No, aún no es fin de semana...

Solo que he apurado al máximo, y he tenido un par de ratitos libres, así que he podido actualizar antes de lo habitual.

Ya os dije, que si podía, lo haría. Y como lo prometido es deuda... Aquí estoy!

Además, este capi, va cargadito... Se respira mucha tensión entre Alice y Bella...

Veremos a ver, como acaba todo!

- Soy ESPAÑOLA (que ya me lo habéis preguntado varias chicas)

- Estamos ENTRANDO EN LA RECTA FINAL... AUN QUEDAN UNOS 5 CAPÍTULOS (más o menos)

Puedo tardar más o menos en actualizar, pero NUNCA dejo un fic sin un final bien hecho!

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CAPITULO 20


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Una vez terminé de atender a Nora, la metí en la mini cuna y me la llevé al baño. Nunca me había duchado tan rápido. El stres que me ocasionaba el que estuviese despierta y yo dentró de la ducha, me producía taquicardias.

Suponía que era normal, que eran reacciones de madre primeriza.

Fui manejando la cunita por toda la casa mientras iba haciendo cosas. Aunque lo que menos me apetecía era ponerme a limpiar, no tenía otra opción. Bueno, eso o bajar a comprar nuevos biberones ya que no me había quedado ninguno limpio y esterilizado.

Incluso había tenido que usar el que había en la bolsa del cochecito, porque la noche anterior había gastado los cinco que Rose me había dejado listos.

Cuando me disponía a maquillarme y dedicarme un poco de tiempo para mí, Nora comenzó a llorar. La tenía a mi lado, por supuesto, pero tarde un microsegundo en tenerla entre mis brazos.

- Vamos nena... ¿Qué le pasa a mi niña? - Le preguntaba con el típico tono infantil que ponemos los adultos.

Lo único que obtuve como respuesta fue su llanto.

Rose me había dicho que lo escuchara, que pronto sabría diferenciarlo.

Pero a mi me parecían todos iguales.

Después de un buen rato, llorando cada vez más fuerte, un olor bastante desagradable me llegó, alertándome de lo que era más que probable le sucediese... Se había echo caca.

- ¡Vaya! ¿Así que es esto lo que te pasa? - Le pregunté sonriendo, mientras ella seguía llorando.

Joder Bella... ¿Qué tienes el olfato atrofiado?

Miré el reloj, las 8 de la mañana. Había quedado, con Alice y Emmet en la librería sobre las 8:30.

- ¿Ya son las ocho? - Pregunté exasperada, casi a voces. - Pero si hace un momento eran las seis y media.

A las carreras, la desvestí, dándome cuenta de que si no llega a ser este "percance" del pañal, la hubiese sacado de casa en pijama.

La acosté en la cuna de la habitación, haciendo con esto, que Nora alzará más el llanto.

- Espera nena... un segundo. Déjame que te mire la ropa... ¡Ufff! - Alcé las manos al aire, exasperada. - A ver que nos ponemos, hoy va a ser la primera vez que salgamos juntas. - Sonreí ante eso.

Abrí el armario y gracias al cielo... o menos filosófica, gracias a Rosalie, toda su ropa estaba perfectamente organizada por conjuntos.

Tenía ropa como para parar un tren de mercancías.

- A tu tia Rose se le ha ido la mano un pelín... ¿eh, Nora? - Canturré, mientras Nora apaciguaba levemente su llanto al escuchar mi voz hablándole. - ¿Así que te gusta que te hablé? Vaya... pues entonces nos llevaremos bien – Reí.

Comencé a abrir cajones como una loca, y a sacar todo lo necesario para su cambio de pañal.

En cuanto la deposité en el cambiador, su llanto se desvanecio y comenzó a mover sus piernitas, haciendo leves muecas.

- ¿Esto te gusta, eh pillina? - Mientras la cambiaba, le hacía caricias por su barriguita, la cara, las piernas... Eso le encantaba.

Para cuando quise acabar, eran las ocho y vente de la mañana. ¡20 minutos para cambiarla y vestirla!

- Tenemos que ir mejorando estos tiempos... Cuando mamá tenga que ir a abrir, tendremos un horario... - Suspiré – Veremos a ver cómo lo hacemos... - murmuré agobiada, mientras ella me miraba con sus ojazos azules, atentos y espectantes. La alcé en brazos, y la observé. - Estás preciosísima cariño. Pareces una muñequita.

