Aquí estoy nenas!

Al final, me ha dado tiempo a publicar antes de acabar la semana.

Espero poder volver a hacerlo a mitad de la semana próxima, que sé

que molesta perder el hilo de la historia... pero más prisa no me puedo dar.

Disfrutar del capi... ;-)

Y mil gracias por vuestros comentarios... hacéis que mi "musa de la inspiración"

no me abandone.

Besosssssss

CAPITULO 15


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Edward salió disparado a recoger su Volvo, y nos fuimos para el hospital. En el camino, lágrimas silenciosas caían descontroladas por mis mejillas, aunque no era del todo consciente de ello.

- No estoy preparada para lo que voy a encontrarme allí – Murmuré – Realmente... no estoy preparada para su muerte – El pecho me subía y bajaba errático, al borde del colapso.

Edward asió mi mano y la apretó, trasmitiéndome fuerza y ánimos.

- Sé que ahora no hay palabras de consuelo. Y que nada va a cambiar la situación, pero... No estás sola. - Suspiré – Aunque después de pasar todo sigas queriéndo que nos marchemos, eso no cambia que ahora si estamos y vamos a ayudarte a sobrellevar esto. - Su voz fue suave, pero solemne. Asentí con la cabeza. - Apoyáte en nosotros, nadie tendrá en cuenta la ayuda prestada en el momento que nos digas que es hora de irnos, ¿entendido? - Volví a asentir.

- Gracias Edward.

- No me las des. Te repito que estamos aqui para ayudarte, porque te queremos y nos preocupamos por ti. No tienes porque hacer demostraciones de entereza y guardarte las emociones; déjalas libres. Grita, llora, patalea... Lo que tu alma necesite para desahogarte. Nosotros nos encargaremos de organizarlo todo.

Nada más bajar del coche, Edward me tendió su chaqueta, ayudándome a ponérmela. Hasta que tuve el calor de la prenda sobre mi cuerpo, no había sido consciente del frio que estaba sintiendo.

- Aunque estás preciosa con ese vestido, no quiero que te congeles - Me miró dulcemente, pero en su mirada había un deje de picardía.

Edward se encargó de dar los datos a la enfermera del control, ya que a esas horas de la noche, la clínica estaba cerrada al público, solo atendiendo casos urgentes.

Me agarró de la mano, enlazando sus dedos con los míos y me dejé guiar por él. Estaba tan en shok, tan fuera de mi misma, que veía pasar las cosas sin ser plenamente consciente de nada. Mil ideas, mil imágenes pasaban raudas por mi mente, pero no conseguía atrapar ninguna y centrarme.

- Erik está de camino. Carlisle lo avisó justo después de llamarme a mí. - Me informó. - Rosalie está en casa con Nora, para que él pudiese venir. - Asentí, mostrando una sonrisa agradecida.

No subimos a la tercera planta, si no que bajamos un piso. Llegamos a una puerta, y Edward se detuvo, sosteniéndome por los hombros.

- Nena... - me llamó para que lo mirará – Esta viva – Mis ojos aguados se encontaron con los suyos. - Carlisle la ha mantenido viva para que podaís despediros. Incluso está ligeramente consciente – Mis orbes se abrieron hasta el infinito. - Vamos... solo tienes unos minutos.

Abrió la puerta, y dentro estaban todos los Cullen, menos Rosalie. Todos me miraban con una gran pena y comprensión.

- Bella, cielo... - me llamó Carlisle al tiempo que alzaba su brazo en mi dirección – Ven, la he mantenido con vida, pero no le queda mucho. - Su mirada se dulcificó más aún.

Me acerqué, como una autómata. Carlisle pasó su brazo por mi cintura para acercarme al borde de la cama de Laurie. La cual tenía menos aparatos aderidos a su cuerpo. Solo un "bip – bip", suave, rítmico, lento y cadente, se escuchaba en la habitación.

- Dejemos a Bella sola... - Comentó Esme.

Solo con la mención de la palabra "sola", reaccioné girándome casi con violencia hacía todos ellos.

- ¡No! - Alcé la voz. Estaba descontrolada – No hace falta – Suavicé mi tono a la par que mi gesto facial. - Quedaros. - Todos asintieron.

Laurie estaba pálida, algo azulada. Su pecho a penas se movía tras la sábana que la cubría. Bastante danzaba y se meneaba el mío. Me llevé una mano a mi corazón y con la otra cubrí la mano de Laurie que descansaba en su costado.

- Por muy fuerte que lata el mío... No es suficiente para las dos... - Murmuré. - No existe dolor más grande que extrañar a alguien y no poder hacer nada para retenerlo a nuestro lado. Ni en mil años entenderé porque te tuviste que ir, porque te alejas de mí, dejándome tan sola. - Las palabras salían directas de mi dolorido corazón.

- Be-lla... - Abrí los ojos como platos. Ella... Ella estaba hablando, llamándome.

Me agaché sobre ella, para acercar mi cara a la suya. Le toqué su mejilla helada, acariciándola con suavidad.

- Lau... Mi niña... Estoy aqui cariño – En mi voz se palapaba el nerviosismo, el miedo y la emoción.

- Si... Aquí... conmigo... - Hablaba suavemente, con pesadez y de forma costosa. Y supongo, que con esfuerzo titánico, abrió los ojos. - Mi Bella... - me sonrió. - No estes... triste...

Mis lágrimas cayeron como una catarata de mis ojos, y del pecho me salían jadeos y suspiros que no era capaz de controlar ni aguantar. Tenía tantísima adrenalina corriéndome por las venas, que no era dueña de los impulsos de mi cuerpo... ni de mi alma.

En ese momento, sentí movimiento detrás de mí. Un pequeño alboroto, pero mi atención estaba única y exclusivamente en mi amiga.

