HOLA A TODAS MIS CHICASSS!

Ya estoy aquí con una nueva actu.

Al final, se me han alargado los últimos capítulos, así que habrá uno de más.

Este y otro.

Pero me apetecía extenderme en este. En explicaros como ha sido el primer día de Bella tras su regreso.

Espero que os guste.

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CAPITULO 31


PV EDWARD_

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Pero Bella no sabía lo qué hacía ofreciéndome un reto así. Aún le quedaba mucho de nuestra naturaleza por explorar.

Entre esas, la familia se reunió junto a nosotros y comenzamos a hablar con normalidad. O por lo menos, lo intentábamos. Pero se nos olvidaba un punto al que no estábamos acostumbrados:

Bella ahora, era como nosotros.

- No hace falta que os esforcéis tanto en aparentar normalidad – Su gesto vislumbraba picardía. Aunque pude comprobar como su cuerpo se relajaba al dejar de estar a solas conmigo - Tener en cuenta que ahora os veo exactamente igual que vosotros a mí. - Todos sonreímos. - Es un momento... especial y... bueno, ligeramente incómodo para todos.

- Sí, tienes razón. Pero debes darnos un margen de tiempo para acostumbrarnos a ti, ahora. - Le contestó Esme; la cual aprovechó la coyuntura para dejarle caer que esperábamos que no volviera a marcharse.

Bella la captó rápido, con su mente de vampira... "Vampira"... Nunca creí que llegase a gustarme tanto esa palabra para referirme a ella.

- No me voy a ir – Volvió a sonreír. - Y no me voy a llevar a Nora, ni nada descabellado como suelo hacer – Rodó los ojos, soltando una risita acampanada – Pero, tengo asuntos que tratar... sola. - Nos miró con intención. - Realmente llevo muy poco tiempo en la vida, pública – recalcó esa palabra con intención; dándonos a entender que había estado alejada de los humanos. - Necesito ponerme a prueba, a mí misma. Asunto que tengo que resolver.

- ¡Por supuesto! Es digno de admirar – La aduló mi padre. - Aunque déjame decirte que no necesitas pasar nada sola... - Carlisle fue interrumpido, por una impulsiva Bella.

- ¡Si! Tengo que hacerlo sola... - Calló, abruptamente al darse cuenta de su salida de tono. Todos la miramos con una sonrisa traviesa en nuestros rostros.

"Es una neófita... Lo que no era normal era ese temple. Esa compostura en todo momento" El pensamiento de Jasper era casi hasta cómico.

"Por fin una reacción que no haya calculado y pensado... ¡Qué ganas de verla a solas! Alice también se alegro de verla reaccionar de una vez.

- Lo siento... Yo... Perdonar la salida de tono... – Agachó la cabeza abatida.

- ¡Eh! - Mi padre le alzó la cara, posicionando su dedo índice en su mandíbula. - Nada de disculpas... Como bien has dicho, es un momento especial y emotivo. Podría trastornar a cualquiera. - Bella asintió, regalándole una carita afligida.

- Bueno... no nos pongamos dramáticos – Intervino Emmet relajando el ambiente. - ¿Qué tal si llamamos a nuestra niñera y nos apuntamos a esa fiesta? -Bella lo miró interrogante.

- ¿Recuerdas a Annie? - Le preguntó con cuidado Esme. Bella nos mostró una sonrisa llena de vida.

- ¡Por supuesto! ¿Cómo no iba a recordarla? - Pestañeó sorprendida por la pregunta.

- Bueno... siempre se pierde algún recuerdo de nuestra época humana – Le recordó Rose. - ¿No tienes la sensación de olvidar algo? - Le mostró una creciente curiosidad.

- Pues no lo sé... Creo que no – Miró hacía el infinito, en un gesto un tanto divertido. - Creo recordarlo todo. La única diferencia es que ahora identifico y clasifico los sentimientos que me provocan de otra forma. Más... ordenados, podríamos decir. - Se inclinó de hombros.

- Bueno, pues Annie nos hace de niñera algunas veces. - Le aclaró Alice. - Cuando queremos salir todos juntos – le alzó las cejas, para que entendiera que se refería a cuando salíamos a cazar.

- Lo sé. - La respuesta de Bella nos dejó perplejos. - La he visto. - Agachó la cabeza y por el gesto de su cara, diría que de poder, se hubiese puesto colorada.

- ¿Bella? ¿Isabella Cullen... qué escondes? - Le preguntó mi padre a modo de regaño. Usando deliberadamente "nuestro apellido" el de los ocho... Bueno, de los once.

- Ella... fue mi prueba del millón – Confesó avergonzada. - Ya me había acercado a otros humanos... - Aclaró de forma algo atropellada – Pero la primera persona a la que me acerque, conociéndola de antes, fue a ella. Se que no estuvo bien, - miró directa a Carlisle – Puse su vida en peligro... mucho... - Su gesto se tornó a uno de dolor. - Huele... - Abrió los ojos, exagerando el gesto. Todos abrimos los ojos, sorprendidos por lo que Bella estaba confesándonos – Exquisita... Pero no pasó nada – Aclaró mostrando un gesto casi desesperado. - La he visto un par de veces, pero le pedí que no os contara nada. - Sonrió con gran ternura, imagino que recordando su encuentro. - ¿A vosotros también os huele así de bien? - Preguntó de pronto, con un brillo infantil en los ojos.

