambiar.
En el tercer año, Laurie me llevó con ella y su familia a pasar las navidades; todo un detalle por su parte.
Su familia era encantadora, y me acogieron con los brazos abiertos. Convirtiéndose esa, en la primera de varias visitas a su casa, la cual me acogió como una hija más.
Fueron unos días especiales para mí ya que era la primera vez que una amiga, me invitaba a su casa, abriéndome las puertas de su familia.
No... no era la primera vez. Pero si la primera, normal.
Yo le devolví el gesto, invitándola a Forks el siguiente verano.
Mi padre estaba exultante de alegría al ver que había hecho una amiga de tal calibre, como para invitarla a su casa.
- Estoy muy contento al ver tu cambio. Estas… aparte de preciosa, mucho más, no sé… comunicativa. Me gusta el efecto que esa chica ha tenido en ti. Se parece mucho a… - Mi padre calló abruptamente, mirándome con cuidado.
- Si, se parece muchísimo a Alice Cullen, lo sé. – Sonreí – Creo que por eso nos hemos hecho amigas tan rápido. Por su carácter jovial y enérgico. – Mi padre respiró aliviado al oírme nombrar ese apellido tan despreocupadamente.
Pasamos unas semanas de verano sensacionales. Le enseñé un montón de sitios preciosos y Lau quedó maravillada.
Unas vacaciones tranquilas, nos vinieron genial a ambas.
Algún día, sobre todo los primeros, me desperté sobresaltada con sueños; aunque era algo que ya esperaba. Ya que nada más atravesar la puerta de mi habitación, la vista se me fue sola hacía "su" ventana.
Y de eso trataban mis sueños…
"Él" entrando por la ventana y acercándose a mí cama. Me acariciaba la cara dulcemente, poniendo su mano sobre mi pecho para sentir mi corazón latir.
Y cuando yo alzaba la mía para tocarlo a él… unas veces se esfumaba como humo, y otras se separaba de mí, negando con la cabeza…
Tremendo
Al despertar, me levantaba con el pecho dolorido, pero la sensación no era ni parecida a aquellos primeros meses cuando me dejó. Aquello eran pesadillas; esto eran sueños agobiantes.
Las primeras mañanas, alguna lágrima traicionera se me escapó, como era de esperar. Pero un día, mire a aquella ventana y lo tuve claro:
- Bella… Él no volverá a entrar por esa ventana jamás. Hazte de una santa vez a la idea.
Desde aquel día, los sueños desaparecieron. No hay poder más grande que el del convencimiento propio.
Paseando por el pueblo un día, tuve la "gran suerte" de encontrarme de casualidad, aunque algo me decía que no fue algo tan casual como pareció a simple vista, con Jacob.
- ¡Guau Bella menudo cambio! – Me aduló nada más verme. – Estás sensacional – Se acercó a mí y nos dimos un cariñoso abrazo. – Te he echado de menos todo este tiempo – Me susurró al oído mientras me estrechaba entre sus fuertes brazos.
- Yo a ti también – Le devolví, sincera, el abrazo y el comentario – Ha pasado mucho tiempo
- Sí… mucho. – repitió de forma triste.
- Te dejé una carta… - Me interrumpió.
- Sí, mi padre me la dio. Y nada más leerla baje a tu casa, y justo cuando llegué, el coche patrulla daba la esquina de la calle – Su mirada se quedó perdida en un punto del horizonte. – Te despedí con la mano… - sonrió – Sé que no me viste, pero me hizo sentirme un poco mejor. – Le devolví la sonrisa, nostálgica y en cierta manera, sorprendida.
Le presenté a Laurie, que estaba mirándonos sonriente a mi lado.
Nos vimos un par de veces más, de la misma forma un tanto "casual".
Y esta vez, si nos despedimos de forma civilizada, sin cartas de por medio. Y aunque este Jake sí que se parecía al que recordaba, algo había cambiado en él. Algo había pasado por aquella época que se salía de mi comprensión.
Nos invitó a una barbacoa en la Push antes de que nos fuésemos de regreso a Nueva York.
Fue una tarde divertida. Los chicos no paraban de hacernos bromas, sacándonos las carcajadas y en algunas ocasiones hasta los colores.
