CAPÍTULO 2

Apenas he pegado ojo en toda la noche, aunque he fingido dormir el tiempo que una persona normal suele necesitar dormir, y me he echado una ligera cabezadita también, entre el viaje en avión desde Italia, la carrera con esos neófitos hasta el acantilado y luego la tensión al saberme en terreno extranjero y hostil si me descubren… bueno, el cansancio ha sido más fuerte.

Pero al final me he despertado temprano y he decidido que podía arriesgarme a mandar un mensaje con el móvil que no me han sido capaces de encontrar. De todas formas, me alejo un poco de donde el joven lobo descansa aún para mandar un mensaje breve con el móvil en silencio y sin vibración.

Apenas unos minutos después recibo la contestación.

Nos ocuparemos de la coartada, tú ten mucho cuidado. Los lobos son peligrosos.

Sonrío. Ni una sola palabra de más, ni una sola de menos. Ni una sola palabra de cariño, aunque en esas breves frases hay mucho más oculto que lo que parece.

Así que sonriendo, vuelvo a entrar y me vuelvo a recostar a la espera de que alguien intente despertarme para fingir que me despiertan entonces.

Hoy será un largo día, me van a llevar a la policía para intentar identificarme por las huellas dactilares, supongo.

(Salto espacio-temporal)

"Muy bien… vamos a ver si encontramos quién eres…" Me dice un hombre de mediana edad no demasiado viejo con bigote que parece ser el jefe Swan de la policía. "¿Y dices que tienes amnesia?"

"Eso dice el médico." Asiento.

"No sabes quién eres, ni cómo llegaste allí o quiénes eran los que te perseguían ¿no?" Me dice.

"Ahá." Asiento mientras rezo por que en casa hayan hecho lo que me prometieron y aparezca algo en esa pantalla, al menos para que no se pongan en guardia conmigo.

"Vale… bueno, esto puede… tardar un poco." Afirma mirándome. "¿Café, té o agua?"

"¿Café?" Pregunto suavemente dudando.

"Ah, claro. Se me olvidaba que no…" Dice levantándose para moverse del cubículo que ocupa.

Miro un segundo hacia atrás y entonces compruebo que algunos policías me están mirando, así que vuelvo a mirar al escritorio y sonrío unos segundos al darme cuenta que la naturaleza de mi padre es fuerte en mí y he heredado su apariencia superior a lo humano y ese imán para la gente.

"Bueno… aquí tengo un par de cafés y… un poco de té." Afirma poniéndome delante un par de vasos de plástico desechables, el de té más pequeño que el del café. "A ver si ha sonado la flauta por casualidad…"

"¿Sabe ya algo?" Le pregunto con curiosidad.

"Aún nada." Afirma. "Pero diría que no eres americana, o ya te habría encontrado." Añade mirándome. "¿No recuerdas nada de nada?"

"No." Niego dejando el vaso del café más insípido que he probado nunca, en parte porque mi lengua comienza a atrofiarse como producto de mis genes paternos y comienzan a saber todo igual, y eso es a barro.

"Genial, la máquina vuelve a estar averiada." Afirma tras probar el suyo. "Lo siento por el café aguado."

"Ah, no importa." Afirmo suavemente. "Aprecio el gesto, y no está tan mal."

"Acabo de descubrir algo sobre ti, además de mona eres encantadora." Afirma sonriendo. "Ah, tiene algo." Afirma cuando por fin pita el ordenador centrándose en la pantalla. "Ahá. Bueno… no es mucho pero…. Al menos sabemos que te llamas Ann, y llegaste aquí hace unos días, aeropuerto de Phoenix."

¿Cómo había encontrado eso? Yo había llegado allí pero pensaba que pondría otra cosa.

"Una suerte que los aeropuertos tengan cámaras ¿eh?" Me dice sonriendo.

"Ann… me gusta." Afirmo continuando con la coartada. "¿Cuál es mi apellido?. ¿País?"

"Pone que vienes de Suiza." Me dice.

Gran paraíso fiscal, alguien en casa había hecho un buen trabajo.

"¿Soy Suiza?" Le pregunto.

"Eso parece." Me dice. "Y no tienes antecedentes penales, Ann Von Ravenna."

"¿Y por qué estoy aquí?" Le pregunto.

"No lo sé." Afirma. "Pero con tu nombre podemos buscar algo más."

