Hola mis niñasssss!
Si, aquí tenéis el capi del finde, aunque actualizará hace solo unos días.
MIL GRACIAS por todos vuestros coments, los cuales cada vez son más.
Y más seguidoras... De verdad que estoy encantada con la aceptación que va teniendo el fic.
Recordar que aún le quedan 4/5 capis... Y yo, soy muy de giros ;-)
DISFRUTARRRRRRRR!
.
.
CAPÍTULO 21
.
Cuando desperté después de aquella discusión con Alice, no lo hice convertida en vampira. Tal y como me confesó ella misma después, no faltó mucho para que lo hiciera; no lo llevó a cabo porque Edward se lanzó a por ella y la detuvo. Porque sí que llegó a cogerme y acercar su boca a mi cuello.
Imagino que al estar agotada física y mentalmente, más la adrenalina del momento hicieron que colapsara y por eso el desmayo.
Nos disculpamos mutuamente de mil maneras distintas, abrazándonos y besándonos; prometiendo no volver a hacernos daño.
Nos queríamos demasiado para herirnos de esta forma tan ruin.
Ella misma me ayudó con las entrevistas para la contratación de una chica que me ayudase a hacer parte del turno y así poder pasar más tiempo con Nora, y tener yo, algo de tiempo para mí.
Nos llevó más de lo pensado, ya que ninguna de las candidatas, cumplía sus requisitos.
- Alice... ninguna podrá igualarse a ti. Ni tan siquiera parecerse. Así que baja el listón.
Al final contraté a una chica, Annie, que vivía a dos portales del mío. Era muy... yo, hace siete u ocho años. Tímida, educada, soñadora y sobre todo... le encantaban los libros. Por supuesto, estaba estudiando Literatura Inglesa. Y estaba sola. Ella no tenía una "Laurie", como yo tuve para apoyarme.
Pronto nos hicimos muy amigas y el trabajo entre las dos fue estupendo y mucho más llevadero.
Me hacía mucha gracia al principio con Annie, ya que se sentía asustada con los Cullen. Se ponía sumamente nerviosa con ellos. Le temblaban las manos y no era capaz de mirarlos a los ojos.
Ella si notaba ese miedo del que me había hablado tantas veces Edward: "El instinto de supervivencia", que yo, según él, no poseía.
Edward... Después de pasarse varios días sin dirigirme la palabra, y casi ni la mirada, por fin comenzó a hablarme con normalidad gracias al "atentado" sufrido por Alice.
Decía haber pasado tanto miedo, pensando que Alice pudiese morderme y hacerme daño, que vio las cosas claras. Que no podía seguir enfadado así conmigo; más a sabiendas que nos quedaban los días contados, y sobretodo, porque habíamos pasado tantos años sin vernos, que ahora, cada segundo importaba.
Antes de que se fuesen, Rose y Emmet, me dieron la noche libre con Nora, y volvimos a tener otra cita de ensueño. Por supuesto, la intención no fue otra más que volver a acostarnos.
Y volvió a regalarme una indescriptible noche de sexo. Esta vez fue incluso mejor, porque ambos estábamos más seguros con lo que teníamos entre manos.
Cada vez que recuerdo todo lo que hicimos, mis mejillas aún se ruborizan.
A parte de esto, algunas tardes, salimos a pasear él, Nora y yo. Como unos recién estrenados papás.
La navidad empezaba a hacer acto de presencia y la ciudad se volvía mágica y preciosa para pasear. Tanto por las calles, como por los mercadillos feriantes.
Aunque me encantaban estos paseos, no facilité el llevarlos a cabo demasiadas veces, porque después me sentía fatal. La tristeza se apoderaba de mí, y me pasaba la noche lloriqueando.
.
La inauguración de la librería fue todo un éxito. La gente del barrio me recibió con los brazos abiertos; incluso había clientes que me recordaban de la época en la que vivía allí.
