.Ante todo... MIS DISCULPAS POR LA TARDANZA. He estado de medicos y no he tenido tiempo de nada. I'm sorry!

Bueno... hoy descubrimos la "propuesta" de Edward..

Y que ha sido de su vida despues de las vacaciones.

DISFRUTARLOOOOOO!

CAPITULO 22


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Ya habían pasado varias semanas desde nuestras vacaciones de Pascua, pero aún me recorría una sensación extraña por mi cuerpo, cuando recordaba la "proposición" de Edward.

- Yo... quería hacerte una proposición... –

Cuando le oí pronunciar esa frase, un escalofrío me a travesó la columna. Juro por Dios, que en el segundo escaso que tardó en completar la frase, y explicarse, había creído que iba a pedirme en matrimonio.

- … ¿Qué te parecería si para las vacaciones de verano, nos vamos unos días solos tu y yo? -

Así acababa "su proposición". Que compartiésemos unos días de vacaciones estivales.

Bella... te has venido muy arriba... Pensé con petulancia hacía mí misma.

Después de tener que llamarme varias veces, reaccioné, pestañeando rápidamente para salir de mi ensoñación.

- ¡Claro... Sería genial! - Exclamé animada. Pero mi actuación no convenció mucho a Edward, aunque no hizo pregunta alguna.

Aun después de pasar tanto tiempo, y tener mil cosas en la cabeza, seguía rondando aquella pregunta, que no fue.

Y después de darle mil vueltas del derecho y otras mil del revés, llegué a la conclusión de que si me hubiese ilusionado que su proposición fuera de matrimonio.

Y mi respuesta habría sido un rotundo si.

Siendo sincera, en aquel momento no lo tendría tan claro como ahora, que lo había sopesado con calma. Pero estoy convencida de que después de haberle pedido un poco de tiempo para pensarlo, antes de que concluyeran nuestras vacaciones, cuatro días después, mi respuesta hubiese sido un si.

Pero no fue. Y a ese respecto, no quería meditarlo más. Porque eso, si que me levantaba dolor de cabeza; más bien jaquecas.

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Días después de nuestras vacaciones, Rose y Emmet se pudieron en contacto conmigo para ir agilizando el tema de la inseminación.

Antes de separarnos, les comenté que Alice estaba al tanto de nuestros planes. No sabía todo, pero si lo más importante. Ellos se tensaron en un primer momento, hasta que después de pensarlo unos instantes, se relajaron.

- Alice no dirá nada – Sentenció rotunda Rose, ante el asentimiento de su esposo.

- No. Ella guardará el secreto. Alice se ha enterado por su don, y cuando es conocedora de secretos así, se los caya hasta que llega el momento de comunicarlo al resto de la familia. - Apoyó Emmet.

- Si... yo también lo creo así – Afirmé – Sabe que lo diremos, por supuesto. Pero entiende que es algo muy vuestro, y que queréis intimidad. - Todos asentimos más tranquilos.

Me dieron los datos de la clínica y después de dejar a Nora con la canguro y a Annie al cargo de la librería, tenía libertad para poder hacer esto con calma.

Allí ya estaban esperándome y todo el personal fue atento y muy discreto.

No quería ni imaginarme, el dineral que les habría costado todas esas atenciones.

Me hicieron multitud de pruebas que llevaron varios días; más de los que yo esperaba. Pero claro, todo iba en función de mi ciclo hormonal.

El cual, aunque estaba bien, me recetaron unas inyecciones de estrógenos para facilitar el embarazo y que produgera más óvulos y así, tener más oportunidades de que alguno gestara. Tuve que inyectarme las susodichas durante una semana, y esperar a que llegara el momento de ovulación natural de mi ciclo.

En unos días, me notaba hinchadísima y con un humor bastante alterado. Aunque la cosa fue a peor a la semana siguiente, ya que estaba ovulando y mi genio estaba a flor de piel.

Para la extracción, me citaron en quirófano ya que me aplicaron sedación para la intervención; que consistía en la aspiración de todos los óvulos producidos en ambos ovarios.

Yo que me sometía a este tratamiento por ayudar a mi familia, sin ningún tipo de interés maternal propio, ya lo estaba pasando fatal con todo lo que conllevaba someterse a esto, así que no quería ni imaginar cómo lo pasarían parejas que deseaban más que a nada un bebé.

