Capítulo 2: Una excursión por los infiernos.
Perséfone dudó, pero finalmente tomó la mano de Hades. Él la condujo dentro de su palacio. Era un magnífico edificio, iluminado permanentemente por la luz de la luna. El lugar, pensó, tenía cierto encanto, a pesar del terrible ambiente de tristeza. Se sorprendió a si misma con ese pensamiento. "¿Qué estoy diciendo?"- se regañó- "Esta es la morada de la muerte; ¿Cómo puede parecerme bella?". Decidió que lo mejor era esperar y observar todo con atención. Se detuvieron frente a la puerta de un cuarto. Su secuestrador la abrió y ante ellos apareció un espacio bastante acogedor, con una gran cama de sábanas blancas y soportes de plata, de dos plazas. Las paredes estaban pintadas de rojo y una luz tenue, procedente de velas encendidas, iluminaba el lugar.
-Este será nuestro dormitorio.-Dijo el sombrío dios. Estas palabras no le gustaron a la niña.
-¿Qué quiere decir eso de "nuestro" dormitorio? Preferiría dormir a la intemperie una noche de tormenta a dormir contigo.
Hades comprendió que llegar al corazón de esa joven sería más difícil de lo que imaginó. Pero no por eso iba a darse por vencido.
-Yo te amo, Perséfone. Este lugar podría ser un paraíso para ti si tan solo me dieras una oportunidad para recorrerlo contigo. Por favor.
Dijo estas palabras en un tono tan suplicante y una voz tan triste, que la diosa accedió. Salieron del palacio y se dirigieron a los campos de Asfódelos, el lugar donde desembocaba el río Estigia, de negras aguas. La chica se espantó cuando Cerbero, el enorme perro de tres cabezas que custodiaba el lugar, pasó por su lado, pero la presencia de Hades le daba valor. Al fin se detuvieron frente a una enorme puerta de bronce, que parecía infranqueable, pero que su acompañante sorteó con solo tocarla. Perséfone tenía el corazón en un puño, pues casi todo lo que había visto hasta entonces en ese reino era oscuro y tenebroso y no sabía que quería mostrarle aquel misterioso ser. Por eso su sorpresa fue mayúscula al ver que frente a sus ojos se hallaba el cuadro más bonito que jamás hubiera visto; muy parecido, o quizá incluso mejor, que los campos en los que había crecido.
-Bienvenida al Eliseo.- dijo orgulloso el rey de las tinieblas, satisfecho al ver la actitud con que la diosa recorría ese paradisiaco lugar, entre la alegría y el éxtasis.
Animada por el descubrimiento de tan agradable sitio, se animó a seguir recorriendo el inframundo en compañía de su enamorado. Lo visitaron todo, y al terminar, de vuelta en casa de Hades, iniciaron largas conversaciones. Él le contó que pasaba exactamente cuando una persona moría, y ella, por su parte, le habló de su vida en la superficie. Se divirtieron tanto, que no se dieron cuenta del paso del tiempo. Cuando terminaron de hablar, se percataron de lo cansados que estaban. Ambos se dirigieron al dormitorio que él había indicado como suyo, y se dispusieron a dormir.
-"Hades no es tan terrible como lo pintan"-Pensó Perséfone.- "Conmigo ha sido muy amable. Y este lugar no es tan lúgubre como me lo imaginé. Empiezo a creer que aquí podría ser feliz".-Y con ese pensamiento se quedó dormida.
