CAPÍTULO 11: RECUERDOS DEL PASADO.

(Voz de Ann)

"Oh, joder, venga, despierta…" Me llama Arik mientras noto cómo me palmea la cara suavemente. "Eh, venga, Ann…"

Coño, no me hace daño, pero me molesta mucho; así que me levantó dándole un golpe y descubriendo que estoy tirada en el monte y desnuda. "Arik, qué coño me has hecho. Por qué coño me has traído aquí. Y qué hago desnuda."

"No te he hecho nada." Afirma él. "Es una larga historia y no creo que te la creas. A decir verdad hasta a mí me cuesta creérmelo."

"Pues ya puedes empezar a rajar o pensaré que me has hecho esto tú y me hubieras violado de no haber despertado." Afirmo furiosa.

Es evidente que ha sido él quien me ha llevado allí desnuda.

Cuando me quedé dormida en casa estaba sola, y vestida. ¿Y ahora me despertaba en medio del monte y desnuda?

Era evidente que él me había llevado allí y me había hecho eso; sin embargo no parece querer defenderse demasiado. Le veo dudar y suspira.

"Vale, comenzaremos por algo sencillo." Me contesta para volver a suspirar. "¿Sabes quién era tu madre?"

¿A qué venía esa pregunta?

"¡¿A qué coño viene esa pregunta?!" Le digo indignada. "¡Se acabó, pienso coger tu pellejo y…!"

"Vale, pero primero contesta a mi pregunta." Me dice parándome por los hombros. "Tú, ¿conocías a tu madre?"

"Claro que la conocía." Afirmo. "¿A qué coño viene esto?"

"Muy bien, tu padre es evidente que sé qué era." Me dice. "Pero ayudaría saber lo de tu madre. ¿Era como tú?"

"Claro que no." Niego. "Murió cuando nací."

"Entonces no la conociste." Me dice.

"No, pero era normal." Le contesto. "¿A qué viene todo esto?"

"No te alarmes, pero he descubierto por qué pierdes la memoria durante esos periodos de tiempo." Me dice. "Por qué despiertas desnuda en sitios que no recuerdas haberte dormido."

Entonces le cojo del cuello y lo levanto en vilo.

"¡Ya sé por qué despierto así!" Le rujo. "¡Eres tú!. ¡Has sido tú desde el principio!. ¡Maldito violador, te mataré!"

"Para ya." Me dice su amiga, la chica de las rastas rosas apareciendo desde mi espalda para obligarme a soltarle por lo que le cojo a ella también con la otra mano tras pelear contra ella y volver a cogerle a él cuando intenta defenderla.

"¡Estábais aliados!" Les grito.

"Tu madre…" Jadea él quedándose sin voz. "Tuvo que… ser… una… dama animal…" Añade moviendo los labios sin hablar dado que estoy a punto de partirle el cuello taponándole la tráquea con mi mano.

Eso me causa tal conmoción que les suelto.

"Mi madre murió." Murmuro.

"No sabes nada de ella." Tose Arik. "Podría haber sido cualquier cosa."

Entonces cojo inconscientemente mi cruz, la había llevado siempre, desde que tenía uso de razón, era el eslabón que unía mi infancia con mi vida actual.

"Es imposible." Murmuro. "Mi madre era humana, yo la maté al nacer."

(Salto espacio-temporal)

Hace años en algún lugar de Europa, una cabaña en un pico inhóspito.

((Paciencia ahora, por favor. Los pensamientos son inconexos, ya veréis por qué.))

Por fin he nacido.

Estoy tan feliz que puedo explotar.

Mamá, quiero a mamá.

No veo bien. Quiero a mamá.

Mamá me quiere.

Mamá siempre dice que yo soy tesoro.

"¡Es una niña!" Grita alguien.

"Es un monstruo." Gime llorando otro alguien.

"Por dios, Alba." Dice primer alguien. "Es solo una niña. Es inocente."

"¡Es un monstruo!" Grita el otro alguien.

Me da miedo.

No gusta ruido fuerte.

Lloro.

"¡LLEVATE A ESE MONSTRUO!" Ruge mientras yo lloro más. "¡MATADLO!"

Noto cómo duele.

