Hola chicas!

LEER, POR FI!:

LA INSEMINACIÓN de Bella, fue con el óvulo de Bella y esperma donado. (NO DE EMMET)

Edward NO ES EL PADRE de los bebés.

Edward y Bella NO son PAREJA. Ellos no han concretado nada, porque su relación también está EN ESPERA; dándole tiempo al tiempo. Ellos se quieren y lo saben, pero Bella está dolida, asustada y algo sobrepasada con la vuelta tanto de Edward, como del resto de los Cullen. Por eso todos, le están dando tiempo a ella, para que se relaje por todo lo que ha pasado en cuestión de unos meses.

Veo que muchas estáis "enfadadas" con Bella porque no le consultó lo del embarazo a Edward. Os aclaro y recuerdo, que Edward estuvo desaparecido durante diez años, dejando a Bella a su suerte. Y de repente aparece, declarándole su amor. Eso pone patas arriba a cualquiera, ¿o no?

Bella decidió la inseminación por su cuenta, porque es una mujer independiente y SOLTERA. Puede que haberselo comentado a Edward, estuviese bien... pero no quiso hacerlo porque no tenía obligación (ya que ellos no son pareja oficial) y no quería arriesgarse a tener discusiones con él antes de tiempo.

ESPERO QUE OS QUEDARAN COSAS ACLARADAS. Si alguna tiene más dudas, mandarme un MENSAJE PRIVADO y os aclararé cualquier duda con mucho gusto.

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CAPITULO 23


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Cuando quise darme cuenta, habíamos llegado a Brasil; donde un coche nos esperaba para llevarnos a los muelles.

Con dinero, todo es cómodo, fácil y rápido.

Emmet le pidió al chófer que diese un pequeño rodeo por la ciudad para que yo pudiera contemplarla. Extasiarme de ella, sería un término más correcto.

Era... mágica. Exótica. Incluso... sensual.

- ¿Algún día podremos bajar y conocer la ciudad, verdad? - Pregunté ilusionada.

- Por supuesto... Eso estaba previsto dentro de las actividades de las vacaciones – Contestó ilusionado Emmet, ante la mirada más que reprovatoria de Rose.

- ¡Vamos! - Protestó él, incluso antes de que me diese tiempo a hacerlo a mí – No seas angustias. No va a bajar ella sola. Lo organizaremos como una excursión familiar. Levaremos a Bella a cenar a algún restaurante típico brasileño. ¡Le encantará!.

- Si... Me gustaría mucho – Contesté emocionada – Rose... ¿no pretenderás tenerme encerrada mes y medio en una isla, no? - Le pregunté con tono agobiado.

- No... pero... Puede ser peligroso. ¿Y si te pasa algo? - Su voz denotaba una creciente preocupación.

- Rosalie... Entiendo que tengas miedo. - Suspiré, agarrándola por los brazos – Yo también lo tengo. Cualquier cosa puede ser peligrosa para nuestros bichitos, pero... intento no pensarlo; porque si no, estaría seis meses encerrada y lo pasaría realmente mal. Comprendo mis limitaciones y soy consciente y coherente con ellas, pero no voy a encerrarme en una burbuja. - Fui tajante.

- Tienes toda la razón... y siento ponerme un poquito – recalcó con sorna – pesada.

En los muelles nos esperaba un magnífico yate, dispuesto para llevarnos a Isla Esme.

La tripulación fue de lo más solícita, ayudándonos en todo. Sobre todo a mí, una vez que sus ojos se posaron en mi tripa.

¿A si que esto es la sensibilidad por las embarazadas? Va a ser genial.

Mi pensamiento me dejó por unos instantes algo descolocada; nunca me habían gustado las atenciones ni el trato empalagoso, pero no sabía porqué, desde hacía un tiempo a estar parte, determinadas atenciones, me gustaban sobre manera.

Exactamente desde hacía doce semanas.

Después de casi una hora, varias nauseas y algún que otro vómito, por fin llegamos.

En cuanto pude posar los pies en tierra firme, el malestar más fuerte cesó. La sensación de mareo aún se mantuvo en mi organismo, pero conseguí que algo de color volviese a mis mejillas.