- Jake... ¿no decías que querías ver mundo... ?A lo mejor Nueva York sería buen destino – Le picaban los chicos. - Aunque bueno, a lo mejor no te sale rentable el viaje, porque para no salir de casa de Bella... - picaban, coloreandome la cara por completo, y haciendo a Jake correr tras ellos para darles un capón. Laurie se tronchaba de risa.
- Bella... no te enfades... - Me decía Embry – Es que siempre fue tan obvio que Jake estaba coladito por tí... - Su sonrisa y sus ojos, aunque pícaros, transmitían una gran sinceridad.
Pero yo no sentía por Jacob nada parecido. Le tenía un gran aprecio, pero como amigo, nada más. Había que reconocer que los años le habían tratado magníficamente bien, a ver... tenía ojos en la cara, pero aunque su atractivo era más que obvio, no me atraía en ese aspecto.
Laurie estuvo durante varios días haciéndome bromas sobre si Jake y yo… bueno, en fin…
- No. No es "él" – Asintió con la cabeza y se calló; así le confirmé que sí había un "él", pero no era Jake.
Nuestras vacaciones acabaron y era hora de volver a Nueva York. Nos habíamos apuntado a un curso de pocas horas, unos días antes de comenzar las clases; así que las obligaciones nos llamaban.
Y ahora quedaba el último año, la especialización. Y yo, lo tenía clarísimo: Seguiría por la rama de letras y filología inglesa, con especialización en español.
Laurie siguió por su rama de letras, también con idiomas para su ilusión de ser profesora.
Ese año, fue lo más de lo más. Ya éramos veteranas y nos las sabíamos todas. Además teníamos controlado el barrio:
Dónde ir, cuándo, cómo, por dónde pasar y por dónde no… Espectáculos, pub, museos, tiendas… Esa ciudad me maravillaba.
- ¿Sabes Lau? Esta ciudad me encanta… Y creo que me va a encantar aún más cuando salgamos a su mundo real. Creo que aún no ha dado todo lo que nos tiene guardado para nosotras.
- Sí, yo también lo creo. – Sonrió – Además, seremos como las protagonistas de "Sexo en Nueva York"… Aunque solo somos dos, ¡jaja! – Rió.
Ese año fue muy duro a nivel académico. Mucho que estudiar, en poco tiempo. Pero siempre sacábamos ratitos libres para distraernos y hacer otras cosas que no fuesen tener la cabeza metida entre libros y letras.
Al inicio del segundo trimestre, llegó un alumno nuevo a clase de español: Jonh.
Cuando se presentó y el profesor lo mandó sentar, le indicó el asiento contiguo al mío, ya que era el único libre.
Esta situación me hizo tener un deja vu: Era la misma situación que entre Edward y yo, pero a la inversa. También hubo algo que me llamó la atención: Esa, fue la primera vez que pensé en él, por su nombre.
En seguida nos hicimos muy amigos. Jonh tenía algo que me llamaba. Estaba complacida con su compañía, además era muy simpático. Siempre estaba haciendo payasadas, sacándome la sonrisa con gran facilidad. Con Laurie también hizo migas en seguida, convirtiéndose en nuestro seguidor.
- Ese chico te gusta... - Canturreaba Lau, bastante a menudo, haciéndome negar y bufar, de forma divertida.
- Laurie... No hay nada entre Jonh y yo – Le respondía siempre.
- Porque tú no le das acceso a que intente nada. Pero tal y como te mira... ummm – ronroneaba de forma tontorrona – Él no te ve como una simple amiga. En cuanto tenga la más mínima oportunidad, verás como intenta algo más – Yo siempre le restaba importancia a sus palabras, pero no pasaban desapercibidas en mí.
Ya que yo misma me había fijado en cómo él me miraba; y siendo sinceros, a mí también me atraía. Por vez primera desde Edward, otro chico... Otro hombre, me inspiraba sentimientos agradables y cálidos.
Pero decir que estaba asustada, era quedárse muy corto. Por eso no le daba ni la más mínima opción a que intentara nada.
Tal y como auguró Laurie, unas pocas semanas después, Jonh, aprovechando una tarde como otra cualquiera, estando tirados en los jardines de la facultad y que nos habíamos quedado solos, se lanzó y me dio un casto beso en los labios.
Realmente no sabía cómo sentirme: Contrariada, aterrada, ilusionada, emocionada. Pero sobre todo, había un sentimiento que destacaba por encima de todos:
Traición.