No gusta ese alguien,

Pero entonces duele. Duele espalda golpe y lloro.

Duele mucho.

Pero alguien coge.

Bien. Calor.

Gusta.

"Shhhh… tranquila cariño." Susurra.

Voz suave.

Agradable.

Mueve suave, un alguien mamá, no mamá, ella, un alguien ella, como ella grita pero no ella.

Entonces veo.

Dos alguien. Uno ella y uno él.

"¿Qué hacemos?" Dice uno ella cara mojada de ojos.

"Hay que sacarla de aquí." Dice uno él. "Ha matado a su madre desde dentro, y tú has matado a Alba. No podemos quedarnos aquí."

"Pero saben que Aurea estaba embarazada." Dice alguien ella.

"Iros, yo les distraeré." Le dice alguien él poniéndose haciendo sombra nos.

Ella coge mí, mete contra piel. Piel caliente. Mi gusta.

Mi feliz. Mamá.

No, ella no mamá.

¿Dónde mamá?

(Salto espacio-temporal)

"¿Dónde está mamá?" Pregunto días más tarde mientras la mujer que no es mamá me peina porque el hombre bueno que sonríe mucho está buscando comida para los tres.

"Mamá no está aquí." Me dice. "Mamá te quiere mucho, pero no puede venir."

"¿Dónde está?" Le pregunto.

"En el cielo, viéndote crecer cada día más bonita." Me dice sonriéndome y señalándome al cielo azul.

Me gusta el cielo, es azul, como los ojos de Alana, la mujer que no es mamá.

"Siento llegar tarde." Afirma papá volviendo.

"¡Papi, papi!" Le digo feliz.

"Hola preciosa." Me dice sonriendo. "Pero soy Taito, no papi."

Taito no es papi y Alana no es mamá. Pero ellos viven conmigo, son mis papis también.

"¿Cómo ha ido todo?" Le pregunta Alana trenzándome el pelo con cuidado para ponerme un lazo precioso que me gusta.

"Bien, ya saben lo de Alba." Le dice. "Saben que tú la mataste, y saben lo de Aurea."

"¿Y qué hay de…?" Murmura Alana mientras papi Taito me tiene en brazos.

"Les he hecho creer que está muerta." Afirma acariciándome la cara con cariño y calentándomela.

"Alana mala, dice que mami no viene." Le digo haciendo pucheros.

"Mami no puede venir." Me repite él. "Si pudiera vendría, pero no puede."

Siempre dicen lo mismo, que mami no puede venir a verme, pero yo quiero venga.

Entonces me acuerdo de una cosa.

"He visto gente." Le digo. "Un niño, como yo."

"¿Has vuelto a salir sola?" Me dice para mirar a Alana.

"Salimos a coger agua." Le dice. "Unos excursionistas estaban a poco menos de un kilómetro. Pero se ha portado muy bien, a que sí."

"Sí." Asiento feliz. "No he hablado con ellos. Yo digo a Alana y la dos volvemos."

"Probablemente fueran del pueblo." Dice Taito.

"Un día podríamos ir." Le dice Alana. "Hace tiempo que no voy."

"No creo que sea seguro." Afirma Taito.

"Ann promete portarse bien." Afirmo levantando la mano feliz. "Ann quiere ir… porfa.. porfa… porfa…"

"Eres igual que tu madre." Dice rindiéndose. "Vale, bajaremos al pueblo, otro día."

"¿Cuándo?"

"Cuando crezcas un poco más." Me dice sonriendo. "No queremos que te pierdas."

(Salto espacio-temporal)

"Alana…" Le digo mientras me arropa en la cama de la cabaña en las montañas.

"Dime, cariño." Me dice sonriendo.

"¿Mamá está muerta?" Le pregunto.

Eso hace que pierda la sonrisa y evite mirarme.

"Un niño del pueblo me ha dicho que mamá está muerta." Le digo.

"Sí." Asiente tristemente.

"¿Y qué es estar muerto?" Le pregunto.

"Es como los conejitos que enterramos." Me dice sonriendo tristemente.

"¿Mamá está con los conejitos?" Le pregunto.

"Aún eres pequeña para entenderlo." Afirma besándome la frente. "Solo hace poco más de un año que naciste."