La tripulación sacó el equipaje y mientras revisábamos que bajaban todas las maletas, escuchamos gritos a nuestras espaldas.

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- ¡Chicos! Por fin... ¡Bienvenidos! - La voz de Esme se alzó por encima del ruido del suave oleaje. - ¡Oh... Nora está preciosísima! - La niña se giró en los brazos de Rose y sonrió a su "yaya".

- ¡Holaaa! ¡Bella! - Me giré y Alice, trotando cual caballo de exposición, venía corriendo y gritando hacía nosotros.

El resto de la familia también la seguían, unos pasos por detrás.

También pude distinguir, por supuesto, a un muy sonriente Edward. Mi corazón dio un brinco de emoción y cierto temor.

- Alice... - El tono de advertencia fue más que patente en Rose. - Cuidado – La miró de reojo, fieramente.

- Tranquila hermana, no la apretaré demasiado – Alice hizo un gesto de desquite con sus cejas y su atención se centró en mi persona.

Después de mirarme la cara y sonreírme dándome así la bienvenida, su atención se desvió un poco más abajo en mi anatomía; concretamente a mi tripa.

- Guau... - Sonrió traviesa – Estás... preciosa. En serio. - Su rostro se contrajo en un gesto de dulzura sin límites.

- Alice... - Gimoteé. - Como te he echado de menos. - No había concluido la frase, ya estaba entre sus brazos. Como añoraba los abrazos amorosos de Alice.

- ¡Eh, eh! No monopolices a nuestra Bella – Escuche protestar a Carlisle.

Llegó la hora de la verdad.

Alice me soltó de entre sus brazos y se apartó dejándome a la vista de todos los presentes que ya se habían unido a nosotros, en el embarcadero.

Sus rostros sonrientes, inmediatamente se tornaron con gesto de asombro para nada disimulado, en cuanto su visión se fijo en mi abultado vientre.

- Pero... - Carlisle fue el primero en... titubear. - Bella... tú... - Me mordí el labio de nervios. No sabía qué decir. La capacidad del habla había abandonado mi cerebro.

- Hay acontecimientos que explicar – Salvó la situación, un tanto tensa, Rose. - Llevemos las maletas y dejemos que Bella se refresque, descanse y coma algo.

Fue simplemente asimilar la palabra "comer" y, otro vómito estrepitoso me llegó a la boca.

Nada más que acerqué la mano a la boca y me giré, tenía a Rose y a Emmet a mis costados, aguantándome este último mientras me doblaba para vomitar en el agua.

Ya que no tenía nada más que devolver, solo fue la contracción de la nausea. Pronto me incorporé, completamente exausta, apoyándome en Emmet, ya que Rose seguía cargando a Nora en sus brazos.

- Vamos hermanita, te llevaré hasta la casa para que te recuestes un poco. - Emmet me sugetó por la espalda para darme apoyo.

Cuando pasamos entre la familia, que hizo un hueco en el círculo que habían formado para recibirnos, lo paré. Necesitaba decir aunque solo fuese un hola.

- En cuanto me recupere un poco, explicaré esto. - Miré a toda la familia, la cual asintió. Les sonreí, intentando mostrarle lo contenta que me sentía por estar allí con ellos. - Estoy feliz de veros y estar aquí, todos juntos. - Esme sonrió dulcemente.

Lo único que me alivió es que nadie tenía mala cara; simplemente estaban sorprendidos, y nadie podía pedirles justificación por ello.

La única cara que destacaba sobre todas, era la de Edward; el cual lucía una mezcla de sorpresa y... traición. Con sus ojos abiertos y brillantes fijos en mi tripa, mostrando un gesto tenso y de enfado; de tremendísimo enfado.

¡Por supuesto! Él había imaginado que estaba embarazada de un hombre, humano. De forma natural.

Debí haber supuesto esto.

¡¿Cómo no lo imaginé?!

