CAPÍTULO 9: ATAQUES EN SEATTLE. DUDAS.
(Voz de Seth)
"Mmmm… mi cabeza…" Gimo.
"A ver, se ha despertado el bello durmiente." Afirma alguien.
¿Bello durmiente?
"Oye, chaval." Afirma alguien que veo un poco borroso aún pero parece un policía que no conozco. "¿Puedes hablar ya?"
"¿Dónde estoy?" Pregunto.
"En la comisaría de Seattle." Me dice. "Te encontramos anoche en las puertas, borracho como una cuba. ¿Quién eres y de dónde vienes?"
"Soy Seth Clearwater." Le digo. "De La Push, es una reserva en… ¡Ann!"
"¿Ann? No conozco esa ciudad." Niega.
"¡No!" Niego. "Es… Ann, es la chica que estaba conmigo."
"No había ninguna chica." Me dice.
"Mierda… estaba ahí, estoy seguro que estaba ahí." Afirmo.
"Madre mía… sí que bebiste anoche." Me dice sonriendo. "Bueno, volvamos a ti. Vienes de…"
"La Push, junto al río Quileute." Afirmo. "Está cerca de Forks."
"Vale." Afirma tomando nota. "¿Y has venido a Seattle porque…?"
"Seguía a una amiga que…" Le digo para darme cuenta que eran asuntos que no eran para policía normal. "Celebrábamos una despedida."
"Muy bien…" Me dice. "¿Edad?"
"18." Miento.
"Bien…" Afirma tomándome nota. "Por aparecer borracho en la comisaría no hay más que una multa, pero como no eres de la ciudad… creo que puedes pagarla antes de 3 días en tu ciudad. Así que, firma aquí y aquí… y podrás irte."
Tengo que buscarla, no sé dónde está Ann, y lo último que recuerdo es haberla llamado en un callejón, así que no puede haberse ido demasiado lejos. Si volvía al mismo sitio donde la había visto por última vez…
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Félix)
Malditas ciudades de yankies de mierda.
Odiaba a esa gente y a sus ciudades que eran sucias y apestosas. Pero la disponibilidad de comida libre era genial, era una barra libre. Solo de camino a aquella ciudad del demonio llamada Seattle había comido a un par de familias, estudiantes de universidad y unos cuantos mendigos que nadie echaría en falta.
Y justo en aquel lugar… mi primera parada es el puerto. Allí siempre hay obreros prescindibles y fuertes.
Y entonces lo huelo, es un olor que hace que todo me tiemble, giro la calle y veo una mujerzuela de vida alegre.
"Eh, guapetón." Me dice sonriendo. "¿Buscas compañía?"
No le doy tiempo a acabar. Es morena, no demasiado alta pero trigueña y joven, no me cuesta demasiado partirle el cuello y morderle para comenzar a beber.
"Jesús, sí que tienes que tener prisa para comer esa basura." Afirma una voz tras de mí que me hace soltar a la mujerzuela para girarme lentamente hasta encontrarme un ángel sentado en unas de las cajas de almacenaje enormes que hay por allí apiladas formando callejones.
Con un salto, aterrizo sobre ella derribándola.
"¿Has cambiado de olor?" Le digo.
"Llevo un tiempo viviendo entre chuchos." Me dice. "Supongo que algo de olor se me ha tenido que quedar."
"No, es… algo ha cambiado." Afirmo apretándola con fuerza la mano que hacía tiempo que no sujetaba.
"Algo no va bien." Me dice. "Es… tengo miedo, creo que algo está cambiando en mí."
"¿Cómo?" Le pregunto.
Como respuesta, me pide que espere y da unos pasos atrás para coger carrerilla y saltar distancia considerable que aunque no llega a un salto nuestro, se le acerca mucho y es, sin lugar a duda, mucho más que lo que la he visto saltar nunca. Una para alejarse y otra para regresar.
"Y no solo eso." Afirma. "Mi sed ha crecido, corro mucho más rápido que nunca y salto mucho más."
"Pero eso es genial." Afirmo. "Estás… estás mejor que nunca."
"Gracias, pero no lo creo." Afirma con un gesto que me da qué pensar. "No me encuentro bien, comienzo a tener miedo y los lobos cada vez están más cerca de mí."
"Eso es bueno para ti." Afirmo. "Mira, te estás infiltrando bien. Cuanto más cerca estés de los lobos, más fácil te será determinar qué grado de amenaza suponen para nosotros."
"Ya… sobre eso…" Me dice.
