CAPÍTULO 5: SHELKIES Y HOGUERAS.

(Voz de Seth)

"¿En serio?" Dice Jared. "Quiero decir… ya van dos veces ¿no?"

"Sí, y ambas diferentes personas." Afirma Jake. "Esta vez era una mujer, la anterior no había ni una sola, el que escapó fue un hombre."

"Además, la de anoche era el rastro minoritario, aún nos falta el prioritario." Afirma Embry.

"¿No deberíamos centrarnos en por qué ella?" Les pregunto.

"Que esa es otra." Afirma Jake. "Edward dice que su mente es como una tabla rasa, es caótica y está sin sintonizar."

"O sea, que no puede sacar tampoco quién es." Afirma Paul. "Esto comienza a olerme mal."

"Paul." Le digo molesto. "Recuerda de quién hablamos."

"Lo sé, pero por mucha impronta que sea… no puedes negar que es raro." Afirma contestándome con fuerza. "Para empezar, no sabemos más que su nombre y que es Suiza, no sabemos por qué vino o qué hace aquí."

"Por cierto, dónde está." Pregunta Quil.

"Dijo que estaría un rato tumbada en casa." Les digo. "Leah está con ella para ayudarla a venir cuando despierte."

"No deberías haber dicho que hiciéramos noche de leyendas y haberla invitado." Me dice Jake.

"Jacob, no es alguien sin más." Le dice Billie.

"Se me hace raro que ya haya 6 chicos de la manada imprentados." Afirma Sue. "Y uno de ellos mi pequeño."

"Mamá…" Me quejo.

Es justo entonces cuando oímos ruidos en la caseta que Ann llama casa y vemos abrirse la puerta para salir Leah con esta que camina con algo más de energía que cuando llegamos.

Estoy por levantarme cuando mi hermana me hace un gesto de que me quede y Quil me retiene.

"Vaya, pareces cansada." Le dice el Quil Sr.

"Seguro que es otra de las obsesas de las dietas." Afirma Billie.

"No, pero cuando tienes lo justo para vivir no te gastas ni un centavo de más en comida." Les dice.

"Pues no te preocupes que hoy pagamos nosotros." Le dice Jared divertido. "Come lo que quieras."

"Esto ha tenido que saliros por un ojo." Le dice ella levantando una ceja. "¿Seguro que no son las provisiones para una semana?"

"En la carnicería nos hacen descuento ya." Le dice Billie divertido. "Por aquí comemos bastante carne."

"Ah, ya veo." Asiente ella.

"Bueno, pues cógete un plato y pide de lo que quieras." Le dice Jake.

"Yo que tú me daría prisa en coger cuando quieras algo o te lo robará alguien." Afirma mi hermana divertida.

"No somos tan salvajes." Le riñe Sam.

"Tal vez a ti te hayan domado, pero no al resto." Afirma encogiéndose de hombros.

"Vale, tomaré nota." Afirma Ann sonriendo divertida con las defensas bajadas de nuevo.

Eso me hace sonreír mirando al resto que también sonríen.

"Jake me ha dicho que te interesan las leyendas." Le dice Billie.

"Ah, siempre me gusta escuchar cuentos de miedo." Afirma ella. "Historias de seres sobre naturales… me encanta contar historias alrededor de una hoguera comiendo con buena compañía."

"Dice que se sabe muchas." Les digo yo.

"Bueno… contra vosotros me atrevería a competir, pero es evidente que aquí hay pesos pesados de leyendas." Afirma haciendo reír a varios e incluso sonriendo ella misma.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Ann)

"Y entonces… ¡apareció la anciana a su espalda!" Afirma Paul haciendo que varias chicas se peguen al cuerpo de los chicos asustadas.

"¿Tú no te asustas?" Me dice Seth susurrando.

"¿Debería?" Le pregunto. "Quiero decir… no tengo a quién pegarme si me da miedo."

"Puedes pegarte a mí." Me dice sonriendo.

"Anda ya." Afirmo divertida.

"Mi turno." Afirma Billie.

"Esperemos que esta vez sea algo más de miedo que las vuestras, chicos." Digo bromeando.

"Ah, espero que te den miedo las cosas sobrenaturales." Me dice el hombre de la silla de ruedas. "Porque deberías saber que se dice que los quileutes descendemos de los lobos."

Eso se ponía interesante.

