CAPÍTULO 13: CONFESIONES. NO ES MENTIRA, SOLO OCULTO LA REALIDAD.

.

((Perdonad por todo este tiempo desaparecida, pero estoy de oposiciones y me he estado centrando en sacarme un examen de Cambridge y ahora con las oposiciones. Lo bueno es que en este tiempo he ido escribiendo este capítulo como 3 veces (otra vez el maldito pendrive fastidiándome y perdiéndome datos que esta vez fueron un par de fics y 3 capítulos de oposiciones que por suerte tenía copia de seguridad en otro sitio pero en la 'versión en sucio') y... que me lío, aquí os dejo esto. Y una vez más, perdonadme por el hueco entre capítulos, espero que este os compense un poco. Explica... un poco. Pero solo un poquito, si leemos entre líneas vemos algo más, pero... ¡qué no digo nada, que luego me voy de la lengua! XDD ))

.

(Voz de Ann)

"Nosotros nos vamos ya." Afirman los chicos que quedan cuando anochece tanto que es imposible seguir trabajando y el bar está casi montado.

"Ir yendo, yo enseguida voy." Afirma Seth.

"De eso nada." Le dice su hermana cogiéndolo. "Tú te vienes a casa conmigo. No quiero que mamá me eche a mí la bronca porque llegues tarde."

Había sido gracioso ver cómo se lo llevaban a la fuerza, y entonces yo había esperado un poco más en la playa y había entrado a cenar con Arik, luego él se había ido con Marina y no sé dónde habían ido.

Cuando ya era bastante tarde, había salido fuera y me había sentado en la arena, sobre la única toalla que tenía para la playa y me había quedado abobada contemplando la luna.

Hasta que de pronto había percibido algo.

Primero había sido un olor demasiado fuerte como para obviarlo y luego había sido una respiración pesada que me indicaba que había alguien más cerca, alguien que no era humano. Y finalmente, había oído los pasos acercándose por la arena.

Evidentemente, había fingido no enterarme de que nadie venía, hasta que me hablaron.

"¿Qué haces aquí fuera?" Me pregunta Seth.

"Vivo ahí." Afirmo señalando la cabaña. "Además, necesitaba un poco de aire fresco. ¿Y tú? Pensaba que te habías ido a casa."

"He salido por la ventana cuando me han dado por dormido." Afirma. "Aún tenemos algo pendiente, y… bueno, prefería no preguntar mientras estuviese el resto por aquí."

Había sido demasiado ingenua al pensar que podría olvidarse de eso.

"No me encuentro demasiado bien, creo que será mejor dejar eso para otro momento." Le intento disuadir.

"No creo que hablar te haga ningún mal." Me dice. "Y no puedo esperar más. Yo… necesito saberlo." Afirma sentándose de rodillas frente a mí para mirarme directamente a los ojos mientras en los suyos veo reflejado dolor. "Necesito saber por qué nos has mentido. Y ya sé, ya sé. Sé que no pretendías hacernos daño, pero no deja de ser una mentira."

No podía decirle la verdad. Por mucho que él quisiera dejarme marchar, no dejaba de ser una Vulturis, algo que ellos odiaban tanto como mis maestros a ellos. Sin embargo… decidí decir parte de la verdad y ocultar la otra parte, para no mentir más.

"Yo… no es mentira del todo que sea amnésica." Le digo. "Es cierto, recuerdo trozos de mi pasado, pero no todo."

"¿Y por qué viniste aquí entonces?" Me dice.

"Trabajo." Afirmo. "Vine por trabajo. Cuando me encontrasteis, me había golpeado la cabeza, y es cierto que olvidé cosas, pero solo unos días, y luego… bueno, me tratabais con tanto cuidado y cariño que me dio miedo decir que recordaba ya casi todo."

"¿Y tu familia?" Me pregunta entonces. "Vale, tu madre está muerta, pero tendrás un padre."