Cientos de pruebas, algunas realmente invasivas y dolorosas y que yo, me había evitado; la espera de cada resultado; los pinchazos hormonales que dolían como el demonio a parte de dejarte tirada como un trapo; la extracción y la espera del resultado para saber cuántos óvulos eran viables... Era algo realmente abrumador.

Unos días antes de la extracción, Rose y Emmet se instalaron en mi apartamento para estar conmigo en un momento tan delicado y ayudarme en lo que pudiese necesitar; además, ellos también querían estar ahí y tener su pequeño protagonismo en el proceso.

Ayuda que agradecí enormemente, ya que el subidón hormonal me había dejado para el arrastre.

El día de la inseminación, por fin, llegó y he de reconocer que me encontraba sumamente nerviosa.

No era capaz de estarme quieta y concentrada en nada. Incluso Nora, que para entonces tenía poco más de siete meses, notaba mi estado arrítmico, mostrándose alterada.

- Tranquila Bella... Todo irá bien. La doctora ya te ha comentado que no te dolerá; que no sentirás nada. - Intentaba animarme Rose.

- Bella... - Emmet me sujetó por los brazos, clavándome la mirada intensamente. - Si no estás convencida de esto... puedes echarte atrás. No estás obligada a nada. - Gemí.

- ¡No! - Exclamé alzando la voz. - Claro que estoy segura, simplemente que estoy inquieta. Mañana entraré sola en la clínica, y saldré con inicio de un embarazo, con riesgo de que sea múltiple. - Rodé los ojos, gesticulando teatral. - Creo que estoy en mi derecho a estar algo, nerviosa, ¿no? - Solté un bufido – A parte de estar sobre hormonada e hinchada como un globo por esas hormonas – Gruñí.

- Si, por supuesto que es un momento para estar alterada... Pero... solo quiero que lo sepas – Insistió él. - Y estás guapísima igual.

Y había sido sincera en mi alegato; era un momento para estar nerviosa. Pero mi organismo no estaba así solo por el acontecimiento en sí. Si no, por haberle ocultado a Edward esto.

¿Qué pensará él cuando se entere?

Quería pensar que se alegraría por el regalo que les entregaba, no solo a sus hermanos, si no a toda la familia. Un pedacito de mi.

Pero sabía que él deseaba ser padre; a lo mejor no con la misma intensidad que su hermana Rose, pero era una ilusión que traía desde su época como humano.

Y el verme embarazada, cuando él no podría darme nunca hijos biológicos, me hacía sentirme insegura sobre su actitud al respecto.

Pero yo tenía a Nora... y se pasaba en uno, en el número de hijos que yo querría haber tenido. Aunque si Edward pudiese engendrar, la opción de que llegásemos a tener un hijo en común, si alguna vez volvíamos a estar juntos, se veía alzada y muy factible.

En todas mis cavilaciones, llegaba a la conclusión de que tras el shock inicial, estaría feliz con mi regalo. O de eso me quería convencer.

Nadie se echó a atrás. Por supuesto. Al día siguiente, llevamos a Nora a la guardería y Rose y Emmet me acompañaron a la clínica.

Como las anteriores veces que había ido, todos fueron muy atentos y afables. Esta vez, incluso más.

Me tumbé en la camilla ginecológica y la doctora apareció con una bandeja llena de instrumental y una neverita.

- Buenos días, Isabella. - Me saludó. - Para la extracción te aplicamos sedación – Asentí – Para la inserción, no hará falta. Te voy a pinchar un relajante bastante fuerte, que te atontará y relajará todos los músculos, incluido el útero. - Tragué en seco – Tranquila, no te dolerá nada. - Volví a asentir, notando todo mi organismo en alerta.

Minutos después de inyectarme la droga, comencé a sentirme mareada; borracha, más bien; incluso se me escapaba una risita tonta.

- Veo que el relajante ya ha comenzado a hacer efecto. - Se dirigió la doctora a Rose, ya que yo ni sentía ni padecía. - Vamos a comenzar, ¿de acuerdo?

Tal y como me había informado, no dolió nada. No me enteré de absolutamente nada gracias a la sedación. Todo fue muy rápido y limpio.

Un par de horas después, desperté y tras hacerme una pequeña revisión, la doctora dio el visto bueno para que me fuese a casa.