Ahora me arrepentía de no haberle dicho nada sobre esto en su momento. Pero temía que me quitase la idea de la cabeza, o que le hiciese daño el hecho que quisiera darles un hijo, siendo biológicamente mío, a sus hermanos y que él, pudiese pedirme tener un hijo juntos. Igual que había admitido ser inseminada con el esperma de otro hombre para Rose y Emmet... era muy de esperar que él llegase a esa petición.

En ningún momento, hasta justamente ahora, no había llegado a la conclusión de que él pudiese pensar que lo había engañado. Aunque en realidad, él y yo no éramos nada oficialmente; manteníamos un "rollito" donde implícitamente nos guardábamos fidelidad pero nada había quedado aclarado. Tema, que estaba pendiente.

- Edward... - El mencionado alzó la cabeza sin mirarme a los ojos. - No es lo que crees...

- Habrá tiempo para las explicaciones más tarde – Interrumpió Rose - Ahora debes acostarte, estas exhausta. Edward... - Lo llamó condescendiente.

Solo dimos dos pasos más, cuando la voz de Edward me hizo contraerme y volver a parar.

- ¿No es lo que parece? - Apreté los ojos, sabiendo que su ira saldría descontrolada. - Yo solo sé que hace cuatro meses que no nos vemos, y que ahora vienes embarazada. - Escupió esa palabra como si le quemase en la boca - ¿Por eso no querías que nos viésemos antes? ¿Por qué estabas viéndote con otro? Eres... eres una...

- ¡Cállate Edward Cullen! - Le gritó Rose interrumpiendo la palabra que había quedado más que implícita iba a soltar. - No tienes ni idea de lo que hablas. Espera que se recupere y os explique antes de sacar conjeturas.

- ¿Conjeturas? No sé que tiene que explicar... Todo está clarísimo – Gruñó.

- Edward por favor... - Le supliqué con la cara desencajada y el corazón dolorido.

- ¿Y todavía tienes la vergüenza de ponerme cara de corderito? Eres detestable – Soltó con asco.

Mi corazón se paró de golpe y las lágrimas llegaron a mis ojos automáticamente; comencé a gimotear como un bebé.

- Bella... por favor, tranquilízate – Me pidió Rose nerviosa.

Le pasó a Nora a Esme para tener las manos libres, pero no le dio tiempo a acabar de traspasar a la niña, cuando me desplomé al suelo.

Lo último que recuerdo, antes de volverse todo negro, fue a Edward lanzándose a por mí, mientras gritaba mi nombre.

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Desperté algo desorientada, aunque recuperada. Tantas horas de viaje, de nervios; el trayecto en barco... En conjunción, había sido algo demasiado.

Pero el haber dormido, no sabía muy bien cuanto tiempo, había conseguido convertirme otra vez en un humano presentable.

Miré a mi alrededor, oteando la impresionante habitación donde me encontraba:

El color era un tostado claro, y los muebles y la decoración iban acorde. Cama con dosel, un armario, una cómoda, dos mesitas y un tocador con un impresionante espejo triple. Todo en color miel, con aire ligeramente rústico.

Al fondo, se abría paso una enorme terraza, con un diván matrimonial lleno de cogines y algunos muebles auxiliares. Y muy en la línea ostentosa, pero elegante, de los Cullen, un jacuzzi cubierto en parte por las hojas de dos palmeras gigantescas.

Me levanté con cuidado, pero ya no estaba mareada. Me encontraba bastante bien; ahora lo que tenía era hambre y sed.

Pero mi curiosidad innata me hizo posponer eso un poco más de tiempo y me dediqué a curiosear.

Abrí el armario y la cómoda para descubrir que toda mi ropa estaba perfectamente colocada.

En el tocador encontré varios artículos de belleza y el baño, que era una monería, decorado también en tonos tostados, con mármoles y varias estanterias, en los cuales estaban todos mis artículos de aseo.

Sin pensármelo, me desvestí y me metí a la inmesa ducha. Me recordaba a la que había tenido en el apartamento de Manhattan. Espaciosa, cómoda y con una alcachofa gigantesca que recordaba la lluvia de Forks.

El agua me quitó la sensación a vómito y malestar, dejándome como nueva.

Salí, me apliqué mis cremas para las estrías y un poco de aceite en el resto del cuerpo. Até mi melena en un moño alto y elegí un biquini con un vestidito premamá, que acentuaba más mi embarazo.

