HOLAAAAAAAAAA!

Pues hemos llegado al final de esta historia.

Solo deciros que ha sido un placer concluir mi segunda historia,

y tener tantas lectoras siguiéndola y muchas comentándola.

Desde mi primer fic, "Aléjate de mí" he ido cosechando fieles seguidoras, a las cuales

agradezco su lealtad cada vez que publico algo nuevo.

Así que quiero dar un GRACIAS especial a ellas.

Aquí os dejo el final de... "Y si el final feliz, ¿no se cumpliera?"

.

.

CAPITULO 32


.

Cuando regresamos a casa, Bella estaba sentada en el sofá charlando tranquilamente con Annie, ambas con una taza de café en la mano. Se había cambiado, cosa que agradecí porque ese vestido me nublaba el raciocinio. Como dos chicas normales, contándose sus cosas.

Nuestras miradas se encontraron por una fracción de segundo. Y como estaba siendo habitual, ella giró la cara y siguió hablando con Annie.

- Los niños están dormidos. Se acostaron unos minutos tras marcharos. - Me informó Annie. - Bueno… - Nos miró intermitente a Bella y a mí, con tensión. Era fácil adivinar que algo no iba bien entre nosotros. - Ya se lo comenté a Bella cuando llegó.

Relajé mi semblante, mostrándole una sonrisa encantadora; maravillándola. Bella rodó los ojos y negó con la cabeza de forma condescendiente.

- Muy bien… Si ya has informado a Bella, no hace falta que vuelvas a contármelo a mí. Mientras uno de nosotros esté informado… O Rose o Emmet. Todo está bien, Annie. Igualmente gracias – Ella tragó en seco, aún algo atontada por mi encantadora sonrisa. Bella tenía su ceja alzada mirándome acusadora.

- Cla, Claro Edward. Entendido – Tartamudeó.

- ¿De qué habláis chicas? - Alice, que también se había puesto su pijama, se juntó a Bella y a Annie, en el sofá.

- Bella y yo estábamos hablando sobre la librería. Que va de fábula. - Ahora fue el turno de Annie para deslumbrarnos a todos con su sonrisa feliz y plena. - Mañana Bella va a venir a verla. ¿Por qué no te apuntas Alice?

Las chicas se quedaron charlando un rato más, hasta que Annie comenzó a bostezar.

.

Ella tenía su propia habitación; cuando aumentamos la viviendo, se hicieron dos habitaciones de más. Una de invitados y otra para ella, al lado de los cuartos de los niños.

Aunque tenía su propio piso, en el mismo edificio donde estaba la librería; justo encima. Oportunamente, quedó un piso vacío a un precio irrisorio.

La mano "Cullen" estuvo metida por el medio, y creo que ella lo sospechó, pero jamás dijo nada.

Aún teniendo su piso, alguna que otra vez, se quedaba a dormir con nosotros. Estaba muy sola y a veces añoraba demasiado a Bella; por lo que nos hacíamos compañía mutua.

Bella se fue a la habitación de los mellizos, donde estuvo un buen rato contemplándolos dormir.

.

Rose se unió a ella, donde conversaron en "privado" durante un rato.

Desde el salón, no pudimos evitar escucharlas; aunque todos estábamos de lo más atento a las palabras de Bella.

- Es mágico verlos dormir, ¿verdad? - Le preguntó nuestra hermana. - Desde que nacieron, comencé a entender a Edward, cuando iba a verte dormir y se quedaba allí quieto, contemplándote.

- Sí… - Contestó de forma cansada y… triste. - A veces… Echo de menos el poder dormir. - Confesó Bella tras un silencio.

- ¿Ya? Es muy pronto para extrañarlo.

- No todo el tiempo… solo algunas noches. La desconexión que producen las horas de sueño. Poder tomar aire, relajarte y comenzar de nuevo… Como ahora.

- ¿Qué te preocupa, Bella? Nos tienes aquí para ayudarte en todo. Absolutamente todo. Y expresarte, hablar… Desahogarte, es una forma de ayudarte. Confía en nosotros, hermana.

- Gracias Rose… Pero hay cosas que hay que hacer por uno mismo. - Su tono se endureció. Sonó a pura determinación.

- ¿Edward te está agobiando mucho? - Le espetó Rose, tras otro largo silencio.

- No, no demasiado, para ser él – Ambas soltaron unas risitas cómplices.

Toda la familia, pendiente igual que yo de la conversación, me miró con sonrisas en sus rostros. Yo rodé los ojos, pero también me causaba simpatía la respuesta de Bella.

