De ante mano, mil perdones por la tardanza...
Pero me ha sido imposible actualizar antes.
Bueno... Por fin, el capi del entierro...
Otro capítulo triste... pero...
Hay varias sorpresitas, sobre todo al final!
GRACIAS POR TODOS VUESTROS COMENTS!
CAPITULO 16
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A la mañana siguiente, un olor delicioso procedente de la cocina me hizo despertarme.
- Ummm... - murmuré aun con los ojos cerrados.
Pero un olor muchísimo más agradable para mi olfato fue lo que hizo que abriese los ojos: Edward estaba tumbado a mi lado, mirándome con ojos brillantes y una liviana y dulce sonrisa en sus labios.
- Buenos días dormilona – me saludó.
- Umm... Buenos días. - Me estiré notando como él seguía teniendo sus brazos alrededor de mi cuerpo aunque sin hacer presión. Me giré para encararlo - Mil gracias por pasar la noche conmigo, ha sido todo un detalle por tu parte. - Le agradecí.
- No se merecen. Casi debería darte las gracias yo a ti, por permitirme acostarme contigo – sus palabras llevaban un doble rasero y lo miré con intención.
- Edward... - lo llamé condescendiente, pero no pude ocultar un toque de picardía en mi voz. - No empieces... - Él me devolvió una mirada de angelito.
- Necesito...
- Un minuto humano – Acabó la frase por mi. Asentí divertida – Siempre me hizo mucha gracia tu manera discreta de decir que necesitas ir al baño... Bella, recuerda que alguna vez, yo también fui humano y hacía las mismas funciones fisiológicas que tu. - Me quedé mirándolo seria, hasta que al final, acabé por sacarle la lengua. - Vuelves a pasar demasiado tiempo con Alice, ¡jaja! - Su risa hacía a mi alma gorgotear de alegría.
Tranquila Bella, no te lances. Me advertí a mi misma.
Después de mi minuto humano, salí más despejada. Edward ya se había ido de la habitación, imaginaba por si quería intimidad para vestirme, pero al ser temprano, preferí seguir con la comodidad que me ofrecía mi pijama; así que con ese atuendo, me dirigí a donde procedía el segundo mejor olor de la mañana.
En la cocina se encontraban Alice, Jasper, Edward y Esme. La cual le había tocado hacer de cocinera, otra vez.
- Esme... dejas que te exploten laboralmente – Me burlé.
- No protesto porque el desayuno es para ti; si fuese para ellos sería otra cosa. - Fruncí el ceño ante su comentario.
- Bella querida, ¿te ha parecido mal el comentario? - preguntó contrariada.
- ¡No, para nada! Es que estoy imaginándome la escena – Todos fruncieron el ceño, menos Edward, el cual sonreía, con su... con mi sonrisa torcida – Viéndote cargar con un alce, o un puma y llevarlo hasta la cocina para que tus niños – reclaqué esa palabra con burla – desayunasen.
Todos se quedaron en silencio, supongo que imaginando la escena.
- Bueno... no estaría mal – Edward fue el encargado de romper las meditaciones. Hasta que todos, incluida yo, estallamos en carcajadas.
- Bella... siempre he pensado que tienes un sentido del humor un tanto gore – Comentó Jasper.
- Para haberme tratado, dormido y enam – corté la palabra, apretando por un segundo los dientes – comido, - rectifiqué – con siete vampiros... Estaba obligada a tener ese sentido del humor. ¿No crees? - Asintió.
Todos se había percatado de mi traspies lingüistico; pero ninguno comentó nada. Solo con sus mriadas me valía. Alice me miraba con una sonrisa plena y descarada, Edward me miraba con intensidad y a Esme le hacían chiribitas los ojos. El único discreto fue Jasper.
- Esme, deberías dedicarte profesionalmente a la comida. En serio te lo digo – La felicité aun con el último bocado de tortitas con nata y sirope en la boca. - Esto está delicioso. - Ella me sonrió maternal – Si vuestra visita se alargase más, acabaría engordando y poniéndome como un balón.
