CAPITULO 6
Holaaaa!
Recien llegadita de mi "minis vacaciones",
de lo primero que hago, es publicaros un nuevo capi.
Este es otro capitulo "de transición"... Tranquilito. viendo la ebolución de los personajes
Os explico el cambio tan drástico que da Bella; el cambio al que se refería Alice
Esta semana, intentaré subir tres capis (no prometo nada), ya que estos son un poco
más lentos, para compensaros.
Nada más volver a Nueva York, los cambios se sucedieron a tal velocidad que casi no era consciente de ellos.
Uno de los cambios más llamativos fue el que Laurie había formalizado su relación con Erik; un profesor que conoció en una de las academías en las que había estado de sustituta durante una baja maternal. Ahora eran pareja estable, y habían planeado casarse a finales de ese verano, ya que esa academia donde conoció al que sería su marido en unos meses, la volvió a llamar ofreciéndole la misma vacante que había sustituido un año atrás. Pero esta vez, con plaza fija. Por fin, todos sus esfuerzos se veían recompensados.
Esa circunstancia fue la que hizo que la parejita se decidiera al matrimonio, ya que los dos tenían buenas posiciones laborales para sostener un hogar.
Pero el mas significante, más brutal para mí, a modo particular, fue que, gracias a mi edición de un libro de un escritor nuevo, por el que aposte arriesgándome demasiado, mi nombre comenzó a sonar en editoriales de unas esferas más altas.
Mi riesgo había sido todo un éxito y, gracias a eso, una de las editoriales más exitosas de la ciudad me había llamado para formar parte de sus filas.
Eso me conllevó un ascenso muy, muy importante. Una gran editorial, unos ingresos más que jugosos, y por supuesto, reputación y satisfacción personal.
- ¡Estoy tan contenta! No sabes el peso que me quito de encima... - Lau estaba casi tan contenta con mi ascenso que yo misma – Estaba preocupadísima porque en unos meses, me mudo con Erikk, y dejo de vivir contigo, y eso conlleva el no pagar mi parte de los gastos. - Suspiró – Y con lo que ganabas en esas editoriales, ibas a quedarte muy justa de dinero. - Explicaba; cosa que yo misma había hechado mis números, y me iba a quedar al borde de la indigencia.
- Si... bueno, iba a estar algo justa... - Intenté restarle hierro al asunto, ya que Lau era mucho más emotiva que yo, y no quería disgustarla – Pero eso ya pasó. Ahora ya no hay de que preocuparse – Sonreí ampliamente.
Acabamos abrazadas y dando saltos como dos colegialas.
Esa noche, nos vestimos para matar y salimos a celebrarlo las dos solas. Poniendo en práctica nuestras mejoras de bailarinas, gracias a las clases de baile tomadas años atrás.
En unos días, comenzaría en mí nuevo trabajo, y la editorial, bastante exigente en el estilismo de sus empleados, me había dado un cheque muy jugoso para que lo gastara en hacerme con un nuevo ropero.
También me habían regalado un bono en una estética donde tenían un contrato privado, para que me diese un cambio de imagen.
Ahora iba a tener reuniones con escritores conocidos y reputados. Comidas y cenas de trabajo. Reuniones con jefazos. Y apariciones públicas en las presentaciones de los libros de la cartera de escritores que me darían.
Laurie y yo, escogimos un día para hacer todo esto. Nos pasamos horas y horas eligiendo trajes, camisas, vestidos, faldas, medias, calzado, bolsos... Gastamos una cantidad de dinero desvergonzada.
Y durante todo el día, el recuerdo de Alice, no salió de mi cabeza.
- Si me viese, comprando descontroladamente... y encima, disfrutando con ello, estaría pletórica. Si estuviera aquí conmigo... -
Intenté que ese pensamiento no me entristeciese... Pero en algún que otro momento, me quedaba demasiado pensativa.