"¿Cómo esos gemelos que fundaron roma?" Le pregunto inocentemente.

"No exactamente." Me dicen.

"Lobos de verdad. ¡Auuuuuuu!" Me contesta Paul riéndose con el resto y las chicas.

"Vaya, esto se pone interesante." Afirmo.

"Es una leyenda vieja." Afirma Seth.

"Y por vieja quiere decir que la sabemos todos al dedillo." Afirma su hermana.

"Ejem." Carraspea el hombre en silla de ruedas para llamarnos la atención.

"Leah, deberías recordar que las tradiciones son importantes." Le dice la única mujer entre los adultos.

"Perdón." Se disculpa.

Así que esa historia que me cuenten será verdad, al menos hasta el punto de que ellos la tengan como verdadera.

Y la verdad, según voy escuchando su historia para el primer vampiro que vieron, me voy dando cuenta que suena a cierta.

El primer vampiro que vieron era un cazador, en sus tierras. Lo pillaron cazando humanos en sus tierras, algo que podía comprender porque todos en mi 'familia' y amigos eran cazadores, de uno u otro modo.

Ellos habían explotado convirtiéndose en los primeros lobos de su tribu, para defender sus tierras y a sus gentes.

No podía culparles por eso, si alguien amenazaba a los míos también yo 'explotaba' y mataba a quien osara atacarnos.

Pero los maestros no me habían llevado con ellos a la guerra, porque no creían en mis habilidades de pelea. No pensaban que fuese capaz de hacer daño, porque ellos solo veían la parte superficial de mí.

"Y entonces… la tercera esposa se clavó un puñal en el vientre." Afirma el hombre en silla de ruedas haciéndome casi salta en mi asiento y sonreír a todos. "Eso atrajo la atención de la mujer lo suficiente para que Taha Aki la matara."

Ellos pensaban que me había sobresaltado, y en parte así era, porque no había pensado que pudiera haber un humano tan valiente o loco como para dar la vida así.

Yo era en parte humana aún, podía entender los sentimientos humanos o al menos la mayoría de ellos, pero no podía entender cómo alguien podía sacrificar así si vida.

Y sin darme cuenta, me envaro, esperando la continuación de esa historia, pero el hombre para sonriendo.

"¿Y ya está?" Digo. "¿No hay más?"

"¿Qué quieres que haya?" Me dice Leah. "Es una leyenda vieja."

"Ya, pero en la del primer vampiro acaban con él y hay final feliz." Afirmo.

"En esta también." Me dice Emily. "Quiero decir… mataron a la mujer fría."

"Sí, pero la tercera mujer muere ¿no?" Digo. "No es justo que alguien que ha dado tanto al final se quede sin su mujer."

"La vida rara vez es justa." Me dice Leah para levantarse. "Y si crees que lo es deberías volverte a donde sea que hayas venido, porque dudo que vengas del mundo real."

"¡Leah!" Le dice la señora mayor.

Yo guardo silencio, no puedo hablar. No entiendo qué he dicho o hecho para que esa chica se haya enfadado así.

"Perdona a Leah." Me dice Seth. "Es… la vida no ha sido justa con ella."

"No, es… probablemente sea mi culpa." Afirmo suavemente. "Disculpadme un momento, voy a buscarla."

"Oye." Me dice Jacob sujetándome de la mano para sacudir la cabeza.

Con un gesto rápido me suelto y doy unos pasos más.

"Jacob tiene razón." Afirma Sam. "No es algo que puedas hacer nada. Es un problema suyo."

"¿Y vosotros sois sus amigos?" Les digo. "Un amigo no te deja solo cuando lo pasas mal. Aunque no sea por su culpa siempre está ahí para ponerte el hombro para que te apoyes." Afirmo ante de girarme.

Dios, soy idiota, mi misión era infiltrarme, no darles lecciones. Además, de dónde ha salido ese discurso. Yo no tengo amigos, nadie me pone el hombro cuando estoy mal, nadie en mi 'familia' me apoya, la mayoría ni siquiera me consideran salvo alguien inferior a ellos.

Y entonces veo a Leah, voy a acercarme, pero entonces veo que no está sola y me paro.

Allí hay un chico, demasiado guapo y atractivo como para obviarlo y parece bastante afanado en coquetear con ella, y ella en dejarse.