Saqué el móvil del bolsillo trasero de mi pantalón, y nos hice un selfie. La coloqué en una posicón bonita dentro de la cuna, al lado de un osito y le saqué como unas mil fotos.

- Bueno... ya que vamos a llegar tarde... por unos minutos más... - Le hablabá mientras la introducía dentro del capazo.

Entonces me di cuenta de que no había comprobado la bolsa. No podía salir sin comprobar que tuviese recambio de ropa, de pañales, de leche...

- ¡Mierda! - Bufé en un grito. - Esto no se acaba nunca... ¡No saldremos de casa jamás!

Acelerada como estaba, el timbre de casa sonó, sobresaltándome. Corrí pasillo a través, para ver quien podía ser a estar horas de la mañana.

Al abrir, vi a Dios hecho mujer... Mas bien, hecho vampira.

- ¡Rose! - Exclamé lanzándome a sus brazos. Ella me recibió afectuosa.

- ¡Vaya, menudo recibimiento! - Rió. - He pasado por aquí porque supuse que no te daría tiempo a estar lista a la hora que habíais quedado. ¿Tan malo ha sido? - Miró en redondo.

- No... la verdad es que no... Pero cuando parece que todo esta listo, aparece una nueva tarea... Esto es un no acabar. - Gruñí.

- Tranquila, es tu primer día. Todavía tienes tiempo de margen hasta abrir al público. Hoy no tienes que agobiarte por llegar a una hora determinada. - Rodé los ojos – Pero está bien que vayas prácticando.

Nora que se había quedado sola en el capazo, comenzó a gimotear. Iba a salir corriendo, cuando Rose me sugetó del brazo.

- ¿Dónde vas tan deprisa? - Preguntó.

- ¿Dónde voy a ir? - Le miré como si le hubiesen salido dos cabezas. - A por Nora, está llorando.

- Ya, ya la escucho... Pero no puedes ir nada más que gimoteé. Debes dejarla llorar un poco. Si no, la acostumbraras y no te dejará hacer nada. Debe saber estar sola. Y más, cuando la criarás tu sola. - Explicó. Yo la miraba con la cara contrariada. - Ve a arreglarte, yo me encargaré.

Asentí dejando escapar un sordo "gracias", mezclado con un suspiro.

Me metí en el baño y aguante las lágrimas. No podía llorar por cada cosa que me pasara; pero me sentía superada en todo; desbordada completamente.

Me miré en el espejo y mi reflejo me dio miedo. Hacía muchísimo tiempo que no me veía tan demacrada y poco arreglada.

Ahora entiendo porque las mamás que me cruzaba por ahí, nunca iban bien arregladas, maquilladas, peinadas, con las uñas lacadas... No tienen tiempo porque sus hijos se lo absorven.

¿Estaba preparada para soportar esto durante años? Mi vida acababa de extinguirse hacía 24 horas. Bella iba a dejar de existir, para renacer como "mamá".

Se acabo las sesiones de cuidados frente al espejo, duchas relajantes, apartamento limpio e impoluto, tiempo libre...

Adiós vida... Hola hija.

Por algo, no quería tener hijos...

Cuando salí del baño, Rose estaba sentada en el salón, ojeando una revista.

- ¿Y Nora? - pregunté percatándome de que la mini cuna no estaba.

- En su habitación. Durmiendo. - La miré con pánico. - Bella, la mini cuna es para cuando está despierta, la tengas contigo. No para que duerma pegada a tu culo – Rió. - Es tu hija... haz lo que veas, pero te las vas a ver si la acostumbras a no estar sola.

- Lo sé, Rose. Sé que tienes razón. Pero tengo pánico a que le pase algo por estar sola en su cuna. - Gimotee.

- Venga, ve a la librería. Alice y Emmet ya están allí, esperándote. - Asentí contenta.

Cogí mi abrigo, el gorro y la bufanda. Pero antes de irme, pase a echarle un ojo a Nora.

- ¿Todo bien? - Preguntó Rosalie con tono cantarín. Le saqué lengua y asentí. - Venga... vete o no llegarás ni para la hora del almuerzo.

