CAPITULO 9


Hola chicasssss!

Ya sé que fui "un poquito mala" dejando el anterior capi justo ahí...

Pero, ya tenemos a un Cullen rondando por aquí... o... Carlisle habrá venido acompañado?

Espero que la espera, mereciese la pena.

Os dejo con el capi...

Carlisle... Carlisle Cullen, había escuchado milagrosamente mi súplica, y estaba justo detrás de mí. Diez años después, de que me curara aquella herida producida por los trozos de espejo que se habían incrustrado en mi brazo, tras el empujon de Edward.

Inconscientemente, mi mano viajó hasta la marca que aquello había dejado en mi piel.

Una vez recuperada la capacidad del movimiento, me giré despacio. Estaba muerta de nervios, y hasta cierto temor recorría todo mi organismo. Notaba mis piernas temblorosas, y mis manos tiritaban al compás desaforado de mi corazón.

Una vez frente a él, inhale una gran bocanada de oxigeno, y alcé la cara, para encontrarme no con dos ojos ambarinos como esperaba, si no con cuatro.

Jasper estaba con él. ¡Jasper Hale! El que casi me mata en mi fiesta de cumpleaños por una simple gota de sangre en una alfombra, en un hospital.

¡Increible!

- ¡Doctor Cullen! - Lo llamó entre extrañado y entusiasmado el doctor de Laurie. - Es un placer... no, un honor tenerlo aqui entre nosotros. - Se acercó a él, y le estrechó la mano. Mientras, Carlisle no apartaba su mirada de la mía - ¿Y a qué se debe el honor? ¿No tendrá pensado el trabajar aquí con nosotros? Porque sería un autentico orgullo contar con usted... - Lo interrumpí. Los nervios me estaban consumiendo.

Oía palabras a lo lejos. No era capaz de sentir ni percibir nada a mí alrededor. Solo podía mirarlos, contemplarnos. Tan iguales... algún cambio en la ropa, un ligero cambio de peinado... Pero exactos; inamovibles en el tiempo.

Ellos tampoco apartaban sus ojos de mí, contemplándome con... ¿adoración? Sí. Esa era la palabra correcta. Jasper estaba algo más serio, como solía ser; pero Carlisle, me embebía con la mirada, no apartando sus dulces ojos ambarinos de los míos.

- Carlisle... - Lo llamé con la respiración entre cortada. - Mi amiga... Se... muere... - Agaché la cabeza para esconder mi pena y enjugar las lágrimas.

- Bueno, señorita... - Agregó el doctor – No avasalle al Dr. Cullen. Tranquila, yo le explicaré el caso de su amiga. Todo a su debido tiempo. - Explicó con una tranquilidad aplastante.

- ¡No! El debido tiempo es ahora... - Exclamé firme y tajante - Estoy pagando una cantidad de dinero vergonzosa porque mi amiga este aqui, así que creo que puedo exigir una atención inmediata, se trate del doctor que sea. Porque, no hay tiempo – Miré a Carlisle con intención.

- ¿Le importa que le heche un ojo al informe y vea a la paciente? - Preguntó Carlisle, con su habitual gentileza – Luego hablaremos de lo que quiera, ¿le parece? - Le clavó su mirada hipnótica y el doctor le entregó todos los papeles referentes a Laurie sin mediar más palabras.

- ¿Me acompa señorita Swan? Así me explica lo que realmente quiere... - Su mirada se entornó, mientras Jasper nos miraba con el ceño fruncido.

¿Qué le estaba insinuando a Carlisle? ¿Cuál era mi petición real? ¿Estaba yo preparada para tomar esa decisión?

Entramos en la habitación, y yo me posicioné en una esquina mientras Carlisle leyó en menos de un minuto todo el historial de Laurie. Se acercó a ella, y posicionó su oido en su pecho y le tomó el pulso en la yugular.

Y aunque estaba más preocupada por mí amiga que por cualquier otra cosa, en esos momentos de silencio, y en cierta manera, de paz, fui consciente de que tenía aquí, conmigo, a dos miembros de la familia Cullen, diez años después de nuestra "no despedida".

Mil pensamientos comenzaron a pasarseme por la cabeza, tan vertiginosos que no era capaz de analizar niguno con claridad.

Los latidos de mi amiga, monitorizados a la máquina sonaban lentos y pausados. Los míos me retumbaban en las sienes, martilleándome.

- Bella... Tranquila. Escucho más tu corazón que el de ella – Me soltó Carlisle sin girarse, pero con voz dulce y una ligera nota de simpatía, tan característica de él.

