CAPÍTULO 8

(Voz de Seth)

Son horas, las horas muertas, esperando que Ann despierte, dándole vueltas a las palabras de ese tipo que ahora dormía en el camastro improvisado en un lado de la cabaña.

"Que mis sentimientos la ahogan…" Susurro para mí viendo como ambos duermen, él dormido y ella inconsciente aún. "Que chorrada…"

Es entonces cuando oigo un móvil.

Pero allí no hay móviles, a decir verdad ni siquiera hay línea telefónica, pero entonces descubro un pequeño aparato, pero no está dentro, sino debajo de la caseta, y para encontrarlo tengo que meter la mano en el fuego apagado y hacerme arañazos, hasta clavarme un par de astillas del suelo hasta llegar al aparato escondido dentro de un casco.

"Ann, por dios." Dicen por el otro lado cuando descuelgo al ver que en el identificador de llamadas sale la palabra 'nº oculto'.

"Disculpe, quién es." Le pregunto escamado. "¿Es usted familia?"

Entonces me cuelgan.

"¿Oiga?. ¿Oiga?" Le llamo para recibir por respuesta el pitido agudo de que se ha cortado la conexión.

Pulso rellamada, pero la lista de llamadas está vacía. No hay llamadas emitidas ni recibidas.

Sin embargo, quien llamara conocía su nombre.

Entonces me doy cuenta de una cosa, y es que Arik está despierto y me mira.

"¿Qué miras?" Le digo.

"No tendrías que haberlo cogido." Me dice.

"¿Qué sabrás tú?" Le digo. "¿Quién ha puesto este móvil ahí?"

"No preguntes lo que no quieres saber." Me dice girándose de nuevo mientras llaman a la puerta. "Ya voy yo."

"No abras." Le digo poniéndome entre él y la puerta.

"La he llamado yo." Afirma.

"Me da igual, no abras." Le digo.

"Eh, capullo, abre la puerta." Afirma una voz al otro lado.

Con un simple movimiento, Arik me aparta y abre la puerta revelando a la chica rubia con la de rastas rosas al otro lado.

"Ya era hora, joder." Afirma la de las rastras rosas.

"Arik, espero que fuese importante." Le dice la rubia fijándose en que yo estoy ahí también. "¿Qué hace él aquí?"

"Es imposible separarle de ella." Afirma. "Vosotras ignorarle."

"De eso nada." Afirmo.

Es curioso, siempre que he visto a esas dos, ha sido junto al fuego e iban en bañador.

Pero hoy van con ropa normal, de hecho, demasiado normal.

Shorts vaqueros tipo surfista, la rubia con una camiseta de algodón ancha que le cae por un hombro y la de rastas rosas con una camiseta suelta y atada bajo el pecho que se cubre con lo que diría que es una cinta de precinto policial amarilla.

"Arik, tienes que estar confundido." Le dice la rubia que ahora que me fijo ha conseguido llegar junto a Ann y está tocándola la frente y la muñeca. "Esta chica no es como nosotros."

"Eso es evidente." Afirma la de rastas.

"Y yo os digo que no." Afirma el chico. "Tenía fiebre, y dice que no recuerda grandes periodos de tiempo. La he estado observando, es cierto que no sabía lo de tu hermana."

"Eso no la exculpa." Afirma la rubia.

"Marina, se puede morir." Le dice Arik.

"No le debemos nada." Afirma de nuevo.

"Yo creo que deberíamos echar una mano." Afirma la de rastas. "Es evidente que no es todo lo que parece."

"Tonterías." Afirma la rubia. "La he visto, no es buena persona. Por mí como si se muere."

No puedo aguantarlo más, me tiro contra ella y la inmovilizo contra la pared mientras Arik me intenta retener.

"Eres una zorra." Le digo. "¿Cómo puede darte igual una vida?"

"Calmaros un poco, todos." Afirma Arik. "Seth, Marina tiene motivos para odiar a Ann; y Marina, Seth siente algo muy fuerte por esa chica, así que no va a dejar que le hagáis ningún daño. Daño que, por cierto, no pretendéis."

"Esto es increíble…" Afirma la chica de las rastas haciéndome dar cuenta que le ha abierto un ojo a Ann y la está mirando como si fuese algo extraño.

"¿Qué ocurre ahora, Maya?" Le dice la rubia.

"Sus ojos, tienes que verlos." Afirma. "No son como los del resto."

"¿Cómo que no son como los del resto?" Les digo intentando inclinarme sobre Ann para que me tapen la vista las dos chicas.

