Disclaimer: Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto, escribo esta trama sin fines de lucro, solo para entretener.
Summary: Soledad. Los dos han perdido a su ser más amado. Educan lo mejor que pueden a sus hijas. Y a pesar de que no se odian, tampoco se agradan. Se parecen tanto que jamás lo van a admitir, ni al público ni para su adentros.
Notas: Agradezco los reviews bonitos de RankaxAlto, fadebila, Tobi Uchiha-chan, Cristhina y Guest de Jun 24.
Sin más, las dejo con el segundo capítulo :)
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Parte II: Crisálidas
"Lentamente te amo".
Ahora entendía por qué no recordaba a Hiashi Hyuga de la academia. Simple, porque él no fue a la Academia Ninja. Por ser nacido como el primogénito de la familia se convirtió automáticamente en el heredero del clan, además no pertenecía a su generación, sino a una anterior. Hizo cuentas mentales y resultó que Hiashi era apróximadamente catorce años mayor que ella. Le resultaba casi imposible de creer, él no se veía tan viejo.
El sonido de la lluvia de afuera siempre lograba hacerla pensar en cosas del pasado. En cosas absurdas. Simplemente se sentaba frente a la ventana para ver y escuchar el tamborileo de la lluvia y su mente empezaba a recordar cosas como si fuera un pequeño cinema en blanco y negro. El relámpago blanco tan deslumbrante la hizo volver a la realidad y Kurenai miró su panza de embarazada a meses ―o tal vez a semanas― de dar a luz. Era una lluvia fuerte como la de la noche en que tuvo el presentimiento de que Asuma estaba muerto. Sus predicciones resultaron ser verdaderas lamentablemente.
Hacía frío, sin embargo, la ventana estaba abierta, dejando entrar la tupida lluvia que mojaba todo el piso y lo que había alrededor del cristal. Los truenos retumbantes casi la dejaban sorda de un oído pero ella no cerraba la ventana. Y no la cerraría.
No, porque si la cerraba era como si no dejara entrar a su amado Asuma.
Y esa noche era como aquella noche triste, en donde hubo alguna vez una frágil esperanza de que él regresaría a casa.
Qué estúpida.
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Mientras veía las manecillas del reloj que apenas se movían ella contaba los segundos, preguntándose si aguantaría un poco más sin él.
Asuma.
No podía ponerle Asuma a la bebé como todos creían, ¿Cómo está Asuma-chan? Odiaba cuando elegían por ellos mismos el nombre de su bebé. Aún no podía dejarlo ir y le afectaba el solo hecho de que mencionaran su nombre. De pronto sus pensamientos se vieron cortados cuando escuchó que alguien tocaba la puerta de su casa. Cuando fue a recibir a su visita abrió los ojos como platos, preguntándose si estaba dentro de un genjutsu puesto que Hiashi Hyuga se encontraba de pie frente a ella.
—Buenos días, Kurenai ―La saludó antes de que ella dijera algo, incluso después ella no fue capaz de articular alguna palabra. El hombre estaba enfundado en una yukata formal de color negro y su cabello largo estaba recogido en una coleta baja ―. ¿Puedo pasar? ―Aquella pregunta la truncó. ¿Era una broma? ¿Hiashi en su casa? Ellos nunca se habían llevado bien y, ciertamente, no era de sus personas favoritas. Habían tenido varias rencillas en años anteriores. ¿Qué diablos hacía él allí?
A modo de respuesta Kurenai se hizo a un lado para que él entrara.
—Me has tomado por sorpresa ―Le dijo la mujer hablándole por fin e hizo una señal de que podía sentarse en la sala ―. ¿A qué debo tu visita?
Hiashi, con elegancia, se sentó en uno de los sillones de la sala. Mantuvo su mirada en la mesita de centro, sin desviarla a otra parte hasta que Kurenai se sentó en el sofá pequeño, frente a él. Su expresión no era fría, pero tampoco era amable. Más bien era… normal.