- Si. - Respondió Jasper, rotundo. - Muy... Exquisita. - Le alzó una ceja, de forma... ¿cómplice?

"¿Ahora Jasper y Bella compartirían momentos como este, hablando de la exquisitez de la sangre humana?"

- ¡Jajajajaja! - No pude evitarlo, y la risa se me escapó. Alice me acompañó al instante. Bella nos sonrió, y Jasper hizo un amago.

- No le veo la gracia, por ningún lado. - Nos regañó Carlisle. - No deberíais jugar con eso. - Meneó la cabeza disgustado. - Y si Bella... estuvo muy mal que probaras tus límites con ella.

- ¡Vamos, Carlisle...! Ella huele como un auténtico manjar... Solo de pensarlo se me hace la boca agua – Bella se relamió los labios en un gesto que ocasionó que una parte de mi anatomía diese una sacudida.

- Comparto tu expresión – Volvió a apoyarla Jasper. Ambos se lanzaron una mirada cómplice, y... letal.

- ¿No me digas que has encontrado a "tu cantante"? - Le preguntó Emmet expectante.

- No, no la ha encontrado. - Respondí yo de forma seca. Bella me alzó una ceja, escéptica y todo poderosa.

- ¿Y por qué estás tan seguro? - Preguntó Emmet.

- Porque Annie ahora mismo estaría muerta – Respondí tan tranquilo. Bella frunció el ceño.

- Yo seguí viva... Mírame ahora – Me contestó Bella muy pagada de si misma. Fue la segunda vez que me miró directamente; tan solo un par de segundos, ya que apartó veloz la cabeza.

- Ya lo hago – Le clavé la mirada. Pero ahora, ella era una vampira y el efecto de mi mirada no era tan brutal como antaño. - Seguiste viva porque tenía más de ochenta años de convertido, no apenas dos. - Le aclaré. - Y aún así, te falto poco... muy poco - Le alcé una ceja con una sonrisa tenebrosa, instándola a recordar lo que había pasado en aquella clase de biología.

- Desde entonces, siempre me encantó biología – Soltó ella, lanzándome una mirada penetrante y extremadamente sensual. Nos mantuvimos la mirada un par de segundos, pero ella volvió a apartarla.

Picamos un poco más a Carlisle, bueno, Bella lo hacía compinchada con Jasper y con Emmet, el cual le seguía el juego más que encantado.

Hasta que se cansó de sus bromas y les cortó el tonteo.

- Yo soy totalmente inmune al olor de la sangre... De cualquiera. - Respondió nuestro padre muy digno. - Cuando podáis llegar a decir eso, hablaremos otra vez – Su voz destilaba orgullo por si mismo.

Jasper le lanzó una mirada cansada y condescendiente; Bella le abrió los ojos y negó con la cabeza.

- Pues yo no lo soy... Y me encanta – Todos abrimos los ojos como platos. - Jamás he probado a nadie – Aclaró. - Lo prometí – Miró directamente a mi padre. Él asintió, devolviendole un gesto de orgullo - Y yo cuando hago una promesa la cumplo; siempre. - Miró de reojo hacía mí, logrando que me contrajera. - Pero, me refiero que me encanta mi sentido del olfato... olisquear – Arrugó la nariz, simpática – Puede sonar un poco a perro, pero... me encanta inhalar y regodearme en su olor. - Cerró los ojos, degustando sus propias palabras. - Como ahora mismo... Hay alguien cerca que huele... Ummm... - Alzó levemente la cabeza y movió de forma casi imperceptible la nariz. - Supongo que no todos tendremos los mismos gustos, pero... ¿De verdad... no captáis ese olor? Es... embriagador.

- Si... es la chica morena de vestido corto rosa; el del volante sobre el hombro derecho. - Aclaró Jasper. Bella asintió, abriendo los ojos complacida. - Parece que vamos a tener los mismos gustos... hermanita – Jasper le lanzó una mirada sombría a Bella, la cual se la devolvió de la misma forma.

- ¡Joder...! Yo apenas la distingo. - Rose le dio un codazo a su marido. - ¡Auch, Rose!

- No tienes un olfato tan fino y exquisito como nosotros Emmet – Les respondió Jasper, muy soberbio.

Viéndolos a los dos así, en una forma tan natural y abierta, daban terror. Eran tenebrosos, aterradores... pero impresionantemente hermosos.

- ¡Vale niños! - Los regañó, en serio, Esme. - No está bien...

- ¿Jugar con la comida? - Acabó la frase Bella mostrándole una cara infantil. Pero por sus ojos pasó un destello salvaje. Alice y Emmet escondieron sus carcajadas.