- Lau... Dios... - alcé los ojos, buscando un poco de paz – Tengo tantas cosas por las que disculparme... por no pasar tiempo contigo, por no verte más, por no entender tu vida... Quise volar demasiado alto, y solo conocí soledad, alejándome de tí y lo siento tanto. Perdóname cariño... Laurie... nena, por favor... No me dejes. No sé lo que voy a hacer yo sola, sin ti. Te quiero, Te quiero tantísimo...!

- ¡Shuu! Ya lo sé... te conozco... eres tan buena... tan frágil y dulce... - Respiró forzadamente – tienes tanto amor... por dar... - Tosió – Quitate esa carcasa y búscalo, Bella... a... él... - Abrí los ojos, pasmada – A Edward... - Apreté mis párpados. El dolor de la despedida era insoportable y más ahora que lo mencionaba a "él".

- Edward... ven. - lo llamé – Laurie... él es Edward - Ella sonrió.

- He soñado contigo, Edward... tu eres... "él" – le sonrió - Cuídala... por mí. Ella... ella te... ama tantísimo... Te ha estado esperando... todos estos años... - Y yo lloraba, y lloraba – Lucha por ella... es muy terca... – Edward asintió, mirándome y sonriendo – ¿Me lo prometes? - Él le asió la otra mano.

- Te lo prometo Laurie. Siempre la he amado, y quiera o no, siempre estaré ahí para ella. - Lau sonrió, haciendo un gesto de asentimiento.

- Bella... ¿me prometeras... una... dos cosas? - Asentí energicamente. - No te pongas... necia... deja salir todo tu amor... por él. Siempre ha sido... él. Y... cuida de Nora... por mí. Eras su... madrina... y ahora... serás su madre... Hay, un documento... en mi escritorio, para ti - No creí posible tener tantas lágrimas en mi cuerpo para derramar.

- Claro, mi niña. Seré la mejor madre del mundo para tu hija. - Asintió. Su cuerpo se relajó visiblemente, y sus pestañeos comenzaron a ser más lentos.

- Te velaré desde el cielo... Sé fuerte... Te quiero Bella... - y con una dulce sonrisa en sus labios, cerró los ojos.

La máquina, comenzó a pitar y ahora los leves picos que marcaba, se convirtieron en una línea recta.

- ¡Nooooo... Noooo! ¡Carlisle... por favor... no, no dejes que muera... - gritaba enloquecida a la vez que me alcé y lo así del brazo frenética.

- No hay nada que hacer, Bella... Lo siento. Siento muchísimo tu pérdida. - Pasó sus manos por mis hombros, intentando calmarme y mantenerme quieta.

- Reanímala... Hazle masaje cardiaco... ¡Algo! - Negó con la cabeza - ¡Muérdela! - En una fracción de segundo, la tensión de la habitación era palpable. Carlisle me miró con los ojos apesadumbrados.

Segun me escuche decir eso, mis propios ojos dieron vuelta, casi poniéndose bizcos. Realmente no quería eso; simplemente no quería ver desaparecer a mi mejor amiga. A mi compañera, a mi hermana... a mi apoyo.

- Sabes que no quieres eso... - Contestó Carlisle.

Me dejé caer encima del cuerpo sin vida de mi amiga, zarandeándola. Tocándole la cara con frenesí. Agarrando sus manos y llevándolas a la mía, intentando devolverle el calor.

Pero ninguno de mis esfuerzos, tuvo la recompensa esperada.

- Por favor... - aullé de dolor puro – No, no, no, no... Quédate conmigo, por favor... por favor... VUELVE – grité. - No me dejes por favor... Laurie... - Gritaba con el dolor patente en mi voz.

- Bella... lo siento tantísimo – Carlisle estaba roto de dolor. Aunque no sabía si por mí o por Laurie. Seguramente por ambas. - Llora Bella... desahógate.

Carlisle me sacó de encima de Laurie y me abrazó fuertemente, regalándome todo su amor incondicional, pero en esos momentos sus brazos no me servían de mucho. Aunque estaba aturdida y dolida, de lo que si era muy consciente era de que necesitaba otro regazo en el que acobijarme.

Alcé la cabeza, que tenía enterrada en el pecho de Carlisle, y lo busqué. A él.

- Edward... - gimoteé. Casi no había acabado de pronunciar su nombre, ya lo tenía a mi lado.

Miré a Carlisle con disculpa, y él me soltó con una sonrisa en sus labios.

- Ve... él sabrá consolarte mejor que ninguno de nosotros. - Como siempre, tenía mucha razón.

- Mi Bella... cariño – Murmuró él, abriendo sus brazos para mi. Rodeándome con ellos y transmitiéndome esa seguridad que siempre estuvo ahí.

Me apretó contra él, y comenzó a acariciarme el pelo con ternura. Los sollozos comenzaron a bajar de intensidad, no así las lágrimas. Pero podía sentirme algo más tranquila.

En ese momento recordé que Jasper estaba en la habitación. Y aunque no me gustaba que me atontara, en esas circunstancias, se lo agradecí infinitamente.

Al cabo de un rato, solté el agarre al que tenía sometido a Edward. Quería, necesitaba estar junto a Laurie. Sabía que eran mis últimos momentos para poder tocar su piel, para verla y sentirla... por última vez.

- Edward... estoy mejor – él me miró con el ceño fruncido de preocupación – En serio... Quiero estar con ella. Necesito seguir despidiendome... - Suspiré. Asintió, y no soltándome aún de su agarre me acercó otra vez a su cama.

Me volví a inclinar sobre ella, ahora con suavidad y me dejé caer, abrazándola, y volviendo a llorar desconsolada. No sé cuanto tiempo estuve allí abrazada a Laurie. Fue algo indeterminado, entre sollozos, lágrimas, suspiros y gemidos, pero en todo momento, todos los Cullen estuvieron allí a mi lado. Sentía su compañía, su fuerza y su apoyo.