Además, había mantenido el alma del establecimiento; solo la había hecho más cómoda, y había incluido más libros y prensa. Y lo que más gustaba, aunque eso lo recordaba la gente más entrada en años, era que le había devuelto su parte de cafetería.
Ahora, había otra vez café, chocolate e infusiones, junto con algunos sándwiches y bollería y los fines de semana una tarta de galletas y chocolate que fue todo un éxito.
Al principio fue duro; muy cansado y estresante. Pero los Cullen estuvieron durante más tiempo del previsto para que no se me viniese todo encima y no dejase de atender a Nora.
La ayuda de Annie, que pronto se convirtió en amiga más que empleada, fue esencial también.
A mediados de diciembre, fue la despedida con los Cullen. Los cuales se quedaron bastante más de lo previsto en un primer momento; pero después de la tremenda pelea con Alice, no quería que se fuesen. Así que decidimos hacerla así, para que no fuese tan dura y sentida; ya que para navidades volverían y la pasaríamos todos juntos. Solo serían un par de semanas.
Así, yo iría haciéndome a estar sola; tanto con Nora, con la librería como en el día a día.
.
Esas navidades fueron inolvidables. Llenas de momentos más que emotivos, divertidos e incluso románticos.
Toda la atención estaba en Nora, la cual ya tenía tres meses y comenzaba a hacer más muequitas, sacándonos a todos las sonrisas más dulces y tiernas.
Todos la llenaron de regalos, al igual que a mí misma. Aunque Nora y yo, también les habíamos comprado regalos a ellos.
Para cuando llegaron, había adornado el apartamento con algunos detalles navideños y un arbolito muy mono. Acto que valoraron y agradecieron.
Al día siguiente, Alice se quedó en la librería y yo me fui con Rose, Esme y Nora a comprar más artículos decorativos navideños. Aprovechamos para pasear por la ciudad, la cual estaba preciosa llena de luces y guirnaldas; la nieve acababa de completar el cuadro, dándole el toque de encanto invernal. Comimos, bueno comí yo y Nora tomó su bibi, en un bonito restaurante cerca del centro.
Hicimos algunas compras y pasamos casi todo el día por ahí.
Parecíamos una auténtica familia. Una abuela, una mamá con su bebita y la tía... Pero...
¿Realmente no lo éramos ya? ¿En qué nos diferenciábamos de otras familias?
No quise darle vueltas al asunto para no entristecerme y que ellas lo percibiesen y se entristecieran también.
Con Edward volvió a haber cita privada... o sea, una noche de sexo descontrolado. No sabía si estas "citas" tendrían fecha de caducidad, o si nos pasaríamos la vida, mi vida, manteniendo una relación así: Esporádica. Sin compromiso real, pero con una lealtad tácita entre nosotros.
Después de pasar todas las fiestas, volvieron a irse. Esta vez, la despedida fue más emotiva, ya que habíamos quedado en no vernos hasta pasado más tiempo para ver cómo nos iba dejando pasar un período más largo.
Lo que si mantendríamos sería un contacto frecuente, vía móvil y cámara web; así nos veríamos y sobretodo, verían los cambios en Nora.
Hubo abrazos, besos, y por supuesto lágrimas, pero nadie me presionó de ningún modo; acto que les agradecí, ya que todos estaban pensando en que me equivocaba echándolos; incluso yo misma me lo replanteaba.
Pero la decisión estaba tomada y no podía echarme atrás.
.
.
Meses después...
Los principios nunca fueron fáciles...
Aunque no era la primera vez que tenía que valerme por mi misma, esta vez era bastante diferente de las anteriores. La verdad es que cada una de las veces que había tenido que empezar de nuevo, siempre había sido distinta.
Ahora era yo la que ayudaba a los demás; ahora era yo la madre; ahora yo, era la adulta.
Tenía mi negocio, que había arrancado mucho mejor de lo previsto y seguía manteniéndose igual de bien. Casi todos los días, había clientes que tenían que irse porque no encontraban algún sitio vacío para poder sentarse a tomar un café y leer tranquilamente porque el establecimiento estaba abarrotado.
