Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.

¡Hola! Bueno, paso a dejar otro capítulo, ya sé que este capítulo puede parecerles un tanto aburrido porque habla de Audrey, pero... a veces divago cuando escribo y bueno, todos los personajes son importantes en una historia aunque no lo parezcan, creo que lo dejé ya que me preguntaron sobre la relación de Lily y Draco, y si había un amor entre ellos por lo lindo y atento que es con ella, posiblemente esta parte de la vida de Audrey les ayude a comprender un poco sobre Draco y sus relaciones. Gracias por leer, gracias por los reviews, los favoritos, los follows, por todo.


Capítulo 18: Sueños.

Audrey McLaggen observó a su jefe, la noticia que le había dado era para que estuviese brincando como loca, y lo estaría, sino le importara la imagen que tenía que mantener en el lugar, después de todo, Draco Malfoy había visto lo mejor y lo peor de ella en los dos años que tenía trabajando para él, sin contar que era vieja amiga de Scorpius; aun recordaba a su madre llevándola a la Mansión Malfoy a jugar con su amigo, ya que Astoria y su madre eran intimas amigas, algo que no podía decir de su padre con Draco Malfoy, aun así, ella había conseguido llevarse bien con su jefe en cuanto entró a trabajar.

—No te ves muy feliz, McLaggen –elevó una ceja Draco Malfoy –es para que estuvieses brincando como una loca diciéndome que soy el mejor jefe de la historia y besuqueándome.

—Ya superé mi amor platónico por usted –hizo un puchero –lo siento mucho.

—Supongo que tendré que contratar a alguien más –se puso de pie y se acomodó el saco.

—Mi madre me ha contado sobre su relación –informó y Draco negó.

—Que ha dicho la chismosa de tu madre –la observó con una sonrisa torcida –supongo que está tergiversando por completo los pesares de Astoria –la animó.

—Completamente –admitió la rubia.

—No me interesa, no es como si no estuvieses al tanto de todo, no por nada eres mi mano derecha.

—Y su amiga, quiero pensar.

—Eres amiga de mi hijo y quieres ser mi amiga –avanzó hasta el perchero –eres una mujer con ambiciones y esa clase de mujeres me agradan.

—Me he estado juntando mucho con usted por dos años, algo tiene que pegarse –admitió la chica –lo que sin duda me sorprendió, es que mi madre comentó que volverá a reunirse con su ex mujer, para algo, no quiso decirme porque obviamente ya había hablado de más y no es algo que me importe, claro que sé más cosas de las que ella y mi padre piensan.

—Wizengamot quiere que nos pongamos de acuerdo, al parecer, tengo mucho dinero y propiedades como para quedármelas todas, tengo que ser compartido.

—Eso es idea de Watson –informó Audrey –ese viejo idiota piensa que envenenando a su ex podrá quitarle mucho dinero y quedarse con un poco gracias a los honorarios ¿cierto?

—Quiero pensar que Astoria no es así –observó a la rubia –pero sin duda todos podemos cambiar.

—No se preocupe, no creo que ella ceda ante las peticiones de Watson.

—Aun así, prefiero no confiarme.

—No lo veo consiguiendo un abogado –le hizo notar.

—Porque de necesitar uno, lo tendría.

—Le haré un show especial para el evento, no se preocupe por el evento, Lily y yo haremos de maravilla.

—Por eso son las encargadas –le recalcó la noticia y le dejó elegir su corbata.

—Ya lo sé y le agradezco mucho que escuchara mis suplicas de incluir a Lily en más actividades, la veo muy cómoda con las lechuzas y con todo ese potencial, no quiero desperdiciarla –Draco sonrió y asintió antes de desaparecer.

La rubia caminó hasta su oficina, no era tan grande como la de Lily, y cuando Draco le concedió el lugar como su oficina muchos ahí quisieron ponerla en contra de Lily, por un momento, ella misma creyó que era la favorita del jefe por ser la hija de Ginevra Weasley, ahora Potter y porque Draco jamás consiguió tenerla como jugadora para los Cannons, después atribuyó a que Scorpius era su amigo y por media hora el odio por Lily la carcomió; hasta que notó que ella también era amiga de Scorpius y no por eso recibía trato preferencial, y que la razón por la cual la oficina de la pelirroja era mucho más grande que la de ella, es porque Draco Malfoy adoraba su organización con los envíos, por lo tanto, envió a que alguien adaptara la bodega y la lechuzería para que quedaran comunicadas con la oficina de Lily, que en teoría, podría ser dos cuartos de escobas juntos, pero sólo esa era la razón por la cual tener una oficina incluso un poco más grande que la del mismo Draco Malfoy.