Sé que el tiempo pasó, pero no tenía ni la menor idea de cuánto, cuando Carlisle volvió a acercarse; me agarró por los hombros y me alzó.

- Bella... Querida. Los celadores están aqui para llevarse a Laurie – Abrí los ojos con desconfianza, poniendo mal gesto. - Se la llevan a la morgue – Me miró con dolor en sus ojos. - Van a prepararla para trasladarla al velatorio. - Asentí.

Me incliné sobre ella, y le besé su fria frente.

- Todo lo que te quiero, no es comparable al dolor que siento ahora que debo despedirme de ti. Te llevaré siempre en mi recuerdo... hasta el fin de mis días, cuando volvamos a vernos. Esperame en el cielo... - Le susurré. Le acaricié la mejilla con todo mi ternura y amor, y dejé caer la mano, la cual parecía tan muerta como la chica que estaba en aquella cama.

Edward volvió a sugetarme por los hombros, acercándome a él, para posteriormente abrazarme. Me apretó fuertemente a él, justo cuando la puerta de la habitación se abrió y dos celadores entraron.

- Buenas noches – su mirada se fue directa a mí. - Les acompañamos en el sentimiento.

- Gracias, son muy amables. - Contestó Carlisle – Aquí tienen los papeles firmados, certificando la muerte de la señora Dwason.

Recogieron los cables y taparon a Laurie entera; desfrenaron la camilla y con cuidado salieron de la habitación.

En ese momento, me volví a sumergir en un mar de lágrimas y jadeos.

Sentí unas manos acariciándome el pelo, y una fragancia que reconocía tan facilmente como la de su hermano se colocó por mis sentidos.

Separé la cara del hombro de Edward y miré entre las lágrimas que seguían cayéndome, a una muy apenada Alice.

- Lo siento tanto, mi niña. - Murmuró acongojada. - Ven, acompañáme para que te cambies. Te he traido ropa. - Asentí agradecida. Ya que seguía llevando el vestido de la fiesta.

Fuimos a un baño y allí, con su ayuda, pude cambiarme tranquilamente. Alice me ayudó a sacarme el carísimo y precioso Carolina Herrera, y a ponerme en su lugar un pantalón buggy con una blusa ambos negros.

Sacó de la bolsa que traía, un estuche y después de urgar y trastabillar comenzó a pasarme un algodón por la cara.

Me sentía tan atontada, como si estuviese fuera de propia piel, que me deje hacer. Realmente estaba agradecida de que Alice me tratase como una niña pequeña.

- Cierra los ojos. - me ordenó – Vamos a quitarnos esos churretes de maquillaje. Dejemos tu piel limpia y natural. Te sentirás más cómoda y fresca.

Me limpió la cara con mimo; incluso me aplicó un spay para refrescarme el rostro.

Me colocó la ropa, y hasta me ayudó a ponerme unos zapatos planos y cómodos.

- Gracias por todo, Alice. - La sugeté por las manos, para que se estuviese quieta. - No sé que haría sin ti aquí.

- Por eso he venido... Por eso estamos todos aquí. - Sonrió.

- No te haces una idea de la falta que me has hecho todos estos años... Ya sé que tu no vas a morir, pero bueno, yo puedo hacerlo en cualquier momento – Suspiré y ella puso mala cara – Así que quiero decirte, que te quiero. Muchísimo. No he dejado de quererte ni un solo día. - Ella abrió los ojos y la boca a la par. - Quería decirtelo antes de que pudiese llegar a ser tarde.

Nos miramos unos segundos, hasta que ambas, a la vez, saltamos a los brazos la una de la otra. Fue un abrazo sincero. Un abrazo de reconciliación. No hicieron falta palabras. El gesto fue lo suficientemente claro para las dos.

Al salir de la habitación, Edward y Carlisle estaban esperándonos fuera.

Me acompañaron a la cafetería para tomar una tila. Aunque intenté negarme, no había otra cosa que hacer ya que en esos momentos, estaban preparando a Laurie para trasladarla al velatorio del tanatorio.

- Emmet ha ido hasta su casa, para traer los papeles del seguro que difuntos. - Abrí los ojos alarmada.

- Tranquila... - Edward me rodeó con sus brazos. - Nosotros estamos organizándolo todo, no te preocupes por nada, ¿de acuerdo? Lo tenemos todo bajo control. - Su voz se afianzó, dejando de ser tan dulce y calma, para transmitirme un poco de orden y serenidad.

Así fueron pasando minutos, horas, días, semanas... El tiempo, cuando se está dolido, triste y/o abatido, pierde completamente su esencia. Su racionalidad.

Sentía a Edward completa y totalmente pendiente de mi, junto a Alice. El resto de la familia también pululaban a mi alrededor. Pero notaba, dentro de mi poca capacidad de racionalizar algo, que había ausencias de unos u otros miembros.

Me vi moviéndome de un lado a otro, guiada por los brazos de ellos, de Edward y Alice.

Cambiamos de sitio en el hospital, llendo de una sala a otra. Nos montamos en el Volvo de Edward y fuimos al tanatorio. Entramos en una sala iluminada tenuemente, llena de sofás y sillones y allí me sentaron.

Desperté acurrucada y tapada en el confortable sofá grande.

- ¿Edward? ¿Alice? - Llamé alarmada.

- Aqui estamos Bella. Tranquila. - Ambos se presentaron ante mi antes de que me diera tiempo a volver a pestañear.

- Me he... dormido... - murmuré con la boca pastosa. Pase la lengua por mis labios secos.

- Ven, vamos a que desayunes. Hace horas que no metes nada en el estómago – Ya estaba negando – Bella... por favor, no te pongas necia – Me riñó suavemente Edward – Si no comes algo, los nervios se apresaran de ti. - Asentí, vencida.

Antes de ir a la cafetería, Alice me acompañó al lavabo y allí, volvió a asearme. A cuidarme.

