Hola mis niñasssss
De antemano... Mil gracias por la aceptación del fic...
Me hacéis sentir muy orgullosa de mí misma, viendo la cantidad de seguidoras.
Bueno... Este capi, me parece, que os va a encantar.
La verdad es que no lo tenía escrito, pero consideré que era necesario. A parte, de que os encantaría!
Había pensado explicar, (lo que se describe al final del capi) más adelante...
Pero, lo dicho... Creí mejor hacerlo así.
Espero (Y algo me dice que si) que os guste...
Ahí os dejo, la versión de todo este embrollo, de los Cullen.
Disfrutarlo!
CAPITULO 4
CULLEN PV
Ocho años. Ocho largos e infernales años habían pasado desde que se mudaran de Forks, dejando a Bella destrozada.
Todos imginaban la desolación y tristeza de la chica una vez Edward le hubiese dicho sobre su marcha. Pero tanto Edward, Alice y Jasper no lo imaginaban... Lo sabían de primera mano.
El primero, porque él fue el encargado de romper con ella.
Alice, por la visión del momento.
Y Jasper, al captar las emociones de ambos.
Aún después de tantos años, los sentimientos no disminuyeron. Simplemente se disimulaban mejor.
Su primer destino fue Alaska, con sus primos Denali. A los que Carlisle les explicó la situación.
- Esto se veía venir... - Comentó Eleazar en respuesta – Cuando vino aquí hace un año, ya se lo dije: La única solución para que lo vuestro funcione, es que la conviertas. Pero ya entonces, se negaba en rotundo, diciendo que vivirían así, manteniéndola humana. Que sabría como ir convenciéndola a lo largo de los años.
- A nosotros, nos dijo exactamente lo mismo. Lleva un año autovenciéndose con esa idea.
Tal era la desolación de Edward, que pasaban días y días sin verlo. Se iba solo a interminables sesiones de caza, con la excusa, y no tan excusa, de despejarse.
Incluso Tanya, que seguía loca por él, lo vio tan desesperado, tan enamorado por esa chica, que no se acercó a él nada más que para lo politicamente correcto.
Todos veían al transcurso de los días, que no mejoraba, si no que cada vez que regresaba de sus cacerías, venía aun peor. La desolación, la tristeza y la melancolía, habían pasado a ser parte de él; un compañero fiel, una carga eterna.
Ya que en Denali, Edwad no se sentía agusto, decieron irse. Y para que él no rememorase nada, y todo fuera nuevo, no teniendo conexiones reales de recuerdos con Bella, se tomaron unas vacaciones recorriendo mundo.
Pero daba igual donde fuesen, cualquier nimiedad lo hacía recordar a "su" Bella:
Una melena castaña al viento.
Una camioneta roja.
Una manzana...
Incluso en aquellos lugares donde nunca había estado con ella, se la recordaban, por el simple hecho de que daría su vida por haberla llevado a conocer esos sitios... Francia, Inglaterra, Suramérica...
Los meses, los años, pasaban... dolorosos, silenciosos, tétricos. La ausencia de Bella, cada vez se hacía más palpable, en vez de ir a menos. Todos, sin excepción, hechaban de menos a la dulce y cándida chica humana que se había incrustado en sus muertos corazones.
Alice fiel a su decisión, pese a la orden impuesta por Edward, seguía los pasos de Bella. Veía sus progresos, sus tormentos, sus brotes de alegria, sus cambios...
Y tras esos cambios, también hubo un trastorno en la familia Cullen.
La vampira, le transmitía a Edward mediante imágenes la vida de la chica. Al principio, eran pequeños atisvos que se filtraban inconscientes y Edward, ávido por saber de ella, los pillaba en la mente de su hermana, regodeándose de poder verla, aunque fueran unos instantes.
Tras pasar los primeros años, Alice comenzó a mostrarle sus visiones más que a propósito, ante los reporches de él.