Mi mirada, tímida, viajo de reojo hasta Jasper, el cual me miraba fijamente. Y antes de volver a pestañear, noté como mis constantes bajaban y un sopor me invadia.

- ¡Para! - Le gruñí en un siseo – Una cosa es que me relajes y otra que me duermas. - Ni siquiera lo miré a la cara para hablarle.

- Alice tenía razón... Arrolladora. ¡Le encantarás! - Sonrió de lado, aguantando la risa.

Solo con la simple mención de su nombre, mi herida se removió, haciéndome llevarme la mano al pecho de forma inconsciente.

- Bueno... - Carlisle se incorporó y me miró muy serio y muy fijo. - Quieres la cruda verdad... o que te lo suavice. - Apreté los ojos y la mandíbula con fuerza.

- La verdad. Lo más directo posible. Un corte limpio, sangra menos. - Alcé una ceja; Jasper sonrió pícaro.

- Bien. Tu amiga, Laurie, se muere. - Un jadeo salió de mi boca, tapándomela con la boca – No sé exactamente cuanto tiempo aguantará, pero no vivirá mucho. - Hizó una pausa para que fuese digiriendo. - Hay algún tratamiento, pero conllevan riesgos, aunque podríamos darle algún tiempo de vida, por supuesto cuidándose. - Inhaló un innecesario aire para él - Si se cuidase al extremo, podría vivir varios años, incluso llegar a ser relativamente mayor. - Gesticuló con los ojos. - Pero no va a ser así. Sobre todo ahora que tiene una hija recién nacida. El simple estrés que genera un hijo nonato, para tu amiga sería mortal.

- ¡Joder! - Murmuré

- Las mamás primerizas, se agobian y estresan por todo lo referente a sus bebés. El cuidado diario, tan sencillo y simple, podría matarla en cuestión de semanas. - Esclareció.

- La única solución es que alguien le cuidara a la niña los primeros meses – intervino Jasper. - Que ella tenga tiempo de fortalecerse un poco y que su hija sea más mayor y menos delicada y estresante su cuidado. - Carlisle meneó la cabeza, no muy convencido de la teoría de Jasper.

- Eso no es posible. Si le quitamos a la niña, ella moriría de pena. - Carlisle asintió – Yo misma podría cuidarla, pero no valdría... ¿Y si yo me mudo con ella y la ayudo? Podría pedir una excedencia en el trabajo unos meses, eso si no estoy despedida ya – murmuré esto último.

- Podría ser una leve solución, pero algo me dice que Laurie, antes o después, intentará hacerse ella sola cargo de la niña. - Jasper asintió. - Por una vez, no pasará nada... Pero... - Sus hermosos rasgos se tornaron tristes. - Bella – Alcé la cabeza, notándome los ojos completamente aguados – Y si propones otro tipo de solución - Movió las cejas transmitiéndome por donde iba su comentario – Habría que organizar una serie de actos... – comencé a menear la cabeza y a alzar las manos negando.

- ¡Para... para! - Respiré profundo, intentando aclararme – Yo no... no sé si estoy en disposición de pedirte eso, y de condenar o regalar a Laurie la inmortalidad – Pestañeé fuertemente y rodé los ojos, molesta – No me puedo creer que después de diez años, este, otra vez, hablando de lo mismo... Y por boca de otra persona. - Fruncí el ceño y meneé la cabeza aturdida. Alucinada, más bien.

- Entonces... ¿Por qué llamaste, Bella? - Me preguntó Jasper de forma intensa, ganándose la mirada dubitativa de Carlisle.

Apreté fuertemente los ojos y respiré profundo un par de veces. Abrí los párpados y clavé la mirada en la de Carlisle.

- No lo sé... Créeme. Cuando me oí a mí misma pronunciar tu nombre en voz alta, me sorprendió. Fue algo inconsciente. - Agaché la cara al suelo, abatida – Me sentí perdida, desesperanzada... Sola... - Cuando alcé la mirada, Carlisle me contemplaba con ternura infinita en sus ojos.

- Pero tú intención, era que Carlisle la sanara a "su forma" – Jasper alzó las cejas entornando los ojos. Callé.

- ¿Bella? - me llamó el nombrado - ¿Cuál era la petición real de tu llamada? Quieres que la trate como un doctor humano, o... - meneó la cabeza.

- No. Lo. Sé. - Separé esas tres palabras, controlando mi genio. - Mi subconsciente te recordó y sin darme cuenta, pronuncié tu nombre en alto. No encuentro otra lógica. - Confesé sincera.

- Tu amiga está muy grave... - Miró Carlisle con intención – Si tú me lo pides... - Volví a apretar los ojos con fuerza.