Sentía que estaba traicionándolo a él.
Bella... Edward no volverá jamás. Han pasado casi cuatro años y no has sabido nada de él. De ninguno de ellos. Deja de seguir albergando falsas esperanzas de algo que no sucedera jamás, de una vez.
Mi subconsciente me habló bien clarito. Y por primera vez, tuve lucidez y mi mente se abrió viendo la realidad de la situación, así que Jonh, que me miraba a los ojos esperando por mi reacción, notó el cambio en mí. Me captó receptiva y se acercó despacito a mí, y yo imité su gesto.
Nos besamos con gran dulzura; dándonos tiernos picos en los labios, los cuales fueron pasando a más carnosos, a más profundos, desenlazando en un beso intenso; muy intenso.
A partir de aquel día, nos hicimos pareja oficial.
Nos cogiámos de la mano, nos abrazábamos, nos besábamos en público como cualquier pareja normal. Sin miedos a nada. Sin pudores de nada. Él estaba encantado por haber echo público nuestro noviazgo. No había nada que esconder.
Eramos la típica pareja que empieza... Todo muy normal.
Todo era tan distinto a con Edward...
El curso fue transcurriendo aún más veloz ahora que Jonh estaba en mí vida.
Él, de vez en cuando, hablaba de futuro. De cuando nos graduásemos. Jonh estudiaba también letras, filología inglesa orientada a la traducción, pero sus notas dejában mucho que desear. Aunque jugaba a favor de que sus padres tenían una pequeña editorial en un pueblecito cerca de Washingthon. Y sus planes de futuro, venían basadas en eso, en trabajar en el negocio familiar, ya que su padre estaba a punto de jubilarse y el negocio pasaría a él, y que yo me mudara.
Pero volver a un pueblecito, no estaba dentro de mis planes. Y hacerlos con Jonh, a medio plazo, tampoco. Por lo que evitaba el tema, corriendo un tupido velo, cambiando de tema, nada más que intuía que las palabras de mi novio iban encaminadas a comenzar con el tema "planes".
- ¡Sería perfecto! Yo traductor y tú editora... - Exclamaba emocionado – El negocio, que ahora es pequeño, llevándolo entre los dos, ascendería como la espuma. Estoy seguro. - Jonh solía recitar esta frase cual mantra, a la mínima de cambio, y yo, hacía oídos sordos.
- Ya veremos... ahora hay que centrarse en los examanes finales... luego ya se verá – Le sonreía y le acariciaba dulcemente.
Estos llegaron y pasaron fulminantes. Tanto estudiar, tanto preparar y tantos agobios... Por fin, habían llegado a su término.
Y en mí caso y en de Laurie, los sacrificios habían merecido sobradamente la pena. Ambas nos graduamos con unas notas ejemplares, dentro de las primeras de nuestra graduación.
Jonh pasó poco más que peladito. Pero él ya tenía su futuro asegurado, atado y estudiado.
El único punto que no acababa de tener bien sugeto, era el que yo me fuese con él.
Durante ese tiempo, nos acostamos, por supuesto. No fue enseguida, ya que él prudente y caballeroso tardó tiempo en empezar con los cortejos preliminares. Y aún después de que nuestros encuentros pasaran a ser de cierta consideración, fue cauteloso y paciente; ya que cuando la cosa se ponía intensa, yo solía retirarme con el miedo y la duda más que patentes en mí forma de actuar.
- Tranquila cielo... No pasaremos a mayores hasta que no estés completamente segura y preparada.
Hasta que poco a poco, el momento llegó:
Fue muy dulce, muy intenso y pasando los primeros momentos algo "incómodos" hasta que mi cuerpo se hizo a su "invasión", muy placentero. Fue un gran momento, y lo recuerdo con mucho cariño.
Jonh no era virgen como yo, aunque tampoco era un amante experimentado. Así que quitando la primera vez en que él llevaba las riendas, fuimos descubriendo los placeres carnales juntos.
Ambos le cogimos el "truquito" y el gusto rápido, pasando muchos, muchos ratos encerrados en mi habitación o en la suya, practicando para ser unos especialistas, como decía él en broma.
Y he de reconocer, que el sexo me encantaba.. Era algo glorioso.