No, no sería justo que molestase esa cita a escondidas, probablemente hubieran quedado y ella hubiera montado el paripé para poder escaparse de allí; así que doy media vuelta maldiciéndome por ser tan temperamental.

Pero cuando estoy pasando por las rocas piso algo, algo suave que cae al agua y recojo pensando que es una toalla para darme cuenta que realmente es una piel de foca, y no solo hay una, hay varias.

"¿Qué puñetas…?" Murmuro suavemente para cargarlas tras encogerme de hombros.

Si las han tirado puedo quedármelas y hacerme un abrigo con ellas, o venderlas, probablemente me lleve una buena pasta si las vendo, parecen auténticas.

Sin embargo, cuando ya me he atado una, la más blanca de todas a forma de falda para intentar mantener las piernas algo más cálidas que lo que las llevo, veo que en la hoguera no están solos tampoco, un grupo de chicas ha aparecido, y realmente no están nada mal.

Así que echo las pieles rápidamente al cobertizo donde las cierro con llave para correr a la hoguera.

"Perdón, creo que me he perdido algo." Afirmo sonriendo.

"Qué bien que hayas llegado." Afirma Seth con una morena despampanante y con un peinado algo aleonado y mechas rubias así como el flequillo, vestida de rojo con un trapo atado en una cadera y un top de rejilla y tela rojas que muestra más que lo que tapa. "¿Has encontrado a mi hermana?"

"No." Niego encogiéndome de hombros. "Parece que es demasiado rápida para mí. Veo que al final han venido más chicas a la hoguera."

"Las acabamos de conocer." Afirma uno de los adultos sonriendo de una forma un tanto boba.

"Hola." Me dice una rubia no menos exótica que el resto con ojos que parecen hechos de agua marina pura y sonriéndome con unos labios que incitan a besarlos y la piel perlada con agua y rastros de sal. "Me llamo Marina." Añade sentándose sin ningún disimulo entre Seth y yo y cogiéndose a su brazo mientras me habla. "Habíamos venido a darnos un baño nocturno y vimos a esta gente aquí. ¿Sois amigos?"

"Sí." Asiento mientras veo cómo todos parecen atontados con las recién llegadas y otro par de chicos más. "¿Sois de por aquí?"

"De cerca." Me dice sonriendo.

"Ah, yo trabajo en una tienda aquí." Afirmo. "Pero no os había visto nunca."

Su olor, incluso para alguien que no es 'completa' como yo, es demasiado salado, demasiado marino como para dejarlo pasar.

"Los chicos nos han invitado a una barbacoa." Me dice la morena. "Espero que no te haya importado que me haya comido una de tus salchichas, las chicas son vegetarianas."

"No, para nada, yo casi no como esto tampoco." Afirmo.

"Claro, tú prefieres la carne cruda." Susurra la rubia.

Justo entonces me doy cuenta que la mitad de la gente ha desaparecido ya y parecen ir hacia el agua mientras las chicas juguetean en el agua incitándoles a ir.

Y de pronto, todas las piezas me encajan mientras recuerdo una maldita leyenda.

"¡Eh!" Les grito a los chicos. "¡Volved aquí!. ¡Es peligroso nadar en el mar!"

"¡Tranquila, no hay peligro!" Me dicen. "¡Ven a bañarte, Seth!"

"No vayas." Le pido sujetándole de la mano para hacerle mirarme.

"¿Tienes miedo por tus amigos?" Me dice la rubia llevándose a Seth. "No te preocupes, no les haremos demasiado daño."

"Créela, solo quieren jugar." Me dice la morena.

"Jugar ¡y un cuerno!" Afirmo levantándome de un salto para correr al límite de mi velocidad aprovechando que todos miran a esas chicas y el par de chicos para volar a mi cabaña para coger todas las pieles de golpe y regresar al fuego.

"¿Qué haces?" Me dice la morena.

"¡SOLTADLES AHORA MISMO!" Grito atravesando todas las pieles de golpe con uno de los palos haciendo que todas las extrañas me miren retorciéndose. "SI LOS DEJÁIS LIBRES Y NO VOLVÉIS MÁS OS LIBERARÉ."

"Creo que no sabes lo que dices." Me dice la morena.

"¿Acaso te crees que sabemos de qué hablas?" Me preguntan.

"¡SÉ LO QUE SOIS!" Les grito. "¡LAS QUEMARÉ SI ES NECESARIO Y NO PODRÉIS VOLVER!"

