CAPÍTULO 3: CONOCIENDO A LAS MANADAS. AGRADECIMIENTO.
"Vaya, parece que no tengas nada que hacer." Le digo a Seth divertida viéndole llegar con otros chicos de su misma apariencia que me hace pensar que sean los lobos 11 a 15 sin contar con los 10 adultos que me dijeron que había cuando los maestros habían ido a la guerra contra los Cullen y que no dudaba que eran el resto de lobos que había visto: Jacob de los Black, Quil de los Ateara, Embry de los Call, Seth y Leah de los Clearwater, Sam de los Uley, Jared de los Cameron, Paul de los Lahote y los jóvenes Collin de los Littlesea y Brady de los Fuller. Además en aquella guerra había habido 4 más, todos ellos demasiado jóvenes. Esos debían haber sido los de hoy, más otro que debía haber sido un accidente.
"Y tú parece que hayas hecho un bar." Me dice uno de los otros riendo mientras Seth les intenta calmar sonriendo.
"Me gusta esta cerveza." Afirmo refiriéndome al cubo que han mirado bajo el falso techo de tela que hice a unos metros de la caseta en la arena, a un par de metros de la pequeña covacha en la piedra donde guardo el alcohol y los sacos de café que mantienen mi pulso y mi temperatura constantes y templados.
Hacía menos de un día que había puesto la puerta, hecha a medida por los mismos chicos a cambio de unos dólares para materiales y un par de repuestos de un coche que había encontrado en el acantilado en una de mis excursiones nocturnas a nadar a la luz de la luna.
"Con todo esto podrías montar un bar." Me dice uno de los chicos.
"Y tú eras…" Le digo apareciendo que es el único rubio y parece teñido.
"Jeff, Jeff Sparrow." Me contesta. "Y como gorrión iría a beber a un bar que estuviera en la playa, bajamos mucho por aquí."
"Yo bajaría por otro motivo." Afirma un moreno de ojos claros que, sinceramente, si no fuese un lobo me podría haber planteado seducir para acercarme a la manada impunemente.
"Ese es Rudy Darkshadow." Me dice Seth. "Los hermanos Abe y Jeremy Beaver." Añade señalando a los dos que parecían hermanos salvo por el tamaño y algún rasgo diferencial que no suficientemente como para no decir que eran familia. "Y él es Saulo Lacotta." Añade señalando al otro que parece un poco más mayor que el resto salvo por Ruddy.
"Y tú Seth y yo Ann." Afirmo. "Intentaré recordarlo dado que sois junto a Embry los que cogéis mis cervezas impunemente." Añado bromeando.
"Oh, perdón." Afirman mientras Seth les dedica una mirada curiosa.
"No, si ya da igual." Afirmo haciendo un gesto de mano para que lo dejaran pasar. "No me gustan los botellines abiertos."
"La próxima vez preguntaremos." Afirma el mayor de los Beaver.
"Te traeremos unas botellas grandes para compensar." Afirma Seth.
"Nah, no importa." Afirmo divertida. "Me gusta la compañía. ¿Habéis venido a bañaros?"
"Ese era el plan." Afirman mientras acabo de tallar la madera para la placa de la puerta que diga mi nombre ficticio. Ficticio pero sin ir tan desencaminado.
"¿Y no estará demasiado fría el agua?" Le pregunto.
"Un poco, pero los hombres nunca se quejan de frío ¿no?" Me dice Rudy bromeando.
Eso me hace sonreír divertida.
"Entonces supongo que me tocará actuar como una dama medieval y quedarme aquí para cuidaros las toallas." Afirmo bromeando.
"¿Veis?" Dice el mayor de los Beaver. "Os dije que era de las nuestras."
"¿Y puedo saber quiénes son las vuestras?" Le digo divertida.
"Divertidas." Afirma su hermano quitándose la camiseta para dejarlas en la arena junto al hueco donde estoy trabajando bajo una sombrilla. "Vives la vida tal como te viene, aprovechando cada momento."
"Bueno… ya pensaba que era algo grave." Afirmo divertida para parar de trabajar y cogerme un botellín de cerveza y beber un trago. "Bueno, venga, ir a bañaros. Yo os cuido esto."
"¿Y tú?" Me pregunta Seth.
"Seguiré con esto." Afirmo. "Cuando acabe con esta placa me pondré a ver si convierto una tabla que me trajisteis en unos estantes para poner mis libros. Son pocos, pero me gustan."
"Está bien, volveremos en un rato." Afirman divertidos los chicos antes de ver cómo salen corriendo hacia el agua.