Pero la primera vez que lo hicimos, nada más acabar, tuve que excusarme e irme casi corriendo al baño, porque notaba como las lágrimas estaban a punto de brotarme descontroladas por los ojos, como así fue.
Aunque había sido un momento bonito y muy dulce, de pronto me sentí sucia. Percibí, dentro de mi cuerpo, de mi alma, una traición. Lo había traicionado a él. Le había entregado mi virginidad a otro... Le había sido infiel a él... A Edward.
Las siguientes veces, la sensación fue a menos, hasta que desapareció. Pero igual que mi recuerdo de aquella primera vez, siempre será con cariño, también me quedará el recuerdo de tener a Edward en mi mente en aquellos momentos, y sentirme así de mal.
Laurie y yo, habíamos hecho nuestros propios planes, que no eran otros que buscarnos un apartamento, lo mejor posible dentro de nuestras posibilidades económicas, y por supuesto, encontrar trabajo.
De esto, Jonh no tenía ni la menor idea.
- Bella... ¿Cuándo vas a decirle a Jonh sobre tus planes? - Me insistía Lau unas mil veces al día. - Él esta ilusionado con la idea de que te vas a ir con él. - Me miraba reprovatoriamente.
- Ya lo sé Laurie... Tenemos que hablar, pero... Nunca encuentro el momento. Él está tan ilusionado con que me mude a su pueblo y trabajemos juntos... Pero yo... Yo no quiero eso. - Ponía pucheros.
- Yo lo sé – Laurie se acercaba a mí y me acariciaba los hombros, reconfortándome – Pero tienes que hacerselo saber a él. Jonh está muy enamorado de tí... - Se mordió el labio y suspiro – Mucho más de lo que tu, lo estás de él. - Nos miramos a los ojos, y no hicieron falta más explicaciones.
La graduación llegaba y yo no encontraba momento apropiado para hacerle saber a Jonh mis planes.
Pero siendo sincera conmigo misma, no lo encaraba porque me diese apuro decirle que no quería irme... Si no porque sabía que eso significaba enfrentar otra realidad mucho más importante y cruda:
Yo no estaba enamorada de él. Si lo quería, pero era algo similar al amor fraternal, a excepción del sexo, por supuesto.
En aquel momento, me di cuenta de que todos mis esfuerzos por intentar recordar a Edward de forma normal, no habían servido de nada. Debía sacármelo de la cabeza como fuese, ya que no me dejaría abanzar en mi vida; por lo menos, en la sentimental.
Esa fue, una de las primeras veces que pensé en "él" con rencor. Incluso más que cuando me dejó tirada en aquel bosque.
Un día que nos quedamos en mi piso, ya que Laurie andaba "tonteando" con un compañero de clase y se había quedado en el piso de él, Jonh y yo decidimos pasar el día encerrados, en una de nuestras maratones sexuales.
Ya casi por la noche, después de mucho, mucho sexo, decidimos que era hora de levantarnos y cenar, así que fui a ducharme mientras él pedía unas pizzas.
- Tengo el menú de la pizzeria en mi escritorio. Escoge algo rico – Le grité desde el baño.
Cuando salí, unos minutos después, encontre a Jonh con un papel en la mano y la cara desencajada.
- ¿Qué ocurre? - Pregunté alarmada.
No emitió ningún sonido. Me extendió el papel para que lo viese, el cual no era otra cosa que el contrato de arrendamiento del piso que, después de mucho buscar, habiamos encontrado Lau y yo.
Lo cogí y me quedé con el susodicho papel en la mano, con cara de circunstancia.
- Yo... - No sabía qué decir.
- Tú... ¿Qué, Isabella? - Preguntó con el tono contenido, cargado de rabia. - Veo que ya has decidido, y que yo, estoy excluido de tus planes. - Su tono denotaba un gran dolor.
Había llegado el momento. No había manera de esquivar el tema, y aprovechando la casualidad de que Jonh había visto el contrato, la entrada ya estaba hecha. Ahora venía lo peor: Ser completamente sincera con él, sin herirlo; o por lo menos, no hacerlo aún más.