- Bueno Isabella... Las células están inseminadas. Pero eso no quiere decir que estés embarazada. Te citaré para dentro de un par de semanas y entonces podremos ver cuantos han prosperado. He introducido tres, como habíamos dicho. Lo normal es que salga a delante, por lo menos, uno de ellos.

Al salir, y para no llamar la atención, Emmet fue en encargado de sujetarme, ya que yo no era capaz de dar dos pasos seguidos, debido a la droga inyectada. Rose podía conmigo fácilmente, pero no era muy normal que ella pudiese cargarme con esa facilidad.

Teníamos un coche esperándonos a las puertas de la clínica que nos llevó a casa en cuestión de minutos.

Nada más llegar, Rose me cargó hasta mi dormitorio, donde me desnudó, me puso un camisón y me acostó. Casi no podía manter los ojos abiertos. Así que no fui consciente de nada de esto, hasta el día siguiente, que durante el desayuno, ella me comentó todo lo que había pasado una vez estuve dormida.

- Bueno, ahora solo hay que esperar – Suspiró visiblemente nerviosa.

Estiré mi mano para posarla encima de la suya, en un gesto para transmitirle ánimos y sobre todo paciencia.

- Rose... Tranquila. Quedan muchos días, no te agobies. - Asintió no demasiado convencida.

- Ya verás como todo saldrá bien – Seguí intentando animarla, aunque realmente confiaba en que todo iría según lo previsto – Además, si de esta no va, tenemos muchos más óvulos congelados.

- Mirar quien se ha despertado ya – Emmet apareció con Nora, que venía adormilada, pasando sus manitas por el fortísimo cuello de su "tío Emmet". Nos lanzamos una mirada de entendimiento entre él y yo.

El llegar con Nora justo en ese momento, fue de lo más oportuno para distraer a Rose.

Durante varios días, ni Rose ni Emmet me dejaron hacer ni el más mínimo esfuerzo. Solo me permitían ducharme sola, y porque consideraron que el levantar el bote del gel no era un peso excesivo.

Iba de la cama al sofá y viceversa. Las comidas, y cualquier cosa que quisiese, las tenía en mis manos incluso antes de pedirlas. Ambos estaban de lo más solícitos y permisivos.

No recordaba haber estado tan bien atendida como en esos momentos.

Después de tres días de reposo prácticamente absoluto, y muchísimas horas de aburrimiento, se me permitió salir a la calle a dar un paseo.

Ya estábamos a mediados de abril y la temperatura era muy agradable; la primavera en Nueva York era una de las mejores estaciones del año. Además que necesitaba que me diese el aire en la cara y mover las piernas.

Por supuesto, salíamos bien temprano o a última hora de la tarde, ya que no sería muy normal ver a alguien caminando por los limítrofes de Harlem, donde vivía, brillando como miles de diamantes.

- Bella debes cuidarte y no realizar ningún movimiento brusco. Para que el embrión se implante y evolucione – Me repetía Rose una media de mil veces al día.

- Rose... La gente se queda embarazada y sigue su vida sin problemas... Que haga reposo unos días, para no correr el riesgo de tener algún percance, vale... Pero no puedo quedarme quieta durante dos semanas. Al final el bebé no saldrá adelante por exceso de estrés.

Entre tanto, seguía mensajeándome vía whats app con Edward y Alice. Y de vez en cuando con Esme y Carlisle. Los cuales, a excepción de Alice, no sabían nada.

Y ella, tampoco hacía mucha mención al tema. Incluso durante esos días, hablamos más bien poco. Cosa que me extrañó.

Pero lo que si que me resultaba realmente extraño, era hablar con Edward teniendo que ocultarle semejante noticia.

La siguiente semana, fue mejor. Entre Emmet y yo, convencimos a Rose para que no fuese tan obsesiva y por fin, pude ir a la librería, prometiendo que no realizaría ningún esfuerzo.

Entendía su agobio y su afán de cuidarme, pero a veces se ponía un poquito paranoica y necesitaba alejarme de ella.

El primer día me acompañó, pero al final, acabó por enfadarme así que al día siguiente, Emmet se puso serio con ella y conseguimos que me dejase ir sola.

Una vez conseguido semejante logro, el resto de la semana pasó mucho mejor.

Ella me acompañaba a dejar a Nora a la guardería, y luego yo me iba a la librería.

Para no agobiar de trabajo a Annie, la cual debía estudiar y asistir a clases, Rose se iba de madrugada a la librería y así cuando llegaba tenía gran parte del trabajo listo. Dejaba el horno lleno con la bollería, la cafetera lista, las mesas preparadas y los libros colocados.