Miré mi reflejo en el espejo y me gustó.

Desde hacía mucho tiempo había sentido curiosidad por saber lo que era estar embarazada, sentimiento que se había acentuado notoriamente cuando Laurie gestaba a Nora. Y ahora comenzaba a sentir lo que era , y me agradaba. Sobretodo el pensar que dos vidas crecían en mí interior. Y aún más, cuando sabía que se las entregaría a una pareja que se amaba y que a ellos, los adorarían y protegerían más que a nada en este mundo.

Y siendo un pelín egoísta, iba a poder descubrir las sensaciones del embarazo sin tener que quedarme con el premio.

Sí, era algo extraño, pero yo nunca había pensado como el resto de la humanidad.

Volví a mirarme de perfil en el espejo, acariciando mi tripa y pensando en mis bebés... Los bebés de mis hermanos.

Esa idea me sacó la sonrisa, mitigando así las duras y recriminatorias palabras de Edward.

¿Qué sabrá él?

Además, si no me decidía a transformarme, cosa que aún me generaba muchísimas dudas, quedaría un pedacito de mí entre los Cullen. Para siempre.

Y con estos dos pequeñitos, les compensaría todo lo bueno que ellos habían traído a mí vida.

Salí a la terraza y me maravillé con las indescriptibles vistas. Podía contemplar el océano Atlántico en todo su esplendor con sus suaves y relajantes tonos azules. Era una de las visiones más tranquilizadoras y hermosas que había observado en toda mi vida.

Desde ese momento supe, que me gustaría estar allí.

En la mesa más próxima al diván, se encontraba un plato con fruta fresca y una jarra con zumo. La boca se me hizo agua nada más verla.

Me senté cómodamente y comí. Tampoco quise llenarme como un globo, ya que si lo hacía, solía tener molestias estomacales después.

Una vez saciada, me decidí a bajar. Me encontraba bien y dispuesta a defender mi decisión pesase a quien pesase.

La casa era enorme. De dos plantas tremendamente espaciosas, las cuales iba mirando según caminaba, pero ya tendría tiempo de investigarla después, ahora lo que quería era reunirme con todos y, sobretodo, que nos saludásemos como era debido.

Cuando estaba completando la escalinata que llevaba al piso de abajo, me llegó la voz enojada de Rose.

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- No vamos a decir nada hasta que llegue. Nos pidió expresamente ser ella, la que os explicase esto.

- Vamos chicos, ya se ha despertado, solo hay que esperar un poco más a que baje. Si no lo hace en un rato, subiremos a buscarla. - Intervino Emmet, con la voz más tranquila que la de su esposa.

- Entonces... - Esme era la que había tomado la palabra – ¿Habéis estado con ella en Nueva York desde que os fuisteis?

- Sí. - Contestó a desgana Rose – Esme, por favor... no más preguntas. Y Edward, hazme el favor de estarte quieto; vas a desgastar el suelo de dar vueltas.

- Edward, hermano... te pido que esperes a que acabe de explicarlo todo y tengas una mente abierta. Bastante has hablado antes, sin saber lo que pasa – El tono de Emmet era conciliador, como habitualmente era, pero había un trasfondo de cierta rabia.

- ¿Cómo puedes pedirme que esté tranquilo? Amo a esa mujer más que a nada en esta vida – Su voz estaba alterada y nerviosa. Aunque sus palabras transmitían un sentimiento sincero que me llenó el corazón – Y ahora que estaba recuperándola... - podía imaginármelo pasándose la mano por el pelo, en ese gesto tan suyo – Y no es por el embarazo... Eso me da igual. Yo me haría cargo de Nora y del bebé que venga. Yo...

Mientras lo escuchaba, llegué a la determinación que lo mejor sería soltarlo de golpe. Ellos tenían una capacidad cerebral para entender muy superior a la de los humanos. Así que me dejaría de rodeos y de miedos. Estaba segura de mi decisión; y no solo eso, si no que estaba encantada con lo que estaba haciendo por Emmet y Rose.

