CAPITULO IV
Me encontraba corriendo, corriendo tan rápido como podía. Corría y corría, no podía hacer nada mas, tenía miedo mucho miedo. Sabía que si me alcanzaba seria mi fin, últimamente había estado más violento de lo normal; pero sabía que tenía que aceptar lo que venía, después de todo era yo, mis hermanos o mi madre. No podía permitirme que algo malo les pasara a ellos, ya tenían suficiente con tener a ese hombre y a mí en sus vidas. A pesar de eso no podía evitar seguir corriendo, no quería que me alcanzara, tenía demasiado miedo. No quería volver a sentir ese dolor. Empecé a recordar el dolor que aquellas manos más grandes que las mías habían causado, el dolor que me causo al golpear mi cuerpo, lanzarlo contra las paredes y los muebles, apretar mi cuello hasta dejarme casi sin poder respirar, cortarlo y quemarlo, dejándome marcas de por vida, dejándome tirada en el piso casi moribunda, haciéndome gritar y llorar, pero definitivamente lo peor de todo haciendo sufrir a mi madre y a mis hermanos. Si así es, aquel hombre al que yo tanto detestaba no era por otra cosa sino por hacer sufrir tanto mi familia. Él me hizo darme cuenta de que yo no valía nada; que solo hacia sufrir a mi familia, que era un error, una carga, un monstruo, una maldición. Jamás lo perdonaré por lo que le hizo a mi familia, no importaba si lo hacía por la influencia del alcohol, de igual forma eso era algo imperdonable, algo por lo que yo jamás lo perdonaré.
Después de haber corrido hasta ya no sentir más mis piernas, gire mi cabeza para ver si él seguía persiguiéndome, al no poderlo divisar seguí corriendo, hasta que encontré un pequeño lugar donde esconderme. Entre y revise mis heridas; tenía muchos moretones y raspones, pero lo que más me preocupaba era la gran herida en mi vientre. Aquel hombre aprovecho que intentaba esconder a mi familia de él con lo cual me distraje mucho, a pesar de eso él solo logro dejar una herida abierta, pero la hoja de aquel cuchillo no toco ningún órgano vital. Sé que tuve mucha suerte, Pues unos milímetros más y podría haber muerto desangrada en segundos. A pesar de eso, estaba sangrando demasiado, y el correr con tanta energía no me ayudaba. Al curar mi herida e intentar descansar un poco: intente pensar que estaría haciendo él ahora: estaría esperando a que saliera de mi escondite, estaría recuperando energías él también, estaría consiguiendo algún arma, o estaría lastimando a mi familia. La última idea hizo que mi sangre empezara a hervir, pero tal y como yo me encontraba no era rival para él, tal vez me mataría de un solo golpe. Trate de relajarme para pensar mejor en mi siguiente movimiento, pero algo me saco de mis pensamientos:-AH! ¡SUÉLTAME POR FAVOR! - ese grito lo reconocí al instante, ese era el grito de mi madre, y antes de pensar otra cosa más que en rescatarla y como vengarme de él por lastimar a mi madre el grito:-¡VAMOS SAL MOCOSA! ¡SAL! O ¿ES QUÉ ACASO NO TE IMPORTA LO QUE LE PASE A TU MADRE O A TUS HERMANOS? - no lo soporte, esa fue la gota que rebalsó el vaso; apreté con fuerza mis puños y salí de mi escondite, me dirigí directo a aquel hombre. Al verme enseguida soltó a mi madre, la empujo lejos y saco un cuchillo, al acercarme intento cortarme y a penas lo logre esquivar, al hacerlo aproveche la oportunidad para intentar golpearlo con una patada, la cual detuvo con la mano sin problema alguno y me tiro al suelo. Ya en el suelo coloco el cuchillo sobre mi cuello y me susurro:-Despídete de tu familia. De Ahora en Adelante yo me encargaré de ellos-Pero antes de Poder reaccionar, desperté.