- No sé porque me torturas así, Alice. - Le gruñía él, con el rostro desfigurado por el dolor.
- Para que observes lo que has conseguido... Lo que abandonaste. - Le contestaba ella con rabia.
Durante los primeros meses, incluso años, todos le habían tenido consideración a Edward. Aunque no compartían su obrar al dejar a Bella, lo aceptaban. Entendían sus motivos y su posterior pena. Incluso habían acatado su orden de no acercarse, de no interferir.
- Ella saldrá adelante – Siempre respondía él. - Es fuerte, y nos superará.
- Han pasado años, Edward... y sigue recordándonos como el primer día. Le pasa exactamente igual que a tí. - Reprochaba Alice – Simplemente que nos ha adquirido rabia, porque no entiende el porque no nos hemos puesto en contacto con ella, y ese sentimiento está alimentandose de su tan adorada alma para tí, amargándola.
- Alice... - la reprendía – Si contactas con ella, no podrá superarnos. No desarrollará su vida humana con normalidad, y lo sabés. - Contraatacaba. - ¿No lo entiendes?
- ¡Basta! - Acababa interviniendo siempre Carlisle – Ha sido la decisión de Edward y debe acatar las consecuencias de sus actos. - El tono de Carlisle, a la hora de defender a su hijo, había ido cambiando a lo largo del tiempo. Ahora podía reflejarse una cierta rabia en él; se notaba obligado a defenderlo.
Carlisle, al paso del tiempo, también hechaba de menos a Bella de igual manera que el resto. Incluso más, ya que ella había aceptado a su familia, a lo que él más quería, con total gentileza, como solía decirle él a la chica y eso había calado hondo en su corazón.
Tras el transcurso de los años, Carlisle fue dándose cuenta de que Edward no mejoraba, a la inversa: con cada imagen que Alice le mostraba, estaba más y más hundido, ya que el rumbo en la vida de Bella no iba como Edward había pensado. Y no solo por eso, si no por el anhelo que con el paso del tiempo, iba aumentando.
Esa deducción, lo hacía sentirse mal. Mal por no haber interferido de otra manera. Estuvo durante horas intentando hacerlo cambiar de opinión aquella última noche. Creyendo que después de un tiempo, Edward recapacitaria, y se daría cuenta de que no era capaz de seguir viviendo sin ella.
Cuatro años después, Edward tuvo un momento de debilidad y regresó a Forks. En ese momento todos, sobre todo Carlisle, vieron el fin de los días de tristeza, dando por hecho que todo se arreglaría.
Estuvo unos días deambulando por casa de Bella a escondidas, por su puesto. Pero sin llegar a verla.
Una visión que Alice, muy sutilmente, le había mostrado, le aseguraba que Bella pasaría unos días en casa de su padre; pero hubo un fallo en la concretación de los días, y Edward tuvo margen para pensar. Para volver a darle vueltas en su atormentada mente, y arrepentirse, huyendo de Forks.
Por lo que Alice le había contado, no coincidió con Bella por cuestión de unas horas.
En ese momento, debió haber puesto más ímpetu en darle a Edward alas para que se acercara a Bella otra vez. Pero Carlisle simplemente se limitó a aconsejarlo de forma ambigua:
- Te lo dije en su día... Ella, siempre te volverá a acoger, porque sigue enamorada de tí, pero ahora, la rabia y la traición han comenzado a adueñarse de ella. - Le explicaba – Te costará mucho hacer que vuelva a confiar en tí. Pero, si estás dispuesto a todo por ella, ve y recupérala. Traela de vuelta a la familia – Lo miró con intención – Sí... a la familia. Si vuelves con ella, tendrás que convertirla, lo sabes perfectamente.
Cuántas veces se lamentó de no haberlo obligado. Edward no necesita un consejo como aquel, si no un apoyo, alguien que se arriesgase por él, diciéndole:
- Trae a esa chica de vuelta con nosotros.