Mi comentario fue a modo simpático, o esa era la intención; pero a dos vampiros que estaban justo en frente de mí, no les hizo ni la más mínima gracia; ya que sus miradas entre apenadas y enfadadas, me confirmaban su estado de ánimo.
Mi mirada viajo por voluntad propia a Edward, el cual me miraba fijamente a los ojos. Mirada que solo pude aguantarle dos segundos, ya que era tal la intensidad y fuerza de esta, que los ojos llegaban a escocerme.
Alice me ayudó a escoger la ropa para el funeral. Realmente a estas alturas no necesitaba que nadie me asesorara, pero sabía que a ella le gustaría mi petición de auxilio.
Seguía siendo igual. Nada en ella había cambiado.
Elegimos un vestido largo hasta debajo de las rodillas, ligeramente ajustado, sin escotes y por supuesto en negro. Acompañado de una capa en gris oscuro. Unos botines negros con poco tacón, y una medias negras, completaban mi vestimenta.
No me maquille porque supuse que a lo largo del día, las lágrimas volverían a ser protagonistas en mi rostro. Simplemente me pase el cepillo por el pelo y me lo até en una coleta alta.
Edward volvió a conducir de camino al tanatorio. Jasper, Alice y Esme, nos acompañaron.
Cuanto más nos acercábamos al tanatorio, mis nervios más protagonismo comenzaron a tener. Hasta que de pronto, comenzaron a disminuir.
- Gracias Jasper – Le murmuré desde el asiento del copiloto.
- Es un placer – Me contestó. - A parte, de que estabas poniéndome nervioso a mi mismo.
- ¿Y el resto de la familia? - Pregunté.
- Carlisle ya está en el tanatorio, acabando de resolver todo el papeleo de los funerales y Rose y Emmet han pasado la noche con Nora. También ellos se quedaran durante todo el día con la niña - Respondió Esme. Asentí a su detallada información.
Llegamos temprano, como era la intención. Carlisle estaba esperándonos en la sala y nada más vernos, lanzó una mirada significativa a donde descansaba el ataúd de Laurie.
Tragué saliva e hice unos ejercicios de relación con la respiración.
Él entendió mis gestos al revés y se dispuso a pasar la ornamentada cortina.
- No, espera. - Lo detuve – Solo estaba preparándome – Le sonreí triste.
- Ahora están los dos ataúdes. - Me informó. Abrí los ojos por un instante, hasta que la comprensión llegó a mi. - ¿Estás preparada? - Asentí.
- No los tapes... por mucho que me cueste verlos, deben estar así. La gente querrá verlos para despedirse – Parecía que el raciocinio iba llegando a mi, otra vez – Carlisle... Erik... ¿Pueden destaparse las cajas? - No encontraba las palabras para preguntar, pero, realmente, ¿existían las palabras adecuadas para algo así?
- Sí. El golpe se lo dio en un lateral de la cabeza, y no le ha desfigurado la cara para nada. Al igual que han maquillado a Laurie, pedí que también lo hiciesen con Erik, por si querías destapar los ataudes – Carlisle como siempre, previsor ante cualquier percance.
Le agradecí el cuidar cada detalle, y le pedí que abriesen ambos ataudes. Estando los cuerpos visibles, era lo lógico. Aunque existía mucha gente a la que no le gustaba ver los cadáveres, había otra tanta que sí.
Esto era lo que tenía el quedar como responsable de todo esto. Esto es lo que era, ser tan importante en la vida de alguien, como para que deje en tus manos, su viaje de la vida a la muerte.
- Bella... han llegado unos ramos de flores de parte de ambas familias. - Me comentó Esme – Van a pasar ahora para colocarlos dentro de la sala. Parece que el otro hermano de Laurie, se encargo de mandarlos.