Entonces veo cómo intentan venir y la morena se levanta para intentar acercárseme y suelto las pieles para recogerlas antes de que se prendan entre el grito de terror de todos.

"¡SOY PLENAMENTE CAPAZ DE QUEMARLAS SI OS ACERCÁIS MÁS!" Les grito. "¡LIBERAD A MIS AMIGOS!"

No sé por qué estoy haciendo eso. Si esas criaturas los matasen me ahorrarían trabajo, podría volver a casa, sin embargo… allí estoy, jugando y apostando fuerte para evitar que les maten.

Y entonces oigo ruidos de foca mientras ellos se mueven antes de que se aparten y dejen que todos los componentes del grupo pestañeen como despertando del sueño y salgan a la orilla ante mi llamada.

Ver que están bien me hace respirar hondo y mirar a la morena.

"Tú mataste a alguien." Me dice la rubia. "Era mi hermana."

"Lo siento mucho." Afirmo. "No sabía que era una mujer marina."

"Una foca con ojos humanos." Me dice la rubia.

"Lo siento, de verdad." Afirmo. "Y ahora iros y no volváis a acercaros a este lugar nunca más, no con esta gente."

"¿Por qué?" Me dice. "Nosotros llevamos viviendo aquí mucho antes que tú, no tienes derecho a echarnos de nuestras tierras."

"Pero tengo derecho a alejaros de la gente que quiera." Afirmo.

"Esto no quedará así." Me dice.

"Ya lo creo que sí." Afirmo. "Y puesto que me acabas de amenazar… quemaré las pieles para asegurarme que tú te quedas."

"¡NO!" Me gritan todos estirando las manos hacia mí cuando voy a tirar el puñado de pieles al fuego.

"Mi piel es la que llevas." Me dice la mujer rubia. "Por favor, no obligues al resto a vivir atados siempre a tierra."

"¿Estás segura?" Le pregunto.

"Es mentira." Me dice el chico que estaba con Leah. "Esa es mía, la suya es esa negra."

"Muy bien, quemaré ambas pues." Afirmo acercándolas al fuego mientras todos me observan.

"Por favor." Me pide él quitándomelas para echar la blanca al montón del resto a mis pies y ofreciéndome la negra de rodillas y agachando la cabeza. "Por favor, coge esta. Yo seré quien se quede, mataste a alguien importante para mí, no le quites también al resto de mi gente su libertad."

"Debo estar ablandándome…" Afirmo para mí dando una patada a las pieles para alejarlas del fuego y atándome la negra a la cintura. "Está bien, te quedarás tú. El resto pueden irse y si vuelvo a verles cerca de esta gente… quemaré tu piel y volveré a encontrar las del resto y las quemaré, tantas como gente dañen."

"La crueldad de los tuyos no tiene límites." Me dice la rubia recogiendo con lágrimas en los ojos y gesto orgulloso la piel blanca que había llevado antes que la negra.

"No lo sé, pero me gusta cubrirme las espaldas." Afirmo "Y ahora…"

Una a una veo cómo todas salen corriendo por la playa para ir a los acantilados.

"No entiendo ni una gota de lo que ha pasado aquí." Afirma alguien a mis espaldas haciéndome recordar que no estaba sola en la playa.

"Digamos que… bueno, pretendían haceros cosas muy malas." Afirmo para ir mirando uno a uno a los ojos notando cómo flojean mis fuerzas. "Intentaban robaros y les he espantado, y cuando parpadeéis recordaréis que salieron corriendo cuando dije que llamaría a la policía."

"¿Siempre modificas la mente de tus amigos?" Me dice el chico con ironía mientras todos comienzan a parpadear.

"Cállate, selkie." Le gruño entre dientes. "Harás bien en apoyar mi mentira, no creo que os interese que se sepa qué sois."

"¿Estás bien?" Me pregunta Seth.

"Dios, he pasado mucho miedo." Afirmo. "Menos mal que se han tragado lo de que llamaría a la policía."

"¿Y quién es ese?" Me preguntan mirando al chico.

"Soy Arik, encantado." Les dice el chico-selkie.

"Y eres…" Dice Seth.

"Mi nuevo compañero de cabaña." Afirmo rápidamente. "Me sobraba una habitación y me faltaba dinero. Arik va a ayudarme a abrir ese bar que me dijisteis."

