Hola mis bombones!

He conseguido acortar la publicación, 1 día.

(Bien por miiiii, ¡jajajajaja!)

Capi con mucho diálogo y pensamientos negativos y confusos de Bella.

Sé que no estaréis de acuerdo con ella, pero...

Os anuncio que entramos en la recta final del fic.

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CAPITULO 19


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No sabía qué decir. Estaba anonadada. Por un lado quería protestar por lo del apartamento, pero no encontraba valor para quejarme ya que me habían regalado un apartamento y resuelto el papeleo de la librería. ¿Quién podría ni tan siquiera en pensar en protestar?... Yo, ¿quién si no?

La librería...

¿Cómo se habían enterado? Alice. No podía ser de otra manera.

Rose se acercó y le entregué a Nora. Ahora con las manos libres, aunque algo temblorosas, encaré a Carlisle y a Alice, los cuales seguían plantados delante de mi esperando mi respuesta.

- ¿Alice...? - Dejé la pregunta en el aire esperando que comenzara a explicarse.

- ¿De verdad pensabas que algo así, iba a pasarme desapercibido? - Preguntó con un sarcasmo apabullante.

- No... No lo sé. A ver... - sacudí la cabeza, intentando serenarme – De antemano, gracias por todo – Sonreí – Sois increíbles, en serio. Y lo siguiente, no quiero que os lo toméis a mal – comencé disculpándome, echándoles una mirada rápida a todos. - Pero necesitaba hacer esto sola. Comenzar los trámites y ver si lo conseguía por mi misma... Y si tendría valor para, en el último momento, seguir adelante. - Expliqué.

- No tienes porque dárnoslas querida, lo hemos hecho encantados. Además, entendemos perfectamente que quisieras hacerlo por tu cuenta. Por eso no estamos molestos... - Cogió la palabra Carlisle.

- Realmente – Esme se asomó desde la cocina, interrumpiendo a su marido – No debe parecernos mal. Es tu vida y tus decisiones. - Lanzó una mirada cargada de reproche a Carlisle.

- Agradezco que os lo toméis así. - Respiré tranquila. Pero el desahogo me duró muy poco.

- Estás acostumbrada a tomar decisiones de forma individual, y eso está bien. Que sigas manteniendo una parte de ti misma. - Mi ceño comenzó a llenarse de arruguitas ante las palabras de Carlisle – Pero has de comenzar a confiar más en la familia. A contarnos tus inquietudes, tus metas, proyectos o deseos... Somos una familia unida, y debemos actuar como tal.

- Los Cullen, protegen a su familia – Agregó Rose muy solemne. Recitando el lema del legado Cullen.

Ahora si que no sabía que decir. Alice no les había dicho absolutamente nada de mis planes sobre su marcha una vez hecha la mudanza e instalada en el nuevo apartamento con Nora.

Ahora sería incluso más difícil de explicar después de semejantes regalos.

Mientras mis latidos se iban acelerando a cada pulsación, Alice no me quitaba los ojos de encima; con una mirada inescrutable. No era fría, ni cínica, tampoco triste... Era una mirada, rara.

- ¿Bella? - Me llamó la susodicha - ¿No tienes nada más qué decirnos? - No sabía si tomarme la pregunta como una ayuda por su parte, o que acababa de lanzarme a la jaula de los leones.

- Yo... - me pasé la lengua por los labios; los tenía tan secos, que no era capaz de hablar. - Yo... os agradezco muchísimo todo esto. Es un regalo más que generoso. - Agaché la mirada al suelo – Pero... creo que hay una confusión.

- ¿Qué confusión enana? - preguntó Emmet. - El piso es tuyo. Completa y absolutamente tuyo. La librería, simplemente hemos agilizado los trámites. Es tuya, mientras quieras trabajar en ella. - Explicó. Lo miré con ojos tiernos.