- ¡Isabella! - Volvió a reprenderla.

- Está bien... mamá – Eso rompió el enfado de Esme radical. - Nos portaremos bien, ¿verdad Jasper? - Le alzó las cejas.- Nada de chicas con vestidos rosas – Su voz estaba cargada de condescendencia y diversión.

- Si no hay más remedio... - Respondió con tono triste.

- ¡Jajajajaja! - Bella estalló en carcajadas.

Observándola ahora, más natural, más tranquila y... hablando de un tema que parecía apasionarla, me tenía completamente pendiente de ella; atontado, idiotizado hasta lo imposible.

En ese momento fui consciente de un detalle...

Cuando nos encontramos con Bella en Nueva York, creí que no podría quererla más. Me equivocaba estrepitosamente; como solía pasarme con todo lo que refería a ella.

Observándola me percaté de que la amaba muchísimo más. Parecía que mi fuerza para amarla, se había potenciado con su nueva fuerza de vampira.

Si me rechazaba ahora, estaba seguro de no poder superarlo. Estaba fascinado con ella.

Me hice una promesa a mí mismo: Lucharía por ella hasta que me echara de su vida. Iría a por todas. Ahora, tal y como ella misma acababa de decir, jugábamos en la misma liga.

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La fiesta infantil acabó, y se anunció que la jornada para los adultos comenzaría en dos horas, con una cena y posterior baile.

Muchos padres ya estaban colgados de sus móviles, concretando con sus canguros.

Nosotros, previsores como siempre, ya habíamos hablando con Annie para que se hiciese cargo de los tres pequeños por si la velada se alargaba.

Nora sobretodo, protestó bastante. Ella que siempre se quedaba encantada con Annie, hoy le parecía el mayor de los castigos.

- No... Noooo... No quiero ir. - Protestaba cruzándose de brazos.

Su madre se agachó para estar a su altura.

- Nena... No voy a marcharme a ningún sitio. Te lo prometo. - Yo ya le había leído los pensamientos a nuestra hija, y ese era su motivo para armar la pataleta. Bella no necesitó que se lo aclarase, ya que lo pudo deducir por si misma. - Mañana cuando despiertes estaré esperándote en casa y puedes venir a despertarme, ¿de acuerdo? - Nora pareció ceder.

- ¿Me llevas tu a casa? - A la niña se le iluminó el rostro.

- ¡Claro mi vida! Además, así ves el vestido que va a ponerse mamá para la fiesta – Cuando dijo la palabra "mamá", el rostro de Bella se iluminó.

En ese momento me di cuenta de lo mucho que debió de sufrir y lo aterrada que se debió de sentir para marcharse y dejar aquí a la niña.

Había tanto de qué hablar...

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Al llegar a casa, Annie ya nos estaba esperando. Siempre que nos hacía de canguro se quedaba aquí para que los pequeños estuviesen más cómodos. A parte de que ella misma se sentía cómo en casa.

Cuando Bella se fue, Annie lo pasó realmente mal. Ninguno sospechábamos que la chica se hubiese ligado tanto a Bella; pero así era. No dejó de extrañarla ni un solo día. Preguntando todos los días por ella, si sabíamos algo, alguna señal de vida.

Después de un tiempo entre nosotros, comenzó a ver cada día más cosas extrañas, hasta que al final, hubo de decirle "algo". Por supuesto no le entramos en detalles, simplemente que eramos diferente, y ahora Bella era más como nosotros. Que a raíz de ese cambio, tuvo que irse.

En sus pensamientos, varias veces le pasó la palabra "vampiro".

Desde entonces, nuestra relación con ella se vio mejorada. Ella no preguntó más, y todos intentábamos no asustarla.

Siguió trabajando en la cafetería, la cual le había cedido Bella. Acabó sus estudios de literatura y coqueteaba con la escritura. Publicando algún relato corto. En eso, nosotros habíamos tenido algo que ver, pero ella no lo sabía; ni tenía porqué saberlo.

En cuanto entramos en el portal, Bella se paró, observándolo todo con atención.

- ¿No te acercaste aquí nunca, verdad? - Le preguntó Alice; aunque no era una pregunta. Bella negó. - Hemos echo alguna reforma más. - Le comentó Alice – Conseguimos comprar el piso de al lado, - ambas rodaron los ojos – Si, bueno… hay ofertas que nadie puede resistir. - Alice sonrió y Bella meneó la cabeza – Así que ahora el piso es mucho más grande. Y tenemos habitaciones para todos… - Alice bajó la cabeza.

- Para todos… En parejas, ¿verdad? - Bella le alzó una ceja, y Alice le respondió con una sonrisa culpable.

Al llegar a la puerta del piso, Bella volvió a pararse, pero estaba vez en su rostro había una mueca chistosa; con cierta pizca de perversión.

Giró la cara, lanzándole una mirada de entendimiento a Jasper, para acabar relamiéndose los labios a la vez.