Tenía a Annie, que prácticamente desde el principio había dejado de ser una empleada para convertirse en, casi, un miembro más de la familia.
Aunque compartía piso a medias con otra chica, esta pasaba poco tiempo en el apartamento y además no congeniaban nada, por lo que intentaban evitarse lo máximo posible. Y eso conllevaba a que Annie, se pasase la vida sola.
Me daba muchísima pena, porque me veía reflejada en ella en algunos aspectos; venía de un pueblecito donde no había hecho grandes amistades; era tímida al extremo, estaba metida en sus libros, una estudiante extraordinariamente aplicada, y... le habían roto el corazón en el instituto.
Varias veces la había invitado a cenar en casa; pero sabía que si comenzaba con esas invitaciones, llegaría un momento en que la tendría de manera perpetua en mi piso. Y aunque siempre que venía me ayudaba mucho, no podía permitirme tener una "inquilina"; había echado a los Cullen porque necesitaba rehacer mi vida sola, y esa norma, por mucho que lo sintiera, también se la aplicaba a ella. Así que tomé una decisión al respecto:
Todos los viernes, hacíamos cena en casa. Llamaba a la hija de mis vecinos de enfrente, que me hacía de canguro algunas veces, y así cerrábamos entre las dos, ya que nos lo pasábamos genial y yo desconectaba un poquito de mis tareas maternas. Después, íbamos a por comida preparada; cada vez, probábamos un país diferente, y nos la llevábamos a casa.
Annie se quedaba a dormir esa noche, y desayunábamos juntas las tres, todos los sábados.
Así, iban pasando los días, las semanas...
Mi vida había cambiado poniéndose patas arriba. De tener una secretaria, y una agenda que se había convertido en mi vida, la cual estaba llena de trabajo que me apasionaba, citas, entrevistas y sesiones de cuidados personales... Había pasado a llevar un negocio, estar atada a los horarios de una bebé y su guardería, citas de pediatría, pañales, y ropa cómoda.
Había prometido no lamentarme nunca. Me había dado un año sin pesadumbres por lo que había dejado, y así lo hacía. Pero de vez en cuando, de forma inconsciente, mi vista se iba a las mujeres que pasaban con sus elegantes y caros trajes, su pelo y maquillaje impolutos.
Bloqueaba el anhelo y el pensamiento de forma radical para no agobiarme y seguir siendo fiel a mi plan.
Además, después de ese tiempo marcado, seguramente habría algún cambio en el planteamiento con los Cullen. Aunque no era algo que tuviese del todo decidido ni pensado a fondo.
Aunque después de unos meses, ya no se me contraía el corazón. Solo tenía que pensar en Nora; en "mi hija" y esa aprensión desaparecía.
Me había convertido en una mamá de verdad.
El contacto con los Cullen era prácticamente diario. Todos los días hablaba con algún miembro de la familia, y les mandaba fotos de Nora constantemente.
Y un par de veces por semana, hablábamos por la web y así nos veíamos en tiempo real.
Al principio fue difícil, no lo voy a negar, pero después de unas semanas, fue mucho más llevadero.
Ellos se habían mudado a Boston, donde Carlisle impartía clase. Emmet seguía con su empresa de construcción y Jasper ejercía de profesor en prácticas de Psicología en el Hospital Universitario. Edward y las chicas, no habían ocupado profesiones.
Varios fueron los intentos de liarme para vernos antes de lo previsto. Pero fui inflexible ante sus súplicas; necesitaba valerme por mi misma otra vez. Después de pasado ese año "sabático" ya veríamos. Ahora solo quería disfrutar de Nora y de ver prosperar mi negocio.
.
La fecha de nuestro siguiente encuentro llegó: Las fiestas de Pascua.
Los Cullen habían alquilado una cabaña rural a las afueras del estado de Nueva York, en Syracusa; ya que por aquel entonces ya hacía sol y así, estando aislados podrían moverse con cierta libertad.
