Hola mis hermosuras.

Siento mucho no haber publicado estos días, pero he estado malita unos días

y después muy ocupada con asuntos familiares.

Pero aquí está el siguiente capi, y para no defraudarlas...

Viene completito e intenso!

CAPITULO 13


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Después de mi cita para comer, la cual había salido a pedir de boca, fui a la editorial para dejar el expediente y entregar la documentación.

Me senté, por última vez en mi escritorio, en mí mesa. De la cual ya había recogido la gran mayoria de mis efectos personales.

Con ayuda de mi asistente, acabé de cumplimentar todos los detalles donde se recogía que Carlos Rodríguez, el chico con el que había comido, pasaba a formar parte de nuestra plantilla de escritores.

También lo dejé todo listo, metido en cajas y ordenado, para que me lo enviaran a la dirección de mi casa.

Antes de marcharme, pasé por la oficina de James, el cual me recibió encantado.

- Hola Isabella... ¿Qué tal ha ido tu comida con el sr. Rodríguez? - Me preguntó dándome acceso para sentarme.

- Bien... como despedida, ha sido maravilloso. Es un gran chico, tendrá futuro. Solo espero que se lo des a un buen editor que lo sepa comprender. Tiene una gran esencia. - Le relaté brevemente como había ido nuestra reunión.

- Es una gran pérdida... Una lástima – murmuró. - Fruncí el ceño sin entender – Que hayas recobrado tu dulzura y tu carisma. Justo ahora... - Meneó la cabeza negando. Yo me incliné de hombros, realmente no sabía qué decirle.

Conversamos unos minutos más, hasta que me levanté disculpándome de que tenía otra cita importante. Que no era otra que Laurie.

- Te veo distinta... - Me miró con los ojos entrecerrados, intentando ver dentro de mí – Algo ha pasado estos días contigo. Estás... no sé explicarlo. ¡Radiante! - Exclamó alzando los ojos. Sonrió pícaro - ¿Te has enamorado? - Me soltó de golpe. Abrí los ojos, dejando entrever una sonrisa de sorpresa.

- ¡No!... ¿Qué te ha echo llegar a esa teoría? - Le pregunté aun con la sonrisa en la cara.

- Tienes luz. Aunque tienes un trasfondo de tristeza, pero bueno, supongo que no ha sido fácil tener que trabajar estos días, sabiendo que... bueno, ya sabés. - Sus ojos dibujaron una disculpa. - Pero, te veo distinta. Tienes un brillo en los ojos, que nunca antes te había visto.

- No, James... No me he enamorado – Solté una risita.

- Bueno, pues nos vemos en la fiesta. Te pasará a recoger un coche a tu casa, ¿de acuerdo? - cuando iba a interrumpirlo, negandome a lo del coche, no me lo permitió – Disfruta del detalle – me guiño un ojo, y la conversación se dio por finalizada.

Nos despedimos con un beso en la mejilla y un cálido abrazo, que no hizo otra cosa más que ponerme un tremendo nudo en la garganta.

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Erik y yo nos pusimos de acuerdo, él pasaría el día en el hospital, y así podría ir a casa un poco antes, ya que había estado pululando por el hospital todos estos días sin apenas tiempo a descansar; a parte debía organizar cosas cuando Nora se fuera con él. Por lo que yo, que al día siguiente no trabajaba ya, estaría por la tarde/noche con ella.

El hospital no dejaba quedarse con ella, porque estaba inconsciente y no necesitaba ayuda, pero yo tenía a Carlisle que me mantenía informada de manera constante, ya que sabía que los latidos de Laurie estaban contados, por lo que intentaba pasar todos los ratos posibles con ella. Aunque no fuese consciente de que estaba allí, apoyándola en su último viaje.

Los acontecimientos de los últimos ocho años, los habíamos pasado juntas, así que este no iba a ser distinto.

Como aun era pronto, y no tenía moral para estar con Erik, hice tiempo, calculando para llegar lo justo de cruzar unas palabras con él.