- Queríamos comprarla... - Rodó los ojos Rose – Pero bueno... había varios inconvenientes – Su cara se tornó en el fastidio personificado.

Iba a darles un mazazo de los que no se olvidan. Pero... y sin ánimo de ser rencorosa o vengativa... Ellos habían echo exactamente lo mismo conmigo hace diez años.

- ¿Bella, qué ocurre? - Preguntó Carlisle.

- Yo... - había llegado el momento. Me llené de aire y coraje, y lo solté – No quiero que os quedéis aquí conmigo. No quiero que seamos una familia, y... - volví a cargarme de aire, esto era casi de lo peor. - No quiero transformarme. Ya no. Ahora, ya no.

Se hizo el silencio. Pero sus caras hablaban a gritos por ellos. Sus expresiones eran una mezcla de sorpresa, miedo y decepción.

- ¿Esto es por qué nosotros te dejamos a ti? ¿Una represalia? - Preguntó con tono autoritario Jasper. Negué con la cabeza.

- Pero Bella... ¿Nos echas? - Nunca había visto la cara de Emmet triste. Nunca hasta ese momento.

- Por favor... no me lo pongáis más difícil. Esto no es una venganza, ni mucho menos. Aunque sigo dolida por lo que pasó en aquella época, repito, no es una represalia. ¡Para nada!

- ¿Entonces? - preguntó Esme, saliendo de la cocina completamente conmocionada.

- Os había sacado de mi vida hace mucho tiempo. Aunque os recordaba y aun al final, os seguía echando de menos... me había hecho a la idea de no veros más. O por lo menos, no hasta que fuese viejecita. - Sonreí melancólica – Siempre tuve la sensación de que volveríamos a vernos cuando yo fuese muy mayor; que esperaríais ese momento para vernos una última vez antes de que muriese... - Esme jadeó y Carlisle contrajo el rostro.

- Bella... - por fin, Edward intervino – Has sufrido mucho durante todos estos días. No sabes lo que dices. Estás, confusa.

- No Edward... no estaba confusa. Estoy muy segura de la decisión que he tomado. Desde hace días, lo tengo claro.

Todos giraron y miraron para Alice, entre asombrados y enfadados.

- ¿Alice? - Preguntó Edward.

- Si, vi su decisión. - Contestó muy tranquila. - Pero no dije nada porque aunque es una decisión tomada, no es tan definitiva como ella cree – Comencé a negar con la cabeza. - Estás dudosa por la transformación. Sigues anhelándola, pero temes que se note la diferencia de edad entre tu y nosotros. - Sonrió traviesa – Entre tú y Edward. Para ser más exactos – Jadeé. - Aunque no es ese el único motivo. Antes no habías vivido y no sabías nada del mundo. Te enamoraste de mi hermano ciegamente y lo hubieras dado todo por él, pero te ha echo un daño irreparable y tu has vivido y visto el mundo. Ahora el convertirte te causa un dilema. - Explicó muy solemne y certera como siempre.

- Bella... ¡vamos! Una vez convertida, la diferencia de edad será insignificante. La belleza que adquirirás, evaporará cualquier marca de edad. - Explicaba Edward visiblemente nervioso. Siempre quisiste esto, y ahora... - Tomó aire – Yo mismo me comprometo a hacerlo, como siempre quisiste. - Cerré los ojos, hundida.

- Edward... - Meneaba la cabeza, negando. Sus palabras, su ofrecimiento, hacían que mi herida quedara expuesta resquemando como hacía tiempo que no dolía.

- Entonces... lo de la pasada noche... ¿No significó nada? - Me preguntó conmocionado.

- Edward, por favor... no. - Suspiré profundamente – No vayas por ahí... No tiene nada que ver.

- ¿Qué no vaya por ahí? No querías quedarte con las ganas de probar... - Alice le sujetó el brazo, supongo que haciendo una gran fuerza, ya que la mirada de ella estaba envenenada.