—Vine personalmente para presentar mis condolencias ―musitó respetuosamente, viéndola a los ojos. Kurenai se sorprendió de encontrar cierto abatimiento en la mirada de Hiashi. Su rostro estricto ya no era joven como hace algunos años, cuando éste prácticamente abandonó a su propia hija en los brazos de Kurenai. Lucía más maduro y cansado. Lucía como una mejor persona.
—Gracias ―dijo amargamente, desviando la mirada ―. ¿Hinata está bien? ―Cambió de tema en seguida, no quería soportar una maldita condolencia más. Las odiaba.
—Sí ―dijo él con firmeza, sintiéndose un tanto incómodo por el cambio tan abrupto de tema.
La Yūhi se quedó viendo al frente. Recordó que él también había perdido a su esposa, dejándolo solo con dos pequeñas niñas. Kurenai pensó que si ella se estaba volviendo loca del dolor con un bebé en el vientre, francamente no quería ni imaginarse cómo lo había pasado él, que había tenido que ser el doble de fuerte.
Ahora que ella lo pensaba, no, más bien ahora que ella sentía lo que era una perdida, podía comprenderlo un poco. Creía que podía justificar de alguna manera extraña su comportamiento para con Hinata cuando ella era una niña. El perder a alguien te volvía arisco, amargado, hacía que odiaras tus pasatiempos y que consideraras que todas las personas eran molestas. Kurenai se autoreconoció así cuando perdió a su padre, solo que pudo superarlo rápido por su profesión de kunoichi, se mantuvo ocupada hasta que de repente el dolor aminoró y pudo acostumbrarse a él. Pero con Asuma era diferente, no podía trabajar porque cargaba con una vida dentro de sí misma que la unía a él. Era totalmente desesperante no poder hacer nada más que seguir sentada de brazos cruzados. Sin poder tomar venganza por su propia mano, sin lograr que el clan Nara le permitiera rematar a ese cabrón llamado Hidan. No, porque estás embarazada, le decían. No, porque Hidan ahora es propiedad de Konoha.
―Con el tiempo se vuelve más fácil ―exclamó Hiashi. Kurenai sintió que la taladraba con la mirada y desvió los ojos.
―¿Así que estás aquí para brindarme un patético consuelo? ―sonrió con acidez y luego lo encaró con adusto ceño.
―Tómalo como quieras ―alegó el hombre castaño, haciendo que la mujer abriera grandes los ojos, sorprendida por su brusquedad.
―¿Qué estás haciendo aquí, Hiashi? ―Sintió que le ardían los ojos. Hasta ahora, todas las personas la trataban con delicadeza y palabras dulces, con mimos, intentando confortarla. Él no.
―Hinata está preocupada por ti. Ha descuidado sus entrenamientos.
―De modo que es por los entrenamientos ―Pareció reclamarle agriamente.
Hiashi soltó una exhalación de cansancio. Ciertamente él tampoco sabía qué era lo que pretendía lograr yendo allí para presentar su pésame. Pero de alguna forma, cuando se enteró del deceso de Asuma Sarutobi y que ella estaba embarazada, sintió una extraña similitud en sus vidas. Su esposa también había muerto cuando las niñas eran prácticamente unos bebés.
Al final de cuentas solo había venido con la intención de darle sus condolencias, esperando alguna reacción de agradecimiento pero no resultó así, ahora Kurenai estaba enojada. Las mujeres fuera del clan Hyuga eran seres muy difíciles de sobrellevar y de entender.
―¿Estás bien financieramente? ―preguntó. Kurenai abrió grandes los ojos.
―¡Pero que! ¿En verdad estás preguntándome eso? Por supuesto que estoy bien, ¿O acaso piensas que Asuma me dejaría desamparada, idiota? ―lo miró molesta. Ni ella misma sabía por qué le enfadaban tanto sus preguntas.
―No, lo siento. Si quieres hablar eres bienvenida en la mansión Hyuga.
―¿Acaso tienes un certificado de psicólogo? No soy una mujer débil ―Se cruzó de brazos.
―Eres imposible, Kurenai Yūhi ―Dictaminó, negando con la cabeza y se levantó, caminando para salir, abrió la puerta por sí mismo.