Así que fui a comer al restaurante favorito de Laurie, por honor a ella. Pedí mi plato, y pedí el suyo también, haciendo que lo sirviesen enfrente de mí. Tuve la gran suerte de poder sentarme en la mesa que a ella le encantaba: la que quedaba al fondo del local, con bancos acolchados y la gran cristalera que daba a la calle. Le apasionaba cuando veníamos y "su" mesa estaba libre.

- Perdone señorita – Me sacó de la ensoñación el camarero – ¿Sirvo el plato de su acompañante ahora, o espero a que venga?

- Sirvalo ya. Realmente no va a venir nadie. Es solo simbólico. - Le sonreí con tristeza.

El chico posó el plato y sin poner ninguna cara rara, ni decir una sola palabra más, deposito el plato de "Laurie" en su sitio.

Antes de comenzar a comer, recé una oración por Laurie. No recordaba la última vez que había rezado, pero sin saber muy bien por qué, me salió del corazón hacerlo.

Una plegaría para que tuviese una muerte apacible, sin dolor y que su viaje hasta el cielo, fuera agradable.

Miré la hora, y era momento de volver al hospital. Se acercaba la hora en la que había quedado con Erik, pero en vez de ir directa a su habitación, fui a ver a Nora. El día anterior solo había pasado un momento por allí, y no me gustaba que la niña sufriese tantas horas de soledad.

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- La bebé ha estado sola muy poco tiempo – me explicó la matrona. - La chica rubia, la que es tan guapísima, ha estado aquí a cada poco. Realmente – Sonrió rodando los ojos – He tenido que echarla. - Pestañeé sorprendida.

¿Así que Rose ha estado acompañando a Nora?

Cargué en brazos a mi bellísima bebé, y comencé a hacerle carantoñas y mimos.

- ¿Qué tal está mi angelito? Así que Rose ha estado aquí contigo para que no estuvieses sola, ¿eh? Bueno, no sé quien agradeció más la visita, si tu o ella. - La bebé me miraba, aun no enfocando claramente, ya que tenía solo unos pocos días de vida. Pero notaba que reconocía mi voz. - Te contaré miles de cosas sobre tu madre, para que la conozcas y así, puedas estar orgullosa de ella. Es la mejor persona que he conocido nunca... Bueno, de las que más. - La estreché contra mí pecho, y la llené de besos y caricias.

Al cabo de unos minutos, la niña se durmió placidamente.

- ¿Se ha dormido? - Me preguntó la matrona. - Con la chica rubia, también se encuentra muy tranquila. Pero creo que te asimila más a tí, y eso que la otra chica la llena de carantoñas, le habla e incluso le canta. - Sonrió complacida. - Es una suerte que tengas una familia así, para apoyarte en un momento tan difícil y doloroso. - Explicó.

¿Familia?

Ellos... son mi familia. Todos me han dicho que jamás me olvidaron. Que atendieron a la petición de Edward de dejarme hacer una vida humana normal. Que si hubiesen matenido cualquier mínimo contacto conmigo, yo no habría realizado esa vida "humana", ya que estaría pendiente del momento de encontrarnos, del momento que diesen el visto bueno para convertirme.

Con lo que ellos no contaron fue que yo lo iba a llevar tan mal. Ese detalle se les escapó.

Pero... había varios puntos vacios en su historia:

El por qué debían aparecer ahora. No antes ni después.

Por que ahora Edward si dio consentimiento a este acercamiento. Incluso viniendo él mismo.

A qué se referiría con lo de que no había visto mi cambio drástico; el de los últimos casi dos años.

Que el sufrió tanto o más que yo durante estos años.

Según todos, estoy muy equivoca respecto a lo que pasó, y a los sentimientos de Edward.

¿Realmente quiero saber todo eso?

La respuesta era clara... Sí.

Pero el ejercicio exaustivo para endurecerme, había sido tal, que ahora no me permitía abrirme. Todos mis sentidos reaccionaban ante las sensaciones de familiaridad, amor, compromiso... Mi cuerpo tenía un "anti virus" que me avisaba ante todas esas sensaciones.

Bajé a la habitación de Laurie, y justo cuando estaba por picar en la puerta, oí voces de gente dentro:

Erik, Alice y Carlisle.