- Pero… él… Edward… me descontrola. Me hace perder la concentración. - Su voz trasmitía un tono vergonzoso.

- ¡Jajajaja! Si, el sexo para nosotros es algo todo poderoso – Le contestó Rose divertida. - La fuerza de atracción puede ser muy desconcertante. Te puedo asegurar que cuando encuentras a tu pareja, esa atracción entre nosotros, no se va nunca. Puedes llegar a controlarlo, como les pasa a Carlisle y Esme. Incluso Alice y Jasper son bastante… tranquilos. Pero Emmet y yo… Bueno… ya te irás dando cuenta de aquí a unos días, ¡jaja,ja!

- Creo que es mejor dar la conversación por terminada… Tenemos seis pares de oídos muy atentos.

.

Bella cambió de dormitorio y se fue al de Nora, y allí se quedó quieta como una estatua hasta que sintió que la niña comenzaba a removerse, horas más tarde.

La vi salir como un espectro hacía su dormitorio… bueno, realmente era el nuestro.

Al cabo de un minuto, apareció en el salón con el pelo alborotado, para fingir que había estado acostada cuando Nora la viese.

- Yo… bueno… Quería preguntarte… - Se mordió el labio, indecisa. Sin atreverse a mirarme directamente a la cara.

- Puedes preguntar lo que quieras – Respondí yo, intentando ayudarla en la pregunta que tanto le costaba formular.

- Me preguntaba… Nora va a despertarte, ¿a la cama? ¿O siempre vas tu a su habitación?

- Depende. Un poco de ambas. - La miré sonriendo, hasta que el gesto se amplió dando paso a que los labios se me curvaran de oreja a oreja.

- ¿Me estás tomando el pelo? - Me miró molesta. Meneé la cabeza, inclinándola de un lado a otro.

- Supongo que a Nora le guste vernos a ambos en la misma cama – Contesté la pregunta que tanto trabajo le estaba llevando hacerme. - Ella ha visto a sus tíos y abuelos compartiendo cama, y le parece de lo más normal… Pero si tu no quieres… - Dejé la frase en el aire con gesto melancólico.

Bella frunció el ceño, pensando.

- Creo que sería bueno para ella. Imagino que lleve mucho tiempo esperando ver eso. A sus padres, juntos – Su mirada se fue a la nada, quedándose pensativa.

Me levanté del sofá acercándome a ella tranquilo. Por dentro estaba entusiasmado. Me quedé a un paso.

- Después de ti… - Alcé el brazo, señalándole la dirección a nuestro dormitorio.

Podía ver la tensión en cada músculo de su perfectísimo cuerpo. Tuve que contener una risita.

- ¿Tienes alguna preferencia por el lado de la cama? - Le pregunté jocoso.

- ¿Vuelves a tomarme el pelo? - Asentí efusivo. - Bueno, por lo menos lo reconoces abiertamente. - Reí.- Acuéstate Edward, la niña acaba de despertar.

Solo fueron dos minutos, pero fueron los dos minutos más largos de todo el siglo que llevaba en la tierra.

Ella estaba tan cerca, pero… tan lejos.

Se que para ella fue también difícil, ya que estaba tan rígida e inmóvil que parecía pudiera romperla con un golpe, igual que si fuese una figura de porcelana.

Efectivamente, a Nora le encantó llegar y vernos a los dos juntos "dormidos" en la misma cama; a parte, no se extrañó para nada como yo supuse. Estaba acostumbrada a ver a las demás parejas compartiendo alcoba y para ella vernos a su madre y a mí, no fue raro; al contrario. Le encantó.

Sus pensamientos alegres y felices me lo confirmaron.

- ¡Mamá! ¡Papá! Despertar… Arriba, vamos a desayunar – Gritó como loca, tirándose encima de nosotros en la cama.

Y puedo asegurar que esas dos palabras, "papá y mamá", fueron las más hermosas de toda mi existencia.

.

Bella se levantó con ella, para hacerle el desayuno. Pero cuando llegó a la cocina se frustró ya que no sabía qué desayunaba su hija.

Esme fue en su ayuda, pero sin quitarle el privilegio de que ella fuese la que le hiciese el desayuno a Nora.

- ¿Y el abuelito? - Preguntó Nora. - ¿Está en el hospital?

- No, nena. - Le contestó Esme – Está durmiendo. Hoy sabía que desayunarías con mamá, así que está haciéndose el remolón. - Se acercó a la niña, le dio un toque con su dedo en la naricita y le susurró al oído – Después de que desayunes, ve a despertarlo, seguro que le encanta. - Ambas se sonrieron.

