CAPÍTULO 15: ALIVIOS. SOSPECHAS. LO QUE NECESITES.

(Voz de Ann)

Ya habían pasado 5 minutos desde que fui al baño y aun nada.

No podía creerme que fuese a ser así.

La espera me estaba matando.

¿Sería eso siempre asi? Para las mujeres humanas quiero decir. No es que yo no fuese en parte humana, pero... ¿y para las humanas por completo?

Entonces llaman a la puerta del retrete.

"Ocupado." Afirmo.

"¿Ann?" Me llama Seth. "Oye, es... ¿estás bien?"

"Sí, enseguida salgo." Afirmo. "Vamos... vamos..." Pido mentalmente. "Por dios... Cuándo vas a decirme qué hay. Maldito cacharro... ¿Cuánto más vas a tardar?"

Finalmente, las malditas rayas van apareciendo y...

Suspiro aliviada.

Negativo.

Sonriéndo lo muevo unas veces antes de guardarmelo como puedo y, tras asegurarme que no se podria identificar de ningún modo, desbloqueo la puerta y salgo para encontrarme a Seth sentado en la arena con la espalda en el huequito de pared entre la puerta del retrete y el aire que lo rodea. Y al verme, se levanta.

"¿Estás bien?" Me pregunta preocupado. "Jake me ha dicho que has vomitado."

"Jake es un poco bocazas, pero si." Afirmo. "No me encuentro demasiado bien."

"Tienes que estarlo, hueles a vómito y a... pipí." Afirma Paul.

Mierda, el test. Esos chicos tenían buen olfato, lo habrían olido.

"He... Tenido un accidente." Afirmo rezando para que mis esfínteres obedezcan y me salgan un par de gotas aunque sea y notándolas por fin. "Una de las veces que he vomitado creo que se me ha escapado... Oye. ¿Vosotros no sabéis que es de mala educación decirle a una señorita que se ha hecho pis encima?"

"Sí, pero... Pensé que te gustaría saberlo para..." Me dice sonrosandose ligeramente.

"Voy a cambairme." Afirmo. "Y a ponerme una compresa, suelen servirme para otra cosa, pero... Ya sabes."

"¡Vale, vale!" Dicen todos levantando las manos.

"Te acompaño dentro." Me dice Seth. "Aquí fuera no me dejan hacer nada, pero... Por favor, no me digas nada de esos... Secretos femeninos."

"No me digas que te asustan." Le digo divertida.

"No, tengo una hermana." Afirma sonriéndo. "Se para qué sirven, la he vistao usarlas, pero... Prefiero no hablar de ello."

"Vaya, qué suerte." Le digo divertida antes de notar otra rayada de náuseas y un deseo... Extraño ahora que estaba junto a Seth. "Creo que voy a coger... Disculpa un momento, es mejor que... Esperes aquí fuera. Voy a coger una compresa y..."

"Claro." Afirma asintiendo y dejándome en la puerta.

Realmente no iba exactamente a eso, pero era mejor que no viese lo que iba a hacer.

Con cuidado de no hacer el menor ruido que pueda delatarme, voy a la cocina y abro el frigorífico para coger uno de los viales de sangre y sumergirlo en el agua de la tetera que siempre tenía con agua caliente para poner la sangre a temperatura ambiente y tomármela de un trago. Cierro los ojos y hago el mismo gesto exactamente que un borracho tomándose un chupito de tequila de golpe. Entonces siento lo mismo, una arcada incontrolable, como si mi cuerpo se revelase a esa medicina que siempre me había sentado genial. Pero no vomito aunque sí noto arcadas.

Mi cuerpo se estaba revelando contra la sangre, pero a la vez también la está aceptando negándose a dejarla escapar.

Es extraño, como... Como si mi cuerpo se estuviera dividiendo en dos.

Entonces me miro al espejo. Mis ojos estan rojos, pero no como los de los maestros, sino de ese rojo que se te queda cuando tienes los ojos irritados, además de un parduzco enrojecido en el íris.

Y poco a poco, mis ojos vuelven a su color habitual, salvo por el enrojecimiento. Asi que voy a cogerme la compresa del paquete que mantengo en casa para fingir normalidad y que una vez al mes mancho con sangre de la caza. Y de momento me ha servido, es como si esos lobos no quisieran comprobar si es cierto que la sangre es mia o de conejo o liebre. Con un poco de suerte, incluso de pez, pero eso olía un poco más y había que sangrar muchos peces antes de conseguir un poco de sangre.