- ¡Exquisita! - Murmuró casi de forma lasciva. Jasper asintió alzándole las cejas. Alice los miró sonriéndoles con un cariño más a ya del amor.

Sus pensamientos dejaban claro lo maravillada que estaba de que, al fin, Jasper y Bella, se entendieran y pudieran acercarse.

- ¿Puedo abrir, o vais a seguir haciendo el tonto? - Preguntó Carlisle, fingiendo molestia. Pero en el fondo le hacían gracia esos gestos. Sobre todo entre Jasper y Bella.

"¿Quién supondría que se llevarían tan bien una vez siendo Bella vampira?"

Los pensamientos de Carlisle reflejaban su felicidad extrema por tener a todos sus hijos, y nietos, junto a él.

- ¡Bella! - En cuanto Annie la vio, saltó del sofá como un resorte, yéndose directa a sus brazos.

Jasper se tensó de inmediato al ver el gesto. Siendo sincero, todos nos envaramos. Pero Bella, como acostumbraba, nos volvió a sorprender.

Su temple, teniendo a Annie entre sus brazos, con su cuello al lado de su boca... A sabiendas de que el olor de la chica era de su más que agrado, era espectacular. Ni un mal gesto, ni una mueca de dolor por la sed... ¡Nada! Al contrario, Bella mantenía un rostro llenó de paz y ternura.

- ¡Annie! Hola mi niñaaaa – La recibió entre sus brazos, acobijándola como una madre a una hija. - Me alegra verte de nuevo. Muchísimo. - Le sonrió. Annie la miró maravillada.

- Estas… - La miró de arriba a abajo – Impresionante. Ya te lo dije la otra vez. - Le guiñó un ojo. - Menudo cambio… - lanzó un silbido de admiración.

- Annie... - La llamó Carlisle a modo de reprimenda, con tono de advertencia.

- Vale, vale... nada de preguntas. - Bella negó. Pero en sus ojos se veía el profundo cariño que profesaba por la chica.

Conversaron durante un rato, hasta que tuvieron que despedirse para que Bella se fuese a cambiar. Annie estaba pletórica de tener allí a su amiga.

- Eres una auténtica Cullen – La afirmación de mi hermana Alice, nos sorprendió a todos, ya que no venía a cuento. Bella escondió una risita pícara. - Ha mandado traer lo necesario para cambiarse, sin que nos enteráramos. - Explicó Alice - Qué orgullosa me siento de ti. - Sin más, la abrazó – Como me alegro de poder abrazarte sin tener que medir mi fuerza a cada segundo.

Al cabo de quince minutos, las chicas fueron salieron del dormitorio principal, donde todas se habían amontonado para cambiarse y maquillarse para la ocasión.

Rose y Esme venían hablando las primeras, tras ellas Alice y Bella.

Cuando mi campo de visión la captó, mis ojos dejaron de responderme, no apartando la vista de su cuerpo por muchos esfuerzos que yo quisiera hacer; que eran más bien pocos.

El vestido era espectacular... La finísima tela que aventuraba ser carísima, caía por su piel con elegancia y sensualidad. Pero el escote... dejando tanta piel al descubierto... Sin sujetador.

"¡Dios... sus pechos! Edward, aparta ese pensamiento, ¡YA!"

Jasper me lanzó una mirada pícara; por supuesto él había captado el cambio en el rumbo de mis sentimientos.

Meneé la cabeza en respuesta.

Nos despedimos de los niños, que habían aguantado despiertos hasta que nos fuésemos y de Annie.

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Cuando nos dispusimos a bajar en el ascensor, todos se confabularon para dejarnos bajar en último lugar y solos, a Bella y a mí.

El suspiró que lanzó, fue más que audible.

- ¿Te incomoda quedarte a solas conmigo? - Le pregunté de forma un tanto sensual. Se mordió el labio.

"¡Dios...! Llevaba todo el día esperando ese gesto, tan de mi Bella"

- Entonces... ¿a qué vino ese suspiro?. - Bella volvió a morderse el labio. - Nena, y que te muerdas el labio así... no ayuda. - Me agarré el puente de la nariz entre mis dedos.

Entramos en el ascensor. En silencio. Nada más cruzar las puertas, una atmósfera de tensión sexual nos envolvió. Era tan intensa, que podían verse las chispas salir de entre nuestros cuerpo, aún sin habernos tocado.

No pude resistirlo. Me era imposible. El aura de sensualidad y sexualidad felina que ahora rodeaba a Bella, me era irresistible. Era incluso más fuerte que la necesidad que tuve de su sangre cuando nos conocimos.

Me moví a la velocidad de la luz para acorralarla contra la pared del ascensor y besarla. Pero ella fue mucho más rápida.

En el mínimo espacio que nos ofrecía el cubículo del ascensor, ella, consiguió darme esquinazo, situándose en la otra esquina.

Nuestros ojos se encontraron. En los de ella, había hambre; eran feroces, hipnóticos, sensuales. Pero a su vez, dulces igual que la miel; color que reinaba en ellos.