"Pero Gurten dice que tenemos 6." Le digo.

"Porque es lo que parece." Me dice. "Y ahora duerme, mañana es un día importante."

Mañana Taito me va a llevar al pico, dice que tengo que aprender más.

Pero cuando Alana sale dejándome la lucecita pequeña, la oigo hablar con Taito.

"Ha preguntado por su madre."

"¿Y qué le has dicho?"

"Que estaba muerta." Afirma suavemente. "No quería que lo supiera, pero alguien se lo dijo."

"Sabíamos que no podríamos seguir ocultándolo mucho más."

"Lo sé, pero… no pensé que tuviera que ser tan pronto." Afirma triste. "Solo tiene un año y meses."

"Crece demasiado rápido." Afirma Taito. "Pronto habrá alcanzado edad suficiente para descubrir todo. Por eso quería empezar a enseñarle a sobrevivir."

"¿Pero tan pronto?" Pregunta Alana. "Aún es solo una niña."

"Alana, he oído historias." Afirma Taito. "Sobre su padre, sobre por qué crece tan veloz. Aurea y Alba fueron seducidas por un hombre muerto que no se quedó en la muerte. Alba pudo escapar de su enbrujo, pero Aurea no escapó."

"¿Quién es?"

"no lo sé, aún no. Pero estoy cerca de averiguarlo." Afirma Taito. "Por eso es tan importante que comience ya su entrenamiento. Nanuk tiene que saber controlarse, debe aprender a sobrevivir."

"Solo-es-una-niña." Repite Alana.

"Alana, es una cazadora." Afirma Taito. "Debe aprender a controlarse, a cazar solo animales, a comer comida normal y cazar solo como último recurso para mantenerse cuerda. Y tiene que aprender a protegerse sola."

"Nosotros la protegeremos."

"No podremos protegerla eternamente. Sabes que nos buscan, y he oído rumores que unos hombres muertos que no se quedaron en la muerte habitan en Italia. No tardarán en oír noticias y rumores de aquí."

"Pues nos iremos." Afirma Alana. "Tendré las maletas hechas para mañana, cuando salga el sol podremos irnos. No dejaré que se la lleven, no podemos abandonarla."

"Alana, escúchate." Le dice Taito. "Aurea no habría querido eso. Ella era muy firme con sus creencias, para ella la bandada era la bandada."

"¡Ella quería a su hija!" Le grita en voz baja ella haciéndome estar a punto de salir llorando para que dejaran de pelear. "La tuvo aún sabiendo que moriría, y yo la quiero como si fuese mi hija. No pienso dejarla sola."

"Por eso es de vital importancia que aprenda todo." Afirma Taito. "Aquí no nos encontrarán en un tiempo. La llevaré a la cima de las montañas, todos los días. La enseñaré a cazar, le enseñaremos a tener una moral, unos principios. Ella es buena, es como su madre por dentro. Aprenderá, y cuando lo haga, será fuerte como el roble y flexible como la caña. La haremos libre como el viento para que pueda fluir como el agua roja."

"Aún es muy pequeña." Llora Alana. "No es justo…"

"Nada últimamente es justo." Afirma Taito. "Pero también es hija mía, sé lo que hago."

(Salto espacio-temporal)

Un par de años más tarde…

Me agazapo bien, el punto básico de la supervivencia es saber fundirse con el medio en el momento exacto y de la forma exacta. Control de la respiración y los impulsos.

Nunca dejar de controlarse uno mismo.

Doy unos pasos tan silenciosos como si fuese una pluma que se moviese mecida por el aire.

Ahí está mi presa, buscando un poco de agua antes del amanecer completo; en ese momento del día en que tengo ventaja porque veo tan bien o mejor que ellos.

Antes de que se de cuenta, caigo sobre él, un macho fantástico y, por desgracia para mí, demasiado mayor y con demasiadas cicatrices que lo marcan como un superviviente.

Me tira al suelo para escapar y me levanto derrapando para correr tras él.

Soy rápida, más que cualquier otra persona que haya conocido nunca, así que cuando caigo sobre él y lo derribo sujetándole con fuerza la garganta entre mis mandíbulas humanas, sonrío al notar el regustillo metálico que va comenzando a llegar a mi boca.