"Seth... Ya está." Afirmo echándome en la cama notando que las nauseas decrecen un poco.

No se por qué, pero tener a ese chico por allí me hace sentirme mejor. Un poco mejor al menos.

"Jacob dice que no sabe bien qué tenías." Me dice entrando tras llamar a la puerta suavemente.

"Vomito y estoy un poco mareada." Afirmo.

"Oh, vaya." Me me dice. "Jo, eso es un asco. Yo hace mucho que no me pongo enfermo, pero recuerdo que cuando era pequeño y me pasaba eso... Era un coñazo."

"Sí y... No quiero pegároslo." Afirmo con la esperanza de que me dejen tranquila.

"Ah, no te preocupes." Me dice sonriéndo divertido. "Ninguno de nosotros nos pondremos enfermos por estar por aquí."

"Ya, pero... Si os pasara algo..." Le digo mientras la puerta se vuelve a abrir y entra el chico moreno de ojos claros.

"Perdon... Perdon... Odio interrumpir pero... Necesitamos que salgas Seth." Afirma bromeando.

"¿En serio, tio?"

"Nah, no lo odio." Afirma divertido. "Porque yo te hago el relevo. Y son ordenes de Jake."

"Mierda..." Dice antes de mirarme con tristeza. "Perdona, tengo que salir. Lo siento."

"Sí, claro." Afirmo un poco decepcionada para sonreír tristemente. "Está bien, no te preocupes. Apuesto a que estaré bien también con él."

"Claro, descuida, tampoco puedo ponerme enfermo." Afirma el chico de los ojos azules.

Veo a Seth salir, y antes de irse, pararse junto al otro y decirle algo de espaldas a mi para que este asienta perdiendo la sonrisa un segundo antes de mirarme y sonreír.

Tiene unos ojos realmente preciosos, de un azul claro que me recuerda al azul del cielo en verano. Sin embargo, aunque su mirada es hechizante, los ojos que de pronto vienen a mi mente son los de Seth. Así que me acurruco mejor y me tapo con la manta.

"No se si me recuerdas, soy."

"Rudy." Le digo.

"Sí..." Afirma sonriéndo complacido y como si le sorprendiera. "Vaya, pense que habias perdido la memoria."

"No recuerdo demasiado de antes de despertar aquí, pero a ti te conocí después." Afirmo sonriéndo confusa. "Tengo buena memoria para nombres y caras, siempre las asocio."

"¿Y a qué asocias mi cara?" Me pregunta divertido.

"Ojos claros, caucasico salvo por el color de piel, la nariz y los labios que denotan que eres de aquí." Le digo. "Ojos caucasicos, rusia, Rudiger, para abreviar Rudy. Piel oscura, al menos mas que el resto y eres silencioso como una sombra. Rudy Darkshadow."

"¡Wala!" Afirma asombrado. "¡Es impresionante!. ¿Y qué más conoces así?"

"Seth." Afirmo. "Claro y abierto, como las aguas poco profundas. Seth Clearwater. Chico rubio. Va de machito, asi que Jeff, sin embargo su pelo es de varios tonos, y es incontrolabe como el viento. Viento, alas, plumas y pequeño, gorrión. Jeff Sparrow. Leah es fácil, es la única chica que se pasa por aquí. El amigo vuestro que son dos hermanos. El grande me sugiere a alguien grande, un presidente, Lincon, que se llamaba Abraham. Les gusta el agua y siempre se sientan sobre troncos en lugar de en el suelo de madera, como los castores. Abe Beaver. Y su hermano es pequeño, y me recuerda al actor de la serie de los Vampire Diaries que se llama... Se llama... Estoy un poco espesa, creo que era Jeremy, si, Jerremy Beaver."

"¡Dios, eres alucinante!" Me dice asombrado mientras noto otra ola de dolor. "¡Esos razonamientos son totalmente alucinantes!"

"Gracias." Afirmo curvándome un poco más sobre mi misma mientras el viene a sentarse junto a la cama para ponerme la mano en la cabeza.