- Vaya… vaya… - separé lenta y premeditadamente las dos palabras. Bella sonrió con cierta superioridad. - Eres muy rápida. - Su sonrisa se amplió.

- Ya te lo dije antes… - Su voz era melódica, suave y extremadamente dulce.- Ahora, jugamos en igualdad de condiciones, más o menos – Meneó suavemente la cabeza – Pero sobretodo porque sigues sin oír mis pensamientos. - Su ceja se alzó, altanera. Intentando picarme; pero no iba a entrarle al juego tan fácil.

- ¿Y por qué estás tan segura de eso? - Seguía con mi mirada clavada en sus ojos.

- ¡Uy! - Exclamó divertida. Se acercó a mí dos pasos. Alzó la mano rozando levemente mi camisa. Alzó sus ojos otra vez a los míos, igual que una tigresa. - Estoy completamente segura de eso. - Su rostro reflejó una picardía infantil. - Si mis pensamientos estuviesen a tu alcance, no estarías tan tranquilo. Créeme.

Sus palabras me lanzaron un estremecimiento por todo el cuerpo. Jamás había sentido tanta necesidad de poseerla como en ese momento. Estaba, vulgarmente dicho, caliente. Mucho.

Mi mano voló al botón de parada del ascensor, pero la de ella, rápida como la luz, sujetó la mía antes de que llegase a pulsarlo.

Chasqueó la lengua dos veces, acompañando el ruidito con un meneo delicado de su cabeza.

- Ni lo sueñes… Cullen – Rió. Siempre le había echo gracia llamarme por el apellido.

- Tu también eres una Cullen… - le recordé mirándola de lado, pícaro. Su rostro se tornó vergonzoso. Si hubiese podido, se habría puesto colorada.

Alcé la mano y ella retrocedió pegándose a la pared; sus ojos me miraban con temor. No quería que la tocara… Creo que ni siquiera que me acercara a ella.

Alejé el pensamiento de mi mente antes de que ella notara mi pesadumbre.

- Por favor… - Pedí aún con la mano alzada. Suspiró, lo que entendí como un consentimiento a que la tocase.

Pasé mi mano por su mejilla, con el dorso de los dedos. Con suavidad. Pero por vez primera, sin tener que medir al milímetro mi fuerza. Ella suspiró profundamente, cerrando los ojos.

En cuento nuestras pieles hicieron contacto, sentí una vibración, una descarga eléctrica que recorría mi sistema nervioso. Supe sin lugar a dudas, que ella también había percibido la misma sensación.

- ¿Echas de menos ponerte colorada? - Me pregunta la sorprendió.

- Se me hace extraño... - Por la forma de acabar la frase, sabía perfectamente que había más; pero algo, la detuvo de seguir hablando.

- Edward… Por mucho que frunzas el ceño y te concentres, no puedes leerme la mente – Rió; las notas de su risa inundaron el cubículo, sacándome a mí una sonrisa también. - Y si estás buscando arrepentimiento… No te canses. No lo hay. Te lo aseguro – Me dejó pasmado.

¿Ahora ella leía mentes?

- Estoy pletórica con mi nueva vida. No te atormentes – Frunció el ceño; fue algo sutil y rápido; compuso el semblante a la misma velocidad.

Las puertas se abrieron. No podía creer que todo esto hubiese pasado en los dos minutos escasos que tardaba el ascensor en bajar.

Nos miramos.

- Todo va muy rápido ahora, ¿verdad? - Preguntó leyéndome el pensamiento. - Aún hay cosas que me cuesta asimilar. - Confesó. Pero volvió a callar. Era como si no quisiera entablar una conversación normal conmigo.

- Poco a poco – La miré con dulzura, pero con un deje de seriedad. - Disfruta de esas cosas. Luego todo se convierte en rutina. Créeme. - Noté como mi mirada se tornaba triste.

- Bueno… puede que dentro de ochenta años, me dedique a cortejar a algún adolescente que se cuelgue de mí – Me alzó las cejas con picardía.

Estaba intentando ser simpática, lo sé. Pero una oleada de celos incontrolados se apoderó de mi capacidad de razonar. E igual de fuertes que eran todos nuestros sentimientos, este no se quedaba atrás. Fue demoledor.

La empujé contra la pared con brusquedad; esta vez mi reacción fue tan inesperada y rápida que no la vio venir; la acorralé entre mis brazos, los cuales formaban una cárcel alrededor de su cabeza. La pared retumbó por el impacto.

Bella jadeó y me clavó la mirada con sorpresa y fascinación.

-No vuelvas, jamás, a decir algo así. - Mi voz sonaba gutural. Baja y ronca. El pecho de Bella subía y bajaba errático. - Tú nunca fuiste un capricho.

"Edward… por favor… Contente. Solo estaba picándote. Has caído en su juego como un principiante. ¡Jajaja!"

"¡Vaya…! Ha conseguido desestabilizarte en menos de tres horas. Todo un récord para Bella. ¡Jajaja!