Por aquella época, los cambios de Bella comenzaban a hacerse notar; los destellos del camino que seguiría iban siendo cada vez más claros. Por lo menos para Alice.
La cual transmitía sus visiones al resto de la familia, aunque con alguna que otra censura, ya que imágenes demasiado privadas de la chica, se colaban a su don.
Incluso Edward, estaba atento a sus cambios, ya que en los últimos tiempos habían ido aumentando, llevándola por un camino que no acababa de gustarle. Estaba adentrándose en las altas esferas, donde el poder del dinero y de las influencias, conseguía cambiar a la mejor de las personas. Y Bella, no iba a ser una excepción.
Y aunque agradecían saber de Bella gracias a las visiones de Alice, todos, sin excepción... rememoraban aquella noche... Aquella última noche:
Noche antes de la marcha de los Cullen de Forks...
Todos intentaron hacer entrar en razón a Edward, pidiéndole que reflexionara bien su decisión. Incluso Rose, que no sentía una gran apego por la chica, le había dicho que lo pensara con detenimiento.
- Edward... Piensa bien en tus acciones, hijo. Bella es humana, solo tienes una oportunidad con ella. - Carlisle intentó hacer ver por distintos francos a Edward, lo desacertado de su decisión.
- Ese es el motivo principal, Carlisle. Porque ella, es humana. No puedo robarle el alma. Ese alma pura y buena que posee. Pero siendo humana, nuestra relación es imposible. No puedo estar constantemente encima de ella, protegiéndola de todo... porque algo siempre se escapará de mi control.
- El incidente con Jasper, no ha sido nada. - La frase se repitió varias veces en la boca de Carlisle.
- ¡Por favor... no me vuelvas a decir eso! ¿Nada? Si no llegamos a estar todos allí, Jasper no hubiese sido capaz de pararse y la habría mordido... Sí, arrepintiéndose en el acto. Pero tarde. Demasiado tarde.
- Entiendo tus pensamientos sobre el alma humana, Edward... Pero ella está tan enamorada de ti, como tú de ella... Bella te está entregando su vida, para pasar la eternidad junto a tí. Realmente hijo, no entiendo tu necedad a querer verlo de otro modo.
- ¿Y si dentro de unos años, ella se arrepiente? ¿Si me reprocha que al final la convirtiera? ¿Qué le robe la vida?
- Edward... eso mismo, pude pensar yo con cada uno de vosotros... Y al final, no ha ido tan mal. Incluso Rose, que siempre está lamentándose de que ella quería una vida humana, está mucho más que feliz con esta que lleva, aunque no lo demuestre abiertamente como el resto.
Durante horas... Carlisle intentó que Edward se replantearse su decisión; crear una duda razonable en él, y así pensase las cosas en frio. No con los nervios alterados por lo sucedido en la fiesta de Bella.
- ¿Por qué no te tomas un tiempo solo? Vete unos días, y piensa las cosas. ¿Recuerdas lo bien que te vino irte aquella semana cuando conociste a Bella? Estoy seguro que esta vez, será igual. Eres un hombre inteligente. Solo que ahora estás algo... perdido. Y asustado.
- La decisión está tomada. - Su tono fue tajante.
- Si te vas... no habrá vuelta a atrás. Aunque volvieses, y Bella, estoy seguro, te perdonara, nada sería igual. Los humanos, son desconfiados por naturaleza... Pero cuando encuentras a alguien puro como Bella, confiada, gentil... Y le haces daño, suelen convertirse en felinos. Desconfiados, al acecho y defensiva en todo momento. - Seguía advirtiéndole.
- No habrá vuelta atrás. No regresaré. La dejaré vivir su vida humana sin seres sacados de películas de terror por medio.
Después de una larga charla con Carlisle, el resto de la familia se reunió en el gran salón de la casa. Después de mucho meditar, decidieron ir a Alaska, con sus primos Denali.