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Cuando llegué a la librería, nada más abrir la puerta, sentí a Alice discutir con Edward. No pude distinguir lo que decían, ya que hablaban muy rápido y casi entre murmullos. También Jasper estaba por allí, ya que fue al único que pude distinguirle algo de lo que hablaba.

- No me parece bien que la machaquéis así. Aunque diga que no es una represalia... en el fondo si que lo es. Y es de lo más justo por su parte.

En cuanto atravesé al puerta, ocho ojos dorados, ya que Emmet también estaba, se clavaron en mi.

- Bella... estas horrible – Eso tan agradable, fue lo primero que me soltó Alice nada más cruzar el umbral.

- Gracias, Alice. Yo también me alegro de verte. - Contesté sarcástica.

- ¿Nora te ha dado mala noche? - Me preguntó Emmet acercándose y dejándome un beso en la mejilla.

- No, la verdad que durmió toda la noche, pero se despertó a las 6:30 de la mañana y hasta las 9 no se ha vuelto a dormir. Desde esa hora no he parado de hacer cosas... ¡uf! - Resople.

- Bueno, es lo que tienen los hijos – Respondió sonriente.

- Si, por eso yo no quería tenerlos... y eso que estaba lejos de imaginar lo que conllevaban. - Rodé los ojos – Los sacrificios inhumanos que hay que hacer por ellos, no entraban en mis palnes – mis ojos se fueron de forma automática a Edward, el cual también me miraba fijo y serio.

Nuestras miradas hablaron lo que nuestros labios callaban. Aunque no estaba mirándome de frente, su visión periférica si lo hacía y estaba segura que estaría recordando las tantas y tantas veces que le aseguré que no me importaba no poder tener hijos; que nunca los había querido.

- Si... pero compensan. Ya verás como en cuanto os hagáis la una a la otra, todo será más fácil. - A Emmet se le caía la baba hablando de la niña.

- Y cuando empiece a la guardería, aún más. - Gruñí.

- Es lo que tiene tener hijos, sean propios o adoptados – Musitó Alice con tono de reproche.

Estaba enfadada. La conocía y se lo notaba a un millón de kilómetros. Pero es lo que había. No iba a cambiar de opinión y punto.

- ¿Qué tal si empezamos? - Realmente no era una pregunta.

Había llegado nuevas cajas, así que me puse manos a la obra. Aunque había que desempacar, era la exusa perfecta para cortar conversación con Alice, o acabaríamos discutiendo.

Todos nos pusimos a hacer algo; incluso Edward se entretuvo ojeando los libros que ya estaban colocados en las estanterias.

Emmet siguió hablando sobre Nora, y su voz delataba la adoración que sentía por la niña.

- Siempre quisiste tener hijos, ¿verdad? - Aunque le pregunté, no necesitaba hacerlo para saber la respuesta.

- Si. - Contestó firme. - Todos, o casi, - miró hacía Alice que se hizo la desentendida - nos hemos quedado con esa pena – Su mirada se tornó melancólica.

Dejé lo que estaba haciendo, para acercarme a él. Posé mi mano en su brazo, para que me prestara atención.

- Emmet... yo os daría un bebé a ti a Rose sin dudar. - Emmet abrió los ojos asombrado. En la estancia se hizo un silencio sepulcral. – Pero no puedo entregaros a Nora. - Suspiré. - Pero en serio... no me importaría hacer de madre de alquiler para vosotros. - Emmet se quedó petrificado.

- ¿En serio harías eso por nosotros? - Asentí muy seria - ¿Estás segura? Bella piensa lo que dices – Su voz delataba sus nervios.

- Siempre he tenido curiosidad por estar embarazada... - Emmet me miró de lado con ojos pícaros.

- Pero si acabas de decir que no querías hijos... Te contradices hermanita. - Se burló, divertido.

- No me has escuchado bien... He dicho curiosidad por el embarazo. Sentir una vida creciendo dentro de ti... Lo que yo no quería, es el premio que viene después. - Reí de mi propia broma. Volví a tocarle el brazo, clavando mi mirada intencionada en sus ojos. - Este es un regalo que solo yo, siendo humana, podría daros... porque ese bebé, sería de toda la familia. Sería una parte de mi, que se quedará con vosotros. - Sonreí de forma dulce – Es mi mejor regalo por todo lo que vosotros habéis hecho por mí.