Bueno, por lo menos, había tenido el detalle. No los culpaba, por no venir, los padres de ambos, que eran los únicos que estaban vivos, no estaban en condiciones de hacer un viaje hasta aquí. Básicamente porque uno se había quedado poco menos que catatónico tras la muerte de su esposa y el de Erik, llevaba años enfermos de Alzheimer. Y el otro hermano, no estaba tampoco en plena disposición de sus facultades.
El hermano de Laurie, Carl, llegó poco después y tras pensárselo detenidamente, decidió ir a ver el cuerpo de su hermana. Las lágrimas pronto llegaron a sus ojos, por lo que le pasamos las cortinas, para darle intimidad en su despedida.
- Gracias Bella... Realmente estás en todo. Desde que viniste la primera vez a casa, siempre supimos que eras alguien muy especial para Laurie. A penas había llevado a un par de amigas a casa en toda su vida escolar. - Sonrió complacido – Y nos quedamos sumamente tranquilos a saber que vivíais juntas y que os ayudábais mutuamente.
- Agradezco tus palabras, sobre todo en este momento – Me sinceré, ante su asentimiento.
- La niña... - Me puse tensa de inmediato - ¿Qué va a pasar con ella?
- Se queda a mi cargo. - Frunció el ceño, y vi venir problemas.
- ¿Tú? Pero... si no eres familia directa. - Creo que lo pensó más bien para él que para decírmelo a mi. - Mi esposa y yo, habíamos hablado de hacernos cargo de ella; de llevárnosla a Europa y criarla como una hija más. Ya que yo soy el único familiar capaz de hacerme responsable.
- Me alegro de que por lo menos, tuviéseis pensado en quedaros con Nora, pero... Tu hermana y Erik tenían unos documentos preparados para posibles eventualidades. Y una de ellas, era su muerte prematura.
- ¿Unos documentos? - Preguntó entre molesto y sorprendido. - ¿Qué se pensaban, que iba a desentenderme de mi sobrina? - Su tono se decantó por molestía, claramente.
- Supongo que al ver que te habías ido hace años a Europa y que no habías vuelto, y que casi no sabían de ti y tu nueva familia... No tendrían muy claro que pudiesen contar contigo – Intenté que mi tono fuese neutral, casi, consiguiéndolo. Pero mi mirada lo decía todo. Era un reproche en toda regla.
Carl se quedó mirándome con el ceño fruncido y creí que empezaría la tercera guerra mundial tras mis palabras reprobatorias; pero me equivoqué. Gracias al cielo.
- Bueno... - Suspiró aligerando su ceño fruncido – Realmente no puedo estar molesto por tus palabras, porque así ha sido. - Agachó la cara – Hace muchos años que me despreocupé de mi familia. Me salió una buenísima oportunidad en Europa y mi esposa no paró hasta convencerme. - Meneó la cabeza – Aunque lo que hizo que me decantara, es que debido a mi curriculum universitario mediocre y mis bajas calificaciones, no era capaz de encontrar nada decente aquí. Pero tampoco es excusa para desentenderme como lo he echo, la verdad. - Meneé la cabeza, negando.
- Cada cual tiene sus prioridades Carl. Tenías tus razones, pero, llamar de vez en cuando... No sé... Acabamos siendo lo que vamos cosechando y formando de nosotros mismos. Te lo digo por propia experiencia.
- Respecto a Nora... no voy a ponerte problemas. Creo que estará bien contigo. Si mi hermana te escogio para que la sustituyeras en el trabajo más importante que se puede tener como persona, no voy a ser yo quien juzgue su decisión. - Suspiré aliviada.
- Además de eso, esos documentos están blindados ante cualquier intención de revocación por cualquier miembro de ambas familias. - Alice intervino, sobresaltándome – Mi hermana es abogada y me lo ha confirmado. Es muy bonito de tu parte no querer pelear por los derechos de tu sobrina, pero aunque quisieras... Tampoco podrías. - Su tono no era duro, pero había sacado las uñas; su tono y su mirada habían quedado bastante claras.