―¡Kurenai Sarutobi! ―Lo corrigió con disgusto.
El Hyuga estaba poniendo un pie fuera cuando la voz de Kurenai lo detuvo.
―¡Espera! ―corrió un poco para alcanzar el borde de la yukata con su mano y detenerlo.
Hiashi se sorprendió por tal comportamiento y giró su cuerpo de medio lado, mirándola con confusión. Kurenai se sonrojó un poco al verse llamándolo, impidiendo su ida.
―¿Qué sucede? ―inquirió cuando la castaña se quedó como petrificada.
―¿Cómo… Cómo lo lograste? ―Bajó los ojos, avergonzada ―. ¿Cómo lograste superar el dolor?
Hubo una ligera pausa. La mujer se sintió culpable, no sabía por qué le había molestado tanto la visita de Hiashi. Pensándolo bien odiaba pedir ayuda, que la vieran débil.
―No se supera ―Hiashi volteó hacia ella completamente, estrujándole suavemente el brazo –, se aprende a vivir con él.
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Aquella noche no pudo dormir. El consejo de Hiashi Hyuga taladraba su mente. ¿Acostumbrarse al dolor? Eso no era posible. La mujer de ojos rojos volvió a llorar, a pesar de haberse prometido no hacerlo nunca más.
Al día siguiente, por la tarde, no supo por qué pero ya se encontraba frente a la mansión Hyuga. Por suerte Hinata no daba señas de estar por ahí. Los sirvientes la pasaron a una sala de estar donde Kurenai se acomodó sobre un cojín afelpado. Le sirvieron té y galletas. Para cuando Hiashi llegó al recinto, Kurenai había devorado todo lo que le sirvieron. Lo vio algo abochornada. Seguramente le preguntaría si se estaba alimentando bien.
Hiashi al otro lado de la mesa la miró fijamente, como estudiándola.
―Los veranos en Konoha son cada vez más calurosos ―opinó Hiashi, empezando a abanicarse con la mano.
―S… Sí ―respondió insegura sin poder mirarlo por mucho tiempo.
―En estos momentos Hinata está presentando su examen de ascenso a chūnin ―Pareció meditar y lanzó un suspiro de preocupación.
―¿Qué? ―aquello tomó a Kurenai por sorpresa.
―¿No lo sabías? Lo siento. Supongo que Hinata no quería decírtelo para que no te preocuparas en tu estado.
―No hay problema ―Negó con la cabeza ―. Aun así me hubiera gustado que me lo dijeran. Supongo que Kiba y Shino también han ido.
―Así es. No le digas a Hinata que te dije.
―Uh… tranquilo ―sonrió de medio lado, un poco más cómoda. Al Hyuga le sorprendió ese gesto en Kurenai. Desde que se conocían no se habían dedicado ninguna amabilidad. Era extraño compartir una taza de té con esa mujer.
Ella se quedó viendo el arreglo de flores blancas que había en el centro de la mesa café. Hiashi la contempló pasivamente. Su cabello seguía largo y ondulado, con ese estilo que la caracterizaba, su piel era blanca y tersa. Lo único que la diferenciaba de la Kurenai de años pasados era su uso nulo de maquillaje. Sus parpados móviles y sus labios estaban al natural. Hiashi se quedó observando el labio inferior de la mujer. Era más grueso que el superior. Aquello lo descolocó, bajó la mirada de inmediato, mirando su taza de té frío.
―¿Has estado bien? ―Viró el rostro hacia la pared. Kurenai lo vio con una ceja enarcada. No porque no la mirara, sino porque se estaba esforzando en mantener una conversación con ella.
―Has cambiado ―Le dijo la mujer con voz suave y una sonrisita. Hiashi la observó confundido, ahora parecía que no le desagradaba como ayer.
―Espero que para bien ―Él mismo se vio sorprendido por esa respuesta tan ingeniosa de parte suya.
―Eres más bueno con Hinata. Me ha dicho varias veces que has entrenado con ella.