"No estarás dudando ahora, ¿no?" Le digo.
"No, claro que no, pero… no parecen una amenaza." Afirma. "Quiero decir… les he observado, no parecen más que chicos normales y corrientes. Toleran el alcohol mejor, pero… sobre ser un peligro… no parecen interesados en nada que pase más allá de sus tierras."
"¿Podrían atacarnos?" Le pregunto.
"Aún no lo sé." Niega suavemente.
"¿Y los Cullen?" Le pregunto.
"No lo sé, no están cerca." Niega. "Pero he visto a la niña."
"¿En serio?"
"Creo que es la pareja de uno de los lobos."
"¡Oh, por favor!" Le digo asqueado.
"Ya, lo sé." Afirma. "Aún tengo que infiltrarme más para saber algo, pero…"
"Creo que tal y como lo describes pronto podrás tener esa información." Le digo. "Estaba preocupado."
"Os dije que cumpliría con mi misión." Me dice. "Solo necesitaba más tiempo, pero creo que necesitaré aún más, últimamente… no me encuentro demasiado bien."
"Podría ser parte del paso." Le digo. "No sabemos demasiado de…"
"Ah." Afirma. "Es… de pronto pierdo el conocimiento y… bueno, no sé nada de lo que ha pasado en horas. Y tengo dolores de cabeza y mareos."
"No estarás…" Me dice. "No, qué tontería."
Era imposible que lo estuviera. Por lo que sabíamos, las mestizas eran estériles como las vampiresas puras.
Entonces le sonrío y la rodeo con los brazos teniendo cuidado de no hacerle daño debido a la diferencia de fuerza.
"Te echo de menos." Le digo. "Pensar que estás lejos, que arriesgas tu vida aquí…"
"Yo también te echo de menos." Me dice pero con una tristeza y falta de fuerzas inusuales mientras responde a mi abrazo sin fuerza. "Quiero acabar con esto rápido, pero… no quiero que me descubran."
"Ten cuidado, pero si se diera el caso… recopila toda la información que necesites, mata a uno o dos lobos mientras duermen y vuelve. Y mata a todo el que se interponga en tu camino." Afirmo haciéndole una caricia suave. "Eres capaz de matarles y más.
"Sí, claro." Me dice suavemente para carraspear. "Lo siento, estar lejos de vosotros me ha hecho dudar por momentos. Haré lo que tengo que hacer."
"Esa es mi chica." Le digo para besarla con propiedad, como un hombre debe besar a la dama que atrae su interés. "Vamos, te invito a desayunar." Añado ofreciéndole mi brazo.
"No sé si sería sabio atraer la atención así." Me dice. "Los maestros no saben que estás aquí, y los Cullen están aún por la península."
"Somos parte de la nobleza, los maestros son los vampiros más grandes del viejo y nuevo mundo." Le digo para ver que entiende lo que le digo y sonreír. "Lo haremos parecer una acción de algún cazador errante si eso te hace sentir mejor."
"Gracias." Me dice sonriendo.
Me gusta esa sonrisa.
Aunque no sea más que una mestiza, algo… demasiado imperfecto, Ann ha demostrado ser más fiel que muchos puros como nosotros.
Era una chica joven y eso era evidente en su forma de ser, pero salvo por el pequeño hecho de que aunque bebiera sangre de vez en cuando, sus ojos seguían siendo de un color perfectamente humano algo extraño, o que no convirtiera mordiendo como cualquiera de nosotros.
Pero me gustaba su frescura, que me hiciera sentir vivo y que era muy fuerte ya que vivía con nosotros casi como una más y aguantando que todos la menospreciásemos abiertamente, aunque en el caso de Dimitri fuese algo menos y yo por disimular.
"Mira eso." Le digo señalándole un acantilado en la distancia donde hay un par de turistas trepando por la roca tan lentos como caracoles en su humanidad. "¿Prefieres el hombre o la mujer?"
"Esos están sucios." Me dice. "Son deportistas, están llenos de sudor. ¡Yuck!"
"¿Prefieres que cacemos en la ciudad?" Le digo. "Muy bien, busquemos algún turista perdido."
"Mejor." Asiente suavemente seria para sonreír. "Creo que hay una zona donde los japoneses van. No creo que echen de menos a un par."
"Kamikazes… son todos iguales." Afirmo con ironía.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
Llevaba horas dando vueltas por la ciudad, siguiendo rastros que me llevasen a Ann vestido con ropa que había conseguido robar de un puesto ambulante.