Me lavó la cara, peinó mi pelo, atándomelo en una cola alta y reacomodó mi ropa.

Con pocas ganas, desayuné y poco a poco a mi organismo fue entrándole algunos bocados del cruasan que me habían pedido Edward y Alice.

Aunque lo que me sentó de fábula fue el zumo de naranja y los sorbos de café que tomé.

- Bella... - Edward miró hacía su hermana con ojos inquietos – Tenemos que decirte algo. Y preferimos que sea ahora, antes que te des cuenta de su falta. - Lo miré extrañado.

- No has preguntado por Erik – Completó Alice. Abrí los ojos en cuanto la realidad me llegó.

¿Y Erik... dónde se había metido?

- Ayer, Carlisle te comentó que lo había avisado justo después de llamarme a mí – Me recordó Edward, a lo que asentí. Lo recordaba. - Rose ya estaba de camino, así que nada más que ella llegó, él tomo el coche y se fue hacía la clínica. - Asentí – Él... bueno, como era natural y de suponer, estaba nervioso, mucho. Aunque Carlisle le suavizó la noticia, para que no se alterara en exceso, imagino que él supuso lo peor. Que Laurie estaba en sus últimos momentos así que quiso darse toda la prisa que pudo, para llegar y poder despedirse de ella.

- Edward... - Lo llamé increpandolo a que llegara al meollo de lo sucedido.

- Él, ha tenido un accidente de circulación. Con resultado fatal.

- ¿Qué resultado fatal? Explicate... habla claro Edward, por favor – Lo apuré.

- Ha fallecido. Llegó al hospital inconsciente y con un grave traumatismo craneal – Continuó Alice. - Murió minutos después.

Nos sumimos en un silencio sepulcral. Estaban dándome espacio para asimilar tal noticia. No podía creérmelo... Erik, muerto!

No podía ser... Debía ser un error. Notaba como mi cara se desencajaba por momentos.

Edward sacó de su chaqueta un sobre y me lo tendió.

- Estos son los papeles de los que habló ayer Laurie cuando se despedía.

Tomé el sobre, el cual llevaba mi nombre y apellido y saqué los papeles que guardaba. Eran unos documentos firmados por una notaria.

Los leí, y cuando acabé, estaba en completo shok.

- Te lo resumo... Concretando la situación actual, ya que en ellos describe varias posibles situaciones. Al fallecimiento de ambos, la guarda custodia de Nora, pasa a ser tuya directamente. - Miraba los papeles que tenía sujetos en mis manos, sin ver nada en realidad. Tenía la vista perdida, igual que mis pensamientos. - Las familias de ambos, quedan relegadas de cualquier derecho sobre la niña.

- Ahora tu, eres la madre legal de Nora. Incluso hay otro documento ya tramitado y firmado, donde se autoriza el cambio de apellido de Nora, por el tuyo. - Concreto Alice.

- Te dejan su casa, y un dinero que tenían en una cuenta de ahorro. Y pasas a ser beneficiaria de su seguro de vida, el cual tiene una clausula donde parte del dinero irá destinado a los estudios de Nora en un futuro.

- Esto es una broma, ¿verdad? - Fue lo primero que salió de mi boca. - No me puedo creer que Dios sea tan cruel... En cuestión de unas horas, ha dejado sin padre y sin madre a una inocente bebé de menos de dos semanas... Es... injusto – Siseé, intentando controlar mi enojo. Me giré a Edward con los ojos encendidos – ¿Y tu me hablas de almas? Le doy la mia al mismísimo diablo si con eso Laurie volviera a la vida. - Escupí como veneno. - Puedes meterte tus ideas filosóficas de la antigua Roma sobre las almas, por donde te quepan.

Me levanté de la silla, haciendo más ruido del que pretendía, ganándome con ello alguna que otra mirada de familiares que desayunaban en silencio.

Tal era mi descordinación, que tuve que mirar en el tablón de esquelas cual era el número de la sala donde descansaba mi amiga.

Me dirigí allí con paso firme. No hay sentimiento que te active más que la ira. Por eso era uno de los siete pecados capitales.

Al llegar, pasé la zona de los sofás, llendo a otra sala más pequeña, donde se velaba al difunto. Pero cual fue mi sorpresa, al encontrarme de pleno el ataud de mi amiga, rodeado de flores.

Me quedé parada, como si se me hubiesen pegado los pies al suelo. Fue tal la impresión que creo que estuve por más de un minuto sin respirar.

- ¡Dios mio!... - Murmuré

Recuerdo que cerré los ojos, y no sentí nada más. La oscuridad me tragó haciéndose dueña de mi por completo.

Cuando desperté, seguía en la misma sala, pero el ataúd había sido cubierto por una cortina. Agradecí infinitamente ese detalle.

Suspiré, dando a entender que había despertado; ya que captaba la sensación de no estar sola.

- Hola hija – Esme se posicionó a mi lado. - ¿Estás mejor? - Asentí.

- Menudo susto nos llevamos cuando Alice gritó al verte caer desplomada... - Comentó Emmet, mostrando en su rostro el recuerdo del comentado susto. - Encima no podíamos movernos "libremente" ya que hay mucha gente por aquí. - Gruñó frustrado.

- Siento haberos asustado... Pero al ver el ataúd... - Cerré los ojos con fuerza.

- Eso te pasa por tener tanto genio – Soltó Alice a modo de regaño. Yo fruncí la boca en respuesta.

- Si... siento haber perdido los papeles antes - Me disculpé.

- Bella, no te disculpes. Es normal. Ha sido un golpe duro. - Asentí.

Alice y Esme me acompañaron al baño para refrescarme, y volvimos a la pequeña sala de velatorio, mientras iba cavilando en lo ocurrido en tan solo unas pocas horas:

Laurie... que estaba avisado, pero no por eso fue menos duro. Erik... ¡Dios mío, Erik! muerto en un accidente de tráfico mientras venía para despedirse de su esposa moribunda... y ahora Nora, se quedaba sola, sin ninguno de sus padres.