―Sí, bueno, ya sabes. Para el examen chūnin.
―Lamento estar discapacitada para entrenarla. Tú me la encargaste hace tiempo, la dejaste bajo mi cuidado… ―Se preocupó, mordiendo su labio inferior.
―Kurenai ―La detuvo ―. Soy el padre de Hinata. Sé que fui estricto en el pasado… bastante malo, debo admitir. Yo solo buscaba que mis hijas fueran fuertes y no veía lo que hacía porque estaba enojado con todos ―musitó con un poco de incomodidad, aunque no por eso desvió la mirada ―, pero… Hinata no se rindió. Tampoco Hanabi. Me demostraron que el débil solo era yo.
Él solo buscaba una forma de hacer fuertes a sus hijas y no veía lo que hacía porque estaba enojado con la vida, enojado y dolido como lo estaba ella ahora.
―Me siento bien entrenando a mi hija, es decir, creo que es algo bueno.
―Me alegra escucharte decir eso. Hinata siempre te ha querido como su padre, en vez de molestarse contigo se molestó consigo misma, se echó la culpa de todo.
―Así es ella ―Se encogió de hombros.
―Sí ―sonrió ―. ¡Oh! Pero no te estoy reclamando, ¿de acuerdo? ―Se asustó.
Hiashi lanzó una pequeña risita, tan ligera como el viento. Kurenai se permitió sonreír de medio lado también.
―Tranquila ―Indicó con un ademán de la mano que todo estaba bien ―. Solo decías la verdad.
―Perdón, yo… venía solo a… y terminé hablando de cosas… ―Empezó a volverse un poco nerviosa.
―Está bien. No estoy molesto.
Un sirviente entró a dejarles más galletas. Kurenai tomó una, amenazando con terminárselas otra vez. Degustó la galleta y cuando terminó de comerla se quedó pensativa.
―Oye, Kurenai ―abordó Hiashi ―, puedes venir aquí cuando quieras para hablar, o para visitar a Hinata. Si necesitas cuidados médicos podrías quedarte en la mansión. Contamos con especialistas en maternidad.
―Estaré bien ―Se levantó ―. Además, todavía me faltan algunas semanas.
Iba a irse pero unos pasos más y se detuvo, dándole la espalda.
―Tu esposa… nunca nadie supo su nombre.
Un largo silencio abrazó el lugar volviéndolo casi tétrico. Kurenai sabía perfectamente que estaba tocando un punto sensible del clan Hyuga. La misteriosa esposa del líder.
―Hatsune ―contestó Hiashi con algo de frialdad, haciendo eco en la habitación de madera ―La amaba más que a nada. Pero ella a mí no.
―Matrimonio concertado ―susurró la Yūhi, bajando los ojos.
―Sí. Algo buscaba en mí, y yo nunca supe qué era, por lo tanto, nunca estuvo feliz.
―Conociéndote ―Kurenai lo miró por encima de su hombro ―, estoy segura que ella solo quería tu cariño.
―No ―negó Hiashi de inmediato, tranquilo ―, ella quería ser libre.
Kurenai se volteó completamente, observó a un Hiashi distante y pensativo, perdido en las marañas del pasado.
―Hiashi. ―murmuró. El Hyuga volteó a verla. Ella no supo qué decir, solamente lo había llamado inconscientemente ―. Vendré mañana ―Fue lo único que atinó a expresar para después abandonar el recinto.
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El aceite le saltó en el dorso de la mano, Yoshino gimió en un susurro. Solo habían sido algunas diminutas gotitas. Comprobó que el tocino del sartén estaba listo y los estaba sacando para terminar de adornar el plato del desayuno cuando la sorprendió el timbre de la casa. Se apresuró a terminar y dejó el plato en la mesa.
―¡Shikamaru, el desayuno está listo! ―gritó por el pasillo mientras caminaba hacia la entrada. Cuando abrió la puerta se topó con una joven de cabello azul y ojos blancos. Aquél hecho la pescó desprevenida y no pudo evitar el levantamiento de cejas ―. ¿Hinata-san? ―inquirió confundida, no muy segura del nombre de la señorita.