"No sé quien era mi padre." Afirmo. "Me criaron una pareja que fueron cercanos de mi madre. Pero nunca supe exactamente qué relación había entre ellos. Podrían haber sido mis tíos y no lo hubiera sabido nunca."

"Luego tienes tíos esperándote." Me dice un poco más tranquilo.

"No, murieron también." Afirmo. "En ese sentido estoy sola, y no conozco a más familia."

"Entonces cuando murieron esa pareja… te dolió tanto que viniste aquí a trabajar ¿no?"

Podría decir que sí, la tentación de cogerme a esa nueva hipótesis suya era demasiado fuerte, sin embargo…

"No." Niego. "Esas personas murieron hace tiempo. Luego fui a vivir con otra gente. Pero no puedo hablar de ellos."

"¿Pues?" Me dice.

"Digamos que son algo así como nobleza en donde vivía y yo no, no se me debe relacionar con ellos." Afirmo contando otra verdad a medias.

No era mentira que los maestros no fueran nobles, ni que no debiera relacionárseme con ellos. En primer lugar porque allí ser un Vulturi era motivo para que me mataran, y en segundo, porque yo era algo así como un miembro encubierto de la familia, muy poca gente fuera del clan sabían quién era yo realmente.

"¿Y qué hay de dinero?" Me dijo. "Si son tan importantes, podrían mandarte algo para ayudarte."

"No necesito ni quiero su ayuda." Afirmo contando de nuevo una verdad a medias dado que es cierto que no necesitaba ayuda y tampoco la quería para evitar llamar la atención demasiado. No eran exactamente motivos de querer o no querer, era motivo de supervivencia. "Seth, escucha… si quieres eso, yo recogeré mis cosas y me iré, esta noche mismo si es lo que deseas. Para el amanecer podría haber llegado ya suficientemente lejos como para coger un trasporte y estar por la mañana en la capital. Después de la mierda de vida que he llevado siempre, huir de nuevo y comenzar de nuevo en otro lugar no creo que sea tan difícil. Sobreviviré esté donde esté, de eso no tengas duda."

"No, lo estás malinterpretando." Niega cogiéndome la mano. "No quiero que te vayas, pero ponte en mi lugar. Todos pensábamos que eras una víctima, que no sabías quien eras o de dónde venías. Y de pronto, desapareces y cuando te encuentro te oigo hablar de tu madre indicando que sí sabías algo de ti misma y tu pasado. ¿Cómo crees que puedo sentirme si descubro que alguien importante y en quien confiaba nos ha estado mintiendo a todos?"

Eso podía entenderlo.

"Seth, no pretendía ningún daño." Afirmo. "De verdad, es… ha sido por miedo. Soy una mujer, tengo miedo de muchas cosas, demasiadas tal vez."

"Pero no entiendo por qué de nosotros." Me dice. "¿Te hemos hecho alguno algo que te haya dolido?. ¿Alguno de nosotros te ha intentado asustar?"

"No, no." Niego. "Pero… me caéis bien, me gusta sentir que por fin soy parte de algo, y… me daba miedo perderlo si descubríais que había matado a mi madre al nacer, o que no soy precisamente una buena chica. Que mi vida ha sido dura desde que puedo recordar, y es cierto, tengo lagunas en mi memoria. Eso es algo que me da vergüenza reconocer ¿sabes? Es como decir que tengo la cabeza de una abuela cuando no he llegado siquiera al cuarto de siglo."

Vale, volvía a hablar más de la cuenta, pero es que no sé por qué, ese chico me hacía soltar la lengua y confiar en él.

"Soy un desastre…" Afirmo. "Debería salir de vuestras vidas… todo lo que toco acaba destrozado…" Acabo susurrando para mí sin darme cuenta que probablemente pudiera oírme igual de bien que yo les oía a ellos mientras charlaban fuera de la cabaña.