"Pero eso es imposible." Afirma la rubia mientras veo cómo los ojos vuelven a adoptar un color verde extraño.

"¿Y si no lo fuera?" Pregunta Arik. "¿Y si hubiese ocurrido?"

"Eso explicaría las pérdidas de memoria y su fiebre." Afirma la de rastas mirándoles e ignorándome de nuevo.

"¿Qué está pasando?" Pregunto apartando a los tres de ella. "¡No la toquéis!"

"Cálmate." Me dicen levantando las manos.

"Dime que no está…" Le dice la chica rubia.

"Cómo va a estarlo." Afirma la de rastas. "El fin de eso es asegurarse la procreación, y esa cosa no debería poder procrear."

"Ann no es una cosa." Le digo mordiendo las palabras.

"Tranquilo." Me dice Arik. "No te preocupes, no vamos a hacerle nada, pero tenemos que tocarla para intentar curarla."

"¿Tú te crees que os voy a dejar?" Les digo. "El médico ha dicho…"

"Sé lo que ha dicho." Afirma Arik. "Y sé que no podría ver nada."

"No la tocaréis." Afirmo sujetándola mejor antes de separarme para parar al chico.

"Arik, deja de jugar." Afirma la de rastas dándome un golpe en la espalda con un dedo que hace que me caiga al suelo sin fuerzas.

"¿Qué me habéis hecho?" Jadeo.

"Dejarte calmado." Me dice ella poniéndose delante de mí en cuclillas. "Marina, date prisa."

"Ya va, ya va." Afirma. "Creo que está bien, está estable y vuelve a ser como siempre. Arik, si es lo que insinúas… sin duda tiene más de ellos que de nosotros, y tampoco la has visto nunca en su forma perfecta."

"No, pero sé que es como nosotros, al menos en parte." Afirma.

"Es evidente." Afirma. "Su regeneración es increíble. Y su olor no es tan pestilente como el del resto."

"¿De qué puñetas habláis?" Les digo jadeando.

"No te importa." Me dicen.

"Marina, no ha venido por nosotros. No dirá nada de nosotros." Afirma. "No sé cómo ella pudo reconocernos, pero no dirá nada."

"Más le vale." Afirma la de rastas.

¿De qué iban?

¿Cómo es que era diferentes?

¿Por qué hablaban de Ann como si fuese algo peligroso?

No, Ann era nuestra protegida, había perdido la memoria pero era una mujer joven y sana, al menos hasta que había comenzado a tener pérdidas de memoria así de feas.

"Vale, sanará." Afirma la chica rubia. "Pero si por lo que sea pasa algo… será tu culpa."

"Acepto el riesgo." Afirma. "Y que sepáis que él si tiene derechos, sobre esa chica pesa una impronta."

"Lo que quieras, pero que no vuelva a acercárse a nadie de los nuestros." Afirma la de las rastas.

"Te recuerdo que tú tampoco eres de nuestra especie." Le dice él tranquilamente. "Y aún así, nosotros te aceptamos."

La veo refunfuñar y salir airada.

"Te has pasado un poco." Le dice la rubia a Arik.

"Intento ser sincero." Afirma encogiéndose de hombros. "Gracias por venir tan rápido."

"¿Tienes idea de qué puede ser?" Le pregunta.

"No, pero sea lo que sea, su cerebro no es capaz de asimilarlo." Afirma Arik.

Es justo entonces cuando siento movimiento, en la cama, y veo cómo Ann se remueve hasta caer de la misma para quejarse y frotarse la cara.

"Tranquila." Le dice Arik mientras le hace un gesto a la rubia de que se vaya antes de que Ann despierte del todo. "El médico ha dicho que tienes que descansar."

"¿Qué medico?" Pregunta para mirarle y luego mirarme fijamente a mí.

"El que hemos llamado para que te echara un ojo." Le digo.

"No he podido pararles." Le dice Arik.

"Pero no es posible." Dice. "Yo… estaba…"

"¿Dónde estabas?" Le pregunto.

"No lo sé." Niega. "No recuerdo nada."

"¿Cómo te encuentras?" Le pregunto.

"¿Qué ha dicho el médico?" Pregunta.

"Que tenías fiebre, pero tu temperatura ha vuelto a caer, no te preocupes." Le dice Arik suavemente.

"Esto no es posible." Afirma ella sacudiendo la cabeza. "Joder… joder, joder, joder…"

"La primera vez que te oigo decir más de un taco en la misma frase y son cuatro en una de cuatro palabras." Le digo asombrado.