―Hola… B-Buenos días ―saludó amablemente, aunque nerviosa –, ¿cómo s-se encuentra, señora Nara?
―Bien, ¿y tú? ¿En qué puedo ayudarte? ―sonrió.
―Yo… lamento las molestias pero… quisiera hablar con Shikamaru-kun, ¿se e-encuentra?
―Claro, pasa. ―Se hizo a un lado y Hinata entró en la sala, aunque no se sentó, solo se quedó de pie en una esquina ―. No te quedes ahí, sígueme ―La animó. Hinata caminó tras la mujer. Transitaron por un pasillo hasta llegar a una puerta corrediza que estaba abierta, dentro podía verse una habitación revuelta y un chico de aspecto perezoso tumbado en el tatami.
―Shikamaru, tienes visita ―Le avisó a su hijo y se fue sin más, dejándolos solos.
La familia Nara era tan transparente y confiada que Yoshino sin problemas dejaba entrar a muchachitas al cuarto de su hijo con la esperanza de que éste tomara interés en alguna, cosa que nunca funcionaba. Tampoco era como si entraran muchas, de hecho solo Ino, y la Hyuga había sido la segunda. Por otro lado, Hinata se sonrojó súbitamente al quedarse en el marco de la habitación del Nara. Era tan apenada con todo que el solo hecho de verlo acostado le hizo girar y darle la espalda.
―Lo… Lo siento p-por molestarte.
Shikamaru abrió un ojo y se levantó a la mitad de mala gana, quedando sentado, con las piernas cruzadas. Lanzó un bostezo al aire y se rascó la nuca.
―Está bien, ¿qué sucede? ―inquirió tallándose los ojos ―. Uh, ¿Kurenai-sensei está bien? ―Se alarmó de pronto. Era la única cosa que tenían en común; Kurenai Yūhi.
―Sí ―Le aseguró en seguida ―. Ella está perfectamente bien. S… Solo que la fecha de p-parto está próxima. Mi padre l-le ha ofrecido a Kurenai-sensei quedarse los días restantes en la mansión Hyuga p-pero ella nunca escucha. También le he propuesto quedarme en su casa… pero no aceptó. Yo… pensé que si tú hablabas con ella… tal vez p-pudieras convencerla, Shikamaru-kun ―explicaba de espaldas, sin atreverse siquiera a girar un poco.
Shikamaru se quedó pensando un momento y luego volvió a rascarse, esta vez detrás de la oreja.
―Las mujeres embarazadas son muy problemáticas ―Se quejó en su usual tono pesimista, aunque todos los que lo conocían estaban habituados a eso. No es que él fuera una mala persona, era más bien que tenía la costumbre de llamarle problemático a casi todo lo existente ―. No te preocupes, yo hablaré con ella en la tarde.
―Muchas gracias, Shikamaru-kun ―sonrió ampliamente ―. Yo… no te quito más t-tiempo. Me voy. Gracias p-por recibirme ―Cerró los ojos y entonces sí volteó, dándole una pequeña reverencia, después se fue.
―Chica problemática ―exclamó Shikamaru apesadumbrado. Ahora tenía que ir a tratar de hacer entrar en razón a la mujer de su antiguo sensei.
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Intentó caminar más rápido pero no pudo llegar a tiempo. Cuando arribó a la mansión Hyuga, Hanabi la recibió con la noticia de que su padre y Hinata ya habían partido a la guerra. Kurenai se mordió el labio inferior y no pudo resistir las lágrimas saliendo de sus ojos. Temía perderlos. Hanabi la convenció de pasar la noche en la mansión. Aquella noche durmió en la habitación de Hinata.
Siempre pensó en ella como a una hija mayor. La cuidó desde que era una niña asustada, despreciada por su familia, le mostró lo que podía hacer, le dio ánimos para seguir, incluso ella misma se vio varias veces ayudándola para que entablase diálogos con el rubio que le gustaba. Ahora no sabía si volvería a verla.