"Qué envidia, están tan… vivos…" Murmuro para mí volviendo a mi tarea en la madera.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
Es curioso, nunca pensé que me pasase algo así, quiero decir… Embry lleva más tiempo, Leah lleva casi tanto como él, yo soy el benjamín, en cambio…
"Qué envidia, están tan… vivos…" Murmura sonriendo antes de volver a ponerse a tallar la madera que había estado trabajando cuando llegamos hasta allí.
No parece haberse dado cuenta que estoy aquí, que me he retrasado un segundo dudando sobre ir con el resto o no porque no he llevado bañador y me parece mal bañarme desnudo con ella por allí.
Pero entonces no me caben dudas, hay algo en ella que no me acaba de cuadrar y a la vez me duele.
Su sonrisa es triste, como si realmente nos envidara sanamente pero a la vez se apenara por algo.
Entonces la veo quitarse el pelo de la cara, desde que la vi por primera vez, desde ese primer momento que nuestras miradas se cruzaron por primera vez y noté el cambio en mí, no he podido dejar de fijarme en pequeños detalles sobre ella.
Su pelo es negro como el carbón pero brillante como una joya, suave como la seda pero duro como el acero y ligero como una pluma.
Es pálida, pero viniendo de suiza no sería de extrañar y su piel es brillante como si estuviese cubierta de aceite, cosa que impregna su piel desde la mañana puesto que parece tener miedo a quemarse y dice que tiene la piel muy sensible por ser pálida.
Es alta, pero no tanto como nosotros, aunque una vez más, lleva tacones desde la mañana a la noche, salvo cuando está en la arena que anda descanza.
Y su sonrisa, siempre es franca y sincera, o al menos la mayoría de las veces; alguna vez la he visto sonreír tristemente cuando cree que no la miran, en las noches. Pero nunca tan tristemente como ahora, como si realmente tuviera envidia sana de alguien.
"¿Qué te hace tan triste?" Le pregunto suavemente.
"Vaya, pensaba que estabas con el resto en el agua." Afirma. "No, mi mente me ha jugado una mala jugada, es evidente que faltas." Añade sonriéndome tras contar con un dedo la gente.
"Se me ha olvidado el bañador." Afirmo. "Así que me quedaré aquí."
"Si quieres puedo dejarte una toalla luego para que te cubras y te metes con los pantalones." Me ofrece. "O sin nada, necesito coger madera de atrás, así que… no miraré." Afirma incorporándose.
"Ah, no te preocupes, no me importa no bañarme." Afirmo.
"Una pena, el resto parece pasárselo bien." Afirma haciendo un gesto de saludo cuando oigo cómo me llaman el resto desde el agua. "Hasta yo pensaba ir a meterme hasta la rodilla cuando acabe de seleccionar maderas. Hace calor."
"Entonces podría hacer lo mismo." Afirmo para sonreír. "Te ayudaré a seleccionar tablas y así acabaremos antes."
"Vale, me gusta." Afirma sonriendo. "Por cierto, hoy Emily se pasó por la tienda. ¿Es la mujer de Sam?"
"Ahá… veo que alguien te ha puesto al corriente, pero no están casados." Afirmo. "¿Quil y esa chica castaña que bajaron aquí el otro día?"
"¿Quién?. ¿Kim?" Le digo al ver que me señala a a Rebecca con Kim paseando por la orilla haciendo footing. "Es la chica de Jared. Y la que va con ella es la hermana de Jake, la novia de Paul."
"¿Todos salís con chicas?" Me pregunta mirando una tabla con ojo crítico.
"A Jake no le hace gracia, y Paul y Rachel no están saliendo, aún." Afirmo. "Pero ya caerá."
"Y estás tan seguro porque…" Me dice.
"Porque ninguna de las chicas en que pongamos los ojos podrían resistirse a nosotros." Afirma Paul tirándole otra tabla casi a sus pies. "Ten, he encontrado esto en el garaje, pensé que podría servirte."
"Vaya, esta está ya pulida." Le dice. "Y no creo que seáis tan espectaculares como para tener a cualquier chica que os dé la gana."
Eso me hace sonreír, antes de darme cuenta que eso me incluye, y no es bueno.
"¿Insinúas que no te parecemos guapos?" Le digo.
"No he dicho tal cosa." Afirma evaluando la tabla de Paul. "Solo que no sois super-modelos tampoco. Probablemente podáis tener facilidad para ligar gracias a vuestro aspecto, tenéis un buen cuerpo, pero eso no es nada." Afirma levantando la mirada y bajando la tabla para colocarla a un lado. "Si no sabéis encandilar a la dama en cuestión."