Un coche con chófer, alquilado por los Cullen, vino hasta mi casa a recogernos y ayudarnos con las maletas, el cual nos llevó hasta el aeropuerto, donde un pequeño avión nos trasladó hasta un aeródromo cercano; allí nos esperaba otro coche, con un chófer muy especial: Edward.
Nos quedamos mirándonos con cara de tontos, sin saber muy bien como recibirnos. Pero no podía quejarme de sus dudas, ya que estábamos en un punto absurdo. No éramos amigos, pero tampoco éramos pareja. Un punto intermedio, que sabía, acabaría haciéndonos daño si no nos aclarábamos; si no me aclaraba yo.
Acorté la pequeña distancia que habíamos dejado entre nosotros, y me lancé a sus brazos, los cuales me recibieron acogiéndome y alzándome; una vez dejado de dar vueltas en el aire, me depositó en el suelo y me besó. Entonces ya no esperó a que yo diese el paso, lo hizo él. Descargó en mis labios el anhelo de estos meses sin verme, dejándome temblando.
- Esto es solo un anticipo de lo que tengo pensado hacerte... - me guiñó un ojo pícaro, y me acarició la cara. Su roce repercutió justo en mi centro, el cual palpitó de anticipación. - ¿Qué tal está la nena más bonita? - Se acercó a Nora, que estaba en la sillita de coche.
La sacó y la acurrucó entre sus brazos, regándola de mimos, besos y palabras infantiles. Entonces Nora hizo algo que me dejó anonadada. Como si supiera quien era él, como si lo reconociese, ella le sonrió y le puso una manita torpe en la cara.
La imagen era preciosa, a la par que aterradora.
¿Estaba haciendo bien en no doblegar con Edward, y que compartiera la crianza de Nora conmigo como su padre?
Bloqueé el pensamiento tan rápido como vino.
El viaje hasta la cabaña, fue muy divertido. Ambos hablábamos animados, contándonos batallitas de estos últimos meses. Poniéndonos al día. La sonrisa que acompañaba a Edward, era el reflejo de la mía propia.
Cuando nos encontramos con el resto de la familia, todo fueron abrazos y besos por doquier. Parecía que hiciese medio siglo que no nos viésemos.
Incluso yo misma me sorprendí de lo muchísimo que me emocioné al reencontrarnos.
- ¡Estáis preciosas! - Nos aduló Rose. La cual me lanzó una mirada que no supe identificar.
Sus ojos brillaban expectantes, y lucía una sonrisa llena de fascinación. Pero no era por Nora, ya que después de abrazarme a mí, meció entre sus brazos a la niña y su rostro adquirió otro gesto más mimoso.
- Tienes mil cosas que contarnos, cielo... - Esme enlazó su brazo al mío, arrastrándome hacía la cabaña. - Aquella casa, podría mejor denominarse mansión de madera, que "cabaña". Era impresionante.
- Pero Esme, si hablamos casi todos los días... - Contesté en tono risueño – Ya no sé qué más contaros.
- Seguro que hay algún detalle que se te pasa – Alice se posicionó a mi otro lado, también enroscando su brazo al mío.
- Por favor, Bella – intervino Jasper – Aunque te lo tengas que inventar. Alice lleva días planeando lo muchísimo que ibais a hablar estos días – Rodó los ojos. Ambas nos lo quedamos mirando fijamente, hasta que le sacamos la lengua y seguimos nuestro camino hacia el interior de la casa, riéndonos.
- Tranquilo Jasper... estando juntas, no tienes nada que hacer con ellas. - Se burló Edward, que nos seguía con nuestro equipaje.
Y tal como había dicho Alice, me puse a hablar y sí que había mil cosas que contar. Realmente ya se las había contado, a ella o a todos; pero en persona, con una taza de café en las manos y ellos allí, conmigo, las palabras me salían a borbotones.
Ayudé a Esme a preparar la cena, incluso Alice se atrevió a acompañarnos intentando ayudar en algo.