- Me alegro también de que puedas contar con una familia que te quiere tantísimo – declaró Carl – No siempre se tiene a alguien que saque las uñas así por ti – Me guiñó un ojo. Yo, después de tragar saliva, asentí sintiendo los ojos de Alice clavados en mi cara.
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La gente comenzó a llegar bien entrada la mañana. Carl y yo nos pusimos juntos, al lado de los ataudes para saludar a las personas que venían a despedirse de Laurie y Erik.
Al cabo de tres horas, yo me sentía desfallecer. Ya no solo por estar ahí durante todo ese tiempo a pie firme, si no por lo emotivo de algunos de los pésames.
La pareja que ahora descansaba eternamente a mi lado, eran muy queridos entre sus amistades y compañeros de trabajo.
Eso me alegró, pero no ayudó para que me sintiese menos triste.
Aunque hubo momentos muy intensos, donde los ojos se me enlagrimaron, conseguí aguantar el tipo, sin derramar una sola lágrima.
- Ya no queda nadie – Informó Carlisle – Podemos irnos a comer – Le alcé una ceja, especulativa. Ese comentario era el más divertido que había oido en toda la mañana. - He reservado en un restaurante cercano.
- Claro... la verdad es que estoy muerto de hambre – Comentó Carl, agradecido de la invitación de Carlisle.
- Si, todos – recalcó Jasper – estamos hambrientos – Nos miramos y él dejó entrever una sonrisita traviesa, mientras a mi se me espacaba la mía sin poder aguantarla.
Carl nos miró interrogativo, lógicamente sin entender nuestra "peculiar" broma. Edward meneó la cabeza, fingiendo molestia, ya que en sus labios también asomaba, por mucho que intentara retenerla, una sonrisa divertida.
Pedimos un taxi de los de siete plazas y nos dirigimos al restaurante.
Edward se sentó a mi lado, y tras comenzar el viaje, me agarró suavemente la mano. Ante el gesto, pase mi mirada de nuestras manos enlazadas a su cara; a sus ojos. Los cuales me miraban muy dulces, pero había preocupación en ellos. Le alcé las cejas para que soltase lo que fuera que le preocupaba.
- No has derramado ni una sola lágrima. - Frunció el ceño. - Y Jasper no usó su don contigo, por petición expresa mía – Abrí los ojos sorprendida por eso. - Quería que sintieses, que te empapases de la tristeza del momento... No me mires así, no es que quisera que sufrieras, pero necesitabas explotar. Desde ayer por la noche, no has vuelto a llorar y me preocupa.
- Tranquilo, creo tener la situación controlada. Como bien dices, ayer ya derramé lágrimas por una buena temporada. - Le sonreí muy risueña; pero no sabía si mi esfuerzo era para convencerlo a él o a mi misma.
Por muchos esfuerzos que intenté hacer, la actuación de galardón de Hollywood de los Cullen fingiendo que comían, me hacieron soltar risitas durante toda la comida.
Y más diversión me ocasionaba ver como ellos parecían inmunes a mis gestos.
Carl me miraba confundido y extrañado ante mi comportamiento; supongo que imaginó que me había vuelto loca de remate.
En un momento de privacidad, bastante excasos estos días, ojeé mi móvil y vi un par de llamadas perdidas y un correo electrónico.
Las llamadas eran, una de la Sña. Potter y la otra de mi asesor. El correo era de este último, comentándome que la acción financiera de traspaso de la librería a mi nombre, había sido procesada con éxito. Que le devolviese la llamada cuando pudiera y que en unos días, sería la firma notarial.
Una sonrisa ilusionada se instauró en mi rostro.
Me recompuse, para que nadie notara mi cambio de humor, pero para los Cullen nada pasaba desapercibido; sobre todo para una de ellos: Alice.