"Edward..."

Los pensamientos de mi familia comenzaron a entrar en mi mente, bombardeándome. Pero los evité. No quería ninguna distracción en esos momentos.

- ¡Edward! - Jadeó ella. Su respiración estaba agitada; afectada. Pero no se movía, ni tampoco me movía a mí para apartarme. La había sorprendido.

Agaché la cabeza; derrotado. Incluso avergonzado. Me había dejado llevar como un adolescente humano y hormonado.

Bella siempre había tenido la cualidad de poder desestabilizarme con suma facilidad, tal y como había pensado mi hermana Alice.

- Lo siento… Me he dejado llevar. - Me separé de ella, dejándola libre.

Con mi movimiento, hice que el aire entre nosotros se moviera. Lo que mi sentido del olfato recibió me dejó en shock:

Podía oler su excitación. Y era la fragancia más exquisita que había olido en toda mi existencia; Llamándome, incitándome.

- ¿Te has puesto celoso? - En sus ojos había un brillo juguetón, dándome una mirada cómica. Ella no se había percatado de su propio olor. - ¡Vaya, vaya! - Alzó los ojos. - Y eso que me prometiste, minutos antes de morderme, que me concederías lo que quisiera, mientras no te pidiera que me dejaras morir. - Jadeé.

- ¿Lo recuerdas? - La miré sorprendido. Esta revelación, me hizo olvidarme de su olor. - Es… increíble – Abrí los ojos, asombrado. - Los momentos previos a la conversión, suelen ser borrosos, o incluso olvidados una vez hecho el cambio. - Podía notar como mi voz mostraba la fascinación por la confesión de Bella.

- Ajá… No estoy segura. Pero creo recordarlo todo. - Nuestros ojos se encontraron. Los míos transmitían un amor infinito por ella… Los suyos, también. - Bella – Susurré. Entonces, su mirada cambió, dando paso al terror.

- Debemos irnos, a llegaremos tarde. - Su voz fue fría y cortante como el acero.

Se dio la vuelta saliendo del portal al encuentro de nuestra familia.

- ¿Ya has conseguido desestabilizar a Edward, hermanita? - Bromeó Emmet.

- Solo un poco – Le contestó con el mismo tono cómico que había usado nuestro hermano.

- Bueno, solo has tardado 3 horas… Todo un récord para ti. ¡Jajaja!

Nos subimos todos a la limusina que nos llevaría de vuelta a la fiesta. Bella se sentó en el asiento más alejado de mí, y no me dirigió la mirada en todo el trayecto.

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La recepción y cena transcurrió sin altercados. No los hubo, gracias a mi experimentada paciencia, a que Carlisle me regañó varias veces, y que Jasper controló mi estado.

Todos, sin excepción, los hombres de la sala se comían a las mujeres de mi familia. Por supuesto y siendo habitual, su primera mirada iba hacía Rosalie; pero ahora había un cambio… En la familia había un nuevo miembro: Bella.

Rosalie tenía una hermosura evidente, que deslumbraba nada más verla: Rubia, pelo largo y sedoso; ojos claros; cuerpo despampanante; ropa ceñida.

Pero Bella tenía otro tipo de belleza. Sensual y carismática. La clásica que una vez la miras te quedas prendado.

Los pensamientos, muchos bastante obscenos, me estaban torturando. Los celos eran terribles. Como lenguas de fuego que te rodean y van abrasándote lentamente.

- Edward, por favor… contrólate. No puedo mandar más oleadas de tranquilidad, porque acabarán afectando al resto de los invitados. - Me explicó con el rostro ligeramente trastocado.

Bella se movía como pez por el agua entre los humanos presentes; sin inmutarse lo más mínimo de su presencia. De su sangre circulando rápida por sus venas, su olor potenciado por el alcohol y el sudor.

- No está tan tranquila como aparenta – Murmuró Jasper en mi oído. - Lo lleva bien. Mejor de lo que debería llevarlo siendo tan joven – Alzó las cejas mostrando su asombro. - Está haciendo un esfuerzo enorme – Miré hacía Jasper con el ceño fruncido – Pero está controlada. Además, ninguno le quita los ojos de encima. - Asentí.

Bella hablaba con gente de forma cordial, dando muestras de que se conocían. Hablaban sobre escritores, sobre libros. Varias propuestas para citarse en las oficinas de varias editoriales, insinuando un futuro trabajo.

¿Eso sería los asuntos que tenía que tratar sola? ¿Pensaba que no la dejaríamos trabajar fuera de la protección de la familia?

El baile comenzó y Bella intentó hacerse la desentendida, zafándose de estar demasiado cerca de nosotros; más bien de mí.

No quería que la tocase por nada de este mundo. Eso me desinflaba, haciéndome ponerme taciturno.

- Edward… - Alice me sacó a bailar. No puse demasiada resistencia. Sabía que quería decirme algo, en alto. No hablando en pensamientos. - Sigues igual que siempre; con Bella, te aclaro por si he sido demasiado sutil. - Puso los ojos en blanco y yo resople. - Ella no se acerca a ti, porque se tiene miedo a ella misma. Tiene la situación controlada, menos cuando tu te acercas a ella. No te rechaza, se protege.