Nora se giró hacía su madre, la cual las contemplaba ensimismada.

- El abuelito, siempre desayuna conmigo. La yaya Esme, nos prepara el desayuno a los dos. - Nora le dedicó una preciosísima sonrisa a Esme. - Ahora tú, también desayunarás con nosotros, ¿a qué si?

- Claro nena. No lo dudes – Bella le dio un beso en la mejilla y le acarició el pelo con gran ternura.

Eso, se convirtió en nuestra rutina:

A unos minutos de despertar Nora, Bella y yo nos acostábamos juntos para que la niña viese la normalidad. Ellas y Carlisle desayunaban siempre juntos, a veces acompañados por otros miembros de la familia, incluido yo mismo.

Pero todos percibimos que era un momento especial entre ellos tres, por lo que solíamos dejarlos a solas.

.

.

En cuanto el colegio y la guardería comenzó, Rosalie y Bella eran las encargadas de llevar a sus hijos. Algunos días Emmet y yo las acompañábamos, en función paterna.

Pero entonces se dio un cambio en Bella.

Volvía a casa tras dejar a Nora, se cambiaba poniéndose uno de esos modelos de firma y se iba a "trabajar"; A casas editoriales para hablar de escritores, publicaciones y demás.

Quería que ahora, siendo "poderosa" (como se refería a sí misma) se le reconociese el mérito que no supieron aprovechar cuando era humana. Pero sin destacar en exceso para no airear demasiado nuestro apellido.

Cada pocos días, Bella desaparecía de madrugada, sola. Todos sabíamos perfectamente que iba a cazar, pero nunca a ninguno de nosotros, nos invitó a ir con ella. Nadie le dijo absolutamente nada, pero estaba claro a lo que iba ya que volvía con los ojos otra vez claros y brillantes, un ligero rubor en las mejillas y por supuesto, un mejor humor.

Todos sabíamos, gracias a la sincronía que ahora había entre ella y Jasper, que a parte de darles en la cara a todos esos jefazos que no la supieron valorar, quería probarse a ella misma. Por eso cazaba tan seguido.

Ninguno hizo mención a eso, aunque todos los pensábamos.

Tampoco se comentó nada. Absolutamente nada de lo que hizo o donde estuvo en esos dos años.

Era como un tema tabú. Bella no quería hablarlo, ya que evitaba tocar ningún tema que pudiera desembocar en ese.

Pero nuestra paciencia comenzaba a agotarse.

Hacía ya meses que Bella había regresado y aunque estaba integrada con todos, había una separación; una línea imaginaria que ella no nos permitía atravesar.

A ninguno.

Y Jasper solo sabía decir que no captaba de ella más que amor por todos nosotros, pero que seguía percibiendo unas pinceladas de vergüenza. Eso, nos desconcertaba aún más.

Y Alice mantenía que ella no se iría. Que la veía en el tiempo con nosotros. Pero solo eso. Bella se limitaba a no tomar decisiones futuras, despistando magistralmente así a nuestra hermana.

.

- Antes o después se abrirá y hablará. Estoy segura – Esme siempre acababa diciendo lo mismo, cada vez que salía este tema.

- Sí. Yo también lo creo – Respondía Carlisle. - Pero empieza a ser desesperante. - Se pasó la mano por el pelo – Ya no es curiosidad por lo que hizo esos dos años, si no la falta de confianza. De integración entre nosotros. - Suspiró – Me gustaría que dejara esa máscara de indiferencia.

Todos asentimos a las palabras de nuestro padre, mostrando el pesar que cargaban nuestros hombros.

.

.

Un día me llamó pidiéndome que recogiese yo a Nora del colegio, que tenía una importante comida de trabajo. Ese día se había preparado más de lo habitual. Vestida y maquillada de forma que cortaba la respiración.

Alice estaba intranquila, ya que le había entrado una visión de Bella, donde tenía que tomar una decisión importante; transcendental. Pero no había podido ver de qué se trataba.

- Alice… ¿no has visto nada más aclaratorio en tu visión? - Le pregunté horas después – Alguna pista… - Ella negó con frustración.

- No has visto nada, pero estás intranquila. - Comentó Carlisle. - ¿Crees que deberíamos ir en su búsqueda? - Alice se inclinó de hombros. - Lleva horas fuera de casa sin dar señales...

- ¿No habrá sucumbido? - Esme pronunció en voz alta lo que todos estábamos pensando.

Se hizo el silencio. Uno tenebroso; la tensión podía masticarse en el aire.