Jasper le lanzó una mirada significativa a su esposa, y esta, le clavó los ojos a su hermano, dejándolo parado en su sitio, sin abrir la boca.

- No apabullemos más a Bella. Tampoco nos está echando hoy mismo – Solté todo el aire de golpe, agradeciendo con la mirada a Alice – Dejemos el tema en paz y festejemos, como era el plan, la inauguración del apartamento. - sonrió como si nada hubiese pasado – Además, tenemos mucho que organizar para la reapertura de la librería.

Hubo un silencio durante unos instantes, un tanto incómodo. En el cual, yo no me atreví ni tan siquiera a posar la mirada en Edward.

Con imaginarme su cara de dolor, me era suficiente. No necesitaba comprobarla.

-Bueno enana, - Emmet fue el primero en romper la tensión – he hecho alguna obra en la librería. En tema de luz y tuberías. Creo que no debieron ser cambiadas desde que se hizo el edificio en los años 60. - Explicó – Mañana nos acercaremos y me dices si hay algo que quieras cambiar, ¿de acuerdo?

- Yo me dedicaré al tema comercial. - Se unión a nuestra conversación Alice. - Publicitaré la reapertura, para que la gente de la zona sepa que en unos días, vuelve a abrir.

- Sería conveniente que hablases con tu editor para que te de algunos títulos. Tener libros nuevos también es un buen reclamo. Estoy seguro de que no te pondrá pegas. - Edward me lanzó una mirada significativa, cargada de intención. La cual entendí a la primera, por supuesto. Pero en ningún momento había diversión en su rostro, como había supuesto.

La velada siguió, casi, como si nada hubiese ocurrido. Estuvimos gran parte del tiempo hablando de las reformas que me gustarían en la librería. Que no eran otras que mejoras, ya que no quería quitarle su alma al loca.

A la gente le gustaba ir allí por su esencia. Si se la robaba, perdería a muchos clientes.

Rose estuvo enseñándome a cambiar a Nora, y como era el procedimiento a seguir. Preparamos el biberón juntas y me indicó como dárselo.

Le saqué los gases y nos fuimos a su habitación para dormirla.

Costó un poco a que cediese en el sueño, pero según Rose, estaba algo agitada ya que los bebés eran muy perceptivos a los cambios. Y aunque esta habitación era un auténtico sueño, era muy pequeña para distinguir sobre decoración; ella solo percibía que no estaba en la habitación de siempre.

- La primera noche en casa de Laurie, también le costó mucho coger el sueño. Pero a la noche siguiente ya fue mucho más fácil. No te preocupes. En uno o dos días, dormirá mejor. - Me reconfortó. -

Después de una hora, al fin se venció al sueño. La acosté en su cunita y después de una última mirada, conectamos el intercomunicador de bebés, y volvimos al salón.

Esme me había preparado una taza de leche caliente con miel y un poco de cacao. Ya sabía que me encantaba tomarme uno antes de dormir, ya que me ayudaba a conciliar el sueño.

- Esta noche, Emmet y yo nos quedaremos aquí contigo. - Comentó Rose. - Estás agotada y así aprovecharas a dormir y descansar. Si comienzas hoy tu sola con la niña, irás acumulando cansancio y en unos días te verás desbordada. - Asentí.

- Gracias Rose... no te haces una idea de lo mucho que te agradezco esto. - La miré con ojos de cachorrito. Me devolvió una sonrisa maternal. - Pues si no os importa, me voy a ir a dormir... como bien ha dicho Rose, estoy agotada. - Suspiré.

- Normal que lo estés... Deberías haber descansado más hoy, jajajaja – Las risas de Emmet debieron oírse en medio estado; y mis coloretes bien pudieron iluminar a todo el barrio de Manhattan.

- ¡Emmet! - Lo reprendió Esme, pero ni ella misma podía aguanta la risa que se le escapaba por las comisuras de los labios.