- Sinceramente os agradezco todo lo que estáis haciendo por Laurie... bueno, y por Bella. - Comentaba Erik – El cardiólogo que lleva, o llevaba el caso de mi mujer, me ha informado de que eres toda una eminencia en medicina, especialmente en cardiología. - Imaginaba la cara de Carlisle, tan poco dado a los cumplidos. El pensamiento me sacó una sonrisa.

- Agredezco tus palabras Erik, - le contestó él. - Cualquier persona que sea merecedora de un amor tan sincero por parte de Bella, entonces recibirá mi completa atención. - Su declaración me hizo apretar los ojos, ante el sentimiento que me embargó por las palabras de Carlisle.

- Ante todo, mi padre ha intentado salva a Laurie... pero nuestra presencia aquí, es única y exclusivamente por Bella. - También, escuchando el tono de Alice, suponía con que cara había mirado a Erik al soltar esas palabras.

- Si, por supuesto. Pero, lo que no entiendo, es que viendo la preocupación que tenéis por ella, y el cariño que le profesaís, porque es más que evidente con tan solo ver como la miraís... Que ella jamás os haya mencionado – Se notaba el tono curioso e incrédulo de Erik, incluso escuchando como una vil cotilla detrás de la puerta.

- Hasta ahora, no era el momento de volver – Contestó Alice. - Hace años, hubo un... problema, y tuvimos que irnos. Bella debía desarrolarse como persona, sin andar nosotros por el medio... Es complicado. - Hubo unos instantes de silencio – Lo importante es que "ahora", - recalcó esa palabra – Estamos aquí, y la idea, es quedarnos hasta que ella quiera. Esperamos que para siempre. - Eso me hizo jadear, y dar un paso atrás, sorprendida.

- Me alegro. - Contestó Erik – Bella va a llevar muy mal la pérdida de Laurie. Realmente no tiene a nadie más. Ella era como su hermana mayor. Mantenían una complicidad y un amor, más a ya de una mera amistad.

Retrocedí en silencio unos pasos. Suspiré, y taconeando algo más fuerte de lo necesario, volví a acercarme a la puerta. Piqué educadamente, y entré.

- Hola... - Saludé muy natural, pero la mirada que Alice me lanzó, me dejó más que claro, que sabía que había estado escuchando – Veo que tenemos reunión – Sonreí algo forzada.

- Yo me voy ya. - Erik se levantó del sillón – Los de la mueblería vienen hoy, y quiero llegar antes que ellos. - Se hizo un silencio incómodo en la habitación.

Después de unos minutos, sin nadie abrir la boca; Erik fue el que lo rompio.

- Vienen a traer la habitación de Nora – Comentó de forma suave.

- Si. Me lo comentaste – Le respondí con voz neutral. Él no respondió y se hizo un silencio tenso.

- Yo voy a quedarme aquí y luego irme a casa a descansar. Hoy ha sido un día ajetreado. - Asintió con un gesto triste. - Cuando tengas la habitación lista, miraremos lo que necesitas para Nora. Yo iré contigo a comprar lo necesario - Alzó la vista y sus ojos mostraron un brillo de salvación – Realmente es innecesario que siga aquí ingresada; Carlisle ya ha tirado de muchos hilos para que siga en la clínica. Es hora de que vaya a casa y comience a ser cuidada como debe. - Sentencié.

- Por unos días más, no va a pasar nada – Comentó Carlisle. Lo fulminé con la mirada.

- No. Nora ya debería estar en su casa desde hace días. No se puede alargar más esta situación – Erik me miraba con la respiración entrecortada. - Es hora de que comiences a ocuparte de tu hija, ¿No lo crees así? - Miré hacía Erik, el cual volvió a asentir, con semblante triste. - Cuando ocurra lo de Laurie, estaremos todos aquí. No estarás solo, y habrá quien cuide de Nora durante esos días.

Volvimos a sumirnos en el silencio, hasta que Erik se movió y después de darle un cariñoso beso a su esposa, se despidió muy educado, y bastante tristón, de todos los presentes.

- ¿Cómo lo llevas? - Me preguntó Carlisle acercándose a mí.