- Sé que estás pensando en alquien... - Me devolvió a la realidad Laurie. - Cuando pones esa cara, sé que estás pensando en esa persona especial... En aquella amiga de la que me hablaste. - Su cara se entristecia. Pero no por celos, si no por empatía conmigo. - Siento tanto que te hiciesen un daño tan grande... - Me dio un abrazo rápido. - Pero ahora estoy yo... Siempre me dices que me parezco mucho a ella – Sonrió ampliamente. - Así que no te pongas triste... Piensa que ella se lo pierde, por no pelear por una amiga como tú.
- Sí, tienes toda la razón... Ella se lo pierde porque quiere. - Sentencié convencida.
Al día siguiente, tocó cambio de look. Fui al centro de belleza con la que la editorial tenía contrato, y pese a mis dudas iniciales, al final me encontré maravillada allí.
- Cielo – me habló la esteticién, que parecía una muñeca; tanto por su cutis extremadamente cuidado y su magnífico maquillaje – Has de elegir como quieres verte. Por supuesto que una vez el cambio hecho, en un tiempo, puedes cambiar... Cortarte la melena, dejartela crecer... Pero intenta que se te reconozca por algo – Me sonrió – Que tengas una seña de distinción.
Tenía pelucas de todo tipo, para que te vieses con distintos tipo de colores, o cortes de pelo. Aunque me vi muy "chic" con varios cortes, al final, la esteticien y yo, coincidimos en el mismo look.
Me teñí el pelo de negro, y me apliqué un tratamiento de alisado con volumen; ya me había crecido otra vez, llevando una melenita por debajo de los hombros, así que me la retocó igualándome las puntas y poniéndome unas discretas extensiones para alargarla unos centímetros; me retocó el flequillo, dejándomelo de un lado, cayéndome por la cara hasta la altura de la boca.
La esteticien me dio unos cuantos consejos de cómo maquillarme y cómo cuidarme el cutis. A parte me citó un par de veces para darme unas clases prácticas.
- Estas... ¡increible! - Aduló, tanto a mí, como a su propio trabajo. - En unos meses, podremos quitar esas extensiones, ya que tu propio pelo llegará a esa longitud.
- Si... por favor – Gimotee. Molestaban un horror.
- Para presumir... hay que sufrir, querida – Me mostró sus blanquísimos dientes en una gran sonrisa pintada de rosa fucsia.
Ese fue el comienzo de un nuevo cambio. Poco a poco, cada vez quedaba menos de aquella tímida e inocente Bella... Ahora comenzaba la etapa de la señorita Isabella Swan.
- ¡Dios mío, Bella! - Laurie no daba credito al verme – Estas... increible, nena. Irreconocible – De eso se trataba. Cuanto menos me pareciese a la antigua, mejor.
- Gracias... la verdad es que me veo... bien. - Le contesté.
- ¡Mejor que bien! - Gritaba a mi alrededor dando saltos – Los hombres caeran rendidos a tus pies. - Le saqué la lengua. Lo que menos me preocupaba ahora mismo eran los hombres.
Como al final no había gastado todo el presupuesto, le cedí a Laurie una sesión en el salón de belleza, para que se retocara el pelo.
Ella tenía una melena larga, ondula, de un castaño claro con algunos reflejos rojizos. Así que se recortó un poco las puntas igualándolas y dejandola recta, con el flequillo desnivelado por la cara. Estaba preciosa.
- Laurie, tu si que estás preciosa – La piropee – Pareces una muñeca – Mi mirada era de cariño infinito por ella. - Esta noche, imagino que lo celebraras a lo grande con Erik... Porque en cuanto te vea... - le guiñé un ojo y la miré pícara. Ella ser rió ruborizandose, pero asintiendo entusiasmada a mi plan.
Ese verano no fui a Forks. Con la excusa de la boda de Laurie y que era mucho gasto, mi padre lo entendio. Le dio pena, ya que le hacía ilusión tenernos a las dos pululando por la casa; incluso, en contra de mi voluntad, me mandó un cheque con unos cientos de dolares para ayudarme con los susodichos gastos del enlace.
Lau y yo nos habíamos apuntado al poco de acabar la universidad a una academía de baile, pero tuvimos que dejarlas pocos meses después ya que no teníamos tiempo para asistir.