- Mi subconsciente sabía que existía otra opción ante la muerte... Tú - Lo miré, mordiéndome el labio - Pero, no es tan fácil. Laurie tiene marido, familia, un trabajo. ¿Cómo va a desaparecer así, sin más? ¿Qué explicación daría? - Pregunté alterada. - Habría que fingir su muerte, organizar un funeral falso... ¡Por Dios! - Gruñí exasperada.

- Vaya... ¿Así que no es tan fácil hacerlo? - Preguntó Jasper irónico y hasta burlón. Yo rodé los ojos.

- No es lo mismo... No me compares – Le devolví el mismo tono, sabiendo que se refería a mí.

- No entremos ahora en eso – Nos cortó Carlisle - Me alegro que te hallas acordado de mí... de nosotros – me miró dulce, con una sonrisa tan hipnótica como solo él podía regalarte.

- Llevo recordándoos diez años – Solté mi lengua viperina acompañada de mí mirada más cínica y rabiosa.

Ambos se quedaron callados y con la mirada cabizbaja. Por un momento sentí lástima de haberles hablado así, pero mi remordimiento duró poco.

En ese momento, mi móvil vibró en el bolsillo de mis pantalones:

"Isabella, ya hay una resolución a la queja formal interpuesta por Michael Buble. La espero en mi despacho a las 18:00 hs. Atentamente James Stwear"

- ¡Mierda! - Grazné en un murmullo.

Miré el reloj y tenía menos de dos horas para estar en la oficina. Y antes debía pasar por mi apartamento para adecentarme.

- Tengo que irme a la oficina. - Les informé – Hay... tengo... bueno, hay unos asuntos que requieren mi presencia sin excusas. - Les solté.

- Tranquila, yo me quedaré por aquí. - Comentó Carlisle – Imagino que el doctor que atiende a Laurie habrá informado a medio hospital que estoy aquí, así que tendré que hacer obligaciones diplomáticas. - Rodó los ojos.

- Siento haberte metido en esta historia... - Fruncí el ceño, dándome cuenta de pronto que yo no había cogido el teléfono y lo había llamado – Pero... ¿Cómo es que sabías que te había mencionado? Fue pronunciar tu nombre y a los diez segundos estabas detrás de mí. - Lo miré inquisitiva.

Ambos se miraron y sonrieron, mientras yo, fruncía aún más el ceño.

- ¿No te lo imaginas? - Contestó Jasper divertido. Gesticulé sin comprender. - Alice. - Cerré los ojos durante unos segundos. La comprensión llegó a mí veloz como la luz.

- Pues no es la primera vez que yo... - Inhalé una gran bocanada de aire y callé. No quería dejarles ver lo mucho que los había necesitado.

- Esta vez, era la definitiva. - Volvió a contestar Jasper, yo lo miré, y puedo asegurar que capté mi propio miedo salirme de los ojos. Miedo a lo que ellos pudiesen saber; lo que Alice habría visto de mí en todos estos años.

- Bueno, como quiera que sea... Yo tengo que marcharme. Es importante, ineludible – Me giré para irme, pero antes de salir, volví a voltearme – Si ocurriese algo... - pestañee sin saber como continuar la frase.

- No creo que ocurra nada en las próximas horas... pero si algo sucediese... - Entornó la cabeza, esperando mi respuesta.

Alcé la cabeza y la mirada al techo, buscando una respuesta. Un poco de paz. No sabía qué hacer.

Un móvil sonó discretamente y Jasper miró atento la pantalla del mismo.

- Nada. No se hará nada. No estás decidida. Tienes dudas; demasiadas. Ahora mismo, te decantas más porque la naturaleza siga su curso, y si tu amiga debe morir... - hizo un alto - No estás preparada para que ella sea como nosotros. - Lo miré alucinada. - Repito... Alice. - Alzó el móvil, y yo dejé soltar un sonoro suspiro. - Está pendiente al extremo de cualquier cambio en tus decisiones. - Apreté los labios y asentí.

- Bella... ¿quieres que te acerque a tu apartamento? - Lo miré sorprendida.

- Bueno... yo... - inconscientemente retrocedí unos pasos.

- Tranquila, no pasará nada – Sonrió mostrando una mueca divertida – Estoy en un hospital -Se inclinó de hombros. - Desde lo que ocurrió aquel día... - Jasper miró discretamente hacía Carlisle, pidiendo una ayuda.

- Muchas cosas han cambiado desde entonces – Su mirada se perdió en la nada; como si mirase muy lejos en el tiempo; como así era. - Jasper, en concreto, se ha sometido a durísimas pruebas para poder permanecer entre humanos e incluso oler sangre sin perder el control. Lo de tu fiesta de cumpleaños lo motivo en gran manera. - Expuso.