- Bueno... - Incliné los brazos. - He tenido días mejores, la verdad.

- Creo... que has sido un poco dura con Erik – Comentó con cuidado.

- Si, lo sé. Pero a de hacerse cargo de sus responsabilidades. Nora debe estar cuidada y protegida en su hogar, no en una cuna de neonatos, como si no tuviese familia que la quisiera. - Suspiré, intentando controlar mi tono mordaz – Por Laurie no se puede hacer nada más – Agaché la cara y volví a inhalar aire – Y a mí me duele tanto o más que a él mismo, podéis creerme. Ahora la prioridad es que el bebé esté bien.

El silencio volvió a reinar en la habitación. Era una decisión tajante, y ambos, Alice y Carlisle lo entendieron. Estaba segura que mi actitud no les parecía justa, pero es la que era.

- Hoy tenías una comida con un escritor... ¿Qué tal fue? - Me preguntó Alice, imagino que intentando ser amigable y sacar algún tema de conversación que supiera que me iba a agradar.

- Bien. - Inconscientemente en mi cara se dibujó una sonrisa – Ha sido gratificante. Pero de igual manera, triste. Ya que ha sido la última.

- Eso no lo sabes. - Contestó Carlisle – A lo mejor después de esos seis meses, vuelven a contratarte.

- Realmente no lo creo. - Suspiré – Además, si para realizar ese trabajo, tengo que volver a ser una zorra insensible, con cada minuto de mí día programado... No sé si me compensa.

- A tí te encantaba llevar esa vida – Las palabras de Alice llevaban trasfondo escondido. La conocía bien.

- Si... me encantaba.

- ¿Y qué es lo que te ha echo cambiar de idea? - Me miró con intención.

- La mujer que está ahí tumbada – Le contesté mirándola fijamente. Ella me sonrió con cierta malicia.

- ¿Te has planteado el crear una familia? - Su tono era hasta cantarín. Con una sorna más que patente.

- ¡Alice! - La reprendió Carlisle mirándola con ojos de advertencia.

- Tranquilo Carlisle. No pasa nada. - Volví mi mirada a Alice – Tú hermano no puede tener hijos. - Le solté de forma muy tranquila. - Así que mira a ver si apuntas bien con tus flechas envenenadas. - Ahora la que uso "tonito" fui yo.

- Chicas... por favor – Carlisle nos reprendió a ambas. - Creo que es mejor que dejemos a Bella a solas con Laurie. - Alice arrugó la boca, pero ante otra mirada seria de su padre, no volvió a abrir la boca y salió delante de él. - En un rato vuelvo por aquí, ¿de acuerdo? - Asentí, mandándole una mirada agradecida.

Me quedé con mi amiga, velando sus contados latidos. No podía ni quería ser racional pensando eso. Ahora, sí que me quedaría completamente sola en la vida. Tenía a mi madre y a mi padre... pero realmente no contaban mucho. Sí me veía muy apurada, siempre podía ir a pasar una temporada con alguno de ellos, pero eso solo era una ligera salvación.

Con los Cullen... sabía que ahora que habíamos contactado, habría una comunicación relativamente constante. No sería como la otra vez que desaparecerían de mi vida sin dar ningún tipo de señal. Pero no podía permitir que se quedaran como me había dicho Carlisle.

No podía soportar la cercanía de Edward, no porque realmente me molestase, sino porque estaba en precario equilibrio con él; debía estar siempre alerta para no hacer ningún gesto que le indicará que podría volver a jugar conmigo y con Alice, estábamos en una guerra constante...

Una vez pasara lo de Laurie, debían irse. Era una decisión firme y meditada.

Esme junto con Rose, vinieron a traerme la cena. Ya que había decidido pasar la tarde con Laurie, hasta la noche. No iba a despertar, ya me lo había dejado claro Carlisle, y que no era consciente de lo que sucedía a su alrededor. Pero yo necesitaba pasar tiempo con ella. Despedirme poco a poco de mi Lau.

- He estado con Nora – me comentó Rose. - Le he dado de cenar y la he arrullado hasta que se ha dormido – su boletín informativo, me agradó y me sacó una sonrisa.