Pasarían allí una temporada hasta que los humos se calmaran y decieran el próximo destino a tomar.
- Sé que no estáis de acuerdo con mi decisión, pero quiero pediros... Exigiros, si preferis verlo así, que no interferiremos bajo ningun concepto en la vida de Bella. Jamás. Quiero que eso quede absolutamente claro para toda la familia. - Su tono era serio y seguro.
- ¿Y si a ella... le ocurre algo? - Alice apareció de la nada, con tono de reproche. - Me estás pidiendo, que... si lo veo, ¿no intefiera? ¿Qué la deje sufrir o... morir? - Sus ojos destilaban veneno. Ella era la que menos compartía la opinión de su hermano de dejarla.
- Lo que tienes que hacer, es no mirar en su futuro. Corta las visiones sobre Bella, Alice. No te lo estoy pidiendo – Su mirada era agresiva, no dejando lugar a dudas sobre su imposición.
- Permíteme que te recuerde, que tú no eres nadie para exigirme nada. No soy de tu propiedad, y Bella tampoco. Haré lo que considere oportuno - Le contestó mirándolo del mismo modo.
- Por favor, hijos... Bastante tristes estamos todos, como para que ahora, vosotros discutaís. - Pedía Esme, intentando mediar.
- Voy a respetar tu decisión de no interferir... por ahora. - Anunció Alice más tranquila. - Pero si su vida corre algún peligro, no voy a pedirte permiso. Te informaré de lo que ocurre. Pero no voy a dejar de estar pendiente de ella... Bastante es que me pidas que me aleje de mi amiga... De mi única y mejor amiga. - Su tristeza era más que patente.
Horas más tarde, y con la mudanza lista, Edward llegó a casa. Estaba desolado por completo. No era él... Era un ánima en pena. Jamás, en un vampiro, había sido tan patente semejante tristeza.
- ¿Estás seguro de tu decisión? Aun puedes retroceder – Le aconsejo Carlisle, ante la negación de su hijo.
- Edward... - Lo llamó Esme con la cara desencajada – He acabado de hacer tu maleta. Supuse que te sería difícil hacerla tú mismo. - Asintió – Todo está empaquetado. Los chicos de la mudanza, vendrán a por todo mañana. - Volvió a asentir sin pronunciar palabra y con la mirada ida.
Solo su cuerpo estaba allí, el resto de su ser, estaba en el bosque. Junto a los ojos desolados y despechados de Bella. Porque, a parte de triste, ella se sentía defraudada por él. Y ese, era uno de los sentimientos que más atormentaban a Edward.
El hacerle daño era algo que le quitaba el aliento, en sentido figurado, pero sabía que ella, en cuanto fuese comprendiendo la situación, se sentiría totalmente traicionada por él, y por sus promesas de amor.
Lo hago por tu bien. Si hubiese otra manera, otra solución... Pero no puedo robarte tu alma, condenarte a una vida eterna. Eres un ser demasiado valioso, tu humanidad es en exceso preciada, para castigarte al infierno. Hago esto, exclusivamente por lo mucho que te amo... Ojalá lo comprendas y así, entiendas el amor realmente puro que siento por tí, mi dulce Bella.
Edward no dejaba de pensar en eso, convenciéndose a si mismo de que Bella llegaría a comprender, y que dentro de unos años, cuando él fuese el recuerdo de un amor juvenil, fuese plenamente consciente de que él le hizo un favor. A él, no le importaba pasar el resto de la eternidad recordándola, pero quería que "su" Bella viviese una vida feliz.
Sabía que Alice controlaría la vida de Bella, y que le mostraría imágenes de ella. En sí, era ser un auténtico masoquista, pero viéndola de vez en cuando, como el paso de los años la iba transformando, siendo un mísero espectador en su vida, le bastaba para seguir día a día.
El problema vendría cuando ella muriera...
¿Qué haría entonces?
No podría vivir en un mundo donde ella no existiera.