"Yo no creo que seas tan gafe." Me dice. "¿Quieres que te diga quién creo yo que es Ann?" Me pregunta sonriendo para hacerme mirarle. "La Ann que yo conozco es una chica tan fuerte que trabaja en un lugar que era un muermazo total porque lo llevaba una ancianita. Trabaja de sol a sol y cuando acaba, aún tiene fuerzas suficientes para seguir labrándose su futuro y ayudarnos a construirle su propio local en la playa." Afirma sonriéndome ampliamente como un niño feliz. "Alguien que vino con una mano delante y otra detrás y que construyó una chabola abandonada que probablemente fuese un almacén de objetos de pesca en una casa pequeña pero acogedora. Alguien que se está ganando todas y cada una de las cosas que posee con el sudor de su propia frente, trabajo duro y mucha perseverancia. Alguien que ha conseguido que todos mis amigos y yo vengamos a echar una mano en la construcción de ese bar playero, que nos ofrece lo poco que tiene y lo comparte con nosotros para agradecernos una ayuda que le damos desinteresadamente. Alguien que todos coincidimos que nos gusta ver sonreír. Esa es la Ann que yo veo. Y sinceramente, no creo que sea una fachada ni una mentira; al contrario, yo creo que esa es la verdadera Ann, solo que tú aún no te has dado cuenta."

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Seth)

Había estado observando a Ann todo el rato que habíamos estado hablando, que ella me había contado la verdad oculta tras todas las mentiras que había construido haciéndose pasar por amnésica. Y había ido dispuesto a asumir que me contestaría con más mentiras y al final, aunque me pesara, tendría que irme de allí sabiendo que ella no confiaba en mí para contarme la verdad.

Había decidido que si eso pasaba, yo agacharía la cabeza y le haría pensar que la creía, intentaría convencerme de que cualquier mentira que saliera de sus labios, era la verdad, porque tenía miedo a que si me contaba la verdad, esta la apartara de nosotros, de mí.

Pero en lugar de eso, con lo que me había encontrado era con una chica vacilante, desprotegida como una hoja ante el invierno, llena de miedo y temor porque le hubiera pillado, porque pudiera saber la verdad y aún así, siguiera odiándola, algo que ni por un segundo había podido sentir por ella.

Me había contado cosas que sonaban realmente irreales, pero observando sus gestos y su cara mientras me lo contaba, me había dado cuenta que por muy extraño que pareciera, esa era la verdad, o al menos parte de ella.

Aún quedaban muchas preguntas por hacer, pero me bastaba saber que nos había mentido solo por miedo a ser rechazada a que nos apartásemos de ella… porque, a fin de cuentas, se había acostumbrado a nuestras atenciones y a estar siempre al menos cerca de uno de nosotros cuando no trabajaba.

Entonces me di cuenta.

Me di cuenta de que, aunque antes hubiera tenido gente, hubiera estado con gente o hubiera sido parte de algo, esa chica que tenía delante de mí era en el fondo una chica normal, con sus inseguridades y miedos, una chica que había tenido toda su vida, soledad. Había vivido sola y aunque hubiera vivido con gente, era evidente que se había sentido sola.

No había conocido a su madre, no sabía quién era su padre siquiera. La habían criado gente cercana a su madre pero que ni siquiera sabía si eran familia o solo amigos de su madre. Y cuando ellos habían muerto, ella había tenido que buscarse la vida en otro lado, probablemente con otra gente.

Eso era duro, aunque como ella, no fueses un crío ya.

"Soy un desastre…" Dijo desinflada de pronto. "Debería salir de vuestras vidas… todo lo que toco acaba destrozado…" Había acabado susurrando de forma tan suave que de no haber sido lo que era no habría podido entender qué decía.