- Vale... ahora si que me voy a ir... Voy a hacer una retirada lo más digna posible – Le saqué la lengua a Emmet, el cual seguía riéndose.

El que no se reía ni lo más mínimo, era Edward. Nuestras miradas se cruzaron medio segundo, y me sobró tiempo para captar su disgusto.

Retiré la mirada antes de quedar hipnotizada en sus ojos tristes y me fui a mi nuevo dormitorio.

- ¿Bella? - Me llamó Alice, giré sobre mis pasos y la encaré – Hasta que la reforma este lista – Me guiñó un ojo y se dio golpecitos con su dedo índice en la frente. Asentí.

Alice había captado mi firme decisión sobre la fecha de su marcha. Que no era otra, que cuando las obras estuviesen finalizadas y la librería reabriera sus puertas.

No quería parecer egoísta, que me lo sentía y bastante, pero sabía que no se darían por vencidos e incluso se sentirían ofendidos si yo no consentía en que Emmet la realizara.

Con eso en mente, me dirigí a mi nuevo dormitorio. A parte de que estaba deseando disfrutarlo, me sirvió como excusa para salir del salón. Nadie volvió a sacar el tema, pero sabía que no era algo que dejarían pasar sin pelear más. Solo esperaba que cuando la fecha límite cumpliera, no me lo pusieran más difícil de lo que ya iba a ser de por si. Intuía que intentarían convencerme con cualquier teoría, y lo que más miedo me daba era que no sabía lo fuerte que sería para negarme una y otra vez ante sus ataques de que permaneciésemos juntos todos, y que yo, me uniera a la familia como una igual.

Pasaron unos días y nadie volvió a sacar el tema a relucir. Incluso no tuve que evitar a Alice, ya que en varias ocasiones nos quedamos a solas y no inició conversación alguna.

Al que si evitaba, aunque era algo mutuo, era a Edward. Él evitaba de cualquier forma el estar a solas conmigo; incluso no permanecía demasiado tiempo cerca de mí.

Notaba como me miraba: con pena, con aflicción, con desilusión. Incluso con cierto enfado.

Pero ¿qué pensaba? Qué vendría y tras un par de semanas, una breve explicación, una cita inolvidable con un sexo más que extraordinario... ¿Todo se arreglaría?

Resumiéndolo así, podría parecer que sí; que todo había quedado perdonado y comenzaríamos de nuevo, pero no.

Ahora tenía una hija. Una forma de vivir. Ilusiones...

Tal y como había descrito Alice, había probado lo que realmente era vivir, había saboreado las experiencias humanas tal y como él me insistía una y otra vez en el pasado y el pensar en la inmortalidad, a día de hoy, me daba cierto miedo.

Ese era el doble rasero de su petición... Que una vez probada, no quisiera arriesgarme a la inmortalidad.

No porque no lo quisiera, que lo hacía... pero sabía que una vez convertida, tendría que estar con y por la familia. Sería una Cullen y... "Los Cullen, cuidan de su familia".

Además, si me había abandonado una vez... ¿Quién evitaba que lo volviese hacer en un futuro?

Me dolía la cabeza de tanto darle vueltas y más vueltas al tema.

En menos de una semana, la reforma estaba listo. Alice se había encargado de publicitar la reapertura y parecía que el vecindario estaba curioso y expectante ante el acontecimiento.

- Bella... - Alice y yo nos habíamos quedado solas en la librería acabando de acomodar unos objetos de decoración. Su tono era claramente una advertencia de que tocaba sermón – No quiero que te pongas a la defensiva, ¿de acuerdo? - Asentí y ambas tomamos asiento – Si te replantearas el tema de que nos fuésemos... - Suspiré casi involuntariamente – podríamos ayudarte con el negocio.

- Alice... en serio... - No me dejó seguir.