El odio que sintió por esa media hora, se quedó en el cesto de basura, y se disculpó con Lily, admitiendo su envidia momentánea, la pelirroja se rió y le dijo que no importaba, que se hubiese sentido de igual forma, pero lo cierto era que tanto Lily como Audrey tenían el favoritismo del jefe a su favor, no importaba que hicieran o dijeran enfrente de él, no se iba a inmutar, podría enfadarse y reprenderlas, pero no correrlas, y ese enfado no iba más allá de los cinco minutos, los había contado una vez.

Se sentó en su silla giratoria; observó su portarretratos en su oficina, era una imagen de ella con su jefe, era la única imagen personal en todo el lugar y sonrió, llena de melancolía al recordarse dos años atrás.

El lugar estaba completamente atestado de gente, la entrevista que había tenido hacía una semana con el padre de su amigo Scorpius había sido completamente desastrosa, él quería una secretaria eficiente, bonita y que no se le complicara la lengua al hablar, y ella le había derramado el café encima, no una ni dos veces, las cinco oportunidades que él le había dado, era obvio que no le hubiesen mandado ninguna nota, y cuando le preguntó a su amigo por qué había ocurrido con el puesto, le informó que había sido ocupado.

Se sentía como una idiota, y posiblemente lo era, pero es que no recordaba que el señor Malfoy fuese así de intimidante, tal vez porque siempre lo había visto en la comodidad de su Mansión, leyendo el Diario el Profeta en la sección de Deportes, donde siempre gruñía por las notas de la Corresponsal Ginevra Potter; pero no había más intimidación salvo la admiración que secretamente sentía por él, por ser tan hábil en los negocios, por ser tan firme y a la vez tan flexible con su hijo sin que él lo notara, la mayoría de las veces dejaba creer a Scorpius que se salía con la suya y que había logrado engañarlo cuando ella veía que no era así.

La bonita castaña que estaba sentada detrás del escritorio le sonrió, ese lugar tendría que ser suyo en ese momento, no de esa tonta mujer.

Me temo que no puede pasar si no tiene una cita con él –le informó y se puso de pie, preparó café y entró en la oficina dejando emparejado, una pequeña rendija que le permitió ver la facilidad de esa mujer para servir.

No hay más pendientes ¿cierto? –interrogó el rubio y le indicó que dejara el café en algún lugar libre del escritorio.

No, pero hay una joven afuera, no tiene cita.

No le dejes pasar, estoy ocupado y no necesito que una mujer me fastidie, así que retírate.

Audrey McLaggen era una Slytherin, y si bien la valentía sólo pertenecía a los Gryffindor, la determinación y convicción de lograr sus ideales era muy propia de los Slytherin; entró en el lugar, enfadada, porque sus mejillas ardían y sentía que sus ojos sacaban chispas.

Mi nombre es Audrey McLaggen –le recordó –vine aquí hace una semana vine por el puesto que ahora tiene la chica junto a usted.

Puedes retirarte –ordenó y la castaña salió de inmediato –eres la que me derramó el café hirviendo cinco veces ¿no es así? –elevó una ceja.

Sí –admitió.

Por lo consiguiente, no sabes servir un buen café, posiblemente tu lengua se trabe por los nervios, y tengo citas con personas muy importantes, no puedo darme el lujo de tener una secretaria torpe.

Yo no tengo planeado ser su secretaria toda la vida –gruñó –y mi lengua no se traba, mis manos podrán, pero mi lengua jamás –se acercó a él –yo quiero trabajar para usted, no me importa comenzar como una secretaria, no necesito el trabajo, quiero el trabajo.

No sé si te entiendo –se recargó en la silla –eres McLaggen dijiste –hizo memoria y sonrió –ya, recuerdo a tu padre del colegio, le ha ido bastante bien como entrenador de ligas menores ¿no? –se burló.