Entonces atenazo mejor mis agarres a ese animal que insiste en convulsionarse violentamente aferrándose hasta el último segundo a su vida para intentar sobrevivir. Y es solo cuando noto que por fin su vida se ha apagado que aflojo mi agarre y suelto mi mordisco para mirarle y peinarle el pelo del morro antes de cogerle por los cuernos y dejar totalmente expuesta su yugular.

Un movimiento rápido, un mordisco certero y tengo ese delicioso elixir de vida manándome directamente a la boca mientras succiono como un cachorro succiona la leche materna mientras no pierdo de vista los alrededores.

Nunca pasa nada, pero es un hábito que Taito me ha inculcado: nunca puedes estar totalmente segura si estás fuera de casa, hagas lo que hagas mantente alerta.

Y entonces le veo.

Es la primera vez que le veo, está escondido bajo unos árboles, huele de una forma que hace que me nazca un rugido hermanado con un gruñido de aviso de la garganta y salga hasta mi boca y mi nariz para producir un gruñido de aviso animal, y cuando va a saltar a por mí…

Algo más rápido lo coge y veo perderse dos figuras peleando por lo que cargo el muflón a mi espalda y huyo corriendo como alma que lleva el diablo para ir hacia la cueva donde quiero comprobar que Alana está bien.

Sin embargo, cuando llego y tiro el muflón dentro, compruebo que el cuerpo de Alana yace decapitado en el suelo de la entrada, por lo que corro a coger sus restos entre mis brazos y llorar.

Lloro mucho y un buen rato antes de decidir que debo hacer algo que ellos hubieran querido.

Cojo el cuerpo de Alana, lo más parecido a una madre que he tenido nunca y a pesar de tener un cuerpo de alguien de unos 10 años, la cargo monte abajo hasta el claro que tanto le gustaba donde corre un arroyuelo en primavera, ahora congelado, y los árboles hablan gracias al viento suave que me consuela mientras cabo con las manos un lugar donde enterrarla antes de ir a buscar a Taito.

Entonces me doy cuenta, si no ha venido a buscarme a la cueva, si no apareció cuando apareció el extraño que olía a la sangre de Alana y algo de la suya… probablemente él también esté muerto.

Y cuando voy a meter el cuerpo de Alana en esa tumba improvisada, noto cómo alguien se acerca rápidamente por el bosque y me pongo en guardia tras meterla rápidamente.

Es un hombre quien para a unos metros de mí, en la primera línea de los árboles mirándome con curiosidad y duda.

Entonces vuelvo a gruñirle ya que huele a sangre y él me tira una cabeza y un cuerpo desangrado.

"Por mí puedes enterrarlo con ese otro." Afirma mientras las piernas me tiemblan al ver la cabeza de Taito y el cuerpo de un desconocido con el cuello partido y laceraciones.

Entonces me fijo en el desconocido sin fiarme.

Él también está herido, tiene marcas de garrazo de algo que no sé qué es y su cara tiene heridas.

"¿Entiendes mi idioma?" Me dice.

Sin darle la espalda, comienzo a cavar otra tumba para Taito; aún tengo que encontrar su cuerpo, pero no pienso moverme y arriesgarme a que ese extranjero extraño me alcance.

Sin embargo, en lugar de eso, se limita a mantenerse en el mismo sitio frotándose la cara con el guante de cuero que lleva en su mano, cubriéndose mejor con lo que parece una capa de los años de Maricastaña.

Y entonces suspira y le veo desaparecer para notar cómo el aire tras de mí se mueve por lo que estiro la mano para estamparla contra su pecho que hace que me caiga de culo en el pequeño agujero que he cavado ya.

"Déjame a mí." Afirma levantándome en vilo para dejarme a un lado y cavar rápidamente el agujero cuando comprueba que no me muevo sin perderle de vista dado que sigo sin confiar en él.

Increíblemente, en un momento ha hecho el agujero.

"Ten, echa esa cabeza ahí." Afirma.

Entonces coge a Alana con cuidado y lento y la pone con cuidado en su tumba tras hacerla más profunda y comienza a echar tierra por lo que yo le paro haciéndole mirarme.

"Hum." Le digo molesta para obligarle a bajar las manos con calma mientras me mira confuso.