- No te estoy diciendo que viviésemos como ahora... pasándonos el día en tu apartamento y en cierta manera controlando cada movimiento que haces. Podríamos vivir como una familia normal; más humana. De las que cada uno vive en su casa, y se avisan las visitas. Yo podría trabajar aquí contigo, entre las dos sería mucho más llevadero y más divertido y Rose cuidaría de Nora, estaría más que encantada – Retahiló casi atropelladamente.

He de reconocer que su idea no era mala, para nada. Pero sabía que no podrían cumplir con la parte de la independencia. Sería cuestión de tiempo, que acabasemos viviendo prácticamente juntos, y yo misma, de forma inconsciente, les iría dando pie a ello. Y para cuando quisiera protestar y pedirles mi espacio, volvería a sentirme como ahora. Mal. Un ser despreciable y sin sentimientos.

- Alice... suena genial. Y sería estupendo y muy práctico para mí. Sé que Rose estaría encantada de cuidar de Nora mientras yo trabajo, y así no tener que enviarla a una guardería. Pero... aunque hay muchos pros, también hay muchos contras.

- A Edward se le pasará el enfado – Rodó los ojos. - Solo tiene su ego masculino algo dañado, porque se siente utilizado, como tu juguete sexual, ¡jajaja! - Sus carcajadas, inevitablemente, fueron contagiosas y acabé uniendo a ella. - Pero en el momento en que tu dijeses que habías cambiado de opinión, automáticamente él estaría pletórico.

- Si... y eso, no sé muy bien si es un pro o un contra – Alice me miró confusa. - Para iniciar una relación con él, debería transformarme, Alice. No podemos mantenernos como ahora. En unos años, la diferencia de edad, por mucho que él intentara envejecer, se notaría. ¿Y cuando yo tenga 50? – abrí los ojos asombrada de mi propia pregunta – la gente pensará que soy su madre. Hice una mueca de asco, a lo que Alice pestañeó sorprendida.

- No sé porque tienes tanto miedo a transformarte. Siempre tuve una visión clara de que serías como nosotros. - Relató de lo más tranquila.

- No es que me niegue de forma rotunda, pero... ahora tengo dudas. Y esto, tal y como me explicó Carlisle el día de la fiesta de mi cumpleaños en vuestra casa, hace ahora más de diez años... - Suspiré, melancólica – Es algo irrevocable. Por aquel entonces, lo hubiese echo sin dudar y habría experimentado y visto el mundo desde ojos de vampira, siendo una Cullen sin dudas. Pero ahora, todo es distinto. - Iba a interrumpirme, pero no la deje – Han pasado muchos años, Alice. Podríamos decir que me he desencatado.

Nos mantuvimos en silencio unos instantes, meditando sobre nuestras palabras; hasta que yo misma fui la que rompí el momento.

- Si hubiéseis vuelto antes... Pero ahora...

- Ahora es tarde. - Su voz fue un suave murmullo cargado de tristeza y arrepentimiento. Asentí.

- Pero esto no significa que no volvamos a vernos nunca. No quiero pasar mi vida sin vosotros. - Sonreí. - Ahora que os he recuperado, no quiero perderos de nuevo. - Alice me sonrió, pero el gesto no llegó a sus ojos.

- Me alegra oirte decir eso, pero no funcionará, Bella... Y lo sabes perfectamente. - Notaba como de mis ojos salia el terror personificado – Tranquila, no significa que vayamos a desaparecer de por vida – Rió – Este acuerdo durará unos años. Pero antes o después, por alguna causa, dejaremos de vernos.

- ¿Alguna causa? - Pregunté increpándola.

- Tú. Tú serás esa causa. - Jadeé – Como bien has dicho, dentro de unos años, tu diferencia física con nosotros será más que llamativa y te sentirás mal entre nosotros. Sobre todo con Edward. A parte, de que no seréis capaces de llevar una relación así. Viéndonos un par de veces al año... Solo hay dos opciones: O en un tiempo, vaís acercándoos cada vez más hasta iniciar algo, o al final, os distanciaréis tantísimo que no querréis veros. - Su tono era firme y seguro.