No nos hace falta el dinero, no somos Malfoy, pero tampoco vivimos en la miseria total –admitió la rubia –pero esto no se trata de mis padres, yo quiero ser una gran contratista, me gusta el Quidditch, sé muchas cosas gracias a mi padre pero las demás cosas las he aprendido sola, he investigado, buscado, he hecho todo lo que he creído correcto.

Hay muchos equipos –le recordó.

Trece equipos importantes en la Liga de Gran Bretaña –le informó.

Tienes once opciones de buenos equipos para ir a solicitar el trabajo de tus sueños.

Sí, pero sólo dos son suyos –le informó –y sólo a uno le presta su entera atención, por eso estoy aquí –se paró firme frente al escritorio –no me importa que me diga que barra todo el edificio al estilo muggle, lo haré, porque un día, ocuparé la oficina de McKenzie –dijo convencida.

No usarás el elevador, también barreras conforme asciendas en la escalera –aceptó Draco –comenzarás mañana.

Gracias –sonrió encantada y le dio un fuerte apretón de manos –le prometo que no se arrepentirá.

Si lo hago, lo sabrás de inmediato –admitió con un semblante serio, se enfocó al pergamino frente a él y ella salió brincando de felicidad.

Draco Malfoy le había pedido que limpiara todo el lugar, pero jamás le dijo a qué hora comenzar del día siguiente, así que al dar las doce de la madrugada, Audrey comenzó con su labor, no sólo barrió todo el edificio, sino que también ordenó los escritorios, sacó toda la basura al estilo más muggle que pudo.

Le tomó doce horas, pero cuando el hombre llegó de una junta de negocios, ella estaba de pie frente a su escritorio, con la ropa sucia y las mejillas igual, le observó desconcertado y ella avanzó hasta él.

He terminado –le informó.

Te dije todo el edificio, manera muggle.

Lo sé, me dijo que comenzaba hoy y no aclaró la hora, me ha tomado doce horas, pero he terminado, su oficina ha sido la última y he terminado.

Bien –avanzó hasta su escritorio –has ascendido, te encargarás de los envíos.

Te tengo una mala noticia, Draco –habló Andrew McKenzie entrando a la oficina del rubio –no pude hacer nada para que la mujer de Potter detuviera la publicación del artículo, creo que mañana seremos una burla.

No me esperaba menos de ella –admitió Draco –creo que al parecer le pareció muy ofensivo de mi parte llamarle amargada.

En realidad creo que el termino amargada no le molesto fue sino más bien el "la señora Potter no sabe de buen Quidditch, ya que las cosas han cambiado desde que ella era jugadora, posiblemente un fósil es más actual en el termino del juego que ella" –musitó Audrey –sin duda una mujer querría vengarse del idiota que dijera algo así en público –se burló la rubia.

Quien es ella –la señaló Andrew.

La de los envíos –aceptó Draco.

Y la dejas que te hable así, te recuerdo que hace una semana buscabas secretaria porque te dijo que si estabas seguro de querer una cucharada más de azúcar en tu té.

Que puedo decirte, el área de envíos es de tu jurisdicción, puedo contratarla sin tu permiso, pero no correrla.

La próxima vez, lo único que enviarás es tu trasero fuera de este edificio ¿cuál es tu nombre?

Audrey McLaggen –contestó en un tono autoritario –y haré bien mi trabajo.

Eso espero –gruñó McKenzie.

Por qué lo próximo que enviaré será su trasero fuera de ese puesto.

Avanzó enfadada y salió de la oficina, el hombre la observó enfadado pero nadie dijo nada, a Draco Malfoy no le importó que la de envíos insultara a su contratista más prometedor, a nadie más le importaba que lo hubiese hecho.

Trabajó lo mejor que pudo durante seis meses en envíos, ninguna de las lechuzas era feliz de tenerla ahí, pero quería lograr sus sueños y si limpiar popó de lechuza haría que estuviese en la oficina de McKenzie lo haría. No importaba que le tomara otros seis meses.

Hasta que la nota del jefe pidiendo que retirara sus cosas del lugar, la quebró.

La letra de Andrew McKenzie era muy clara, "toma tus cosas y márchate, tus servicios no son requeridos"

No lo hizo, se encaró de nueva cuenta con Draco Malfoy, que estaba en su oficina, abotonándose la camisa, la observó sobre su hombro cuando le acercó una corbata de color azul marino, nadie la había pedido y él tenía problemas para elegir siempre una corbata.