Se instauró un leve silencio entre los tres. Supongo que cada cual, se sumió en sus propios recuerdos.

- Tengo el coche en el parking del hospital. - Jasper se encargó de romperlo, insistiendo en hacerme de chófer - Luego te acercaré a tu trabajo; así tendrás más tiempo. ¡Vamos! - Me apuró al ver que yo no reaccionaba.

- Espero que esto no sea alguna artimaña de las vuestras – Los advertí con tono desconfiado, mirándolos de soslayo.

Ambos pusieron cara de corderitos, a lo que yo rodé los ojos.

Salimos de la clínica en completo silencio. Tenía mil preguntas por hacerle, pero no quería dar el brazo a torcer y mucho menos con Jasper, con el cual nunca había confraternizado demasiado. Básicamente porque la mayor parte del tiempo tenía intenciones de comerme.

En mi trabajo, cuando te codeas en altas esferas debes aprender a controlar tus emociones, y en esos momentos estaba poniendo todas las lecciones aprendidas en funcionamiento, manteniéndome muy digna.

- Bella... por mucho que te esfuerces en aparentar normalidad, no lo consigues. Creo que debes haber olvidado que tenemos un oído muy agudo. - Su vista siguió al frente, intentando instarme normalidad.

- No... no lo he olvidado. No he olvidado nada. – Solté con la rabia contenida.

- Bella... yo... llevo diez años queriendo disculparme por lo que pasó aquel día. - Me giré con la cara trastocada.

- Jasper... en serio... yo no quiero... - Pero entre que yo tartamudeaba, no consiguiendo hablar con normalidad y que él me cortó, no pude detenerlo.

- Déjame acabar. Lo siento. Siento muchísimo que todo se fuera al garete por culpa de aquella maldita gota de sangre. - Tenía el ceño fruncido y la mirada muy seria. - Tantos esfuerzos que habíais hecho por intentar que funcionase... Todo lo que tú tuviste que aguantar, tolerar y aceptar, y encima sin quejarte ni una sola vez por nada... - Meneó la cabeza disgustado - No te haces una idea de lo mal que me he sentido durante todos estos años, por vuestra ruptura, por todo lo que conllevo después. - Me miró a los ojos, con el gesto más cálido – No te imaginas la de veces que le dije que lo pensase bien, - No estaría hablando de quien suponía, ¿no? - que fue un incidente. Que no volvería a suceder jamás, que pondría toda mi energía en superar mi problema con la sangre... pero nunca quiso escucharme... Edward es tan... - Nada más que lo mencionó, yo salté como un resorte.

- Para, para... ¡ya! No quiero ni que me lo mentes. - Lo miré fijamente, con los ojos muy abiertos y el rostro serio. - No vuelvas a pronunciar su nombre... Tú te encontrarías mal durante años... y entiendo que te sintieras así... por mi parte, estás perdonado. Jamás creí que tú fueses el culpable de que él me dejara. Pero yo he tardado muchos años, muchos esfuerzos en superar aquello y una parte de mi vida tirada a la basura por su culpa. Así que entiende que la sola mención de su nombre, me enerve.

Asintió, mirándome desconcertado. No se molestó ni lo más mínimo en fingir, como solían hacer. Sin ánimo de dármelas de interesante, pero creo que lo dejé vulgarmente dicho, sin palabras.

Me dejó delante de mi edificio en un tiempo récord. No recordaba su forma de conducir, pero claro, ellos no tenían accidentes de tráfico.

Durante todo el trayecto ninguno volvió a abrir la boca. El silencio, en algunos momentos se volvió algo espeso, pero nos mantuvimos así.

- Te esperaré aquí. Tómate tú tiempo, no te preocupes por mí, ¿de acuerdo? - Asentí con una sonrisa tímida y salí del coche.

Me puse un conjunto bonito y elegante. Sabía que me estarían esperando no solo mi jefe, James, si no alguno de los socios. Así que quería dar una imagen de mujer femenina y dulce.

Elegí un vestido floreado, muy de moda esa temporada. Cuello halter que ataba con un precioso y llamativo lazo a un lado del cuello.

Unos tacones altos y finos, de sandalia, de Jimmy Choo y un bolso estilo maletín.

El otoño había llegado pronto este año, así que por fin pude estrenar el abrigo de Carolina Herrera que había comprado unos días atrás.

Me maquille muy dulce, resaltándome las pestañas y los pómulos con mi colorete rosa, imprescindible en mi maquillaje diario.