"Seth, qué… qué haces aquí." Me dice reparando por fin que estaba allí.

"¿Acabas de verme ahora?" Le digo para que asienta. "No me fío de ese, estaba cuidando tu sueño. ¿Cómo te encuentras?"

"Me duele todo." Afirma suavemente. "Pero estoy bien, me encuentro… bien."

"Vuélvete a la cama." Le digo suavemente.

"Te haré un caldo." Le dice Arik. "No sé si te hará algo pero…"

"Vale, gracias." Asiente ella suavemente.

Entonces, con cuidado, me acerco a ella y le pongo la mano en la frente para ver que vuelve a tener la frente fresca.

"¿Tienes frío?" Le pregunto.

"No, un poco." Afirma.

"Espera. Esto… ¿puedo?" Le pregunto abriendo los brazos.

"¿Eh?" Me dice suavemente para darse cuenta de lo que dice. "Hum."

Sonrío para rodearla con los brazos mientras miro al otro chico marcándole el terreno con esa chica. Me da igual, esa chica es para mí. O cuanto menos, no era para él.

"Enseguida te tengo el caldo." Le dice Arik. "De pescado, lo que… encontré esta mañana."

"Gracias." Afirma ella mientras yo la rodeo un poco más.

No sé, ella parece un poco… no me gusta la relación que hay entre esos dos, pero para ser justos, nosotros tampoco es que tengamos una relación especial.

"¿Te gusta pasear?" Le pregunto suavemente para intentar que Arik no se entere.

"A veces." Me dice. "¿Por qué?"

"Mañana no tengo planes, había pensado ir a pasear, igual podríamos ir juntos." Le digo. "O al cine, o a Forks. No es muy grande, pero si tienes que comprar algo es el mejor sitio que quede cerca."

"Prefiero pasear sola." Me dice dejándome planchado. "Pero lo de ir a ese sitio… me parece buena idea, tengo que comprar unas cosas. Aunque será aburrido para ti, supongo."

"No importa." Afirmo sonriendole feliz de poder pasar algo más de tiempo con ella y sin molestias llamadas Arik ni compromisos con mi manada… solos los dos. "He acompañado a mi hermana muchas veces."

"Ah." Me dice suavemente. "¿Esa chica es tu hermana?"

"¿Leah?" Le digo. "Sí, al menos desde que tengo uso de razón, así que sí, creo que es ella."

"Es muy guapa." Afirma suavemente. "Apuesto a que está con alguno de tus amigos, son todos tan… maduros."

"Nah, estuvo con Sam, pero él se… quedó con Emily." Afirmo.

"Es curioso, yo me quedaría con tu hermana." Me dice. "Aunque creo que tiene malas pulgas."

"Solo está un poco cabreada." Le digo.

"Me imagino." Afirma. "Yo también lo estaría si estuviera con alguien y me dejara por otra."

"¿Por qué será que no me lo creo?" Le digo divertido. "De mi hermana lo creo, no deja pasar la oportunidad de demostrar lo molesta y furiosa que está contra todo eso."

"¿Y ya está?" Me dice. "¿Solo eso?"

"¿Te parece poco?" Le digo.

"Yo hubiera convertido todos y cada uno de los días de vida que le quedaran a ese chico en un suplicio para recordarle que no se rompe conmigo." Afirma. "Convertiría su vida en un infierno para hacerle pagar."

Eso da miedo, pero entonces decido reírme.

"Creo que deberías avisar a todo el mundo." Afirmo. "No creo que nadie quiera que le pase eso."

A mí no me pasaría, yo nunca podría hacerle eso porque ella era mi impronta.

"Odio interrumpir esta bonita conversación, pero te he traído tu caldo." Afirma Arik. "Deberías tomarlo antes de que se enfríe y te sepa mal."

"Gracias." Le dice ella suavemente incorporándose mientras capto un liger olor a sangre antes de ver que tiene la palma atravesada por una línea roja de un corte reciente.

"¿Te has cortado?" Le pregunto.

"Me cuesta cortar los pescados." Afirma mientras ella le mira por el rabillo del ojo.

"¿Mañana te viene bien que vayamos a esa ciudad que has dicho?" Me pregunta ella suavemente mientras él se va a su camastro.

"Claro." Afirmo.

"Siento cortar tan interesante conversación." Afirma Arik. "Pero creo que deberías saber que te han llamado, y lo ha cogido ese chico."