Cómo podía ser la vida tan injusta y cruel a veces. Una pareja trabajadora, luchadora, honrada... amorosa, se le siega la vida sin remedio justo en el momento más intenso y bonito que un matrimonio pude tener. Era increíble de asimilar.

Y yo ahora... convertida en... mamá. Yo... mamá

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- La familia de Laurie y de Erik está avisada – Comentó Carlisle – Les hemos enviado billetes para que puedan trasladarse hasta aquí. - Carlisle negó al percatarse de que iba a protestar. - Dejalo estar Bella... No creo que sea el momento de una escenita sobre dinero, ¿verdad? - Bufé resignada.

- Llegará esta tarde. El viaje desde Europa es largo. El padre de Erik no vendra, porque está bastante enfermo de Alzeimer, y no va a enterarse de nada, y el de Laurie... no va mucho mejor. Su otro hermano... - Entre todos se lanzaron miradas compungidas.

- No os preocupeís. - Les evité pasar el mal trago – Sé como se las gasta el hermano de Laurie. - Meneé la cabeza molesta – Fue siempre el más despegado, el que más problemas dio... bueno, realmente el único que los dio. Se juntó a malas compañías en el instituto, lo expulsaron un par de veces y siendo mayor de edad lo detuvieron por consumo y pertenencia de drogas. - Todos mostraron el entendimiento en sus rostros. - A sus padres les costó mucho sacarlo de ese mundo, pero para cuando realmente se dejó ayudar, ya era tarde... Laurie siempre me decía que se había quedado "tocado". Los daños que las drogas le habían ocasionado, eran irrevocables. - Suspiré. - Y después de fallecer su madre, se metió aun más en si mismo. Con él ya sabía de antemano que no podríamos contar.

- Eso lo explica sobradamente. No era normal que su hermano estando a unas pocas horas de avión, no viniese a despedirse de Laurie. - Comentó Carlisle.

- ¿Y su otro hermano? El de Europa... - Preguntó Rosalie. Yo miré para Carlisle, dándome cuenta de que efectivamente, no había sabido nada de él en los diez días que Laurie estuvo ingresada.

- Hablé con él por teléfono dos veces. Me preguntó el estado de salud de su hermana, y yo le fui completamente sincero. - Calló. Se estaba guardando algo.

- Carlisle... nada puede hacerme más daño que la propia muerte de mi amiga... Así que excúpelo.

- Bueno, él me dijo que no andaban demasiado bien de dinero, y que un billete desde Europa le era muy costoso. Por supuesto yo...

- Si, me imagino quien iba a sumir el coste de su desplazamiento – meneé la cabeza, mostrándole una sonrisa agradecida.

- Si... pero me dijo que el trabajo, la niña... Que agradecía mucho mi ofrecimiento económico, pero ya que Laurie estaba incosciente y no despertaría, que le ocasionaba demasiados problemas el venir. Si ella estuviese consciente, no lo dudaría... Prefería tener el recuerdo de su hermana, que llevarse este. Y que sabía que estaría bien cuidada por Erik y por ti. - Me sonrió.

- Sí, en eso no se equivocaba... - murmuré en un gruñido. Resoplé.

Los miré a todos, detenidamente por unos minutos. Todos me miraron entre sí, sin comprender mi forma de contemplarlos. Hasta que me decidí a hablar.

- ¿Y vosotros envidiáis nuestra humanidad? -Pregunté. - ¿Estáis seguros de eso? Los padres de Laurie eran unas bellísimas personas. Cálidos, comprensivos, amorosos... Criaron a sus hijos bajo unos grandes valores, y al final... ¿para qué? - Suspiré profundamente – Un hijo le salió delincuente y drogadicto. Otro, por el que casi se arruinan para pagarle la carrera porque no conseguía una maldita beca, conoce a una chica egoista y acaparadora que consigue separarlo de sus padres. Y Laurie... Fue la única que una vez convertidos todos en adultos, tuvo más relación con ellos... Y tampoco mucha, ya que la tenían agobiada entre todos y en cuanto tuvo oportunidad salió volando del nido materno.

- Bueno Bella... cada familia tiene sus cosas... - Contestó Rose. ¡Cómo no! Ella defendería la humanidad pese a todo. - Nosotros nos llevamos bien, porque lo tenemos muy fácil. Carlisle y Esme, como padres no han de preocuparse por nuestra salud – me miró con intención – Y aunque nos alejemos y estemos un tiempo a nuestro aire, no pasa nada porque cuando vuelvan a vernos, seremos exactamente iguales. No tenemos el problema del tiempo. Y en nuestro caso, el dinero tampoco es ningún incoveniente. Así, es fácil ser una familia unida.

- También tenemos nuestros problemas y nuestros conflictos. Tampoco te creas que somos tan perfectos. - Apoyó Emmet.

Yo los miraba con mi ceja alzada, y con cara de suspicacia.

- Habéis sido protagonistas de la segunda guerra mundial. ¿Os parece eso tener humanidad? La terrible matanza de los judios, por las ideas de hegemonía de un tio que quería construir una raza perfecta... - Todos pestañearon sorprendidos por mi alegato. - Defiendeme eso, Rosalie – Le clavé la mirada.