Me hice un moño bailarina muy bajo, con el flequillo suelto.

Me miré y parecía una auténtica muñeca. Cualquiera que me viese ahora, no diría que había soltado por la boca todo aquello que dije del pobre Michael, humillándolo y denigrándolo, como una vulgar "bruja" sin escrúpulos ni sentimientos.

Tal y como había prometido, Jasper seguía estacionado en frente de mi edificio, esperándome.

En cuanto me vio subir, no pudo evitar mirarme con los ojos abiertos, pestañeando seguido varias veces.

- Lo has conseguido – Murmuró. Yo me giré y lo miré sin comprender. - La imagen de mujer dulce, amorosa y extremadamente femenina. - Sonrió sin apartar la mirada de la carretera.

- Eso es lo que pretendía... Así que, gracias. No sé si... - Me costaba horrores pronunciar su nombre en alto. Llevaba años, muchos, sin hacerlo.

- Alice... - Jasper me echo una mano, viendo como su nombre se me había atragantado en la garganta.

- Eso... Alice – Pronuncié al fin, con cierta dificultad. - No sé si habrá visto algo sobre mi trabajo – Agaché la cabeza y me mordí un labio. Jasper no pronunció palabra – Pero en esta reunión me juego mi carrera. - Miré por la ventanilla hasta que me decidí a hablar otra vez – Si te soy sincera... no sé como he llegado a ser así. - Si, si que lo sabía.

Tu hermano ha tenido un gran protagonismo de que yo llegase a esto. Pensé con rabia.

- Aquel día estaba descontrolada por lo de Laurie, y me molestó muchísimo que por un ataque de pánico de última hora, cuando todo estaba controlado y atado, tuviese que abandonar el hospital. Abandonar a mí amiga, justo cuando casi muere al dar a luz a mi ahijada – Tragué saliva y me serené un momento.

- Bueno... Esta vez tenías excusa. Es comprensible que estuvieses nerviosa y que dejases la lengua fuera. - Asentí complacida porque me diese la razón. Gozo que duró muy poco – Pero... ¿Y las otras veces? ¿Qué excusa tenías?

- ¿Otras veces? - Pregunté confusa.

- Si, las otras veces que has soltado cosas parecidas por esa linda boquita de otros escritores porque se ponían nerviosos ante la expectativa de publicar su libro. - Entendí por donde iba y me quedé muda – Al principio los comprendías. Tenías esa empatía tan habitual en tí. Dulzura, entendimiento, comprensión... Pero de pronto un día... ¡zas! Desapareció y adquiriste ese aire de superioridad... de arrogancia, si me permites usar esa palabra. Y te convertiste en... ¿Cómo llamas a las que te pareces ahora? - Preguntó divertido.

- Brujas. - Respondí con un suspiro. - Aunque la definición "zorra sin escrupulos" se acerca más. - Confesé con la mirada fija en la luna delantera.

Estacionó delante de la editorial, otra vez en un tiempo record; y los nervios me golpearon salvajemente.

- Tranquila. Manten la calma. Nada es tan malo como parece. Eres inteligente y buena profesional, muy buena. Todo el mundo comete errores, lo realmente importante, es que tú misma te des cuenta de ellos, y los rectifiques. Sea en esta editorial o en cualquier otra. - Recitó. Yo lo miré con el aire contenido.

- Sé que sabes el desenlace de esta reunión. Y no voy a preguntarte... Aunque con lo que me has dicho, creo que me voy haciendo una idea. - Se mantuvo inmóvil. Callado e inerte.

Llegar hasta el despacho de mi jefe nunca se había hecho tan pesado y tan largo. Sabía que iba a haber represalias, pero con las palabras de Jasper, me había quedado bastante claro que no solo sería una charlita y un castigo económico. Esto me sonaba a despido inminente.

Cuando llegué, Samantha, con la cara contraída por los nervios y la rabia, James y un delegado del sindicato ya estaban allí.

- Isabella, toma asiento. Dos miembros de la junta, están por llegar. - James me miró con buenos ojos. Sabía que ese modelito no pasaría desapercibido para él, ya que era conocedora de su debilidad por las mujeres que visten femeninas.

Al cabo de unos minutos, dos de los seis socios que comprendían la editorial, tomaron posiciones. Comenzaron, muy educados, leyéndonos los cargos de los que internamente Michael nos había acusado, y de los cuales, si no se tomaban medidas, amenazaba con hacerlos públicos en prensa y convertir los cargos en una demanda judicial.

Y para rematar, otros dos escritores míos, también se habían unido a los cargos de Michael.

Samantha no respiraba. Incluso una gota de sudor le resbalaba por la frente.