- Me alegro de que recibas buenas noticias – Me soltó de golpe, con tono de lo más natural; fingido, por supuesto.
- ¿Noticias? - Disimulé – Simplemente me lo he pasado bien en la comida, por eso mi cambio de actitud. - Incliné los hombros para restarle importancia.
Por supuesto no me creyó ni lo más mínimo; pero le agradecí que no insistiera. Ni era el momento ni el lugar. Me sentía mal por ocultárselo, pero sabía que si se enteraban, intentarían inmiscuirse y quería hacerlo por mi misma. Era el primer paso para seguir fiel a mi decisión de que debían irse una vez pasado el funeral y el tema de la mudanza; ahora con un bultito inesperado: Nora. Y ese bultito, alargaría su marcha más de lo esperado. Pero esperaba que fueran tan solo unos pocos días más.
A primera hora de la tarde, volvimos a hacer un tiempo de velatorio, para las personas que aun no hubiesen pasado a despedirse.
Aunque esta vez fue mucho menos tiempo, esta situación comenzaba a agobiarme sobremanera; a parte de sentirme agotada. Pero debía agradecer la divertida comida que los Cullen me habían brindado.
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- Bella – Carlisle, acompañado de Esme vino hasta mi posición – Es hora de irse, cariño. - Me miró con cuidado.
¡Es la hora!
Era el momento de la última despedida. En breves nos iríamos al cementerio y jamás volvería a ver a mi amiga. Nunca.
- Un minuto... Necesito despedirme de ella, una última vez – Solicité ante el asentimiento del vampiro.
Entré y me pasaron las cortinas para darme un poco de intimidad, pero del todo; ya que me daba un poquito de desazón quedarme encerrada con las dos cajas.
Me acerqué a Laurie y le dediqué mis últimas palabras.
- Cuidaré de tu hija, con mi vida. No te defraudaré, Laurie. Puedes ir en paz. Te echaré de menos todos los días de mí vida. Te quiero, nena.
Lo dudé durante un instante, pero al final me decidí a pasarle la mano por la mejilla. Estaba helada. Un cosquilleo extraño me recorrió la falánge ante el contacto. Y con pena y una sensación rara, eliminé el contacto.
Me dirigí al ataúd de Erik. También él merecía una despedida.
- Sé que no llegamos a entendernos muy bien... pero, he llegado a la conclusión de que ambos peleábamos por la atención de Laurie. Y los dos la teníamos, cada uno a su manera... Pero no conseguimos darnos cuenta a tiempo. Lo único bueno, es que estaréis juntos en el cielo... Si es que realmente existe algo más. Cuídala como hasta ahora.
Destapé las cortinas, inhalando una buena dosis de oxígeno. Seguía con la terquedad de mantenerme entera. No quería derramar más lágrimas. Edward estaba esperándome y me lanzó una mirada triste. Nuestras miradas se aguantaron durante unos segundos, hasta que él me sacó del embrujo. Me agarró la mano, y nos dirigimos a la salida.
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Fui en el coche con Edward y Alice camino al cementerio. Al principio todos guardamos silencio, sumidos en nuestras cavilaciones; o por lo menos yo.
- Edward – lo llamó Alice desde el asiento trasero, rompiendo así la tensión del viaje – Cuándo te fuiste, ¿también usaste Volvos? - preguntó.
Esa pregunta hizo que me tensara en mi asiento, sin saber muy bien por qué. Llevaba queriendo profundizar en eso desde que lo comentaron la primera vez.
Ya que algo grave tendría que haber pasado para que Edward, como parecía ser, abandonara al resto de la familia.
Me giré y lo miré directamente. Sabía más que de sobra que él podía verme.
- Sí, también usé un Volvo. Otro modelo. Pero lo tenía alquilado. – Contestó breve.
- ¿Y... dónde estuviste? - la pregunta salió de mis labios sin ser consciente de que había hablado.
- Estuve en Brasil. - Su contestación volvió a ser casi hasta cortante.