Pero ese era su sacrificio. El sacrificio que él hacía por ella. Por su amor incondicional y sincero, más allá de cualquier sufrimiento que él pudiese padecer.
Durante varios años estuvieron viajando. Pasaron largas temporadas en Inglaterra, Escocia, Alemania, Chile... No se asentaban, sino que fingían viajes de negocios para pasar desapercibidos con la gente que se trataban durante los meses que duraba su estancia.
Después de unos cinco años, volvieron a asentarse en el norte de los Estados Unidos.
Alice los mantenía informados sobre la evolución de esos cambios, los cuales no eran tan meramente físicos y estéticos; si no que influían en sus decisiones, su personalidad... Incluso en el distanciamiento con su gran amiga, Laurie.
Todos podían darse cuenta de que su "dulce Bella" estaba convirtiéndose en un ser frio, insensible y cínico. Incluso bastante materialista.
La antítesis de lo que ella era... su empatía, su dulzura e inocencia... Nada de eso quedaba ya.
- Imaginaba que cambiaría... - El primero en romper el silencio fue Emmet – No iba a pasarse la vida siendo la dulce Bella. Pero, escuchándote – se refería a Alice, la cual acababa de relatarles una visión de la mencionada – No creí que fuese a convertirse en... eso que cuentas.
- Para sobrevivir en el mundo de altas esferas donde Bella se ha metido de lleno, debía endurecerse. - Continuo Rose – Aunque hay cosas que cuentas que no me gustan demasiado... He de reconocer que estoy, en cierto modo, orgullosa de ella. Se ha echo un nombre, un sitio, un porvenir más que económico. Ha triunfado, o está en el trayecto de ello. - Sentenció firmemente Rose.
- Algo me dice, por las muchas veces que capte los sentimientos de Bella, que aunque ahora esté encantada... No está, o estará a corto plazo, tan entusiasmada con esta vida – Jasper miró hacía Alice con intensidad, y esta, le esquivó la mirada.
- ¿Qué nos estás ocultando, Alice? - Preguntó Edward, sumiéndose en la conversación, a las cuales se unía muy de vez en cuando.
En más de ocho años, podían contarse con los dedos de una mano las veces que él preguntaba directamente sobre Bella. Le bastaba verla en las imagenes de su hermana y las conversaciones que tenían entre todos sobre ella.
Pero esta vez era distinta. Sabía que Alice ocultaba de vez en cuando detalles de la vida de "su" Bella. Sobre todo desde hacía meses. Y suponía qué tipos de detalles tapaba:
La sola imagen de ver a Bella en brazos de otro hombre, lo enervaba y entristecia a partes iguales.
- ¿Te preocupa? ¿Ahora, te preocupa lo qué le pase? - Respondió ella peguntandole con rabia.
- Alice... por favor... Cálmate – Intentaba serenarla Jasper, percibiendo los sentimientos que comenzaban a emanar en el ambiente.
- Te voy a mostrar lo que llevo tiempo ocultando... Te voy a dejar hurgar en mi mente, para que seas consciente del monstruo que has creado... - Alzó una ceja, y fijando sus ojos en los Edward, le abrió su mente, sin apenas censuras.
Edward solo tardó unos segundos en doblarse sobre sus rodillas, agarrándose el pelo con ambas manos. Su rostro era la viva imagen del sufrimiento, del dolor... y del arrepentimiento.
- ¡Basta! - Pidió entre jadeos.
Alice le mostró a la "nueva Bella". Su belleza, su sofisticación... Pero la visión cambia, y le muestra su forma de actuar con la gente; frívola, sin sentimientos... Su manera de adularse a ella misma. La forma presumida en que se mira en los espejos. La arrogancia que destila al verse rodeada de belleza material en su nuevo apartamento.
Y, le muestra... sus "cacerias". Le enseña sus tácticas de seducción, como coquetea, como los hombres la miran... y lo deja ver como las manos de ellos palpan, manosean y besan su cuerpo.