Una hora más tarde, aún seguía buscando, por suerte para mí, vinieron refuerzos para mí.

"Perdón, Charlie." Dice un hombre joven viniendo con el llamado Paul. "Hemos encontrado otro cuerpo quemado."

Eso me hace escalofriar ligeramente. El fuego me da miedo, morir quemada viva era mi peor pesadilla.

"Parece que estamos ante un psicópata." Afirma el jefe Swan mirando unas fotos antes de guardarlas.

"¿Se sabe ya quién es ella?" Le pregunta el llamado Paul.

"Ann Van Ravenna, pero no sabemos mucho más." Afirma mirándoles. "Viene de Suiza, pero no aparece en ningún otro lado que en la reserva del viaje. Estoy pidiendo información a la policía suiza, pero me cuesta un poco escribir en francés."

"¿Y falta mucho?" Pregunta el otro hombre.

"Mucho, creo que va a tener que pasarse otro rato." Afirma el policía. "Y por dios, dejarle una chaqueta, LA POLICÍA DEBERÍA CENTRARSE EN SUS CASOS EN LUGAR DE LAS DAMAS." Afirma elevando la voz para hacer que los chicos del cuerpo que nos miraban se volviesen a sus trabajos. "Perdona, iba por ellos." Me dice viendo que me he tapado la cara abochornada.

"Ya." Afirmo.

"Bueno, pues vamos a llevárnosla de aquí antes de que cause un abandono del deber policial." Afirma el otro hombre. "¿Tienes dónde ir?"

"Vive en la tienda de Quil." Afirma Paul.

"Ahora que sé el nombre podría pedir dinero a casa." Afirmo. "Cuando… encuentren… dónde vivo o… a mi… familia."

"Pues vas a tener que hacer algo, porque esto podría ir para largo." Afirma el jefe de policía.

"No creo que a Quil le importe que siga viviendo ahí unos días más." Afirma Paul.

"O podría… buscar un trabajo." Afirmo enseñándoles el recorte que tenía del trabajo.

"Conozco esa cafetería." Afirma el hombre. "Está cerca de la casa de Emily."

"Ah, creo que ya la recuerdo." Afirma Paul. "¿No es la de la vieja esa? Sí hombre, la de los caramelos a cambio de llevarle las bolsas de compra de la tienda a la cafetería."

"Ah, creo que sí." Afirma el hombre joven para mirarme. "Igual podrías encontrar algún sitio barato para el sueldo que ganes."

"Creo que eso es lo que pensaba cuando corté esto." Afirmo. "O tal vez no."

"Probablemente sea que sí." Afirma Paul. "Suena cabal."

(Salto espacio-temporal)

"Aquí es." Me dicen parando el coche frente a una casa muy tipo a las indígenas. "Dejaremos el coche aquí y te acompañaremos a pie, no está muy lejos."

"Ah, vale." Afirmo saliendo del coche y quedándome allí mientras ellos entran en la casa, solo que cuando el mayor de los dos llega a la puerta y entra, al cabo de unos segundos vuelve a asomarse.

"¿No vienes?" Me dice.

"¿Eh?" Le digo.

"No seas tímida y entra, hay magdalenas recién hechas." Me dice el llamado Embry sonriendo tras el hombre. "Emily hace las mejores magdalenas de la reserva."

"Vamos, pasa." Me dice Sam. "Enseguida te acompañamos a ver esa oferta."

"Con permiso." Afirmo entrando por la puerta siguiéndoles para ver que hay un par de chicas más además del llamado Quil y Embry.

"Así que tú eres la famosa chica amnésica." Me dice la de pelo corto mientras no puedo evitar fijarme en que la otra tiene la cara surcada por un zarpazo por lo que le aparto la mirada.

"Eso parece." Afirmo.

"Parece ser que se llama Anna, Anna Von-no-sé-cuántos." Afirma el hombre. "Por cierto, creo que no me he presentado aún, yo soy Sam, y esta es mi prometida, Emily." Añade cogiéndo suavemente de la cintura a la mujer del zarpazo.

"Encantada." Afirmo suavemente para ir a darle dos besos y que sonría un poco extrañada cuando nos separamos.

"Y ella es Leah, es la hermana de Seth." Me dice el llamado Quil.

"Seth… Seth…" Digo.

"El que se quedó contigo anoche." Afirma Embry.