En ese tiempo me había dado tiempo de pensar, y pensar mucho.
Si había llegado allí era siguiéndola, pero eran demasiados kilómetros y demasiado rápido para nadie, la única posibilidad era que hubiera llegado allí en un vehículo y eso era difícil ya que algunos rastros los había seguido bosque a través.
Pero ella era humana. No olía a vampiro y si fuera como nosotros, el médico lo habría notado, y no había visto nada fuera de lo normal en ella.
Cada vez estaba más perdido; porque por otro lado estaba el hecho de que lo último que recordaba antes de aparecer en la comisaría borracho, según el informe policial aunque era casi imposible para nosotros emborracharnos con una cantidad normal de alcohol para que otra persona se emborrachase.
Eso me sonaba a encerrona, pero quién o por qué lo habría hecho.
Y entonces, la veo en un callejón donde huele demasiado a algo que hace que se ilumine un neón de "Peligro".
"Ann." La llamo haciéndola congelar en medio del callejón y girarse a cámara lenta para mirarme.
"S… Seth, qué… qué haces aquí." Me dice.
"Pues no lo sé, parece ser que me pasó algo y pasé la noche en el calabozo." Afirmo para suspirar y cogerle suavemente los hombros. "Pero me alegra ver que tú estás bien."
"¿Por qué no iba a estarlo?" Me pregunta. "Es…"
"Deberíamos irnos." Afirmo.
"Sí, es… estoy de acuerdo." Afirma ella con una cara un poco extraña. "Llevo toda la noche de fiesta y… necesito volver."
"¿Qué haces aquí?" Le pregunto.
"Pues… no lo sé." Afirma resoplando. "Lo último que recuerdo fue estar de copas, y esta mañana me he despertado en un banco del parque, así que he tenido que correr los San Fermines con unos policías."
"Vamos, que hemos tenido problemas con la ley los dos." Le digo para notar una presencia de vampiro aún más fuerte y ver cómo nos cae un cadáver de un oriental a los pies y ella grita asustada mientras yo veo que es una víctima de vampiro y miro alrededor buscándolo y abrazándo a Ann para protegerla.
"Tenemos que irnos de aquí." Afirmo decidiendo que prima ponerla a ella a salvo ya que llora y grita aterrada.
Entonces lo noto, algo que hace que me rompa las muñecas y me estampe contra la pared tras de mí mientras noto cómo si me intentasen partir la cabeza mientras oigo a Ann gritar aterrada.
"¡Vale ya!" Grita aterrada. "¡Vas a matar…!"
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Ann)
"¡Vale ya!" Grité aterrada cuando vi a Félix romperle a Seth las muñecas para separarnos y estamparlo contra la pared golpeándole con saña. "¡Vas a matarle!. ¡Félix!"
"Este asqueroso perro te estaba tocando." Sisea mientras yo me cuelgo de su espalda haciendo palanca para intentar evitar que mate a aquel chico.
"¡No lo mates!" Le grito. "¡Para ya!"
"Solo mataría un perro." Afirma.
Entonces decido apelar a mi última carta: una salida racional.
"Si le matas sabrán que he sido yo." Afirmo. "Saben que ha venido a buscarme." Miento.
"Lo haré desaparecer." Me dice.
"Félix, te juro que no hay nada entre este chico y yo." Le digo consiguiendo separarle y poniéndome en medio. "Me conoces, nunca me enamoraría de alguien como él."
Poco a poco noto cómo va calmándose y acaba bufando.
"No te preocupes, buscaré una explicación razonable para este idiota." Le digo metiéndome en mi papel y relajándome. "Tú sal de aquí antes de que se despierte. Esas heridas sanarán en nada."
"No me gusta que ese chucho te mire así." Me dice molesto. "No me gusta que te toque."
"Solo me protegía." Le digo. "Lo que prueba que no sospecha de mí, creía que era la víctima, aunque me haya pillado desprevenida." Afirmo suavemente dándome cuenta y ternura por eso y antes de que me lo note, vuelvo a apartar los sentimientos y recupero la frialdad. "Él creía que me ibas a atacar. Solo intentaba protegerme de ti."
"¡El no tiene que protegerte de mí!" Me grita.
"Lo sé… lo sé, amor." Le digo tocándole el pecho. "Pero ten en cuenta que para esos chicos y todo el mundo por aquí soy una chica que encontraron en un ataque, que no sabe quién es porque tiene amnesia… y a quien han atacado varias veces vampiros sin saberlo ella. Querido… soy tan patética que soy carne de protección."