La guerra era cruel. No respetaba edades ni sexo. La muerte era muerte. La guerra era guerra. Fueron dos días de incertidumbre, de sentir el alma fuera del cuerpo, sintiendo que se ahogaba. Casi no comió en esos días, no podía pasar bocado a pesar de que lo intentaba, de todas formas terminaba vomitando todo. Lo único que lograba ingerir era té y galletas integrales. No más.
Hanabi también estaba al borde del pánico, aunque se esforzaba en mostrarse serena. Kurenai la observó un largo tiempo mientras se hospedó en la mansión. Se estaba convirtiendo en una hermosa señorita, aunque siendo sincera a Kurenai no le gustaba su corte de cabello que le llegaba al término de las orejas, sentía que de alguna forma había tratado de imitar el peinado de Hinata cuando era apenas una genin, aunque no había logrado su cometido. Las facciones de Hanabi no eran como las de Hinata, al menos no con ese corte adusto y disparejo, tenía el cabello castaño como el de su padre, y su rostro era más duro y apiñonado.
―¿Estás asustada? ―Le preguntó Kurenai.
Hanabi viró los ojos hacia ella.
―Yo… tengo miedo de que Hinata-neesan no regrese. Tengo miedo de no poder pedirle… de decirle… tantas cosas.
Giró el cuerpo y le dio la espalda a la mujer. Recordó a la pequeña niña peleando con su hermana mayor, cuando Hiashi le relegó a Hinata. Hanabi lucía ruda, altiva, a pesar de su corta edad, era fiera para pelear y había sido elegida para ser entrenada personalmente por Hiashi Hyuga, mientras que Hinata había tenido que ir a la academia ninja para recibir los conocimientos.
―Los Hyuga han cambiado mucho ―habló Kurenai para ella misma.
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Los miembros del clan Hyuga llegaron en grupo. La rama secundaria, preparada y eficaz, los recibió con comidas y cuidados médicos. Cuando Kurenai vio ese sobresalto en la mansión, su corazón empezó a latir rápido. Se llevó ambas manos a su abultada barriga de nueve meses. Justo en ese día se cumplían completamente. A lo lejos lo vio caminar entre las personas, revisando a los de su clan, poniéndoles una mano sobre el hombro y preguntando si estaban bien, dando órdenes señalando con el dedo. En eso los ojos de él pasaron a Kurenai en una mirada rápida y después regresaron a ella, como incrédulo de que ella estuviera ahí, en su mansión. Se quedó como aletargado al verla. Sus pies se movieron por sí solos.
―¿Kurenai? ―preguntó frente a ella, con un tono confundido.
La mujer apretó los labios y sus ojos se volvieron acuosos. Empezó a llorar con solo verlo. Hiashi no supo ni qué hacer. Una vez encontró a Hatsune llorando, intentó abrazarla y ella se quitó, así que no sabía ni cómo moverse. De pronto solo sintió la mano cálida de Kurenai sobre su mejilla herida.
―Yo… tenía miedo de tener que asistir a otro funeral ―Le confesó afectada.
―No tienes que ir pero…
―¡¿Hinata?! ―gritó aterrada.
―No. Es Neji.
―¿Neji? ―Sus manos no dejaron de temblar ante la posibilidad de que hubiese sido Hinata, su Hinata. Tardó un momento en procesarlo. Hiashi seguía observándola, permaneciendo más quieto que una piedra ―. Oh, Hiashi, lo siento tanto ―Lloró, pasando sus brazos por los costados de él y acomodó su frente contra su pecho al no poderse acercar tanto para un abrazo debido a bultito de nueve meses.
No podía sentir nada en ese momento. Sí, Kurenai lo estaba abrazando, él mismo había puesto sus manos sobre la espalda de ella, aceptándola, pero aun así no podía dejar de sentir tristeza. Neji había muerto. Su sobrino.
Ciertamente ese ninja nunca fue de las personas favoritas de Kurenai, la mujer siempre le guardó un rencor especial por los sucesos de los examenes chunin de hace años. Entretanto, por un momento Kurenai dejaba el pasado atrás y se concentraba en lo que le quedaba, sentía su propia fragilidad sostenida por Hiashi y no le molestaba, estaba bien, estaba vivo y Hinata también.