- Si vamos en su busca y no ha pasado nada, ella retrocederá en su confianza con nosotros. Todo lo que hemos logrado de que se abriera a la familia, se irá por la borda. - Jasper tenía razón. Pero la espera y el suspense de lo que hubiese pasado, nos estaba matando a todos.

Casi de madrugada, Bella llegó a casa. Todos la miramos atónitos.

"- Miedo… Está aterrorizada. Al bode de descontrolarse. Cuidado Edward… Con calma"

Me avisó mentalmente Jasper.

Bella llegó con su ropa intacta. No había rastro alguno de sangre, ni olor a ella y el vestido estaba impoluto. Pero su cara… Su rostro estaba desencajado. Tenía los ojos negros como la noche envueltos en una mirada felina, peligrosa; y los rasgos tensos.

El color de sus ojos la delataba; cuando salió esa mañana de casa, estaban ambarinos. Ahora eran oscuros como una noche sin luna.

- Bella… ¿Qué pasa hija? - Le preguntó Carlisle acercándose unos pasos a ella, pero manteniendo una distancia para no agobiarla.

- Bella… - La llamó condescendiente Jasper.

- Voy a cambiarme. - Apretó la mandíbula. - Tengo que salir.

- Pero… si acabas de llegar – Murmuró suavemente Esme. Bella la miró con los ojos anegados en dolor.

- ¿Te apetece que te acompañe? - La pregunta de Alice la pilló desprevenida, dejándola enmudecida.

- Ummm… Otro día, ¿vale? - Le respondió forzando una sonrisa. Mi hermana le devolvió el gesto de forma totalmente natural y despreocupada.

Yo, no abrí la boca. La miraba de forma fija, y ella, con su visión periférica, tampoco dejaba de observarme. Como venía siendo habitual. Nunca de frente; siempre de reojo.

Bella se fue a nuestro dormitorio y al cabo de unos minutos, salió con ropa muy distinta. Por un segundo, me recordó a la Bella de antaño. A la de Forks.

Vestía unos vaqueros sencillos, una camiseta verde de manga larga, y un chaleco. En sus pies, playeros.

Iba a cazar.

La había estado observado cuando salía por las noches y siempre que cazaba, vestía ropa similar a la de ese momento.

Sus ojos, seguían oscuros. Habían recobrado un tono ligeramente más claro, pero no dorados.

"- ¿Otra vez a cazar?"

Ese fue el pensamiento global de toda la familia.

- Volveré antes de que Nora despierte. - Eso fue lo único que salió de su boca como despedida. Que fue dirigido a mí, pero sin mirarme directamente.

Esperamos unos minutos antes de hablar para que no nos escuchase.

- Algo le ha pasado – El tono de Carlisle no dejaba lugar a dudas.

- La decisión que tuvo que tomar… mi visión de esta mañana – Aclaró Alice – Creo que era – Tomó aire – Decidir si atacar a alguien o no. - La última frase fue poco más que un murmullo.

- Si. Estoy de acuerdo – Apoyó Emmet. - Su cara, sus ojos… Estaba claro que se ha visto en un compromiso.

- Voy a ir tras ella. - Dije de pronto, levantándome de un salto. - No aguanto más. Tengo que hablar con ella.

Alice me miró de forma fija; estaba teniendo una visión, conmigo.

- Sí, ve tras ella. Ha llegado el momento de tener la "charlita" con ella. - Me miró, transmitiéndome ánimos. Le hice un movimiento afirmativo y salí como un espectro.

.

.

Después de dar varias vueltas, por fin encontré su rastro. La seguí con cuidado de que no me detectase. Quería que se alimentase primero, así estaría más abierta y tranquila para hablar.

Esta situación debía acabar. E iba a ser esa misma noche.

Cuando se disponía a volver, supongo que a casa, Bella paró su marcha de repente.

- Edward, podría olerte a mil kilómetros – Su tono era jovial – Para ser un vampiro centenario, no eres demasiado silencioso, que digamos. - Seguía de espaldas a mí, sin moverse. Yo me acerqué varios pasos.

- Veo que tu humor ha mejorado. - Asintió con un ruidito.

- Siento haberos asustado. El día… bueno, podríamos decir que se complico un poco. - Su voz ahora se tornó más seria y profunda.

- ¿Qué se complicó? Estoy cansado de tus evasivas. De que nunca quieras revelar nada... Siempre en silencio, siempre distante... - La acusé. Ella resopló, agobiada.

