Aquí estoy...! Va a ser un capi más cortito de lo habitual, pero no quería que siguiéseises esperando más.

Solo os puedo decir, que el final se acerca...

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CAPITULO 27


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Después de pasear durante un rato, para que estirara las piernas, llegamos a mi banco: El que estaba en el paseo del rio Hudson.

Tomamos asiento y nos mantuvimos en silencio durante unos minutos, hasta que Carlisle rompió el silencio, ayudándome a comenzar a hablar.

- ¿Qué es exactamente lo que te preocupa, Bella?

- Carlisle… si yo te pidiese expresamente que no me convirtieras, si fuese necesario… ¿Qué harías? - Alcé la cara y clavé mis ojos en los suyos, los cuales me escrutaban intensos.

No tardó más de cinco segundos en contestar.

- Ahora mismo, te convertiría igual. - Respondió seguro de si mismo. - Si hubiese sido hace un año, cuando nos reencontramos, tendría mis dudas. - Miró al frente, pensativo – Por aquel entonces, tu rencor hacía nosotros era extremadamente visible. Y aunque sabía que nos seguías queriendo, bueno… Tendría mis dudas. - Volvió a mirarme, con un deje de sonrisa en los labios – Y tener en cuenta la opinión de la familia, no iba a ser de mucha ayuda – Ahora el gesto de su boca, se hizo más claro; sonriendo abiertamente. En respuesta, yo le rodé los ojos.

Podía imaginar la discusión que podría originarse en cuestión de una centésima de segundo entre ellos.

- ¿Por qué me preguntas eso? - Por supuesto que me iba a hacer esa pregunta.

- ¿Sinceramente?

- Por supuesto…

- No lo sé… Imagino que tendré miedo por lo inminente de mi parto y la lesión de mi corazón – Suspiré – Soy consciente de que tengo muchas probabilidades de que algo salga mal.

- ¿De verdad querrías morir?- Me preguntó directamente.

Bajé la cabeza, encontrándome en una mezcla de sentimientos; tímida, pudorosa, indecisa.

- No… pero… - Me incliné de hombros; él me sonrió paternalmente.

- Siempre has deseado la inmortalidad. ¿Por qué ahora tantas dudas? Sé que Alice te ha comentado la posibilidad de que te unas a nosotros sin tener que ser la pareja de Edward. - Ya me había sorprendido que Alice me lo dijese, pero oír salir eso de la boca de Carlisle, me dejó perpleja. Su respuesta fue regalarme una sonrisa sincera – Sé que crees que nos decantamos por él, y puede ser, no te lo voy a negar. Edward es el ojito derecho de Esme… pero… - Sonrió, apartando medio segundo su mirada de mí – Tu, eres mi debilidad – Confesó. Eso me dejó aún más perpleja que antes. - Cuando nos conocimos, nos tomamos cariño. Sé que siempre te he inspirado mucho respeto y admiración; tú a mí también, más de lo que crees. Tu forma de aceptarnos, de incluirte en mi familia regalándonos tu amor y gentileza, siendo tan solo poco más que una niña, me hacía tenerte una estima y admiración mucho más allá de lo que crees. Y ahora… las cosas se han intensificado. Pasar todos estos años apartado de ti, el sufrimiento de Edward – Resoplé. Él paró un segundo, pero continuo como si nada – el sufrimiento de toda la familia incluyendo el mío propio… En un principio creí que era por Edward, por lo mal que lo pasaba sin ti. Pero después de un tiempo, deduje que tanto yo, como el resto, estábamos mal por ti. Por tu propia ausencia. - Mi corazón latía rítmico y feliz por sus palabras.

- Carlisle – Lo corté. No quería que esto fuese una excusa para volver a la conversación de siempre - ¿A qué viene esto ahora? - Suspiró, clavándome sus dorados ojos en mi rostro..

- No concebimos la eternidad, sin ti. - Confesó con la voz cargada de emoción. - Ese es el motivo de que te transformase sin pensar y sin pedir opinión al resto. Por ti solita, te has hecho indispensable para todos. - Se acercó y me regaló una caricia en la mejilla.

- Vaya… yo… no sé qué decir – Realmente me había dejado sin palabras.

- Todos queremos que estés con nosotros. Con la familia. Que seas, por fin, una auténtica Cullen… indiferentemente que seas o no la pareja de Edward. - Su tono fue firme y tajante.