No voy a irme –le informó –no me importa que me diga que lo haga y que no me pague, no me iré, voy a demostrarle a todos que…

Revisa esos pergaminos –habló el hombre comenzando a hacer el nudo en su corbata –irás a revisar las solicitudes de los que quieren ser parte del equipo.

Eso ni de chiste es ser contratista –le informó ella.

Hacer los envíos es de contratistas, supongo –se burló.

De acuerdo –regresó hasta él y lo encaró –no me importa lo que piense de mí, lo único que quiero es que le quede claro que al final del día, el puesto de McKenzie será mío.

No me desharía de mi mejor contratista por una niña torpe y berrinchuda, yo no soy tu padre, así que no te concederé algún tipo de beneficio, ni siquiera porque eres amiga de mi hijo –le informó.

Amiga de su hijo ¿y quién demonios ha pedido beneficios por ser amiga de Scorpius? –Le chilló –él sólo me dijo que había un puesto, pero no le pedí que hablara con usted.

Pues lo hizo –admitió.

Por eso no me contrató –contestó desanimada.

Por eso estás aquí, McLaggen –se burló –sólo quiero a los mejores trabajando para mí, y la única razón por la que tú estás aquí, es para hacerle un favor a mi hijo, no hay ningún puesto para ti aquí, me he inventado ese que tienes de hacer los envíos.

Pues envío mucha mercancía.

Sí, terminan en otra bodega –informó –pero no correré a nadie de mis buenos empleados por ti –sonrió, se colocó el saco y desapareció.

Audrey sujetó el pergamino que tenía que enviarse a McKenzie por medio de su secretaria, pero lo robó. Visitó a cada uno de los jugadores que los Chudley Cannons quería para la nueva temporada, y ninguno había aceptado ya.

Le tomó todo el día, pero no le importó, quería demostrarse a sí misma si era capaz de competir con el mejor contratista en quince años que los Cannons hubiesen visto, ella había salido de Hogwarts y mientras sus amigos se dedicaban a las carreras que querían, ella se había sentido con el talento natural, había estudiado un año a fondo el Quidditch, y después tentó a la suerte y ahí estaba, siendo pateada en el orgullo por el Rey de Slytherin.

Audrey, no puedes hacerme algo así, mi padre está furioso por la lista que robaste, le supliqué porque te contratara, y ahora me haces esto, devuelve la lista ahora mismo –ordenó Scorpius en su patronus.

No sólo dejó la lista, dejó su nota con su renuncia, no la necesitaba, al parecer Draco Malfoy era tan rico como para emplear a una persona por capricho de su hijo, que idiota era, le había prometido a su padre que aceptaría el trabajo en el archivo de clasificación de artefactos antiguos que había en el Ministerio cuando decidiera que Malfoy la había humillado lo suficiente.

Y lo peor de todo es que podría seguirse humillando, porque era por conseguir lo que ella tanto deseaba, sin embargo, estaba ahí, sentada, con un espantoso traje café deslavado, escribiendo sobre lo inútil que era el patito de hule para los magos.

Vayamos por un trago –pidió su compañera al ver su cara larga.

No tengo ánimos –sonrió.

Tu amigo el rubio está ocupado en su Academia, no puedes darte el lujo de despreciar nuevas amistades –sonrió ella.

Tienes razón, es inicio de semana, y creo que ya necesito algo.

Y eso que tienes tres meses –se burló.

Si bueno, no es lo que yo quería para mi vida –admitió.

El bar estaba a reventar, una mezcla entre magos y muggles que no le importó, ella sólo iba a olvidarse de lo miserable que era su trabajo, pero pagaban suficiente como para que olvidaras que era aburrido.

Ya con el whiskey de fuego haciéndole perder el poco decoro que posiblemente mantenía, se unió a la pista, bailó con un chico, besó a otro, se dejó ser tocada por una chica que terminó besándola, la fiesta había estado bastante entretenida, pero terminó con ella llorando sobre la barra del bar.

Ni con todo el whiskey de fuego que pudiese beber le hacía sentir menos fracasada, todo lo que tenía que haber hecho era quedarse en ese lugar, leyendo pergaminos, soportando el tener que saber que no impresionaba a su jefe, sino más bien, la veía como un estorbo.