La represalia se tornó en un castigo de seis meses de empleo y sueldo. Nos pagarían este mes completo, más una parte proporcional de la paga de navidad, y una indemnización. Todo esto acompañado de una disculpa por escrito de nuestra parte ante los tres escritores.

- Confiamos que dentro de seis meses, las aguas hayan vuelto a su cauce, y que para estos escritores, baste con este castigo. - Tanto Samantha como yo, miramos extrañadas al socio que había tomado la palabra – Si para entonces, siguiesen con las armas en alza, tendríamos que tomar otra serie de medidas.

- ¿Otra serie de medidas? - Preguntó notablemente molesta mi jefa.

- Si. El despido definitivo. - Soltó sin medias tintas el socio. Yo estaba sin habla. Tenía la boca seca y las pulsaciones a mil revoluciones.

- Intentaremos mediar por ustedes. De hecho, ya lo hemos hecho, ya que el señor Buble quería sus cabezas – comentó James – Son unas grandes editoras, pero creemos que han perdido empatía. Que están faltas por completo de sensibilidad y buen talante, y nuestra editorial siempre se ha caracterizado por la comprensión y dedicación con nuestros escritores. - James soltó un leve suspiro – Créanme que me duele desprenderme de dos joyas como ustedes, pero está en juego el buen nombre de nuestra editorial. Y tenemos la esperanza de que cuando vuelvan, lo hagan renovadas de buenos sentimientos - Explicó apesadumbrado. - Hasta que el libro de Michael salga, no haremos público su despido; así que tendrán que asistir el viernes que viene a la fiesta de la editorial.

- ¡¿Qué?! - La exclamación salió de mis labios sin ser consciente. - ¿Nos van a hacer pasar por algo así? - Meneé la cabeza asombrada.

- Repito, el buen nombre de la editorial está en juego. Además, será bueno, muy bueno para ustedes dejarse ver en esa fiesta. - Respondió muy serio.

Nos despedimos, muy correctos quedando en pasar a recoger las cosas de nuestros despachos después de la dichosa fiesta.

Cuando ya me disponía a abandonar la oficina, James me detuvo.

- Isabella – Me voltee – Siento muchísimo que los acontecimientos se hayan tornado de esta forma – Se veía la sinceridad de sus palabras. Yo asentí

- ¿Ahora que voy a hacer durante estos meses? - Gimotee. - Este trabajo era mi vida. Os he entregado tres años de mi vida, os la he regalado.

- Lo sé... y lo siento. - Suspiró, y meditó durante unos instantes – Si me permites preguntarte... ¿Tienes medios económicos de los que valerte?

- Sí. Tengo dinero ahorrado. Y algún otro invertido del que puedo disponer, pero no me permitirán seguir llevando este nivel de vida. - Suspiré agobiada.

- Bueno, la indemnización, ya que muy educadas no habéis preguntado, es muy jugosa. - Hizo un mohín, casi de asco – Es una manera de comprar vuestro silencio, para que no habléis mal de la editorial por el despido... Sobre todo, si dentro de medio año, se torna definitivo. Más el sueldo de este mes, y la parte de la paga... Más vuestras comisiones de los libros editados... Os embolsareis unos doscientos mil dolares. Sin dinero tampoco os dejamos – Abrí los ojos asombrada. Suponía que nos dejarían en buen puesto, económicamente hablando, pero no contaba con tanto.- Si puedes mantenerte este tiempo sin trabajar, ¿por que no te dedicas a algo que te guste, o que hubieses pospuesto? - Inhaló aire profundo y agachó la cabeza, se acercó a mí y me habló bajito al oído – No lo sé fijo, pero te adelantó que esto no tiene buena pinta – Meneo la cabeza con afligimiento. Mis ojos se salieron de las órbitas – Es bastante probable que no os vuelvan a contratar. - Mis pulsaciones rozaban el infarto - Se separó y me miró con intención.

- Si eso pasase, dispondré de alguno de mis mejores contactos para meterte en otra editorial. No te preocupes... Sin trabajo no te quedarás. Solo, recupera tu carisma, Isabella.

- Gracias James. Estás siendo muy considerado. Si necesito ayuda, te lo haré saber – Le dediqué una sonrisa, de las que él me llamaba "preciosas".

Salí cabizbaja del edificio. Cuando el aire me golpeó la cara alcé la mirada al cielo, y el nudo que había estado aguantado la hora y media que había durado la reunión, más el desalentador informe médico de Laurie, salió de golpe convertido en lágrimas incontrolables, no dejándome dar un paso más.

Noté unas manos que me abrazaban y me obligaban a caminar: Jasper.