"Ah, ya lo recuerdo, es cierto, se llamaba Seth." Afirmo sonriendo.

"¿Qué te ha dicho la policía?" Me pregunta Embry con interés como el resto que me miran directa o indirectamente.

"Que me llamo Ann, sin la e, Ann Von Ravenna, parece ser que podría ser suiza y llegué a Phoenix hace unos días." Afirmo. "Eso y que parece ser que tampoco tengo penales."

"Eso es bueno." Afirma Emily sonriendo.

"Al menos parece que eres buena." Añade Leah. "Y yo me voy a ir yendo, tengo cosas que hacer. Ya nos veremos otro día, Ann-sin-la-e."

"No se lo tengas en cuenta, Leah es un poco… especial." Me dice Quil sin apartar la vista de su magdalena.

"Ya veo, me gusta la gente como ella." Afirmo sonriendo.

"¿Bordes?" Me pregunta Paul.

"No me lo ha parecido." Niego suavemente.

Era extraño, todo el mundo sabía que los lobos eran irascibles y huraños; pero en cambio, estos era bastante cálidos.

Me encontraban y me acogían sin más solo porque había perdido mi memoria, aunque fuera una farsa; me presentaban a otros como ellos y me acogían en su círculo aunque fuera porque me veían como algo necesario de protección.

Todo eso era casi lo opuesto a lo que siempre había oído que eran los hombres lobo de cualquier tipo.

"¿No te gustan las magdalenas?" Me pregunta la mujer de la casa, Emily.

"Ah, no lo sé, creo que sí." Afirmo suavemente mordiendo una y recordando que debo dejarme ver comiendo. "Son buenas."

"Gracias, las he hecho yo." Me dice.

"Entonces debería pedir la receta." Afirmo haciéndola sonreír.

Es curioso, pero mientras la mujer me cuenta un montón de cosas sobre esa tontería que es hacer pastelería, me siento bien, me reconforta que me lo explique tan cálida y abiertamente.

"Bueno, será mejor que vayamos acercándonos ya a la tienda." Afirma Sam calmadamente mientras el reloj de la pared marca la mediodía. "Enseguida estaremos de vuelta."

"Tendré la comida hecha para entonces." Afirma la mujer sonriéndole antes de mirarme a mí de nuevo. "Habrá jamón asado y pasta. ¿Vendrás?"

"¿Yo?" Pregunto confusa.

"Claro." Asiente. "Supongo que no tendrás aún dónde vivir ¿no? Me han dicho que vives en la tienda de los Ateara."

"Duermo en la tienda de… oh, se apellida Ateara, ya lo pillo." Afirmo callendo en la cuenta.

"No te preocupes, hay comida de sobra, siempre hago de más por si aparece alguien más." Me dice sonriendo.

"Yo… gracias, pero…" Digo.

"Di que sí o se apenará un poco." Me susurra Paul pasando junto a mí por lo que miro a Sam que asiente casi imperceptiblemente.

"Claro, será… será un placer, Emily." Afirmo. "Pero primero tengo que…"

"Creo que va a ser la nueva tendera de la anciana del fin del camino." Afirma Sam.

"Puedo ir sola." Afirmo suavemente. "Si está al final del camino no puedo perderme ¿no?"

"Mejor vamos contigo." Afirma Paul.

"Pero puedo ir sola." Afirmo mientras Sam coge algo más antes de acercarse y darle un beso a Emily antes de abrir la puerta.

"No importa, pensábamos comprar algo allí." Afirma.

(Salto espacio-temporal)

"Pero no sé… eres muy jóven…" Me dice la señora.

"Precisamente por eso creo que podría trabajar aquí." Afirmo suavemente. "Soy joven y fuerte, soy resistente y trabajaré duro. Tan solo necesito dinero para poder comer y vivir aquí."

"Ya pero…" Afirma suavemente.

Echo un ojo por encima de mi hombro para comprobar que los dos lobos están ocupados en la tienda y levanto una mano hacia la mujer antes de mirarla directamente a los ojos.

"Soy joven y resistente, necesitas sangre nueva en el negocio y soy guapa, atraeré a clientela y conseguiremos aumentar la clientela." Afirmo mirándola a los ojos mientras compruebo que comienzan a vaciarse. "Soy la candidata perfecta, no quieres a ninguna otra porque ves el potencial en mí." Afirmo antes de mover la mano rápidamente ante sus ojos para bajarla de nuevo a mi lado viéndola parpadear. "Creo que puedo aportar mucho al negocio."