Y para darle más tiempo libre a Annie, Emmet era el encargado de ir a cerrar.

- La verdad que lleva tiempo y esfuerzo tener el negocio tan bien atendido, pero es un trabajo bonito. - Comentó Emmet – No me extraña que estés tan contenta. - Asentí.

- Es gratificante. Sobretodo cuando ves a la gente, como te saluda, te habla... y lo cómoda que se sienta allí a despejar y descansar.

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Por fin, el día de comprobar el resultado de la inseminación llegó. Los tres estábamos sumamente nerviosos mientras esperábamos sentados en el despacho de la doctora.

- Buenos días – Nos saludó. - Isabella, acompáñame; vamos a extraerte un poco de sangre y en unos minutos tendremos el resultado. - Hice como me indicó y pasamos a una sala paralela a su despacho.

Volví sobre mis pasos y mientras ella adelantaba trabajo, esperamos el resultado allí sentados.

Nadie hablaba; la tensión era más que palpable en el ambiente.

- Que bien vendría ahora mismo Jasper aquí, ¿verdad? - Comenté por decir algo; aunque lo pensaba de verdad.

Ninguno contestó. Me miraron con sendas sonrisas ligeras y ahí se acabó la conversación.

La suerte es que no tuvimos que esperar mucho, ya que unos diez minutos después, la doctora apareció con un papel en las manos.

- Veamos... - murmuró mientras abría el sobre. De repente, noté una mano sobre la mía.

- Si no salió bien, da igual, Bella... - Me murmuró Rose con dulzura en su cara – Te lo agradezco igualmente... Solo quería que lo supieras. - Los ojos se me llenaron de lágrimas por su falta de egoísmo en esos momentos.

- Bueno... pues he de daros mi mas sentida enhorabuena. Chicos, el resultado es positivo. - Abrí los ojos como platos y el pulso se me disparó en las venas – Y por los resultados de la hormona GCH, creo que han fecundado dos de los embriones. - Mis ojos estaban en otra órbita, secándoseme de no pestañear. - Vamos a hacer una ecografía para comprobarlo. Aunque es pronto, disponemos de un ecógrafo extraordinariamente fino, así que nos permitirá ver algo ya.

Me levanté y la acompañé detrás de un biombo. Me desvestí de cintura para abajo tapándome con la batita azul. Me senté en la camilla ginecológica y, ya acostumbrada, acerqué el trasero al borde disponiendo una pierna en cada agarradera.

- Bueno, esto está un poco frío.

La ginecóloga me introdujo ligeramente en la vagina algo similar a un pene de metal protegido con un preservativo, y comenzó a moverlo mientras se concentraba en una pantalla de ordenador.

- ¡Ahí están! - Exclamó – Mira – Me indicó dos puntitos negros en la pantalla que tenía delante de mi. - ¿Ves esas dos formas, parecidas a dos habas? Son vuestros bebés. - Asentí sin ser capaz de hablar.

Una emoción me llenó el organismo obstruyéndome la garganta; incluso podía decir que sentí ganas de llorar.

Enfoqué la vista de nuevo y miré aquellos dos puntitos negros en la pantalla.

Son nuestros bebés... y están dentro de mí

- ¿Podríamos dejar que los papás pasen y los vean? - Le pregunté conteniendo todo lo que podía esa emoción que amenazaba con emerger a borbotones de mis entrañas.

La médica se lo pensó unos instantes, hasta que sonrió y asintió. Sacó el pene metálico y salió del cubículo.

- Señores Cullen, a Isabella no le importa que pasen... Imagino que quieran ver a sus bebés.

- Por supuesto – Escuché la emocionada voz de Rose.

- Usted también, señor Cullen. Isabella los invita a ambos.

Al momento, los tres hicieron acto de presencia.

Mi situación no era demasiado femenina que digamos, pero la bata me cubría perfectamente mis partes íntimas y que Emmet me viese espatarrada, en aquellas circunstancias no me importaba.

Estaba demasiado impactada y emocionada para pensar en vegüenzas en ese momento.

La doctora volvió a introducirme aquello, lo movió y enfocó para que visualizásemos, de nuevo, los dos puntitos negros.

- Señores Cullen... Les presento a sus hijos. - Anunció muy solemne y sonriente la doctora.