Le veo dudar y por un momento pienso que no vamos a conseguirlo; pero entonces suspira y me coge la mano para acariciármela y besármela.
"Lo siento, no podía soportar la idea de que ese chucho…" Me dice.
"Me alegra que me quieras tanto." Afirmo sonriéndole y acariciándole la cara para que él carraspee y me la separe, como casi siempre en público.
"Está bien, me iré, pero no dudes que estaré vigilándoos." Me dice. "Llámame todos los días, arréglatelas como quieras para despistar a esos lobos de mierda, pero llámame."
"No creo que pueda llamarte, pero prometo intentarlo." Afirmo. "Y te mandaré mensajes todos los días, tantos como pueda."
Entonces me besa, de esa forma que parece sacada de una película de época y me hace sentir como una princesa.
Mi amor…
Entonces… ¿por qué lo único que tengo en mi cabeza es lamerle la sangre a Seth que está desmayado con las heridas curadas y el cuello torcido sin romper del todo?
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Seth)
"¡Ah, Ann!" Grito despertando de golpe y notando el cuello como si lo tuviera roto.
"¡Gracias a dios!" Exclama abrazándome mientras huelo desinfectante. "¡Enfermera!. ¡Enfermera, se ha despertado!"
"¿Dónde estoy?" Le pregunto alegre de ver que no está demasiado mal. "¿Quién me ha…?"
"La policía llegó cuando ese tipo te estaba atacando." Me dice lloriqueando. "Tienes el cuello esguinzado… los médicos decían que podías estar en coma y…"
"Ya, ya…" Le digo moviendo la mano para coger la suya mientras llega un hombre que me comprueba los ojos cegándome un poco. "Ya está, me recuperaré… No te preocupes, no llores por mí."
"¡Estaba tan asustada!" Me dice haciéndome reparar en que tiene unas marcas en la cara con puntos en la mejilla y que su ropa no es la misma ya que ahora viste con una camisa tres tallas más al menos y lo que queda de sus pantalones mostrando marcas por sus piernas, el cuello y los brazos.
"¿Qué te ha pasado?" Le pregunto.
"Me enfrenté al tipo que te atacó." Me dice. "No podía hacer otra cosa más que intentar que te dejara en paz. Por desgracia solo le hice cosquillas y me atacó a mí también para que le dejase a él en paz, entonces llegó la policía y lo hicieron huir, y a nosotros nos trajeron aquí."
"Parece que solo ha sido el susto." Nos dice el médico. "De todas formas, te voy a tener un rato en observación y entonces te voy a dar el alta pero deberías ir al médico cuando llegues a casa."
"Claro." Asiento.
Voy a tener que llamar a Carlisle para ir a visitarle donde esté. Pero lo primero era encargarme de Ann, que estaba herida y además, olía demasiado raro.
La verdad es que aún no sabía demasiado bien qué había ido a hacer Ann tan lejos de casa, y no me apetecía quedarme con las ganas tampoco.
"¿Qué hacías tú en esa zona?" Le pregunto suavemente.
"Ya te lo dije." Me dice suavemente. "No lo sé. Lo último que recuerdo fue estar de copas, y esta mañana despertarme en un banco del parque, y correr escapándome de unos policías que querían detenerme por dormir como los mendigos la borrachera de la noche."
"¿Y por qué te emborrachaste?" Le pregunto.
"Para olvidar, evidentemente." Afirma suspirando y recostándose en el asiento junto a mi cama. "Es un agobio intentar recordar quién soy o de dónde vengo y no encontrar nada. Solo sé que me llamo Ann, el resto es una gran mancha negra. Me preocupa no sentir que haya nadie que pueda estar esperándome."
"Nosotros te estamos esperando en la reserva." Confesé tras un ligero silencio haciéndola mirarme. "Ya sé, ya sé. No somos familia. Pero… bueno, al menos ahora tienes a alguien que se preocupa por ti. Eso ya es algo." Afirmo dándome cuenta que me mira con confusión, como si no me creyera. "Lo sé, soy un bocazas. No hago más que liarlo todo más."
"No." Niega para sonreír tiernamente un segundo. "Ha sido algo tierno."
"No sé mucho de esto, pero… igual no deberías esforzarte tanto por recordar." Le confieso. "Ahora vives aquí. Tienes un trabajo, una casa… bueno, una chavola."
"Es una casa." Afirma rápidamente. "Vosotros me habéis ayudado a convertirla en una."