"Yo no creo que seas tan gafe." Le confieso entonces. "¿Quieres que te diga quién creo yo que es Ann?" Pregunto sonriéndole ampliamente, conmovido por lo frágil que me parecía ahora que estaba tan expuesta ante mí, sentimentalmente hablando, claro. "La Ann que yo conozco es una chica tan fuerte que trabaja en un lugar que era un muermazo total porque lo llevaba una ancianita." Afirmo pensando en cómo había comenzado a trabajar para esa anciana del bar de la reserva. "Trabaja de sol a sol y cuando acaba, aún tiene fuerzas suficientes para seguir labrándose su futuro y ayudarnos a construirle su propio local en la playa." Añado recordando cómo aunque nosotros llevemos un poco trabajando en el porche que pronto será un bar, ella siempre entra, se cambia, se asea ligeramente y sale a echarnos una mano sin descansar siquiera antes, las veces que la he visto llegar cansada y aún así unírsenos fuera para echarnos una mano y acabar no solo cansada sino también sudada por trabajar con nosotros. "Alguien que vino con una mano delante y otra detrás y que construyó una chabola abandonada que probablemente fuese un almacén de objetos de pesca en una casa pequeña pero acogedora. Alguien que se está ganando todas y cada una de las cosas que posee con el sudor de su propia frente, trabajo duro y mucha perseverancia." Continúo recordando cómo había conseguido trasformar aquel lugar que no parecía salvo un vertedero lleno de mierda, polvo y trastos inservibles que pudieran haber sido cosas de pesca o trabajo antiguamente pero que cuando los encontramos no eran más que basura inservible, y ella lo había convertido en lo que era ahora: una casa pequeña pero funcional donde había un único cuarto hecho con cortinas para separar su cama del resto de la instancia que hacía un salón-comedor donde la cocina ocupaba apenas una esquina donde había conseguido hacer una salida de humos un poco rudimentaria, y que había amueblado con cosas de segunda mano que había ido recogiendo de gente que la ponía en la calle para que alguien se la llevara si le servía o que el camión de la basura lo tirara al vertedero y también cosas que le habíamos ido llevando entre todos de cosas que había por casa para tirar o que ya no usábamos así que le habíamos regalado. "Alguien que ha conseguido que todos mis amigos y yo vengamos a echar una mano en la construcción de ese bar playero, que nos ofrece lo poco que tiene y lo comparte con nosotros para agradecernos una ayuda que le damos desinteresadamente. Alguien que todos coincidimos que nos gusta ver sonreír." Añado sonriendo al ver que estoy consiguiendo no solo su atención sino sorprenderla dado que supongo que ella misma no es consciente de cómo la vemos el resto de personas. Y es cierto, tiene una gran y preciosa sonrisa. Todos lo hemos dicho, todos mis amigos; y hasta la manada han reconocido en varias ocasiones que les gusta su sonrisa y hasta que les gusta cuando nos saca algo fresco de su nevera para 'pagarnos' en cierto modo la ayuda. "Esa es la Ann que yo veo. Y sinceramente, no creo que sea una fachada ni una mentira; al contrario, yo creo que esa es la verdadera Ann, solo que tú aún no te has dado cuenta."

Con eso solo consigo que ella se quede callada, mirándome como si no acabara de creer lo que acaba de oír pero sobre todo, sorprendida. Así que sé que he acertado de pleno: ella no es consciente de que todo lo que he dicho es cierto, de que la gente fuera de ella misma la vemos tal y como se lo he dicho. Y eso no tiene nada que ver con que esté imprentado de ella. Todos coincidimos en que es así. Y sinceramente, si nos pusiéramos a volver atrás en la memoria y volviéramos a ver todo lo que ha hecho desde que llegó, todos coincidiríamos en que todo lo que he dicho es cierto, no hay nada de falsedad ni mentira en sus gestos en todos los momentos que he pensado y le he contado.

Es como si realmente ella tuviera dos caras, la que muestra sin darse cuenta y la que parece querer mostrar. Solo que no necesita mostrar otra, la que enseña sin darse cuenta de que lo hace es simplemente perfecta, no necesita mostrarse de otra manera.