- Gracias Rose – Ella asintió devolviéndome el gesto.

- Has de cenar, Bella. No puedes estar sin comer. - Esme, como buena madre, me regañó por mi falta de apetito. - En los días que llevamos aquí, has bajado de peso. Así que come algo. - Fue tajante.

- Emmet viene para aquí, a buscarte – me informó Rose, guardándo el móvil en el bolsillo de sus vaqueros – para llevarte a casa y que descanses – Asentí.

- No voy a ponerme dificil. Llevó aquí sentada sin moverme horas, estoy agotada... y entumecida. - Suspiré redida.

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Al día siguiente, me puse algo cómodo. Unos vaqueros y un jersey de punto fino con escote cayéndome hacia un lado. Unas convers y una americana de sport. Me até el pelo en una cola y haciendo un gran esfuerzo, no me maquillé.

Me miré en el espejo y una sonrisa escapó de mis labios.

¡Cuánto tiempo hacía que no me vestía así!

Mi reflejo era muy distinto al habitual, pero me gustaba. Parecía que hubiese rejuvenecido... Bueno, realmente, parecía una chica de 28 años como era. Puede que un par de años más joven. Y todo eso, sin maquillaje ni peinados elavorados. Si no, con sencillez.

Llegué al hospital, y Carlisle estaba allí. Esme ya me lo había comentado durante el desayuno, de esa mañana. El cual ya se había convertido en rutinario.

Despertaba con olor a tortitas, bacon, café y zumo de naranja recién hechos.

Era fácil acostumbrase a eso. Y más, cuando tienes compañía durante ese rato.

Sabía perfectamente cuando comenzaría el problema: Cuando se fueran... Otra vez.

- Buenos días, cielo. Estás preciosa esta mañana – me saludó y aduló tan amable como siempre – Rose está con Nora, dándole el biberón de la mañana.

- Si, me mandó un mensaje para decirme – le contesté, a lo que asintió conforme. - Y... Carlisle, gracias por el cumplido – le sonreí dulcemente.

- Bella... - Solo por su tono de voz, los pelos de la nuca se me erizaron. Su mirada compasiva, no ayudó para nada. - Laurie... - Abrí los ojos, y miré para mi amiga con horror, no había cambios aparentes en ella – Durante la noche, ha desmejorado considerablemente. He tenido que subirle la dosis de la medicación para ayudar a su corazón a que siga latiendo.

- Pero... - no era capaz de decir nada. Mis pulsaciones me martilleaban el cuerpo entero.

- Sus latidos, están contados.

- Tu... tu dijiste que... unos diez días... - Inhalé aire, ya que me ahogaba – Y solo han pasado... ¿qué cuatro, cinco días? - Expusé alterada.

- No te digo que sea hoy, pero no tardará mucho en suceder - su mirada compasiva no abandonaba sus ojos. - No sabes cuánto lo siento. - Apreté los dientes con fuerza para no dejar salir mi veneno. Suspiré para tranquilizarme.

- Gracias... No puedo descargar mi rabia contra ti, cuando lo has dejado todo por estar aquí e intentar salvar la vida de Laurie. - Sonreí forzada, y con una tristeza más que visible – Y gracias también, por hacerte cargo de todos los gastos extras de la clínica. - Lo miré alzándole una ceja. Su cara se desencajó de golpe. - Me he enterado, porque me han devuelto el dinero que pagué por los gastos médicos de Laurie... - Intentó disimular una sonrisa de niño travieso – Cada movimiento bancario que tiene mi cuenta corriente, me lo envían al móvil – Sonreí mordiéndome el labio, ante la cara de circunstancia de Carlisle.

- No quiero que te sientas desprestigiada, ni que me burlo de tu dinero – se explicó ahora serio – aunque los gastos de obstretica y el parto, ya estaban pagados... nosotros tenemos mucho dinero. Más del que pudieses llegar a imaginar, Bella. Y dentro de ayudarte, también incluía esto. - Suspiró – A parte, de que esta es una de las mejores clínicas de Manhattan, - su cara ahora era de orgullo – He de reconocer que no limitaste tus gastos a la hora de escoger la mejor atención para Laurie. Solo el embarazo y el parto, ascendían a una suma realmente importante.