Me abrió la puerta del coche ayudándome a acomodarme.

- Tranquila... llora y desahógate. Te dejaré así unos momentos, luego intervendré para que te calmes. - Asentí, llorando como una niña; con gemidos y suspiros incluidos.

Me dejó llorar desconsolada hasta cerca de la clínica. Donde poco a poco me comencé a sentir más tranquila. El efecto del don de Jasper estaba cumpliendo su cometido.

- Gracias – Le di cuando nos encaminamos juntos dentro del hospital. - No hay noticias de Carlisle ¿verdad? - Pregunté de pronto volviendo a la realidad de lo que allí dentro pasaba con Laurie.

- Tranquila, ahora te informará él mismo. - Su don se potenció un poco más y una fingida paz se instauró en mi organismo. - Sabemos que nos has necesitado durante estos diez años... pero, ahora era el momento de venir. Ahora, es cuando realmente nos necesitabas. - Me dejó sin palabras.

Entramos en la habitación de mí amiga y allí estaba Carlisle, junto a su cama. El cual se levantó nada más verme.

- Hola. Siento mucho lo de tu trabajo – Me miró con ojos decaídos. - Esta semana te están dando duro, pequeña. - Hice un mohín con la boca. Me fije en Laurie, la cual descansaba con oxigeno puesto en sus fosas nasales. - Le he puesto oxigeno, para que no se esfuerce en respirar. Ahora está dormida, pero no está inconsciente como antes. Así está más relajada y descansada. Estas horas son cruciales para que adquiera fuerza. Si hace el más mínimo amago de recuperación, podré aplicarle un tratamiento de células madre para la mejora de su lesión cardíaca. - Me explicó.

- De acuerdo. Lo dejo en tus manos, Carlisle. Tú eres el que sabes. Nada tengo yo que decirte... Y más aún cuando te has presentado aquí, al ver que te necesitaría – Noté como el nudo de mi garganta volvía a crecer; Carlisle le lanzó una mirada a Jasper. - No... No quiero que me relajes – Me volteé a mirar a Jasper – En serio... Prefiero tragarme esto a palo seco. Si lo pospongo, antes o después me derrumbaré, y cuanto antes lo pase, antes lo superaré.

Me dejaron a solas en la habitación. Me acerqué a la cama y atrapé una de las manos de mi amiga, entre las mías. Le regalé dulces y tiernas caricias, mientras le susurraba de que todo estaba bien. Que todo saldría bien, y que velaría por Nora mientras ella se recuperaba.

Salí y ambos estaban esperando fuera a que terminara de hablar con mi amiga en privado.

- Gracias por seguir aquí – Les ofrecí. - Voy a ver a Nora. Llevo todo el día sin saber de ella. - Sonreí amorosa.

- Claro, ve y estate un ratito con ella. La bebé necesita de un poco de contacto humano. De amor sincero por ella. - Me devolvió la sonrisa. - Y a tí, también te vendrá bien.

- ¿La has visto? - Le pregunté.

- Si. He pasado por neonatos hace un rato. Quería verla y comprobar si pudiese tener la misma afección que su madre. - Abrí los ojos alarmada – No, tranquila. Está perfecta. Pero habrá que controlarla. La verdad que es preciosa. - En mi cara apareció la sonrisa más genuina y sincera de todo el día. Asentí encantada por las palabras de Carlisle.

La matrona me acomodó en una habitación contigua y me dejó darle el biberón a mi niña.

- Le vendrá bien estar con alguien que la quiera de veras. Los bebés son muy perceptivos. Estoy segura de que hoy dormirá mejor al pasar este rato con usted. - Su rostro se oscureció – Su padre no ha pasado por aquí a nada. He estado pendiente, ya que me han dado ordenes de que avise si se pasara por aquí reclamando a la niña. Ya que legalmente, en un par de días, podría llevársela.

- Si, pero estamos esperando el informe del psicólogo – aclaré.

- Sí, lo sé. Con lo que la psicóloga que lo lleva diga, habrá que tomar las medidas pertinentes. Porque si se le incapacita para atenderla, hay que localizar a la familia de la madre.

- Bueno... la familia que tiene Laurie, la señora Dwason, no sé si... Le daré el teléfono de su hermano, pero él está en Europa... Es el único que veo capaz de hacerse cargo de su sobrina – Aclaré, sintiéndome otra vez abatida.

Disfruté tremendamente con la niña. Era tan pequeñita, tan frágil, y tan preciosisima.

Con unos expresivos y dulces ojos azulados y una liviana mata de pelo rubio. Para hacer escasamente un dia que habia nacido, estaba bien formada. Sin marcas ni rojeces en la cara. Tenía unas fracciones dulces y preciosas.