Me levanté del sillón y acabé de colocar un par de objetos, mientras Alice seguía sentada sin abrir la boca.

En unos minutos acabé, apagué las luces y me acerqué a ella, sobresaltándola. Eso es que estaba teniendo una visión; si no, no abría otra forma de sorprenderla.

Alzó la cara y me miró de una forma que no supe identificar; sus ojos estaban inertes. Estaba ocultándome cualquier sentimiento.

Eso me hizo sentirme mal conmigo misma. Casi rozando lo despreciable.

- ¿Vamos? - Obvié comentar nada sobre su visión. Y ella, también.

Fuimos caminando hasta mi casa, la cual estaba solo a un par de calles de distancia. Y cuando abrí la puerta del portal, ella se detuvo.

- Te acompaño hasta aquí. Llegarás sana y salva hasta el piso – Sonrió forzada. Arrugué el entrecejo.

- ¿No subes? - Su comportamiento me estaba a parte de extrañando, angustiándome.

- No. Hoy pasarás la noche sola. - Abrí los ojos alarmada – En cuanto subas, Rose se irá. - Fruncí más, si cabía, las arruguitas de mi frente – Esto es lo que quieres, independencia. Y te la iremos dando, para que la despedida no sea tan... traumática.

Inhalé aire varias veces, para serenarme. Notaba las pulsaciones de mi corazón desbocadas, como avisándome de un peligro. Alertándome de mi miedo más interno, profundo y... secreto.

Cuando estaba por entrar y Alice ya se había girado, la llamé. Tenía que preguntárselo o esta noche se me haría muy, muy larga.

- ¡Alice! - Ella se volteó incluso antes de que acabase de nombrarla. - ¿No os iréis sin despediros, verdad? - Mi voz se entrecortaba por el temor de que mi pregunta pudiese llegar a ser una afirmación.

Alice dulcificó su gesto, regalándome la primera sonrisa sincera y tierna del día.

- No, nena... Esta vez, haremos las cosas como es debido. Te prometo que no desapareceremos. - El aire entró en mis pulmones, llenándolos de aire.

- Y... ¿Él? - La tranquilidad duró poco. La miré expectante, saliendome el miedo por los ojos.

- Tranquila... Aunque no quiera, lo traeré aunque sea a rastras – Rió con su dulce voz cantarina. Asentí, con una sonrisa agradecida.

Tal como auguró Alice, en cuanto llegué, Rose se levantó del sofá dispuesta a irse.

Me explicó como había pasado la tarde Nora, que ya estaba bañada y cambiada con el pijama.

- Te dará de margen una hora, más o menos – Explicó – Antes de que te pida la toma de la cena. Yo que tu, me daría prisa en ducharme si quieres tener tiempo para hacerte la cena. - Mis ojos se abrieron asombrados, pero intenté disimular el gesto.

Había supuesto que Esme o ella, me habrían preparado algo para cenar. Después de todo el ajetreo de ese día, dejándolo todo listo para la apertura al día siguiente, estaba agotaga.

- Tienes los armarios, nevera y congelador llenos de comida. Esme y Carlisle fueron a hacer la compra, para que estuvieses abastecida durante unos días. Te he dejado los biberones de Nora listos. Están dentro del esterilizador. - Me iba explicando, mientras a mi me consumía una sensación atroz de abandono.

- Ok, muchas gracias – Realmente no sabía que más decir.

- Nora ya está inscrita en la guardería que hay al lado de la librería. Está pagada durante un año, en jornada completa. - Se acercó a mi, y me dedicó una tierna sonrisa – Eso ha sido gentileza mía y de Emmet. - Su gesto se hizo más marcado. Le devolví la sonrisa, agradecida.

- Gracias Rose. Has sido indispensable, en serio. No sé como agradecerte todo lo que has echo por nosotras.