- Lo sé – rodé los ojos – Pero estaba muy bien pagada en la editorial, y los libros de mis escritores se vendían como la espuma – sonreí tímidamente ante mi propia afirmación – Aunque era una suma muy importante de dinero, y bueno... mi cuenta bancaria se resintió, lo recuperaría en menos de un año. Además, no me impedía seguir llevando el mismo nivel de vida.

- Me alegro de que el tema económico te fuese tan bien – me miró con dulzura – pero ahora, tienes ese dinero ingresado. - Su tono daba a entender que no había opción a réplica. - Pero lo que si te puedo asegurar, es que por el tratamiento que Laurie recibió para intentar salvar su vida, más la sedación, la atención de UCI coronaria y la medicación que le estoy administrando... - meneó la cabeza – No sé si serías capaz a pagarla. - Pestañée seguido, dándome cuenta de que no había pensado en eso. Carlisle al ver mi cara, me agarró de los hombros – No te preocupes por eso, ¿entendido? - Asentí, mordisqueándome el labio.

Seguimos conversando unos minutos más, hasta que se despidió dejandome "disfrutar" en soledad de Laurie.

¿Cuántos días podrían quedarme para seguir viéndola ahí echada?

Solo el pensamiento hacía que el bello se me pusiera de punta. Aunque no estaba consciente y Carlisle me había asegurado que no se enteraba de absolutamente nada, el simple echo de tenerla ahí, viva, me consolaba de alguna manera.

Erik vino al medio día a relevarme para que yo saliese a comer. Pero primero conversamos durante un instante.

- ¿Qué tal ha quedado la habitación de Nora? - le pregunté.

- Ha quedado genial – contestó entusiasmado – Además la han colocado entera. Incluso han colgado cuadros, estanterias y una pañalera que no había comprado. Hasta dejaron la cuna lista. - Abrió los ojos con asombro – Me refiero con la ropa de cuna puesta - yo también abrí los ojos, asombrada – Llegaron a casa, y me dijeron que si quería que fuese a tomarme un café, que ellos se encargaban de todo. - Arrugué la frente, extrañada. - Me dijeron que... - Erik se mordió el labio y se acercó un poco más a mí – la familia Cullen había contratado el tema del montaje y la decoración. - Alcé ambas cejas. ¡Cómo no lo había imaginado de ante mano!

- Ellos son así. Extremadamente generosos – Expliqué. - Además, son muy empáticos. Si pueden ayudarte, lo harán. - Erik asintió. - Solo tienes que ganarte su confianza y su amor.

Cuando iba caminando por los pasillos, para ir a comer a la cafetería, vino a mi mente la forma que de la que había hablado de ellos con Erik. Era la primera vez que lo había hecho con tanto cariño, con tanta sinceridad.

Ellos, por mucho que me negara, seguían siendo, de alguna forma, mi familia. Y el amor que alguna vez sentí por ellos, seguía ahí. Solo que bajo una espesa, muy espesa, capa de hielo.

Compré un sandwiche, un refresco y un trozo de tarta y me senté en una mesa. Comería tranquila, reflexionando sobre mis cosas. Luego volvería a subir y pasaría parte de la tarde con Laurie. Ya que hoy era la fiesta de la editorial, y tenía que prepararme.

Aunque no me apetecía marcharme, a sabiendas que a Lau le quedaban "los latidos contados", por otro lado, me sentía extrañamente ilusionada con ese acontecimiento.

Puede que fuese el último al que asistiera. ¡Quién sabe!

- ¿Puedo sentarme? - no me hizo falta levantar la vista para distinguir la voz de la duendecillo de Alice.

- Claro, por supuesto – le contesté, ahora si, mirándola.