"Vale, pues una casa." Contesto. "Y nos tienes a nosotros. Vale, no somos demasiado, pero al menos puedes estar segura que no vamos a dejarte sola si nos necesitas."
Ha girado la cara, evita mirarme, así que con miedo y cuidado, estiro mi mano para cubrir la suya y hacerla mirarme sin retirar la mano por lo que le sonrío.
"Acabarás recordando sola." Afirmo. "No te preocupes."
"Yo… voy a salir a firmar tus papeles… sí, eso adelantará todo." Afirma con voz débil levantándose. "Y también me han atendido a mí, tengo mucho papeleo que firmar."
"Pero…"
"No te preocupes, cuando te den el alta podemos ir a comprar algo de comer. Me muero de hambre ¿tú no?" Dice saliendo de la zona 'acortinada' donde me tienen.
Es raro, hay algo en su reacción que no me cuadra del todo. Pero no es nada que me huela mal, es más bien… no entiendo qué he podido decir para hacerla querer escapar de mí. Hace unos segundos todo estaba bien, y de pronto… se levantaba y se iba con una excusa plausible, pero evidentemente eso, una excusa.
¿Por qué?
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Ann)
"Y firme también aquí." Me dice la enfermera en el puesto de control.
Con cuidado echo la firma como acompañante de Seth en los papeles que describen lo que le han hecho y sus cuadros sintomáticos.
Que ese chico fuese tan dulce no había entrado en mis planes. ¿Por qué le había protegido de Félix?
Félix era mi único amor, siempre había sido así. Solamente él me había tratado bien desde que llegué allí siendo poco más que una cría. Le quería. Porque le quería ¿no?
Entonces por qué le había impedido matar a Seth por mostrar cariño hacia mí.
Sabía que Félix bebía sangre, la necesitaba, entonces por qué…
"Señorita." Me llama la enfermera que se había ocupado de atenderme mientras el médico se ocupaba de Seth. "Disculpe, acaban de darme esto para usted." Me dijo dándome un aparato pequeño.
"¿Qué es esto?" Pregunto.
"Un manos-libres." Afirma como si fuese una pregunta extraña. "Ya sabe, se pone en la oreja y se habla."
"¿Quién le ha dado esto para mí?" Pregunto confusa.
"No lo sé, era alto y fuerte. Llevaba un uniforme de barrendero, pero iba muy sucio." Me dice. "Y tenía un acento muy raro, no era americano, seguro."
Félix.
Miré alrededor esperando encontrarle, pero era evidente que no iba a estar allí mismo.
No, no podía permitirme ni un segundo de debilidad.
Yo le quería a él. Y los lobos eran solo un trabajo. No podía permitirme dejar a mis sentimientos mezclarse y arruinarme todo.
Eso era. Si acababa esa misión al gusto de los maestros me aceptarían plenamente.
Ya no sería la última mona. Sería una más, como el resto de guardas, por los tiempos de los tiempos.
Sin embargo, cuando vuelvo a la sala con cubículos hechos con cortinas donde tienen a Seth y le vuelvo a ver, me sonríe aliviado… de nuevo la misma sensación contradictoria vuelve a asaltarme.
Ese chico es inocente. Nunca se muestra violento y siempre o casi siempre está sonriendo. Era imposible que fuese a ser un peligro para nadie.
Pero no sabía casi nada del resto, a parte de lo que veía cuando estábamos juntos.
No parecían violentos, pero tampoco yo parecía lo que era.
Ellos también podían ser buenos actores, como yo; entonces, si me pillasen…
No, basta ya.
No puedo permitirme debilidades ahora.
No puedo permitirme dudar ni un segundo.
Es mi trabajo, es mi misión y la haré bien.
Hasta la última de las consecuencias.
"He pensado que cuando saliéramos deberíamos volver directos a casa." Le digo a Seth volviendo a mi papel. "Lo mejor es coger algo liviano y ver a tu médico cuanto antes."
"El médico probablemente no nos reciba hasta mañana como pronto." Me dice.
"Si me dices quién es puedo buscarle en el listín y llamarle, hacer que te vea hoy mismo." Le digo. "Total, no creo que le cueste mucho abrirte un hueco, no será mucho tiempo."
"Carlisle no sale en las guías." Me dice sonriendo. "Pero podemos llamar a Edward, no creo que haya salido de la ciudad aún."
Mira tú por donde. Iba a matar dos pájaros de un tiro.
Espiar a los Cullen y a los lobos a la vez; a eso le llamaba yo un golpe de suerte.