- Te lo defiendo mirándote a ti misma. - Me soltó, a lo que yo pestañeé sorprendida. - Tu manera de llorar, de gritar de dolor por la muerte de un semejante. Cómo miras a Nora y la arrullas en tu regazo. La comprensión que le brindas a Erik pese a no ser santo de tu devoción, y ahora de tener una vida estupenda de soltera, vas a pasar a ser madre en cuestión de unas horas ... - Suspiró y apretó la mandibula. - Incluso, la forma que tienes de querernos a nosotros, siendo lo que somos, habiéndote puesto en situaciones de peligro extremo y pese a todo abandonarte durante diez años... - Agaché la cabeza; sus palabras me llegaban muy adentro, y dolían. Pero algo me decía que lo mejor de su repertorio llegaba ahora. - La forma que tienes de amar a Edward, - Lo sabía. Apreté los ojos, porque sus palabras dolían como dagas - pese al sufrimiento que has padecido durante todos estos años... La forma que tienes de mirarlo... es... indescriptible. Aun hoy, darías tu vida por él sin dudar. Eso, todas esas cosas, son las que regala la humanidad. Tocaros, acariciaros, regañar, reconciliaros. Poner vuestra vida en peligro por un semejante. Donar organos y sangre para completos desconocidos. Llorar de alegria, de dolor, de tristeza... Vuestra empatía... Bella – Se agachó para ponerse a mi altura. - No dejes que la actuación de unos pocos, empañe tu propia humanidad. - Dicho lo cual, hizo algo que jamás hubiese pensado en ella. Alzó su mano y acarició mi mejilla con suma delicadeza. - Eres tan... humana. Por favor, no pierdas eso. - Asentí.

No tenía palabras. No había nada qué decir ante aquel discurso sentido y cargado de sentimientos. Esa era la primera vez que alguien me hablaba así.

El tiempo fue pasando poco a poco. Todos a su modo, intentaron distraerme para hacerme el velatorio más llevadero.

Me obligaron a comer, a beber, a levantarme y caminar un poco.. Me consolaron las llantinas que iban y venían. Se ocuparon de mí. Se preocupaban, por mi.

Como una familia.

Como una, auténtica, familia.

- En cuanto el hermano de Laurie llegue, quiero irme a casa. - Le comenté a Alice, la cual asintió complacida por mis palabras – Estoy exausta. - Jadeé. - Pero no quiero dejar aquí sola a Laurie.

- Lo comprendo. Pero... me alegro de que por ti misma hayas tomado la decisión de irte pronto para casa. - Me acarició el hombro y el brazo. - Edward y Carlisle estaban comentando antes de cómo decirte que te fueras temprano. Les has ahorrado en mal trago – Sonrió.

- Por cierto... ¿Cómo estuvo Nora? ¿Qué tal el primer día en su casa? - Rosalie se giró, y vino a sentarse a mí lado.

- Muy bien. Su nueva cuna le encantó. - Sonrió, imagino que recordando algo de la bebé. - Estuvo muy bien. Comió estupendamente... bueno, algo demasiado, ya que tragó tanta leche que al final, vomitó una poca y se puso perdida ¡jaja! - Al final, no pudo aguantar la carcajada. - Lo siento – Se disculpó – Yo meneé la cabeza restándole importancia.

- Laurie estaría encantada de que te rieras por las monerías de su hija. - Le pasé la mano por encima de las suyas. - Muchísimas gracias por ocuparte así de Nora. No te haces una idea de lo mucho que te lo agradezco.

- No hay que darlas... Además, me encomendaste la tarea que más me gustaba. Bueno, a mí y a Esme. Es ella quien está ahora con Nora.

- Si, bueno, supuse.

Seguimos hablando durante un rato sobre las monerías de Nora, que nos sacaban a todas alguna que otra risa que intentabamos ahogar. Aunque estabamos solos en nuestra sala, no era demasiado correcto estar riéndonos a carjada suelta.

Después, Carlisle vino a explicarme como había gestionado el tema del entierro, para tener mi consentimiento de que estaba a mi gusto.

- Claro Carlisle, todo está genial así. No te preocupes. - Aunque quise reconfortarlo para que no se preocupara por mi parecer, realmente todo estaba organizado al milímetro. Y con mucho tacto.

- Aunque queramos restarte trabajo, no quiero que te veas excluida.

- Lo sé... y te lo agradezco. - Me abrazó por el costado, y yo apoyé mi cabeza en su pecho.

Estar entre los brazos de Carlisle era, casi, tan reconfortante como estar entre los de Edward. Solo que daban una senación distinta. Eran abrazos paternales. De protección. Y en esos momentos los necesitaba.

Al final la tarde llegó y el hermano de Laurie, Carl, también.

Emmet fue el encargado de recogerlo en el aeropuerto y traerlo hasta el tanatorio.

- Hola Bella – Me saludó. Realmente traía mala cara.

- Hola Carl. Cuánto tiempo... Desde la boda de Laurie, ¿no? - Asintió. Guardamos silencio durante unos instantes.

- Bella... yo, quisiera agradecerte todo lo que has echo por mi hermana. Si no fuese por tí... - pestañeó angustiado. - Tú te has portado con ella, como una hermana auténtica. Mejor que los suyos propios... - Lo corté.

- Carl, de verdad, no hace falta que te tortures. Sabíamos lo que significábamos la una para la otra, y sabíamos que nos teníamos ahí para lo que fuese. Tú, bueno... has echo tu vida muy lejos. Seguramente que de estar más cerca, habríais tenido otro tipo de relación, más cercana. - No quise ser mala, pero mis palabras podrían haberse interpretado con trasfondo. Aunque solo estaba siendo sincera e intentando limpiar la mala conciencia que Carl pudiese tener.

Conversamos durante un rato más. De cómo habían sido estos días, de cómo pasó todo... y que murió en paz. Sin dolor, y acompañada.

Le expliqué también el fallecimiento de Erik. Que Carlisle había sido en encargado de reconocer el cadaver y que gracias a sus influencias, podríamos enterrarlos juntos, en el mismo día.

- Los Cullen... - Tocaba ronda de preguntas, como era de suponer - ¿Son familiares tuyos de verdad, o simplemente son buenos amigos? - preguntó extrañado.

- Somos familia lejana. Compartimos unos primos en común – le expliqué muy convincente.

- Es que... la dedicación y la preocupación que tienen por ti, es encomiable. Solo viendo como te miran... ellos, deben quererte muchísimo por todo lo que están haciendo por ti. - Contestó asombrado.