Entonces doy unos pasos hacia atrás para coger flores y hojas cubiertas de nieve y escarcha de los árboles circundantes con saltos cuidadosos antes de volver y ponerle una flor en cada ojo a Alana y aflojarle el gesto con cuidado para hacerlo dulce, tal y como siempre he recordado su cara.

Sonrío tristemente al recordar que ha sido la madre que nunca tuve estos años y junto mis manos antes de mirar al forastero y obligarle a juntarlas haciéndole resistirse y finalmente obedecer suspirando cuando me quejo sin palabras haciéndole gestos para que lo haga y agache la cabeza como yo para rezar.

Alana y Taito habían sido unos padres para mí, me lo habían enseñado todo y ahora me los habían arrebatado.

Ya no podría volver a ver la sonrisa de Alana cuando despertaba y les veía hablando en la mesa que Taito había hecho, no podríamos compartir más tardes de compras en los pueblos cercanos donde evitábamos llamar la atención. Ni podría volver a oír a Taito defenderme cuando prefería ir a correr por el bosque en lugar de quedarme limpiando con Alana la cabaña o cocinando con ella. Ni volvería a reñirme por haber dejado una huella en la nieve sin ocultar.

Se habían ido, para siempre, como mi madre.

"Me llamo Demetri, y creo que deberías venir conmigo." Me dice.

Entonces le miro y sacudo la cabeza levantándome para clavar un palo en las tumbas y hacer una cruz con mis lazos que han estado cogiéndome el pelo en dos coletas que Alana me hizo esa misma mañana, cuando aún no sabía que no volvería a verla con vida cuando saliera de casa.

Entonces intento irme, pero él no me deja, me bloquea el paso y me sujeta, así que hago algo que Taito y Alana me prohibieron usar salvo que mi vida fuese en ello: abro la boca y desenfundo mis dientes para morderle con todas mis fuerzas en el hombro haciéndole dar un terrible alarido y chupándole la sangre que puedo antes de notar cómo me parte un brazo con la misma facilidad que se parte una pajita.

El dolor es tan insoportable que al final creo que pierdo la conciencia, y cuando la recupero, no estoy en ningún lugar que conozca, los olores ya no son naturales y todo me huele a viejo. Y lo peor es que lo que me ha despertado es un sabor metálico en la boca.

"Demetri, te has pasado." Afirma una voz masculina.

"Los maestros han dicho que si muere, tú morirás detrás." Afirma una voz femenina de alguien que no debe tener muchos más años que yo.

Entonces doy un golpe a ciegas a la mano que me ha estado vertiendo sangre de su propia muñeca a mi boca y me caigo intentando enfocar para ver en la semi-oscuridad un hombre fuerte con la muñeca herida y más grande y corpulento que el hombre que me raptó, ese hombre y a una chica que debe ser como mucho un par de años mayor que yo, si llega.

"Eso ha estado mal." Afirma la niña mientras noto cómo la cabeza me va a estallar y grito de dolor.

"Jane, ya vale." Le dice el chico corpulento para gemir de dolor poniéndose entre ambas antes de que la chica pestañée.

"Los maestros quieren verla." Afirma la niña.

"Es en vano, es evidente que no sabe hablar, o al menos que no nos entiende." Afirma el hombre que me secuestro.

"Yo la llevaré." Afirma el corpulento vendándose la muñeca con un pañuelo de un gusto demasiado caro, exquisito y fino antes de ofrecerme su mano que miro sin coger antes de golpearla molesta rechazándola. "Muy bien, sígueme." Afirma haciéndome un gesto para que lo siga.

Entonces le gruño y miro alrededor buscando una salida, pero el otro tipo se pone tras de mí y me empuja hacia una puerta por lo que le gruño más aún.

"¿Solo sabe gruñir?" Pregunta la chica. "¿Qué es, un animal?"

"No lo sé, estaba sola, comiéndose uno de esos bichos apestosos con cuernos que hay en las montañas." Afirma el secuestrador. "Solo hace eso cada vez que se le acerca alguien."

"Ven." Me dice el hombre montaña; sin embargo algo en él me hace fiarme y le sigo a cierta distancia seguida por el secuestrador y la niña.