Pero nos habían venido de perlas cuando salíamos a bailar los sabados por la noche. Ya que nos gustaba ir a Pub's de bailes tipo latinos.
Eso nos había ayudado mucho a la hora de ligar y conquistar a grandes bailarines, dentro y fuera de la pista de baile.
Una tarde, algunos meses antes de la boda y recordando alguna anecdota de aquella época, se nos ocurrió que sería buena idea apuntarnos otra vez, y así practicar bailes de salón. El fox-trot, cha cha cha, bolero.y por supuesto, el vals.
Las semanas previas a la boda, eran todo planes, pruebas de vestidos, compras... Un estrés. Pero pese a lo supuesto, yo estaba emocionadísima con el evento.
Yo, Bella Swan, pletórica con un acto tan social como una boda... ¡Y siendo madrina!
No me lo creía ni yo... Pero, realmente el cambio en mí misma desde que había acabado el instituto hasta ese día, sería más que notorio para cualquiera que me hubiese conocido por aquel entonces.
Ahora me arreglaba más. Cuidaba mi imagen. Mi vestuario. Usaba cremas, cosméticos... En mi armario había vestidos y zapatos de tacón. Y ya no aborrecía los actos sociales, sintiéndome cohíbida; al contrario... Me gustaban; y en pocos meses, me sentía como pez en el agua formando parte de actos públicos.
Vamos, era una mujer normal. Femenina y coqueta. Y gracias a mi nuevo contrato, esas caracterísitacas de mi personalidad, se verían en poco tiempo aumentadas.
- Bella... De una boda, siempre sale otra – Lau fantaseaba con que encontrara el amor de mí vida en su boda. Le hacía una ilusión casi hasta infantil.
- Lau... - La reprendía con cariño. - Creo que mi vena romántica, solo sale cuando abro alguno de mis libros de Austen, y se acaba justo cuando lo cierro. - Ella ponía morritos de fingido enfado.
Después de nuestra primera visita a Forks, y tras creer que Jacob era él, ya que sabía que había habido un él en mí vida. Le conté sobre Edward. Esa vez, solo fue algo breve y muy en el estilo de Laurie, no insistió.
Pero cuando fuimos la vez siguiente, y observando como Jake me "rondaba", me insistió un poco más, y le relaté de manera más abierta.
Por supuesto no le desvelé la condición de vampiro de los Cullen, pero quitando ese detallito, le conté lo que había pasado. Lo que había sufrido... y que aún, años después, todavía estaba herida por aquel acontecimiento.
Tampoco entré en grandes detalles, me limité a relatarle lo muchísimo que había amado a ese "él"
- ¡Lo sabía! - Alzó la voz – Sabía que para leer Austen con tanto mimo, tenías que ser una romántica empedernida – Sonrió, aunque con una nota de tristeza en sus ojos. - Aun tienes la esperanza de que él vuelva, ¿verdad? - No fue exactamente una pregunta.
- Si dejo vagar mi vena romántica... Sí. Sí que aún siento la sensación de que cualquier día, me lo encontraré esperándome a la puerta de mi edificio... - Sonreí – O muy a su estilo, esperándome sentado en el sillón de mi dormitorio – Cerré los ojos y me lo imaginé. Eso hizo que la cicatriz imaginaria de mi pecho, vibrara. - Pero, día a día, estoy perdiendo esa ilusión. -suspiré – Tuve esperanza de que él volviera cuando acabé la carrera... pero, ahora ya ha pasado mucho tiempo, y no he sabido de "él" ni de ninguno de ellos – Agaché la cabeza abatida.
- Lo siento tanto Bella... - me agarró de las manos – Suponía que tenías que haber tenido algún amor; uno prohibido, secreto... ¡Algo! Pero, mirándote a los ojos, puedo ver lo muchísimo que lo amaste... - Se mordió el labio – O lo amas. - No pudé más que agachar la cabeza, otra vez al suelo.