- Jonh... siento que te hayas enterado de esta forma. - Suspiré – No sabía cómo enfrentar el tema, ya que no es fácil decirte esto, pero... - ÉL frunció el ceño y contuvo el aire – No me voy a ir contigo. - Alcé la mano para que no me interrumpiera - Antes de conocerte, Laurie y yo, habíamos hecho planes sobre nuestro futuro inmediato nada más acabar la facultad, y realmente me apetece más seguir con mi plan original. No quiero volver a un pueblo pequeño. Quiero ver más mundo y abrir posibilidades...
- No me quieres – Soltó rotundo y seguro. Inhalé una gran cantidad de aire. El momento de la verdad, había llegado.
- No. No del modo que tendría que hacerlo para trastocar mi vida por tí. Lo siento, pero creo que nuestros sentimientos no se corresponden. - Le contesté en un tono suave, pero sin lugar a réplicas.
- ¿He sido solo sexo para tí? - Su preguntá me sorprendió.
- ¡No...! Para nada. Al principio me daba miedo porque sentía, y siento, sentimientos puros y sinceros por tí. Pero no estoy enamorada. Y aunque te quiero, no es suficiente para plantearme una vida juntos, tal y como tu me propones.
- Llevo tiempo dándole vueltas... pero... no quería verlo. Pensé que eras así; porque... realmente no nos conocemos demasiado – Sonrió – Creí que eras una persona de no mostrar demasiado tus sentimientos, que tenías miedo y por eso no te decidías a irte conmigo. Pero mis primeras sensaciones, han sido acertadas.
- Vengo de un pueblo pequeño, como ya sabes – Comencé – Y no quiero acabar en otro, por lo menos, no ahora. - Suspiré – Que dentro de unos años, casados e incluso con hijos, me de cuenta de que he perdido mi juventud. - El recuerdo de las palabras que mi madre le dijo a mi padre cuando se fue de Forks, me inundaron la mente. - A mi madre le pasó exactamente eso, y al final acabó cargando conmigo, con dos años, solas por el mundo.
- Pero... pero eso no tiene porque pasarnos a nosotros. - Intentaba justificarse.
- Sí, si pasará, porque... - Inhalé aire y lo solté. - Porque no te amo lo suficiente. Para mí, sería un sacrificio. Si sintiese amor por tí, el irme contigo y comenzar una nueva vida, sería algo maravilloso. No lo apreciaría como un esfuerzo.
En otro tiempo, si que mostraba mis sentimientos. Lo hice y salí tocada y hundida. - Pensé.
Pero por Edward, hubiese renunciado a cualquier cosa. A cualquier sueño... Él, era mi sueño.
Seguimos hablando durante un buen rato, de forma totalmente civilizada. Y aunque en algunos momentos, recordando alguna anecdota juntos nos reimos, el semblante de pronfuda tristeza de Jonh, me estaba matando en vida.
Realmente estaba deseando que se fuera de mi apartamento.
Cuando cruzara esa puerta, seguramente no nos volveríamos a ver nunca más, ya que él se iba a Washingthon en pocos días; pero lo prefería. Quería que se fuera, y volver a la normalidad de mi vida, de mis planes y del futuro que quería descubrir, pero yo sola.
¿Esto es lo mismo qué sentiría Edward por mi?
Me quería, pero, ¿no lo suficiente como para incluirme en sus planes?
¿Por eso no me convirtió, siendo lo de "mi alma" una burda excusa?
- Maldito seas, Edward... Dijiste que saldrías de mi vida, pero no lo haces. Sigues estando aquí... Pero no estás... - Grité a la nada una vez Jonh se hubo ido.
Lloré. Aunque había jurado una y mil veces que no volvería a llorar por él, ese día lo necesitaba desesperadamente.
Estaba cansada; agotada de esforzarme en no pensar en "él" y que su recuerdo no influyera en mí. Él no estaba, se había ido hacía casi cuatro años, y no había dado ni la menor señal de vida. Ni él, ni ella... Ni ninguno.
¿Tan poco les había importado?
Bueno... en este, os he adentrado en cómo esta siendo la vida de Bella.
En todos los sentidos.
Su amistad con Laurie, pasar de los chicos, su carrera... y Jonh.
Su primera vez... y cómo no, con Edward en la cabeza.
Eso debe ser brutal: Estar acostándose con un chico, y tener al amor de tu vida en el pensamiento.
En unos días... otro capi... pero vendrá con sorpresa. Porque... no será sobre Bella.
Leeremos, como le fue a la otra parte ;-)
GRACIAS POR SUS COMENT'S