"Habló la entendida." Le dice Paul. "Nosotros conseguiríamos cualquier corazón que nos propusiéramos. ¿Verdad, Seth?" Afirma mirándome con ironía y los brazos cruzados sabiendo mi 'pequeño secreto'.
"Seguramente." Asiento.
"Repito que no." Afirma ella tranquilamente.
"¿Qué corazón se resistiría?" Le dice Paul. "El tuyo."
"No lo sé." Afirma. "Pero estoy segura que no podríais conseguir un corazón que ya tiene dueño."
No sé por qué pero esas palabras me hacen encoger el corazón, porque por un momento, diría que lo que realmente pretende decir es que su corazón ya tiene dueño. Aunque es imposible, no sabe quién es, solo su nombre y posible nacionalidad, pero nada de su pasado o sus gustos.
Aunque su personalidad crece y florece cada día más y nosotros estamos siendo partícipes de ello, para nuestro gusto y el mío en particular.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Ann)
Es bien entrada la noche cuando mi reloj vibra en medio de la oscuridad de mi cabaña mientras leo un libro a la luz de la luna.
Con cuidado, cojo el mensaje y lo leo para sonreír.
Cada noche me descubro más preocupado por ti. Aunque ponga mi vida en peligro no puedo evitar escribirte pidiendo, no, rogando buenas nuevas. Necesito saber de ti, no solo las breves misivas.
Sonrío ampliamente antes de ponerme en pie y guardar silencio tras la puerta para comprobar que no me vean salir mientras recojo mi toalla para meterla en mi mochila y salir tras coger aire para salir e internarme en la línea de playa antes de comprobar de nuevo que no me espíen y desnudarme para correr a internarme en el agua y nadar un poco antes de hundirme y caminar bajo el agua para salir a coger aire lo justo antes de volver a hundirme, una y otra vez.
Hasta llegar a un punto frente a la costa donde hay un peñasco de tamaño suficiente como para poder hablar tranquilamente.
Así que saco el móvil que oculté en una falsa piedra y le quito el protector de la humedad para marcar tranquilamente el número y esperar hasta que me cogen al otro lado.
"Ciao, amore." Le digo sonriendo.
"¿Estás bien?" Me pregunta. "No deberías llamar, es peligroso."
"Tranquilo, estoy a salvo, estoy fuera de sus terrenos, ni siquiera un lobo podría oírme aquí." Afirmo. "Además, cada día me acerco más a los chicos."
"Me preocupa que puedan descubrirte y matarte." Me confiesa.
"No me descubrirán." Afirmo sonriendo. "Pero me encanta que te preocupes así por mí."
"Sabes que siempre me preocupo por ti."
"Ya no tengo 7 años." Le contesto divertida.
"No, pronto cumplirás 20." Afirma con un tono sonriente. "Aunque sigues siendo demasiado joven. Pero tu apariencia sigue siendo de 16 o 17 desde hace tiempo."
"Comparada a vosotros sí parezco demasiado joven." Afirmo. "Pero no lo soy para los que me rodean."
"An, no son tus amigos." Me dice. "Son lobos, podrían ser el enemigo. No te fies de ellos."
"¿Te crées que me chupo el dedo?" Le digo. "Me ofendes, claro que sé que no son amigos. Pero… no sé, no me parecen tan peligrosos. Más bien me parecen críos. Quiero decir… no sé, me protegen mucho. Cuando no es uno es otro el que está cerca echándome un ojo. Y por las noches y algunos ratos de día siguen buscando los rastros de los 'peones' que convirtieron para mi coartada para acercarme e infiltrarme en su círculo."
"Siempre supe que podías convencer a cualquiera de lo que fuera." Afirma sonriendo divertido. "Pero aún así…"
"Estoy a salvo, no te preocupes." Afirmo. "Qué tal por allí."
"Como siempre." Afirma. "Pero desde que te fuiste esto está demasiado tranquilo."
Eso me hace sonreír.
Es cierto, yo soy diferente a ellos, porque ellos no se mueven de los subterráneos y las sombras y yo disfruto de la vida en la ciudad cuando el sol no es demasiado intenso para evitar brillar como si estuviese cubierta de aceite.
Ellos parecen muertos en todos los sentidos y yo aún reboso vida y juventud, claro que yo soy joven y ellos… bueno, solo parecen jóvenes, la mayoría pasan ya del siglo.
"¿Y tú?" Me dice.
"Cumpliendo con el plan." Afirmo. "Me infiltro y espío a los chicos mientras ellos me protegen."