"Yo… sí, claro." Afirma para sonreír. "Está bien, creo que eres una joven realmente prometedora. Podrías comenzar mañana mismo." Añade.

"Mil gracias." Afirmo sonriendo.

"Mañana mismo estaré aquí, a primera hora de la mañana." Afirmo.

"Bueno, bueno, tranquila." Afirma sonriendo divertida. "Ven a las 9 y…"

Oímos un portazo y eso hace que nos giremos.

"Muchacha." Le dice la anciana mientras una mujer morena y con pelo de ébano liso pero salvaje vestida con apenas unos shorts-culotte negros y una camiseta amplia con rotos como si le hubieran arrancado la parte del abdomen hasta el final y unas deportivas sueltas para en seco para mirarnos. "Eve." La llama. "¿De dónde vienes?"

La oigo decirle algo a la anciana antes de irse, sin embargo, hay algo más en ella, porque juraría que desde que me vio al parar, no había dejado de vigilarme ni un momento.

"Esa mujer… era muy bella." Afirmo.

"Es Eve." Me dice. "Es mi bisnieta, su madre murió al dar a luz a su hermana hace unos años. Desde entonces… bueno, tiene un carácter difícil."

"Pensábamos que se había ido." Afirma Sam. "Si está por aquí… bueno, seguramente no necesite una tendera ¿no?"

"No, me gusta esta chica." Afirma la anciana. "Además, Eve… tiene un carácter difícil, realmente difícil. Es demasiado independiente. A veces pienso que no vive aquí."

Realmente esa mujer era extraña, si bien no podía ver qué había mal en ella, aunque era demasiado… huraña.

"Parece que has tenido suerte." Me dice Paul.

"Bueno, ya tienes trabajo." Afirma Sam. "Has tenido suerte."

"Sí, es cierto." Afirmo. "Pero… me parece que tendera no estará tan mal." Añado sonriendo. "Ahora solo necesito… un lugar donde vivir."

"Bueno, bueno, tranquila." Afirma Sam. "Ya tienes un trabajo, ahora tómate el resto con calma, la casa puede esperar."

"No puedo seguir causando molestias a Quil." Afirmo. "Puedo estar 3 noches más allí, pero luego qué."

"Encontrarás algo." Afirma Sam. "No llevas ni 3 días aquí y ya has encontrado un trabajo."

(Salto espacio-temporal)

"Nombres coinciden." Escribo rápidamente en el teclado de mi móvil en el reloj. "Una coartada de trabajo adquirida. Búsqueda de alojamiento tras 3 días en marcha. Procederé a ganarme una vía de infiltración entre lobos."

El plan sigue en marcha, he aprovechado un despiste de los lobos para escribir el mensaje rápidamente y mandarlo antes de que se den cuenta que puedo contactar con alguien fuera de aquello.

Sonrío antes de seguir el camino hasta llegar a un saliente desde donde puedo ver la playa y vuelvo a sonreír.

Siempre me han gustado los espacios abiertos y altos, en casa siempre subía a lo más alto del edificio para sentir el aire contra mí. A veces acompañada, pero nunca descubierta ante los maestros.

Entonces miro alrededor, olfateo el aire en busca de cualquier traza de olor que me descubra que no esté sola, pero ni mi oído ni mi olfato me desvelan presencia alguna de lobos en las cercanías, así que subo a saltos a lo alto de un árbol y trepo veloz hasta perderme entre lo alto del árbol llegando a la copa donde el viento se encarga de revolverme el pelo entre sonrisas mías mientras me lo muevo con la mano para quitármelo de la cara.

El aire fresco siempre me encanta, sentir el aire contra mi piel, entre mi pelo… me encanta el aire, me encanta sentir que si me concentro, puedo estar junto a los míos.

Y entonces lo veo, allí abajo está la tienda de los Ateara, y poco más allá, en un lugar recóndito de la playa, hay una cabaña cerca del acantilado, oculta tras vegetación y aparentemente medio destruída.

"Si pudiera acercarme…" Afirmo para mí.

(Salto espacio-temporal)

Apenas una semana más tarde

"Vaya, esto va tomando forma." Me dice Jake desde la puerta. "¿Hay alguien ahí dentro?"