"Oye, tranquila." Me dice. "Si te pones mala mientras yo te hago compañía Seth nos matará."

"¿Seth?" Le digo confusa. "¿Qué pinta Seth en esto?"

"No me digas que no te has dado cuenta." Me dice. "Oh, mierda... Bueno, supongo que me va a matar igual..."

"Que qué pasa con Seth." Le pregunto sujetandome el estómago con otra punzada de dolor.

"¿En serio no te has dado cuenta?" Me pregunta. "Esta coladito por tus huesos."

Oh, oh...

Eso no podía ser cierto, quiero decir... Yo no le había dado motivos para eso. Yo... Yo tenía a Félix, tenía... Tenía a mi familia.

"No me digas que en serio no te habías dado cuenta." Me dice con un gesto que me indica confusión.

"No." Niego asustada y sorprendida. "No, no. Yo... No lo habia notado. Es... Dios... Yo no le he dado motivos para... Y él nunca me ha dicho..."

"Ya, pero... Todos hemos visto que estaba intentando ligar contigo." Me dice. "Quiero decir... Viene siempre a verte y... Siempre está controlando que no te pase nada malo."

Eso era cierto.

"Pero... Nunca me ha regalado vestidos, ni... Ni joyas... Ni tampoco..." Le digo recordando cómo Félix me había cortejado desde hacía tiempo.

Félix me regalaba ropa, joyas... Me traía buena comida para que no tuviera que cazarla, a veces incluso se hacia un pequeño cortecito suave en la muñeca o el cuello y me dejaba sorber como si fuese una botella descorchada ante mi y siempre me estaba protegiendo desde las sombras. Estaba acostumbrada a que me cortejaran así, y cuando los chicos de la ciudad, los... Humanos, me decian cosas bonitas o me hacian cumplidos, no era más que un juego.

Yo era la chica guapa e inalcanzable. Era misteriosa y eso les ponía, pero aunque me gustaba jugar, nunca había engañado a Félix. De hecho, si tenía fantasías, solía ser con él, nunca con un humano.

Pero... Desde que habia llegado allí, desde que ese chico llamado Seth se me había puesto delante, desde que lo había conocido, había imaginado cosas con él. No al nivel de lo que solía tener con Félix, pero... Sí me habia imaginado besándole, una noche incluso me había despertado de golpe al verle en mis sueños, mientras yo me alimentaba de él en lugar de ser Felix de quien me alimentaba como siempre.

Y nunca antes había soñado que me alimentaba directamente de alguien que no fuese de Felix.

"¿Tu qué eres?" Me pregunta Rudy con ironía. "¿De familia rica o algo?. ¿En serio para tí ligar es que te regalen cosas caras?"

"Qué tonteria ¿no?" Le digo bromeando. "En serio, no me habia fijado en que Seth... Bueno, sintiera eso por mi. No. No te creo. Seth es amable con todos, os he visto trabajando. Él es igual con todos."

"Oye, en serio." Me dice calmadamente. "Aquí somos todos como hermanos. Cuidamos los unos de los otros. Así que sabemos perfectamente lo que nos ronda por la cabeza. Si uno esta triste, todos estamos tristes con él, si uno sufre, es el sufrimiento de todos. Y... Por eso, si tú no tienes cómo ganarte la vida pero te rompes la espalda trabajando de sol a sol, primero en el bar de esa señora y luego aquí, todos hacemos lo que podemos por ayudarte."

"Pensaba... Pensaba que era solo por... lástima." Le digo sorprendida por esa confesión.

"Y lo era." Afirma una voz desde la puerta. "Hasta que Seth te tomó bajo su protección."

"Paul." Le saludo viendo como Rudy agacha ligeramente la mirada cuando entra.

"Seth se va a enfadar cuando se entere que te has ido de la lengua." Le dice a Rudy. "Y creeme, se habrá enterado porque está como un tomate. Un poco mas que tú, claro." Me dice señalándome con un dedo haciéndome cubrir las mejillas con las manos preocupada.

"¿Querías algo?" Le pregunto.

"Solo venía a traerte hielo." Me dice mostrándonos una bolsa con hielos hasta arriba goteando un poco dado que parece que estan comenzando a fundirse. "Leah los ha traído pero está ocupada riñéndonos por nuestra falta de estilo a la hora de decorar. Entrará luego a ver si necesitas algo dado que las dos sois mujeres."