- Hoy, me he visto... sobre pasada. Alguien se hizo un corte delante de mí... - Dejó salir una risa cínica - Con un papel. ¿No te parece irónico? No sé de donde saqué las fuerzas para no lanzarme a él... Me afiancé a la mesa, dejando los dedos marcados... - Confesó agachando la cabeza. - Creo que no estoy lo suficientemente entrenada - Más que una contestación, fue una meditación.

- Bella... Llevas poco más de dos años como vampira... Y estás haciéndolo genial - Aunque era un elogio, mi voz se tornó con cierto toque acusatorio. - Dejaste los dedos marcados en una mesa... - Alcé la voz mostrando un tono irónico - Pero conseguiste irte sin dañar a ese humano. - Ella resopló, no satisfecha con el resultado de lo sucedido.

.

Me acerqué más, la agarré del brazo y la giré, obligándola a mirarme. Directamente a los ojos, nada de mirar de soslayo. Mantuvimos nuestros ojos fijos el uno en el otro por un tiempo indefinido; ella no parecía dispuesta a romperlo, así que, lo hice yo.

.

- ¿Quieres decirme qué es lo que pasa? - Le pregunté sin medias tintas, mirándola fijamente. Ella frunció el ceño en un gesto de dolor. - Confía en mí, Bella. Estoy aquí para ti. - Le hablé con ternura.

- No pasa nada. ¿Qué es lo que va a pasar? - Contestó haciéndose la desentendida, con malas formas. En respuesta, le alcé una ceja.

- ¡Vamos Bella! Hace casi cuatro meses que has vuelto, y pareces una completa extraña. No nos cuentas que ha sido de ti en estos dos años, y esquivas cualquier pregunta que pueda llevar a ese tema; desapareces practicamente todos los días durante horas, cazas casi todas las semanas – Bella iba contrayendo el gesto con cada acusación – y… yo. - Clavó su, ahora dorada, mirada de forma intensa en la mía.

- Tu… ¿Qué? - Se puso a la defensiva. - Estoy aquí, ¿no? ¿No querías eso? - Alzó la voz, dejando claro que ese tema la afectaba. Había dado en su punto débil… "yo". - Tanto miedo que tenías de que no pudiese soportar la sed, que no fuera yo misma, que mi alma se desvaneciese – Mi cejas se tocaban la una con la otra. Estaba anonadado por sus palabras. - Aquí estoy. Mírame. Soy yo, Bella… Estoy intentándolo. Estoy intentando ser lo que tu querías, lo que tu esperabas… - Ahora ya no gritaba; sollozaba.

Llegados a este punto, sobraban las palabras… Todo había quedado claro. Ya tendríamos tiempo para hablar, pero ahora no.

.

La agarré por su brazo y con un movimiento vampírico, la atraje hacía mí y la besé.

La besé con toda la fuerza que mi cuerpo vampiro me otorgaba. La besé como llevaba más de dos años esperando. La besé como quise hacerlo desde que la conocí aquel día en la cafetería del instituto de Forks, trece años atrás.

Nuestras bocas encajaron, por fin, a la perfección: Dureza con dureza. Frío con frío. Fuerza con fuerza.

Lo único que no había cambiado, era lo muchísimo que nos amábamos.

.

- No tienes que demostrar nada… - Le susurré después de… no sé cuanto tiempo nuestras bocas estuvieron unidas, ahora ninguno necesitaba respirar. - Solo con que hayas vuelto, con que me ames tanto como antes; tanto como yo a ti… me basta. - Noté su sonrisa sobre mis labios.

- Nunca nadie ha amado tanto, como yo te quiero a ti. - Declaró, mirándome fijamente a los ojos.

- Salvo una excepción. - Contesté; volví a notar su sonrisa en mi boca. - Te amo… desesperadamente.

- Yo también te amo… ¿Empezamos con un… para siempre?

- Por toda la eternidad.

.

.

_FIN_

.

Sinceramente espero, que les haya gustado. Que disfrutasen, aunque solo fuese un mínima parte

de lo que yo misma lo he echo escribiéndola.

SIENDO EL ÚLTIMO CAPÍTULO... ESPERO QUE OS ANIMÉIS A DEJARME UN COMENTARIO, UNO BONITO.

Me encantaría, que me escribiesen no solo por este capítulo... Si no, que les pareció la historia en general. (Sé que espero demasiado)

EN BREVES, VOLVERÉIS A SABER DE MÍ... ya que estoy escribiendo UNA NUEVA HISTORIA.

MIL BESOSSSSSSSSSS MIS BELLAS LECTORASSSSSSSS!