Me llevan por unos pasillos oscuros y otros algo más iluminados hasta que llegamos a una sala circular donde hay tres hombres.

"Así que esta es la famosa niña." Afirma uno de ellos.

"Así es, maestro." Afirma el secuestrador con respeto.

Eso me da miedo, pero no lo demuestro. Taito me enseñó que mostrar el miedo en público es dar una debilidad que puedan usar contra ti, así que me mantengo firme.

"¿Cómo te llamas, niña?" Me dice el único rubio de los tres.

"No habla, mis maestros." Afirma de nuevo.

"Por favor… la estáis asustando." Afirma un moreno que se sienta en el centro sonriendo y levantándose para estirar sus manos hacia mí. "Acércate, pequeña."

No me fío de él, así que no me muevo y el hombre montaña me hace una ligera presión en la espalda instándome a moverme por lo que le esquivo molesta.

"Oh, vamos, señorita." Me dice el hombre divertido. "Bueno, yo también reaccionaría así si me hubieran traído contra mi voluntad. ¿No, Demetri?"

"Sí, maestro." Afirma el secuestrador.

Entonces el hombre vuelve a estirar los brazos para invitarme a acercarme.

"Acércate, muchacha." Me vuelve a pedir.

"Maestro, parece que la chica no entiende." Le dice el hombre-montaña.

"Oh, entiendo." Afirma asintiendo para mover las manos de nuevo señándome. "Tú-pequeña-acércate. Amigo. Todos amigos." Añade moviendo los brazos.

Con cuidado me acerco un poco y cuando estira sus manos hacia mí, retrocedo.

Entonces me choco con el hombre-montaña.

"El maestro Aro no te hará nada." Me dice susurrando. "No te preocupes."

Con cuidado vuelvo a acercarme a ese hombre y entonces él me sonríe y me coge las manos de la misma forma que Taito me las cogía.

"Pobrecita." Afirma el hombre con un tono demasiado para niños pequeños. "Has tenido que pasarlo mal. El idiota de Demetri… mira que secuestrarte sin tu permiso… Ya sé, para compensarte creo que deberíamos ofrecerte algo para comer, y un poco de descanso. Es lo menos que podemos hacer por ti después de la desconsideración de nuestro amigo."

¿En serio eran amigos?

"¡Pero mira eso, estás herida!" Afirma el hombre. "Esto no puede ser, Félix, llévala a una habitación, que descanse y se cure esas magulladuras."

Era imposible que fuesen tan buenos ¿O sí?

No, Taito me había dicho que no confiara en nadie.

Entonces el hombre-montaña me coge con cuidado y me levanta como si no fuese más que una pluma.

"Se parece a él." Afirma cuando hemos salido el hombre rubio.

"No pegues la oreja, si se enteran tendrás problemas." Me dice el hombre-montaña. "Por cierto, me llamo Félix. Demetri no debería haberte traído, pero me alegro de que lo hiciera."

"Nannuk." Le digo.

"¿Qué significa ese Ann?" Dice.

"Yo, Ann llamome." Le digo intentando hablar lo que me dijeron que era Italiano.

"Ann… es un nombre bonito." Afirma. "¿Hablas mi idioma?"

"Poco." Niego. "Vosotros no amigos, no enemigos. ¿Por qué tú ayudas mi?"

Eso le hace sonreír divertido.

"Esperemos que aprendas rápido, para hablar así es casi mejor que no hables." Afirma divertido.

"¿A ti hablo?"

"Sí, pero cuando no haya más gente." Me dice.

"Secreto." Afirmo divertida poniéndome un dedo en los labios divertida.

"Eso es, secreto." Asiente. "Será nuestro pequeño secreto."

Ese hombre-montaña llamado Félix me parecía simpático, bueno. Y mis padres acababan de ser asesinados, así que supongo que busqué en él lo que me hacían sentir Alana y Taito, y él me lo dio y más, cuando crecí.

Félix se convirtió en mi protector en las sombras, mi amigo… y finalmente, sin remedio, mi primer y único amor.

O eso creía hasta que había comenzado a preocuparme por aquel chico que no me parecía querer dejar en paz ni a sol ni a sombra, aquel Seth de los Clearwater.