Por fin, había encontrado algo que yo, como humana, podía darles a ellos. Lo único en el mundo, que les era imposible tener de forma propia.

- No estoy viéndome con nadie, Edward. No te estoy engañando – Lo corté, entrando en el salón y ganándome la mirada de todos los presentes.

- ¿Has descansado? ¿Te comiste la fruta? - Rose estaba a mi lado en un microsegundo.

- Sí, sí. - Le sonreí.

- Estas preciosa – Emmet también se acercó y me acarició la tripa.

Todos nos miraban atónitos. No era de extrañar, ya que Rose y yo no nos tolerábamos en el pasado y con Emmet nunca había tenido una relación más a ya de unas simples bromas, a pasar a mantener una relación extremadamente familiar y cariñosa entre los tres.

- Y... Edward, no es un bebé... - Me acaricié la tripa – son dos bebés. - El nombrado abrió los ojos pasmado. - Y no son míos. Son los hijos de Emmet y Rose. Yo, simplemente les estoy haciendo de incubadora – Los nombrados se posicionaron a mi lado.

- ¿Estás haciendo de madre de alquiler? - Preguntó Edward. Asentí.

- Sí... ya te dije que no era lo que parecía. - Lo miré suspicaz. - Pero voy a dejar pasar por alto, que me hayas llamado puta. - La cara de Edward era un auténtico poema. De poder, estaría colorado como un tomate. Le alcé las cejas, esperando sus disculpas.

- Yo... lo siento muchísimo Bella... -Inhaló una gran bocanada de innecesario aire,y se acercó a mí.

Justo cuando estaba a punto de tocarme, Rose se intepuso entre los dos.

- Edward... - Su tono amenazante fue bastante peor que el que había usado con Alice a nuestra llegada.

- Rose no quiere que se la apriete... - Usó la duendecillo un tono cantarín – Debe tener miedo a que le estrujemos los bebés – Rodó los ojos.

- Rose... - le puse la mano en el hombro. - Tranquila. Todos tendrán especial cuidado. - Le sonreí para tranquilizarla.

- Lo sé Bella... pero... Edward es la única persona en el mundo, que puede alterar tus emociones en menos de un segundo. Y ya oiste a la doctora, debes tener tranquilidad.

- Sí... tranquilidad. Pero no estar envuelta en una burbuja. Por ahora el embarazo va como uno normal, me requiere un poco más de esfuerzo todo, pero nada más. Las complicaciones vendrán cuando se acerque el parto. - Ante mis palabras Carlisle asintió. - Asi que si no te importa despejarme el camino, quisiera darle un beso de bienvenida a Edward – Lo miré alzándole las cejas pícara.

- Rose... - Emmet la llamó condescendiente para que se apartara.

Una vez frente a frente, yo fui quien acortó el camino ya que él se había quedado un poquito cohibido.

Me acerqué hasta que mi tripa dio contra su abdomen, sacándonos una sonrisa a ambos; le acaricié la cara con deleite, mirándolo fijamente a los ojos.

- Te he echado de menos... mucho – Le susurré.

- Yo a ti, mucho más. - Suspiró. - De verdad que siento lo de antes... yo, perdí los nervios. - Volvió a pasarse la mano por el pelo. - Los celos me pudieron.

- Lo sé, y por eso no te lo tendré en cuenta... Y... Puedes besarme. Lo estoy deseando. - Noté como mis pupilas se dilataban de deseo.

Apoyó su palma en mi mejilla, acariciándola, y me besó con cuidado. Con deleite, con anhelo. Con amor. Me dio una sucesión de picos, no atreviéndose a profundizar el beso.

- Ejem, ejem... Seguimos aquí – Bromeó Emmet.

Nos separamos, pero Edward pasó su mano por mi cintura, no dejando que me alejase.

- ¿Quieres presentarte a tus sobrinos? - Le pregunté simpática. Puse su mano sobre mi tripa, sin cortar nuestro contacto. - Por ahora no se mueven... aunque espero que no tarden en hacerlo. - Bajé mi mirada hacía nuestras manos – Chicos, este es el tío Edward. - Canturreé.