"Oye, yo me estaba ocupando muy bien de ella." Le dice Rudy.

"Sí, y cuando salgas fuera Seth te arrancaré la cabeza." Le dice divertido. "Aunque al menos tiene algo bueno. Ya no puede decirse que la dama no sepa que lo tiene loco por ella."

Esas noticias tenían que hacerme sentir loca de felicidad. Tenía una coartada, no me matarían si un lobo estaba colado por mi. Si le daba un poco de bola, me metería directamente hasta el fondo, pero... Por otro lado, no me sentía bien haciéndolo.

Yo estaba con Félix. Mi corazón era suyo y de nadie más.

Pero... Si fuera asi... Engañar a este chico no tenía que parecerme tan... Desalmado.

(Salto espacio-temporal)

"Vamos a ir a comer." Nos dicen los chicos horas más tarde mientras Arik me cuida tras haber regresado de su paseo con Malina por los acantilados en el mar.

"No os preocupéis." Afirma Arik. "Yo he hecho un poco de sopa suave para comer. Y esta tarde me quedaré aquí."

"Yo volveré en un rato." Afirma Seth. "Aún queda mucho que hacer, y la pintura... Apuesto a que puedo darle una mano mas para cuando lleguen todos."

"Seth... Vete a casa." Le pido suavemente. "Descansa un poco..."

"Ya, pero... Puedo volver antes." Afirma.

"Bobo..." Le dice su hermana Leah. "NO te preocupes, estara bien. Confia un poco más en el chico este."

"Precisamente no me fio de el." Le dice en ese idioma que hablaban entre ellos.

"Seth." Le llama Jacob para hacerle salir dejándonos solos a Arik con Leah y conmigo.

"No te preocupes." Me dice ella. "Lo retendré en casa con cualquier excusa. Tú descansa." Afirma antes de salir y cerrar la puerta tras ella.

"Menos mal, al menos ella no parece pensar que entre nosotros haya algo." Me dice Arik suavemente antes de ver como me pone el movil delante. "Llámales."

"¿A quiénes?"

"Pues a la gente que llamas cada noche." Me dice. "No sé mucho sobre los tuyos, pero diria que no podéis enfermar salvo que os corten la cabeza y os quemen, pero claro, eso es irreversible."

No debería haber cedido a eso, pero... Estaba aterrada porque era la primera vez que me ponía enferma desde que me estanqué, incluso antes rara vez había estado enferma, y ademas, estaba el detalle de que uno de los lobos estaba enamorado de mi. Y temía que si le daba calabazas, se enfadara y decidiera que ya no era persona grata allí, asi que...

No, necesitaba oír una voz cálida. Necesitaba oírla con tods mis fuerzas.

"¿Sí?"

"¿Félix?" Le llamo. "Félix, es..."

"Vaya, no esperaba que me llamases ahora." Me dice. "¿No te vigilan?"

"No, es... Necesito hablar... contigo." Afirmo.

"¿Ahora?" Me pregunta con la voz grave. "Estoy ocupado."

"Sí... ahora." Afirmo mientras Arik sale fuera y cierra la puerta.

Al otro lado de la línea, oigo cómo habla con alguien y le contestan, solo que no consigo distinguir quién sin preguntarme siquiera por qué, en primer lugar, sé que hay alguien más con él. Entonces, se hace el silencio y le oigo suspirar.

"¿Qué pasa?" Me dice.

Uno por uno, le cuento todos los detalles de lo que me ha pasado. Que creo que estoy enferma porque no puedo comer nada, que tengo arcadas... Y cuando acabo, tan solo se queda callado.

"No... No dices nada..." Le digo.

"Y qué quiere que diga." Me pregunta suavemente. "No creo que sea más que algo que has comido. Es lo que pasa cuando comes basura de comida humana y esa cosa que te gusta embolsada en lugar de comida de verdad."

No podía entenderlo. Félix no era asi, él... Él siempre había estado ahí para mí. Si yo tenía miedo, él estaba ahí, si estaba triste, solía estar ahí, si... Daba igual cómo estuviera, él siempre estaba ahí, en las sombras, cuidandome sin hacerlo demasiado manifiestamente...