- Si... y el sentimiento es más que mutuo.

Era la primera vez que reconocía en voz alta lo mucho que seguían significando para mi. Lo muchísimo que seguía queriéndolos.

- ¿Y la niña? - me preguntó al fin. Casi estaba empezando a molestarme el echo de que no preguntara por su sobrina.

- Bien. Ella está con Esme Cullen. La esposa del doctor Cullen. Está mejor atendida que tu y yo, creeme – Le sonreí. - Mañana después del funeral, iremos a que la conozcas, ¿de acuerdo? - El asintió conforme con mi explicación.

Me despedí de él, quedando en vernos mañana en el velatorio, para el posterior entierro. Carlisle decidió y yo estuve conforme, que fuese todo rápido. No iba a venir más familia, y era absurdo alargar otro día más lo inevitable. Carl también estuvo conforme.

Quedó bajo la atención de los Cullen, así yo podía despreocuparme de estar pendiente de él. Emmet le hizo de chofer y Carlisle lo puso al corriente de más detalles de los que preferí no estar presente, ya que los sabía de primera mano.

Aunque no hubiese más familia, si pasarían por el velatorio compañeros de trabajo de ambos, y quería estar lo mas descansada posible para poder recibirlos de buenas maneras.

Si, mañana sería un día largo. Muy largo.

.

Me acompañaron Edward y Alice, como supuse. Cuando estábamos llegando a donde Edward tenía el coche estacionado, me giré, y con cierto pudor me encare a Alice.

- Tranquila. Jasper se reunirá a nosotros en tu casa – Me sonrió, evitándome el apuro de preguntar. - No me ha echo falta ver nada. Solo con verte a ti me ha sido suficiente para saber que hoy si aceptarias un "relajante" para poder descansar.

- ¿No le parecerá mal, verdad? - Pregunté siguiendo con la sensación de verguenza.

- No, para nada. Estará encantado de ayudarte. Además, para él tranquilizarte a ti, le es más fácil y llevadero que relajarnos a cualquiera de nosotros. - Me contestó sonriente.

- Vamos chicas, hace frio... - Nos apuró Edward, abriéndome la puerta del Volvo.

- Siempre me pregunté que si nos volvíamos a ver después de tantos años... ¿qué coche tendrías? - Edward desvió la mirada de la carretera para, con una sonrisa simpática, mirarme - Y cuando el primer día, me llevaste a casa y vi el coche que era, tuve que aguantarme la risa – y de repente, ese recuerdo, hizo emanar de mí una sonrisa auténtica, amplia y limpia. Una de esas en que enseñas todos los dientes y los ojos se te achican.

- Solo por ver esa sonrisa en tu cara, merece la pena haberme decidido a seguir teniendo Volvos – Contestó Edward con otra sonrisa igual de radiante que la mía.

El viaje hasta casa fue relajado y ameno. Tanto Alice como Edward me mantuvieron activa en sus conversaciones, hablando de nada trascendental realmente. Sé que parloteaban por el hecho de que no me sumiera en el silencio, y por lo tanto en la tristeza de los momentos.

Al llegar a casa, hablé durante un rato con Esme, la cual me transmitió lo bien que estaba Nora. Que había comido estupendamente y que casi no había llorado a excepción del momento de solicitar su toma de leche. Eso me hizo gracia.

- Mañana la tendré lista para ti. - Jadeé al darme cuenta de la realidad.

En cuestión de unas horas, iba a convertirme en madre.

- Bella... tranquila cielo. Estaremos todos para ayudarte. No estarás sola. - Me calmó la matriarca.

- Está bien, Esme... Gracias. Nos vemos mañana.

Me di una ducha calentita y me puse el pijama. Una vez fresca y cómoda, un olor que procedía de la cocina me hizo ir por inercia hasta allí.

- ¿Y ese olor? ¿No me dirás que Alice Cullen ha aprendido a cocinar? - Pregunté con mofa, ante la risa de Edward. Ella en respuesta me sacó la lengua. Ese, era un gesto tan suyo.

- No... boba. - meneó la cabeza – He pedido comida a domicilio. ¡Pizza! - Alzó la caja con gracia. - Antes te encantaba... - esto último lo dijo con menos simpatía. - No sé si ahora... - las dudas recorrían todo su rostro.

- Ummm... dejame pensar... - puse mi mano en mi barbilla de forma interesante – No me encanta... ¡Me chifla! - Grité, haciendo a ambos vampiros reirse.

Cené mientras ellos volvían a comenzar una charla intranscendental. Entre esas, Jasper llegó y yo vi a mi Dios personal.

Lo miré con cierta vergüenza infantil, mientras me mordía el labio inferior.

- Si sigues apretando así, acabar haciéndote un corte – Se burló.

- Bueno... ahora ya no habría problema... ¿O debo volver a preocuparme? - incliné la cabeza de forma angelical.

- De ninguna de las maneras. - Contestó rotundo. Se acercó a mi, y me acarició la cabeza. - Sé que fue algo duro de digerir por ti, y no solo el hecho de que alguien en quien confiabas, estuviese a punto de matarte – Bufé – Pero, no sabes lo mucho que tengo que agradecerte lo que pasó aquel día. Gracias a eso, endurecí mi autocontrol y eso, no te haces ni una mínima idea de lo mucho que mejoró mi vida... Pese a que destrozase la tuya – Me miró con pesar.

- Si de aquello, salió algo bueno... me alegro Jasper. En serio, de corazón – Le contesté regalándole una mirada cálida.

- Venga señorita... por hoy basta de emociones. - Regañó Edward. - ¡A la cama!

Asentí con un gesto militar y me fui al baño a lavarme los dientes.

Cuando salí del baño, me encontré a tres vampiros esparcidos por mi dormitorio. Edward en un butacón, Alice sentada en el suelo y a Jasper sentado a los pies de la cama.