Antes de regresar, pasamos por la pastelería de la esquina a comprar una tarta de esas que me encantaban.

Era mi última tarta. Yo lo sabía y Carlisle también. La mirada que nos lanzamos, lo decía todo.

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- ¡Hola mis amores! - Nos saludó Esme al llegar a casa. Se lanzaron una mirada cómplice entre ellos, y Carlisle asintió. Por supuesto, yo me hice la desentendida.

- ¿Qué tal el paseo? - Rose me ayudó a quitarme el abrigo.

- Bien… muy bien. ¿Qué tal Nora?

- Está a punto de despertar. Creo que tendremos suerte y estará despierta para que celebre la Navidad con nosotros… Aunque no se entere de mucho – Me informó Rose.

Alcé la cabeza y capté otra mirada significativa entre Carlisle y Edward.

Me acerqué a él, y rozando mi hombro con el suyo, le hablé:

- ¿Sabes? Me gustaría poder interceptar alguna de esas conversaciones silenciosas que mantienes… Debe ser muy entretenido. - Le saqué la lengua; él comenzó a reír, de esa forma que me volvía loca.

- Rose, Alice… ¿podéis ayudarme a darme un baño? - Quería estar limpia, ya que no sabía en que momento podía ponerme de parto. Y por lo que parecía, estaba empezando a estar fuera de tiempo.

- ¡Claro! Mientras Esme acaba la cena te pondremos bonita – Alice sonrió y Rose acompañó el gesto, con cierta tensión en su preciosísimo rostro.

Los chicos se quedaron en el salón, mientras Esme ultimaba la cena con ayuda de Carlisle.

- Bueno, este es uno de tus regalos de Navidad, pero te lo adelanto para que lo estrenes hoy – Anunció Alice, cargando una caja entre sus manos.

Era un vestido de fiesta pre-mamá. Era perfecto:

Un vestido de seda, en dos colores. La parte de arriba, de manga larga, en granate, con cuello abierto y un lazo negro en un lado. La falda negra, con un poco de vuelo.

Me ataron el pelo en un moño bajo con algún mechón suelto por la cara y me maquillaron un poco.

- ¡Estás preciosa! - Me elogiaron las dos.

Ellas también se habían puesto ropa de fiesta. Estaban divinas.

Antes de salir de la habitación, las sujeté por sus manos, atraiéndolas hacía mí. Fundiéndonos en un bonito abrazo; el cual me devolvieron de inmediato.

- Un abrazo de Navidad – Les sonreí. - Y… para agradeceros todos mis desaires de estos últimos meses.

- Bella… No era necesario. Todos sabemos por lo que has pasado, lo que nos has perdonado – Suspiró Alice. - Y que nos has vuelto a aceptar. Ese es nuestro mejor regalo.

- Si, Bella… no tienes nada que agradecer… En todo caso, nosotros somos los que debemos estar agradecidos. Y… - Su sonrisa le iluminó la cara – Gracias por esto – Llevó sus dos manos hacía mi tripa.

Alice copió el gesto y también posó sus manos en mi abdomen.

Entonces los bebés se movieron, chocando con las manos de su madre y su tía; sacándoles una tremenda sonrisa de ilusión.

- Ellos también os felicitan la Navidad – Reí. - Pronto estarán aquí, Rose. Y podrás tenerlos entre tus brazos. - Rose asintió con la cara desencajada de emoción.

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Fuimos hacía el salón, donde los chicos habían cambiado los muebles y habían puesto una bonita mesa decorada para ocho comensales.

Alcé una ceja y meneé la cabeza. Emmet puso ojitos de disculpa.

- Creo que nos hemos pasado un poquito – Murmuró con voz de corderito.

- Emmet sé que no te arrepientes ni un ápice, así que no me vengas con cuentos de animalillo desvalido.

Se acercó a mí, y me dio un sonoro beso en la mejilla, acariciando mi tripa. Después rozó las almohadillas de sus dedos con gran suavidad por mi mejilla.

Edward se acercó a nosotros. Pasó la mano por el hombro de su hermano, apretando a modo de cariño. Se lanzaron sendas miradas de complicidad. Esos gestos entre ellos me enternecían.

- ¿Me permites que te la robe un momento? - Preguntó Edward a su hermano, a lo que Emmet sintió, complacido.

Edward puso sus manos en mis mejillas y me dio un beso. Pero un beso con mayúsculas. Apoyó sus labios contra los míos de forma intensa y romántica. Mi corazón tronó en respuesta; como siempre.