No hay nada más patético en la vida de alguien que terminar ahogado de borracho llorando como un crío en la barra del lugar.

Piérdete –contestó sin levantar la vista.

Posiblemente lo haga, me da más vergüenza a mí que a ti estar así ¿cierto?

Te dije que te perdieras –levantó la vista, la mirada gris severa por muy parecida que fuera, no era la de Scorpius, así que sólo podía ser de él, de Draco "destroza sueños" Malfoy.

No sabía que le gustaba esta clase de lugares –le tembló el labio.

Vas a continuar llorando ¿cierto? –elevó una ceja.

Que usted no tenga sentimientos no es mi problema, arruinó mis sueños ¿sabe? Lo único que he hecho es admirarle más incluso que a mi padre, y usted rompe mis ilusiones, es un idiota, tal y como dice mi padre, es un desconsiderado arrogante como dice la señora Potter, y es tonto, atractivo y guapo.

¿Quién dice eso? –sonrió de lado.

Yo –contestó y le enterró su dedo índice en el pectoral.

Pensé que tenías novio –se burló Draco.

Lo tenía, pero me dejó, me puso el cuerno porque terminé clasificando antigüedades para el Ministerio –se echó a llorar –y para colmo, lo he visto aquí.

Así que es por eso que te has puesto a llorar sobre la barra.

No tiene exclusividad en romperme el corazón, tonto arrogante –chilló.

Embriagarte y llorar sobre la barra no le hará ver de lo que se ha perdido.

Eso no le importa –se giró hasta el cantinero –quiero un…

Nada –ordenó Draco.

Puso los ojos en blanco y todo le dio vueltas, cuando volvió a abrir los ojos, iba flotando por la calle, así que se sorprendió cuando notó que Draco Malfoy la llevaba en brazos por la calle, hasta que no hubo nadie en las cerca y se desapareció.

El alcohol, la sensación de la aparición, no fueron buena combinación para la alfombra de Draco, porque la rubia en sus brazos terminó vomitando, manchando no sólo la alfombra, sino que sus zapatos y su pantalón.

El elfo domestico apareció en cuanto gruñó, la criatura le observó confundido, la rubia pesaba menos de lo que se pensaría al verla, tal vez por esa razón aun la sostenía en brazos.

Limpia todo esto y trae una de las pociones que uso con mi hijo –pidió.

En seguida señor Malfoy –contestó desapareciendo.

Prepara el baño también –ordenó a la nada.

El elfo domestico no tardó mucho en hacer las tareas encomendadas, dejó a la rubia sobre su cama y la ayudó a beber la poción, esperó a que reaccionara, por fortuna esa poción era más que efectiva.

Ya estás mejor –habló arrastrando las palabras, eran cerca de las diez de la mañana.

Este no es mi apartamento –se sentó en la cama, estaba desnuda, bueno, con la camisa de Draco puesta.

¿Quién dijo que no lo es? –Elevó una ceja –puedo ser muy benévolo cuando quiero.

Me acosté con usted –afirmó cuando se aseguró que debajo de la camisa del hombre no había ropa íntima.

No hay exclamaciones, no hay gritos, sorpresa, lo dices convencida de que tuvimos sexo.

Estoy desnuda, sobre una cama que no es mi cama en un apartamento que no es mi apartamento, me embriagué tanto anoche que sin duda acostarme con un hombre atractivo como usted no está fuera de mis límites, tampoco es como si hubiese accedido obligatoriamente –él la observó y sonrió de lado.

Te acostarías conmigo por ser contratista –la observó.

No –admitió ella.

Bien –avanzó hasta el baño –supongo que eso es todo, señorita McLaggen, me complace informarle que es mi nueva contratista.

¿Qué? –se incorporó aún más sobre la cama.

Bueno, no creerás que McKenzie se acostó conmigo por su puesto ¿cierto?

Usted es atractivo, puedo imaginarme a McKenzie queriendo seducirlo, pero no puedo imaginar a usted cediendo –sonrió.

Si hubieses aceptado a acostarte conmigo por el puesto no te hubiese contratado, quiero a personas que sepan lo talentosos que son y que estén dispuestos a todo por conseguirlo, tuve que empujarte a tus límites, señorita McLaggen –admitió –lamento que por mis intereses meramente profesionales te vieras a ti misma llorando ebria en la barra de un bar, vomitando mi sala.