"¿Tienes experiencia?" Le pregunta el hombre en silla de ruedas escamado.

"Eso parece." Afirma mirándome con ironía.

"Nos pasaremos más a menudo a echar un ojo…" Afirma Seth.

"¿Y no a tomar algo?" Pregunta Arik.

"Arik." Le llamo. "Deberías ir entrando para aposentarte, hoy puedes dormir en el sofá y mañana buscaremos otra cama para ti."

"Igual no deberías dejar entrar a tu casa a cualquiera." Me dice el hombre que parece más anciano de todos.

"Estos están por ahí cada dos por tres." Les digo. "Y no, no me molestan, al menos no normalmente. El caso es que si fuese por eso, no debería haberme fiado de ellos en primer lugar, no les conocía de nada y ya estaban ofreciéndome una mano."

Eso les cerró la boca, o eso esperaba, porque por lo visto, Seth no pensaba dejar así ese cebo.

"Nosotros solo queríamos protegerte, ya lo sabes." Afirma.

"Seth." Le advierte alguien.

"Y aprecio el gesto, solo intentaba decir que no era tan malo el dejar vivir a ese chico ahí a cambio de que trabaje para mí." Afirmo.

(Salto espacio-temporal)

"¿Sabe esa gente qué eres?" Me dice el chico-selkie cuando consigo librarme de los chicos-lobo. "¿Saben que tienen un animal en su casa?. ¿Qué tienen una asesina y que podrías matarles mientras duermen?"

"No sabes nada de mí." Le digo. "Y si aprecias tu pellejo y no el que llevo yo sino que que llevas tú… no abrirás tu boca para contarles nada, porque entonces en lugar de un selkie muerto habrá dos, y todos los que vengan con la idea suicida de vengarte."

"Los de mi especie somos gente de mar, los de la suya de tierra." Afirma. "No les diré nada." Afirma. "Pero ni con esas diferencias puedes pedirme que no me de cuenta de lo que pasa con ese chico."

"¿Qué chico?" Le digo.

"El pequeño, el de la hermana bonita pero atormentada." Afirma.

"¿Qué pasa con él?" Le digo.

"Tú… no lo sabes…" Me dice. "Los de tu tipo no tenéis eso…"

"¿De qué estás hablando?" Le digo.

"Ese chico no te mira como el resto." Afirma. "Para él eres mucho más que una extraña, mucho más que una chica que proteger y mucho más que una chica."

"¿Qué insinúas?" Le digo.

"Que cuando mates a alguien, tendrán que matarle a él también." Afirma. "Porque se pondrá en medio de quien haga falta, por protegerte. ¿Y qué pasará cuando tú te vayas?"

"No es mi problema." Afirmo girándome para darle la espalda en mi cama. "Vete al sofá." Añado con un tono más cansado del que nunca imaginé.

"Oye, no es mi problema." Afirma. "Pero sé lo que es de lo que hablo."

"Qué sabrás tú." Afirmo. "Solo eres gente de mar."

"Es cierto." Afirma. "Pero soy un selkie. Soy un animal que adopta forma humana, y ellos humanos que se trasforman en animales. En el origen de los tiempos, fuimos iguales."

"Vete al sofá…" Le digo entendiendo lo que decía.

Podían gustarme los chicos lobo, podían ablandarme el corazón, pero nunca podría ser como ellos, porque ellos estaban vivos y yo… yo había muerto cuando alcancé la edad de 7 y me estanqué. Aún sangraba, respiraba y podía comer comida normal sin vomitar, podía parecer viva, me gustaba sentirme así, pero tarde o temprano acabaría muriendo, y solo era cuestión de tiempo, poco tiempo ya que cada día soportaba un poco peor la comida y mi sueño era cada día más corto.

Acabaría convirtiéndome en uno de ellos, y eso era lo que esperaban. Pero siempre sería una parte de ellos de 3ª categoría o menos.

En cambio… con los lobos… todo era diferente.

Me habían incluido en sus tradiciones como manada sin ser parte de ellos, sin saber quién era exactamente o nada de mí aparte de nombre, edad ficticia y nacionalidad aparente.

Me protegían porque creían que los vampiros tenían interés en mí, pero incluirme en sus tradiciones… eso no tenía nada que ver con aquello, proveerme con presente o ayudarme a recomenzar mi vida allí distaba mucho de la simple protección.

El problema era por qué.