Eso me alentó. Intenté salir de mi terquedad habitual y hacerle caso a mi hermana.

Estudié los movimientos de Bella. Antes o después la pillaría desprevenida. Pero antes dejaría que se confiara. ¿No quería jugar? ¿Retarme? Pues le daría lo que quería.

Tal como me vaticiné a mi mismo, Bella, con el trascurso de la noche, se fue confiando. Yo bailé con todas las chicas de la familia; he de reconocer que fue divertido. Hacía mucho que no salíamos a festejar.

Bella nos miraba con ojos tiernos y llenos de amor. Intentaba que nadie la viera observarnos, pero yo estaba demasiado atento a cada suspiro que salía de sus labios como para no darme cuenta de su escrutinio.

Carlisle se acercó a ella, y la sacó a bailar. Ambos se miraron de una forma que cortaba la respiración. Era increíble la forma en la que nuestro padre quería a Bella. Tras pasar solo un corto período de tiempo con ella, en nuestro momento en Forks, había conseguido enredarse en su corazón. Podría decir con toda seguridad que Bella era su hija predilecta.

Creo que le pasó algo parecido como conmigo; ella es la hija rebelde, la que no se somete a la familia, la que tiene un intelecto y curiosidad por la vida parecido al de Carlisle y el mio propio. Pero tanto ella, como nuestro padre y yo mismo, somos los más comprometidos con la familia. Los que, cada uno a su manera, protegemos y amamos nuestro clan, nuestra familia, de una forma más intensa.

Al final, acabó bailando con Emmet y con… Jasper. Ambos danzaban en sincronía. Viéndolos ahora, observándolos atentamente, eran muy parecidos. Poseían esa belleza y encanto sutil, pero embriagador.

Cuando acabó de bailar con Jasper, conversaron un momento con Alice, que fue en su encuentro. Luego mis hermanos… nuestros hermanos, se fundieron en la pista de baile.

Bella miró alrededor, intuí que buscándome; desde mi posición no podía verme, así que una vez creyéndose lejos de mí, se relajó. Estaba mirando como nuestros padres y hermanos bailaban, disfrutando de la música y de su pareja.

Por un segundo, ella bajó la cabeza; su rostro reflejó tristeza. Ese rictus me dejó confundido.

"-Ahora Edward… Es el momento que llevas toda la noche esperando. Ella está vulnerable. De nada, hermano"

Jasper me dio la pista que necesitaba. Alcé la mirada, y Jasper me guiñó un ojo, casi sin moverse.

Sutilmente me acerque a ella por detrás. Estaba demasiado absorta en sus pensamientos, por lo que no me sintió hasta que no le hablé desde su espalda, dejando que mi aliento le rozase el lóbulo de la oreja.

Su estremecimiento no se hizo esperar.

Apoyé mi mano en su baja espalda. El cosquilleo me hormigueó la mano.

- Me debes un baile. - Susurré. Ella contuvo el aliento. - Y va a ser ahora. - Dije seguro de mi mismo.

Sin esperar a que contestara nada, le atrapé la mano. Pensé que se resistiría, pero no. Se dejó llevar hasta la pista de baile sin ninguna objeción.

No necesité de Jasper para poder asegurar de que estaba nerviosa. Aunque ahora teníamos la misma condición, yo le sacaba 90 años de ventaja y las reacciones eran más claras para mí.

Mantuvimos una posición de baile normal; sin acercanos más de lo correcto. Pero la cercanía estaba ahí; Nuestras manos enlazadas; Su otra mano en mi hombro y la mía en su cintura. La sensación era electrizante.

La pieza acabó y comenzó al siguiente. Ella no hizo gesto de irse así que aproveché a continuar bailando. Y así lo hicimos, en silencio, tres piezas seguidas.

Me arriesgué y la acerqué a mí; un par de centímetros, pero fueron suficientes para que nuestros cuerpos llegaran a tocarse. Sus pechos se rozaban delicadamente contra mi torso. Cuando en algún movimiento, se apretaban un poco más a mí, ella dejaba salir el aliento, intentando reprimir un jadeo más sonoro.

Pero sentirla así, no me hacía ser indiferente. Mi respiración también estaba afectada, y otra parte de mi anatomía, también.

La situación comenzaba a írseme de las manos, por completo. Extendí mis dedos por su espalda, rozándosela sensualmente. Eso hizo que, inconscientemente, la acercara un poco más a mí.

Entonces, pasaron dos cosas, casi, a la vez:

La primera fue que Bella notó mi erección al clavarse en su vientre. Sus ojos se abrieron espantados mientras un jadeo de éxtasis abandonaba sus labios.

La segunda no la vi venir; Bella se separó de mi un par de pasos, un poco más rápido de lo debido y me empujó. Fuerte. Haciéndome retroceder de espaldas un paso.