De la cena de Nora, y bueno... de todo lo que se refería a la niña, se ocupaba Rose, bajo la atenta mirada embelesada de Emmet.
Durante los días que estuvimos allí, casi parecía que no tenía hija. Ver a Rose tan encantada con Nora, me hizo recordar la conversación mantenida con Emmet aquel día en la librería.
¿Le habría comentado algo él? ¿A eso se debía su mirada cuando llegué?
.
Un par de días más tarde, después de desayunar, me apeteció caminar un poco. Acostumbrada a tener que hacer mil cosas, a pasar a no hacer absolutamente nada, era un cambio raro.
Fui caminando tranquilamente, bordeando el lago que tenía la propiedad. Por supuesto que había un lago.
Si no era del nivel de "espectacular y dejarte sin aliento", no era apropiada para los Cullen. El pensamiento me sacó una sonrisa.
De pronto, oí un ruido a mi espalda que hizo que se me erizaran todos los vellos del cuerpo.
Me giré y no vi nada. No se escuchaba nada, salvo mi insistente corazón, asustado.
- Bella – Era Emmet llamándome, desde algún sitio donde no podía verlo.
- ¿Emmet?
De la nada, se posicionaron delante de mí, él y Rose, haciéndome dar un salto y ahogar un grito, por el cual casi me ahogo.
- Chicos, por Dios bendito... - me llevé la mano al pecho.
- Lo sentimos, Bella. Pero queríamos que te alejaras lo suficiente de la casa, para... poder hablar... - Rose le lanzó una mirada tímida a su esposo.
- Verás... Esto... No sé muy bien por dónde empezar.
- Queréis hablar de lo que te propuse aquella tarde en la librería, ¿verdad? - Lo sabía; algo dentro de mí me lo decía a gritos.
- Sí. - Suspiraron.
- ¿De verdad estarías dispuesta a hacerlo, Bella? - Preguntó temerosa Rose.
Jamás la había visto tan vulnerable.
- Sí. Sigo pensando lo mismo. Y, por supuesto, mi proposición sigue en pie. - La sonrisa que Rose me lanzó, podría haber iluminado medio planeta; la de Emmet tampoco se quedaba atrás.
- ¡Oh Bella! - Rose se lanzó a mis brazos, apretándome un poco demasiado.
- Si me sigues apretando, no habrá vientre ni habrá bebé. - Reí, notando como me faltaba el aire. Ella me soltó de golpe, disculpándose.
- Solo... una pregunta. - Noté como me ruborizaba – Si no queréis, no hace falta que contestéis. - Ambos asintieron - ¿Por qué no habéis hecho esto antes? Siento ser así de directa, y perdonar si os sueno grosera, pero... Tenéis dinero para mover medio mundo. Podríais falsificar, comprar, desaparecer... No sé... - Me incliné de hombros.
Ambos se miraron, y asintieron.
- Verás... - comenzó Rose – De principio, durante muchos años, yo no quise. Porque me obcequé en que si el bebé no podía ser nuestro biológico, no lo quería. - Suspiró. - Esa idea se alargó en el tiempo... Muchísimo tiempo. Incluso Carlisle en un par de ocasiones, me comentó de algún bebé que se había quedado sin madre porque había muerto en el parto. Te hablo de los años 70. Por aquel entonces, las cosas eran muy distintas y era fácil, para nosotros aún más, hacerse con un bebé sin que nadie preguntase. Comenzaba a haber muchas chicas hippies y bueno... - Agachó la cabeza al suelo. - Pero no quise. Todos me insistieron, mucho, pero... - Dejó salir una exhalación de aire.
- A parte de que Rose no quisiera un bebé que no fuese nuestro, teníamos el problema de Jasper. - Fruncí el ceño, sin entender de mano. - Por aquel entonces, su control con la sangre era muy frágil y sabíamos que no sería posible que conviviese con un bebé. - El entendimiento pronto llegó a mí.