Hoy no había perdido a nadie. Era un día realmente feliz.
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Cerró sus ojos ante la inminente contracción que le recorría el cuerpo. Sentía que estaba sobrepasándola, que no podía más, ni siquiera los ánimos de Hinata lograban surtir el efecto esperado. Sentía que el dolor se desbordaba de su cuerpo. Que sus gritos no lograban sacar su tormento. Shizune y otras enfermeras atendían el complicado parto que llevaba cerca de hora y media. La doctora encargada le ofreció la vía rápida de la cesárea, pero Kurenai era terca y dictaminó que tendría al bebé por parto natural.
―¡Falta poco, Kurenai! ¡Vamos, eres una mujer fuerte! ―Intentaba animarla Shizune, realmente ella también estaba cansada.
Entre tantas batas azules y las luces centelleantes del quirófano, Kurenai de repente sintió que daba el último empujón y se quedaba lívida como una hoja de árbol en otoño. Tan frágil y delicada como una pluma de ave. Tan suave como un suspiro sintió que cerraba los ojos.
―¡Kurenai-sensei! ―Escuchó los gritos lejanos de Hinata y después Shizune dando muchas órdenes.
Dejó ir la cabeza hacia atrás, liberó sus piernas de la presión y las dejó caerse lentamente. Estaba cansada y no quería despertar, quería dormir por muchos años. Los músculos tensos empezaron a liberarse. Alcanzó a escuchar el llanto de un bebé, sabía perfectamente a quién pertenecía. Elevó una comisura de sus labios en una sonrisa, dejándose ir, dejándose fallecer mansamente.
―¡Es una niña! ―gritaba Hinata ―. ¡Por favor no te vayas!
"―¿Cómo… Cómo lo lograste? –bajó los ojos, avergonzada –. ¿Cómo lograste superar el dolor?
―No se supera –Hiashi volteó hacia ella completamente, estrujándole suavemente el brazo –, se aprende a vivir con él".
No. Totalmente reprobable. No iba a dejar que su hija aprendiera a vivir con el dolor de haberse quedado huérfana, de haber perdido a sus dos padres. A como pudo se obligó a mantenerse consciente, concentrándose en lo que escuchaba, en especial aquél pequeño llanto. Sintió que estaba en el fondo del mar y que de repente todos los problemas del pasado que la ataban, lentamente iban liberándola hasta dejarla alcanzar la superficie. Kurenai dejó de ahogarse en ese momento.
Abrió los ojos de golpe, metiéndose de lleno en la realidad. Estaba consciente y estaba viva.
Por fin.
Shizune le mostraba a la niña de piel rosada que no paraba de llorar, estaba envuelta en una manta rosa.
"Mirai", pensó cuando la vio por primera vez.
Ah, la vida lentamente extiende sus raíces por todos lados sin que nadie se dé cuenta. Cuando abres bien los ojos descubres más de un camino bueno por el cual transitar. Y Kurenai veía muchos después de tanto tiempo sumida en la soledad. Estaba tan emocionada que lloraba. Lloraba de felicidad. Ya no estaba sola. Y tal vez nunca lo estuvo.
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En este capítulo el tiempo se ha adelantado, pues brincamos de Naruto normal a los acontecimientos de Naruto Shippuden. Quería que Hiashi presenciara el parto pero me pareció algo muy fuera de su personaje, así que lo dejé fuera de escena. Como vimos, ocurrieron muchas cosas, el examen de Hinata, la guerra, el nacimiento de Mirai. No desarrollé la escena donde supuestamente Shikamaru tenía que hablar con Kurenai, la verdad solo fue una excusa de mi parte para meter una levedad de ShikaHina, no pude resistirme, me declaro culpable. Cualquier error que vean no duden en decírmelo.
El próximo capítulo es el final.
¡Gracias por leer! ¡Gracias por comentar!
Nos leemos luego… si tú quieres.