"¿Y qué has hecho hoy?" Me pregunta.
"Pues…" Afirmo para ir contándole lo que hice en el día y luego el día anterior y así hasta que le he contado todo.
Realmente le echo mucho de menos, al menos más de lo que había esperado.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
Es ya casi la madrugada cuando decido pasarme por la cabaña de Ann, solo para comprobar que esté bien, porque hemos olido trazas de vampiro cerca, y esa tarde los chicos olieron a vampiro por la playa.
La caseta está a oscuras y eso me hace sonreír, sin embargo, cuando voy a tocar en la puerta…
¡Splash, splash!
Me giro rápidamente y veo cómo alguien se acerca por el agua, así que corro a esconderme mientras me convierto en lobo para ver cómo de las olas sale una auténtica sirena de piernas firmes y largas que se envuelve en una toalla que había sobre una piedra alta antes de escurrirse el pelo y caminar hacia la caseta donde entra sin preocupación.
¿Qué hacía en el agua y desnuda?
Con cuidado me convierto de nuevo en humano y me pongo los pantalones para ir a la puerta y encontrarme de frente con ella que me abre mirándome con una cara curiosa que cambia al instante que me ve.
"Disculpa, me pareció verte despierta y…" Le digo.
"Ah, sí, estaba preocupada." Me contesta. "Así que decidí salir a nadar un poco, no pensé que… bueno, que nadie me vería. ¿Y qué hacías tú aquí a estas horas?"
"Lo mismo." Afirmo. "Quiero decir… estaba preocupado y no podía dormir, se me ocurrió bajar a la playa para correr un poco."
"Ah, pues no te molestaré." Afirma dejándome un poco chafado al darse la vuelta para cerrar la puerta un poco antes de volver a abrirla. "Voy a hacerme una cafetera. ¿Quieres también?"
¡Sí!
"Un café suena bien." Afirmo calmadamente. "Puedo ayudarte."
"Ah, no te preocupes." Afirma suavemente. "Tú corre, yo voy a secarme un poco y a vestirme."
"Vale, claro." Asiento antes de que cierre la puerta sin echar la llave siquiera.
Sinceramente, no sé por qué había dicho lo de la excusa de correr, podía haberle dicho cualquier otra cosa. Pero no, tenía que buscarme una excusa tan mala.
Aún con todo, me puse a correr un poco para dar el pego, sin embargo… bueno, no pude evitar mirar cuando vi una de las luces dentro encenderse y vi su silueta recortada contra la tela que había puesto a modo de cortinas. Eso hace que me tropiece y me caiga de rodillas a la arena para incorporarme y mirar la ventana frente a la que podía ver a Ann cambiándose sin darse cuenta que podrían verla de fuera.
Y entonces, por primera vez en toda mi vida, noto que algo dentro de mis vaqueros cobra vida propia al imaginarme cómo sería ver lo mismo sin esa maldita tela en medio.
"Oh, genial." Afirmo. "Esto no me lo había dicho."
Espero un poco antes de volver a ir a su puerta cuando comienzo a oler el café; entonces llamo a la puerta antes de entrar y verla de espaldas a mí, haciendo café con granos enteros hirviéndolos en agua en un fuego que hizo en un hueco en una esquina.
"Vaya, esto huele bien." Afirmo.
"¿Ya has acabado?" Me dice sonriendo.
"He pensado que es mejor estar en compañía que solo corriendo." Afirmo. "¿Acaso molesto?"
"Para nada." Afirma sonriéndome. "Enseguida estará listo el desayuno."
Me gusta su sonrisa, cada vez que me sonríe es como si el sol brillara directamente sobre mí, el resto del mundo desaparece y solo que da ella. Cada vez que la ve todo se desvanece y ella parece brillar con luz propia.
Pero eso ya lo sabía por Quil, Jared, Paul, Sam y hasta Jake.
Entonces recuerdo en lo que me había llevado allí en parte también.
"Ah, me acabo de acordar que te traía algo." Afirmo para sacar la bolsa cerrada que había llevado entre los dientes antes de trasformarme y meterla entre mis ropas. "No es gran cosa, pero… bueno, mi madre siempre hace muchas galletas y bollos, y no creo que eche de menos una bolsa."
"Vaya, gracias." Me dice primero un poco sorprendida por el presente y entonces sonriendo ampliamente. "Gracias a ti, ya tengo algo que ofrecerte con el café. Pero primero… tengo que salir un segundo."
"Ah, gracias, pero… bueno, los dulces yo no…" Le digo.
"Ahora vuelvo." Afirma antes de salir. "Aún no tengo baño aquí."