Señor Malfoy –lo detuvo –si me hubiese acostado con usted –admitió –aunque no por el trabajo –terminó haciendo sonreír al hombre.

Bueno, no es como si hubiese perdido la oportunidad ahora –se burló y regresó hasta ella, sólo estaba en pantalones, se había quitado los zapatos para entrar a la ducha, era un hombre mayor y seguía estando en forma –estás segura de que te acostarías conmigo –sonrió.

Completamente –admitió ella y recibió los labios de Draco.

El hombre se subió a la cama guiando a la rubia debajo de su cuerpo mientras la besaba impaciente, con urgencia y pasión, deslizó sus manos por las piernas desnudas y desabotonó su propia camisa puesta en el cuerpo delgado y formado de la chica de dieciocho años debajo de él, tragó saliva, unió sus labios al pecho izquierdo de la rubia mientras sus manos la acariciaban, ella soltó un leve gemido, que lo hizo sonreír, besó su cuello, y se permitió a si mismo sentir la calidez de la intimidad de la chica.

Esto realmente me demuestra que te acostarías conmigo –murmuró y se alejó un poco para sonreírle.

Ya lo he dicho –le recordó.

Draco volvió a besarla apasionadamente, Audrey McLaggen no sería la primera chica con la que pudiese acostarse, y es que la rubia era completamente atractiva, sin duda no sería ningún sacrificio para él tenerla.

Sé que sin duda te acostarías conmigo –se alejó –y sin duda me encantaría tenerte en mi cama, pero me encantaría tenerte más en mi oficina –se levantó, sin importar que la rubia notara su erección, por el contrario, la rubia sonrió al notar que al menos, provocaba algo en él, aunque la rechazara –eres atractiva, hermosa y talentosa, Audrey –sonrió –y tengo que decidir lo mejor para mí y para ti, puedo tenerte en mi cama ahora, mañana un mes –aceptó –pero al final te dejaré ir, y me odiarás, me dirás de cosas y me expresarás que mejor hubieses elegido tenerme en la oficina, como tu jefe y no como tu amante.

Yo sería la amante –sonrió ella.

No –admitió –eres demasiado joven para ser la amante de alguien, así que dejémonos ese título sólo para mí –la besó de nuevo –sin duda en este momento me estoy odiando por no cumplir mi palabra y llevar esto a un frenesí de placer, pero, lo diré de nuevo, tu talento es algo que quiero para mí, te quiero como mi contratista, y si lo haces bien, como seguro lo hubieses hecho en esa cama, como mi mano derecha, en algún futuro.

Sonrió, hacía mucho que no recordaba la forma en la que había obtenido esa oficina, cuando llegó con Draco a la oficina después de que ambos tomaran una ducha por separado, le había dicho que de todos los jugadores que ella había visitado para que se unieran a los Cannons, nueve de los diez, habían enviado de vuelta una lechuza, y que cuando vieron que tenían que tratar con Andrew McKenzie le dijeron a Draco Malfoy que no aceptarían a menos que se encargara ella.

No sólo le había dado un empleo, no sólo le había obsesionado de forma amorosa durante un tiempo después de esa mañana en el apartamento que ahora realmente era suyo, sino que había ido a su auxilio muchas veces a lo largo de esos dos años, más que Scorpius, más que Jarvis, siempre que ella estaba yendo por un camino distinto al que ella siempre ha querido, Draco Malfoy se presenta en su momento de debilidad y la sacude, la auxilia, la aconseja, y sabe muy en el fondo que eso sólo lo ha hecho por ella y ahora por Lily, posiblemente su jefe estuviese menos preocupado si ella dejara de comportarse así, y comenzara a ayudarle con Lily, así que sonrió y salió de su oficina, el resto del lugar no tenía por qué enterarse de que a veces se sentía sola; y el único en llenar ese vació era el padre uno de sus mejores amigos.

— ¡Lily! –Chilló emocionada al ver su atuendo –por Merlín te ves hermosa –la abrazó.

—Gracias –sonrió –no me veo mal ¿cierto?

—Te ves mal haciéndome ver mal a mí –bromeó –ya, en serio, el jefe me dijo que ya te avisó que seremos las encargadas de organizar el evento y estoy completamente emocionada y extasiada –admitió.