Ahí, la visión se corta.
- No creo que sea honesto mostrarte más... y tampoco creo que lo puedas digerir. - Su ceja altanera sigue alzada, con superioridad. - Siento, en cierta parte que sufras así, porque aunque no lo creas... sigo queriéndote muchísimo. Pero es mi forma de manifestarte mi inconformidad con lo que hiciste con ella hace ocho años... y sobre todo, que no me dejases acercarme a ella. - Inhala una gran bocanada de innecesario aire.
- Alice... lo hice por ella... lo sabes – Se lamenta Edward ya levantado del suelo, pero con el rostro desencajado – Tenía el presentimiento de que antes o después, acabarias encontrando la manera de acercarte a ella... Y que, bueno... que Bella, - la sola mención de su nombre en sus labios, lo hacía estremecerse – que ella, lo llevaría mejor. Que después de un tiempo ella...
- ¿Nos olvidaría? - Preguntó Carlisle. - ¿En serio preferirías que ella nos olvidara? ¿Que hubiésemos sido un simple y mero recuerdo en su vida?
- NO... - Gimoteó, llevándose otra vez las manos al pelo. - No, pero no así. No pensé que su amor se convirtiese en rabia... Que lo vería desde este punto de vista.
- ¿Y cómo creías que se lo iba a tomar? - Intervino Emmet. - Que poco conocías a Bella... - murmuró.
- Te lo advertí... Estuve durante horas intentando hacerte entrar en razón, pero no me escucharse – Contestó Carlisle firmemente.
- Lo sé... sé que todos lleváis todos estos años creyendo que lo hice mal... pero era la única solución... No quería que fuese como nosotros... condenar su alma, no... - sollozó.
- Pues te voy a decir, que pese a tus intentos, Bella acabará siendo como nosotros. - Alice soltó la bomba, con calma. Con tono tranquilo y serio.
Toda la familia se la quedó mirando atónita y un silencio sepulcral se instauró en el salón familiar.
Alice llevaba teniendo visiones de Bella convertida desde el primer momento en que comenzaron a relacionarse. Lo único que iba cambiando a lo largo de los años, era el escenario de fondo y la propia Bella, por supuesto.
Pero jamás, dejó de llegarle esa visión.
Hubo un tiempo en que esa imagen se había borrado y durante unos meses, no había vuelto a ver ese desenlace, creyendo ella misma que las cosas realmente habían cambiado. Que Bella había renegado de ellos por completo.
Pero hacía unas semanas, esa visión volvió. Solo cambiaba el escenario de fondo de la visión. Pero no podía concretar el cómo, el dónde ni el por qué; ya que la visión tan solo duraba unos pocos segundos.
- ¿Desde cuándo sabes eso, Alice? - Le preguntó Carlisle.
- Ella lo sabe desde siempre, ¿verdad? - Aunque sonó a pregunta no lo era. Edward, aunque no había llegado a ver esa visión, conocía muy bien a Alice. - Por eso siempre tuviste esperanza y le restabas importancia a tus visiones cuando nos relatabas de que Bella nos había tomado rabia.
- Por una vez, tienes razón. - Le afirmó ella muy seria. - No os lo conté para no caldear el ambiente. - Se giró para encarar al resto de la familia. - Aunque yo fui la primera en protestar y ponerme de uñas con Edward, y sé que él sabe esto, entendí sus motivos. Por eso afloje mi enfado con él. Bella necesitaba formarse, vivir más a parte de él. Valerse por sí misma... Lo vi claro en una visión pocas semanas después de marcharnos. Si nos quedábamos, ella conseguiría que la convirtiese y no sería feliz completamente. – Arrugó el entre cejo. - Pero mis visiones viendo a Bella convertida, no cesaron. Hasta que durante un tiempo, no las hubo, y ahí,yo misma perdí las esperanzas – Agachó la cabeza abatida – Me esforzaba en pensar en ella, en forzar la visión, pero... nada. Incluso veía mucho menos de lo habitual de su vida.