Cuando aparté la mirada, el resto de los presentes estaba mirándome en estado de shok. Pero el que más me impactó fue Edward, que me miraba con ojos desorbitados, brillándole de una manera increible. Parecía que le saliesen chispas de luz de ellos.

- Bueno, yo me voy ya – Edward se giró, y sin esperar a que nadie dijese nada, salió por la puerta como alma que lleva el diablo.

Los pocos segundos que duró nuestro conctacto visual, ya que por mucho que lo intentó no pudo evitar devolverme la mirada, aunque solo fueron escasos dos segundos, pude distinguir a través de ese brillo cegador, la tristeza extrema que mostraban.

Giró la cabeza, ladeándola. Me había, dicho vulgarmente, quitado la cara. Ahí fue donde salió dejando un vacío en mi pecho.

Mi corazón dio un brinco tan fortísimo, que tuve que cerrar los ojos un instante para serenarme y no desplomarme al suelo.

Su indiferencia y frialdad me causaban dolor físico. Literalmente.

Después de un silencio incómodo, cada uno volvió a su tarea antes del "tema delicado", obviándolo como si no hubiese sucedido.

Pero mi ofrecimiento a Emmet, fue sincero y real. No me importaria darles lo que tanto ansiaban; además así, quedaría un recuerdo mío entre ellos y sabía que ese detalle les gustaría. Ya que cuando yo ya no estuviese en este mundo, mirarían a su hijo o hija y de algún modo, me verían a mí.

Estuvimos durante horas, concretando cosas de la librería. Habían llegado más artículos de decoración y un montón de libros nuevos, gentileza de mi ex jefe.

Una de las cajas ponía mi nombre por fuera, así que fue esa la primera que abrí.

Al hacerlo, mi corazón dejó de latir y de mi boca salió un sonoro suspiro. Fui sacando cada ejemplar y con cada uno, más se me agarrotaba el nudo de mi garganta, hasta que una lágrima escapó de mis ojos.

- ¿Bella? - Preguntó preocupado Jasper.

- Son... son mis libros. - Los tres vampiros se acercaron, curiosos – Todos los que yo he publicado. Mis niños, mis tesoros... Mis joyas más preciadas. - Murmuré con devoción.

- No Bella. Ahora todo eso, es Nora. No tus libros. Tu vida de gran editora, de lujos y privilegios ha terminado. Para convertirte en una mamá estresada con un negocio que levantar. - El tono de Alice, junto con su mirada, fue duro y exigente.

La sangre se me heló en las venas, mirándola con los ojos desorbitados.

- ¡Alice! - La reprendió Emmet.

- Tranquilo Emmet, tiene toda la razón. - La miré apretando la mandíbula. - Voy a casa a comer. En un rato vuelvo.

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No fui directa a casa si no que rodeé la manzana. Cogí un café en el Starbucks de la esquina, grande y con extra de azúcar; como lo pedía hace años, cuando vivía en este mismo barrio y todo era mucho más simple.

Me senté en un banco del parque cercano a casa, a mirar... A mirar a la nada.

Aunque estaba en la calle y me horrorizaba hacerlo, no pude aguantar las lágrimas.

¿Cuántas veces me había sentado aquí hacía ahora lo que parecía una eternidad, con un café, pensando en ellos... pensando en Edward?

Esta no era la vida que quería, la que había planeado. Esta era la vida de Laurie, la que ella siempre deseó. Y ahora, me tocaba realizar su sueño a costa del mío propio.

No quería sonar egoista. Adoraba a Nora y fui muy consciente de la promesa que le hice; no fue algo impulsivo arrastrada por las sensaciones del momento.

Lamentaba percibirlo así, pero tenía la sensación de ir a perder completamente mi vida; mi personalidad... mis sueños.

Tenía dos opciones...

Podía obligarme a vivir mi nueva situación, amargándome y frustrándome día a día, y despertar dentro de unos años, con mi juventud tirada a la basura y, seguramente, haciéndole pagar a Nora de algún modo esas frustraciones; esos sueños incumplidos.