- Los niños están constantemente haciéndose heridas... y cualquier día podía pasar estando él, demasiado cerca... - Se miraron con ojos culpables.
- Entiendo... - Instintivamente me llevé la mano a la cicatriz de mi brazo. Sus ojos volaron directos allí.
- Veo que lo has entendido perfectamente – Rió sin gracia Rose. Yo asentí.
- Después de unos años, parecía que su debilidad iba mejorando, y comenzamos los trámites necesarios para un vientre de alquiler, ya que lo legalizaron. Pero – se lanzaron una mirada significativa – Jasper tuvo un fallo con una humana. - Abrí los ojos alarmada.
- Él la... - pestañeé no atreviéndome a continuar la frase.
- Sí. La mató. Era una chica sin familia, una huérfana que vivía en un centro de acogida, y bueno... pudimos ocultar el suceso sin mayor problema. - contestó Rose con su habitual dureza. - Después de eso, nos mudamos a Alaska un tiempo, para que él se tranquilizara y superara su fallo.
- Después nos mudamos a Forks, y decidimos dejar pasar el tema un tiempo. Para que él no se sintiese más agobiado.
- Y un par de años después... - Sonrieron – Apareciste tú. - Su gesto fue contagioso en mi cara.
Estuvimos hablando mientras paseamos. Relatándome todos los pasos que habían seguido, y si estaba de acuerdo con ellos, o si prefería hacerlo de otra manera.
Habían contactado y por supuesto, "donado", una suma exageradamente generosa a una clínica de fertilidad de Nueva York para ahorrarse papeleos y preguntas, donde les entregarían esperma de un donante anónimo, con una genética similar a Emmet y me lo introducirían en mi útero.
- Si está bien aclarado el tema, a mí me da igual cómo lo hagáis – Les contesté sincera. - Yo no necesito ningún papel que me obligue a daros el bebé. Será vuestro desde el mismo momento en que el test marque las dos rayitas de positivo. - Les sonreí, y enredé mis brazos uno en cada uno de los suyos.
- Aun no me creo que vayas a hacer esto por nosotros, Bella. - Recitaba Rose como un mantra.
- Ya se lo dije a Emmet aquella vez. Es el único regalo que puedo daros. Será un pedacito mío, para la eternidad con vosotros. - Sonreí melancólica. - Porque puedo imaginar, acertadamente, que lo convertiréis llegado el momento, ¿verdad? - Ambos asintieron.
Regresamos hacía la casa, ya que llevábamos bastante tiempo fuera y empezarían a notar nuestra ausencia.
- Bella... No quiero meter el dedo en la llaga... pero... - Sabía a la perfección lo que Emmet iba a preguntarme - ¿En serio no te planteas cambiar de parecer respecto a transformarte?
- ¡Emmet! - lo reprendió de forma dura, Rose.
- Tranquila... es normal que pregunte – Le dediqué un gesto tierno a Emmet. - Verás... no es tan sencillo, Emmet.
- Edward jamás volverá a dejarte. - Contestó Rose sin darme tiempo a explayarme. - Ya se había arrepentido de haberlo hecho, incluso antes de llegar a casa. - Rodó los ojos – Tenía razón en algunos alegatos, pero sintiendo tanto amor el uno por el otro... Y luego, unos años después, él no se atrevió a volver por ti, porque tenía miedo de tu reacción. De que lo odiases por lo que te había hecho pasar.
- Todos sabíamos de ti por Alice. - Asentí.
- Quiero creeros... y a él también. Y algo en el fondo de mi corazón me dice que no volverá a hacerlo. Pero no solo es eso... Es que ahora, he vivido, he experimentado... Y la idea de la eternidad me asusta. - Les contesté sincera.
- Lo entendemos... pero en unos años, podrás hacer vida normal entre los humanos. Podrás ser lo que quieras. Dedicarte a mil cosas – Exponía Rose. - Sería genial que todos formásemos una gran familia. Ahora que está Nora y que con un poco de suerte, nosotros también tendremos nuestro bebé. - Su rostro mostraba la emoción que le ocasionaban sus propias palabras.