Y ahora... Ahora ya no sentía que estuviera allí.

"Félix... No quiero quedarme aquí." Le digo sollozando. "Es... No lo aguanto más... Quiero volver..."

De nuevo silencio.

"Tienes trabajo que hacer." Me dice. "Si vuelves antes, los maestros estaran decepcionados."

"Me da igual, me iré." Afirmo. "Me esconderé y... Podremos vivir juntos. Tú y yo, qué te parece." Le digo secándome las lágrimas que no paran de salir y poniendo una sonrisa aunque él no pueda verme. "Empezaremos nuestro nuevo clan. Los dos juntos. Iremos a países con poco sol, viviremos en la noche para no levantar sospechas. Yo se trabajar, puedo hacer lo que sea para ganar dinero."

"No." Me dice secamente. "Ann, pequeña... No podemos irnos. No de los Vulturi. Ellos gobiernan todo. Si los abandono... Nos buscarán, y nos matarán. ¿Lo entiendes?" Me pregunta tiernamente como si fuese una niña pequeña en lugar de yo. "No se puede salir de la familia."

"Pero... Si estamos juntos..." Le digo.

"Ann... Nos matarán." Me dice. "No podemos."

"Por favor..." Le pido notando como me vuelven a llorar los ojos. "Por favor... Félix... Vámonos... Iremos a algún lugar donde no puedan encontrarnos..."

"No puedo." Me dice suavemente, sin embargo, me duele tanto como si me clavase un puñal. "Cuídate, te quiero..."

"Félix... Aquí creo que corro peligro." Le miento temiendo algo demasiado oscuro como para querer respuesta, respuesta que necesito. "Necesito irme. Si me quedo... Me matarán."

"Oh... mierda..." Me dice. "Está bien, habra que mover todo un poco. Aguanta ahí un poco más. Iremos a buscarte."

"Haré las maletas." Le digo sonriéndo. "Mañana os esperaré en..."

"No." Me dice. "Intenta fingir un poco mas. Iremos cuando podamos, ahora... Hay cosas más importantes, llega una remesa de comida, hay una ejecución pública... Como minimo sera un mes."

Lo que me había temido se confirmaba. Y eso me partía el corazón. Por suerte, llevaba suficiente tiempo en el clan como para saber que dándo muestras de debilidad, te cababas la tumba.

"Claro, esperaré." Afirmo intentando controlar mis lágrimas para no sacarlas mientras estuviera al movil. "Siento haberte molestado con mi llamada." Afirmo sin poder controlarlo. "Supongo que he sido un poco tonta. Tenia miedo y... Me dolía el estómago..."

"NO te preocupes, pero sal y caza algo." Me dice. "Te hará bien comer algo vivo."

"CLaro, lo tendré en cuenta." Afirmo.

"Cuidate, pequeña." Me dice antes de colgar cuando recibe mi beso.

Entonces, el movil cae sobre la manta mientras mi cabeza cae sobre mi cuello y las lágrimas caen donde pueden.

Felix, mi querido Felix, mi amado Felix... Es como si no le importase.

Si me quisiera como decia, no le hubiera importado venir a buscarme como decía al principio.

Si de verdad me quisiera no hubiera dudado en venir. Pesara a quien pesara. A llevarme lejos, donde ni lobos ni Vulturi pudieran hacernos daño, donde fuésemos un par de extranjeros extraños que trabajaban por la noche, en bares o lo que fuera.

Pero en su lugar, me habia pedido que tuviera paciencia, como a una cria.

De pronto, caigo en una cosa. Chelsea.

No sabia exactamente cuál era su don, pero la habia visto tratar al maestro Marco para que siguiera estable en ese estado vegetativo que estaba. En la familia. La habia visto hacer a dos amantes separarse como si se odiaran... Así habían conseguido los Vulturi gran parte de sus soldados para la última campaña, una contra un clan del norte de Siberia que habia osado rebelarse al oír que habian creado niños inmortales y habían salido impunes.

Entonces noto un par de brazos rodeándome y al instante en que noto el calor abrasador de todo el cuerpo, se quién es.

"Sabía que no tenía que haberme ido con mi hermana..." Afirma suavemente escondiendome la cabeza contra su pecho cubierto de una fina camiseta anodina. "Te tiene que doler mucho..."