"Oh." Dice suavemente.

"¿No vas a preguntar quién era?" Le pregunto.

"Sí, claro, es… no sabía que…"

"Solo preguntaron por ti, no sé quien era." Afirmo. "Un hombre, pero te conocía. ¿Puedo preguntar qué hacía un móvil bajo el suelo?"

"Se me habría caído." Me dice.

"¿Tú tenías móvil?" Le pregunto.

"En realidad era mí." Afirma él tras unos segundos de silencio. "Se lo regalé porque no lo usaba."

"Seth… creo que tu hermana se preocupará por ti." Me dice ella suavemente. "¿Nos vemos mañana?"

No podía dejarla sola, sin embargo…

"Claro, mañana." Afirmo intentando sonreír y parecer normal.

"Vale, pues… te acompaño a la puerta y cierro." Me dice. "Aún me encuentro un poco mal."

"Supongo que tendría que dejarte descansar." Le digo dejando que me lleve a la puerta y nos despidamos para alejarme notando que me vigilan antes de ir a esconderme donde puedo vigilar la cabaña.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Ann)

"Eh, dónde vas." Me pregunta Arik mientras me pongo calzado.

"Arik, sabes perfectamente que aunque me cubras con lo del móvil, el problema sigue estando ahí." Afirmo atándome los cordones.

"¿Acaso sabes quién te llamó?" Me pregunta mientras cojo una cazadora con capucha.

"No, pero solo hay tres personas que conocen mi número, y solo una me llamaría por este nombre." Afirmo. "Tengo que devolver la llamada."

"¿Tan importante es?" Me dice. "Esos chicos te olerán y sabrán que ya no estás aquí."

"Tengo que hacerlo." Afirmo mirando fuera para comprobar que no hay moros en la costa antes de salir de la cabaña y ocultarme un poco en las sombras para mirar alrededor buscando rastro de alguien que pueda estar vigilándome y parando en un punto para decidir que mi vista me ha debido jugar una mala pasada y no hay nadie.

Entonces camino hasta la pared de roca para trepar rápidamente y con dificultad antes de llegar al borde donde me interno en el bosque y corro al límite de mi velocidad sabiendo que no me seguirá nadie.

Entonces llego a una carretera y paro, haciendo que un coche esté a punto de atropellarme y esquivándolo con un solo salto que me lleva más allá de lo que nunca salté antes.

Parar en el bosque es peligroso, así que decido ir a un punto donde no me encuentren: una ciudad.

Y esta vez no paro hasta que no estoy en la puerta de un bar donde entro echándome la capucha mejor.

"¿Qué va a ser?" Me pregunta una camarera mientras veo un par de agentes sentados en una mesa.

No podré beber ahí.

"Un café, bien cargado, por favor." Afirmo. "Para llevar."

El móvil vuelve a vibrarme, pero solo es una alarma. Así que marco el botón de marcación abreviada y enseguida me da tono, pero no lo cojen, así que llamo al número 3.

"Más te vale ser breve y tener una razón de mucho peso para llamarme." Afirma una voz masculina al otro lado.

"Félix no me coge." Afirmo.

"Creo que te llamó antes." Me dice. "Las cosas están mal por aquí, y es por tu culpa."

"No puedo hablar mucho." Afirmo. "Los lobos no me quitan ojo, he tenido que escaparme y exponerme a que me pillen por correr a una velocidad que ningún humano podría."

"Te recuerdo que no eres nadie para darme órdenes." Me dice. "Además, Félix no está aquí."

"¿Dónde está?" Le pregunto.

"No lo sé, pero tampoco está en la ciudad." Me dice. "Puedo sentir su rastro alejándose, cada vez más."

"Gracias." Le digo antes de colgar y golpear la mesa clavando el puño ligeramente.

Con cuidado, saco unos dolares de mi bolsillo y se los dejo a la mujer en la mano que traía mi café para llevar.

En cuanto salgo del bar, marco otro número más, esta vez el del teléfono de la cabaña para que lo coja Arik.

"Arik, invéntate lo que sea, pero tengo que irme unos días." Afirmo.

"¿Ocurre algo?" Me pregunta.

"Quien llamó antes es un amigo, uno de los soldados." Afirmo. "Está viniendo para aquí. Tengo que encontrarle antes de que se acerque demasiado y lo fastidie todo. Si viene y no puedo encontrarle irá a buscarme y…"

"Mantenlo alejado." Me dice tras unos segundos de silencio. "Ya me inventaré lo que sea."