Esa noche, nada más entrar en mi habitación, la vista se me fue sola al sillón.
Qué daría por verlo ahí sentado. Con su despampanante sonrisa torcida, y ese brillo especial en la mirada.
Pero no. Jamás mis ojos fueron testigos de esa imagen. Él nunca regresó. Nunca contactó conmigo... Y, siete años después, había perdido toda esperanza de ello.
Pero ahora lo que sentía era rencor. Había cambiado de etapa, de sentimientos, hacía él.
Aún así una parte de mi, deseaba volver a verlo. Sobre todo ahora, con mi nuevo cambio de look, de estilo, de vida. Que pudiera ver en que mujer me había convertido; en el fondo, gracias a él.
No moriría en paz, sintiendo que mi vida quedaba incompleta, si antes de ese momento no los veía, a todos, una vez más. Una última vez.
Y aunque quería una explicación razonable a porque sé fue... Ya que después de todos estos años, y haciendo memoria miles de veces, estaba segura de que él se fue queriéndome, no acababa de entender el por qué... y eso es lo que me gustaría saber. Lo que, años después, me torturaba.
Pero a parte de las explicaciones... Necesitaba volver a verlos. A tocarlos. Saber que aquella etapa de mi vida fue real. Que existieron de verdad.
A finales de invierno, comencé en mi nueva editorial. Y aunque estaba extasiada de contenta por haber conseguido el culmen de mi carrera llegando allí, aquello era un caos. Estrés constante, prisas, comidas, cenas, reuniones, presentaciones... Siempre pendiente del móvil y de la tablet. Siempre impoluta. Siempre perfecta.
- No sé si seré capaz de sobrellevar este ritmo, Lau – Me desplomé en el sofá de nuestro apartamento, muerta de cansancio. - Esto es inhumano.
- Bueno, esto es lo que tienen las grandes empresas... Solo espero que no te cambie – Alcé la cabeza, mirando a mi amiga extrañada – Sí... Estas editoriales, suelen cambiar a la gente. La vuelven cínica y falsa... Y tu eres tan dulce – Se acercó y me acarició la cara – Encima no me tendrás a mí para mantenerte sobre la tierra.
- Tú no dejarás que me convierta en una bruja – Reí. - Siempre estarás ahí, de alguna manera, para no dejarme ir. Además, yo soy de literatura antigua... Una sosita – Volví a reirme – ¿Tú piensas que voy a codearme con esas brujas presumidas?
- Bella... Ahora, queramos o no, nuestros caminos se separan. Irán en paralelo, o eso espero – me dio un golpe en el brazo – pero ya no iran unidos como hasta ahora. Yo soy una profe, en breves casada, con su vida marital... y tú, soltera, independiente, recién estrenada en una importante editorial; con todas esas comidas y cenas... Ya nada volvera a ser como antes. - Suspiró melancólica. - Nuestras vidas se separan... - Ambas nos quedamos en silencio, asumiendo la veracidad de sus palabras.
Y tenía razón... Mucha. Demasiada.
Pocos meses después de esta conversación, Laurie celebraba su boda de cuento de princesas; feliz y enamorada. Decidida y convencida de su nueva vida.
Y yo, había empezado con pequeños pespuntes de lo que unos meses atrás, me había avisado mi mejor amiga: Mi caracter ya había comenzado a cambiar.
Horas interminables de trabajo, reuniones, fiestas, moda, dinero, apariciones públicas, y hombres.
Mi vida, era completamente distinta. Y debía reconocer, que el cambio, me estaba entusiasmando.
La boda de Laurie, no hizo más que potenciar de alguna forma ese cambio. Me había sentido tan vulnerable, tan frágil... Mi cicatriz se removio durante toda la boda causandome daño físico.
No sentía envidida de mi amiga, ni mucho menos; pero mi mente me jugaba malas pasadas, imaginándome en aquel altar, junto a Edward.
Lloré toda la ceremonia: Cuando cortaron la tarta, al abrir el baile con el vals... Todos me miraban conmovidos, porque veían la felicidad que emanaba hacía mi amiga. Pero ella sabía que no solo lloraba por su plenitud; sino que mis recuerdos y anhelos, me estaban ahogando.