- Y en unos años, nuestros hijos, serán como nosotros... Seríamos una gran familia – Emmet también estaba emocionado. Pletórico ante la idea.
- Sin ti, no sería lo mismo. - Rose detuvo nuestra caminata, para acercarse y frotarme cariñosamente el brazo. - Piénsalo bien Bella. Aun tienes tiempo de margen. Pero... no dejes que el miedo, te haga ser una infeliz.
.
Cuando llegamos, todos estaban pululando por la cabaña. Pero Emmet y Rose, se dividieron mezclándose con el resto, pasando desapercibidos.
Eran unos actores fabulosos.
Yo me quedé como un pasmarote sin saber muy bien qué hacer.
Me acerqué a Rose, que ya estaba con Nora, y senté a su lado sin hablar y casi sin moverme, observando cómo le daba su papilla.
- ¿Te apetece dar un paseo? - Me preguntó Edward al oído, apareciendo de la nada y posicionándose detrás de mí.
Rose me lanzó una mirada cómplice, dándome a entender que nadie había notado nuestra ausencia.
- Claro, me encantará – Respondí entusiasta. - Voy a por una chaqueta.
De la que bajaba de recoger la prenda de abrigo, Alice me interceptó en medio de las escaleras.
- ¿Os habéis olvidado de mi don? - Preguntó en un susurro. La miré con los ojos desorbitados, y asustados. - Tranquila, no diré nada de lo que os traéis entre manos – Sonrió cómplice. - Pero hay que darme detalles y tú, has de darme una buena explicación de cómo te has ofrecido a algo así. - Asentí en silencio. - Ahora ve... Edward te está esperando.
¡Alice! ¿Cómo no habíamos pensado en ella?
Estaba más que atenta a cualquier cambio de decisión que pudiese tener, lo sabía y sin embargo, lo obvié como una principiante.
Edward y yo, comenzamos a andar, por el otro lado del lago. Era igual de precioso que por donde había estado con Emmet y Rose.
- ¿Te gusta?
- Sí... todo esto es... indescriptible. Hay tanta paz y tanta belleza. - Murmuré encantada, echándole un vistazo al paisaje. - Pero no hace falta que lo compréis, ¿ok? - Le alcé una ceja, divertida.
- Vale, vale... ¿Tan obvio era? - Rió de vuelta.
Dimos un tranquilo y relajado paseo mientras nos contábamos más cosas. Hablar con Edward era extremadamente fácil y complaciente. Era un gran orador, pero también sabía escuchar pacientemente.
Sobre todo en las últimas veces que nos habíamos visto, desde que se habían ido de Nueva York.
¿Me echará de menos? ¿Notará la falta de "su pareja"?
Sabía que la respuesta era un rotundo sí. Pero era mucho más sencillo negarlo.
Cuando llevábamos andado unos cientos de metros, llegamos a un saliente a la orilla del lago. Era una esquinita preciosa, dentro de un paisaje de ensueño.
El atardecer comenzaba a caer, regándolo todo en tonos dorados y naranjas. Divino.
Nos sentamos cómodamente y silencio. Ambos estábamos disfrutando del momento.
- Bella... - Solo con su tono de voz, sabía que estaba nervioso por la conversación que quería comenzar.
- Dime, Edward – Me giré levemente para verlo a la cara.
- Yo... quería hacerte una proposición – Su mirada estaba cargada de nerviosismo. Pocas veces le había percibido una mirada tan humana.
Pero la palabra "proposición" hizo que un escalofrío recorriera mi espalda, y mi frente se perlara de diminutas gotitas de sudor.
¿Edward iba a pedirme en matrimonio?
¿Tendremos boda?
¿Edward gastará su última bala con Bella...?
Pero a lo mejor, va a preguntarle otra cosa...
En unos días, saldremos de dudas ;-)
BESOSSSSSSS AMORESSSSSSS!