- Me conformo con que cuides y críes bien a esa bebita adorable. - Se quedó pensativa un segundo – Bueno... y si no es mucho pedir, que le hables de nosotros y le enseñes fotos nuestras cuando ya tenga uso de visión. - Señaló lo que parecía un álbum fotográfico encima de la mesita del salón - Así no le seremos del todo extraños cuando vuelva a vernos. - Su sonrisa ahora se volvió melancólica.

- Por supuesto Rosalie... No lo dudes. Le hablaré de vosotros todos los días. - Un tremendo nudo se me formaba en la garganta, impidiéndome hablar con normalidad.

Rose se me quedó mirando atenta, hasta que alargó los brazos tirando de mi, fundiéndonos en un abrazo fraternal. Creo que era la primera vez que tocaba a Rosalie, y sobre todo, que por su parte hacía mí, ella tuviese un gesto tan cercano y cariñoso.

Una vez se hubo marchado fui a ver a Nora, la cual dormía plácidamente en su cunita. Cogí el cuida bebés y me lo llevé al baño conmigo mientras me duchaba.

En cuanto el agua tocó mi piel, las lágrimas comenzaron a caer igual que el agua de la alcachofa de la ducha. Desde que había tenido la conversación con Alice, la sensación de ahogo, de ganas de llorar, me había acompañado; más aún cuando me dejó en el portal y ahora Rose se iba dejándome sola.

Esto es lo que quieres. ¿De qué te quejas ahora?

Mi subconsciente me hablaba claro. Mucho más que mi parte racional.

Pero no podía cambiar de parecer... no ahora. La decisión estaba tomada... ¿O no? ¿Estaba segura de mi determinación? ¿Estaría forzándome de forma absurda a mi propio infierno?

Infierno que estaba segura sería mi vida, colmada de tristeza, oscuridad y soledad, una vez los dejara ir... Una vez, lo dejara ir a él.

Había vuelto a ser la Bella insegura y cobarde de antaño. Y esa visión de mi misma me asqueaba.

Aunque estaba sumida en mis cavilaciones, me había dado tiempo a ducharme, aplicarme crema, a las carreras, y a arreglarme el pelo; daba gracias por el tratamiento que me había aplicado hacía poco el cual me simplificaba peinarlo con gran facilidad, el problema vendría cuando perdiera efecto... veríamos como me apañaría para peinar mi espesa melena entonces; también tuve tiempo a prepararme un sándwich frío y un poco de ensalada.

Justo cuando estaba por terminar, sumida aún en mis meditaciones, el leve gorgoteo del llanto de Nora se escucho a través del interfono.

Dejé lo que me quedaba de cena encima del desayunador y salí disparada.

Entre cambiarla, preparar varios biberones hasta conseguir hacer uno bien, dárselo, sacarle los gases, volver a cambiarla, hacerle unos arrumacos y dormirla... Era casi la una de la madrugada cuando posé la cabeza en la almohada.

Por supuesto, no quise ni mirar como había quedado la cocina.

Estaba literalmente agotada.

Si esto va a ser así para siempre... acabaré muriendo.

Con ese pensamiento, y en lo que me parecieron minutos, Nora volvió a llorar pidiendo su biberón de la mañana... Más bien, la madrugada aún, ya que cuando giré la cabeza mi reloj de mesita iluminaba las 6:15.

Nora sacudía torpemente sus manitas al aire, haciendo gestos con la boquita.

- Hola nena... buenos días – le sonreí. Al contemplarla, mi mal humor se desvaneció. Pero no mi agotamiento. - Vamos, ven con... - Deje salir el aire de golpe, la miré fijamente y, por fin, me nombre a mi misma con mi nuevo título. - ... Mamá.

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Un capi duro...

Muchas reflexiones, dudas, miedos...

¿Estará haciendo Bella bien echándolos?

Nos leemos lo más pronto posibleeeeee!

BESOSSSSS!