Aunque encontré algo de paz manteniéndola entre mis brazos, al mismo tiempo, me hizo sentirme muchísimo más triste. Más vulnerable, más impotente, y un sentimiento que no procesaba desde hacía tiempo... más indefensa.

Le di los datos a la enfermera neonatal, y me fui otra vez a la planta donde estaba Laurie, aún más agotada que antes. Ese último sacrificio de poner en contacto a la familia de mi amiga con el hospital, acabó conmigo. Era la confirmación de que se llevarían a Nora, y no la podría ver crecer. No sería testigo de su desarrollo, de su vida.

Se la llevarían lejos de mí, y seguramente nunca le hablarían de que tiene una madrina que la adoró nada más verle la carita. Que me robó el corazón de una forma mística e irracional.

Esas ideas no hicieron más que agrandar el nudo de mi garganta y que unas enormes ganas de llorar se hiciesen presa de mí. Pero estoicamente me las tragué y me mantuve en mi sitio; más o menos.

Entré en la habitación, donde Carlisle volvía estar sentado en el butacón, observando a Laurie.

Nos miramos, y no hicieron falta muchas palabras.

- No remonta. En estas horas, no ha mejorado ni un ápice. Lo siento muchísimo Bella. – Susurró. Comencé a respirar, más bien, a bufar como un animal. El pulso me martilleaba las sienes y el corazón amenazaba con salir disparado entre mis costillas. - Bella... tranquila. Va a darte un síncope. - Carlisle se levantó de la butaca en una fracción de segundo.

- Yo no... - me mordí el primer impulso de lágrimas – Yo no puedo más... El día de hoy... no debería haber existido... - Segundo impulso controlado; cargado de jadeos, suspiros e hipos – Hacía mucho, muchísimo tiempo... que no me sentía... tan vencida. - Carlisle se acercó más a mí, con intención de sujetarme, mientras yo me meneaba como un león enjaulado - No. No me toques... - Y a la tercera, fue la vencida. No pude más y las lágrimas cayeron por mis mejillas sin control alguno. - No puedo... Ella no... Otra despedida... ¡No! Por favor... - Las rodillas flojearon sin poder hacer nada, y me vi cayendo al suelo sin control.

- Bella... ¡por Dios! - Carlisle me sujetó justo a tiempo de que mi cuerpo no rozara el suelo. - No quiero un disgusto contigo. Estás al borde del colapso. Llamaré a Jasper. - No recordaba ver a Carlisle tan exaltado, a excepción de la noche de mi cumpleaños en su casa, cuando me corté. Incluso ahora, me pareció verlo más alterado.

- Tengo que irme... no puedo estar aquí más tiempo – Mi voz comenzó a subir alguna octava. Los nervios se estaban apoderando de mí por momentos - Esto me supera... - Jadeaba entre lágrimas.

- Yo me quedaré aquí con tu amiga... Estate tranquila por eso... Pero tú. Deberías dejar que te administrase algo. - Negué con la cabeza, mientras caminaba hacía atrás, para salir.

- Si pasa algo... intenta salvarla por medios naturales. No quiero que la cures a tu manera. No puedo decidir sobre eso. No puedo llevar esa carga sobre mis hombros... - Dicho lo cual, me giré y salí disparada de la habitación.

Tenía los nervios a flor de piel. Me notaba irritada, débil, frágil, el pulso aceleradísimo y las lágrimas no dejaban de caerme por las mejillas sin compasión.

Necesitaba salir, ¡ya! Si permanecía un solo minuto más allí, acabaría entrando en algún tipo de shock.

Tan agitada salí, que me cruce con una pareja que venía por el pasillo, los cuales tuvieron que separarse para dejarme paso. Ni siquiera los miré. Ni giré la cara, únicamente me pareció que eran jóvenes, pero nada más. Solo me disculpé mientras caminaba a toda prisa por el pasillo en dirección a los ascensores.

- Perdonen... – Gimotee, en medio de mi llantina.

Tiempo después, me enteré que aquellos jóvenes que me dejaron paso, no eran otros más que Alice y... Edward.

Espero que os haya gustado.

Y bueno... ya veis que no solo han llegado Carlisle y Jasper.

Nuestro protagonista estelar, al que deseábamos encontrarnos, también ha llegado.

Nuestra dulce Laurie, se nos muere.

Para las despistadas, aclararé, que este suceso es que Alice esperaba para que fuese el momento de aparecer en la vida de Bella.

Mientras pueda, ACTUALIZARÉ DOS VECES POR SEMANA.