- Ella... ¿Nos había olvidado? - Preguntó Emmet.
- No exactamente, pero casi. Después de unos meses, mis visiones sobre ella, volvieron. No tan constantes como antes, pero ahí estaba. Y mi visión como vampira, también.
- Esta conversación la hemos tenido hace nueve años... y sigo pensando lo mismo – Protestó Edward.
- No te estoy diciendo que ella acabe siendo una vampira... aunque hay grandes probabilidades de ello – Lo miró con advertencia – A lo que voy, es que no nos ha olvidado. No ha dejado de querernos, solo que ahora está en pleno cambio. En una transición, convirtiéndose en algo totalmente ajeno a ella. Ajeno a mi recuerdo de ella... y por eso las visiones no entran en mí de igual modo.
- ¿Tan desmesurado es ese cambio del que llevas tiempo contándonos, Alice? - Preguntó preocupada Esme.
- Si. Y en unos meses, su cambio, será aun más notorio. - Miró hacía Edward – Se convertirá en una vampira, fría, sin escrúpulos, sin sentimientos... Pero con sangre caliente en sus venas. - Sentenció, ante la mirada desesperada de su hermano.
Hubo un silencio indeterminado en el salón. Todos se metieron en sus cavilaciones, meditando las palabras de Alice.
- Sigo pensando lo mismo. - Edward fue el encargado de romperlo. - No quiero que os inmiscuyáis en su vida. A no ser que corriera peligro, no interfiráis. - Pronuncio las palabras suavemente, pero de forma tajante.
- Ahora eso, no es decisión tuya – Le soltó su hermana, ante la mirada pasmada de Edward – Tu tiempo, donde tenías el dominio de eso, acabó. - Edward negaba con la cabeza – Bella acabará por destrozar su vida. Y cuando sea capaz de salir del entresijo en el que ha estado, no se reconocerá, y se pasará media vida lamentándose. Entonces, será tarde y habrá malgastado su "única" – apuntilló esa palabra – vida. Y créeme Edward, no voy a consentirlo.
- Hijo, lo siento, pero yo tampoco. - Edward apretó los ojos con fuerza - Acaté tu decisión aquella vez, sin estar de acuerdo contigo en absoluto, menos aun cuando tras el paso del tiempo, te consumías más y más por su falta, por el anhelo de ella... Pero esta vez, no lo haré por tí. Lo haré, para compensarle a Bella, todo el tiempo que hemos perdido. - Esme se acercó a él, y le acarició el brazo, asintiendo con la cabeza.
- ¿Y qué haréis? ¿Presentaros así de pronto, como si nada? - Edward comenzó a moverse como un leon enjaulado, con los ojos brillantes de rabia, y alzando la voz varias octavas. - No sabéis lo que estáis haciendo. No tenéis ni idea. - Gruñía.
- Siempre ha estado esperando por nosotros... A qué volviésemos por ella. - Le contestó Alice de forma calmada. - No quieres verlo, nunca has querido, pero ella estaba predestinada a ser como nosotros desde el principio. No le robas nada Edward... ella, a parte de no compartir tus creencias sobre las almas, nos la regala a cambio de la inmortalidad. Pero creerme cuando te digo, que no lo hace única y exclusivamente por tí... Lo hace por ella, porque sabe que esta hecha para ser una vampira. Para ser una Cullen - Alice soltó su discurso en menos de cuatro segundos. Lo defendía a muerte, porque estaba tan segura de eso, como que por sus venas no corría sangre.
- No voy a quedarme viendo como destruis su vida... No puedo impedíroslo – Bufó – Pero no voy a ser partícipe en esto.