- ¡Guau! ¿Y este despliegue? Hay algún vampiro malo suelto por Nueva York y estáis en misión de protección? - Reí de mi propia broma. Los demás, también. A excepción de Edward, al cual no le hizo ninguna gracia. - ¡Vamos Edward! Era una broma.

Pase a su lado y de forma, esta vez consciente, le acaricié la cara con suavidad dedicandole a su vez una mirada dulce. La cual me devolvió de inmediato.

Jasper dio un par de golpes al colchon, diciéndome con el gesto que ¡A la cama!

Me acoste, y Alice me arropó dándome un beso en la frente.

- Descansa – Murmuró, y se giró.

Me alcé de la cama con ojos despaboridos.

- ¿Os vaís? - Pregunté alzando la voz con alarma.

Edward y Alice se quedaron mirando un instante, hasta que se giraron a la vez.

- Por supuesto que no. - Sonrieron.

Volvieron a ocupar sus asientos y yo volví a recostarme. Jasper se acomodó, y colocó su mano sobre mi pie encima de las mantas.

A los pocos segundos comencé a sentirme atontada. No relajada y la sensación, como siempre, era angustiante.

- Jasper... - Gemí. Él me devolvió la mirada angustiado.

- Estas... - rodó los ojos – por fuera pareces muy entera, pero por dentro tienes tantos nervios y estás tan intranquila, que debo aplicar más intensidad que de costumbre.

- Dejame intentar algo... - Giré la cara y Edward estaba al otro lado de la cama. - ¿Puedo? - pidió mirando la parte vacía, a mi lado, del colchón. Fruncí el entrecejo y me mordí el labio, pero asentí.

- Yo me voy a la butaca – Nos miró con una liviana mirada pícara.

Durante unos instantes me sentí extraña. Llevaba tantos años convencida de que jamás volvería a tener a Edward en mi cama, que ahora no sabía si esto era real o no.

Él se movió y se acercó a mi, pero fue prudente no llegando a tocarme. Y a mi me carcomían las entrañas porque lo hiciese.

Sumida en mis cavilaciones, empezó a sonar por el dormitorio una melodía. Una que reconocería incluso habiéndome quedado sorda. Era... Era... Mi nana.

Me giré y miré a Edward a los ojos, con los míos desorbitados. Él se quedó impactado por mi mirada, y paró de taratear.

- No... no por favor, no pares. - Supliqué. Él me sonrió. - Pero... así no es como lo recuerdo. - Me mordí el labio y lo miré con intención.

Para no poder leerme la mente, supo exactamente a lo que me refería:

Abrió las sábanas a la par que sus brazos para que nuestros cuerpos se encontrasen. Me acerqué a él como un gatito y me enrosqué, adquiriendo la posición de la cucharita, dándole la espalda. Edward pasó el brazo por encima de mi para rodearme y el otro lo dejó descansando en mi cintura.

De pronto fui consciente de la situación y de que ya no éramos unos adolescentes, o por lo menos yo, donde el novio se colaba por la ventana en casa de los padres de la chica.

- Te parece poco decoroso que hagamos esto, siendo tan mayores... - Rodé los ojos, y una carcajada salió incontenible de mi garganta.

- ¿Te estás riendo de un anciano? -preguntó haciéndose el ofendido.

Cuando pude parar de reir, lo miré a los ojos, ya de forma seria.

- En serio... - Asintió – Yo no sé si debería... - Puso su dedo en mi boca.

- No hay problema Bella. Ven, acurrúcate aquí. Espero que funcioné. Antiguamente si lo hacía.

- Lo hará.

Me volví a acomodar en la misma posición, rodeada por sus brazos y comenzó a susurrar mi nana. Estaba eclipsada, hipnotizada... Encantada.

- Es todo un detalle que hagas esto... - Murmuré somnolienta – Y que tarareés mi nana... La he echado tanto de menos... Pero jamás la he olvidado. Lo tengo todo guardado.

- Lo sé... Sé que nunca has llegado a olvidarme, igual que yo a ti tampoco.

Y era verdad. Percibiendo la sensación de plenitud y felicidad que mi cuerpo, mi alma y mi cerebro me transmitían, poniéndose de acuerdo por una vez en muchísimo tiempo, debía aceptar que era así. No lo había olvidado, no lo había superado. Seguía total e irrevocablemente enamorada de él.

Ni Jasper son su don relajante había conseguido calmarme, y él con solo abrazarme y tararear la nana que una vez compuso para mi, logró que los nervios se mitigaran.

Y eso me hacía preguntarme...

¿Realmente él me dejó queriéndome? Pensando que el sacrificio y el dolor al que nos sometía a ambos era por mi propio bien.

Y de pronto, todo se me vino encima... Él abrazado a mi, Alice, el resto de la familia Cullen, Laurie, Erik, Nora... Enfrentarme a una nueva vida...

Y sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas, y suspiros escaparon por mis labios.

- Tranquila cariño... Estoy aquí. Nada te pasará mientras yo siga en pie - Murmuró. Y lo creí, porque era verdad.

Edward, sin parar de entonar la melodía, comenzó a acariciarme el pelo con gran ternura.

Podría acostumbrarme tan fácil a dormir así, cada noche, con él.

Con ese pensamiento sucumbí al sueño. A uno dulce y placentero. A uno, donde Edward había vuelto a por mi poco tiempo después de irse. Donde me decía que no podía vivir sin mi. Que me amaba demasiado para estar separados.

Eso si era dormir y soñar dulcemente.

.

Bueno... DEP Laurie.

Sé que el capi ha sido muy triste... pobrecita Bella.

Pero el final, os lo he endulzado un poquito, eh?

Y lo de Erik... hasta yo misma me he sorprendio... jajajaja!

Veremos como sigue la historia a partir de ahora.

Besossssssss muñecas!