Solo una pareja que teníamos muy cerca se percató de lo sucedido, y no de toda la situación, gracias a Dios; nos miró curiosos más que nada. Nuestra familia paró de bailar, acercándose a nosotros con sutileza.

- Bella… - Jadeé. - ¿Me tienes miedo? - La pregunta abandonó mis labios sin casi ser consciente. Ella me miró asombrada por mi pregunta. Pero en sus ojos había conflicto de sentimientos.

- Me descontrolas… No te acerques a mí. Por favor… - Suplicó, mostrando una más que clara rendición en su forma de mirarme.

- Que yo… - Gesticule perplejo - ¿Te descontrolo? Pero…

- Edward, déjala. - La voz excesivamente seria de Jasper me molestó. - Si. La descontrolas… Y no estamos en un sitio demasiado prudente para que eso ocurra. - Explicó.

Bella aprovechó el despiste y, todo lo rápido que pudo, se escabulló de la pista de baile. Jasper me sujetó del brazo.

- Déjala – Me miró serio. - La agobias.

- ¿Desde cuándo la defiendes tanto? - Le pregunté ofendido, con resentimiento en la voz.

- Desde que la siento… Y desde que entiendo perfectamente por lo que está pasando ahora mismo. - Todos lo miramos sin entender.

- Jasper, hijo. Explícate. Todos queremos hacérselo fácil a Bella. - Le pidió nuestro padre.

- Ella… está forzando sus límites. Al extremo. Mientras se encuentra tranquila, lo lleva bien. Bueno… extraordinariamente bien – Gesticuló con los ojos, mostrando su fascinación – Pero si la situación se le va de las manos por cualquier cosa, comienza a sentir como la fuerza y la determinación se esfuman y se pone nerviosa. Y no está segura de cuánto podría llegar a controlarse.

- Pero… Entonces… ¿Por qué se pone al límite así? - Preguntó con pesadumbre Esme.

- ¿En serio no lo veis? Es el mismo motivo por el que se fue cuando despertó – Nos explicó.

Todos jadeamos ante la expectativa de que volviera a irse.

- No se irá… - Sentenció Alice. - No me está bloqueando y la veo con nosotros. No… Es orgullosa. Es una vampira – Su última frase sonó despreocupada. Dándolo por echo.

- Jasper, dices que no vemos lo obvio… ¿Qué es lo que se nos escapa? - Le pregunté volviendo al tema que realmente nos preocupaba.

- Ella quiere ser una Cullen. - Nos miró con intención. - No quiere defraudarnos. - Todos fruncimos el ceño, entendiendo ahora lo que pasaba - Ella, en su época humana en Forks, observó el cuidado que todos teníais conmigo; yo fui el único que se descontroló por aquella maldita gota de su sangre. - Por los ojos de mi hermano, cruzó un destello de culpa. - Y no quiere ser el eslabón débil de la familia. Quiere tener el mismo temple que todos… - Jasper miró hacía Carlisle – Quiere ser como tu. Tú eres su ejemplo a seguir – Mi padre no pudo ocultar la satisfacción por aquellas palabras. - Y tú… - me señaló. - Ahora entiende el temple que tuviste con ella; la fuerza hercúlea que debiste hacer, para simplemente poder estar en su cercanía. No sabes la admiración que siente por ti ahora. - Pestañee sorprendido por esa declaración. - La abrumas.

- Pero ella es poco más que una neófita. No puede igualarnos. - Esme. - El miembro más reciente, a excepción de ella, es Emmet, y le saca casi 60 años. - Explicó lo obvio. - No tiene nada que demostrar.

- La ayudaremos y le daremos tiempo. En una década, con el temple que tiene, tendrá un control que se podrá igualar al de cualquiera de nosotros… - Rose nos lanzó una mirada a mi padre y a mi. - Bueno… a excepción vuestra – Sonrió.

Los dejé allí y salí tras ella. Necesitaba hablarle; Ahora. En cuanto llegué a la terraza, su rastro se había esfumado, mezclado por el de los humanos.

¿Cómo había echo eso?

Solo captaba un ligero toque de su aroma… pero estaba mezclado por entre la gente. En todas direcciones. Era increíble que pudiera ocultarse de esta forma.

- ¡Mierda! - Grazné.

- Edward… en serio… No la atosigues. - Jasper apoyó su mano en mi hombro. - Habrá mucho tiempo para hablar. - Asintió, mirándome. Yo le copié el gesto. - Vamos a casa. Ella irá cuando se sienta preparada.

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Bueno... ya vamos sabiendo qué le pasa a Bella para estar tan... distante.

Ella no quiere ser, eso... el eslabón débil. Y por eso se lleva a si misma al límite.

(No es tan fuerte como aparenta...)

Y ya tenemos explicación de porque está especialmente esquiva con Edward: A parte de amarlo, está abrumada por él. Lo admira sinceramente.

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EN UNOS DÍAS... EL SIGUENTE!

BESITOSSSSSSSSS!

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