- Tranquilo, nuestra aparición no será ahora, aun... Ella, nos llamará. Necesita cambiar, e ir dándose cuenta de que no es ella. De que no quiere seguir siendo esa persona... Pero su subconsciente, hablará por ella. En un tiempo, la visión de ella pidiéndonos ayuda, llegará. Pero ahora no es el momento. Aún no. - Habló como un general a sus tropas. Con seguridad y firmeza.
Todos asintieron encantados a sus palabras. Todos menos Edward, por supuesto.
- Me voy, no permaneceré aquí ni un segundo más. - Amenazó.
- Si esa es tu decisión, adelante... - Lo invitó Alice, mirándolo arrogante.
- Edward, hijo... recapacita. No te vayas... - Pidió Carlisle. - Esto no es una elección entre tu y Bella...
- ¿Crees de verdad que nos reuniremos con ella dentro de un tiempo, y tu no nos acompañarás? - La mirada de Alice se volvió altanera.
- Exacto. Habéis decidido, ahora es mi turno para hacerlo. - Con las mismas, se volteó encaminándose a su dormitorio.
Se oyó ruido en su habitación. Estaba haciendo la maleta, completamente dispuesto a irse.
- Pero... ¿Se va? Yo, yo no quiero... ¡Oh, Dios mío! - Gimoteó Esme.
- Tranquila... ahora, debe irse. Es mejor así. En pocos meses, aquí no se hablará otra cosa más que los planes a seguir para cuando vayamos al encuentro de Bella. Debemos tenerlo todo bien atado, ya que ella, no nos recibirá con los brazos abiertos, por supuesto. - Rodó los ojos con una sonrisa traviesa. - Y para él, será un infierno. Además, le vendrá bien distanciarse un poco. Creerme. - Esme asintió, aun con la cara triste.
- Debería haberse ido hace tiempo, para despejar, para estar solo y pensar. - Agregó Jasper. - Yo se lo sugerí varias veces, pero él no quería parecer débil... Y, no quería disgustarte – Se dirigió a Esme, la cual meneaba la cabeza con aflicción.
Así fue. Alice estuvo más atenta aún a las visiones de Bella, y tal como pronostico, el cambio completo en la chica, no tardó en producirse.
Pocos meses después, sus visones fueron haciéndose más y más intensas y frecuentes. El subconsciente de Bella, comenzaba a llamarlos.
El tiempo del reencuentro no tardaría.
- No conocerá usted al Dr. Cullen, ¿verdad?
Y ahí, supo que la hora había llegado. Bella, por fin, pronunció su nombre en voz alta. La consciencia había ganado a la inconsciencia.
Ahora, era el momento. Ahora, ella, estaba realmente preparada y dispuesta a recibirlos.
Mientras tanto, durante ese año y medio largo, Edward se independizó de la familia. Y aunque cuando se marchó, lo hizo de malas formas, el cambio le vino bien, para ver las cosas desde otra perspectiva. Para reflexionar y al fin, darse cuenta, de que no podía seguir viviendo sin ella. Sin "su" Bella.
Como si el poder de su hermana se le hubiese pegado, algo le decía que debía volver ya. Que no podía demorar más su regreso.
Así que un día cualquiera, se presentó en casa.
- ¿Cuándo vamos a por Bella? - Simplemente pronunció esa pregunta. Pero bastó para que Alice saltase a sus brazos, como antaño.
¿Os ha gustado?
Como veis, Edward y toda la familia, lo han pasado realmente mal
todos estos años sin "su" Bella.
Pero... por fin, Alice escucha la frase mágica, y sabe que la hora del reencuentro, ha llegado.
NA. El siguiente capitulo, no se corresponde en el tiempo con este, ok?
En este capítulo, he relatado todos los años de los Cullen desde que se mudaron de Forks, hasta
el día en que Bella pronuncia esa frase... - No conocerá usted al doctor Cullen, ¿verdad?
Tranquilas... no tardará mucho en aparecer ese capítulo. No desespereis.
Besosssssssss!