"Muchísimo." Afirmo.

Acababan de romperme el corazon, si no del todo, al menos bastante como para dolerme mucho más que cualquier herida.

Y debería haberme apartado de el. No darle falsas esperanzas.

Pero tal y como estaba, el portarme con ética y moral era lo que menos me importaba.

Necesitaba consuelo, el que fuera, de quien fuera. Y Seth estaba ahí, dispuesto a dármelo.

Era mala, pero por unos instantes, sentí que el universo me debía al menos ese pequeño derecho.

Me sujete sin fuerza al chico y lloré y lloré hasta que me dolieron tanto todo que no pude seguir llorando.

"Mírate... Has tenido que hacerte daño en los ojos." Me dice mostrándome una lágrima con un poco de sangre. "Mira, he traído medicinas de casa." Me dice sonriendo y poniéndome la mano en una caja dejándome que mantenga mi cara entre sus ropas abochornada de haberle usado como almohada a la que llorar. "Esto…"

"Por favor… déjame quedarme así un momento más…" Le pido.

"Claro." Afirma poniéndome una mano en la cabeza con timidez para dejarla ahí como si no supiera mucho más que hacer.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Seth)

No sé por qué había vuelto a la cabaña de Ann tan pronto.

Apenas había comido y ya había estado buscando la forma de escaquearme de casa y burlar el control de Leah para volver.

Y la oportunidad me había surgido cuando había llamado la prima Beth y se había puesto a hablar con mamá mientras Leah estaba en el baño.

Había salido corriendo cogiendo dos o tres cosas de medicamentos del botiquín, lo justo para aprovechar el momento y casi volar hasta la playa donde había visto a Arik en la puerta, sentado en el banco hecho con un tronco y los pies con más madera.

Ya desde lejos me había dado mala espina, y cuando me había acercado, había sido peor. Nunca le había visto así de serio, de… preocupado.

"Qué ocurre." Le pregunto preocupado temiéndome lo peor. "¿Está bien Ann?. ¿Le ha pasado algo?. ¿Ha empeorado?"

"No. Bueno, no exactamente." Me dice.

Es justo entonces cuando le veo mirar dentro y oigo cómo dentro Ann está llorando a moco tendido.

No me lo pienso dos veces, de hecho ni siquiera lo pienso una sola. Abro la puerta casi sacándola del marco y corro hasta ponerme frente a ella para rodearla con los brazos y pegar su cara a mi pecho.

"Sabía que no tenía que haberme ido con mi hermana..." Afirmo suavemente escondiéndole la cabeza contra mi pecho y lamentando no haberme cambiado de camiseta antes de ir porque esta tiene que oler un poco a sudor. "Te tiene que doler mucho..."

"Muchísimo." Afirma.

Mierda… eso me dolía a mí, y me dolía muchísimo más que si el dolor fuese mío.

Entonces me doy cuenta de que sus lágrimas tienen que tener sangre, porque en la camiseta tiene un par de manchas como rastros de sangre rosada porque parece poco concentrada.

"Mírate... Has tenido que hacerte daño en los ojos." Le digo mostrándole una lágrima que le acabo de quitar de la cara. "Mira, he traído medicinas de casa." Añado sonriendo como puedo y poniéndole la mano en una de las cajas dejándole que deje la cara en mi pecho oculta tras las ropas. "Esto…"

"Por favor… déjame quedarme así un momento más…" Me pide.

"Claro."

Me muero por tocarle, abrazarla y decirle que el dolor pasará pronto, así que mi primera reacción es ponerle una mano en la cabeza con timidez para dejarla ahí dado que no sé qué más hacer puesto que no quiero asustarla.

Me gusta, sí, estoy imprentado, pero… eso solo me ha servido para fijarme aún más en ella y ver en ella el ángel que es.

Pero si por acercarme a ella la voy a asustar… prefiero seguir manteniéndome en su papel de amigo, a fin de cuentas… la impronta es lo que tiene, nos convertimos en eso que ella necesite: amigo, hermano, novio o amante; da igual, cualquier cosa por ellas. Y ahora mismo… ahora mismo lo que ella parece necesitar es un hombro, bueno, un pecho sobre el que llorar.