- Bella... no me gusta que discutamos – comenzó directa – Sé que estás dolida conmigo... y aunque me fastidia verte tan a la defensiva conmigo, mirándolo por otro lado, debería sentirme en cierta manera halagada – Alcé la cabeza, al igual que mis cejas – Tu rabia, es proporcional a tu amor. Por eso estás más enfadada conmigo y con Edward, que con el resto. Tu amor más sincero, más leal y más fuerte eran con nosotros dos. - Explicó; yo agaché la cabeza, no atreviéndome a mirarla. Por fin, había llegado al meollo – No me había dado cuenta de ese detalla hasta estos días, que te he visto relacionarte con los demás.

Guardamos silencio unos minutos. Hasta que Alice volvió a romperlo.

- Si pudiese dar marcha atrás, sabiendo esto... Hubiese actuado de otra forma. Créeme. Y si Edward volviese a obcecarse en irse, yo no me iría como la primera vez. Y tampoco desaparecería de tu vida durante diez años. Pero quien iba a imaginar que tu no nos superarías nunca. Que no nos sacarías de tus recuerdos y de tu corazón... - Me atreví a mirarla y ella me contemplaba con ojos tiernos – Lamentablemente el pasado no puede cambiarse. - Negué. - Pero si el futuro. - Exclamó enérgica.

- Alice... - Tragué en seco. Lo que iba a decirle era dificil – Cuanto lo de Laurie acabe, que será en muy pocos días... - suspiré – Cada uno volverá a su vida. - Ella frunció el ceño – Todo lo que me ha pasado durante esta semana, me ha echo plantearme la vida. Ver las cosas desde otra perspectiva. Y debo daros las gracias a vosotros, en parte. Pero voy a comenzar una nueva etapa, y voy a hacerlo yo sola. Vosotros os iréis y volveréis a lo que estabais haciendo antes de venir. - Vi la intención de Alice de replicarme, pero no la dejé – No, Alice... Nuestro tiempo, pasó. Se quedó en Forks. Aquella época donde jugábamos a que la vida era un cuento de príncipes y princesas, acabó. Esto es la vida real. Tengo 28 años...

- Bella... no sé si te estoy entendiendo, o tu a mí. Pero es indiferente que tengas 18 o 28. - Me miró con intención – A parte, queremos estar contigo, sea en la condición que sea. Es algo que hemos hablado durante tiempo. Es una decisión firme.

- Vuestra decisión, no la mía.

- ¿No quieres que nos relacionemos? ¿Qué todo vuelva a ser como hasta hace una semana? - Preguntó agitada. Yo a su vez, negué moviendo la cabeza.

- Había pensado, que podríamos vernos de vez en cuando. - Incliné los hombros. - Mantener un cierto contacto. Mandarnos emails, wasaps... Pasar días festivos, o irnos de vacaciones una o dos veces al año, juntos. - Relaté. Alice frunció el ceño. Medito unos segundos antes de contestar.

- ¿Te crees con valor de ver a Edward unos días al año para luego dejarlo ir? O... el verlo año tras año igual, inamovible en el tiempo y tan hermoso como aquel primer día de instituto, haciéndote más consciente de tu propio cambio; de como vas envejeciendo - Pestañeé, sobresaltada por sus formas tan directas – Sabes que estarás esperando esos días con tanta ansia, que no te dejará llevar una vida normal.

- Sí. Sí que podré. Es una decisión firme – Sentencié. - Deberías estar a punto de tener una visión viéndolo. Porque está decidido. - Me levanté y recogí mi bandeja – Te dejo, voy a pasar un rato con Laurie antes de irme a preparar para la fiesta – Asintió con la mirada ida – Además, Erik saca a Nora del hospital esta tarde. - Sonreí sincera – Y quiero estar con él para despedirlos.

- Si, lo sé. Rose y Esme van a ir con él a casa, para ayudarlo con la niña. Para que se haga a ella. - Asentí.

- No se imagina lo que les agradezco que vayan ellas con él. - Apreté los ojos – Yo no podría ir, sabiendo que Laurie está agonizando en el hospital.

Después de un par de horas, Erik pasó a buscarme y a darle un beso a Laurie. Le contó que hoy se llevaba por fin a su hija a casa, y que había puesto una foto suya, embarazada, en la estantería al lado de la cuna. Para que su madre, en esencia, velase su sueño.