Es curioso, lleva razón. Desde que llegó a aquella choza hecha polvo, esta había cambiado y radicalmente.
Ahora ya no era para nada una choza deshecha, ahora era una auténtica cabaña, digna de vivir en ella si bien bastante austeramente.
Las paredes estaban decoradas con estanterías hechas a mano, había muebles tallados a mano por unos u otros de la manada y en su mayoría, por ella.
Sillas, mesa, un sofá que le habíamos llevado raído y manchado que habíamos encontrado en Forks porque alguien lo regalaba a la puerta de su casa y ella se las había apañado para, con tela de unas cortinas que Emily había comprado para ella, convertirlo de nuevo en un bonito mueble en que descansar frente a la estufa colocada en el centro de la cabaña.
Y entonces reparo en algo y sonrío.
Decorando la pared, justo sobre el sofá, estaba la talla de madera que yo le había hecho, una replica de un cuadro de un libro donde aparecía una ilustración para representar Verona en la obra de Romero y Julieta.
Mi grabado y no cualquier otro regalo de cualquier otro.
"Siento el retraso." Afirma volviendo y pillándome con la mano sobre el cojín que había hecho con unos trapos que le habíamos llevado Leah y yo. "Ah, lo siento. Al final me dio pena convertirlos en trapos de cocina, he profanado las telas que me trajisteis con mi pobre costura."
"No me parece pobre." Afirmo sonriéndole y viendo que lleva la red mohosa que encontró en la caseta y ahora parecida convertida en un zurrón al que habían cosido un trapo para evitar que se cayera nada de dentro. "Pensaba que te habrías deshecho de eso."
"Ah, aún sirve para su cometido." Afirma sonriendo. "Y mira, he encontrado esto cerca del váter." Afirma sacando unos huevos de algún animal.
"¿Y eso que llevas ahí?" Le pregunto señalando a un par de liebres.
"Mi comida." Afirma quitándoselas tranquilamente del cinturón para echarlas a un cubo que tiene en el suelo, enterrado en un agujero. "Parece que hoy tendré guiso de conejo."
"¿Cómo los has cogido?" Le digo confundido.
"Pongo trampas aquí cerca." Afirma ella encogiéndose de hombros. "Las compruebo al amanecer, antes de ir a trabajar. Así consigo comida para unos días, como lo guiso casi todo… de una ración saco 5."
"No está mal." Afirmo.
"¿Un huevo o dos?" Me dice mirándome.
"Pero pensaba que eran…"
"Bueno, no he crecido en una cuadra." Afirma. "Me habéis traído demasiados presentes, así que para vosotros siempre habrá un sitio en esta casa y un plato caliente en esta mesa y cuando no quepamos… bueno, ya haré otra mesa."
"Eres una chica curiosa." Le reconozco.
"Soy una chica con modales, y honor." Afirma levantando la sartén para echar el huevo en un plato.
Era divertido, ver a una mujer aparte de Leah decir esto era… cuanto menos extraño, y divertido.
"¿Vas recordando algo más?" Le pregunto.
"No, pero voy descubriendo cosas." Afirma.
"¿En serio?" Le digo.
"Sí." Asiente. "Sé cocinar, soy buena trabajando con estas." Afirma levantando las manos un momento mientras hace otro huevo más. "Me gusta el mar más de lo que nunca pude llegar a imaginar y me gusta vivir tranquila. Sé nadar y parece que también cazar."
"Y el café, bebes mucho." Le digo dándome cuenta que ha tomado otro más desde que llegué.
"Me gusta el sabor, y me gusta también cómo me hace sentir." Afirma sonriendo mientras oigo cómo algo se acerca por la arena al trote antes de cambiar los 4 golpes de pata por 2 de pies revelándome que están acercándose otros chicos de la manada. Sin embargo ella no parece darse cuenta hasta que no llaman a la puerta.
"Yo que tú escondería lo que no quieras que se coman." Le susurro para que asienta sonriendo y meta la bolsa en un cajón antes de ir a abrir la puerta.
"Buenas, pasabamos por la carretera y hemos visto luz." Le dice Jake. "¿Podemos?"
"Hay café y galletas." Afirma ella. "Y solo me queda un huevo, pero si lo queréis y lo repartís…"
Realmente era un encanto, y tampoco parecía ser tan mayor comparada conmigo. Quiero decir… yo parecía más mayor, tal vez un par de años más que ella, pero claro, lo mío era por el cambio de la conversión.
Aunque aún con todo… bueno, no parecíamos desentonar tanto ¿no?