—Ya noté tu hiperactividad –sonrió Lily.

—Tengo que planear un show especial, tiene que ser el mejor de todos los tiempos, el evento tiene que ser el mejor.

—Te desvives mucho por él ¿no lo crees? –sonrió Lily.

Audrey se giró hasta ella y se quedó callada, la hiperactividad murió en ese segundo, para ella era obvio porque se desvivía por Malfoy padre, pero para el resto del mundo no, y aunque la pregunta de Lily fue completamente inocente y libre de prejuicio alguno, no iba a responder con la verdad.

—Es mi jefe –se encogió de hombros –el mejor de todos.

—En eso tienes razón, pobres almas que no tienen un jefe como el de nosotras –sonrió Lily.

—Bueno, yo tengo al mismo jefe y no concuerdo con las locas –se burló Jarvis entrando.

—No eres el favorito del jefe –sonrió Lily –yo tampoco, la favorita es Audrey, pero es amable de compartirlo conmigo.

—Yo nunca lo he visto con Audrey, siempre lo veo contigo.

—Porque es mi jefe, no mi amigo –mintió Audrey.

—Pues tampoco te veo muy seguido conmigo y yo si soy tu amigo –se burló Jarvis.

—Eres un buscador ocupado –sonrió –te buscaré después para ponernos de acuerdo, tenemos poco tiempo para organizar esto.

—Desde luego, pensaré en ese show especial.

—Te irás al cielo si me ayudas a pensar en algo genial.

Audrey salió de la oficina de la pelirroja, no había nadie que supiera mucho sobre su relación cercana con el jefe, salvo ella y él, tal vez esa era la razón por la que se le había complicado conseguir un novio, si a cada hombre que se topaba lo comparaba con él.

—Si me dices que arruinaste algo, no te invitaré la cena hoy –la reprendió Draco.

—Piensa dejarme sin cenar, usted se ha vuelto más cruel –frunció el ceño.

—Necesito que me ayudes con algo –pidió.

—Tengo un evento que organizar, es para uno de los millonarios, ya sabe, uno engreído, que se cree que no le merece ni el suelo por el que camina, es un poco atractivo pero se cree lo mejor –sonrió cuando Draco entrecerró los ojos.

—Supongo que debe flotar, para ser digno –bromeó.

—No lo sé posiblemente el aire en su cabeza haga el efecto de un globo y…

Soltó una carcajada ante la cara de Draco, que avanzó hasta ella y le apretó la mejilla, acercó su rostro al de ella haciendo que se quedara en silencio.

—No me mires así –se alejó Draco frunciendo el ceño.

—Lo siento, si puedo ayudarlo lo haré, posiblemente sería bueno que dejara a Lily salir con sus amigos –sonrió.

—Pensé que habías superado tu amor platónico por mí –musitó Draco en un tono serio –por nuestro bien, es mejor que así sea, Audrey.

—No estoy celosa de Lily, por el contrario, creo que ella sería una buena contratista, mejor que yo –insinúo haciendo que Draco la observara como si hubiese perdido la cordura.

—No hay nadie que sea mejor que tú –gruñó enfadado –ni siquiera Lily Potter –admitió –no vuelvas a decirlo, creo que es capaz de lograr muchas cosas y sé que es magnífica, pero no, jamás será como tú ¿bien?

—Lo digo en serio, no lo niegue sólo por no herir mis sentimientos, me agrada que Lily ocupe la oficina de McKenzie algún día…

—Es tu oficina ahora, McLaggen –soltó en un tono frío Draco –y espero que dejes de referirte a tu oficina como la oficina de ese tipo.

—Ella consiguió a Jarvis Whisp y consiguió un contrato para que nuestra mercancía saliera de Gran Bretaña, eso no puede pasar desapercibido.

—Y no lo hace, créeme, no pasa desapercibido, ella es buena y la quiero junto a ti, siendo mis mejores contratistas, pero…

—Draco –se cruzó de brazos –los dos tenemos las mismas expectativas sobre Lily salvo que yo no estoy haciendo un drama ahora, ella es buena, logró todo eso en pocos meses, yo tengo dos años es obvio que…

—Bueno, te lo diré así, tú eres mi Ginevra Potter ahora –le informó y su semblante serio la hicieron retroceder –dejemos esta charla antes de que me enfade y cancele el evento –pidió.