Y entonces me doy cuenta de un detalle.

"Es tarde." Afirmo. "Y mañana tendrás que trabajar. Deberías ir a dormir."

"Estoy aquí porque no podía pegar ojo." Niega suavemente. "Últimamente me cuesta más dormir, creo que tengo demasiadas cosas en la cabeza para poder relajarme y dormir tranquilamente."

"Tengo un rato, también podíamos entrar y me invitas a algo mientras tú te acuestas y yo me quedo hasta que cojas el sueño." Afirmo ofreciéndole otra opción.

"¿No vas a delatarme?" Me pregunta confusa.

"No creo que sea una mentira tan gorda." Niego. "Pero eso sí, nada de seguir mintiéndonos. Busca una forma de ir contándonos la verdad poco a poco para que no se les pase por la cabeza la opción que yo he descubierto."

"Me odiarán." Afirma.

"Ja, créeme, no vamos a dejar de venir a molestarte solo porque recuerdes cosas de tu pasado." Afirmo divertido ante la idea de que se le haya pasado por la cabeza la mera idea de que podamos alejarnos de ella.

"Pero mis lagunas…" Afirma.

"Eso no hace falta que lo cuentes." Contesto. "Pero si quieres mi opinión, Edward Cullen es un buen psicólogo, es médico y eso, podría echarte un ojo y…"

"No, por favor." Niega rápidamente. "Bastante penoso es tener que habértelo reconocido a ti porque me pillaste en una mentira como para... meter a nadie más."

"Vale, como quieras." Afirmo levantándome y quitándome la arena antes de ofrecerle la mano para ayudarla a levantar. "Vamos dentro, me conformo con un vaso de leche."

"Vale, pero Arik estará durmiendo ya." Afirma ella cogiendo mi mano y dejándome ayudarla a levantar y caminar hasta la cabaña dado que aún tiene venda y cuando caminó por la playa, había seguido cojeando.

"Entonces procuraré no hablar demasiado alto." Le digo sonriendo. "¿Tienes leche?"

"Claro que sí." Afirma sonriendo. "No me gusta demasiado su sabor, pero es buena para los huesos."

"Es gracioso, a mí tampoco." Afirmo sonriéndole. "Así que le añado algo. Deberías probarla con chocolate, sabe…"

"Deliciosa." Acabamos los dos a la vez para sonreír y asentir para ella. "Está bien, vamos, te invito a un vaso de leche con chocolate."

"Genial." Afirmo siguiéndola al interior de la cabaña donde veo que su compañero está tumbado y respirando fuertemente mientras duerme en el sofá cama que tienen en el salón para que duerma. "Vaya… se ve que este se duerme pronto."

"Hoy ha acabado cansado." Me dice. "No sé… al principio le tenía aquí por interés, pero… comienza a caerme bien. En serio, es… es como tener amigos de verdad, no de esos que… están ahí solo… por interés."

"¿A qué te refieres?" Le digo captando que parece estar un poco deprimida.

"Pues… mírate tú por ejemplo." Me dice sacando el cartón de leche. "Sabes que os mentí a todos, bueno, no mentí, os oculté cosas… y aún así, sigues a mi lado. Quieres ayudarme a solucionar todo de forma… que no haga daño a nadie más. Y Arik… cuando se enteró de todo… bueno, aún sigue aquí y… ha sido un apoyo para mí porque sabe que no me sentía bien cuando tenía que ocultaros algo o fingir para mantener la fachada."

"Luego es tan culpable como…"

"No." Niega rápidamente. "Al contrario, él… él siempre me ha animado a que os dijera todo, que hay cosas que ya recuerdo, que hay cosas que aún no consigo recordar… Siempre me ha dicho que vosotros lo entenderíais, y que si no lo hacíais, al menos no me echaríais."