- Sé que estas haciendo una grandísimo esfuerzo estando aquí conmigo, siendo partícipe en todos los actos. - Me miraba compasiva – No sabes la gratitud que siento por tí. Tanto por el grandísimo papel de madrina que estas haciendo, como por ese esfuerzo titánico de mantenerte entera.
- Por ti, ese esfuerzo es insignificante... Te mereces esto y mucho más. - Le froté los brazos cariñosamente.
- Sé que te gustaría estar en mi lugar, junto a él. - Me miró con ojos cristalinos, y mi respiración se agitó. - Y no te imaginas, lo feliz que me haría verte en un momento así. Casándote con el amor de tu vida... - Suspiró; tuve que apretar un segundo los ojos y tragar en seco para no ahogarme - Pero ahora sales un montón más, estas conociendo muchísima gente – Sonrió emocionada – Seguro que cuando menos te lo esperes, encontraras a otro hombre tan maravilloso, incluso más, que te hará olvidar al que no te supo valorar. Estoy segura – Posicionó los brazos en jarrás haciendo una mueca divertida. - Por favor... no te pongas triste... Sabes que te lo digo porque te quiero, no por hacerte daño. - Me mostró una gran compasión en su forma de mirarme y eso me hizo relajar.
- Sí, seguramente que sí – Le guiñé un ojo cómplice.
Jamás... Nunca encontraré otro hombre como Edward. Él era mi todo. Junto a él, me sentía plena. Él me complementaba a la perfección. Y yo, estaba hecha para ser como él, para ser su pareja por toda la eternidad.
Cuando la boda pasó, estando en la soledad de mi habitación, me hice una promesa... Incluso lo escribí en una hoja, la cual doble y metí en mi cartera a modo de recordatorio:
No volveré a recordarte. Desde hoy, estás fuera de mi vida. Para siempre. Solo has traido sufrimiento a mi vida, la cual te hubiese entregado y así pasar la eternidad juntos.
No fui poco para tí... El problema era que yo, era demasiado para tí.
Yo, siendo una simple humana, fui superior a tí, Edward Cullen.
He conseguido muchas cosas gracias a tí, pero te has llevado algo con lo que no contabas: Mi capacidad de amar, se fue contigo.
No te odio... jamás podré llegar a odiarte, porque te amaré toda mi vida... Has sido y serás, el amor de mi existencia.
Pero SE ACABÓ.
Adiós, Edward.
La doble hasta hacerla un papelito pequeño, y la escondí en mi billetera. La llevaría conmigo y la leería tantas veces como me fuese necesario.
Porque desde aquel día, me mentalicé que no sería capaz de enamorarme de nadie. Él me había robado la capacidad de amar a otro hombre.
Fui claramente consciente de ello contemplando como Laurie le daba el – Sí, quiero – al hombre al que amaba. Yo no podría ocupar ese sitio en un altar junto a otro... y tras pasar siete años, debía hacerme a la idea, de una santa vez, que Edward no volvería a buscarme. Y no me vería delante de un sacerdote dándonos ese -Sí, quiero -
Ya que si quisiera encontrarme, podría hacerlo facilmente. Y esa idea no hizo más que encenderme hasta parecer que mis entrañas ardían.
Desde aquel día, me prohibí recordarlo. De cualquier forma. En especial a él. A Edward y... a Alice.
Del resto de los Cullen, me permitía, si algún suceso me recordaba alguna similitud, recordarlos, levemente, con cierta añoranza.
Pero nada más.
En cuestión de medio año, mi vida dio un giro de 360 grados: Me habían ascendido a editora.
Ese ascenso, me permitía no tener trabajo tan variado, y hacer infinitas horas extras; tanto si se tratase de de leer mil y un manuscritos, de los cuales pasaban a la editora cuatro contados; como el asistir a fiestas, pero siendo una segundona, o recorrerme la ciudad en tiempo record para llevar a imprimir o editar...