O bien, podía aceptar esta nueva situación de buen agrado. Disfrutar de ella, aprender, hacerme mejor persona y dar lo mejor de mí en mi nuevo papel de madre, dejando a un lado la idea de que no lo quería. Marcándome un tiempo para posponer mis sueños, hasta que llegase la hora de volver a encauzar mi vida. Era muy joven, y ya había metido el pie en las altas esferas editoriales de la ciudad. No tenía prisa.

Gracias a los Cullen, mi situación económica se vería mejorada. No tenía que pagar alquiler ya que el piso era mío. Los gastos casi completos que diese la librería estaban también solventados por ellos, ya que cuando se referían a que me habían ayudado en los trámites de su explotación, habían olvidado mencionar que, dentro de esos "trámites" también iban los pagos de un año. La guardería de Nora también estaba pagada por ese mismo período de tiempo... Así que el dinero no iba a ser ningún problema.

A parte, tenía dinero propio ahorrado y me habían entregado de la editorial una más que jugosa indemnización.

En el tema económico estaba tranquila. Tema importante, por cierto.

En ese momento tomé mi decisión:

Disfrutaría de esta vida. Criaría a mi niña, yo sola, y me organizaría bien. Dentro de un año, cuando Nora ya fuese un bebé más grandecito, volvería a pensar mis opciones y a estructurar mis sueños.

Hasta entonces, no volvería a lamentarme más.

Esta es la Bella que me gusta. La decidida, la fuerte.

Bueno, y quien sabe... a lo mejor Emmet y Rose se decidían a que les diese un bebé.

Cuando me levanté para encaminarme a casa, tuve una sensación extraña a mi alrededor. Como si estuviese siendo observada y un escalofrío me recorrió la espalda.

Miré en todas direcciones, pero no vi nada fuera de lo normal. Pero la sensación, me duró hasta cruzar la puerta del portal.

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Al llegar a casa Esme y Rose estaban encargándose de Nora. Entré sonriente y con energías renovadas.

- ¿Qué tal se ha portado mi niña hoy? - Pregunté cantarina.

Ambas vampiras se miraron sorprendidas.

- Bien, cielo. - Contestó Esme - ¿Tú qué tal en la librería?

- Bueno, a parte de que Alice debe ser la primera vampira en tener cambios hormonales... por lo demás, todo genial. - Sonreí. Ambas pestañearon y fruncieron el ceño.

- Bella... Alice está un tanto molesta por tu decisión... No le tengas en cuenta... - Corté la disculpa de Esme.

- Esme... Alice no está "un tanto molesta" – puntillé en el aire con mis dedos – Está tremendamente enfadada. Si pudiese, me hincaría los dientes en el cuello – Saqué la lengua, ante la cara de horror de la matriarca y la risa de Rose – Pero no, no se lo tengo en cuenta, tranquila.

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Después de un rato, volví a la librería. Con más ganas y mucho mejor humor. Los tres vampiros que dejé hacía un par de horas, allí seguían. Y los tres me miraron bastante asombrados por mi temperamento renovado y mejorado. Pero ninguno dijo ni preguntó nada.

- ¿Ya hemos seleccionado proveedor para la bollería? - Ninguno contestó – Yo me quedaría con el negocio familiar de McKency. Aunque son unos centavos más caros, viven cerca y si un día no laboral me quedase sin mercancía, o quiero algo fuera de pedido, me lo traerían sin problema... - Los tres vampiros se me quedaron mirando como si me hubiese salido un tercer ojo. - ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?

- No, no... Me alegro de que hayas renovado energías – Comentó Jasper.

- Hay mucho por hacer... y mirándonos no creo que vayamos a adelantar nada, ¿no? - Negaron.

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Unos días antes de la inauguración, estábamos todos en mi casa. Se habían empeñado en pasar alguna noche todos juntos, ya que la despedida estaba próxima. Yo no me negué para nada, al contrario; estaba encantada. Esta, era una forma civilizada de despedirnos.

- ¿Ya has decidido qué horario vas a poner en la librería? - Me preguntó Carlisle.

- Si. Ya lo tengo pensado. El que tenía con la anterior dueña. - Se hizo el silencio.

- Pero... - Rose me miró, y lanzó una fugaz mirada al grupo – ¿Y... qué vas a hacer con Nora? ¿Vas a tenerla doce horas en una guardería? - Su tono, aunque intentaba controlarlo, estaba cargado de reproche.