- ¡Oh, Emmet! Son nuestros bebés... - Murmuró Rose, visiblemente emocionada.

Alcé la vista hacía atrás, donde estaban dispuestos, y los vi: Contemplé en estado puro, la felicidad irradiante en sus rostros. Entonces, en ese momento, fui completamente consciente de que mi regalo, mi sacrificio en estas semanas, había valido la pena.

Emmet tenía a Rose abrazada por encima de los hombros, acurrucándola. Entonces, cada uno posó una de sus manos en cada uno de mis hombros.

Nos miramos, y en aquel momento, los tres supimos que nuestra relación había ascendido y evolucionado, convirtiéndonos en familiar real. Y que desde aquel momento, en que vimos a nuestros bebés por primera vez, se había forjado un vínculo indestructible entre nosotros.

La ginecóloga hizo unas comprobaciones y nos imprimió dos copias de la ecografia, asegurándonos que todo iba perfectamente.

Me recetó unas nuevas vitaminas y reajustó la dosis del ácido fólico, ya que era un embarazo gemelar y eso conllevaba más desgate por mí parte.

Nos citó para cuatro semanas después, para seguir el embarazo mes a mes.

No quise pensar cuánto dinero constaría un control mensual del embarazo.

Justo antes de que saliesen para darme intimidad para vestirme, Emmet se giró y depositó un beso en mí mejilla. Yo lo miré sonriente, pero sin entender del todo ese gesto espontaneo.

- Gracias Bella... Por todo. - Sonrió emocionado. - Y gracias por permitirme pasar y ver a mis bebés... A nuestros bebés – puntualizó, refiriéndose claramente a mí misma.

Una vez fuera, Rose se lanzó a mis brazos.

- ¡Gracias... Gracias Bella...! Jamás encontraré forma de devolverte esto.

Estoy segura de que si pudiese, en esos momentos estaría llorando.

Emmet también me abrazó y me dio las gracias, visiblemente emocionado.

- Gracias por tu regalo hermanita... Gracias por ese pedacito de ti – Sonrió amoroso.

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Decidimos celebrarlo llendo a comer a un restaurante muy "chic" de Manhattan. Aún teníamos tiempo de margen con Nora en la guardería y con Annie al cargo de la librería y Rose y Emmet sabían que mi vena "vanidosa" seguía ahí, y tal como habían sido las últimas semanas, supusieron, bien, que me haría una tremenda ilusión el comer en un sitio donde hasta hacía unos meses, era habitual en mi día a día.

Mientras esperábamos que nos sirviesen la comanda, revisé mi móvil por si había algún mensaje. Y sí, había uno. De Alice.

Enhorabuena por vuestros mellizos. Estoy deseando verte, te echo de menos

No pude evitar sonreír, y por supuesto contestarle.

Gracias... Estamos muy felices, sobretodo Rose y Emmet. Yo también te hecho muchísimo de menos. Estaba preocupada por ti, porque casi no hemos hablado estos días

Es que... yo ya sabía el resultado de la prueba... Y no quería correr el riesgo de irme de la lengua. Rose me había preguntado y le había dicho que no había visto nada... Quería que esperara como una mamá humana, jajaja!

Jajaja! Alice, eres mala

Tengo muchísimas ganas de verte.

Yo también, Ali. Te he echado de menos

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Rose y Emmet, pasados unos días, decidieron alquilar un apartamento cerca del mío; no querían marcharse para poder seguir el embarazo de cerca, pero devolverme mi propio espacio e intimidad. Por lo menos los meses que pudiese seguir realizando mi vida con normalidad.

Quedándose cerca, también me ayudaban en el día a día, con Nora y la librería, cosa que les agradecía.

Así, después de la feliz noticia, volvimos a la normalidad. Más o menos.

A parte de alguna nausea matutina y contadas carreras al baño a vomitar, me encontraba muy yo. Un poquito más cansada, cuando me extralimitaba, de lo que pudiera haber estado antes del embarazo. Así que mi vida no había sufrido ningún cambio llamativo.

Rose me mimaba como jamás pensé que llegaría a hacer, pero claro, ahora llevaba lo que más quería dentro de mi tripa.

A parte de eso, entre nosotras se fue creando un vínculo sólido y sincero. Manteníamos largas sesiones de charlas, contándonos detalles de nuestras vidas, forjando así ese vínculo.