"Es… no puedo decirte por qué, pero… no podemos echarte." Le digo. "No te preocupes, si se enfadasen, lo único que harían sería alejarse de ti, nunca te echarían."

"¿Y eso por qué?" Me dice un poco sorprendida.

"Pues…" Cómo podía contárselo sin delatarme, sin delatar qué éramos o que estaba improntado de ella sin asustarla. "Pues porque… porque eres genial y… y somos amigos, además… nosotros te encontramos, y ahora tienes ya casi terminado un negocio aquí y…"

Justo entonces oigo un zumbido.

"Perdona, cuando estuve en Seattle me compré un móvil, es… es una llamada importante." Me dice.

"¿Puedo preguntar?" Le digo.

"Un momento." Me dice saliendo casi a la carrera.

"Deberías decirle de una vez que estás hasta las trancas de ella." Me dice Arik sin moverse del sofá.

"¿Has estado espiando?" Le digo.

"Yo no me duermo hasta que no me aseguro que llega de una pieza." Afirma. "Además, me he despertado porque ha crujido una tabla. Pero no me cambies de tema, deberías decirle de una vez que sientes algo por ella, pero… ten cuidado porque no sabes mucho de ella."

"¿Qué insinúas?" Le digo. "¿Qué tiene novio?. ¿Qué está casada?"

"No creo que esté casada, pero no sabes si tiene novio o no." Afirma.

"¿Y tú sí?" Le digo.

"Al contrario de lo que parece, se me da bien ver a las personas." Me dice. "Y sé que ahora mismo, la llamada es de algo de su pasado. Y que si fuera tú, evitaría presionarla, está de un liada que no veas. Y créeme, el ocultaros datos no es porque quiera, es para protegeros."

"¿Sabes algo que nosotros no sepamos?" Le pregunto.

"No, pero creeme, ni presionarla ni preguntar." Me dice. "Y confiesa que sientes algo por ella, eso probablemente ayude."

"Eh, si digo algo, es mi decisión." Afirmo.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Ann)

"Lo siento, no podía contestar cuando has llamado." Afirmo cuando me cogen al otro lado.

"¿Estabas reunida?" Me pregunta.

No puedo decirle que me han pillado mintiendo y que casi me descubren.

"Tenía a uno de los lobos pegado." Le digo. "He tenido que confesar que tengo móvil y decir que eras una llamada importante."

"¿Acaso no soy una llamada importante?" Me dice tranquilo.

"Claro que lo eres, caro." Le digo. "Io ti amo comme la folia."

"Ti stimo, apprezo, Nanuk." Me dice con un tono igualmente serio y bajito haciéndome sonreír sabiendo que ha tenido que comerse su orgullo para decirme eso, su forma de decirme que me quiere; un simple… 'te respeto, te aprecio' que me hace sonreír. "E mi fa impazzire pensare che può farti del male. (Me vuelve loco pensar que puedan hacerte daño.)"

"A mí también me da miedo que me pase algo y que me aleje de ti." Reconozco sonriéndole.

No podía dudar de Félix, él me quería, el resto me daba igual, pero Félix me quería. En Italia había sido mi único apoyo desde que llegué, le había querido casi desde el primer momento en que nos vimos, pero cómo no quererle, a su manera torpe me demostraba que me quería.

"Non riesco a immaginare che uno di quei lupi farti del male. (No puedo imaginar que uno de esos lobos te haga daño.)" Me dice preocupado.

"Tranquilo, caro." Le digo feliz. "Non mi farà del male. Son buenos chicos."

"Son chuchos rabiosos." Afirma.

"Ya, pero… no sé, me tratan como a una más… Yo ya no sé qué pensar." Le contesto sentándome en la arena. "En serio, es… sé que son bestias salvajes, pero… me parecen tan humanos… que ya no sé qué pensar."

"Ann, NO son humanos." Me dice serio. "Son bestias salvajes."