- Estás encantadora. Preciosa. - Aduló. - Jamás olvidaré tu rostro en este momento. Eres una premamá impresionante. - Sus ojos extremadamente dorados, me miraban con devoción.

- Gracias, Edward. Tu estás… ¡guau! - Rodé los ojos. Realmente no encontraba las palabras para describir su hermosura. - Todos estáis muy elegantes – Sonrió divertida.

De pronto el ambiente cambió; el aire se enturbió entre nosotros. Todos los rostros, incluido el mío, se tornaron tensos y serios.

- ¿Cenamos? - Esme rompió el silencio, regresándonos al presente. A ese momento.

La cena trascurrió normal. Normal porque yo evitaba caer en silencios raros, y Alice que parecía sincronizada conmigo, me ayudó, no sé hasta que punto conscientemente, a que el ambiente no decayese en ningún momento. Los balbuceos de Nora, también fueron una gran ayuda.

Durante toda la velada, los bebés no dejaron de moverse intranquilos; poniéndome a mí nerviosa por momentos. El abdomen se me endurecía a cada poco, mandándome unas ligeras corrientes dolorosas por la columna vertebral y la pelvis.

Tal como había dicho Carlisle esa misma mañana, el parto era inminente.

Justo acabando el postre, me disculpé para ir al aseo. Ya estaba tardando mucho en hacerme pis.

- ¿Te acompaño? - Rose cayó ipsofacto al ver mi ceja alzada. - ¡Ok! Si necesitas algo, alza la voz. - Le rodé los ojos – Voy a pasarme a ver a Nora.

La niña había permanecido casi toda la cena despierta, haciendo las delicias de la mesa; pero poco antes de comenzar con el postre se había adormilado en los brazos de tía Alice, mientras le hacía gracias. Rose la había acostado hacía un ratito.

Cuando me disponía a salir de la habitación de la niña, pude sentirlos discutir. Tan acalorados estaban que no me habían sentido aproximarme.

Comenzaba a tener complejo de espía.

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- ¿No le veíais la cara? - El tono de Edward dejaba más que claro su preocupación y enfado. - Estaba ocultando dolor. Reconozco sus gestos.

- Si… cada cierto tiempo se ponía pálida. - Añadió Alice, también audiblemente preocupada.

- Son contracciones de Braxton Hicks, solo que el parto es tan inminente que comienzan a ser dolorosas – Explicó Carlisle – Lleva días padeciéndolas. Es normal. A parte de muy bueno, ya que favorece el parto.

- ¡Qué ha sido eso Alice? - Bramó Edward.

- Edward, tranquilo. - Intervino Carlisle, a algo que Edward hubiese visto en la mente de su hermana. - Lo siento, pero vuestros asuntos de pareja, tendrás que arreglarlos tu. No voy a consentir que vuelvas a involucrar a la familia. - Era la primera vez que escuchaba a Carlisle arremeter así contra Edward.

- Pero… ¿Cómo que convertirse sin ser mi pareja? - Volvió a alzar la voz.

Se hizo un silencio. Mientras a mí me mataban los nervios por saber cómo continuaba la conversación.

- Queremos que ella forme parte de la familia, como debería haber sido desde hace años – Emmet tomó la palabra, hablando en un tono muy serio, extraño en él. - Independientemente si es o no tu pareja. Ella tiene su lugar dentro de la familia, esperándola por méritos propios. No por ser el número par que faltaba.

- Pero… Vamos a ver. Claro que Bella tiene su lugar en la familia… pero como mi pareja. No como individual. ¡Me niego a eso! - Exclamó encolerizado.

- Me da igual que te niegues, Edward. Es una decisión que no te corresponde tomar. Ella tenía dudas, y una vez que le he explicado esa posibilidad, la cual parecía no ver por si misma, sus dudas se han disipado por completo. - Carlisle volvió a tomar la palabra.

- Bella tiene dudas contigo, no con la familia en general. Quiere ser una Cullen, pero por nacimiento no por casamiento. - El tono de Alice estaba cargado de reproche, en contra de su hermano.

- Pero… ¿Cómo voy a vivir la eternidad teniéndola a mi lado, sin ser mía? - Prestaba acalorado.

- Eso, lo hubieses pensado antes. - Contestó Rose condescendiente.

A partir de ese momento, comenzaron a discutir acaloradamente unos contra otros.