Dejábamos a Emmet al cargo de la librería, cuando Annie no le tocaba el turno, incluso alguna vez se quedó él con Nora, y nosotras nos íbamos a gratificantes sesiones de cuidados estéticos. Los cuales, debía reconocer, echaba tremendamente de menos.

Las semanas pasaban volando, y la siguiente ecografía llegó casi sin darnos cuenta.

Nuestros puntitos negros, habían crecido y ya eran mucho más visibles; su forma de haba se había marcado más asomando unas pequeñas portuberancias las cuales pronto, serían sus extremidades, haciéndolos parecer muy simpáticos.

Aunque lo mejor de todo, a parte del echo de que el embarazo iba viento en popa, fue cuando la doctora nos ofreció un regalo inesperado: Los latidos de sus corazones.

Cuando nos lo puso por el ultra sonido, parecía que mi propio corazón se hubiese intensificado y unido a los suyos. La emoción me agarrotó la garganta y una lágrima traicionera, se escapó de mis ojos.

- ¿Lo oyes, mamá? - Le dije a una muy visiblemente emocionada Rose, la cual sugetaba mi mano. Asintió con la cabeza, sonriendo embelesada por el apelativo.

- Es el sonido más hermoso... - Clavó sus ojos en los míos con intensidad. - Ahora entiendo a mi hermano – Su sonrisa entonces se hizo más pícara, a la par que dulce y juro que mi corazón dio un repiqueó ante sus palabras.

Edward...

Fui a buscar a Nora y la llevé a casa con sus "titos", mientras yo me iba a la librería para relevar a Annie, la cual estaba acabando sus exámenes de final de semestre.

Las semanas pasaban voladas y el mes de julio comenzaba a apretar con su calor habitual; y este año para mi, con dos bebitos dentro de mi tripa, hacía muchísimo más calor que otros años.

En unos días, nos reuniríamos con el resto de la familia para nuestras vacaciones estivales; En marzo, cuando nos vimos para las vacaciones de pascua, habíamos hablado de comenzarlas a finales de junio o principios de julio, fecha donde Nueva York comienza a quedar desértico y a apretar el calor.

Pero cuando supimos que el embarazo se había llevado a cabo y que era gemelar, entre Rose, Emmet y yo, decidimos posponer el viaje para julio, que era cuando cumplía el primer trimestre y los riesgos disminuían considerablemente.

Yo puse de excusa la librería y los exámenes finales de Annie y que quería darle unos días libres para que se distrajese un poco del extres de esas semanas, ya que luego se quedaría durante unas semanas ella sola al cargo del negocio. Aunque la mitad de Agosto, decí cerrar ya que practicamente no había clientela y así ella, también podía tener unos días para ir a ver a su familia tranquilamente.

También me encargué de darle una jugosa paga extra por todos los favores y horas de más que hacía.

El destino elegido para nuestras vacaciones fue Isla Esme. Una isla en las costas de Brasil propiedad de los Cullen. Un regalo de aniversario de Carlisle a Esme.

- ¿¡Tenéis una isla!? - Exclamé alucinada, cuando me lo contaron en las vacaciones de Pascua.

- Si... bueno, es una forma d epasar unos días tranquilos alejados de los humanos y poder disfrutar del sol – Explicó Carlisle.

Recuerdo la mirada pícara que Edward me lanzó, dejándome temblando y a mi centro palpitando ante la promesa implícita en su mirada lujuriosa.

Pensando en eso, camino a hacerme la última ecografía antes del viaje, los nervios comenzaron a carcomerme.

Me acaricié mi ya ligeramente abultada tripita, pensando en que el embarazo era visiblemente obvio; pensando en la reacción de él cuando me viese; pensando en que ya no podríamos tener sexo salvaje como él me había prometido con aquella mirada y en nuestros días de vacaciones solos que él me había prometido; promesas que ahora no podrían cumplirse.

Que pensara cuando me vea la barriga... Ya no se puede disimular con nada.

- Bella... - Emmet me sacó de mi ensoñación – Tranquila... Edward entenderá esto. - Abrí los ojos pasmada.

- ¿Pero cómo...?

- Podríamos haber escuchado el cambio de tu corazón, atronando, desde la otra punta del estado – Sonrió Rose. - A lo mejor de mano, se queda un poco... ¿Cómo decirlo? - Se golpeó la barbilla con su dedo índice - ¡Pasmado! Pero en cuanto digiera la noticia, se alegrará como todos.