El silencio se adueño del coche durante unos minutos. Nadie cortaba la tensión que se había formado. Pero yo me sentía extraña. Cientos de sentimientos se encontraban y chocaban dentro de mi. Aunque parecía estar muy tranquila, no lo estaba para nada.
Era ahora o nunca. Necesitaba saber qué había pasado. De todo lo que podía haber preguntado o ocasionarme curiosidad, concretamente había sido ese detalle.
- Edward... - lo llamé. - Te escucho... y sabes que no es fácil que yo tenga esa consideración contigo. Es tu momento de hablar. - Suspiré - ¿Por qué te separaste de la familia?
- Estuve un tiempo fuera, solo. En Brasil, como he dicho. Volví justo unos días antes de que viniésemos a Nueva York a encontrarnos contigo. - Se pasó la mano por el pelo, gesto inequívoco de que lo que iba a decir le era dificil. - Alice no dejo de tener visiones contigo, y ella con toda su mala fe me las mostraba; como si yo no supiese lo que había perdido dejándote – Apreté la mandíbula – Hasta que sus visiones fueron cambiando. - Fruncí el ceño, al igual que él mismo – Justo cuando comenzaste a trabajar en esa editorial. Al principio eran cambios... buenos, podríamos definirlos así. Hasta que tu, cambiaste. Comenzaste a dejar de ser la Bella que recordaba. La auténtica Bella. - Recalcó mirándome por el rabillo del ojo – Y en esas visiones comenzaron a aparecer, otros protagonistas – El aire se me fue de los pulmones, y los ojos se me salían de las órbitas. - El ver como te entregabas a esos hombres, fue demasiado para mí. Y el saber que Alice, cortaba esas visiones, censurándolas, era matarme en vida.
- Respira Bella – me recordó Alice, apretándome un hombro.
- No te recrimino nada, Bella. Estabas en todo tu derecho a rehacer tu vida... pero encontrando un buen hombre del que te enamoraras, hicieses planes, te casaras, tuvieses hijos... Pero... el ver como sucumbias al sexo de esa forma... era superior a mí. Entonces, entre la familia comenzó a haber disputas sobre el volver a por ti. Habían pasado ya muchos años, pero contábamos con tu amor hacía nosotros para que nos recibieses en tu vida.
- Entre Edward y yo, organizábamos unas discusiones terribles. Toda la familia se veía afectada, así que al final, Edward acabó marchándose. - Aclaró Alice – Yo estaba sumamente enfadada y dolida con él porque me había prohibido mantener contacto contigo, para dejarte rehacer tu vida como humana. Tardé mucho tiempo en entender lo que pretendía. - Explicó, suspirando sonoramente. - Pero él sabe que siento mucho lo que pasó... y cómo me porté; el ser tan injusta con su propio dolor.
- Lo sé hermanita... Y sabes que entiendo tu dolor porque te apartara de tu amiga... de tu, hermana – Aclaró.
- Estáis hablando de mí como si no estuviese delante... y perdonar. Sigo aquí. - Gruñí.
Ambos me miraron con disculpa en los ojos.
- Bella... tienes mucho que escuchar. Realmente esto es el final de la historia. - Puntualizó Alice. - Es un brevísimo resumen de lo que pasó con nosotros durante estos años. - Edward hizo un gesto, mandándola callar.
- Siento haber sido así de brusco, Bella. Perdóname. No he sabido tener tacto. - Se disculpó él. Yo negué con la cabeza, intentando restarle importancia.
- Bueno... - Resopló Alice echándose hacía atrás en su asiento – No llevaba bien tus "cacerías", pero si te hubiese visto enamorada de otro hombre, hubiese sido el primer vampiro de la historia en morir de un infarto. - Soltó con tono jocoso.
Se hizo un silencio, no incómodo está vez. Ambos nos mirábamos a hurtadillas pero sin abrir la boca. Minutos después, llegamos al cementerio.