Yo seguía en el pasillo, ahogándome y acelerándome por segundos. Escucharlos discutir por mi, me hacía doler en lo más profundo de mi alma. Ellos, siempre tan unidos, ahora discutían por mi culpa.

Mi corazón comenzó a latir de una forma diferente… De "esa" forma, parecido a un tambor.

Me llevé la mano al pecho por inercia y me apoyé en la pared del pasillo ante el riesgo de que mis rodillas no me sostuviesen, al percibir como mi cuerpo se entumecía.

- ¿Bella? - La voz de Jasper me llegó alejada; pero me sacó del momento de nerviosismo en el que estaba cayendo.

Avancé los pasos que me separaban de la puerta de entrada al salón, apareciendo a la vista de todos.

No sé que cara debía tener, pero todos se callaron abruptamente mirándome con una tensión más que palpable en sus rostros.

Jasper fue el primero en acercarse, sujetándome por la cintura.

Edward se materializó de la nada, para atraparme por el otro lado.

- ¡Bella! Pero… - Rose no sabía qué decir.

- Os he escuchado discutir… Estabais tan acalorados, que no me escuchasteis. - Solté de golpe quedándome sin aire. - No quiero estas peleas entre vosotros… - Suspiré sonoramente – Por eso mis dudas en transformarme. - Me giré hacía Edward – Lo siento Edward, te quiero… muchísimo, ya lo sabes, pero mi corazón sigue lleno de dudas hacía ti – Inhalé otra gran bocanada de aire – Y si que quiero ser una Cullen, pero no a costa de que os dividáis. - Respiré varias veces.

Me moví y Jasper y Edward entendieron mi gesto, así que me ayudaron a entrar del todo en el salón.

Encaré directamente a Carlisle. En cuanto sus ojos hicieron contacto con los míos, su rostro se desencajó, preveiendo lo que iba a decirle.

- Sé que voy a morir al dar a luz a los niños – Solté de golpe, ganándome un fuerte jadeo a mi alrededor. - Y quiero que me dejes morir… - Carlisle negaba con la cabeza y los ojos cerrados. - Por favor Carlisle… - supliqué – Desde que me conocéis, no he traído más que tragedia a tu familia…

- ¡Deja de decir estupideces! - Alice se posicionó frente a mí, con la cara rota de dolor, de furia. - Nadie va a dejarte morir, ¡estás loca si crees eso! – Esa era la primera vez que escuchaba a Alice gritar. Su voz tenía cierto tono a cuando gritas y estás a punto de llorar.

- No…

- Bella. - Edward me giró, agarrándome de los dos brazos para que lo encarase – Por favor… Por favor… haré lo que tu me pidas. Me quedaré, me iré, me acercaré, me alejaré… pero por favor… no me pidas que te deje morir… No puedo vivir en un mundo, donde tu no existas – Declaró.

Me quedé pasmada ante sus palabras. Pero antes de que pudiera contestarle, un dolor que atravesó mi columna vertebral y que aventuraba a partirme en dos, me dejó sin aliento, a la par que un liquido caliente resbalaba entre mis muslos. Abrí la boca en busca de aire, en un jadeo silencioso.

- ¡Bella! ¿Bella? - La voz de Edward entró en mi cerebro como algo muy lejano. - Cariño…

- Bella tranquila… Estoy aquí – Abrí los ojos, y me encontré la dorada mirada de Carlisle casi encima de mí. - No te preocupes, no voy a dejar que te pase nada.

- No puedo… no puedo… respirar… - jadeé abriendo la boca como un pez.

- Esta yendo todo mucho más rápido de lo esperado… - La voz de Carlisle derrochaba nerviosismo por doquier. - Todos a sus puestos, como hemos hablado… ¡Ya! Bella – me miró – Has roto aguas; el parto es inminente. Todo está controlado, no te preocupes por nada. - Asentí. - Edward, llévala a su habitación.

Me sentí levitar y ser trasladada mientras buscaba oxígeno. El corazón me golpeaba tan fuerte el pecho que parecía fuese a atravesarme las costillas para salir huyendo de mi cuerpo. El dolor era terrible; inhumano. Y a cada poco, el dolor de las contracciones me dejaba aún más adolorida y me hacía perder el poco oxígeno que podía aguantar en mis pulmones.

- Carlisle… me ahogo… No puedo… Respirar… - Cerré los ojos, agotada.

- ¡Carlisle! La perdemos, se va… !Está muriendo!

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Uy...