Saludé al resto de la familia, la cual esperaba impaciente su turno. Ya no solo para besarme y abrazarme, si no para acariciarme la barriguita. Y con todos hice la misma presentación: Tía Alice y tío Jasper; la yaya Esme y el yayo Carlisle; los mismos apelativos que usábamos con Nora.

- Así que... ¿abuelo? - Carlisle fue el último en saludar. Regalándonos un abrazo cariñoso y fraternal - Esto si que es una sorpresa y un acontecimiento. - Exclamó divertido. - ¿Me dejarás que haga un informe médico sobre el transcurso del embarazo? ¿Un seguimiento? - Preguntó tímido.

- Por supuesto. - Contesté rápidamente – He traído todos los informes de mi ginecóloga desde el inicio del embarazo para ti. Y Emmet y Rose se han aprovisionado de equipo obstetra para seguirlo aquí, desde la isla, y por si hubiese algún percance. - Expliqué.

Todos nos sentamos en los sofás y dio comienzo la ronda de preguntas; las cuales contesté encantada.

Estaban entusiasmados y su reacción me encantó llenándome de felicidad. Rose y Emmet no cabían en sí de dicha y orgullo.

- Es un gran regalo. Algo muy generoso de tu parte, Bella. Porque no solo haces padres a mis hijos, sino que nos otorgas un grado de familiaridad entre nosotros aún mayor. - Recitó Esme visiblemente emocionada.

- ¿De dónde habéis sacado los donantes? Supongo que seríais extremadamente cuidadosos con eso – Carlisle volvió a su papel de médico.

- Escogimos un donante que tuviese rasgos genéticos con Emmet, para intentar que haya algún parecido físico. - Ahora quedaba la parte un tanto difícil; sobretodo para Edward y su fértil imaginación.

- ¿Y el óvulo? - Preguntó Carlisle. Mi mirada viajo hasta Alice, la cual me miraba con ambas cejas alzadas.

- El óvulo... - Suspiré – Es mío.

Hubo un ¡Oh! generalizado.

- ¿Tuyo? - Preguntó Edward mirándome desconcertado.

- Ellos me dieron la opción de buscar una donante, pero quise que la parte materna fuese biológicamente mía.

- Pero... estando Nora... Esto es un poco raro. - Comentó Jasper – Esos bebés, son tuyos. Eres su madre.

- Puede ser raro... pero todo está hablado e incluso firmado. - Expliqué. - Mi hija, mi única hija, es Nora. Estos bebés, son hijos de Emmet y Rose. Punto. - Mis gestos corporales, afirmaban mis palabras – Cuando sean mayores, lo suficiente para entender, se les explicará. Sobretodo porque estos niños, cuando llegue el momento, serán vampiros como vosotros y surgirán preguntas y dudas.

- Esto hace que tu regalo sea incluso mayor. De magnitudes inmedibles, para ser más exactos – bromeó Carlisle.

- Mi regalo tiene un doble rasero – Rose apretó mi hombro, sonriéndome con dulzura – Este, es el único regalo que yo si os puedo hacer a vostros; Lo único en lo que puedo superaros. Me pareció algo que podría compensar todo lo bueno que vosotros habéis hecho por mí.

- Bella... No necesitabas hacer algo así para compensar nada. Tu sola presencia, como nos miras o nos tratas desde el principio; y el admitirnos en tu vida otra vez después de dejarte, compensan más que de sobra lo que nosotros hemos hecho por tí, cielo – Explicó una emocionada Esme.

- Lo sé, Esme... pero, quería daros algo importante. Algo mío, un recuerdo de mi paso por vuestras vidas a lo largo de la eternidad. - Mi voz iba perdiendo intensidad a medida que completaba mi declaración.

- Eso significa... ¿Qué ya has decidido no convertirte? - Preguntó Edward sumamente nervioso, aguantando la respiración.

- No lo tengo decidido, para nada. Pero tengo que pensarlo bien. Ahora está Nora. Si yo me convierto, la sentencio a que ella también lo haga en el futuro. Y yo... bueno... - Me mordí el labio.

- Bella no está segura por motivos personales. - Alice miró hacía Edward con intención.