"Aquí arriba." Afirmo asomándome por el borde del tejado. "Estoy reparando unas tejas, he puesto un tejado debajo de las tejas. Parcheado de metal."

"Hay que ver lo que has hecho de una choza." Me dice Embry. "¿Tienes cocina?"

"Tengo un fogón a la puerta." Afirmo acabando de poner la última teja de vuelta a su sitio sobre el sub-techo de metal que prevendría las goteras antes de deslizarme por la escalera y ver que Seth vuelve a estar dentro de la cabaña. "Lo siento, no te había oído llegar."

"Estaba montando esta mesa." Me dice mostrándome que ha hecho una mesa con unas tablas, plegable con unas bisagras sabiamente colocadas en las patas para plegarla, así debía ser cómo la había podido meter en la casa. "Mira, he conseguido arreglarte esa puerta." Añade sonriendo y mostrándome que la puerta que se calló porque estaba podrida cuando la encontré se había acabado por romper.

"Vaya, creo que con noticias como estas no puedo quejarme por encontrarte aquí." Afirmo sonriendo.

Es curioso, ese chico no para de merodear por casa, es como tener una mascota, algo que nunca me permitieron en casa.

"Es una suerte que el abuelo de Quil me vendiera esto por tan poco." Afirmo sonriendo y cogiendo una botella de cerveza de la nevera para invitar a esos chicos que poco a poco han ido trayéndome cosas para amueblar la choza hasta hacerla una decente y pequeña casa de dos habitaciones, retrete suficientemente grande como para poner una barrica y hacerla bañera y una cocina en un rincón de la estancia principal que he convertido en salón. Además de un cobertizo anexo que originalmente fue el lugar de guardar los aperos de caza y que he reutilizado como cobertizo donde guardar mis cosas, ocultando pues una cámara donde he trabajado en la noche, excavada en el suelo y donde he guardado parte de los secretos que traje de casa, salvo por lo que me vincula directamente con el lugar donde está mi corazón, mi móvil-reloj que siempre va conmigo en mi muñeca.

"Tus dólares están de camino." Me llega un mensaje que compruebo mientras guardo martillo, clavos y cinturón que usé para llevar todos en el tejado. "Ten mucho cuidado. Prima primero tu bienestar sin olvidar la misión."

Como siempre sonrío unos segundos antes de volver a adoptar la normalidad de mi papel.

"Aquí tenéis, cerveza." Afirmo sonriéndoles.

"Encontré esas estanterías mientras iba con mi padre hoy." Me dice Jacob mostrándome unos muebles viejos en una esquina junto a un sofá.

"Son viejas, pero con un lijado y un barnizado quedarán como nuevas." Afirmo mirándolas. "Esta tarde trabajo, pero por la noche comenzaré a hacerlo junto al fuego."

"Deberías encontrar una estufa." Afirma Embry.

"Me gusta el aire puro." Afirmo. "El mejor techo es el plagado de estrellas y la mejor calefacción es la de una buena hoguera en la playa. Hasta he hecho un banco para sentarme al fuego mientras se hace mi buena cena."

"Eres una suiza rara." Afirma Quil divertido. "Pero es cierto lo de la hoguera en la playa."

"La vida es breve." Afirmo. "Hay que vivirla, nada me garantiza que mañana siga recordando quién soy o que siga viva."

"No digas eso." Me dicen.

"Hace días que no te atacan ¿no?" Me dice Jacob.

"No, parece que fue algo aislado." Afirmo. "Pero… aún sigo temiendo."

"Nosotros tenemos orejas en todos sitios." Afirma Jacob.

"No te pasará nada." Afirma Seth rápidamente a pesar de las miradas de Jake y Quil. "Si hace falta vigilaremos nosotros mismos, y la policía busca a quienes te atacaron."

"Charlie siempre encuentra a los malos." Me dice Jake.

"Eso espero." Afirmo. "Siento que no me gusta vivir atemorizada."

"Eres valiente y resistente." Afirma Seth sonriéndome. "Pero todo el mundo necesita un hombro en quien apoyarse."

No lo entiendo, ese chico… Seth, no entiendo por qué me trata así, tan diferente al resto como para saltar a una mínima y nimia provocación mía.

Y entonces vuelvo a sentirlo, alguien nos vigila, pero cuando me arrimo a la ventana… nadie.

Nadie a la vista para identificar como el espía, pero ahora ya estoy segura de algo: me espían. La pregunta es quién.