- Si... eso mismo pienso yo... Pero lo que me asusta, es justamente eso: "hasta que digiera la noticia" – Ni tono de voz, no dejaba lugar a dudas a que realmente me sentía intranquila y asustada por su reacción.

Emmet y Rose, no sé cómo y tampoco pregunté, se hicieron con un ecógrafo de última generación, y con suministro médico especializado en obstetra y ginecología a parte de equipación médica y así estar prevenidos ante cualquier percance que pudiese suceder en la isla.

Esta vez no puse objeción alguna a su ostentación ya que ahora, me preocupaba el bienestar de esos dos bultitos que cada vez iban adquiriendo más forma humana dentro de mi vientre.

Cada vez entendía mejor a Laurie.

Laurie...

Si pudiese verme ahora, embarazada de gemelos y con unos instintos de supervivencia hasta ahora desconocidos en mí, estaría mas que orgullosa... !Pletórica!

La doctora nos confirmó que los bebés estaban perfectos y que todo iba según lo previsto. Volvió a regularme las vitaminas y el ácido fólico, a parte de darme algunos consejos de alimentación y horarios de sueño.

- Señores Cullen... Isabella... ya han llegado los resultados de la prueba de ADN fetal – Todos nos quedamos rígidos. Pero la sonrisa de la doctora nos tranquilizó de inmediato. - Los resultados han salido negativos, tienen unos bebés muy sanitos. - Noté como el color volvió a mis mejillas – Y bueno... también tengo el resultado del sexo – Nos miró pícara. - ¿Quieren saberlo?

- Si... ¡Sí! – Contesté sin pensar. Miré hacía Rose – Bueno... si tú quieres, por supuesto. Pero a mí personalmente me haría ilusión.

- Sí, por supuesto... - Contestó ella emocionada. - A mi también me lo haría. Llevo tres meses dándole vueltas a esto – Una risita nerviosa se le escapó de los labios. Emmet, aunque no había dicho nada, se veía ilusionado y nervioso.

- Son un niño y una niña. Enhorabuena, han conseguido la parejita – Sonrió complacida.

Justo antes de que saliesen para darme intimidad para vestirme, Emmet se giró y depositó un beso en mí mejilla. Yo lo miré sonriente, pero sin entender del todo ese gesto espontaneo. Aunque supuse que era por la feliz noticia de que eran una parejita.

Rose y Emmet estaban pletóricos ya que cada uno, quería su mismo sexo. Así, no tenían motivo de disgusto.

Rosa y Azul.

- ¡Dios Bella...! No tendré tiempo suficiente en mil años para agradecerte todo esto. - Rose me acurrucó entre sus brazos con cuidado – Encima de darnos dos bebés... un niño y una niña. Es todo perfecto – Reía pletórica.

- Yo cuando hago las cosas, las hago bien – Alcé mi cabeza de forma teatral, ganándome risas por parte de Emmet.

Esa nueva noticia, no hizo más que alegrarnos más aún las vacaciones, las cuales comenzaban al día siguiente.

Habíamos adelantado la cita con la doctora unos días para poder irnos lo más pronto posible, ya que el calor de Nueva York estaba quemándome.

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Rose me había tenido sumamente entretenida comprando mil cosas para las vacaciones, a parte de cremas solares, protecciones y demás, me compró mil y un conjuntitos premamá para estar cómoda en la isla.

- La tripa ya se te nota, y debes estar cómoda. Aunque, que estemos en una isla perdida, no significa que no vayas a estar guapa, luciendo tu tripita. - Sonrió complacida con sus propias palabras.

- Me recuerdas a Alice... - Le alcé una ceja, y ambas acabas riéndonos.

Alice...

Como la echaba de menos... Muchísimo. Pero me había tranquilizado en mi angustia porque no se hubiese dejado caer por Nueva York en estos más de tres meses, alegando que era muy raro que Emmet y Rose desapareciesen durante todos estos meses y ella de pronto, también lo hiciese. A parte de que Edward sabría con exactitud que venía a verme y no quería escucharlo lamentarse de porque ella sí, y él no.

Pero ahora solo faltaban unas horas para vernos... A ella, al resto de la familia, y... a él.

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Como se tomara Edward la feliz noticia al verle la barriguita a Bella?

Como creeis que le sentara?

ESPERO VUESTROS REVIEWS CON VUESTRAS OPINIONES!