A mí se me hizo un nudo terrible en la garganta, y una lágrima traicionera se escapó de mi ojo izquierdo. Me la limpié rapidamente para que Erik no la viese y se disgustase aun más. Sabía que estaba costándole un titánico esfuerzo todo esto.

Porque aunque a mí me pareciese un gilipollas integral, gran parte de esa opinión, no era otra cosa que celos de posesividad con Lau. Desde que él había llegado a su vida, yo, había ido perdiendo gradualmente a mi amiga. A la única persona que tenía en el mundo.

Pero pese a eso, debía reconocer que él, amaba a Laurie sobre todas las cosas. Un amor sincero, leal... Envidiable.

Subí con él a neonatos, donde Esme y Rose nos esperaban y después de despedirnos con abrazos de las matronas y enfermeras que habían cuidado de Nora, nos fuimos.

Ya que yo no los acompañaba a casa, Erik me cedió el privilegio de salir con la niña en mis brazos.

Rose le había comprado ropa a Nora, y parecía una auténtica princesita. Con un faldón blanco con remates en rosa, y un jersey de punto en rosa y los remates en blanco; con unos finísimos lacitos en los hombros.

- Está preciosa Rose, en serio – La halagué. Ella se hinchó de orgullo maternal.

- Espera, vamos a ponerle el gorrito. - Asentí, mientras me paraba cerca de la puerta de salida de la clínica.

- Toma, ponle esto para salir, no se vaya a enfriar – Esme me tendió una mantita rosa, con una delicada puntilla en los bordes.

Mientras la envolvía en ella, la puerta de la clínica se abrió, y mi propio Dios... o demonio personal, según se mire, entró acercándose a nosotras. En su mano, cargaba una sillita portabebés para el coche.

La escena no podía ser más sensitiva; más... Intensa.

Yo cargando una dulce bebita y él, llegando con la sillita.

El pulso se me disparó, al igual que mi respiracion, y un nudo tremendo volvió a agarrotarme la garganta. Los ojos se me llenaron de lágrimas ante la escena. No podía evitar pensar, que de algún modo, está escena podría ser una estampa familiar protagonizada por Edward y por mí.

Papá y mamá, con su bebé.

Edward pareció darse cuenta de la situación, llegando a la misma conclusión que yo, ya que sus ojos, en los escasos segundos que le aguante la mirada, le brillaban emocionados, clavados en mí.

- ¡Vaya, gracias Edward! - Esclamó Erik rompiendo el embrujo – No me había dado cuenta de la sillita. Bella – me llamó haciéndome mirarlo – ¿Hechamos a Nora...? - Su pregunta quedó inconclusa – Bella... ¿Estás llorando? - Me preguntó acercándose a mí.

Y sí. Efectivamente, estaba llorando como una humana con sentimientos. No era tristeza, no era amargura o dolor. Era emoción. Era anhelo de lo que podría haber sido en otras circunstancias.

Edward se acercó a mí, y ahora, rodándome lágrimas por la cara sin importarme que me viesen, sin esconderme, limpió la humedad de mis mejillas con sus pulgares, regalándome de paso unas dulces caricias. El momento era tan intenso, que no me aparté de él. Necesitaba su contacto, y él, lo sabía.

- Yo también me he imaginado la misma escena... esta y mil veces más. - Aguanté su mirada – Nosotros, y nuestro bebé. - Bajé todas mis barreras, y asentí. Sincera. Sus ojos brillantes, estaban cargados de sentimientos encontrados.

Vaya como se ha puesto de intenso el momento, ¿verdad?

Edward, Bella... y su bebita. Todo super tieeeernoooo... jajajajajaja!

Sí, sé que soy mala!

Mil gracias por todos vuestros comentarios y por seguirme, aun siendo mala :-)

Aprovecho para poneros el link de una historia mía, que está subiendo Cris Cullen Black y que creo, que muy pocas saben de su existencia:

s/7140501/1/OBLIGADA-A-TI

La que guste... Tiene una trama un tanto distinta, aunque sigue mi patrón Edward&Bella.

BESITOS... Y NOS LEEMOS!