- ¿Tienes miedo a que te deje una vez convertida? ¿Es eso? - Preguntó él. Asentí con timidez.

Edward me sujetó de los brazos, haciendo que lo mirara.

- Eso no pasará. Te dejé la otra vez porque eras humana, porque eras una niña que no había vivido nada. Y temía que te ocurriera algo, miedo a perderte por andar metida entre vampiros. Y miedo a trasformarte tan joven, por si llegaba el día en que quisieras volar y experimentar por ti sola; que pudieses cansarte de mí. - Explicaba con cierta alteración.

Sus palabras estaban cargadas de sinceridad; mi corazón me lo confirmaba, pero ahora ya no era todo tan sencillo. Mis miedos más ocultos, no me dejaban creerlo con la misma facilidad que antaño. Pero después de todos estos años me había construido una vida y una carrera, saboreado experiencias humanas, hecho nuevas amistades, todo lo que él me había pedido, lo que él quería para mí vida humana; y ahora, cambiar todo eso, me resultaba perturbador.

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Dejamos el tema, gracias a la inevitable, pero esta vez agradecida, intervención de Rose y su "obsesión" por mi tranquilidad.

Carlisle me pidió de forma cómplice, si podía hacerme una eco y así ver a los bebés, a lo cual acepté, y los padres también, encantados.

En un santiamén montaron una sala ginecológica en una de las habitaciones libres, desembalando todo el material que habíamos traído y armándolo perfectamente.

Toda la familia se reunió en mi nueva sala ginecológica para ver a los futuros bebés Cullen.

Cuando la imagen se hizo nítida y Carlisle amplió la imagen, las figuritas de ambos bebés, salieron claras en la pantalla, sacando otro ¡Oh! generalizado de los presentes.

No puede evitarlo y la mirada se me fue sola hacía Edward, el cual contemplaba a sus "sobrinos" embelesado.

- Bueno... y ahora, la guinda del pastel – Carlisle me sonrió y yo entendí perfectamente a lo que se refería: El latir de sus corazones.

En cuanto dio al botón, un par de fuertes y enérgicos corazones retumbaron en la habitación, conmocionando a la familia.

- ¡Por Dios bendito! - Exclamó Esme, no perdiendo detalle de la imagen. - Es un milagro... Es el milagro de la vida.

- Y es tu regalo... para nosotros. Nos regalas vida – El tono de Alice era conmovedor; se giró y ambas nos miramos; sus ojos transmitían dulzura, pero había otro sentimiento que no supe identificar. Era una alegría oculta, algo que la hacía feliz exclusivamente a ella.

Cosas de Alice.

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Los días pasaban tranquilos, felices y divertidos. Aunque no podía hacer muchas actividades que me hubiese gustado realizar, había otras muchas que sí.

Tomaba el sol, comía fruta exótica, daba paseos por la orilla del mar, me bañaba aunque jamás sola, hacíamos rutas caminando en las cuales acababa al poco tiempo subida en los brazos de alguno de ellos para que no me fatigara y descubríamos, o por lo menos yo, pequeños estanques escondidos entre la vegetación.

Eran unas vacaciones más que fantásticas. Eran perfectas, o casi.

Ya que yo no podía hacer "travesuras", los chicos se dedicaban a entretenerme llenando el día con bromas y payasadas para sacarme la risa.

Y mientras, las chicas andaban a mi alrededor como si me hubiese convertido en su propio sol. Atenciones especiales a parte, entre nosotros se había creado un vínculo distinto. Más intenso.

Aunque los bebés eran de Emmet y Rose, este embarazo de algún modo, nos había convertido en familia.

Así podría ser si me convirtiese. Una vez dejase de ser delicada, podría tener independencia como tienen los demás. Podríamos seguir juntos, pero no revueltos, para siempre.

¿Por qué tantas dudas?

Si en el fondo, sigo deseando ser como ellos. Empezar una eternidad junto a la que he considerado mí familia desde el principio.

...

¿Por qué tantas dudas?

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¿Por qué tendrá tantas dudas Bella?

¿De qué tiene miedo?

Espero vuestras respuestas y opiniones!

Besos babys