- ¡No, por supuesto que no! - Contesté alzando la voz. - Voy a contratar a alguien. A alguna chica joven que... bueno... alguien como era yo hace unos años. - Sonreí a la nada, melancólica.

Edward alzó la cabeza y me miró directamente, clavando sus ojos ambarinos en los míos.

- ¡Dios... me exasperas Bella! - Exclamó Alice enfadada.

- Lamento que sientas que te están quitando el puesto, Alice. - Le solté de golpe. - Pero nunca te dije que fuese mala idea tener a alguien que me ayudase... Tu idea fue estupenda – Le solté dejando entrever mi sarcasmo. - Pero lo que tampoco te dije, es que ese puesto llevase tu nombre. - Entre sus ojos y los míos, saltaban miles de chispas de odio puro.

- Chicas... - Carlisle le lanzó una mirada más que significativa a su hija, que apretó los labios.

- Gracias a vuestra ayuda económica, puedo permitirme pagar un sueldo. Así podré criar a Nora mejor. Regalándole más tiempo juntas. Quiero criarla, sobre todo mientras sea una bebé, como lo hubiese hecho su auténtica madre. Más adelante, ya veremos.

- No teníamos que haberte ayudado tanto... - Me contraatacó Alice. - Estás muy subidita porque te lo hemos facilitado todo.

- ¿Piensas que no sería capaz de valerme por mi misma? - Le pregunté notando como me envenenaba.

- No. - Su respuesta, rotunda, no se hizo esperar.

- Pues creo que no es la primera vez que vivo sin vosotros... y no me ha ido nada mal.

- Pues a mi no me lo parece... - Su arrogancia fue suprema. Sacandome aún más de mis casillas.

- ¡No me dejasteis más opciones! ¡Me dejasteis tirada cuando yo lo hubiese dado todo por vosotros... ¡TODO! - Grité descontrolada. - Así que ahora no puedes venir reclamándome nada... ¡Absolutamente nada!

- Tenía que haberte convertido entonces... Así nada de esto estaría sucediendo. - Contestó petulante, sin inmutarse de mis gritos. - Debería hacerlo ahora, sin más.

Eso me dejó por un momento fuera de juego.

- ¿Me obligarías a ser como vosotros? - Le pregunté asombrada por su amenaza encubierta.

- Creo sería la mejor opción. Una vez hecho, no habría marcha atrás. - Rebatió con tono petulante. - Edward no debió invertir el veneno cuando James te mordió en la sala de ballet. - Escupió. Abrí los ojos pasmada, notando el dolor de sus palabras en mi pecho.

- ¿Tengo que dormir con un ojo abierto? - Se inclinó de hombros, y eso me hizo arder la sangre, descontrolándome irrevocablemente.

- ¿Me estás amenazando?- Mi voz adquirió un tono arrogante y mi ceja se alzó.

De lo que no me había dado cuenta es que mientras discutíamos, nos habíamos ido acercando la una a la otra, quedando a menos de un paso.

Nos miramos con odio, hasta que tuve que hacer una de mis salidas de tono. Estaba fuera de mí. El corazón me latía a dos millones de revoluciones, y notaba el pulso sacudirme violentamente las costillas.

Jamás habíamos tenido una discusión tan dura, incluso cuando volvieron, no habíamos llegado a estos extremos.

Giré el cuello, haciendo así que mi yugular quedase sobresaltada.

- Toda tuya... - Murmuré.

Dejé pasar unos segundos hasta volver a mi posición normal. Ella no se había ni movido, y su rostro permanecía inalterable, aunque solo en apariencia, ya que sus ojos soltaban chispas.

Cambié mi gesto a uno de petulancia total, con una sonrisita de suficiencia.

- Eres igual que tu hermano... Tanto genio, tanto amenazar... ¡Para nada! - Solté casi con asco. - Por eso no quiero ser como vosotros... porque estáis muertos, no sabéis lo que es realmente amar a nadie... - No pude seguir, ya que un borrón pasó delante de mis ojos, dejándome desorientada.

- Alice... ¡No! - Oí gritar a Edward.

Solo pude escuchar su grito. Porque de pronto, dejé de ver, de oír... de sentir.

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Pero... ...

¿Qué es lo que ha pasado?

¿Alice ha perdido el control?

Más, en el próximo!

Besosssssssssss!