Ahora, yo era la editora. Tenía varios agentes a mi cargo, que leeían los manuscritos por mí. Y en las fiestas, brillaba con luz propia; no a la estela de nadie, como antes.
Era a mí, a la que le llevaban las copas de champan y saludaban con respeto.
Y a raiz del trabajo, el otro dato que hacía que mi universo se hubiese sacudido de una forma tan brutal, había sido mi propio cambio personal, motivado por mi nuevo puesto.
Siempre impoluta, perfecta y a la última en moda. Mi editorial quería renovar los aires y la creencia de que en las editoriales hay que ir de traje chaqueta gris. Así que teníamos estilistas de exclusivas firmas de moda para que nos pusieran a la última. Elegantes, pero modernas.
Ahora siempre iba maquillada. El pelo creció, convirtiéndose en una melena de infarto. Cientos de dolares me costaba mantenerla impoluta. Perfecta. A parte de las horas de práctica con mi carísima estilista, para enseñarme como peinarme y sacarle el máximo provecho.
Pero merecía sobradamente la pena. Esa melena, junto a mis ojos bien definidos, eran mi toque de distinción.
Estaba irreconocible. Yo misma me miraba muchas veces, sin acabar de reconocerme, en alguno de los múltiples espejos que ahora adornaban mi nuevo apartamento en un extremo de Manhattan cerca de Central Park.
Era maravilloso, amplio, luminoso y carísimo; los reflejos de mis nuevos compañeros de piso, los múltiples espejos, me recordaban cada día más, que Bella ya no existía.
En su lugar, estaba una mujer de 27 años, que se había hecho un sitio importante en Nueva York, logrando mucho más de lo que alguna vez hubiese llegado a imaginar.
Esa idea me hacía sentirme titánica. Todopoderosa. Intocable.
Y tras todo eso, la presunción, la coquetería y la vanidad, comenzaban a destacar. A parte de la frialdad, la insensibilidad y el cinismo.
Por supuesto, el tema "hombres" también había sufrido un gran giro.
Una vez asumido que jamás volvería a enamorarme, todo fue mucho mejor.
No aspiraba a nada... y cuando encontraba a alguno que comenzaba a hacer algún tipo de plan de "futuro", lo despachaba con viento fresco.
En este cambio tuvieron su protagonismo mis "nuevas amigas", casi todas compañeras de la editorial; las cuales eran unas expertas en la "caza" masculina.
Y ya que Laurie ya estaba comprometida y posteriormente casada, y no salía por las noches, me uní a ellas en sus salidas nocturnas. Potenciando ese cambio, esa arrogancia y vanidad en extremo.
Al principio estaba algo perdida y asustada; pero tras los primeros cambios en mí, el sentirme lo suficientemente atrevida como para acostarme con ellos sin haber ningún tipo de sentimiento, fue relativamente fácil.
Acción que adquirí como nuevo "hobby"... salir a cazar. Tiene su punto de gracia: yo, Bella Swan, cazando. Hombres.
Y era divertido... y muy placentero.
Con algunos, saliamos a cenar, a tomar unas copas, teatro, algunos eran compañeros de gimnasio, otros de profesión... Incluso uno, con el que hice amistad, convervándolo como amante predilecto, me llevó en un par de ocasiones al baseball. Cuando me vi alli, Emmet vino a mi mente. Era la primera vez que pensaba directamente en él.
Sería de lo más divertido ver un partido en directo con él. El pensamiento, me hizo casi hasta reír.
Con otros hombres, pasabamos directamente a la cama.
Había aprendido a utilizar mis encantos de mujer y sin sonar pretenciosa, me había convertido en una muy atractiva, y eso, me allanaba el camino.
Bueno... bueno...
Menudo cambio esta pegando nuestra "dulce y recatada" Bella...
Tal como ella misma piensa, no queda nada de aquella chica.
No me extraña que Alice no alucinase al verla en sus visiones.
En un par de capis, esto comienza a ponerse interesanteeeeee
Besosssssssss mis lindas!