Me encontraba en mi cama, asustada, con la respiración agitada; unos segundos después Makoto abrió la puerta parecía sorprendido y preocupado, se me acerco y me dijo:-Yuri-chan ¿Te encuentras bien? ¿Tuviste otra pesadilla? – fue en ese momento que me di cuenta que había gritado, probablemente el nombre de mi fallecida madre o alguno de mis hermanos, yo con la poca voz que me quedaba asentí y Makoto se sentó a mi lado, me rodeo con su brazo, me ayudo a pararme y me guio hasta la barra de la cocina, me preparo un poco de chocolate de caliente, se sentó otra vez, pero esta vez frente a mí, probablemente para verme a la cara. Después de dejarme dar un par de tragos a mi chocolate y tranquilizarme un poco, dio un gran suspiro y me pregunto:-¿Qué soñaste? - yo solo pude decir con un poco de timidez: - Y-yo… yo v-volví a soñar eso... Soñé con él-Makoto se sorprendió y me dijo:-¿Él? ¿Sigues diciéndole "él"? Solo dile papá- al decir esto último me altere por completo y no pude evitar gritarle:-¡ÉL NO ES MI PADRE! ¡JAMÁS LO HE CONSIDERADO COMO TAL! JAMÁS LO SERÁ! Y MUCHO MENOS DESPUÉS DE LO QUÉ LE HIZO A MAMÁ, A AMANE, A KAGANE Y A TÍ- Makoto pareció no inmutarse mayor cosa, solo me dijo:-Yuri-chan, segura que más bien no lo quieres perdonar por lo que te hizo a ti. Después de todo, tú fuiste la que más sufrió con todo eso– inmediatamente negué con la cabeza y respondí tranquilamente con un deje de tristeza y melancolía en mi voz: - Todo lo que sufrí valió la pena. Después de todo eran ustedes o yo; ustedes no se merecían eso, yo si por ser una maldición-sus ojos se llenaron de tristeza, se levanto y se acerco a mí, me tomo de mis mejillas, las jalo fuertemente y dijo:-Yuri-chan baka. Ya empezaste con eso otra vez. Eso no es cierto tu eres una gran persona y nadie te considera una maldición. Siempre te preocupas mucho más por los demás que de por ti misma, como ayer en el banco, piensa que le habría pasado a toda esa gente si tú no hubieras estado en el banco- y así mi hermano seguía intentando consolarme. Tengo que admitir que a pesar de que Makoto tiene terribles vicios, es muy buena persona, en especial cuando se lo propone. Pero claro, tras un rato de conversar decidimos volver a descansar; pero para asegurarnos de que nadie se enterara del lado ¨amable¨ de Makoto ni de mi lado ¨tierno¨, prometimos no decir nada a nadie. Y pues así terminaban todos nuestros momentos como hermanos. Tras esto me calme y pude volver a dormir; después de tanto tiempo no lo he podido olvidar todo el dolor que él nos causo, todo el dolor que él les causo, y después de que ella falleciera por su culpa, huyo. Desde entonces me hice una promesa a mi misma, la de no convertirme en una cobarde como él.
Honestamente mi vida no ha sido nada fácil, ha habido muchas cosas que casi me hacen quebrarme, pero el tener que cuidar de mis hermanos es lo que me mantiene firme ellos me han hecho fuerte; pero en aquel momento, en el que me encontraba en el piso con aquel afilado cuchillo en mi garganta, cuando estuve a punto de rendirme, a punto de morir. Sucedió algo muy extraño, fue como si me hubiese rendido, pero volviese a tener la oportunidad de elegir entre rendirme o no. Era como si ese momento se volviera a repetir, pero no como los famosos deja vu; esto era diferente, era real. Yo aun creo que ese día tal vez se repitió más de una vez, quien sabe incluso podría haberse repetido el mismo día por siglos y tal vez solo yo lo note. Como sea, aunque aun hoy no estoy totalmente segura de que era esa sensación, creo que alguien me salvo; no lo sé quizá alguien que no me quería ver morir o alguien que quería divertirse conmigo como si fuese una muñeca y yo hice exactamente lo que quería.