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Fue una ceremonia emotiva, mucho; No todos los días, gracias a Dios, se entierra a una pareja de esposos joven. El sacerdote dio un sermón bonito y sentido, el cual no alargó en demasía.
Los Cullen me pusieron entre ellos, rodeándome; protegiéndome. Edward y Alice fueron los encargados de posicionarse a mis costados. Acariciándome el brazo Alice en varias ocasiones. Hasta que el momento de bajar los féretros al agujero del suelo llegó y yo me sentí desfallecer, comenzando a llorar desconsoladamente.
Edward me abrazó, apretándome contra su pecho y transmitiéndome así fuerza y... ¿por qué no decirlo? Amor.
Carl y yo, acompañados de los Cullen, estuvimos allí hasta que acabaron de tapar con tierra los ataúdes. Una vez listo, depositamos sendas rosas en señal de cariño y con ojos llorosos di una última mirada a donde descansaban los cuerpos de mi gran amiga y su marido.
Los Cullen, a sabiendas de que no querría meter a toda la gente del funeral en mi casa, reservó un salón en un restaurante para darles un picoteo después de la ceremonia.
- Te vendrá bien; ayudará a que te distraigas – Comentó Esme agarrándome por los brazos.
- Ufff... - Resoplé mientras entrábamos en el restaurante. - No me apetece nada... Aunque agradezco que os hayáis encargado de todo. - Apoyé la cabeza sobre el hombro de Esme y esta me pasó una mano por la mejilla.
Al cabo de un rato, y tal como había dicho Esme, estaba bastante entretenida conversando con unos y otros. Incluso James y algunos ex compañeros de la editorial se pasaron por el cementerio, asistiendo al lunch ofrecido por los Cullen después del acto sagrado.
Mientras conversaba con James, alcé la vista en un gesto sin intención y me encontré con la mirada de Edward, fija en nosotros. Incliné levemente la cabeza alzándole una ceja, en un gesto divertido. Hasta que nuestras miradas se encontraron y él me dedicó una bonita sonrisa.
- Tu chico misterioso no te quita los ojos de encima – Comentó James, devolviéndome a nuestra conversación. Me mordí el labio, sin saber muy bien que decir. - ¿Y me decías el otro día que no estabas enamorada? No, no... ¡claro!
- Veo que no has perdido tu maestria en el arte de la ironía – Contesté usando la misma forma lingüistica. - Me alegro de que hayas venido, te lo agradezco mucho; en serio.
Nos dimos un abrazo, el cual me hizo sentirme ligeramente incómoda ahora que, gracias al don de Edward, sabía los verdaderos sentimientos de mi ex jefe por mí.
Me acerqué a Edward con una sonrisa traviesa en la cara.
- Ahora, gracias a "tu don" – recalqué con aversión – me haces sentir rara en esos contactos con James. Cuando antes no había ningún problema – Murmuré, casi gruñendo.
- ¿Ves por qué no es tan "guay" como decías el otro día? Puede parecerlo a simple vista y ser muy útil en según qué ocasiones... Pero, por norma, da bastantes quebraderos de cabeza. - Asentí.
- ¿Cuándo crees que es políticamente correcto que me vaya?
- Bueno, ya se ha ido mucha gente, y llevas aquí dos horas. Creo que podrías irte sin que a nadie le parezca mal. - Contestó buscando con la mirada. - Le informaré a Carlisle que nos vamos y traeré tu abrigo.
Nos marchamos poco menos que a escondidas, para no tener que despedirme de todo el mundo. Y con la organización habitual en ellos, hicimos una salida discreta; para cuando quise darme cuenta, ya estábamos en la calle. Edward me ayudó a ponerme el abrigo y unos guantes finísimos de piel, que no sabía de donde los había sacado, pero le agradecí el gesto con una sonrisa tierna.
Alcé la cara y, pese al frio helado de la noche, respiré.
Todo había acabado... Por fin.