"Gracias." Afirmo.

Noto que me quiero derrumbar, pero soy demasiado lista y estoy demasiado bien entrenada por mi misma como para permitirme eso en esos momentos.

Necesito estar centrada.

No sé por dónde entrará en el país. No sé si vendrá en avión como yo o cruzará a nado el océano. Pero estoy segura que si viene por mí como creo, estará ya de camino, y eso me deja poco tiempo.

Y entonces lo noto.

Es un olor demasiado fuerte, nunca lo había olido tan fuerte antes: lobos.

Me han seguido, alguien debió encontrar mi rastro y me ha seguido.

Intento correr aún más rápido para perderles, pero me es imposible y lo llevo conmigo hasta que consigo perderle el rastro en el tufo del puerto de Seattle.

Entonces vuelvo a intentarlo, vuelvo a llamarle al móvil y esta vez, de nuevo me lo coge Dimitri.

"Está cruzando el océano." Me dice.

"¿Dónde saldrá?" Le pregunto sin darme cuenta que me vigilan.

"Nueva York." Afirma. "Y luego irá a Seattle, sabemos dónde cazar cerca de allí."

"Seattle." Afirmo. "Eso está cerca de aquí."

"Haznos un favor y dime cómo va tu misión." Me dice.

"Está complicado." Afirmo. "Los lobos comienzan a olerse algo raro en mí. Y he tenido problemas."

"¿Qué clase de problemas?" Me dice.

"No lo sé, pero no me he encontrado bien." Afirmo. "Como si algo dentro de mí no estuviese como debiera."

"Ya." Afirma. "Intenta que no te descubran. Los maestros estaban muy molestos por tu falta de noticias."

"No podía hablar." Afirmo. "Los lobos…" De nuevo ese olor. "Están aquí…" Susurro.

"¿Cómo dices?" Me dice.

"Intenta contactar con Félix." Le digo. "Avisame si cambia de ruta, voy a ir a Seattle en cuanto pueda, pero primero tengo que despistar a los lobos, creo que ha captado mi rastro."

"Llama en cuanto puedas." Me dice. "O los maestros te llamarán a ti, y no podrás decir que estás ocupada o que hay lobos cerca." Afirma amenazadoramente antes de que corte y guarde el móvil en el bolsillo para intentar salir corriendo.

Sin embargo, no es hasta que no llego a los puertos de Seattle que no me alcanza un lobo pequeño y dorado que se esconde por lo que yo aprovecho para intentar despistarlo saltando y trepando por un pilar hasta colgarme en el techo del pasadizo a mi derecha.

"Sé que estás ahí." Me dice Seth mientras yo me escondo pegándome más al techo colgada solo de unas argollas que salen. "¿Cómo has corrido tanto?. ¿Quién eres?"

Entonces salto del techo.

De todos los lobos que podían seguirme, ha tenido que ser él; el único que ha llegado a caerme medianamente bien como para hacerme notar algo especial.

Con un simple gesto rápido, lo dejo inconsciente y me lo cargo encima.

Félix no llegará, al menos no aún, me da tiempo de hacer algo con ese chico.

Lo primero que se me ocurre es hacerle un corte, sencillo, rápido y preciso, dejando un poco clavado para evitar que deje de manar sangre lentamente.

Tiene pinta de ser delicioso, mucho mejor que la sangre de Arik que había en el caldo para que recuperara fuerzas, mil veces mejor que cualquier sangre que haya probado nunca.

Mojo la punta de un dedo y cuando estoy a punto de llevármela a la boca… aparto el dedo.

Ese chico es un lobo. Es imposible que sea mi 'cantata'.

Sacudo la cabeza y lo llevo hasta un callejón junto a la policía donde veo un mendigo con una botella; así que salto contra él estampándolo contra la pared con mi boca en su cuello y sujetando la botella en mi mano noto cómo su vida va abandonándole en mis brazos hasta dejarle resvalar sin vida contra la pared.

"Gracias." Afirmo para quitarle la jeringuilla que usaría para heroína del bolsillo y sacando un poco de aquel vodka de 'garrafón' para pinchárselo al pobre Seth en vena antes de rociarlo con el mismo líquido y llenarle la boca y garganta del mismo antes de dejarlo tirado frente a las puertas de la comisaría.

Aún me aseguro que le encuentran y le toman por borracho comatoso antes de salir corriendo hacia el puerto donde me siento a esperar.