"Ya lo sé, pero… no sé, viene aquí para evaluar todo, y… no sé qué pensar, cuanto más veo, más perdida estoy." Reconozco suspirando. "De todas formas, habíamos hablado hace horas, por qué has vuelto a llamar tan pronto."

"Sentí tu ánimo." Me dice. "Me pareció que estabas asustada o nerviosa."

"Ah, no pasa nada." Afirmo sonriendo. "Tuve unos problemas en la playa y pensé que me ahogaba. Fíjate tú que se me olvidó coger la respiración y tragué agua, como era del mar me dio una angustia…"

Mierda, le estaba mintiendo a mi amor. Y lo más gordo era por qué le estaba mintiendo: le estaba mintiendo para proteger a aquellos chicos, porque si le decía que uno de los chicos me había descubierto mintiendo… se vendría aquí, y probablemente no lo hiciera solo esta vez, me llevaría de allí y tan pronto como asomara la nariz por aquí y vieran que venían por mí, que nos conocíamos, Seth ataría cabos y sabría que yo estaba con los Vulturi, y entonces… me matarían.

"Te lo dije cuando casi te ahogas con 12 años mientras estábamos los dos en la playa de noche para que nadaras y te lo repito ahora, tienes que respirar." Me dice con un tono relajado. "Que aguantes más tiempo que cualquier otro humano la respiración no quiere decir que puedas dejar de respirar como nosotros."

"Sí, bueno… se me olvidó." Le digo. "Vi un pez herido y me distraje."

"Siempre dije que tu hambre era encantadora." Afirma con un tono alegre. "Eres una preciosidad con un hambre adorable. Ya verás cuando decidas beber directamente de gente. Es… las dietas para los animales, nosotros somos mucho mejores que vulgares animales."

¿Cómo podía ser así?. ¿Es que no se daba cuenta que yo era en parte como esa gente de la que se alimentaban ellos constantemente?

"Ya te he dicho que las dietas no son sanas." Me dice. "Las mujeres, mejor con algo de carne, no los esqueletos esos que se pasean por las calles mostrando piel de una forma… indecente."

"O sea, como yo ¿no?" Le digo divertida. "Oh, vamos… somos jóvenes, hoy en día las chicas guapas y jóvenes atraemos mostrando un poco más de piel que lo que se enseña con las blusas horribles de Jane y las medias de lana esa y las faldas de monja que me llevan tus 'compañeras'. No, cuando yo me convierta, seré como soy. Y me adaptaré a los tiempos. Ya verás, Heidi va a tener competencia."

"No me gusta esa moda." Me dice. "Y tú menos que nadie me gusta verte enseñando por ahí tanta piel, es indecente."

"Vale, está bien." Le digo divertida. "Iremos de compras juntos, y si no podemos, pues compraré por catálogo. Ya sabes, existe una cosa llamada Internet, puedes comprar cosas desde ahí."

Hablar de cosas modernas con ellos es un poco de pérdida de tiempo. Es como hablar con paredes, me oye pero dudo mucho que le interese una sola palabra de lo que le cuento que tenga que ver con lo moderno.

Y cuando finalmente cuelgo y borro el número de la lista de llamadas enviadas, recibidas y perdidas, vuelvo a la cabaña dándome cuenta que he dejado a Seth dentro y solo demasiado tiempo. Y cuando entro, ahí sigue, tranquilo con la taza en la mano.

"Perdona, era… era una llamada importante." Le digo.

"Ah, no importa." Me dice sonriendo como si no pasara nada. "Te pediría el número del móvil pero… no tengo móvil, y…"

"Claro." Afirmo sonriendo. "Sí, es… apunta el número."

"En fin, creo que puedo aprovechar el de casa o… espero tener dentro de poco un móvil propio." Me dice apuntando el móvil.

"Sí, claro." Le digo sonriendo divertida. "Seguro que lo consigues."