- ¿Aliviada? - Preguntó Edward. Asentí con un movimiento de mi cabeza.
- ¿Nora...? - Abrí los ojos alarmada.
- Tranquila, está con Rose y Emmet. Decidimos que estuviera con ellos estos días; así tu podrías desconectar un poco. Hoy es la primera noche, donde sabes que al día siguiente no hay peso sobre ti. Pero si quieres, podemos ir por ella... - Lo interrumpi, negando.
- No, está bien. Os lo agradezco. No quiero parecer irresponsable, pero prefiero que esté con tus hermanos. Necesito desconectar – Resoplé. - Además, en mi casa no hay nada para su comodidad, y en unos días ya tendremos la mudanza al apartamento nuevo lista.
- Pareces una persona con sentimientos y repleta de cargas extras; cargas con las cuales no contabas... Han sido muchas emociones fortísimas en cuestión de unas semanas. - Abrí los ojos, asintiendo. - Nora puede quedarse con Rose el tiempo que necesites. Ella está encantada – Sonrió – Incluso Emmet está pletórico con la niña. - Ambos sonreímos. - Está estupendamente pensado tal y como acabas de exponer. Para que andar mareando a la pequeña... Ahora está cómoda en su casa. Y luego estará genial contigo, no te preocupes.
Llegamos al coche y como forma habitual, Edward me abrió la puerta. Me acerqué para entrar, pero me detuve, y me volteé hacía él, mirándolo fijamente.
Sin mediar palabra, me quité el guante, y con lentitud estudiada posé mi mano sobre la mejilla de Edward. Él ante mi contacto cerró los ojos e inhaló mi olor con regocijo; fue algo sencillo, pero cargado de sensualidad.
Di un paso más hacía él, quedando nuestros cuerpos en contacto. Sentí mis entrañas arder y como la adrenalina corroía mi organismo.
- Tú frío es muy distinto... - murmuré, emitiendo unos pequeños jadeos al respirar.
- Sé que llevas todo el día intentando comparar – Abrió los ojos, los cuales estaban negros. - Te ha impactado lo distinto que has sentido el tacto de Laurie al nuestro. - Me mordí el labio sin saber qué responder. Hasta que alcé la cabeza otra vez, haciendo a nuestras miradas encontrarse.
- Necesito que me lleves a algún sitio donde no nos encuentren. Quiero que nos escapemos juntos, hacer algo irresponsable, vivir paralelamente a nuestras vidas... Solo por esta noche. - Acerqué mi boca a su cara a sabiendas que mi aliento golpearía su rostro. - Regalémonos esta noche, para nosotros solos, Edward – Alcé la mirada y clavé mis pupilas en las suyas. - Nos lo debemos - Asintió con un leve movimiento de la cabeza.
Rocé suavemente mi nariz por su mandíbula y un siseo se formo en la garganta del espectacular e irresistible vampiro que ahora mismo suspiraba por mi; erguido, majestuoso y eróticamente aterrador gracias a la sombra de la luz de la farola.
Esa idea me dio valor, y poder; Rocé mi cadera junto a la suya, sintiendo un bulto más que prominente dentro de sus pantalones.
En un movimiento vampírico, me apresó contra el coche, apretándo su erección y su cuerpo contra el mio, haciéndome jadear. No me dio tiempo a más, porque su boca capturó la mía con urgencia, con necesidad vital.
Nunca, jamás me había besado así. Fue el beso más erótico, pasional y escalofriante de toda mí vida.
Sentía todas mis terminaciones nerviosas arder.
- Pasemos esta noche juntos, Edward – Jadeé.
- Métete en el coche – Susurró con la voz completamente ronca.
Y fue la frase más excitante y prometedora que me habían dicho jamás.
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En fin... Había o no sorpresita?
Prometo no tardar en publicar... :-)
Porque podéis imaginaros el siguiente capítulo,
verdad?
ps. Se aceptan amenazas de muerte... pero desde el cariño :-P
